domingo, 2 de octubre de 2016

LAS OBRAS PÚBLICAS NO SON INVERSIÓN


Impera cierto escepticismo ante nuestra insistencia de que hay que bajar el gasto público, porque se ha extendido la creencia de que el estado “invierte” cuando hace obra pública. Craso error.

La inversión es la utilización del ahorro para la producción de nuevo capital. Por lo tanto, la inversión implica aumentar la productividad y la riqueza conjunta. El único test que ello tiene es que la tasa de interés de retorno sea rentable. Para ello se necesita un mercado libre, o de lo contrario no se puede saber si hay rentabilidad o no.

Por ende, dado que el estado necesariamente obra fuera del mercado, no puede invertir. Lo que hace es gastar. Tiene un presupuesto y determinados recursos para gastar en diversas obras públicas, de igual modo que el administrador de un edificio tiene un presupuesto, fruto de las expensas, para gastar en bienes comunes del edificio.

No está mal que los copropietarios decidan autorizar al administrador que gaste en arreglar un ascensor, de igual modo que no está mal que los votantes autoricen al estado a hacer un puente. Pero hay diferencias a considerar.

Primero, los co-propietarios tienen conciencia del gasto. Saben que si no hay fondos tienen que subir las expensas. Saben además que cada uno de ellos puede aumentar sus ingresos, pero los gastos del administrador no aumentan los ingresos conjuntos, al contrario, los bajan.

Tercero, el administrador tiene claramente prohibido decidir sobre los bienes privados y las vidas de los co-propietarios.

Con los estados, habitualmente, sucede lo contrario. Los votantes no tienen conciencia de lo que ocurre, en general. Es más, como vimos, creen que el estado “invierte”. Por ello mismo creen que la obra pública va aumentar la riqueza conjunta, y para colmo ese estado, que ellos creen que invierte, tiene en general la puerta abierta para violar las libertades individuales de todos.

Es más: el gasto público siempre tiende a aumentar, porque el estado, utilizando coacción, puede decidir, sin consentimiento de los votantes, tomar deuda, expandir la base monetaria (inflación) o aumentar los impuestos (que sin progresivos a la rente perjudican a los más necesitados). Y porque los votantes creen que todo ello es para su bien, cuando en realidad son ellos los que terminan pagando todos los gastos, con su mayor pobreza.

Para evitar todo esto, hace ya más de cinco décadas que Hayek y Buchanan plantearon sus propuestas de control constitucional de gasto público, estableciendo un nuevo programa de investigación llamado economía política constitucional. De todo lo cual hay en general una supina ignorancia en votantes, políticos, intelectuales, muchos economistas y casi la totalidad de los filósofos, todos los cuales siguen pidiendo y ejecutando el aumento del gasto y diciendo “qué barbaridad” cuando ven la terrible imagen de un niño muriendo de desnutrición en el Chaco, sin poder unir lo primero como la causa de lo segundo. O, en general, acusando de ello al “capitalismo liberal”, cuando todo ello es causado por todo lo contrario.

No está mal por ende que por razones políticas se decida hacer un puente, siempre que se lo llame gasto, que haya conciencia del gasto y que se diga claramente a los votantes que ellos van a tener que pagar el puente, con sus impuestos. Pero ello no sucede, excepto que se adopten los sistemas constitucionales de control de gasto propuestos por Hayek y Buchanan pero, ¡no!, no hablemos de esos pérfidos liberales, ¿no?


Mientras tanto el nuevo gobierno sigue gastando incontroladamente, sigue aumentando los impuestos, no está dispuesto a frenar la emisión monetaria y sigue tomando deuda como si fuera un logro. Sus funcionarios se creen muy genios y desprecian a los liberales como librescos incompetentes. Y dentro de otros 10 años, otro default, y otro “fracaso del neoliberalismo”….

LAS OBRAS PÚBLICAS NO SON INVERSIÓN


Impera cierto escepticismo ante nuestra insistencia de que hay que bajar el gasto público, porque se ha extendido la creencia de que el estado “invierte” cuando hace obra pública. Craso error.

La inversión es la utilización del ahorro para la producción de nuevo capital. Por lo tanto, la inversión implica aumentar la productividad y la riqueza conjunta. El único test que ello tiene es que la tasa de interés de retorno sea rentable. Para ello se necesita un mercado libre, o de lo contrario no se puede saber si hay rentabilidad o no.

Por ende, dado que el estado necesariamente obra fuera del mercado, no puede invertir. Lo que hace es gastar. Tiene un presupuesto y determinados recursos para gastar en diversas obras públicas, de igual modo que el administrador de un edificio tiene un presupuesto, fruto de las expensas, para gastar en bienes comunes del edificio.

No está mal que los copropietarios decidan autorizar al administrador que gaste en arreglar un ascensor, de igual modo que no está mal que los votantes autoricen al estado a hacer un puente. Pero hay diferencias a considerar.

Primero, los co-propietarios tienen conciencia del gasto. Saben que si no hay fondos tienen que subir las expensas. Saben además que cada uno de ellos puede aumentar sus ingresos, pero los gastos del administrador no aumentan los ingresos conjuntos, al contrario, los bajan.

Tercero, el administrador tiene claramente prohibido decidir sobre los bienes privados y las vidas de los co-propietarios.

Con los estados, habitualmente, sucede lo contrario. Los votantes no tienen conciencia de lo que ocurre, en general. Es más, como vimos, creen que el estado “invierte”. Por ello mismo creen que la obra pública va aumentar la riqueza conjunta, y para colmo ese estado, que ellos creen que invierte, tiene en general la puerta abierta para violar las libertades individuales de todos.

Es más: el gasto público siempre tiende a aumentar, porque el estado, utilizando coacción, puede decidir, sin consentimiento de los votantes, tomar deuda, expandir la base monetaria (inflación) o aumentar los impuestos (que sin progresivos a la rente perjudican a los más necesitados). Y porque los votantes creen que todo ello es para su bien, cuando en realidad son ellos los que terminan pagando todos los gastos, con su mayor pobreza.

Para evitar todo esto, hace ya más de cinco décadas que Hayek y Buchanan plantearon sus propuestas de control constitucional de gasto público, estableciendo un nuevo programa de investigación llamado economía política constitucional. De todo lo cual hay en general una supina ignorancia en votantes, políticos, intelectuales, muchos economistas y casi la totalidad de los filósofos, todos los cuales siguen pidiendo y ejecutando el aumento del gasto y diciendo “qué barbaridad” cuando ven la terrible imagen de un niño muriendo de desnutrición en el Chaco, sin poder unir lo primero como la causa de lo segundo. O, en general, acusando de ello al “capitalismo liberal”, cuando todo ello es causado por todo lo contrario.

No está mal por ende que por razones políticas se decida hacer un puente, siempre que se lo llame gasto, que haya conciencia del gasto y que se diga claramente a los votantes que ellos van a tener que pagar el puente, con sus impuestos. Pero ello no sucede, excepto que se adopten los sistemas constitucionales de control de gasto propuestos por Hayek y Buchanan pero, ¡no!, no hablemos de esos pérfidos liberales, ¿no?


Mientras tanto el nuevo gobierno sigue gastando incontroladamente, sigue aumentando los impuestos, no está dispuesto a frenar la emisión monetaria y sigue tomando deuda como si fuera un logro. Sus funcionarios se creen muy genios y desprecian a los liberales como librescos incompetentes. Y dentro de otros 10 años, otro default, y otro “fracaso del neoliberalismo”….

domingo, 25 de septiembre de 2016

HIPOCRESÍA Y CRUELDAD



Me ha impresionado sumamente una noticia que circuló hace unas semanas, de la cual me enteré gracias al agudo comentario de mi colega Mauricio Jaliff (1).

Se trata del caso de una chica italiana que aceptó ser filmada por el novio mientras tenían sexo, luego de lo cual el buen chico subió el video a internet. La señorita en cuestión fue sometida a todo tipo de burlas hasta que luego de un año se suicidó.

Así de terrible.

¿Cómo? ¿No era que en materia sexual podías hacer lo que quieras? ¿No era que el pudor era un tonto sentimiento capitalista y burgués? ¿No era que VER todo el sexo que quieras estaba bien?

¿Por qué, entonces, las burlas?

¿Por qué, entonces, semejante crueldad?

Conozco personalmente muchas monjas y frailes que conociendo el tema, no sólo no hubieran visto nada, sino que hubieran mantenido un respetuoso silencio.

Pero los supuestamente liberados, allí estuvieron, cometiendo asesinato a cuentagotas.

¿Cómo se entiende esto?

Muchos afirman que Freud escribió lo suyo condicionado por una sociedad victoriana donde todo lo sexual estaba intensamente condenado.

Pero no, no es así. Los diagnósticos de Freud tienen para mí un amplio grado de universalidad, sólo que difieren las formas culturales en las que la neurosis se manifiesta.

La nuestra es una sociedad de neurosis histeorides, vouyeristas y de angustias retrospectivas.

Mientras el discurso manifiesto afirma que el pudor no le interesa, que la intimidad no le interesa, y que hacer del sexo un espectáculo está bien, el contenido latente del discurso muestra un desplazamiento, hacia otros lugares, del habitual rechazo inconsciente a lo sexual.

Uno de esos lugares, fruto de la ambivalencia afectiva y un super yo más sutil, es la burla despiadada hacia el objeto sexual que se consume(2), mas no se consuma en la intimidad. Primero se lo expone casi compulsivamente (neurosis histeroide) y luego la audiencia degrada al objeto consumido. Más o menos como el amor/odio que el varón puede tener ante la prostituta, más o menos como el desprecio a veces manifiesto que casi todos tienen ante la modelito de moda a la cual mientras tanto se alienta en su exhibicionismo.

Muy retorcido, sí, y como es inconsciente, casi inimputable, excepto tal vez por la existencia banal que, sin distancia crítica, sigue las costumbres de la sociedad occidental actual.

El pudor sigue siendo el gran aliado del sexo, el gran protector de su pulsión, connatural a un super-yo que sabe lo que hace ante la mirada de los otros. Ahora el pudor sigue existiendo, pero retrospectivo: en neurosis de angustia luego de la intimidad exhibida, más angustiosas aún cuanto más tienen que ocultarse. Lo primero que hizo la pobra niña fue hacer como si nada pasara, pero eso fue lo peor. Al final, dado que no era psicótica, vino la culpa, y sin atención psicológica y espiritual, vino el suicidio.

Mientras tanto los que se burlaron de ella con toda liviandad y crueldad, cual verdaderos soldados nazis sumergidos en la banalidad de su invisible ejército nazi-masificado-supuestamente/liberado, allí están, seguramente riéndose de otra cosa en alguna escapada nocturna.

Triste. Muy triste.

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(1) "..............Así de cruel, estúpida y contradictoria es la cultura hipócrita del hipersexualismo. Del tabú del sexo pasamos al tabú del amor. Primero te dicen adorá tu cuerpo y mostralo sin barreras. Después te entierran vivo por idiota. 
Qué pasó con el amor... Pasó de moda??? Es anticuado decir no necesito saberme el kamasutra para decirte que te amo. Y amar... Acaso no era en el dolor y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en la juventud y en la vejez. Se llama cagazo... Pero alguna vez este cuerpo se marchita y uno se vuelve a mear en los pañales. La guita en algún momento se va y no vuelve más. Y nunca faltan los dolores para confirmar que estamos vivos.
Me cansa ver en los terrores en los que vivimos, huyendo de una compra a la otra para demostrar que no hay nada dentro por lo que vivir.
El sexo es una realidad maravillosa, el bálsamo de tantos dolores y tristezas cuando se lo abraza con ternura. La puerta abierta a la novedad de los hijos. El lugar donde la intimidad se viste sin máscaras y deja lugar a la autenticidad.
De verdad que cansa tanta estafa y me duele mucho el alma de esta pobre chica a la que matamos con nuestra hipocresía......."


(2) Desplazamiento de la pulsión de muerte hacia sí mismo....


domingo, 18 de septiembre de 2016

EL PROBLEMA ES EL AULA

Gran impacto ha causado la carta del profesor que renuncia porque está agotado del uso de las nuevas tecnologías en su clase. Ha habido variadas reacciones. Algunos lo han apoyado, otros han dicho que lo seguirán intentando, otros han propuesto, de vuelta, la incorporación de las nuevas tecnologías al aula.

Vamos a hacer algunas distinciones básicas. La educación, como proceso de transmisión cultural, puede ser formal o informal. La informal es espontánea y se identifica con el aprendizaje espontáneo que todos los seres humanos tienen de su propio horizonte cultural. La formal se identifica con escolaridad en sentido técnico: métodos especiales, no espontáneos, de educación, para el aprendizaje de contenidos más complejos. Esta distinción ha existido en todas las épocas con sus obvias diferencias culturales[1].

Por ende el problema no es la educación formal ni la escolaridad, sino la educación formal positivista concebida por los estados sobre todo a fines del s. XIX. Esa fue la “primera etapa de la política educativa”[2], donde los estados tratan de unificar e incorporar a los ciudadanos a la unidad del estado-naciòn. Su modelo fue coherente con lo que el positivismo supone como aprendizaje: incorporación pasiva de datos. Por eso surge el “aula” como ahora la concebimos: alguien que habla, alguien que es el activo, y los demás pasivos, copiando, memorizando, cual computadoras humanas a las que se les incorpora un pendrive.

Los límites de este sistema con respecto a la “vida” del educando fueron advertidos por la 2da etapa de la política educativa, con los que proponen “la escuela nueva”[3]. La cuestión era incorporar al aula elementos más vitales y activos, con una concepción más humana del educando. Muy bien. Pero el problema fue que el aula positivista y la vida no se concilian. El movimiento de la escuela nueva se enfrenta con el uso de una herramienta contradictoria con sus fines.

Obsérvense las épocas: la primera etapa corresponde a fines del s. XIX. La segunda surge más o menos por los 20, con límites difusos.

La tercera etapa[4], según Luis J. Zanotti, que lo afirma en la década de los 70, son los modernos medios de comunicación, que él en su tiempo identifica con la telemática. Sin darse cuenta previó la revolución en las comunicaciones y el aprendizaje que implicó luego el internet.

Por ende, es raro que no se advierta que estamos hablando de cosas viejas. El diagnóstico de Luis J. Zanotti, hecho ya en los 60 y los 70, es que el aula derivada del positivismo era incompatible con los nuevos modos de aprendizaje, y que el problema del movimiento de la escuela nueva era no haber advertido esa limitación. El problema es esa aula. Pretender incorporar en ella a la tercera etapa es como pretender arreglar una carreta para ir a la Luna. No, no se arregla, sencillamente se cambia.

Por supuesto, parece que no se puede. El aula positivista sigue allí, como un ícono cultural. Seguimos utilizando ese antiguo elemento y nos sumergen allí obligatoriamente desde los 6 –ahora para que desde los 3- hasta más o menos los 25. El daño que ello produce a las personas es casi irreparable.[5]

Por supuesto, lo que se produce –por ello dije “casi”- es que la educación real del individuo va por contrabando. Va por youtube, por netflix, por redes sociales, por infinitas páginas de internet que interesan verdaderamente a niños, adolescentes y adultos. Y la escolaridad formal, en vez se ser concebida como un medio de acompañamiento de todo ello –y por ende radicalmente transformada- se presenta como una competencia inútil y perdedora de su imparable competidor. Y los docentes, aferrados, encerrados o adictos al viejo sistema, explotan. Es que obviamente no pueden enseñar en el aula, en el sistema formal positivista, con sus premios y castigos, con incentivos perversos como las notas, con sistemas de vigilancia iguales al sistema carcelario. No pueden verdaderamente enseñar allí, pero lo intentan, fracasan, se desesperan. Los que aplican a gusto todos los elementos carcelarios del sistema creen que tienen éxito. Claro, no se dan cuenta de lo que sucede. Pero los que intenten incorporar internet al aula fracasan también. El problema es el aula. La noción de educación formal, en esta circunstancia, es otra. Es un acompañamiento a la autoeducación que cualquiera naturalmente hace. Luis J. Zanotti ya lo explicó hace más de 40 años[6] y tampoco estaba entonces descubriendo América.

Por supuesto, me preguntarán cómo hago yo. No me parece pertinente hacerlo. Frente a este drama, cada uno de nosotros  -los docentes- se las ha arreglado como ha podido y es inútil que ahora intentemos presentar nuestra propia experiencia personal como una panacea universal, peleándonos, además, entre nosotros. La cuestión es que el sistema debe cambiar, y la cuestión es tomar conciencia de que esas propuestas de cambio tienen casi más de un siglo ya. Así que basta de asombrarse. Docentes, lean un poco más de historia de la educación, política educativa y filosofía de la educación. Allí tienen la obra completa de Luis J. Zanotti. www.luiszanotti.com.ar Tomen, lean, tomen conciencia de lo que ocurre y cálmense. Entonces, cada uno sabrá mejor qué hacer.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Fr. LUIS S. FERRO, O.P., UN REGALO DE DIOS.

Entre los muchos regalos que Dios me ha dado, comenzando por El mismo, están también algunas de sus más asombrosas creaciones. Entre ellas se destaca Fr. Luis S. Ferro.

Por supuesto, Dios comenzó a hacer todo como corresponde cuando El quiere algo. Lo primero que hizo fue una “premoción física”, cuando, a mis 18 años, incapaz yo de distinguir a un dominico de un marciano, incapaz de distinguir al ente de la película homónima, vi el programa de filosofía de la UNSTA Buenos Aires y me dije: “TENGO que estudiar esto o reviento”.

Durante el primer año, en el cual aún no teníamos Metafísica, todo me resultaba fascinante pero oscuro.

Hasta principios de Marzo de 1980, cuando entró –a las 17,45, o 17,50, siempre antes- Fr. Luis Santiago Ferro, O.P.,  a la clase.

Ferro desplegaba sus libros –viejas, vividas, subrayadas y marcadas ediciones Marietti de la obra de Sto Tomás, toda en Latín- y sus papeles con notas y etc. Todo papelito impreso podía ser una nota de estudio en su reverso, que a su vez servía como marcador para los libros. A las 18 en punto comenzaba a hablar. Anunciaba el tema y comenzaba. Su palabra era precisa y calma como el autor que enseñaba, mientras iba desplegando los cuadros sinópticos de todo lo que decía, en Latín, en pizzarón negro y con tiza (yeso). La oscuridad fue desapareciendo. Todo comenzó a aclararse. Cuando vi la distinción esencia-esse, toda la materia se desplegó ante mí, y toda la teología natural se hizo una límpida cascada de lógicas consecuencias. Cuando vi el bonum, toda la ética se desplegó. Cuando vi la composición acto-potencia de la esencia de los entes corpóreos, toda la filosofía de la naturaleza se entendió. El Padre Ferro fue para mí toda la carrera. Todo lo demás fue un continuar, un despliegue, un detalle, una acotación, una subordinada del decir principal.

Y lo tuve tres años. Un año entero en Metafísica, otro entero en Teología natural, otro entero en Temas de Metafísica. Tres años. Tres años escuchándolo, aprendiendo Sto Tomás con él. Aún no termino de agradecer a Dios por eso. Marcó mi vida para siempre, mi comprensión de todo, mi concepción del mundo. Es que Ferro, como decían los frailes, imprime carácter (como los sacramentos). Sí: en mi vida de Fe, yo tuve Bautismo, Comunión, Confirmación, Confesiones, Matrimonio y Ferro.

No sé por qué algunos le tenían miedo. Yo lo amaba. Le preguntaba en clase con toda naturalidad, y sé que él me quería, incluso una vez se le escapó un “Fr. Gabriel” al contestarme, a lo que los reales frailes reaccionaron con un “nooooooooooooooo” :-). Cuando terminaba la clase lo perseguía por los pasillos, y casi siempre le decía “lo que usted quiso decir es esto, no”. A lo cual él contestaba habitualmente “si”, y ese sí quedaba conformando mi comprensión.

A los tres meses de cursar con él, más o menos, mi Fe se confirmó. Estaba yendo a comulgar. De repente todo encajó. Lo infinito, el bonum, el verum, el ipsum esse, y Cristo en la Cruz. Y me dije “ahora sé qué estoy haciendo aquí”. Por eso tenía que estudiar “esto”. Dios siempre sabe lo que hace.

Al terminar quinto año, le sugerí tímidamente ser su ayudante, pero él declinó con estilo japonés la sugerencia. Sólo cinco años después, misionando con él en Catamarca, él me dijo si quería ayudarlo en Temas de Metafísica. Yo no lo podía creer. ¿Qué había cambiado? Nunca lo sabré. El asunto es que a partir de allí comencé a ayudarlo en Metafísica también. El, con mentalidad militar, me llamaba, delante de otros, “Doctor Zanotti” y me ponía al mando de la tropa, cuyos soldados tenían que perdonarle esa debilidad para conmigo. Pero no tuvieron que preocuparse mucho tiempo. Cuando las fuerzas de Ferro comenzaron a declinar, yo podría haber quedado perfectamente a cargo de la materia. Pero no quise. Yo, que siempre cambiaba todos los planes, programas y etc., yo, que siempre armaba mis propias clases, esta vez no quise. No pude. No me atreví. No sé bien por qué. Hay allí un margen de misterio, pero no me atreví a ser su sucesor en la Unsta Buenos Aires. No quise cambiar nada de lo que él había hecho. Y como nunca pude repetir, dejé.

Nunca pensamos igual en todo. El era demasiado aristotélico. Yo no. Pero él lo sabía. Una vez alguien se lo señaló, y él dijo, refiriéndose a mi: “él siguió su camino”. Impresionante. El verdadero maestro sólo prepara al discípulo para seguir su propio camino. Y los verdaderos discípulos no fuerzan a su maestro a seguir los suyos.

Recuerdo que en el examen de Metafísica, me hizo la clásica pregunta. Qué fórmula era mi favorita para la distinción esencia-esse. Yo le dije: “Deus, simul dans esse, producit id quod esse recipit” (1). Y él me preguntó con afecto: “Y Dios de dónde salió?”. No sé qué le contesté, pero me la perdonó. Ya se notaba entonces que mi esquema era una via resolutionis completa, sin via inventionis. Pero nunca le preocupó. NO me perdonó, en cambio, cuando en Teología natural me preguntó si podíamos conocer la esencia de Dios, y yo muy suelto de cuerpo le contesté: bueno, Dios es aquel cuya esencia es ser, luego, sí, podemos conocer su esencia. Su rostro se nubló. Luego de un pequeño forcejeo me señaló que eso era sólo por analogía. Me bajó dos puntos. Hoy estoy hecho un Pseudo-Dionisio total...

Pero yo conocía también al sacerdote, al dominico, al servicial, al humilde entre los humildes. Una vez le ordenaron algo, yo tuve la impertinencia de sugerirle que discutiera lo que el provincial le había ordenado. El me miró como Jesús a Pedro. No me dijo “aléjate de mi Satanás”, pero sí me dijo algo que lo define de cuerpo entero y de lo cual no me he olvidado nunca: “yo, ante todo, soy fraile”. De vuelta, por favor, démonos cuenta de lo que dijo: “yo, ante todo, soy fraile”. Desde entonces siempre me he referido a él como Fr. Luis S. Ferro. Era, sí, Fr. Pbro. Dr. Luis etc. Pero ante todo, fraile. Fraile dominico, fiel, leal, servicial, caritativo, docente, obediente, casto, pobre. Un modelo a seguir de vida dominica y de santidad.

Académicamente, su bajo perfil casi impide que sus aportes fueran conocidos. Finalmente la Orden y algunos discípulos laicos lograron que publicara sus dos obras fundamentales de Metafísica y Teología natural, los textos de Sto Tomás con los cuales todos estudiábamos, comentados por él. Muchos que se dedican a Sto. Tomás deberían estudiar en profundidad los aportes de Ferro en temas como trascendentales, predicación predicamental y trascendental, la separatio, la analogía. En los 80 estaba muy influido por Cornelio Fabro en el tema participación. Hacia el final de su vida académica estaba muy conmovido por la encíclica Fides et ratio y él mismo comenzó a dar a su metafísica un giro antropológico. Su enfermedad no le permitió continuar. Pero creo que mi travieso “Deus simil dans esse…” me permitió leer su libro nunca escrito.


El día que murió, sobre todo a la mañana, estuve sumergido en la nostalgia. Sólo mi padre y Francisco Leocata pueden igualar lo que su palabra significó para mí. Ahora debe estar hablando con su querido Santo Tomás. Ahora todo lo que escribió, igual que a Santo Tomás, le debe parecer nada. Pero, por favor, querido Ferro, intercede para que tus nadas sigan alimentando al resto de los mortales y, sobre todo, a los que tanto te amamos y bebimos del cáliz de tu docencia.

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(1) Lo dije de memoria, NO porque "hablara" en Latín. Una traducción sería "Dios, al mismo tiempo que da el ser, produce aquello que recibe el ser".