domingo, 5 de septiembre de 2010

UN LIBERAL BIEN VALE UNA MISA

Publicado en el Instituto Acton Argentina, en Agosto de este año.
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Si, la frase era que París bien vale una Misa, y quedó como un clásico de hipocresía y utilización política de la Fe. Veremos que no es precisamente el caso.

La reciente muerte de Manuel Ayau, a quien tuvimos el honor de conocer personalmente, me dejó pensando en ciertas cuestiones más allá de los merecidos elogios y homenajes que su nombre despertó en los ambientes liberales clásicos. Me quedé pensando en el silencio total de otros ambientes, y, especialmente, en el silencio de casi todos los católicos.

Manuel Ayau pertenecía a ese grupo de personas con una clara posición liberal clásica en América Latina, a parte de su valentía y sus dotes de organizador y fundador de la Universidad Francisco Marroquín. Eso le valió el enfrentamiento con muchos sectores y, también, con gran parte del episcopado de su país, para quienes un liberal clásico es el símbolo del explotador, del rico que luego tendrá que dar cuenta de su egoísmo y codicia ante Dios, y que, para colmo, se pasó la vida, desde ese punto de vista, defendiendo los egoístas intereses de su clase vil y explotadora.
Seguramente ninguno de ellos lo ha dicho, pero sé que lo piensan. Manuel, para colmo, no fue afecto a las conciliaciones, y les dijo “algunas cositas” cada vez que alguno de ellos defendía ingenuamente ideas calcadas de El Capital de Karl Marx, a quien seguramente leyeron, pero nunca, claro, a Mises o Hayek.

Manuel ha quedado, entonces, para muchos de ellos, como un enemigo radical. Como “el” enemigo: el capitalista.

Entonces, no merece nada en esos ambientes. Ni un triste recuerdo, y menos aún, una Misa en su memoria.

¿Por qué? ¿No se debe rezar por todos los difuntos?

Sé que para este entonces algún buen sacerdote habrá rezado una Misa en su memoria, pero insisto en el tema de los Obispos.

Y, además, ¡que injusticia que los católicos vean así a un liberal clásico, que ha arriesgado fortuna, prestigio y la vida propia por un ideal! Contrariamente a lo que suponen muchos que creen en el Padre, el Hijo y Marx, el sostenimiento intelectual, moral y material de una universidad como la UFM ha sido una obra de bien para toda la humanidad. Desde allí se difunden y se estudian las ideas que verdaderamente pueden terminar con la pobreza e indigencia en América Latina y en el mundo, desde allí se combaten con la pluma, la inteligencia y la palabra a los más indignos y manipuladores dictadorzuelos de América Latina que tratan a todos los seres humanos como canarios y los sumergen aún más en la pobreza.

Obviamente, ni Manuel Ayau ni la UFM son perfectos. Los elogios no se hacen por la perfección, sino por el agradecimiento de una obra realizada, por el balance de una vida, en medio de obvios defectos que se puedan tener. La UFM, como toda obra humana, tiene problemas y es perfectible, pero ella es una meca de las ideas de libertad, un noble quijote que lucha contra verdaderos y terribles gigantes, un generoso refugio para los intelectuales perseguidos por el siempre autoritario socialismo, del siglo que fuere, y una difusión permanente de aquellos principios que elevan el nivel de vida de los pueblos sacándolos de su actual condición de indignante pobreza. Ante ello, uno no puede más que agradecer a quienes la hicieron posible.

Ante eso, vuelvo a preguntar, ¿qué Obispo latinoamericano rezará una Misa por Manuel Ayau?

Me quedaré esperando la buena noticia.

domingo, 29 de agosto de 2010

DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ

Ayer estuve en la celebración eucarística de los 25 años de ordenación sacerdotal de un amigo, Fr. Rafael Cúnsulo, fraile dominico.

Al finalizar la Misa, Rafael dijo unas bellas palabras en el altar. No sé si conocen la Basílica de Santo Domingo: es bella e imponente. A pesar de la alegría que se respiraba en el silencio con que escuchábamos a Fr. Rafael, era una situación evidentemente solemne.

Repentinamente un niño, de dos o tres años, camina vacilante hacia el enorme atrio donde Fr. Rafael está hablando. Avanza unos pasos pero vuelve. Minutos después, el mismo niño comienza a avanzar decididamente hacia Fr. Rafael. Esta vez no duda. Rafael lo mira, le sonríe, le ofrece su mano, y el niño estira sus bracitos. Rafael se inclina y el niño le da un beso en la mejilla; luego, corre contento hacia donde están sus padres. Rafael aclara: “son los mejores maestros” (lo cual, dicho por un dominico, es importante). Todos nos quedamos conmovidos.

Se podrían decir muchas cosas. Cómo los niños irrumpen, rompen los esquemas, dan vida, una vida que, por suerte, en este caso no tuvo que ser interrumpida, porque Rafael estaba tan viviente como el niño y no tuvo que interrumpir ningún discurso aburrido: el saludo del niño se unió con naturalidad a palabras no leídas que salían del corazón.

Pero no resisto la tentación de decir: esa es la Iglesia que yo conozco de cerca. Un niño que besa con alegría a un sacerdote. Venticinco años de fidelidad y de servicio, una basílica llena de familias llenas, a su vez, de niños que corrían por los laterales; un ágape en el comedor del convento, con sencillos sanguchitos y gaseosas; frailes, religiosas, laicos, familias, niños, muchos niños, repito, y, no sé si se entiende: uno de ellos, en medio de la ceremonia, besando a un sacerdote. Reitero: un niño besando a un sacerdote.

Obviamente, no es ni será noticia en ningún lado. En mi blog, sí.

miércoles, 25 de agosto de 2010

VOLVAMOS A LO NUESTRO. FILOSOFÍA MÁS PSICOLOGÍA.

El 21 del corriente mes, La Nación publicó esta nota, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1296689, donde se destaca el carácter terapéutico de la filosofía, tema en el que vengo insistiendo hace tiempo (*). Sin embargo el planteo del tema es competitivo con la psicoterapia, mientras que mi planteo es complementario. Ofrezco al respecto la ponencia presentada el año pasado.
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MÁS PLATÓN Y MÁS PROZAC: LA FUNCIÓN TERAPÉUTICA DEL DIÁLOGO FILOSÓFICO, NO COMPETITIVO SINO CO-ADYUDANTE DE LA PSICOTERAPIA.

Por Gabriel J. Zanotti

Ponencia presentada en el V Jornada de Stress y Ansiedad, ICAAP y Universidad de Palermo, 30-10-09.

1. La legítima autonomía de la psicoterapia respecto de la filosofía.
A pesar de los avances de las diversas psicoterapias en combinación con los avances en el tema de los neurotransmisores, cada tanto surgen reacciones, más o menos fundadas, contra el abuso de la medicación o los enfoques exclusivamente psicoterapéuticos de problemas humanos ante los cuales la filosofía reclama su carta de ciudadanía originaria. Es comprensible que ello suceda, pero conduce sin embargo a un enfrentamiento sin salida. Es obvio que la filosofía en tanto filosofía no tiene margen de acción directa ante situaciones psicóticas que demandan mucha especialización y práctica para dar con el psicofármaco adecuado, como tampoco tiene un margen de acción directa frente a diversas neurosis de angustia, ansiedad, fóbicas, etc.
Pero, a su vez, se podría decir que ciertos paradigmas culturales actuales han dejado casi muda a la filosofía, sin una voz legítima que pueda ayudar indirectamente a dichas cuestiones. Temas como la naturaleza del ser humano, el libre albedrío, la racionalidad, la inteligencia, la voluntad, etc., temas tradicionalmente filosóficos, han sido absorbidos por las neurociencias y-o relegados a metafísicas sin fundamento alguno en el debate racional. Si el filósofo ocupaba antes el papel de un psicólogo cuando trataba ciertos temas, ahora el psicólogo ocupa el papel del filósofo y una indebida lucha de roles parece ser inevitable. Trataremos en esta ponencia de ubicar a la filosofía en un lugar propio que la haga acompañante, y no competitiva, de la psicoterapia.

2. La angustia existencial en Frankl.
En la conocida logoterapia de V. Frankl encontramos un buen ejemplo de intersección entre filosofía y psicología. Como es sabido, Frankl concentra su atención en la neurosis noógena (1), una angustia profunda fruto de la pérdida del sentido de la existencia. La psicoterapia de Frankl consiste en proponer una sana tensión de las fuerzas psíquicas cuando estas se orientan hacia la búsqueda del sentido de la vida, siendo ello mismo curativo. Pero esto tiene un obvio aspecto filosófico de fondo. El tema del sentido de la vida humana es un tema típicamente filosófico, que tuvo un momento importante en la reacción existencialista de fines del s. XIX y principios del XX, en autores como Unamuno y Kierkegaard, que fundamentalmente reaccionaban contra Hegel y el positivismo. Lamentablemente dichos autores, al reaccionar contra ese tipo de racionalismo, dejaron la noción misma de “razón” y la contrapusieron con la “vida”, lo cual no hizo más que retroalimentar la separación entre filosofía y vida (2). Pero para nosotros, la razón tiene mucho que decir, precisamente, sobre los temas vitales más profundos: el sentido de la vida, la pregunta por el sentido de la existencia, la muerte, el dolor, el sufrimiento, la comunicación con el otro en tanto otro, la comprensión del otro, el amor al otro; la trascendencia de la vida humana en temas como Dios, la vocación interior, la libertad.
Todos esos temas implican dolencias no específicamente psicológicas, esto es, un nivel de angustia existencial no encuadrada en lo que habitualmente son las neurosis y psicosis clásicas. Muchas veces las personas acuden al psicólogo, y en medio de habituales neurosis se encuentran también, o de fondo, esos temas, que demandan a la filosofía como co-adyudante.

3. La analogía entre la etiología de la neurosis en Freud y la angustia por la falta de sentido.
Pero por eso mismo, las críticas de Frankl a Freud fueron excesivas (3). Comprendemos que haya querido distanciarse de Freud en ciertos temas filosóficos, pero, sin embargo, el esquema básico de la etiología de las neurosis en Freud puede ser útil para el tema del re-descubrimiento del sentido de la existencia. Para ello, repasemos esa etiología (4):

Fig 1:

Como ya sabemos, según el gran autor vienés, la pulsión, que se manifiesta en los primeros años de vida, recibe una represión, que está a cargo del preconsciente. Si esa represión no juega su papel, instaurada por la ley paterna, el sujeto queda psicótico o perverso. Si, en cambio, la ley de padre y la cultura van conformando el psiquismo del sujeto, esa pulsión encuentra un camino paralelo, una satisfacción sustitutiva en forma de neurosis, cuyo origen último queda inconsciente para el sujeto. La terapia consiste, precisamente, en un delicado proceso por medio del cual, transferencia mediante, el sujeto, por asociación libre, puede ir haciendo movimientos internos por medio de los cuales puede llegar a hacer medianamente consciente el origen de su conflicto, luego de una implicación subjetiva en el proceso. Eso es, luego de superar el “no querer saber” del goce de la neurosis, en cuyo caso el sujeto de algún modo “quiere saber” el origen de su dolencia y va llegando a ello por medio de un proceso mayéutico implicado en el análisis.
Pero, curiosamente, hay algo parecido en la búsqueda del sentido de la vida. Veamos la figura 2:


Lo que queremos decir con este esquema es lo siguiente. Todos los seres humanos, de un modo o de otro, se preguntan por el sentido de su existencia. Esto es, qué sentido tiene nuestra existencia, cuando descubrimos nuestra radical contingencia. Por qué somos, cuando podríamos no haber sido. Esta pregunta nos enfrenta con la situación límite inevitable: la muerte. Por ello, esta búsqueda de sentido es “reprimida” de algún modo con diversos escapismos que mantienen a la búsqueda de sentido en un período de latencia de duración impredecible. Los escapismos son dis-tracciones que nos ponen fuera del centro más íntimo de nuestro propio yo. El “yo” es tomado aquí en sentido no freudiano, esto es, como la esencia última de cada individuo (5), cuyo des-cubrimiento es siempre progresivo y puede llevar toda una vida. Esos escapismos pueden ser “haceres” relativamente inocentes (el mismo trabajo sirve muchas veces de escapismo) o destructivos (las adicciones) pero el caso es que mantienen al yo “fuera de sí”, “fuera de su centro” (existencia inauténtica (6)): sabemos relativamente qué actividades hacer pero no quiénes somos; tenemos una inteligencia calculante que planifica pero no damos paso a una inteligencia contemplativa que quiera volver hacia el mundo interior.
En ese período de latencia, el sujeto puede encontrarse indefinidamente, hasta que se encuentra con “situaciones límite” (7), situaciones en general relacionadas con la muerte, el dolor, o un nacimiento, que lo conectan con lo más profundo de esas preguntas existenciales que habían quedado “inconscientes”. Allí es donde el diálogo filosófico ocupa un rol terapéutico análogo al psicoanálisis. La persona puede tener un primer esbozo de diálogo consigo mismo, ayudado por las preguntas mayéuticas de la filosofía o del filósofo, esto es, un primer momento de “transferencia positiva”, hasta que quiera volver a escaparse de esas preguntas básicas, por el dolor que implica el encuentro consigo mismo y el goce del escapismo como “beneficio secundario de la enfermedad”. Pero si persiste, entrará en una fase de madurez interior, donde él mismo se comenzará a hacer esas preguntas y tratará de encontrar sus propias respuestas, y por ello hablamos de una “implicación subjetiva” en el momento de hacer consciente el inconsciente espiritual que estaba en latencia debido a los escapismos.

4. El diálogo filosófico como terapia y la implicación subjetiva.
Pero entonces, si el diálogo filosófico puede implicar un hacer consciente al la búsqueda de sentido, que estaba en período de latencia, ¿cómo lo hace específicamente? La pregunta es pertinente: la filosofía ha perdido el contacto con la vida y la psicología porque se presenta como una actividad académica más, una actividad donde el sujeto supone que la filosofía la va a “proporcionar información” sin que su vida se vea implicada en el proceso. En realidad no hay en ningún ámbito de lo humano una “información” tal (8), pero menos en el caso de la filosofía.
Para explicar cómo la filosofía y el filósofo, con un diálogo mayéutico, puede ayudar a hacer consciente la búsqueda de sentido, analicemos los siguientes pasos:
a) el “habla” de alumno/paciente.
El “alumno/paciente” (a/p desde ahora) debe expresar libremente su inquietud sobre alguno de los temas nombrados (el sentido de la vida, la pregunta por el sentido de la existencia, la muerte, el dolor, el sufrimiento, la comunicación con el otro en tanto otro, la comprensión del otro, el amor al otro; la trascendencia de la vida humana en temas como Dios, la vocación interior, la libertad). El filósofo/terapeuta (f/t) debe dejar explayarse al a/p libremente, utilizando lo más que pueda la transferencia positiva (en sentido freudiano) que pueda haber en el vínculo docente/terapéutico.
b) El habla del f/t. Este es un momento delicadísimo. Habitualmente el a/p está acostumbrado a recibir el discurso del filósofo a nivel ilusoriamente informativo, y no se implica subjetivamente, esto es, no cree que su vida pueda llegar a ser transformada por ese diálogo. Entonces el f/t debe decir su opinión aclarando expresamente que es su opinión, nombrando autores si es necesario, pero sin dejar en ningún momento de hacer ver al a/p que el f/t está hablando de manera tal que está generando un diálogo y esperando respuesta. Es todo el delicado tema del lenguaje dialógico (9).
c) Inicio de la implicación subjetiva del a/p: el f/t debe terminar su intervención con una pregunta clave: ¿qué opina usted? ¿Qué le sugiere todo esto? Si el a/p responde, como es de esperar, que el “no sabe” como para dar una opinión (10), el f/t le aclarará que lo esencial en este caso se trata de hacer asociaciones libres. Que se sienta totalmente libre como para expresar qué le sugerían las palabras del f/t, aunque todo sea incoherente, o le parezca incorrecto, o un sin-sentido, etc.
d) En ese caso el f/t debe estar entrenado en la escucha tal cual Gadamer habla de ella (11). Esto es, no un conjunto de respuestas preparadas, no un discurso que se quiera decir independientemente de lo que diga el a/p, sino un ubicarse en el carril del discurso del otro, un comprender al otro en tanto otro, una razón comunicativa y no instrumental (12). El f/t utilizará las respuestas del a/p como trampolín para decir alguna otra cosa de contenido filosófico que tenga que ver con esas palabras, pero siempre en el nivel del discurso del otro y tratando de generar preguntas en el otro. Es un arte, requiere entrenamiento, pero lo que estoy diciendo es que la filosofía como tal está preparada para esa búsqueda, o de lo contrario deja de ser humanamente filosofía para convertirse en un CD de información.
e) Este esquema (habla del a/p ---- habla del f/t con lenguaje dialógico --- asociación libre e implicación subjetiva del a/p --- escucha del f/t ---) se repite indefinidamente el tiempo que sea necesario, hasta que el a/p va descubriendo lentamente las preguntas que lo comunican con lo más profundo de su vida interior. Puede ser que no des-cubra el sentido de su vida pero sí descubrirá la importancia y el sentido de la pregunta por el sentido, con lo cual su vida quedará de por sí orientada hacia la búsqueda que en algún momento, en un tiempo interior impredecible, dará sus frutos.

5. Conclusión: la necesidad de un enfoque inter-disciplinario.
La naturaleza humana es tan compleja, tan rica y profunda en los motivos de su evolución psíquica y sus respectivas dolencias, que siempre algo escapa a la terapia. Es perfectamente posible que el mejor tratamiento psico-farmacológico y la mejor psicoterapia se queden sin ver angustias existenciales como las descriptas, de igual modo que al filósofo terapeuta se le pueden escapar las neurosis típicas que pueden afectar también a quien ha alcanzado cierta madurez existencial. Es más, la vida entera de cada persona es un conjunto mezclado de logros y fracasos en todas esas áreas, y por eso los diagnósticos diferenciales son complejos y los problemas siguen muchas veces más allá de las mejores psicoterapias.
Por todo esto, sueño con algún momento donde las rivalidades terminen entre psicólogos, psiquíatras y sus diversas escuelas, y filósofos por otro lado, y donde todos trabajen de manera inter-disciplinar. Sueño con un lugar donde psicólogos, psiquíatras y filósofos puedan recibir formación profesional en esas tres áreas, y luego complementarse y consultarse mutuamente en la atención del ser humano sufriente, que no demanda competencia de escuelas, títulos, sellos o procedimientos, sino una respuesta eficaz, que sólo puede venir del enfoque conjunto. No sé si ello se logrará algún día; de lo que estoy seguro es que cada paradigma debe tomar conciencia de cada encerramiento y salir hacia el diálogo con otras disciplinas. Nuestra ponencia, del lado de la filosofía, ha sido sólo un primer intento.

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1) De Frankl, ver: Ante el vacío existencial, Barcelona, Herder, 1986; El hombre en busca de sentido, Barcelona, Herder, 1986; La psicoterapia al alcance de todos, Barcelona, Herder, 1985; La presencia ignorada de Dios, Barcelona, Herder, 1986.

2) Hemos analizado este tema en Filosofía para mi, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2007, Introducción.

3) Nos referimos a las que aparecen en La presencia ignorada de Dios, op.cit.

4) Ver Freud, S.: Lecciones Introductorias al Psicoanálisis, en Obras completas, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2008, tomo II, p. 2124.


5) Pero esa esencia última integra los diversos aspectos del yo del sujeto; no es unívoca, sino análoga, desplegándose en aspectos diferentes y complementarios. Entre esos aspectos, las dos tópicas de las que habla Freud (inconsciente, pre-conciente consciente; yo, ello y super yo) pueden ser considerados como aspectos del despliegue de la vida anímica de un mismo “yo”.

6) La expresión viene de Heidegger, M.: Ser y tiempo, Editorial Universitaria, Chile, 1998.


7) Jaspers, K.: La filosofía, FCE, 1978, cap. II.

8)Sobre esto ver nuestro art. “Paradigma de la información vs. paradigma del conocimiento”, en NOMOI, Revista Digital sobre Epistemología, Teoría del Conocimiento y Ciencias Cognitivas, (2008), 2, pp. 17-21, en www.ufm.edu, publicaciones.


9) Hemos tratado este tema en “Intersubjetividad y comunicación”, en Studium (2000) Tomo IV, Fasc. VI, pp. 221-261.

10) Otro error cultural frecuente: el suponer que el saber es condición previa para opinar, cuando es al revés: el opinar en un diálogo socrático es condición necesaria para “comprender” algo. Esa es la implicación subjetiva presente en todo proceso de aprendizaje que el sistema educativo tradicional olvida y que por ende produce ilusiones de aprendizaje.

11) Ver Verdad y método, Sígueme, Salamanca, 1996, III, 16.

12) Ver al respecto el clásico libro de Habermas, J.: Teoría de la acción comunicativa, Taurus, 1992. Tomo I, Interludio 1.
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(*) Ver http://www.gabrielzanotti.com.ar/cvenglish.htm

lunes, 23 de agosto de 2010

NO VAYAN

Publicado en facebook on Sunday, August 22, 2010 at 11:50pm.

Hay oportunidades históricas para que las personas muestren si son capaces de resistencia civil. La resistencia civil no es violenta: se manifiesta en actitudes, en presencias y-o ausencias que muestren a los prepotentes de turno que no estamos dispuestos a ser meros testigos de sus atropellos.



Hace poco sugerí que si la presidenta diera otra conferencia de prensa, donde, entre otras cosas, sigua "retando" a los medios de comunicación por, sencillamente, opinar diferente que ella, la actitud que corresponde sería NO ir, NO asistir, dejarla sola, haciendo precisamente lo que hace: hablar sola.



Este Martes hay una convocatoria a las 19 hs. Al parecer hay diversas "presiones" a los empresarios para que asistan. Pues bien: una buena actitud sería NO ir. QUE NO VAYA NADIE. Eso sería un digno acto de resistencia civil y una muestra de reacción de una sociedad que parecía muy valiente ante el Menem ya caído, ante De la Rúa ante quien todos se hacían los valientes, pero parece muda ante atropellos de los Kirchner.



La cuestión no es la violencia, la cuestión es hacer lo que se pueda, en el ámbito propio, para mostrar que su poder es directamente proporcional a nuestra pasividad e indirectamente proporcional al poder que tengamos por nuestras acciones y palabras conjuntas.



Este Martes es una buena oportunidad y un ejemplo. Ella, sola, sencillamente sola. Hablando a la pared. O a sus robotitos de siempre, que es lo mismo. Sería un triunfo de la oposición civil y una muestra de lo que se puede hacer.



¿Imposible? Si lo es, ello muestra al material humano que tenemos en roles importantes. Yo no tengo autoridad moral para convocar a nadie ni para juzgar a nadie; he tenido, como todos, mis momentos de cobardía, pero desde allí, desde mi casi nula existencia civil, desde mis humildes y solas palabras, desde mi nulo lugar en el poder y los poderes, llamo, convoco, imploro a la resistencia a aquellos que puedan tener un mínimo acto de valentía, hidalguía y heroísmo. Recuerden: ante el poder, la cuestión no es ex – sistir, la cuestión es re – sistir. Se puede. Es la forma más sutil del ser.

domingo, 22 de agosto de 2010

FILOSOFÍA O PSICOLOGÍA VS. FILOSOFÍA Y PSICOLOGÍA

Ayer La Nación publicó esta nota, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1296689, donde se destaca el carácter terapéutico de la filosofía, tema en el que vengo insistiendo hace tiempo (*). Sin embargo el planteo del tema es competitivo con la psicoterapia, mientras que mi planteo es complementario. Ofrezco al respecto la ponencia presentada el año pasado.
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MÁS PLATÓN Y MÁS PROZAC: LA FUNCIÓN TERAPÉUTICA DEL DIÁLOGO FILOSÓFICO, NO COMPETITIVO SINO CO-ADYUDANTE DE LA PSICOTERAPIA.

Por Gabriel J. Zanotti

Ponencia presentada en el V Jornada de Stress y Ansiedad, ICAAP y Universidad de Palermo, 30-10-09.

1. La legítima autonomía de la psicoterapia respecto de la filosofía.
A pesar de los avances de las diversas psicoterapias en combinación con los avances en el tema de los neurotransmisores, cada tanto surgen reacciones, más o menos fundadas, contra el abuso de la medicación o los enfoques exclusivamente psicoterapéuticos de problemas humanos ante los cuales la filosofía reclama su carta de ciudadanía originaria. Es comprensible que ello suceda, pero conduce sin embargo a un enfrentamiento sin salida. Es obvio que la filosofía en tanto filosofía no tiene margen de acción directa ante situaciones psicóticas que demandan mucha especialización y práctica para dar con el psicofármaco adecuado, como tampoco tiene un margen de acción directa frente a diversas neurosis de angustia, ansiedad, fóbicas, etc.
Pero, a su vez, se podría decir que ciertos paradigmas culturales actuales han dejado casi muda a la filosofía, sin una voz legítima que pueda ayudar indirectamente a dichas cuestiones. Temas como la naturaleza del ser humano, el libre albedrío, la racionalidad, la inteligencia, la voluntad, etc., temas tradicionalmente filosóficos, han sido absorbidos por las neurociencias y-o relegados a metafísicas sin fundamento alguno en el debate racional. Si el filósofo ocupaba antes el papel de un psicólogo cuando trataba ciertos temas, ahora el psicólogo ocupa el papel del filósofo y una indebida lucha de roles parece ser inevitable. Trataremos en esta ponencia de ubicar a la filosofía en un lugar propio que la haga acompañante, y no competitiva, de la psicoterapia.

2. La angustia existencial en Frankl.
En la conocida logoterapia de V. Frankl encontramos un buen ejemplo de intersección entre filosofía y psicología. Como es sabido, Frankl concentra su atención en la neurosis noógena (1), una angustia profunda fruto de la pérdida del sentido de la existencia. La psicoterapia de Frankl consiste en proponer una sana tensión de las fuerzas psíquicas cuando estas se orientan hacia la búsqueda del sentido de la vida, siendo ello mismo curativo. Pero esto tiene un obvio aspecto filosófico de fondo. El tema del sentido de la vida humana es un tema típicamente filosófico, que tuvo un momento importante en la reacción existencialista de fines del s. XIX y principios del XX, en autores como Unamuno y Kierkegaard, que fundamentalmente reaccionaban contra Hegel y el positivismo. Lamentablemente dichos autores, al reaccionar contra ese tipo de racionalismo, dejaron la noción misma de “razón” y la contrapusieron con la “vida”, lo cual no hizo más que retroalimentar la separación entre filosofía y vida (2). Pero para nosotros, la razón tiene mucho que decir, precisamente, sobre los temas vitales más profundos: el sentido de la vida, la pregunta por el sentido de la existencia, la muerte, el dolor, el sufrimiento, la comunicación con el otro en tanto otro, la comprensión del otro, el amor al otro; la trascendencia de la vida humana en temas como Dios, la vocación interior, la libertad.
Todos esos temas implican dolencias no específicamente psicológicas, esto es, un nivel de angustia existencial no encuadrada en lo que habitualmente son las neurosis y psicosis clásicas. Muchas veces las personas acuden al psicólogo, y en medio de habituales neurosis se encuentran también, o de fondo, esos temas, que demandan a la filosofía como co-adyudante.

3. La analogía entre la etiología de la neurosis en Freud y la angustia por la falta de sentido.
Pero por eso mismo, las críticas de Frankl a Freud fueron excesivas (3). Comprendemos que haya querido distanciarse de Freud en ciertos temas filosóficos, pero, sin embargo, el esquema básico de la etiología de las neurosis en Freud puede ser útil para el tema del re-descubrimiento del sentido de la existencia. Para ello, repasemos esa etiología (4):

Fig 1:

Como ya sabemos, según el gran autor vienés, la pulsión, que se manifiesta en los primeros años de vida, recibe una represión, que está a cargo del preconsciente. Si esa represión no juega su papel, instaurada por la ley paterna, el sujeto queda psicótico o perverso. Si, en cambio, la ley de padre y la cultura van conformando el psiquismo del sujeto, esa pulsión encuentra un camino paralelo, una satisfacción sustitutiva en forma de neurosis, cuyo origen último queda inconsciente para el sujeto. La terapia consiste, precisamente, en un delicado proceso por medio del cual, transferencia mediante, el sujeto, por asociación libre, puede ir haciendo movimientos internos por medio de los cuales puede llegar a hacer medianamente consciente el origen de su conflicto, luego de una implicación subjetiva en el proceso. Eso es, luego de superar el “no querer saber” del goce de la neurosis, en cuyo caso el sujeto de algún modo “quiere saber” el origen de su dolencia y va llegando a ello por medio de un proceso mayéutico implicado en el análisis.
Pero, curiosamente, hay algo parecido en la búsqueda del sentido de la vida. Veamos la figura 2:


Lo que queremos decir con este esquema es lo siguiente. Todos los seres humanos, de un modo o de otro, se preguntan por el sentido de su existencia. Esto es, qué sentido tiene nuestra existencia, cuando descubrimos nuestra radical contingencia. Por qué somos, cuando podríamos no haber sido. Esta pregunta nos enfrenta con la situación límite inevitable: la muerte. Por ello, esta búsqueda de sentido es “reprimida” de algún modo con diversos escapismos que mantienen a la búsqueda de sentido en un período de latencia de duración impredecible. Los escapismos son dis-tracciones que nos ponen fuera del centro más íntimo de nuestro propio yo. El “yo” es tomado aquí en sentido no freudiano, esto es, como la esencia última de cada individuo (5), cuyo des-cubrimiento es siempre progresivo y puede llevar toda una vida. Esos escapismos pueden ser “haceres” relativamente inocentes (el mismo trabajo sirve muchas veces de escapismo) o destructivos (las adicciones) pero el caso es que mantienen al yo “fuera de sí”, “fuera de su centro” (existencia inauténtica (6)): sabemos relativamente qué actividades hacer pero no quiénes somos; tenemos una inteligencia calculante que planifica pero no damos paso a una inteligencia contemplativa que quiera volver hacia el mundo interior.
En ese período de latencia, el sujeto puede encontrarse indefinidamente, hasta que se encuentra con “situaciones límite” (7), situaciones en general relacionadas con la muerte, el dolor, o un nacimiento, que lo conectan con lo más profundo de esas preguntas existenciales que habían quedado “inconscientes”. Allí es donde el diálogo filosófico ocupa un rol terapéutico análogo al psicoanálisis. La persona puede tener un primer esbozo de diálogo consigo mismo, ayudado por las preguntas mayéuticas de la filosofía o del filósofo, esto es, un primer momento de “transferencia positiva”, hasta que quiera volver a escaparse de esas preguntas básicas, por el dolor que implica el encuentro consigo mismo y el goce del escapismo como “beneficio secundario de la enfermedad”. Pero si persiste, entrará en una fase de madurez interior, donde él mismo se comenzará a hacer esas preguntas y tratará de encontrar sus propias respuestas, y por ello hablamos de una “implicación subjetiva” en el momento de hacer consciente el inconsciente espiritual que estaba en latencia debido a los escapismos.

4. El diálogo filosófico como terapia y la implicación subjetiva.
Pero entonces, si el diálogo filosófico puede implicar un hacer consciente al la búsqueda de sentido, que estaba en período de latencia, ¿cómo lo hace específicamente? La pregunta es pertinente: la filosofía ha perdido el contacto con la vida y la psicología porque se presenta como una actividad académica más, una actividad donde el sujeto supone que la filosofía la va a “proporcionar información” sin que su vida se vea implicada en el proceso. En realidad no hay en ningún ámbito de lo humano una “información” tal (8), pero menos en el caso de la filosofía.
Para explicar cómo la filosofía y el filósofo, con un diálogo mayéutico, puede ayudar a hacer consciente la búsqueda de sentido, analicemos los siguientes pasos:
a) el “habla” de alumno/paciente.
El “alumno/paciente” (a/p desde ahora) debe expresar libremente su inquietud sobre alguno de los temas nombrados (el sentido de la vida, la pregunta por el sentido de la existencia, la muerte, el dolor, el sufrimiento, la comunicación con el otro en tanto otro, la comprensión del otro, el amor al otro; la trascendencia de la vida humana en temas como Dios, la vocación interior, la libertad). El filósofo/terapeuta (f/t) debe dejar explayarse al a/p libremente, utilizando lo más que pueda la transferencia positiva (en sentido freudiano) que pueda haber en el vínculo docente/terapéutico.
b) El habla del f/t. Este es un momento delicadísimo. Habitualmente el a/p está acostumbrado a recibir el discurso del filósofo a nivel ilusoriamente informativo, y no se implica subjetivamente, esto es, no cree que su vida pueda llegar a ser transformada por ese diálogo. Entonces el f/t debe decir su opinión aclarando expresamente que es su opinión, nombrando autores si es necesario, pero sin dejar en ningún momento de hacer ver al a/p que el f/t está hablando de manera tal que está generando un diálogo y esperando respuesta. Es todo el delicado tema del lenguaje dialógico (9).
c) Inicio de la implicación subjetiva del a/p: el f/t debe terminar su intervención con una pregunta clave: ¿qué opina usted? ¿Qué le sugiere todo esto? Si el a/p responde, como es de esperar, que el “no sabe” como para dar una opinión (10), el f/t le aclarará que lo esencial en este caso se trata de hacer asociaciones libres. Que se sienta totalmente libre como para expresar qué le sugerían las palabras del f/t, aunque todo sea incoherente, o le parezca incorrecto, o un sin-sentido, etc.
d) En ese caso el f/t debe estar entrenado en la escucha tal cual Gadamer habla de ella (11). Esto es, no un conjunto de respuestas preparadas, no un discurso que se quiera decir independientemente de lo que diga el a/p, sino un ubicarse en el carril del discurso del otro, un comprender al otro en tanto otro, una razón comunicativa y no instrumental (12). El f/t utilizará las respuestas del a/p como trampolín para decir alguna otra cosa de contenido filosófico que tenga que ver con esas palabras, pero siempre en el nivel del discurso del otro y tratando de generar preguntas en el otro. Es un arte, requiere entrenamiento, pero lo que estoy diciendo es que la filosofía como tal está preparada para esa búsqueda, o de lo contrario deja de ser humanamente filosofía para convertirse en un CD de información.
e) Este esquema (habla del a/p ---- habla del f/t con lenguaje dialógico --- asociación libre e implicación subjetiva del a/p --- escucha del f/t ---) se repite indefinidamente el tiempo que sea necesario, hasta que el a/p va descubriendo lentamente las preguntas que lo comunican con lo más profundo de su vida interior. Puede ser que no des-cubra el sentido de su vida pero sí descubrirá la importancia y el sentido de la pregunta por el sentido, con lo cual su vida quedará de por sí orientada hacia la búsqueda que en algún momento, en un tiempo interior impredecible, dará sus frutos.

5. Conclusión: la necesidad de un enfoque inter-disciplinario.
La naturaleza humana es tan compleja, tan rica y profunda en los motivos de su evolución psíquica y sus respectivas dolencias, que siempre algo escapa a la terapia. Es perfectamente posible que el mejor tratamiento psico-farmacológico y la mejor psicoterapia se queden sin ver angustias existenciales como las descriptas, de igual modo que al filósofo terapeuta se le pueden escapar las neurosis típicas que pueden afectar también a quien ha alcanzado cierta madurez existencial. Es más, la vida entera de cada persona es un conjunto mezclado de logros y fracasos en todas esas áreas, y por eso los diagnósticos diferenciales son complejos y los problemas siguen muchas veces más allá de las mejores psicoterapias.
Por todo esto, sueño con algún momento donde las rivalidades terminen entre psicólogos, psiquíatras y sus diversas escuelas, y filósofos por otro lado, y donde todos trabajen de manera inter-disciplinar. Sueño con un lugar donde psicólogos, psiquíatras y filósofos puedan recibir formación profesional en esas tres áreas, y luego complementarse y consultarse mutuamente en la atención del ser humano sufriente, que no demanda competencia de escuelas, títulos, sellos o procedimientos, sino una respuesta eficaz, que sólo puede venir del enfoque conjunto. No sé si ello se logrará algún día; de lo que estoy seguro es que cada paradigma debe tomar conciencia de cada encerramiento y salir hacia el diálogo con otras disciplinas. Nuestra ponencia, del lado de la filosofía, ha sido sólo un primer intento.

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1) De Frankl, ver: Ante el vacío existencial, Barcelona, Herder, 1986; El hombre en busca de sentido, Barcelona, Herder, 1986; La psicoterapia al alcance de todos, Barcelona, Herder, 1985; La presencia ignorada de Dios, Barcelona, Herder, 1986.

2) Hemos analizado este tema en Filosofía para mi, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2007, Introducción.

3) Nos referimos a las que aparecen en La presencia ignorada de Dios, op.cit.

4) Ver Freud, S.: Lecciones Introductorias al Psicoanálisis, en Obras completas, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2008, tomo II, p. 2124.


5) Pero esa esencia última integra los diversos aspectos del yo del sujeto; no es unívoca, sino análoga, desplegándose en aspectos diferentes y complementarios. Entre esos aspectos, las dos tópicas de las que habla Freud (inconsciente, pre-conciente consciente; yo, ello y super yo) pueden ser considerados como aspectos del despliegue de la vida anímica de un mismo “yo”.

6) La expresión viene de Heidegger, M.: Ser y tiempo, Editorial Universitaria, Chile, 1998.


7) Jaspers, K.: La filosofía, FCE, 1978, cap. II.

8)Sobre esto ver nuestro art. “Paradigma de la información vs. paradigma del conocimiento”, en NOMOI, Revista Digital sobre Epistemología, Teoría del Conocimiento y Ciencias Cognitivas, (2008), 2, pp. 17-21, en www.ufm.edu, publicaciones.


9) Hemos tratado este tema en “Intersubjetividad y comunicación”, en Studium (2000) Tomo IV, Fasc. VI, pp. 221-261.

10) Otro error cultural frecuente: el suponer que el saber es condición previa para opinar, cuando es al revés: el opinar en un diálogo socrático es condición necesaria para “comprender” algo. Esa es la implicación subjetiva presente en todo proceso de aprendizaje que el sistema educativo tradicional olvida y que por ende produce ilusiones de aprendizaje.

11) Ver Verdad y método, Sígueme, Salamanca, 1996, III, 16.

12) Ver al respecto el clásico libro de Habermas, J.: Teoría de la acción comunicativa, Taurus, 1992. Tomo I, Interludio 1.
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(*) Ver http://www.gabrielzanotti.com.ar/cvenglish.htm