lunes, 8 de julio de 2024

LO QUE PASÓ EN FRANCIA

 Lo que pasó en Francia no tiene nada que ver con la política liberal clásica de libre entrada y salida de capitales y de personas defendida por Mises. Tiene que ver con un culturalismo post moderno (https://gzanotti.blogspot.com/2024/04/liberalismo-clasico-versus.html) que concibe la inmigración como la entrada de colectivos que demandan un supuesto derecho a ejercer normas culturales propias que violen las libertades individuales y el Estado de Derecho. A la izquierda francesa y a Macrón, por supuesto, eso no les importa en absoluto, con lo cual dan letra a los sectores nacionalistas. Y ello sucede en toda Europa y también en los EEUU.

Lo que le está sucediendo a Occidente es una implosión desde dentro, fruto de las políticas intervencionistas, socialistas y neo-marxistas woke. El camino de servidumbre de Hayek se está cumpliendo totalmente. Difícil preveer cómo sobrevivir. 

domingo, 7 de julio de 2024

¿QUÉ ES "NORMALIZAR" PARA LOS CATÓLICOS?

 Para no contradecir mi eterna costumbre de meterme en la boca del lobo, quisiera referirme a un problema actual que implica nuevamente una sutil superación entre dos posiciones contrapuestas que se dan en el caos de los católicos hoy en día ante el avance del autoritarismo LGBT.

Y dije autoritarismo porque, como siempre he recalcado, no se trata de negar la libertad de expresión y de asociación a nadie sino sólo de afirmar las libertades individuales de todos los seres humanos y también, por ende, de los católicos, que somos seres humanos aunque últimamente ello esté en duda. 

No se trata por ende de negar a nadie a sostener y practicar la teoría del género que quiera, sino de defender nuestro derecho a estar en desacuerdo, a decirlo y a vivir en desacuerdo. 

Por ende, todos, hetero, homo, trans, etc., deberían respetarse mutuamente sus libertades individuales y de ese modo convivir en paz, al menos en paz jurídica, sin acusarse mutuamente de nada y sin reclamar delitos por parte de unos u otros. 

Pero, por supuesto, esto no sucede, sino que los grupos LGBT nos persiguen permanentemente por supuestos delitos de odio y discriminación.

Ante ello, la reacción de muchos católicos es ni siquiera convivir. Esto es, no "normalizar" las conductas contrarias a la ética social católica.

¿Pero qué quiere decir "normalizar"?

Si por ello se entiende ceder ante la coacción, obviamente no. Si normalizar quiere decir que neguemos al Catecismo para quedar bien o para evitar ser penados por la ley humana injusta, entonces obvio que no hay que "normalizar". Dicho lo cual, no juzgamos a nadie que ceda ante la presión. 

Pero si un homo, un trans o un marciano no nos ataca y respeta nuestra Fe, ¿por qué no convivir en paz con él? En la empresa, en la universidad, podemos tener colegas y compañeros de trabajo muy pacíficos y respetuosos y nada impide por ende tener la misma actitud. 

Pero el tema delicado subsiste: ¿debemos "predicarle" la Fe en toda instancia?

Obviamente no, y ello no está mal. 

La fe no se impone con violencia. Y una forma de violencia, aunque no jurídicamente punible, es meterse en la vida privada del otro sin permiso del otro. 

Los temas íntimos no son precisamente públicos; no son temas para hablar en todos los ambientes de manera pública y abierta. Son temas para el psicólogo, el sacerdote (o su equivalente) o el médico, o la privacidad de un cafecito entre amigos muy íntimos. 

Ahora bien si el otro nos agrede o nos ataca, o viola nuestro derecho a la intimidad, hay derecho a la defensa linguística. 

Y si en algún momento vemos que una pequeña palabra nuestra puede ser bien recibida y ayudar, bienvenida sea, pero eso queda bajo la prudencia y delicadeza de cada uno, reservada además al juicio de Dios. 

De lo contrario, ¿deberíamos cortar todo diálogo con los no creyentes o los creyentes confundidos? No, no es ese el espíritu de la libertad religiosa ni el espíritu del diálogo elogiado por Pablo VI en la Ecclesiam suam: "...el coloquio es, por lo tanto, un modo de ejercitar la misión apostólica; es un arte de comunicación espiritual. Sus caracteres son los siguientes: 1) La claridad ante todo: el diálogo supone y exige la inteligibilidad, es un intercambio de pensamiento, es una invitación al ejercicio de las facultades superiores del hombre; bastaría este solo título para clasificarlo entre los mejores fenómenos de la actividad y cultura humana, y basta esta su exigencia inicial para estimular nuestra diligencia apostólica a que se revisen todas las formas de nuestro lenguaje, para ver si es comprensible, si es popular, si es selecto. 2) Otro carácter es, además, la afabilidad, la que Cristo nos exhortó a aprender de sí mismo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29); el diálogo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad es intrínseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone; no es una mandato ni una imposición. Es pacífico, evita los modos violentos, es paciente, es generoso. 3) La confianza, tanto en el valor de la propia palabra como en la disposición para acogerla por parte del interlocutor; promueve la familiaridad y la amistad; entrelaza los espíritus en una mutua adhesión a un Bien, que excluye todo fin egoístico. 4) Finalmente, la prudencia pedagógica, que tiene muy en cuenta las condiciones psicológicas y morales del que oye (cf. Mt 7, 6): si es un niño, si es una persona ruda, si no está preparada, si es desconfiada, hostil, y se esfuerza por conocer su sensibilidad y por adaptarse razonablemente y modificar las formas de la propia presentación para no serle molesto e incomprensible". 

Por lo demás, esto tiene que ver con el testimonio, con el apostolado, que comienza con nuestro ejemplo de vida y con nuestra firmeza y mansedumbre espiritual. Si tenemos la gracia de ser creyentes auténticos y mansos (decimos la gracia porque NO es mérito propio) los demás ya saben cómo pensamos, y si no nos preguntan algo es porque no lo quieren oír y Dios sabrá por qué. Y el ideologizado profundo ni siquiera se acerca. La amistad, si es auténtica, implica que ambos amigos han bajado el muro de ideologías fanáticas aunque mantengan sus convicciones. 

A veces se descubre que una amistad no era auténtica. Puede pasar y hay que tener la madurez para aceptarlo. 

Finalmente, una pequeña historia. Hace ya muchas décadas, sobre todo antes de los 60 o los 70, los católicos practicantes no invitaban a su casa a los divorciados vueltos a casar. Yo no lo sabía, porque en mi familia, en general, no había creyentes y el divorcio era algo que se sufría (y con lo cual se convivía) en la intimidad del almuerzo y la cena en la casa de mi abuelo paterno. 

Con esa ignorancia una vez, cuando tenía 25 años, me invitaron a dar una charla sobre la Familiaris consortio. Yo no debería haber aceptado, no tenía la madurez suficiente para hablar de esos temas aunque me supiera de memoria el documento en cuestión. Y allí fui para adelante, con el desparpajo y con esa combinación de inocencia y soberbia tan típica del jovencito inmaduro pero estudiado y recién recibido. 

Y me preguntaron por el tema de compartir la mesa familiar con el divorciado vuelto a casar.

No sé si se notó, pero yo para mis adentros me puse a pensar de qué estaban hablando. 

No sé si fue mi memoria, la Gracia de Dios o qué, pero me acordé de que Juan Pablo II, en ese documento de 1984 (y esta charla fue en 1985) exhortaba a invitar a Misa a los divorciados vueltos a casar, y que la Misa era la Cena del Señor. Entonces, les dije, si se los invita a Misa, por qué no a nuestra casa. 

¿Era ello "normalizar"?

Que cada uno llegue a sus propias conclusiones. 


viernes, 5 de julio de 2024

EL PADRE SANTIAGO MARTÍN Y EL TEMA VIGANÓ

 https://www.religionenlibertad.com/video/156741/alemania-misa-argumentos-vigano.html?utm_source=onesignal&utm_medium=push&utm_campaign=2024-07-05-Alemania-misa-t 

domingo, 30 de junio de 2024

LOS ERRORES FILOSÓFICOS SE PAGAN, Y MUY CARO. EN RELACIÓN A LA DECISIÓN DE LA SUPREMA CORTE DE LOS EEUU



Entre el debate Trump-Biden, los diversos conflictos armados, y en la Argentina la ley Bases, pasó inadvertido (aquí y en el mundo) un episodio con graves consecuencias. Se trata de una decisión de la Suprema Corte de los EEUU, este Miércoles pasado, según la cual no veía evidencia suficiente para el caso que presentaban los demandantes. “…In this case, the plaintiffs – two states with Republican attorneys general and several individuals whose social media posts were removed or downgraded – challenged the Biden administration’s efforts in 2021 to restrict misinformation about the COVID-19 vaccine. They argued that the administration’s actions had violated social media users’ rights to free speech.(https://www.scotusblog.com/2024/06/justices-side-with-biden-over-governments-influence-on-social-media-content-moderation/ ) (“…"En este caso, los demandantes – dos estados con fiscales generales republicanos y varias personas cuyas publicaciones en redes sociales fueron eliminadas o degradadas – desafiaron los esfuerzos de la administración de Biden en 2021 para restringir la desinformación sobre la vacuna contra el COVID-19. Argumentaron que las acciones de la administración habían violado los derechos de libertad de expresión de los usuarios de redes sociales.")

Nada más ni nada menos. Se de una demanda por la censura que el gobierno de los EEUU estableció junto con las big tech(s) para eliminar contenidos en la web que se consideraran contrarios a la “información verdadera” y etc. Era una oportunidad para reestablecer la Primera Enmienda, violada por dichas disposiciones.

Pero la Corte falló en contra, 6 contra 3. Y la redactora principal de la sentencia fue la Juez Amy Coney Barrett, de la cual no se puede sospechar ninguna inclinación al ala izquierda del Partido Demócrata.

No vamos a hacer un análisis jurídico del caso. El lector puede ir a las fuentes en el artículo citado. Sólo queremos destacar un tema filosófico muy importante.

Entre los fundamentos de la sentencia, Amy Coney Barrett dijo: “….But even if Hines had shown that her injuries could be attributed to the government’s conduct, Barrett continued, even she could not show that she is likely to be harmed again in the future by that conduct. “By August 2022, when Hines joined the case,” Barrett wrote, “the officials’ communications about COVID-19 misinformation had slowed to a trickle.” And it is therefore “no more than conjecture” to project that Hines will be harmed by content moderation attributable to the federal government again, Barrett concluded. This is particularly true, Barrett added, when “the available evidence indicates that the platforms have enforced their policies against COVID-19 misinformation even as the Federal Government has wound down its own pandemic response measures.”  (“…"Para agosto de 2022, cuando Hines se unió al caso," escribió Barrett, "las comunicaciones de los funcionarios sobre la desinformación del COVID-19 se habían mucho." Y, por lo tanto, "no es más que una conjetura" proyectar que Hines será perjudicado nuevamente por la moderación de contenido atribuible al gobierno federal, concluyó Barrett. Esto es particularmente cierto, añadió Barrett, cuando "la evidencia disponible indica que las plataformas han aplicado sus políticas contra la desinformación del COVID-19 incluso cuando el Gobierno Federal ha reducido sus propias medidas de respuesta a la pandemia." (Jill Hines es una de las principales demandantes).

Observen que he puesto en negrita el término des-información.

El caso no es tanto que Amy Barret no vea amenzada la libertad de expresión de Hines. El caso es que ella tiene en su mente el concepto de información-des-información. O sea, algo que es un hecho incontrastable, cuya negación (missinfomation) puede llevar a problemas de seguridad pública. Y, en la intimidad de la conciencia de Barrtet, conjeturamos que ella no se atrevió a quitar del gobierno federal la facultad de intervenir en casos donde una “misinformation” pudiera poner en peligro la vida de los ciudadanos.

Barret comete allí un error filosófico, un error en el que están casi todos. Suponer que la verdad pasa por los “hechos” SIN la mediación de un horizonte de pre-comprensión, una concepción del mundo, ya creencia, ya idea (Ortega). Lo cual NO es negar la verdad, sino re-direccionar la defensa de la verdad a ese horizonte, no a supuestos hechos sin horizonte.

Pensar lo contrario lleva a suponer que los gobiernos pueden proteger un supuesto “derecho a la información”. No, porque cuando los gobiernos hacen eso, aunque sea con buena voluntad, tienen un horizonte del cual parten. Y en una sociedad libre, lo que se discute es la verdad o no de los horizontes. Lo habíamos destacado ya en https://gzanotti.blogspot.com/2023/07/jaque-mate-la-libertad-de-expresion.html, y en https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/la-informacion-como-arma-totalitaria.html . Y en mi libro https://www.amazon.com/hermen%C3%A9utica-como-humano-conocimiento-Spanish/dp/1733548300, lo explicaba así:

 “…Otra cuestión que se encuentra enredada, al parecer para siempre, por usos y terminologías totalmente positivistas. Para decir la verdad, hay que relatar “los hechos” y “ser objetivo”. Pero, como ya hemos visto, al emitir un mensaje, el emisor usa un juego de lenguaje, que a su vez depende de su horizonte, que le permite seleccionar la relevancia de lo que está diciendo y diseñar el mensaje. “Tensión entre Francisco y el Cardenal Burke”. ¿Quién niega que ello es verdadero? Pero también podría haber dicho “hoy me desayuné con café”. Verdadero también. ¿Cómo sé cuál verdad interesa más? Por el contexto y por el horizonte. Tal vez mi nutricionista esté más interesado en lo segundo que en lo primero. Y eso es hermenéutica. ¿Y cómo hago para saber quién es Francisco, quién es Burke, en qué consiste una “tensión”? Por el horizonte que habito. Y eso es hermenéutica. ¿Y cómo lo digo? ¿”Tensión entre Francisco y Burke”?, o “Francisco le quiere tirar su mate por la cabeza a Burke”?  Del primer modo, claro. ¿Y cómo lo sé? Por hermenéutica, desde luego. O sea, como hemos dicho, no se puede emitir ningún mensaje sin horizonte. Es más, es la hermenéutica lo que me permite tener más verdad, porque cuanto más habite un mundo de la vida, más verdadero será lo que diga... Si no miento.

Si no miento, claro. ¿Y desde cuándo la hermenéutica no permite distinguir la mentira de la verdad? Una fake news es una mentira y listo. Pero no es que para evitar las fake news tengamos que recurrir a “los hechos sin horizontes”·, sino sencillamente a la comprensión profunda de la realidad social.  Y a veces las diferencias de enfoque son precisamente por el horizonte que habitamos y entonces es inútil pretender decir que el otro no afirma los hechos, que no es objetivo, que miente, que es fake news. En 1982, ¿qué fue verdadero? ¿Qué las islas Malvinas fueron “recuperadas” o que las Falkland Islands fueron “invadidas”?

Lo más terrible de esto son sus implicaciones políticas. Los gobiernos autoritarios habitualmente dicen que los medios privados mienten, que manipulan, que “interpretan” mientras que ellos, los gobiernos, son los que van a controlar o estatizar a los medios, porque ellos, los gobiernos, son los “objetivos”, con lo cual van a garantizar un “derecho a la información” que como vemos no puede existir, porque no hay información, sino conocimiento (distinguido ello del derecho al acceso a la información pública). Y los medios privados, a su vez, se defienden diciendo que no, que son ellos los que son “objetivos”, y que es el gobierno el que miente o manipula (o sea “interpreta”). La simple cuestión es que en una sociedad libre, con libertad de expresión de nuestros horizontes e interpretaciones, gobierno y medios privados tienen sus propias interpretaciones de la realidad social, y en una sociedad libre todas las interpretaciones (algunas de las cuales pueden ser verdaderas, otras falsas) se debaten libremente, sin que nadie pueda acusar al otro de “mentir”, salvo que sea verdaderamente una mentira, con lo cual basta una des-mentida, proporcionando la documentación correspondiente, y listo. Y si hay interpretaciones diversas de la documentación en cuestión, se discute y la audiencia decide. Y listo… Pero no. Gobiernos, medios privados, candidatos presidenciales, todos se tiran, los unos a los otros, “datos”, “cifras” que fuera de su interpretación no dicen nada. No hay ideas, no hay razonamientos, no hay nadie que sea capaz de defender filosóficamente un horizonte: hay generaciones perdidas en el adiestramiento de buscar “datos”.

No es posible lo imposible, esto es, un comunicador “objetivo”: lo que sí es posible y deseable es un comunicador “honesto”, que sea capaz de defender la verdad de su horizonte, de su agenda y de la interpretación de sus números. Y en eso, lamentablemente, están muy poco formados. “.

 

Como vemos, en una cultura positivista, que ha olvidado la hermenéutica y su relación con la verdad, se pierde la libertad de expresión. Casi nadie se ha dado cuenta, pero que la Suprema Corte de los EEUU, y de la mano de uno de sus mejores miembros, haya corroborado la censura del gobierno federal, es un golpe casi mortal a la Primera Enmienda y al free speech de los Padres Fundadores. Pero este golpe casi mortal no fue de la mano de la izquierda woke, sino de un error filosófico tan grave como habitual, y esgrimido con las mejores intenciones. 

Philosophy matters. 

domingo, 23 de junio de 2024

ANTE LA CRISIS EN LA IGLESIA, VUELVE A BENEDICTO XVI, NO A VIGANÓ




Ha sido muy comentado en estos días el proceso por cismàtico a Mons. Viganó. El comentario del P. Santiago Martín, la palabra justa, lo dice todo (https://www.youtube.com/watch?v=3RtutGjcT2k). Viganó está equivocado en negar la interpretación del Vaticano II en continuidad con la tradición (aunque con reformas en lo contingente) como lo hizo Benedicto XVI (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2005/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia.html). Pero, al mismo tiempo, es una reacción ante un pontificado que no hace más que ratificar todo el día la interpretación del Vaticano II en ruptura con la tradición, como si la verdadera Iglesia hubiera nacido en 1965.

Lo único que nosotros querríamos agregar es que todo esto ratifica la importancia de le interpretación privilegiada de Benedicto XVI, privilegiada porque él fue un importante protgonista de dicho acontecimiento eclesial. Lo hemos comentado en (https://gzanotti.blogspot.com/2024/01/las-aclaraciones-de-ratzinger-sobre-el.html).

Los convervadores como Viganó, que siguen los pasos de Lefevbre, no citan, no nombran, parecen ignorar (pero evidentemente no lo pueden ignorar) este importante discurso de Benedicto XVI, que ratifica ademàs la diferencia entre Modernidad e Iluminismo enseñada tanto por Francisco Leocata (https://gzanotti.blogspot.com/2023/08/una-re-organizacion-de-la-historia-de.html) como por Agusto Del Noce. La modernidad, como el reconocimiento de los derechos de la persona creada a imagen y semejanza de Dios, como una ciencia con autonomía relativa de la Revelación y como una sana laicidad y desclericalización de la autoridad polìtica, fue toda ella una consecuencia del Judeo-Cristianismo Católico, aunque luego, en el decurso de la Historia, todo se mezclara. Era inùtil, ante ello, meter la cabeza en la tierra como el avestruz. Ante la filosofía del diálogo del s. XX (Bueber, Levinás, Gadamer) era inútil seguir cerrados a los protestantes y no tratarlos, en cambio, como nuetros hermanos separados. Ante los horrores del antisemitismo que llegaron a su punto culminante con el Holocausto, era erróneo seguir acusando a todos los judíos del mundo de deicidio y no tratarlos como hermanos mayores en la Fe. Ante la situación de EEUU a partir de 1789 y de los Estados Europeos a partir del 46, era inútil seguir aferrados a la Quanta cura, que ni siguiera siguió León XIII. Había que actualizar el tema, habia que hablar de la sana laicidad del Estado y del derecho a la Libertad Religiosa en una situación donde la pluralidad religiosa en un mismo Estado ya habia sido reconocida de hecho por Pio XII antes del Vaticano II. No era tan difìcil dar el paso a una situación de derecho basada en la libertad del acto de Fe. 

¿Qué tiene que ver todo ello con el post-modernismo, el escepticismo y la falta de Fe que han invadido a muchos despuès del Vaticano II? ¿Qué tiene que ver todo eso con la Teología de la liberación y del pueblo, con la negación de la moralidad tradicional en materia sexual, con el indiferentismo teológico, con la empecinda negación de la Misa de San Pío V, con el culto a la Pacha Mama en el Vaticano, con el indigenismo, ecologismo, estatismo, elevados a nivel de dogma en las declaraciones de Francisco? Nada, sencillamente nada. Pero todo eso ha llevado a muchas personas de buena voluntad, horrorizadas por todo ello, a unirse con reacciones como las de Viganó, que no de casualidad estaba calladito durante el pontificado de Benedicto XVI.

Conclusión, una vez más: lean a Benedicto XVI. Lean a Francisco Leocata. No se dejen engañar por lecturas ideologizadas de izquierda del Vaticano II, las mismas que hacen aparecer al mismo Cristo como un zelote revoucionario.

No hace falta maldecer al Vaticano II. Hay que volver a la Iglesia del Vaticano II, la misma de siempre, en continuidad con la tradición. Los próximos pontífices no tienen más que leer todo el Magisterio de Benedictxo XVI, aprenderlo, estudiarlo y aplicarlo. ¿Es mucho pedir o NO tendrán la formación para ello?

domingo, 16 de junio de 2024

ORACIÓN DEL PEQUEÑO BURGUÉS, RE-LOADED

 


Hay algo definitorio para entender a las ideologías autoritarias y totalitarias: su concepción de la naturaleza humana.

Las utopías totalitarias (distopías en el mundo real) creen que una sociedad perfecta es posible porque creen que existe el hombre perfecto. Para despertarlo es necesaria la violencia, la revolución. Esta última saca a relucir el “nuevo modelo” de ser humano, al mismo tiempo que a lo peor del mundo, al anti-revolucionario, al cual es necesario eliminar por todos los medios, como Hitler con los no arios, como las matanzas en masa de Stalin, Mao Tse-tung o Pol Pot. Matanzas que, sin embargo, dejaban a la luz la crueldad de la revolución. Ahora los castigos son más sutiles: cancelaciones y prisiones por delitos de odio, o sea, oponerse a la ideología neo-marxista que liberará al ser humano de la opresión del hetero-patriarcado explotador. Todo en nombre de "los derechos humanos". A los antes mencionados no se les ocurrió. Qué tontos. 

Cada revolución tiene in mente la idea del hombre perfecto. La marxista, el oprimido que toma conciencia de clase y es agente y promotor de la revolución. Hitler, el ario blanco. La Revolución Francesa, el hombre ilustrado. Y así sucesivamente. Y cada una asesina sin piedad ni remordimientos al que se oponga.

Es necesario comprender esto para epígonos menores, como los que creen en un Estado fuertemente intervencionista. Ellos no ignoran que los controles de precios producen faltantes, que los salarios mínimos desocupación, etc. Los más coherentes dan una buena explicación: todo ello sucede por la naturaleza humana corrupta del hombre capitalista, el que responde a incentivos, al que le importa su ingreso monetario, el hombre triste, gris e inmoral que compra barato y vende caro, que quiere estar en paz con sus vecinos, leer un libro cuando puede e irse de vacaciones con su familia. Ese, ese es el enemigo. Esa es la corrupta naturaleza humana que hay que cambiar. Los discursos de los grandes dictadores totalitarios y los dictadorzuelos fascistas latinoamericanos, como Perón y aún hoy los kirchneristas, llaman a la rebelión a un pueblo inmaculado contra el sistema capitalista, un pueblo que no mira incentivos monetarios sino la solidaridad con sus hermanos, en la cual no habrá escasez, ni precios, ni propiedad, inventos malvados del capitalismo, que es “la” etapa perversa de la Historia.

Por eso los argumentos económicos, que suponen leyes económicas universales, no les hacen mella. No, todas esas consecuencias no intentadas de las intervenciones estatales desaparecerán cuando el pueblo inmaculado llegue al poder y se libere de la opresión del mercado. Por eso hacen bien en oponerse radicalmente a Adam Smith, porque él no describía a la naturaleza humana, sino a una perversión economicista con la cual hay que terminar algún día, y para siempre.

Y por ello Adam Smith es “el” autor clave para refutar las abstracciones totalitarias. Porque describió a un ser humano ni ángel ni demonio, capaz de tener una mínima racionalidad y empatía que sea la clave de una sociedad comercial, donde la paz con el vecino, el cumplimiento de los contratos y la empresarialidad, son virtudes y no vicios. No es eso otro “modelo” de ser humano, sino el ser humano habitual, común y corriente, como es, con su lado oscuro de la fuerza, pero capaz de mantenerse estable en el lado bueno de la fuerza por los incentivos básicos de llevar adelante un proyecto de vida mínimamente sostenible sin robar nada a los demás. Una moral de mínimos, no de máximos, totalmente compatible con la moral de máximos del santo, pero no como base jurídica del orden social. El mismo argumento se reitera en el paso de la competencia biológica a la división del trabajo y cooperación social, en Mises, y lo mismo con la evolución progresiva de un orden espontáneo de mercado, en Hayek. Por eso para Smith, Mises y Hayek el comercio es algo civilizatorio, y no, como en la mayoría de los filósofos utópicos de Occidente, el reino de la codicia y la bajeza material.

Por eso en la década de los 70 el modelo de ser humano condenado totalmente por la izquierda era “el pequeño burgués”. Era el peor insulto que podías recibir. O sea, un tipo común y corriente, trabajador, honesto, productivo, frugal, que tenía una familia, que los Domingos hamacaba a sus hijos en los columpios de la plaza, dormía con su esposa de siempre y para colmo quería descansar de vez en cuando. Lo peor de lo peor para los cantos de sirena de la revolución, no sólo aún hoy, sino más aún hoy, cuando la familia tradicional está más cuestionada que nunca, cuando trabajar, casarse, criar a los hijos y llevarlos el Domingo a algún servicio religioso es lo peor que puedes hacer para la gran revolución woke contra ese burgués explotador.

Mi padre captó todo esto y, con su ironía unamuniana habitual, escribió, el 18 de Noviembre de 1983, esta “Oración del pequeño burgués”. Se las transcribo:

“…Te ruego que me perdones, Señor: soy solamente un buen burgués. Lo admito; no me queda otro camino. Cada vez que leo las críticas que en tantos artículos, en tantos libros, en tantas poesías se han hecho o se hacen al buen burgués, me encuentro a mí mismo. Cada descripción de la pequeña burguesía es la descripción de mi vida. Hace mucho, cuando era casi un chico, encontraba esas críticas, a veces feroces, siempre mordaces, a menudo irónicas, en los libros de los grandes críticos sociales del siglo pasado y en la literatura de izquierda. Luego abundaron por doquier. Me gustaba leer; me sigue gustando. Temo que es el único punto en que no me ajusto del todo. Pero no, tampoco: también me gusta la literatura romántica, sentimental, la poesía con buen sentido, pequeño burgués, en fin.

Ahora, llegando a la alta edad, no me queda otro camino sino admitir de una vez que fui siempre un pequeño burgués. Y te pido perdón, Señor, porque soy culpable.

Me conformé con pequeñeces: tuve familia, una novia y me casé con ella. Y fuimos felices. En fin: lo que pueden ser felices dos pequeños burgueses. Nos quisimos a nuestro modo. Resolvíamos los pequeños problemas del día. Tuvimos hijos; los quisimos. Y nos ocupó todo lo que ocupa la vida del buen burgués: criarlos, y quererlos, y mimarlos de chicos, y pelearnos un poco con ellos cuando fueron creciendo, y acompañarlos después cuando tuvieron hijos que fueron nuestros nietos.

Yo admití como verdaderas muchas cosas. De moral, de seriedad, de buena palabra dada, de deber. Yo creí que la vida tiene una parte que es deber. Me lo dijeron; lo creí; lo practiqué; lo viví. Perdóname, Señor, porque no me arrepiento.

Debo reconocer mis faltas: preocupaciones de esas que dicen metafísicas o existenciales no tuve en exceso. Pero me preocupé por ellas. Sentí en mi conciencia la injusticia y cada vez que pude la combatí.

Debes perdonarme, Señor, porque reconozco que las cosas pequeñas de cada día me ocuparon más. Creí que eran buenas. Es terrible, pero lo sigo creyendo. Me gustaban las mañanas frescas y ser cortés con los vecinos y ceder el paso a los mayores y ayudar a un chico que iba a la escuela. Me emocionaba con cosas simples, aunque no entendía mucho de las grandes obras de arte. Era un buen burgués, nada más. Quise vivir dignamente, nada más. Como ambición es tan poquita, lo reconozco.

Los libros y los artículos periodísticos, en general, y los grandes artistas, y los grandes personajes, y los conferencistas –a veces escucho algunos– y los políticos, convocan a grandes cosas. Yo no las he hecho. Mi mujer, tampoco. Todo fue digno, bueno, limpio, honesto, pero tan simple, Señor. Jamás merecíamos formar parte de una novela; jamás serviríamos para un reportaje. Debes perdonarnos, Señor. Así de simples, de vulgares, somos.

El buen burgués que pasea con su mujer en un día feriado y además se atreve a sentirse bien: eso somos. Y por eso debo humillarme ante Ti.

Ser un buen burgués es tremendo. Ser un pequeño burgués es espantoso. Todos lo dicen. Deben tener razón, Señor. Pero quizá me escuches igual: por nosotros te ruego, por los buenos pequeños burgueses que no tenemos autores que nos defiendan, que no tenemos poetas que nos canten, que no tenemos artistas que nos exalten, que estamos en el tremendo punto medio entre los ricos y los miserables, entre los poderosos y los oprimidos, entre los grandes de la tierra y los desposeídos de todo. Por nosotros te ruego, porque no somos ni los grandes pecadores ni los virtuosos, porque hasta nuestros pecados –es horrible, Señor– han sido pecados pequeños, y nuestras virtudes sólo pequeño burguesas.

Por nosotros te ruego, que hemos vivido esa simplicidad de la virtud pequeña repetida día tras día durante todos los años de la vida que nos dieron; porque hemos sufrido esas pequeñas angustias y esas pequeñas alegrías sin aflojar en la tarea pequeña de mantener limpia la casa y tener a mano el pan de los nuestros cada día. Por nosotros te ruego, porque rara vez escucho rogar por los pequeños burgueses por boca de tus pastores en las iglesias, lo cual señala a las claras que somos culpables. Escucha mi oración, Señor. Y hazme un lugar, a pesar de todo. Porque, debo confesarte, para concluir, que ni siquiera mi fe es muy grande, ni es heroica, y seguramente no sabría morir por ti. Es, también, una fe pequeña, un temor pequeño, un amor pequeño burgués, apenas parecido al que tengo por los míos, y por el vecino que saludo cada mañana. Escucha mi oración, Señor, porque no he encontrado jamás una oración para los míos. Por eso se me ocurrió hablarte. Perdóname por esta audacia. No la repetiré. Porque, si me atreviera, dejaría de ser un pequeño burgués. Y, debo admitirlo, eso es lo único que no resistiría. Lo confieso, Señor. Perdón.”

domingo, 9 de junio de 2024

MEDIDAS URGENTES

 2. Eliminar todos los ministerios y secretarías excepto Relaciones exteriores y un Minsterio de Hacienda.

3. Mantener por dos años a los empleados de planta con su sueldo. Despedir a los empleados políticos. Vender todos los edificios correspondientes. Destinar el resultado de la venta a ayuda social. 

4. Eliminar todas las legislaciones existentes y mantener sólo un Código Penal que proteja a los ciudadanos de los delitos de robo, asesinato, secuestro y violación. 

5. Des-monopolizar todas las reglamentaciones estatales sobre salud, educación y seguridad social. Mantener los servicios estatales sobre esas áreas mientras se llega al punto 6. 

6. Limitar los servicios estatales de seguridad social, salud y educación a las seis regiones auto-sustentables referidas en el punto 7.

7. Dividir adminstrativamente al país en seis regiones impositivamente autosustentables y eliminar consiguientemente todo sistema de coparticipación Federal. 

8. Eliminar en todo el país todo tipo de impuesto a la renta.

9. Elminar el curso forzoso del peso argentino y mantener un Banco Central Independiente. Desregular y des-monopolizar toda la activdad bancaria. 

10. Eliminar el cepo y todo tipo de control de cambios. 

11. Suspender todos los compromisos internacionales con la Agenda 2030. 

12. Liberar totalmente el comercio exterior, eliminar todas las reglamentaciones existentes sobre importación y exportación, eliminar todos los aranceles.

13. Eliminar el sindicato único por actividad, eliminar toda relación entre Estado y sindicatos, derogar las obras sociales adheridas necesariamente a los sindicatos, elminar toda legislación existente sobre actividad sindical y respetar plenamente la libre asociación sindical. 

1. Dialogar con todos y presentar los proyectos de ley ante el Congreso.

0. Si no se puede hacer y-o no se cuenta con los equipos técnicos necesarios, no presentarse a elecciones.


domingo, 2 de junio de 2024

"...IT CANNOT BE DENIED THAT BUKELE AND SIMILAR MOVEMENTS.... ARE FULL OF THE BEST INTENTIONS...."


 


El reciente encuentro entre el presidente argentino y el salvadoreño debería ser preocupante.

Pero parece no serlo para muchos liberales.

Que lo sea para la izquierda, habituada, casi con necesidad metafísica, a denostar a los dictadores de derecha pero no a los de izquierda, NO es preocupante, es parte del mismo circo al cual nos tiene acostumbrados. 

Pero si hay algo que caracteriza al liberalismo político, al menos ese de Locke, Montesquieu, Tocqueville, El Federalista, la evoluciuón del commmon law y esos extraños nombres y acontecimientos, es el debido proceso. 

Esto es, que nadie puede ser privado de su libertad sin mediar las debidas garantías jurídicas para que ello no depende de la voluntad arbitraria de los gobernantes.

Es el eje central de la libertad política, y creo que ocupa un nivel deontológico más alto que las políticas económicas de mercado. Que un gobierno controle precios arbitrariamente es un horror, sí, pero que te pueda meter preso cuando quiera, con una mera orden ejecutiva, es totalitarismo puro y simple.

Esa es la situación en El Salvador. 

Pero los liberales miran para otro lado, porque Bukele no es comunista y porque parece ser liberal en lo económico. 

¿Basta eso para alinearse con alguien? Lo mismo hicieron la mayor parte de los liberales en el 76 con Videla (con un nivel de conocimiento mucho menor de lo que estabas sucediendo, cabe aclarar); lo mismo hicieron muchos liberales y conservadores con la Patriot Act de Bush (h) (es más, la mayoría no se acuerda de lo que estoy hablando). 

Sacrificar las garantías constitucionales en aras de la seguridad y "contra el comunismo" es una vieja tentación muy conocida. Implica la total debilidad instituciuonal y su retroalimentación. Pero si hay algo que caracterizó al liberalismo político, al menos desde el s. XVII, es el marco institucional. No se lo puede vendeer al mejor postor cuando las papas queman. 

El Miércoles pasado analicé con mis alumnos esta famosa frase de Mises en su libro "Liberalismo": "...It cannot be denied that Fascism and similar movements aiming at the establishment of dictatorships are full of the best intentions and that their intervention has, for the moment, saved European civilization. The merit that Fascism has thereby won for itself will live on eternally in history. But though its policy has brought salvation for the moment, it is not of the kind which could promise continued success. Fascism was an emergency makeshift. To view it as something more would be a fatal error.".

Tuvimos que trabajar mucho para disculpar a Mises, de 46 años, en 1927. Hubo que analizar el contexto histórico, la psicología de Mises, etc. Su frase final fue importantísima: "...But though its policy has brought salvation for the moment, it is not of the kind which could promise continued success. Fascism was an emergency makeshift. To view it as something more would be a fatal error". Pero para la primera ("...It cannot be denied that Fascism and similar movements aiming at the establishment of dictatorships are full of the best intentions and that their intervention has, for the moment, saved European civilization. The merit that Fascism has thereby won for itself will live on eternally in history."), lo mejor que se puede decir es "bueno, pobre Mises, nadie es perfecto". 

Los liberales que hoy apoyan a Milei en sus efusivos abrazos con Buekele quedarán igual. Estamos en 2024, a 97 años de esa frase de Mises. Dentro de otros 97 años, en el año 2121, leeremos esta frase, que podría ser escrita hoy por muchos: "...It cannot be denied that Bukele and similar movements aiming at the establishment of dictatorships are full of the best intentions and that their intervention has, for the moment, saved Central-American civilization. The merit that Fascism has thereby won for itself will live on eternally in history".

Y para colmo, sin el final. 

domingo, 26 de mayo de 2024

LA DIGNIDAD PRESIDENCIAL


 


Ya he desarrollado una vez la diferencia entre un político "común y corriente" y un estadista. 

El político "común y corriente" sigue las corrientes populares, sean las que fueren. Se produce una retroalimentación entre sus creencias (en el sentido de Ortega) y las creencias de la mayoría de sus votantes. 

Por ejemplo, cuando Bush (h) dijo (ante los que reclamaban venganza por el atentado a las torres) "yo sí los escucho" y luego inició la guerra de Irak, fue popular. Captó los sentimientos de venganza y el terror de la mayoría de los norteamericanos y los encarnó en su política exterior (1).  Interior también, porque de ello surge la inconstitucional "Patriot Act" no derogada hasta el momento, por la cual quedan suspendidas las garantías procesales de todo ciudadano sospechoso de terrorismo. 

Mandela, en cambio, hizo lo contrario. Sus seguidores y votantes también querían venganza, pero él les enseñó el perdón social y la reconciliación.

Mandela fue un estadista porque jugó el papel de un educador y un psicoanalista social. Así como en la terapia la entrada en análisis implica que el terapeura asuma el papel simbólico del padre, para re-dirigir el super yo de su paciente, así el estadista hace lo mismo, NO en el sentido de padre del populismo -como Perón- sino en el sentido de re-educador. Mandela re-educó a sus seguidores, re-encaminó su pulsión de agresión, re-formó su super yo, y logró la actitud de reconciliación. Si hubiera sido un político habitual, Sudáfrica hubiera sido un baño de sangre otra vez. 

Por eso es tan importante manejar la diferencia entre en nivel simbólico, real e imaginario, explicado por Lacán, si mal no entendí. Un padre, un docente, un sacerdote, un psicólogo, simbolizan una autoridad moral (figura paterna en el buen sentido del término), por la cual (que no tiene nada que ver con el autoritarismo o solemnidad fingida) sus hijos, alumnos, feligreces y pacientes pueden ser re-conducidos terapéuticamente en sus pensamientos y conductas. A nivel real es una persona como todas, y si alguien se lo imagina como un igual, entonces no cumple su función. 

El estadista también. Si lo es, es porque tiene autoridad moral. Y de ella tiene que ememar, naturalmente, sin actuación, sin estrategias, una dignidad en sus actos y palabras que reconducen y re-dirigen las pulsiones negativas de sus gobernados. 

Me parece que poco de esto es entendido por los cientos de liberales en todo el mundo que están justificando los malos modos, insultos y berrinches del presidente argentino, como si ello fuera "el único modo de llegar", o un "nuevo modo de comunicación". No. El presidente argentino no hace más que encarnar gran parte de las creencias (horizontes) de la cultura argentina de la cual ha emergido: una cultura autoritaria y caótica (2).  Con sus actos, el presente no hace más que retro-alimentar esa cultura, que produce siempre una democracia o una autocracia adolescente que genera la misma  inestabilidad institucional de siempre: ellos o nosotros, los malos y los buenos, revolución o nada, fieles y traidores (3). 

Y otra cosa a nivel psicoanalítico: me parece que los cientos de liberales del mundo que apoyan a Milei (no hablamos ahora de jóvenes apasionados), de buena formación intelectual, no advierten que en el fondo de su alma siempre quisieron una especie de Perón liberal que encarnara una inconsciente venganza, inconfesable, ante toda la izquierda autoritaria y totalitaria contra la cual lucharon siempre. Una especie de ojo por ojo político inconsciente. "Vamos Milei, matalos", es en el fondo el sentimiento que aparece ante cada insulto y agresión de Milei, por más doctorados que tengan. La naturaleza humana es difícil. Detrás de una delgada capa de civilización, se esconde una pulsión de agresión casi incontenible (4).  Los liberales que ceden ante ella, sin darse cuenta, no se dan cuenta, precisamente, de la contradicción vital absoluta en la que incurren. 

Si ellos no ponen límites a Milei (un Perón que admira a Rothbard en vez de a Mussolini) nadie se los va a poner. 

El acto en el Luna Park fue el paroxismo de todo esto. Ante esa masa argentina agresiva y "kilombera" (5).  él no se comporta como un estadista. Es un hermanito más, haciendo travesuras festejadas por sus otros hermanitos. Su autoridad no es la autoridad moral del terapeuta, sino la del paciente que grita más fuerte, como el Leonard en el pabellón psiquiátrico en la película "Despertares" (6). 

¿Cuál puede ser el resultado de todo esto? Supongamos que "a Milei le va bien". No tenemos más que repetir: en la Argentina, si alguien gana, nadie gana. En la Argentina sólo hay dos opciones: los moderados y los extremistas. La Argentina está derrotada porque siempre "ganan" los extremistas. Como Pacto de la Moncloa, no le veo futuro. Como una nueva experiencia de democracia adolescente, sí. 


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(1) https://www.cadal.org/eventos/?id=1186

(2) https://puntodevistaeconomico.com/2022/12/23/una-explicacion-para-el-dia-de-ayer-los-argentinos-y-su-kilombeidad-por-gabriel-zanotti/; https://gzanotti.blogspot.com/2024/01/sobre-el-dnu-el-rule-of-law-y-el.html; https://gzanotti.blogspot.com/2023/12/sobre-el-constructivismo-criticado-por.html

(3) https://gzanotti.blogspot.com/2024/05/en-argentina-si-alguien-gana-nadie-gana.html

(4) https://drive.google.com/file/d/0Bwm3dI13n5jlMTA5NjUxZDItNzMwZS00ZjI2LWI0NjAtN2RkMjUxZWJlYjM4/view?resourcekey=0-OWUv7lPXNsUJC8EjrGGPSA

(5) de vuelta, https://puntodevistaeconomico.com/2022/12/23/una-explicacion-para-el-dia-de-ayer-los-argentinos-y-su-kilombeidad-por-gabriel-zanotti

(6) https://www.youtube.com/watch?v=2yZlrJWBLac&list=PLZbXA4lyCtqrkdU4iixAWM99t1Ij_SuEQ&index=7

domingo, 19 de mayo de 2024

LOS ORÍGENES PSICOANALÍTICOS DEL ANTISEMITISMO (Cap. V de mi libro https://payhip.com/b/Nr2QR: ver la parte subrayada).

     MOISÉS Y LA RELIGIÓN MONOTEÍSTA.

 

1.      Breve introito.

Con el análisis de El porvenir de una ilusión y Totem y tabú, la supuesta contradicción total entre Freud y el Cristianismo estaría en principio solucionada. Sin embargo, con este texto, el análisis psicológico, cultural y antropológico-cultural de la religión judeo-cristiana queda tan en contra de la interpretación de judíos y cristianos –y Freud era consciente de ello- que “evitar el bulto” no sería honesto de nuestra parte y pondría en peligro el objetivo de este libro.

Se trata, como muchos lectores sabrán, de tres ensayos escritos entre 1934 y 1939.  Freud decide no publicarlos inmediatamente, precisamente para no escandalizar a una Viena católica que, para asombro del propio Freud, le hubiera dado una libertad inesperada al lado del verdadero totalitarismo nazi que lo decide a emigrar a Londres. Allí termina de escribir y publicar la tercera parte de su texto, que era la más audaz. Comencemos, pues, con nuestro último casi desafío, y decimos casi porque nos quedan otros en los apéndices. Pero, en relación a este, serán menores.

 

2.      Los dos prólogos.

El primer prefacio, anterior a  Marzo de 1938, comienza con una crítica a los totalitarismos en Rusa, Italia y Alemania. Sí, mala noticia para la interpretación de Freud de los 70: Freud era un liberal clásico, defensor de las democracias ante los autoritarismos. Pero le asombra que la Iglesia Católica sea una aliada de esas democracias: un elogio y una crítica al mismo tiempo: “…Como quiera que sea, los sucesos han venido a dar en una situación tal que las democracias conservadoras son hoy las que protegen el progreso de la cultura, y por extraño que parezca, la institución de la Iglesia católica es precisamente la que opone una poderosa defensa contra la propagación de ese peligro cultural. ¡Nada menos que ella, hasta enemiga acérrima del libre pensamiento y de todo progreso hacia el reconocimiento de la verdad!”.

Evidentemente el tema lo preocupaba: “…Vivimos en un país católico, protegido por esa Iglesia, sin saber a ciencia cierta cuánto durará esta protección. Pero mientras subsista es natural que vacilemos en emprender algo que pudiera despertar su hostilidad. No se trata de cobardía, sino de mera precaución, pues el nuevo enemigo, a cuyos intereses nos guardaremos de servir, es más peligroso que el viejo, con el cual ya habíamos aprendido a convivir. La investigación psicoanalítica, a la cual nos dedicamos ya, es, de todos modos, objeto de recelosa atención por parte del catolicismo. No afirmaremos, por cierto, que esta desconfianza sea infundada. En efecto, si nuestra labor nos lleva al resultado de reducir la religión a una neurosis de la humanidad y a explicar su inmenso poderío en forma idéntica a la obsesión neurótica revelada en nuestros pacientes, podemos estar bien seguros de que nos granjearemos la más enconada enemistad de los poderes que nos rigen. No es que tengamos algo nuevo que decir, algo que no hubiésemos expresado con toda claridad hace ya un cuarto de siglo; mas desde entonces todo eso ha sido olvidado, y sin duda tendrá cierto efecto el hecho de que hoy lo repitamos y lo ilustremos en un ejemplo válido para todas las funciones de religiones en general. Esto podría llevar, probablemente, a que se nos prohibiera el ejercicio del psicoanálisis, pues aquellos métodos de opresión violenta en modo alguno son extraños a la Iglesia católica: más bien ésta considera usurpadas sus prerrogativas cuando también otros los aplican. El psicoanálisis empero, que en el curso de mi larga vida se ha extendido por todo el mundo, aún no encontró ningún hogar que pudiera ser más preciado que la ciudad donde nació y se desarrolló.” (Los subrayados son nuestros).

Por supuesto, la predicción de Freud no se cumplió jurídicamente: en ningún país occidental posterior a la Segunda Guerra la Iglesia intentó que el Estado prohibiera el psicoanálisis. Pero, sin embargo, hay una silente prohibición de hecho: los sectores más fieles a la Fe –cosa que elogiamos- son los más recelosos a la hora de considerar a Freud. Eso continúa hasta hoy, y por eso este libro.

El segundo prólogo es de junio de 1938, ya en Londres, lugar que él agradece y en el cual se siente protegido. Lo interesante es que de algún modo se da cuenta de que “el nuevo enemigo” es y fue mucho más terrible que la temida Iglesia: “…Las extraordinarias dificultades -tanto reservas íntimas como impedimentos exteriores- que pesaron sobre mí al redactar el presente estudio sobre la persona de Moisés, dieron lugar a que este tercer ensayo final lleve dos prefacios contradictorios y aun excluyentes entre sí. Sucede que en el breve lapso intermedio han cambiado profundamente las circunstancias ambientales de quien esto escribe. Vivía yo entonces, al amparo de la Iglesia católica y me tenía preso el temor de que mi publicación me hiciera perder esa tutela, acarreando a los prosélitos y discípulos del psicoanálisis la prohibición de ejercerlo en Austria. Más entonces sobrevino de pronto la invasión alemana: el catolicismo demostró ser una «tenue brizna», para expresarlo en términos bíblicos. Convencido de que ahora ya no se me perseguiría tan sólo por mis ideas, sino también por mi «raza», abandoné con muchos amigos la ciudad que fuera mi hogar durante setenta y ocho años, desde mi temprana infancia” (Los subrayados y las itálicas son nuestras).

El agradecimiento a Inglaterra, patria de la democracia liberal, debe destacarse: “…Hallé la más cordial acogida en la hermosa, libre y generosa Inglaterra. Aquí vivo como huésped gratamente recibido, sintiéndome aliviado de aquella opresión y libre otra vez para poder decir y escribir -casi hubiese dicho pensar- lo que quiero o debo. Así pues, me atrevo a publicar la última parte de mi trabajo”. Pero luego sigue el convencimiento de la condena que recibirá de los más creyentes, predicción que, creo, se cumplió: “…Ya no tropiezo con impedimentos exteriores, o al menos estos no son tales que podrían alarmarme. Durante las pocas semanas que he pasado en este país recibí innumerables saludos de amigos que se regocijan por mi llegada, de desconocidos e incluso de personas indiferentes que sólo quieren expresar su satisfacción porque haya hallado aquí libertad y existencia segura. Además, recibí, en número sorprendente para un extranjero, mensajes de otra especie de personas que se preocupan por la salvación de mi alma, indicándome los caminos de Cristo o tratando de ilustrarme sobre el porvenir de Israel. Las buenas gentes que así escriben poco deben haber sabido de mí; pero espero que cuando una traducción haga conocer a mis nuevos compatriotas este trabajo sobre Moisés, también perderé ante muchos de ellos buena parte de la simpatía que ahora me ofrecen. (Las itálicas y los subrayados son nuestros).

Como vemos, Freud era plenamente consciente de la oposición que este texto iba a encontrar en creyentes monoteístas. Pero sigue fiel a su conciencia: “…Jamás he vuelto a dudar que los fenómenos religiosos sólo pueden ser concebidos de acuerdo con la pauta que nos ofrecen los ya conocidos síntomas neuróticos individuales; que son reproducciones de trascendentes, pero hace tiempo olvidados sucesos prehistóricos de la familia humana; que su carácter obsesivo obedece precisamente a ese origen; que, por consiguiente, actúan sobre los seres humanos gracias a la verdad histórica que contienen”. Como hemos visto, el problema es el “sólo”. NO que los fenómenos religiosos obedezcan en muchos pacientes a lo que hemos llamado “la deformación de lo religioso”, cuyo diagnóstico fue acertado por parte de Freud, y que debería ser conocido por los que tienen verdadera Fe precisamente para distinguirla y defenderla de sus deformaciones neuróticas.

 

3.      Una breve sinopsis del texto en el orden escrito por el autor.

Para los objetivos de este libro, haremos una breve descripción del núcleo central de este texto en el orden en el que van apareciendo. Ello por supuesto ya está mediado por mi hermenéutica, círculo del cual, como se sabe, no se puede salir sino entrar correctamente[1].

3.1. El monoteísmo, el período de latencia y la “vuelta de lo reprimido”.

Si Moisés era egipcio –tema que abarca los dos primeros ensayos- no es relevante para nuestro tema (esperemos no equivocarnos), pero sirve a Freud para plantear un paralelismo entre el monoteísmo egipcio de Ikhnatón y el monoteísmo propuesto por Moisés. En ambos casos el pueblo llano rechaza esta idea evolutiva y espiritual. Ese rechazo tiene un período intermedio, “de latencia”, luego del cual la idea surge con más fuerza aún: “…Hacemos nuestra, pues, la opinión de que la idea de un dios único, así como el rechazo del ceremonial mágico y la acentuación de los preceptos éticos en nombre de ese dios, fueron realmente doctrinas mosaicas que al principio no hallaron oídos propicios, pero que llegaron a imponerse luego de un largo período intermedio, terminando por prevalecer definitivamente”. A los cual sigue una obvia pregunta: “...¿Cómo podremos explicarnos semejante acción retardada y dónde hallaremos fenómenos similares?”

Freud sugiere algunas explicaciones antes de la principal. Que, por ejemplo, cuando nace una nueva teoría es rechazada al principio, para luego, a largo plazo, ser aceptada…. Que quien se entera de algo nuevo que contradice convicciones profundas, al principio también lo rechaza, para luego comenzar a aceptarlo lentamente… Pero finalmente Freud llega donde le interesa, el terreno del inconsciente. Allí el autor explica lo que sucede en las experiencias traumáticas. Alguien puede haber salido ileso de un terrible accidente, y durante un tiempo estar “como si nada”, pero luego de un tiempo, a veces imprevisible, aparecen los primeros síntomas de una neurosis traumática, que entra dentro de algo más general, que es el retorno de lo reprimido (volveremos a ello). O sea: trauma – período de latencia – neurosis traumática, esquema que, observemos, no de casualidad es similar a la etiología de toda neurosis: conflicto – re-direccionamiento de la pulsión – acción sustitutiva (síntoma) – neurosis. Freud ve una analogía – a la cual le dedica un capítulo entero- entre los períodos de las neurosis traumáticas y los períodos de creación, rechazo y restauración de la idea monoteísta. “…Todos estos rasgos análogos los presenta, en el terreno de la psicopatología, la génesis de las neurosis humanas, fenómeno correspondiente por entero a la psicología del individuo, mientras que las manifestaciones religiosas atañen, desde luego, a la de las masas. Ya veremos que esta analogía no es tan sorprendente como a primera vista podría pensarse; que, por el contrario, tiene más bien carácter axiomático”.

Freud recuerda que no toda neurosis es traumática, pero en todos los casos hay algo en común: un conflicto. En el caso del trauma, son en general impresiones infantiles muy precoces que son tapadas por recuerdos encubridores donde lo real o no real no puede ser distinguido con claridad –por eso el niño confunde en general su primera percepción de algo sexual en sus padres con una conducta agresiva-.

Estos traumas tienen dos efectos: uno, la fijación y el intento de repetición. El trauma como “efecto” se incorpora a la vida del yo como tendencias, como rasgos de la personalidad, que en realidad son conductas neuróticas tendientes a sustituir la pulsión originaria que da origen ya al conflicto, ya al trauma. Por ejemplo, una fijación excesiva con la madre puede conducir a un varón adulto a buscar toda su vida una mujer muy maternal, una especie de madre infinita que obviamente no va a encontrar. Dos, una reacción evitativa, una forma de evitar todo aquello que se parezca al conflicto originario, derivando ello en inhibiciones y fobias. Cabe aclarar que Freud insiste mucho en el carácter compulsivo de estos fenómenos.

Especial atención pone en el período de latencia, pues ello explica la aparente retirada de la pulsión originaria en la infancia posterior a los 5 o 6 años para reaparecer con fuerza en la pubertad, o en la vida del adulto, si los mecanismos de defensa finalmente ceden ante las exigencias de lo real en contraste con la personalidad del yo así conformada.

Lo mismo con el “retorno de lo reprimido”, que no es sino la conducta sustitutiva, neurótica, fijada ya en la vida adulta como resultado de la transacción entre la pulsión, el Súper Yo y el ppio. de realidad. Lo reprimido de modo inconsciente por el Súper Yo renace como conducta sustitutiva aceptada por el yo, como “pulsión adaptada”: así, en  el ejemplo dado, el varón que sale infinitas veces con infinitas mujeres es el retorno de lo reprimido convertido en conducta neurótica, y lo reprimido fue la pulsión originaria hace la madre absoluta (en realidad este conflicto es básico en todos, simplemente difiere en la resolución).

 

3.2. La aplicación a los fenómenos religiosos.

Habiendo aclarado y recordado estos puntos, Freud comienza a aplicarlos a la evolución de las sociedades humanas y la aparición del monoteísmo, recordando elementos ya escritos hace muchos años en Totem y tabú.

“…Trauma precoz -Defensa-Latencia-Desencadenamiento de la neurosis-Retorno parcial de lo reprimido: he aquí la fórmula que establecimos para el desarrollo de una neurosis. Ahora invitamos al lector a que dé un paso más, aceptando que en la vida de la especie humana acaeció algo similar a los sucesos de la existencia individual, es decir, que también en aquélla ocurrieron conflictos de contenido sexual agresivo que dejaron efectos permanentes, pero que en su mayor parte fueron rechazados, olvidados, llegando a actuar sólo más tarde, después de una prolongada latencia, y produciendo entonces fenómenos análogos a los síntomas por su estructura y su tendencia” (Los subrayados son nuestros).

Reitera entonces Freud su hipótesis de la horda primitiva, citando expresamente Totem y tabú y que hemos visto ya varas veces. Esto es, el parricidio de un macho dominante, la erección de un tótem para evitar a culpa y la prohibición del incesto para que el proceso no se vuelva a repetir. Freud le dedica de vuelta, a este tema, una gran extensión. Pero luego vuelve a su tema: ese es el origen de la ilusión religiosa. Evolutivamente, el dios monoteísta sería una evolución de la figura del tótem. Primero en diversos animales, luego en constelaciones familiares humanas, con períodos de matriarcado, hasta llegar a la idea del dios único venerado como compensación de la culpa del asesinato originario. Ese monoteísmo es un período más espiritual y sublimado que las magias y politeísmos de otras religiones. Pero es aquí donde aparece una especial relación entre Judaísmo y Cristianismo.

 

3.3. La relación entre Judaísmo y Cristianismo.

Para Freud, el Cristianismo se explica por el retorno a lo reprimido. La culpa originaria, que había sido calmada por la adoración al dios único, reaparece en un nuevo intento de reparación. Para Freud es Pablo, y no Cristo (al cual Freud llama “cierto agitador político-religioso”) el fundador del Cristianismo como la ilusión que racionaliza la culpa. El asesinato del padre es el pecado original. Eso ya lo vimos. Pero “el hijo” es el retorno de la culpa reprimida: sólo uno de los hijos podía sacrificarse a sí mismo como reparación del asesinato originario. “…El «redentor» no podía ser sino el principal culpable, el caudillo de la horda fraterna que había derrocado al Padre”. A su vez, el rito totémico de devorar al padre es recreado de forma sublimada y no agresiva en el rito de la comunión. Y con esta innovación para compensar la culpa que vuelve, Pablo actúa como un destructor del Judaísmo: el pueblo judío deja de ser el pueblo elegido y sus escrituras y rituales se “popularizan” con lo que Freud considera una regresión de la espiritualidad monoteísta. Su visión del Cristianismo es culturalmente negativa: “…En ciertos sentidos, la nueva religión representó una regresión cultural frente a la anterior, la judía, como suele suceder cuando nuevas masas humanas de nivel cultural inferior irrumpen o son admitidas en culturas más antiguas. La religión cristiana no mantuvo el alto grado de espiritualización que había alcanzado el judaísmo. Ya no era estrictamente monoteísta, sino que incorporó numerosos ritos simbólicos de los pueblos circundantes, restableció la gran Diosa Madre y halló plazas, aunque subordinadas, para instalar a muchas deidades del politeísmo, con disfraces harto transparentes. Pero, ante todo, no cerró la puerta -como lo había hecho la religión de Aton y la mosaica que le sucedió- a los elementos supersticiosos, mágicos y místicos, que habrían de convertirse en graves obstáculos para el desarrollo espiritual de los dos milenios siguientes”[2] Aquí introduce Freud, no como teólogo, y NO como crítica, la tesis del deicidio. Verdaderamente el pueblo judío monoteísta había matado  a dios, porque deriva del parricidio de la horda primitiva. Pero los judíos, como la exigencia estricta de la adoración al dios único, con la custodia de sus leyes en el templo por una celosa casta sacerdotal, habían intentado negarlo. Los cristianos, en cambio, lo asumen: sí, hemos pecado, ese sería el pecado original, por el eso hijo se sacrifica y redime de la culpa. De este modo, Freud expone el origen psicoanalítico del antisemitismo. Más allá del recelo al extranjero, más allá de la envidia a sus logros cultuales,  el asunto inconsciente es que “…aún hoy no se ha logrado superar la envidia contra el pueblo que osó proclamarse hijo primogénito y predilecto de Dios-Padre, cual si efectivamente se concediera crédito a esta pretensión”. O sea, en todo antisemita está el que quiere ser el pueblo elegido pero no lo es. Y ello se da muy especialmente en masas cristianas, porque en el fondo recelan de su conversión cultural tardía al Cristianismo, desplazando ese odio inconsciente al origen judío del problema. “…En el fondo, el odio de estos pueblos contra los judíos es un odio a los cristianos, y no debe sorprendernos que esta íntima vinculación entre las dos religiones monoteístas se haya expresado tan claramente en la persecución de ambas por la revolución nacional-socialista alemana”.

Sistematicemos esto en este primer cuadro:

 

Trauma

Latencia

Retorno de lo reprimido

Asesinato del padre

Pueblo elegido

Redención de la culpa

Neurosis religiosa correspondiente:

Actitud farisaica

Obsesiones compulsivas culpógena.

 

 

 

 

 

 

 

Esto es importante porque, por un lado, aclara lo que Freud quiere decir y, por el otro, lo que nosotros queremos decir. Cada una de las tres fases que Freud describe sociológicamente, tiene un correlato en lo que nosotros hemos llamado la deformación de lo religioso. Esto es, la vivencia de lo religioso desde las neurosis infantiles. El niño tiene siempre una grave ambivalencia afectiva con el padre. Quiere matarlo pero, para compensar inconscientemente es culpa, se identifica con él. Ese el buen niño que cumple la ley del padre y se enorgullece por ello (el fariseo). Pero lo reprimido vuelve y la culpa lo devora de vuelta, ofreciéndose él mismo como víctima sacrificial, y entonces se identifica con el hijo (el Cristo). Volveremos a esto después.

 

3.4. Dificultades.

Freud concluye su análisis con dos dificultades inherentes a su propio planteo[3].

La primera es que en ppio. sólo está analizando al monoteísmo. Pero él mismo se responde que en realidad varias veces -no sólo en este texto- ha colocado a las demás religiones animistas y politeístas como un proceso evolutivo hacia el monoteísmo. Y tiene razón.

La segunda es más difícil. Consiste en cómo explicar la huella inconsciente de la hora primitiva en las sociedades monoteístas. En sus términos: “…La segunda dificultad de esta aplicación a la psicología de las masas es mucho más importante, pues ofrece un nuevo problema de carácter esencial. Plantéase la cuestión de la forma bajo la cual la tradición activa en la vida de los pueblos, problema que no se da en el caso del individuo, pues en éste queda resuelto por la existencia en el inconsciente de los restos mnemónicos del pasado. Volvamos pues, a nuestro ejemplo histórico. Habíamos explicado el compromiso de Qadesh por la persistencia de una poderosa tradición en el pueblo retornado de Egipto. Este caso no esconde problema alguno. De acuerdo con nuestra hipótesis, tal tradición se habría apoyado en el recuerdo consciente de comunicaciones orales que el pueblo judío de esa época había recibido, a través de sólo dos o tres generaciones, de sus antepasados, que a su vez fueron participantes y testigos presenciales de los sucesos en cuestión. Pero ¿acaso podemos aceptar que haya ocurrido lo mismo en siglos más recientes: que la tradición siempre se fundó en un conocimiento transmitido en forma normal, de generación en generación?”

 

Y continúa: “…Hoy ya no es posible indicar, como en el caso precedente, cuáles fueron las personas que conservaron y transmitieron de boca en boca tal noción tradicional”

 

Por ende, si no hay transmisión oral, ¿cómo se transmite el recuerdo inconsciente de los episodios de la horda primitiva?

 

Freud esboza para ello una audaz teoría del carácter genético del ello: “…Esta última comprobación nos enseña que para orientarnos en las tinieblas de la vida psíquica no bastan las cualidades a que hasta ahora nos hemos atenido. Es preciso que adoptemos una nueva diferenciación, ya no cualitativa, sino topográfica y -lo que le concede particular valor- al mismo tiempo genética”.

 

Con lo cual se pone Freud a tiro de dos frentes: uno, el problema de la tesis de la horda primitiva como histórica, y dos, el problema de la naturaleza genética (genotipo y no fenotipo) del inconsciente en todos los pueblos, que producen símbolos muy parecidos en casi todas las culturas.

 

4.      Análisis crítico.


4.1.Recordatorio de nuestro marco general.

Creo que estamos en condiciones de iniciar un análisis crítico de estas tesis freudianas mostrando que su núcleo central no es incompatible con el Cristianismo católico en particular.

Con todo lo visto hasta ahora hemos ganado terreno. En los cuatro capítulos anteriores hemos visto la diferencia fundamental entre la deformación de lo religioso y lo religioso en sí mismo. Hemos visto que el horizonte iluminista de Freud no lo permite ver lo segundo pero que los diagnósticos de lo primero son correctos. Y el psicoanálisis, como teoría psicológica-terapéutica, no consiste en la negación de lo religioso en sí mismo. Su núcleo central es la teoría de lo inconsciente como pulsión originaria y su choque con el Súper Yo. Por ende, desde allí se pueden diagnosticar deformaciones patológicas de lo religioso, que no sólo son diagnósticos correctos sino que ayudan a recuperar la esencia de lo religioso en sí mismo.

Bajo este marco general, pasemos ahora a la primer gran tesis de este texto.


4.2. La teoría del trauma y su analogía con toda neurosis.

Como ya hemos visto muchas veces, en toda neurosis hay un conflicto originario (el choque del Ello con el Súper Yo), un período de latencia (como la incubación de una enfermedad, pero en este caso con muchos años de duración), una aparición del “retorno a la reprimido”, con la aparición de la conducta sustituta que el Ello encuentra para manifestarse, y una tendencia a la repetición que es eso mismo convertido en síntoma permanente y en el “beneficio secundario de la enfermedad”.

Ello es básicamente correcto.

La diferencia con el trauma es la intensidad del conflicto originario.

Freud aclara que estos fenómenos son compulsivos. Pero ello no es interpretado por nosotros como negación del libre albedrío (esto es intentio lectoris) sino como un condicionamiento en el ejercicio de la voluntad que, en cuanto potencia en acto primero, siempre está. De la intensidad del conflicto dependerá el grado de condicionamiento del libre albedrío.

4.3.La analogía con la horda primitiva.

Tanto en El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y en Totem y Tabú Freud hace la misma analogía. Ya la vimos en los tres casos. En ese texto ajusta mejor la analogía con la neurosis traumática.

Como vimos, en la deformación de lo religioso, esto es en las ilusiones religiosas, Dios es en realidad el macho originario asesinado. La figura totémica coincide con la adoración a un dios único. El pecado original es la culpa por haber matado al padre, y la ley, los ritos y demás aspectos de la vida religiosa con conductas compensatorias de dicha culpa. Freud destaca especialmente, en este texto, el período de latencia. De igual modo que un niño se porta bien ante el padre (como compensación de su deseo inconsciente de matarlo) hay un período donde el cumplimiento estricto de la ley funciona como período de latencia ante lo que será “el retorno de lo reprimido”.

4.4.La consiguiente continuidad entre Judaísmo y Cristianismo.

Es el momento de recordar el cuadro que esbozamos antes:

 

Trauma

Latencia

Retorno de lo reprimido

Asesinato del padre

Pueblo elegido

Redención de la culpa

Neurosis religiosa correspondiente:

Actitud farisaica

Obsesiones compulsivas culpógena.

 

 

Como vemos la latencia corresponde al Judaísmo. El fariseo es en realidad el niño que se porta bien. Por eso su aferramiento a la ley: es lo que tiene para compensar la culpa. En ese período la culpa está “mitigada”, asumida, casi como silenciada, es más, casi desaparecida, porque el pueblo elegido se porta bien, los malos son los demás. Pero en el Cristianismo -creado, según Freud, por Pablo de Tarso- la culpa aparece nuevamente, como los conflictos neuróticos en la pubertad y en la vida adulta. Nuevamente aparece con toda su intensidad, pero esta vez no se la niega. El Cristianismo asume ya de modo consciente que hemos matado a Dios, y para compensar esa culpa ya no está el cumplimiento de la ley, sino la figura mesiánica del hijo, casi como un representante de los hijos que mataron al padre, que asume esa culpa sobre sí, asume el castigo y el sacrificio, y así libera a los demás hijos, ahora los cristianos, de la culpa.

4.5.Qué hay en todo esto de diagnóstico correcto.

La neurosis, si no se la somete a un pensamiento crítico, se racionaliza en un pensamiento infantil, que da origen al pensamiento mágico. Eso es la deformación de lo religioso. Y ya hemos visto que ello, como diagnóstico, es correcto.

Por ende, en el pensamiento infantil del adulto capturado por sus procesos inconscientes, el Cristianismo se acomoda más a una neurosis casi traumática cuyo conflicto con la culpa originaria es intenso. Así podemos distinguir entre cristianismo como neurosis, que corresponde a la deformación de lo religioso, y Cristianismo con mayúsculas, que corresponde a lo religioso en sí mismo.

En el cristianismo con minúsculas, el pecado original es ahora el deseo de asesinar al padre hecho consciente. Cristo es precisamente el hijo, el hermano que nos libera de esa culpa y nos sentimos por ello tranquilos. Lo reprimido (el asesinato originario) retoma pero a la vez se “tranquiliza”, y por eso ya no es necesario un cumplimiento estricto de la ley. La ley se convierte ahora en ese amor de ternura entre hermanos unidos en la masificación.

¿Es correcto este diagnóstico? Pensamos que sí. Este cristianismo (con minúsculas) se corresponde con la deformación de lo religioso que se corresponde a su vez con un “dios para mí”. Porque ahora el pensamiento infantil no sólo necesita un dios que lo proteja, sino un dios que le borre la culpa. El niño necesita ser tranquilizado nuevamente, ahora con una racionalización más compleja (y en ese sentido más primitiva) de todo un pensamiento mágico donde todo está al servicio de una psiquis que no ha podido crecer. Dios como el padre enojado, Cristo como el hijo que me salva del castigo del padre, una madre absoluta, diversos dioses que intervienen por mí, los demás hermanos, la ley más aplacada, el perdón permanente ante nuestras travesuras.

¿Es así en el Cristianismo, ahora como “yo para Dios”? Claro que no.

a)      ¿Tenemos un conflicto psicológico con nuestro padre? Claro que sí, es la ambivalencia afectiva. Pero el conflicto con el verdadero Dios es otro: es querer ser Dios. Ese es el pecado original. Y el pecado original no se vive con culpa, sino con aceptación. Recocemos que nuestra finitud incluye, paradójicamente, querer ser como Dios. Queremos ser como Dios, que es infinito, porque somos finitos. Pero la aceptación del pecado original no es una culpa que hay que compensar, sino una finitud debilitada que hay que aceptar. Y solamente la aceptación total de la voluntad de Dios nos libera de la “envidia” que lo finito tiene por lo in-finito. Esto no consiste en que la naturaleza del pecado original sea la finitud, sino que no podríamos haber querido ser como Dios si no fuera por nuestra finitud.

b)      Desde el cristianismo (con minúsculas) se ve a Cristo como el hermano que tranquiliza la ira del padre. Como el niño que hace travesuras y su hermano mayor y su madre lo protegen de la ira del padre. Pero desde el Cristianismo, Cristo está en el misterio Trinitario, misterio que ninguna mente infantil (excepto el “ser como niños” del Evangelio) podría haber concebido. Cristo es Dios. Por lo tanto Cristo no es en sí mismo la vuelta de lo reprimido, sino el mismo Dios que decide -gratuitamente- salvarnos no de su ira, sino de nosotros mismos, de nuestra envidia intelectual hacia Dios (que es un tipo de pulsión no sensible que creo que Freud no imaginó).

c)      Dios da una primera versión de la ley más rigurosa porque es condescendiente con nuestra naturaleza humana caída, que coincide precisamente con el pensamiento infantil. La actitud del fariseo es aferrarse a la ley y a los ritos como neurosis obsesiva-compulsiva. La primera venida de Cristo borra ese aferramiento y nos conduce por el amor auténtico, donde amamos a Dios por El mismo, no por los premios, castigos o compensaciones. De ese amor nace al amor al prójimo como resumen de los 10 mandamientos, amor que, como dijimos, es imposible a la naturaleza humana caída. Algo parecido dice Ratzinger: Cristo no es un liberal de la ley al lado del conservador de la ley[4]. El no atenúa la ley, El ES la “Torá”. Mandamientos que para la naturaleza humana caída son imposibles pero para la redimida tienen la suavidad y libertad del amor intenso a Dios que viene de Dios mismo, nos da libertad interior y sabiduría para llegar al hermano de infinitos modos posibles sin quitar un milímetro de la ley de Dios porque es como quitar el amor de Dios.

d)      La ostia no es nuestro deseo atávico de comer al padre. Lo es si proyectamos neurosis infantiles no tratadas. Al contrario, es la máxima humanización del sacrificio, como ya habíamos dicho en el capítulo anterior. Sacrificio del Hijo que, como ya dijimos, no es el hijo representante de la horda, sino Dios mismo, y no vengativo, sino amante y donante precisamente hasta el infinito.

e)      Dios y dios. Religiosidad auténtica y pensamiento infantil. Lo religioso en sí mismo y la deformación de lo religioso. El que ama a Dios vive como si dios no existiera, porque ese dios verdaderamente no existe. El que ama a Dios es como un ateo para el pensamiento mágico. El que ama a Dios no espera ningún premio, no espera recibir ningún favor, y si reza dice “no se haga mi voluntad sino la tuya”: esa entrega a la voluntad y Providencia de Dios, fruto de Dios mismo (la gracia de Dios) es lo contrario a todo pensamiento mágico.

f)       Finalmente, la Virgen María no es la madre absoluta, sino la Madre de Dios, a la cual se venera por haber sido redimida del pecado original desde siempre, por los méritos de la Cruz.

 

 

4.6. El problema de la horda primitiva.


Finalmente: la famosa horda primitiva, ¿fue histórica? ¿Su recuerdo inconsciente es genético?

Nuestra gran diferencia con Freud en esto, pero a la vez nuestra manera de salvar su simbología, es que ambas preguntas son irrelevantes. La cuestión es que nuestro Ello ES horda primitiva. La horda primitiva, con su masificación, su autoritarismo, su pensamiento gregario, su cruel agresión, es lo primero que aparece apenas quitamos algo de la cáscara de la débil civilización que nos cubre. O, mejor dicho, es lo que siempre fuimos y somos aunque a veces disimulados por una larga y difícil evolución del yo, siendo Dios, como dijimos, condescendiente con ese proceso. La horda primitiva no es una tesis histórica. No es lo que fuimos. Es lo que somos. Y desde un punto de vista terapéutico, el psicoanálisis de Freud es una heroica teoría para hacer frente a ese lado oscuro de la fuerza que tenemos tan adentro de nuestra intimidad. Como la medicina humana nos saca de una enfermedad no psicológica (pero: ¿se puede hacer esa distinción?) así el psicoanálisis es medicina humana para el alma. Pero no es suficiente: es el Cristianismo es lo que nos saca de la horda, pero no como proceso social repentino, sino como conversión interna larga, delicada, y no social, a pesar de las implicaciones civilizatorias del Cristianismo. Por eso el Cristianismo “no cambió al mundo”. “El mundo”, como lo mundano, siguió siendo lo que siempre fue y es. Lo que cambió es el corazón humano, y no por una “evolución de la conciencia”, sino por la Gracia de Dios.

El reino de Dios no es de este mundo. Este mundo es la horda primitiva y su historia es la historia de Caín. El Cristianismo sólo ha implicado e implica que el reino de Caín no sea absoluto.

 



[1] Gadamer, H.G.: Verdad y método, Sígueme, Salamanca, 1991, II-II.

[2] Esta “popularización” del Judaísmo tiene un cruce interesante con una tesis de sociología de la religión que explicaremos en un próximo ensayo. Observemos que tres grandes religiones como el Judaísmo, el Brahmanismo y el Shintoísmo tienen su “izquierda”, su “hacerse más popular”, con una flexibilización de ritos, un llamado a todos los seres humanos a participar de una paz universal y de un amor universal (a grandes rasgos). Esa “izquierda” para el Judaísmo es el Cristianismo, para el brahmanismo el budismo (especialmente el “pequeño camino”) y para el Shinto, la secta Omoto. Ver al respecto Zanotti, G.: http://gzanotti.blogspot.com/2019/04/aikido-filosofia-y-religion.html

[3] En realidad no concluye totalmente porque luego hace una valiosísima síntesis y recapitulación, que sin embargo no se puede leer sin antes haber comprendido todo lo anterior.

[4] Ratzinger, J.: Jesús de Nazaret. Planeta, 2007, primera parte, cap. 4 punto 2.