domingo, 30 de octubre de 2022

¿CÓMO PUEDE SER QUE LOS LIBERTARIOS SEAMOS LLAMADOS FASCISTAS DE ULTRADERECHA?

 


¿Cómo puede ser que los que defendemos la Constitución Norteamericana de 1789, el Bill of Rights y la Declaración de Independencia de 1776 seamos llamados fascistas?

¿Así que que todos los seres humanos han sido creados iguales por Dios con sus derechos a la libertad, vida y búsqueda de la felicidad fue redactado por Mussolini?

¿Cómo puede ser que los que defendemos la libertad de asociación, la libertad religiosa, el free speech y la libertad de enseñanza seamos llamados fascistas?

¿Será que con todos esos derechos el no creyente está protegido legalmente, pero el creyente también?

¿Será que molesta tanto que, por ende, con esas libertades individuales el creyente tenga derecho a rechazar la agenda LGBT sin ser perseguido por el FBI o ser declarado “domestic terrorist”?

Con esas libertades individuales, si querés hablar con e, con x o con u, hablá, pero el que NO quiere hablar así, ni dirigirte a vos así, también tiene el derecho de hacerlo.

Con esas libertades, podés enseñar a tu hijo lo que quieras, y por ende, habrá padres que enseñen a sus hijos lo que quieran sobre sus creencias religiosas y cosmovisión del mundo.

Con esas libertades, si sos adulto y querés mutilarte el pene, hacelo, pero lo que no podrás hacer es perseguir como terroristas a los padres que protejan a sus hijos de esa mutilación.

Con esas libertades, si sos adulta y querés mutilarte los pechos, hacelo, pero lo que no podrás hacer es mandar el FBI a los padres que se opongan a que su nena lo haga.

Con esas libertades, si querés festejar tu boda gay, hacelo, pero lo que no podrás hacer es obligar al pastelero de la vuelta a que te haga tu torta.

¿Será eso lo que molesta?

¿ESE liberalismo clásico molesta?

¿Defender ESAS libertades es “fascismo, ultraderecha, etc”?

¿Será que no distingues entre respetar las libertades, por un lado, y por el otro bajar por la fuerza la agenda LGBT de las Naciones Unidas convirtiendo en delincuente al que se opone?

Y desde esa “claridad de ideas”, ¿llamas fascista al libertario que defiende la libertad individual de todos, la tuya, pero también la del creyente, la del venusino y la del marciano?

Alguien me dijo una vez “subite el barbijo, Gabriel, yo sé que tu libertad, pero…..” ¡NO! ¡No era “mi” libertad!!! ¡Era la tuya también!!! ¡La tuya y la de todos!!!!!!!

¿O será que, en el fondo, odias tanto a la religión que si un creyente va preso por ser creyente lo dejas pasar, no te importa, o lo alientas?

¿Y cuando tú vayas preso porque ahora se le está dando a la ONU el mismo poder que tuvieron precisamente Mussolini, Hitler y Stalin?

¿En nombre de qué autoridad moral defenderás tu libertad?

Y sabes que no me puedes decir a mí que no tengo autoridad moral para defender la libertad.

Que la izquierda totalitaria de todo el mundo hable de fascismo para referirse a los libertarios, ok, pero que lo hagan liberales que tienen una ermita erigida a Macron y a Trudeau, es un síntoma de una decadencia ideológica entre nuestras filas que producirá una grieta tan grande que ya no podremos hablar de “nosotros” nunca más. 

EL VATICANO II NO ES UN FRACASO


Otro ataque al Vaticano II, ataques que se están multiplicando como estrellas en el cielo desde que Francisco asumió como Pontífice.

Esta vez es Ross Douthat, quien, al parecer (https://www.religionenlibertad.com/opinion/71182025/vaticano-ii-restauracion-catolica.html?eti=7194##STAT_CONTROL_CODE_3_71182025##) habría afirmado que el Vaticano II no ha protegido al Catolicismo del Modernismo, del Marxismo o del Correctismo político: casi como si los hubiera engendrado.

Volvemos a decir, junto con Benedicto XVI, que el Vaticano II era necesario (https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2022-10/benedicto-xvi-concilio-vaticano-carta-ratzinger-steubenville.html) pues lo que estaba en juego era la relación entre Iglesia y Mundo Moderno (https://gzanotti.blogspot.com/2020/02/de-la-quanta-cura-querida-amazonia-el.html). Si toda la Modernidad fuera igual al Iluminismo, entonces estas críticas tendrían sentido. Pero la clave de la cuestión es que no es así. El Vaticano II asume como valores católicos a lo que fue precisamente la modernidad católica: la nueva ciencia, la des-clericalización del poder y la libertad religiosa. Solamente que esos documentos hayan sido escritos es un triunfo.

Que hayan sido malinterpretados, puede ser. Pero debemos distinguir dos tipos de ambigüedades: aquellas que emergen de un texto cuando es puesto en un contexto que le es ajeno, y aquellas que surgen de su propio contexto.

Las malinterpretaciones del Vaticano II son del primer tipo. Desde la tradición, desde lo esencial, el Vaticano II no contradice al magisterio anterior (lo esencial) sino sólo en temas contingentes (la reforma) y esa es la hermenéutica de la continuidad y la reforma de Benedicto XVI (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2005/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia.html)  Por ende puede ser que las aclaraciones que pide Mons. Schneider sean necesarias (https://www.encristoymaria.com/entrevista-integra-mons-athanasius-schneider/ ) pero no por el Vaticano II, sino porque ha sido interpretado desde un “Espíritu del Concilio” que le es ajeno.

El post-modernismo en el cual han sido educados generaciones y generaciones de sacerdotes y obispos no surge del Vaticano II, que es modernidad, no post-modernidad. Una modernidad cristiana, como explicaron Francisco Leocata y Augusto del Noce. Los post-modernismos en los cristianos surgen de querer coquetear, sin la formación suficiente, con Heidegger y Nietzsche, sin pasar por Santo Tomás, Rosmini, Husserl o Edith Stein. 

El marxismo no surge de los textos del Concilio, sino de la falta de diálogo, TOTALMENTE PREVIA al Concilio, con la Escuela Austríaca de Economía, principal herramienta intelectual que puede hacer frente a la teoría marxista de la explotación, que fue considerada casi de modo unánime como “la parte de verdad” del marxismo, por la mayor parte de los teólogos, y no sólo por los teólogos de la liberación y del pueblo. Teólogos que fueron, estos últimos, los autores de las Conferencias Episcopales Latinoamericanas que, como dijimos (https://gzanotti.blogspot.com/2022/10/francisco-y-el-concilio-vaticano-ii.html)  no tienen nada que ver con ese Magisterio que desde Pío XII en adelante “acompaña” los logros de la democracia constitucional para la Europa de la post-guerra.

Si los que critican al Vaticano II creen que la Iglesia saldrá de su crisis negando los mejores frutos del Concilio, están muy equivocados. ¿Creen acaso que una vuelta a la teoría del deicidio será la solución? ¿Creen acaso que un monumento a la Quanta cura pondrá de vuelta a la Iglesia de pie? ¿Creen que hay que suspender todo diálogo fraterno con todos los luteranos, anglicanos y ortodoxos? ¿Esa es su solución?

El que verdaderamente había puesto a la Iglesia en su camino fue Benedicto XVI, siguiendo los esfuerzos de Juan Pablo II. Que Francisco los haya interrumpido, no es culpa del Vaticano II. 

domingo, 16 de octubre de 2022

EL PROFESOR, EL ASESOR, EL POLÍTICO (*)

Si, obvio que puede haber confusión de roles, pero conviene aclarar las distinciones precisamente para estos tres “tipos ideales” (Weber) se puedan ayudar.

El profesor se mueve en el noble campo de la teoría y está perfecto. Porque las teorías son el campo de donde surgen luego las aplicaciones prácticas, tanto en ciencias naturales como en sociales. Pero el profesor no es el técnico, aunque a veces sea la misma persona o pueda dar consejos. El profesor puede y debe darse el lujo de dudar, de esperar, de seguir pensando, de no sumergirse en la coyuntura, precisamente porque desde allí puede ayudar más y formar mejor a los demás.

El asesor es más bien el técnico, el que se ha formado perfectamente con profesores pero luego elabora los planes concretos de gobierno. Puede a veces ser la misma persona pero aún así conviene distinguir los campos. El asesor necesita una personalidad especial. No debe competir por los cargos del político al que ayuda, no debe competir por dar él los discursos ni tener relevancia pública y debe ser muy cuidadoso de cobrar honorarios que realmente haya merecido y cuyas fuentes sean honestas. Desde allí, su rol es esencial para ser el puente entre la más alta teoría política o económica y el político que la necesita más aplicada a casos concretos. El asesor debe tener un manejo de las circunstancias concretas de las cuales puede prescindir el profesor.

El político no debe ser aquel que sigue sin pensamiento crítico a la opinión pública o al horizonte de su audiencia, aunque es una variable que debe sopesar en su acción. El buen político es un psicoanalista social. Tiene transferencia entre su audiencia y el deber ser. Enseña de un modo muy particular: más que repetir lo que el público espera, lo re-conduce, como Mandela cuando saca a su audiencia de sus deseos de venganza. Así se transforma en un estadista. Si no, es una mera repetidora de la pulsión de vida de su audiencia, no es un Super Yo. Y eso se llama demagogia.

Su juego de lenguaje es distinto al del profesor y el técnico. Su hablar debe tener belleza, retórica, pero la retórica no significa agresión, y sólo un liderazgo moral muy profundo puede distinguir ambas cosas. Ese liderazgo moral es el que verdaderamente puede liderar un cambio social positivo.

Lamentablemente sucede a veces que personas equivocadas tienen buena retórica y personas acertadas no la tienen. Esa separación de belleza y verdad es lamentable pero cuidado, desde los griegos sabemos que la retórica en la democracia es importantísima. Mucho más con los mass media actuales. La calma y la paciencia didáctica son parte de la retórica de un líder moralmente calificado. La agresión sólo fomenta las pasiones desordenadas de la audiencia y retroalimentan al que agrede.

El profesor no debe adherirse totalmente a ningún político. Como ciudadano tiene perfecto derecho a evaluar, a elogiar, a criticar, incluso (aunque eso implique muchas confusiones) a decir a quién va a votar PERO, si está bien formado en ética y en hermenéutica, sabrá que debe mantener distancia crítica de todos y tener clara conciencia de su falibilidad en sus opciones concretas, y decirlo. Forma parte de sus enseñanzas. Su “me puedo equivocar” NO debe ser sólo una fórmula de cortesía, sobre todo cuando el juicio es sobre un candidato concreto. Si el profesor no se despega así de un candidato, ¿dónde quedará luego su autoridad moral a la hora de escribir in abstracto o enseñar en una clase? Si el profesor y el político aparcen como si fueran uno solo en una clase y en un acto político, la audiencia necesariamente se va a confundir a la hora de tener que distinguir entre LA teoría tal o cual y SU APLICACIÓN CONCRETA. Pero los que deberían haber hecho la distinción son ellos.

En las circunstancias actuales, viene bien que cada uno de mantenga en su rol y que cuando cruce a la casa del otro sepa que es un invitado. Tal vez en otras circunstancias históricas.... Pero en la nuestra, más vale liberalismo en mano que 100 diputados volando. 


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(*) Sé que no estoy tocando hoy el importante rol del influencer; queda para otra entrada. 

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viernes, 14 de octubre de 2022

CUANTO MÁS CONOZCO A GOOGLE, MÁS QUIERO A MI TEORÍA CONSPIRATIVA :-)))

 

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Tu entrada "IMPRESIONANTE: LAS MENTIRAS CONFESADAS POR LA AUTORA DE LA CUARENTENA Y VACUNAS OBLIGATORIAS EN EEUU" ha sido eliminada3
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domingo, 9 de octubre de 2022

LA CUARTA ETAPA COMENZÓ EN MARZO DEL 2020...

 

DOMINGO, 12 DE JULIO DE 2015

LAS TRES ETAPAS DEL AVANCE DEL ESTADO

(De un ensayo de próxima aparición).

1.      Las tres etapas del avance del estado.
El principio de subsidiariedad (PS), la iniciativa privada y las libertades individuales consiguientemente protegidas, sufrieron una negación y una involución progresiva que podríamos señalar en tres etapas.

a)      El estado-nación legislador del s. XIX.
Fruto del positivismo, que en lo social Hayek llama constructivismo[1], los estados-nación racionalistas europeos de fines del s. XIX (Francia, Italia), con copias en Latinoamérica (México, Uruguay, Argentina), avanzaron sobre temas de educación, salud pública y matrimonio, con la intención de educar y proteger al ciudadano en tales áreas mediante lo que la ciencia podía proporcionar. La educación pública obligatoria tenía por misión educar en las ciencias y letras básicas el futuro ciudadano ilustrado[2] y secularizado; la medicina se divide en legal e ilegal, y en la primera el estado avanza en la salud pública. En materia de matrimonio y familia los estados avanzan quitando el cuasi-monopolio que las comunidades religiosas mantenían en esas áreas. Comparado con lo que vino después, fue un positivismo ingenuo y un laicismo moderado (laicismo como esencialmente diferente a la sana laicidad)[3]. Los estados educaban en cosas que hoy consideraríamos “buenas” tales como ciencia básica, lecto-escritura, matemáticas, etc., y los hospitales públicos se regían por una medicina científica relativamente des-ideologizada. Las comunidades religiosas toleraron al principio y aceptaron luego esta situación sin sospechar lo que vendría después.

b)     El Welfare State.
Como fruto de la crisis del 29 y la progresiva crítica y desconfianza a un liberalismo “individualista”, surge más o menos a mitad del s. XX el convencimiento generalizado de que los gobiernos centrales deben ofrecer bienes públicos en materia de salud, medicina, educación e información, respondiendo ello a lo que serían los derechos de segunda generación (a la salud, la vivienda, la educación, la seguridad social, etc.) muchos de los cuales fueron explícitamente escritos en diversas reformas constitucionales[4]. Luego de la 2da. guerra, este avance del estado convive con formas republicanas en EEUU (el New Deal) y en Europa (el Estado Providencia) o con sistemas más autoritarios, como el primer peronismo en Argentina, de orientación claramente fascista en el sentido técnico del término. Los estados, con toda lógica, proveen salud, educación, seguridad social e información, según los criterios del estado, por supuesto. Pocas voces, como Mises y Hayek, advierten los peligros para los derechos personales[5], pero no son escuchadas. Diversas religiones aceptan de buena gana el sistema, convencidas de la crítica al liberalismo y de la necesaria intervención del estado para proteger a los menos favorecidos por la lotería natural de recursos, como diría Rawls[6]. Claro, esto siempre que los gobiernos no quisieran imponer coactivamente cuestiones que violaran la libertad religiosa, pero al principio, dadas las costumbres de la época, ello no parecía ser un problema. Los católicos argentinos tuvieron una primera advertencia cuando Perón se enfrentó con la Iglesia en su 2do. mandato, pero luego los militares católicos que lo derrotaron utilizaron los mismos instrumentos estatales para imponer la “sana doctrina” y lo que algunos autores llaman “el mito de la nación católica”[7]. Mientras tanto, el PS y las libertades individuales brillaban por su ausencia, ya despreciadas estas últimas como la mera expresión ideológica de un capitalismo supuestamente incompatible con lo religioso.

c)      Las nuevas ideologías autoritarias.
El escándalo se produce cuando nuevas ideas, casi inconcebibles mundialmente en los 30 y los 40, amanecen en el horizonte para ser impuestas desde el estado, violentamente enfrentadas con lo religioso, como una nueva etapa de laicismo radical. Ellas son:
1.      Que el sexo es una identidad que el individuo se coloca a sí mismo con total autodeterminación.
2.      Que el aborto y los anticonceptivos son derechos que todo individuo tiene derecho y obligación de recibir.
3.      Que el matrimonio homosexual (y obviamente disoluble) es otro derecho de igual naturaleza que los anteriores.
4.      Que ya no hay derecho a la libertad de expresión, sino derecho a la información objetiva, que el estado debe proveer, contrario a las manipulaciones comunicativas de las corporaciones privadas.
5.      Que los planes y programas de estudios, especialmente los primarios y secundarios, ya privados o púbicos, deben enseñar obligatoriamente 1, 2 y 3;
6.      Que las instituciones de salud, ya privadas o públicas, deben proveer de manera coactiva y obligatoria el punto 2,
7.      Que todo desacuerdo con todos los puntos anteriores es un acto de discriminación que debe ser penalmente prohibida.

¿Por qué hemos llamado a todo lo anterior “ideologías autoritarias”? Porque su problema no radica principalmente en el contenido de lo que proponen. En una sociedad libre, con derecho a la libertad de expresión, enseñanza, asociación e intimidad, los que quieran pensar como el punto 1 y el 2 (el aborto ya es otro tema pues está en juego el derecho a la vida), etc., tienen todo el derecho legal a hacerlo: tienen derecho a la libertad de expresión y derecho a la intimidad personal. El problema radica en su imposición global a través de los instrumentos del estado, instrumentos legales que ya habían quedado perfectamente preparados en las fases a y b. Pero las comunidades religiosas, durante las fases a y b, no advirtieron el problema. Habiendo aceptado muchas de ellas el estado providencia y los derechos de 2da. generación, denigrando al mismo tiempo a las libertades individuales como pertenecientes a un liberalismo individualista y agnóstico, más que como emergentes necesarias del PS, quedaron indefensas ante la tercera fase. Ahora reclaman sus libertades, cuando ya es casi muy tarde. Ahora reclaman la libertad de conciencia pero no tendrían problema en volver a un estado providencia cuando este último vuelva a “portarse bien” en esas materias. Eso las desautoriza ante la opinión pública, por un lado, y las ha vuelvo con-causa de esta nueva oleada de laicismo autoritario que ahora critican con tanto vigor.







[1] “Los errores del constructivismo”, en Nuevos Estudios, op.cit.
[2] Zanotti, Luis J.: Etapas históricas de la política educativa, Eudeba, Buenos Aires, 1972.
[3] Nos referimos a la noción de sana laicidad manejada sobre todo por Pío XII y Benedicto XVI. Sobre este tema ver Santiago, A.: La relevancia cultural, política y social de la religión en los albores del s. XXI, Academia Nacional de Ccias. Morales y Políticas, Buenos Aires, 2015.
[4] Sobre este tema ver Bidart Campos, G.J.: Las obligaciones en el derecho constitucional, Ediar, Buenos Aires, 1987.
[5] Mises, en La Acción Humana (Sopec, Madrid, 1968) y Hayek en Camino de servidumbre (Alianza, Madrid, 1977) y Los Fundamentos de la Libertad (Unión Editorial, Madrid, 1975).
[6] Nos referimos a su clásico Theory of Justice, Harvard University Press, 1971.
[7] Irrazábal, G.: Iglesia y Democracia, Ediciones Cooperativas, Biblioteca Instituto Acton, Buenos Aires, 2014.

domingo, 2 de octubre de 2022

RESPUESTA A FERNANDO ROMERO MORENO SOBRE FRANCISCO Y EL VATICANO II

 Fernando Romero Moreno dijo...

Para mí está claro que Vaticano II pertenece al Magisterio de la Iglesia y que por lo tanto hay que aceptarlo. Y que hay que interpretarlo. Pero si Benedicto XVI habló de la necesidad de una hermenéutica de la continuidad en la reforma frente a una hermenéutica de la ruptura, es porque varios documentos del Concilio (por lo que dicen, por cómo lo dicen y por lo que deliberadamente omiten) se prestan con más facilidad que los documentos anteriores a la hermenéutica de la ruptura.



Con más facilidad que documentos anteriores no, porque, como verás que afirmo después, si por ambieguidad se trata, entonces……………………



 De allí que haya que interpretarlo de acuerdo a la Tradición, aunque siendo rigurosos en el método propio de la teología, este Concilio sea más complejo que otros a la hora de interpretarlo y aplicarlo de manera correcta. Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI intentaron hacer esa hermenéutica de la continuidad. Y en muchos casos lo hicieron muy bien, aunque hacia adentro de la Iglesia, no todos la aceptaran.


  

  Fernando Romero Moreno dijo...

. Pero suponer que los errores de Francisco nada tienen que ver con el Concilio no es correcto en mi opinión. La hermenéutica de la continuidad de los Papas mencionados y de ciertos teólogos (como Ocáriz) parten del supuesto de que no hay errores en el Concilio. Pero fue el mismo Concilio el que definió ser de naturaleza pastoral y, en lo doctrinal, de Magisterio Ordinario (donde se recuerdan verdades infalibles mediante el Magisterio Ordinario y Universal y otras nuevas que no son necesariamente definitivas pues son de simple Magisterio ordinario no definitivo o Magisterio Auténtico). Ese supuesto de que no puede haber errores en un Concilio donde abundan textos de variada naturaleza y de suyo no definitivos es tan nocivo como rechazar de plano al Concilio en su totalidad.


LO MISMO debe ser dicho entonces de Mirari vos, Quanta cura, todo el corpus leonino, y ni que hablar de, por ejemplo, las encíclicas de Pío XI…………….


 El mismo Benedicto XVI cae en una contradicción cuando en ese documento del año 2005 habla de un "sí a la Modernidad" cuando todos los Papas anteriores habían dicho que "no a la Modernidad". De mínima hubiera sido importante que de definiera qué se entiende por Modernidad o distinguir entre Modernidad cronológica y Modernidad ideológica.


Disculpame, pero sí lo dijo, el discurso del 2005 es clarísimo sobre qué es la Modernidad en sí misma. No es claro desde TU horizonte político.



 Y aclaro que no le resto importancia a ese famoso texto del Papa emérito. Pero la realidad es que en el Concilio, junto a muchas enseñanzas verdaderas e importantes, hay textos que de mínima son ambiguos y, hasta donde llegan mis conocimientos, otros que son erróneos. 



Esta es la clave que te quería decir.

a) Desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje de Wittgenstein, no hay texto que no sea ambiguo, que no necesite aclaraciones, que no necesite hermenéutica, comenzando por las Sagradas Escrituras.

b) Una cosa es una ambigüedad circustancial demandada por un caso concreto. Yo estoy de acuerdo con Mons Schneider en que hay que incluir ciertas aclaraciones, pero no por culpa del texto sino por sus intérpretes de izquierda.

c) Y otra cosa es la ambigüedad que todo texto puede tener en función de nuestras expectativas. ¿Qué te podría decir yo sobre las encíclicas anteriores que atacaron al liberalismo como si EEUU no existiera o como si la EA no existiera? Una vez alguien me dijo “el problema de la Noatra aetate no es lo qie dijo sino lo que NO dijo”. Ja ja, querés que te haga un tratado de varios tomos sobre lo que muchas encíclicas y documentos anteriores NO dijeron que deberían haber dicho? O sea, los textos del Vat II se convierten en ambiguos ante las demandas desmedidas de los tradis que odian con toda su furia a la modernindad, al liberalismo y sueñan con la reencarnación de Pío IX. FRENTE A ELLOS TODA ACLARACIÓN ES INÚTIL. Habras escuchado decir que con buena voluntad toda aclaración sobra y sin ella es innecesaria. Mutatis mutandi…………….. Y más aún si agregás el tomo VII de las obras completas de Ratzinger donde las aclaraciones al Vaticano II son MUY amplias y esclarecedoras, el mismo Ratzinger que NO de casualidad escribió el discurso del 2005. 

d) Pero ya te digo, con esto y todo, estoy de acuerdo en que ciertas aclaraciones deben ser hechas.

e) Pero hay que aplicar al Vaticano II los criterios de interpretación de TODO documento, las que Sacheri en su libre El Orden Natural señala para TODA encíclica.




Y al no reconocer eso, el diálogo se torna imposible. Decir, por ej. que el Papa de modo individual tiene la plena, suprema y universal potestad sobre toda la Iglesia, para luego afirmar que el Colegio Espiscopal (sub Petro et cum Petro) también tiene la plena, suprema y universal potestad, son afirmaciones que violan el principio de no contradicción.



De vuelta, citame el párrafo donde ves la contradicción y vas a ver que no la hay,.



 Distinto hubiera sido el decir que el Papa tiene esa suprema potestad que la puede ejercer de modo individual como colegiado. Porque entonces diríamos que el Colegio Episcopal participa en ocasiones de la suprema potestad que tiene el Romano Pontífice (sobre todo en los Concilios) y no que la tiene de suyo. Pero el texto salió ambiguo porque quienes controlaron casi todo lo que se hizo en el Concilio (los teólogos progresistas y los peritos de la llamada Alianza Europea) no pudieron vencer del todo a los Obispos y peritos ortodoxos. Y aún así, al final Pablo VI debió injertar una aclaración para que el documento no fuera directamente heterodoxo (lo mismo sucedió con "Dignitatis Humanae").



Mm, claro, si es que el texto del Concilio no trataba de arreglar lo que Mons. Guidi le pidió a Pío IX, y creo que sabés de qué te hablo………….


  

  Fernando Romero Moreno dijo...

 Problemas como ese hubo en otras materias como las fuentes de la Revelación, la noción de Tradición, los "semina Verbi" en las falsas religiones, la distinción entre Iglesia de Cristo e Iglesia Católica, la teología sobre el Judaísmo, las relaciones Iglesia- Estado, etc. Y bien, a pesar de los esfuerzos de los tres Papas mencionados (con sus aciertos pero también con sus errores) no lograron despejar del todo los problemas ocasionados. De otro modo nunca hubieran sucedido los encuentros de Asís I, II y III, la profanación de la Liturgia o la renuncia de hecho a la noción de Cristiandad. Un pequeño error al principio es un gran error al final. Y ese gran error es lo que Francisco está sacando a la luz: no habría "sinodalidad permanente y cuasi- cismática" sin una concepción heterodoxa de Colegialidad; no existiría Fratelli Tutti sin una equivocada noción de los "semina Verbi"; no tendríamos Teología del Pueblo sin una concepción democratista o meramente "carismática" de Iglesia; no se daría una persecusión a la Tradición Litúrgica sino se hubieran introducido nociones protestantes en la materia (como el de asamblea litúrgica que "ofrece" el Sacrificio por medio de su "Presidente", sólo por poner un ejemplo). En fin, el tema da para largo, pero entiendo que el asunto es de mayor gravedad que lo que habitualmente se supone. Y no se soluciona volviendo como si nada hubiera ocurrido a la teología de la época de Pío XI y Pío XII (Billot, Garrigou Lagrange, Santiago Ramírez,etc) pero tampoco dando a entender que habría existido un sector "ortodoxo" del progresismo y/o de la Nouvelle Theologie (Congar, De Lubac, Danielou, Ratzinger, Von Balthasar, Maritain, John C. Murray) y otro "heterodoxo" (Schilleebeckx, Küng, Häring, Bugnini, Gustavo Gutiérrez, etc) cuando en ambos había errores, aunque de distinto grado y naturaleza.


Lo mismo de siempre Fer. No hay NADA en la Unitatis redintegratio o en la Nostra aetate que sea contrario a la tradición: sí es contraria A LA TRADICIÓN DE PÍO IX, que no de casualidad dijo que la tradición era él……………………

Pero bueno, pacto de paz: ojalá las aclaraciones que pide Mons, Schneider sean incorporadas.

FRANCISCO Y EL CONCILIO VATICANO II

Uno de los tantos efectos negativos del pontificado de Francisco es que ha retroalimentado las ideas que sobre el Concilio tenía el Cardenal Lefebvre, interpretación negativa que logró ser apaciguada por Juan Pablo II y sobre todo por Benedicto XVI, quien en 2005 explicó la interpretación del Concilio en continuidad con la Tradición, en un documento que debería haber sido una encíclica[1]. De ese discurso, en los actuales tiempos turbulentos de la Iglesia, nadie se acuerda.

Dignatarios eclesiales como Monseñor Viganó y otros de menor importancia, pero muy influyentes, han difundido últimamente que el actual desastre doctrinal de Francisco es un resultado directo del Vaticano II y una corroboración de las predicciones que en su momento se hicieron sobre cierto “espíritu del Concilio”.

Pero ello es totalmente falso: tanto Francisco como Viganó representan algo muy frecuente en la Iglesia, que está en la clave de las dificultades de interpretación del Vaticano II: su radical incomprensión de la Modernidad, que nada tiene que ver con el Iluminismo, como muy bien han explicado Leocata[2] y Del Noche[3], como así también Benedicto XVI en el referido discurso y en escritos anteriores[4].

La Modernidad, históricamente, se mezcló con el Iluminismo, pero en sí misma es el desarrollo de tres ideas básicas que están presentes en la esencia del Cristianismo: la ciencia como libre investigación del orden físico creado por Dios[5], la afirmación de la dignidad humana y sus derechos ante el poder[6], y la esencial distinción entre Iglesia y poder político, la sana laicidad[7], que implicaba necesariamente un proceso de des-clericalización del poder temporal[8].

Francisco es efecto y causa de las conferencias episcopales latinoamericanas, NO del Vaticano II. Justamente, como muy bien denunció el Padre Rafael Braun en una memorable ponencia[9], esas conferencias fueron totalmente insensibles e indiferentes a la importancia de la institucionalidad democrática que tanto costó que se abriera en Europa conforme al magisterio de Pío XII y Juan XXIII. Los obispos latinoamericanos lo ignoraron completamente, sumidos en el total marxismo de las teologías de la liberación y del pueblo, que suponían que el progreso temporal derivaría de las bases de un “pueblo católico” ante el cual las formas democráticas eran construcciones anglosajonas supuestamente ajenas “al sentir cristiano del pueblo latinoamericano”, un invento ficticio en la mente de esos obispos pero suficiente como para justiciar la violencia contra un capitalismo que, paradójicamente, nunca existió en América Latina. Las críticas de Loris Zanatta a la Iglesia son a la teología de la liberación, no a Pío XII o al Vaticano II, distinción que sin embargo él debería hacer en sus ensayos y libros.

El Vaticano II es, por ende, la sana modernidad asumida por el Magisterio, que nada tiene que ver con esa teología de la liberación y del pueblo de la cual surge Francisco, para colmo mezclada con la versión argentina del fascismo mussoliniano, llamado peronismo.

Ojalá Francisco comprendiera al Vaticano II; ojalá fuera capaz de entender lo que sobre él escribió y aclaró Benedicto XVI. Pero no. Mientras tanto, la esperanza es que las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia.



[2] Sobre este tema en Francisco Leocata, ver Del iluminismo a nuestros días. Síntesis de las ideas filosóficas en relación con el cristianismo, Buenos Aires; Don Bosco, 1979; y La vertiente bifurcada: La primera modernidad y la ilustración, Buenos Aires, EDUCA, 2013.

 

[3] Sobre Del Noche, ver Hoevel, C.: “La crítica de Del Noce a Maritain y los orógenes intelectuales del Catolicismo de izquierda”, en Cultura Económica,(102) 2021; https://erevistas.uca.edu.ar/index.php/CECON/article/view/3920/3867

[4] Ver Ratzinger, J.: Iglesia, Ecumenismo y Política; BAC, Madrid, 1987.

[5] Al respecto, ver Jaki, S. (1987) Uneasy Genius: The Life and Work of Pierre Duhem; Martinus Nijhoff Publishers; Koyré, A.: (1979), Del mundo cerrado al universo infinito. Buenos Aires: Siglo XXI; Koyré, A.: Estudios galileanos (1980), Buenos Aires: Siglo XXI;  Koyré, A (1988) Estudios de historia del pensamiento científico; Buenos Aires: Siglo XXI Editores;  Koyré, A. (1994),Pensar la ciencia (1994) Barcelona: Paidós.

 

[6] Ver Juan XXIII, Pacem in terris, 1963.

[7] Sobre la sana laicidad, ver Pío XII, Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santità Pio XII, XX, Ventesimo anno di Pontificato, 2 marzo - 9 ottobre 1958, https://w2.vatican.va/content/pius-xii/it/speeches/1958/documents/hf_p-xii_spe_19580323_marchigiani.html

[8] Ver al respecto Fazio, M.: Francisco de Vitoria, Cristianismo y Modernidad; Ediciones Ciudad Argentina, Buenos Aires, 1998.