domingo, 25 de diciembre de 2022

EL SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD, AGAIN


Blog del 27 de Diciembre de 2016.


En esta época de cristianismo difuso, concentrado casi todo el tiempo en temas sociales opinables, y diluido y olvidado de la Fe, conviene recordar el significado de la Navidad.

El pecado original, el nacimiento, la crucifixión y la resurrección de Cristo tienen una ilación necesaria.

Dios nos creó, sin merecimiento de nuestra parte, en situación de “justicia originaria”, con Gracia deiforme, con los dones preternaturales, en un estado de unión con El tan intenso que “bajaba a hablar con nosotros al atardecer”. La Fe no consiste en creer las representaciones populares de un paraíso similar a La laguna Azul. La Fe consiste en creer que verdaderamente hubo una situación de Gracia originaria con Dios, aunque no sepamos ni cómo ni dónde. La Fe comienza precisamente por comprender la Gracia de Dios, ese hábito entitativo sobrenatural que sólo por misericordia, y no por nuestros méritos, estaba en nosotros desde el inicio de la creación.

Sólo así se entiende el drama del pecado original: en haber querido ser como Dios. El que recibe la gracia se sabe finito; pero haber querido ser infinito –un pecado de soberbia, intelectual- eliminó la Gracia. Dios no fue el causante de un castigo arbitrario: el haber perdido la Gracia originaria, el haber sido “arrojados al mundo” fue el resultado necesario de haber querido ser infinitos. Cómo fue que hayamos cometido ese pecado, inicia el misterio de la libertad y la Gracia, que sólo se entiende cuando comprendemos que incluso cuando damos el sí a la Gracia, estamos movidos por la Gracia, y por ende lo único que queda a nuestra naturaleza es el “no”. Sólo el “no”, ser humano, te pertenece: dolorosa condición que sin embargo no es sino otro resultado de tu finitud.

Como este castigo es un acto de justicia, así podríamos haber seguido, siempre. El acto de redención fue totalmente un acto de misericordia, no de justicia, pero tampoco injusto, pues en Dios, justicia y misericordia son una sola: no precisamente como en nosotros, que las vivimos en conflicto.

Dios, entonces, con total misericordia, sin ningún merecimiento de nuestra parte (de vuelta) promete un redentor, ya desde el Génesis. Ese es el origen de la primera alianza, del pueblo elegido, el pueblo de Israel, pre-figura de la Iglesia. El nacimiento del mesías, sólo barruntado como tal por los pobres de Yahvé, fue el cumplimiento de una promesa que Dios se hizo a sí mismo y nos hizo. Jesús es el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad encarnada, dos naturalezas, divina y humana, y una sola persona, la divina. Nosotros, finitos, no podíamos perdonar nuestro pecado, no podíamos saldar la deuda infinita contraída con Dios por el pecado. Sólo Dios podía saldar la deuda, sólo lo infinito podía saldar una deuda infinita, y por eso Dios, en su Segunda Persona, se encarna, se hace hombre, para que ese hombre, ese nuevo Adán, pudiera encarnar el sacrificio para el perdón de nuestros pecados. Conmueve saber que cuando Cristo está clavado en la Cruz, tiene in mente a cada uno de nosotros, con nuestro nombre: no muere por una humanidad in abstracto sino por cada uno de nosotros in concreto.

Lo que celebramos en Navidad, por ende, es el nacimiento del Redentor, de aquél que se va a sacrificar por nosotros para devolvernos la amistad con Dios y la Gracia perdida, convertida ahora en Gracia Cristiforme. O sea, para estar con Dios, sin el cual nuestra naturaleza queda radicalmente cortada a su fin. Si lográramos ver cómo es nuestra naturaleza sin Dios, quedaríamos horrorizados al ver cada uno su propio retrato de Dorian Gray.

Por eso el nacimiento del redentor es el nacimiento de Cristo en la Cruz, Jesucristo. Que nos libera del pecado original y nos permite volver con Dios y por ende ser plenamente nosotros mismos. Que nos convierte en el Hombre Nuevo; que nos libera de nuestra vanidad y nos revierte de la Caridad que cura, que cauteriza, a la naturaleza herida por el pecado llevándola entonces a su absoluta plenitud.

Todo esto lo entendemos por la Gracia de Dios. Antes de pentecostés, sólo los pobres de Yahvé lo barruntaban entre sombras: María, José, José de Arimatea. Otros creían, y aún creen, que Cristo los iba a liberar del Imperio Romano. Algunos discípulos se ponen a debatir quién será el primero en el Reino de Israel, y hasta Pedro intenta disuadir a Cristo de su sacrificio. Sólo en Pentecostés, bajo el ala de María, ya redimida por los méritos de Cristo, todo se aclara. Los ignorantes se vuelven sabios, los cobardes, en valientes, los tímidos, en predicadores: predicadores del Reino que no es de este mundo, predicadores de la Buena Nueva, de la salvación, para todos los seres humanos, para todos los que, movidos ya por la Gracia, miren la Cruz de Cristo con los misteriosos ojos nuevos de la Gracia.

Todo esto es Navidad. Si parece que no, es una buena oportunidad de conversión, otra palabra olvidada, otra palabra esencial.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

UNA EXPLICACIÓN PARA EL DÍA DE AYER: LOS ARGENTINOS Y SU KILOMBEIDAD.



 Desde Gustav Le Bon hasta Sigmund Frued, los fenómenos de masificación han sido muy bien analizados. El ensayo de Freud (Psicología de las masas y análisis del yo, 1921) es un clásico al respecto. Explica los orígenes psicoanalíticos de la alienación colectiva que está detrás de esos fenómenos. Muchos pueden disentir, pero la explicación es convincente: el ídolo, alrededor del cual las masas se aglutinan, es la expresión de una identificación infantil (que en los primeros años no es patológica, pero que enm el aulto es síntoma de una fijación y por ende detenimiento y retraso del proceso sexo-afectivo) con un nuevo padre al cual se le rinde devoción.

Por ende, nada nuevo bajo el sol. Fenómenos de masas como los vistos ayer son comunes en todo el mundo. 

Pero en la Argentina tienen una característica especial. Para los argentinos, estos fenómenos constituyen además una paradójica liturgia, esto es, un ritual. Parece que no, porque los ritos ordenan, en cierto modo, el comportamiento colectivo. Pero en ese caso los desórdenes, los desbordes, el "fuera de control" es el rito. Freud también explica el fenómeno de los desbordes de los carnavales como situaciones socialmente aceptadas de supresión momentáneo del Súper Yo. Aquí hay algo similar. Lo expresa una palabra bastante intreducible para quien no habita este singular mundo de la vida: kilombo. 

Para gran parte de los argentinos, el kilombo es un frenesí de travesuras multiplicadas al infinito. Tomando la terminología del Woody Allen, (https://www.youtube.com/watch?v=JBzlQ7bUtKk ) son misdemeanors, no crimes, multiplicados a un cuasi-infinito de líbido en expansión. Como toda salida de la pulsión de vida, es casi orgiástica y genera una peculiar satisfacción. Qué kilombo...... En el fondo, todos contentos. Hemos tenido nuestro kilombo. No, no nos aburriremos como en Japón, Suiza o el Castillo de Windsor. En el fondo, volvimos contentos. Tuvimos nuestra liturgia. 

No, no me refiero a los colgados de los semáforos, a los paracaidistas en el micro que llevaba a los jugadores, o a los enérgicos competidores con la energía solar de las paradas del transporte público. Fueron todos. Buenos o no tanto, mejores o peores, todos formamos parte de la liturgia, todos ubicados en el desorden espontáneo de sus bancos. Desde el gobierno y su casa rosada que no fue, pasando por los funcionarios de seguridad, por el Gobierno de CABA al cual se le acabó de golpe la obsesiva planificación, hasta la buena familia que creyó que podía ver a los jugadores en el obelisco. Finalmente, en este peculiar liturgia la sangre no llega al río. Sí, siempre hay algún daño colateral, pero lo peor, peor, casi nunca pasa (NO hablo ahora de la violencia política). Finalmente apareció, y no de la nada, el helicóptero, y los jugadores llegaron sanos y salvos a sus casas. Los demás también. Sí, quedaron como siempre algunos tirando piedras, víctimas de la sub-alimentación, la droga y el alcohol, pero no la mayoría. Sí, quedó todo sucio y destrozado, pero bueno, desde chiquititos nos han enseñado que hay otros que limpian, y si te toca ser el que limpia es que "sos un boludo". Y listo. Juegos de lenguages casi intraducibles y riquísimios en su significación cultural. 

Y como el mal absoluto no existe, no despreciemos nuestra kilombeidad. Finalmente, es lo que nos salva de ser nazis. Es en serio. De otros lugares no se puede decir lo mismo. 

Sí, qué kilombo..... Y en el fondo, todos contentos. Tuvimos nuestro litúrgico carnaval. Y al día siguiente, "al laburo", ese castigo del cual, lamentablemente, no nos podemos librar. 

¿Podría haber sido de otro modo? No, me parece que no. Nunca seremos nazis pero nunca seremos, tampoco, Estado de Derecho. 

No me van a negar que somos un caso interesante. 



domingo, 18 de diciembre de 2022

EL DRAMA DE LAS MATERIAS HUMANÍSTICAS EN MEDIO DE LAS DIVERSAS CARRERAS

 La presencia de materias humanísticas en diversas carreras, tradicionales o no, parece ser un problema sin solución. Los alumnos no tienen interés en esas materias y todo depende del arte de magia del profesor. Hay muy buenos magos, por cierto, pero un sistema basado en la magia no funciona. 

El problema no tiene solución porque está mal planteado. El tema no es cómo relacionar técnicas, ciencias y humanidades. El problema es la separación entre ciencias y filosofía a partir de fines del s. XIX, uno de los efectos más perjudiciales del positivismo. 

La filosofía siempre había sido, de algún modo, la ciencia, esto es la episteme, conocimiento riguroso (lo cual no quiere decir infalible, sólo metódico o siempre verdadero) a diferencia de la doxa, la opinión en tanto una falta de orden en el conocimiento. Parte de esa episteme era la filosofía de la naturaleza, una de las tres partes de la ciencia especulativa según Aristóteles, que llega así incluso hasta Newton, cuyo gran libro lleva como título, no de casualidad, Fundamentos matemáticos de la filosofía natural. 

La defensa de la ciencia como filosofía no fue en el s. XX tarea exclusiva de lo que ahora se llaman filósofos. Grandes pensadores, de lo que ahora se consideran ciencias independientes de la filosofía, como la Física y la Matemática, fueron los encargados, en el s. XX, de explicar a la ciencia como una evolución de teorías y paradigmas filosóficos. Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend se dedicaron a explicarlo, pero su obra comenzó a ser conocida como una interesante extra-vagancia, llamado el giro histórico de la filosofía de la ciencia, en contraposición a una filosofía de la ciencia concentrada en explicar la inducción y el testeo empírico. 

La Metafísica, por otro lado, quedó como lo ultra contrapuesto a la Física. Nunca lo había sido, claro. La Metafísica fue hasta el Kant pre-crítico una importante parte de la episteme, esto es la ciencia, llamada por Aristóteles filosofía primera. Por comprensibles razones, Kant afirma que la metafísica no puede lograr las demostraciones racionales de las "ideas de la razón pura" y queda por ende contrapuesta a una Física que por primera vez afirma tener el monopolio de la demostración racional. Física y Metafísica quedan contrapuestas y comienza la idea de una Física autónoma de la filosofía, a pesar de que el sistema de Kant era mucho más metafísico de lo que habitualmente se piensa, por su sistema moral. 

La razón queda en el s. XIX dividida en dos: Hegel por un lado, la ciencia empírica por el otro. Los primeros existencialistas, Unamuno y Kierkegaard, reclaman la importancia del sentido de la vida para la existencia humana pero le dejan la razón a la ciencia y al idealismo absoluto de Hegel. Diversos neoaristotelismos intentan reconstruir a un pensamiento más integral (Brentano, Bolzano, neotomismo) intentando dialogar con esa ciencia autónoma pero parece que la nueva criatura tenía sus propios berrinches. Heidegger acusa a toda la razón humana de ser un olvido del ser, pero no es sólo la ciencia la principal desmemoriada, sino toda la metafísica occidental. Se salvaría sólo la mística renana, Holderin, los poetas presocráticos y el pensamiento oriental. 

En medio de todo ese caos, la ciencia experimental, la del famoso testeo empírico, SIN contacto con ese caos, aparece triunfante. Y en medio de todo ello, la universidad pierde su misión. La universidad, el lugar del pensamiento integral, el lugar de los fundamentos, el lugar de la teoría, de las questiones disputadas, el lugar donde Física, Matemática y Metafísica eran una sola cosa, pierde su sentido. Porque la universidad era el lugar de la teoría. Esto es, el lugar que se toma su tiempo, que crea, que discute libremente, el lugar donde las teorías nacen, crecen, se reproducen y no mueren. Su contraposición era la praxis, esto es, las escuelas de artes o oficios. Copérnico fue universitario, Leonardo no. Puede ser que este último fuera más genial, pero la seguidilla Galileo-Kepler-Newton nace de Copérnico, no de Leonardo. Todos teóricos. Ninguno de ellos, gracias a Dios, era el genio de la praxis. 

Husserl intenta rescatar la teoría. Pero parece que fue tarde.

La universidad se va convirtiendo en carreras prácticas. Derecho, Medicina, Ingeniería, que desde siempre eran las excepciones, se convierten en la regla. La cuestión es un entrenamiento en la parte más práctica del un paradigma para poder ejercer un oficio. Ya no hay creación y debate de teoría, sino repetición de la parte práctica del paradigma. Los alumnos aprenden fórmulas exitosas para poder solucionar problemas, en un aprendizaje memorístico, repetitivo, sin diálogo, sin contacto con la Historia y menos aún con la Filosofía, ese lugar eminente de la teoría que ahora aparece como un florero bonito. Muy bonito el florero pero adorno al fin. No te quejes, adorno: todavía que te limpiamos de vez en cuando, no te quejes. Agradecé que aún queda demanda para conocer tu inútil Historia. 

Así las cosas, desgajadas las ciencias de la filosofía, todas las carreras universitarias se convierten en tecnicaturas, en escuelas de artes y oficios con métodos inductivos. Los que se reciben son técnicos. Pocos se quieren quedar enseñando, pero además constituyen la parte dura del paradigma. Son la nueva casta sacerdotal, el oráculo, los custodios de los misterios que serían facts y no admiten discusión.

En medio de todo ello, se colocan "materias humanísticas". No, ya es tarde, todo mal planteado. El positivismo es ya un sistema cultural donde el imperio de la praxis ya ha anulado todo pensamiento teórico. Querer colocarlo de vuelta en medio de ese ambiente adverso ya no funciona. De vez en cuanto algunos profesores de humanidades logran hacer ver al alumno la riqueza infinita del origen que se había perdido. Les hacen tocar a Dios cuando ya tienen que salir al mundo del no tiempo en absoluto, de la no contemplación en absoluto. Es una tortura para ambos. Estás en el desierto, te muestro el agua, pero ya te tienes que ir a beber arena y vender arena. 

No, buen ingeniero, no pongas filosofía en medio de la Física y la Matemática que se enseña hoy. Simplemente, enseña verdaderamente Física y Matemática, esto es, enséñalas con su historia, con sus fundamentos, con sus debates, y entonces verás cómo estás enseñando filosofía. ¿Que no tendrás profesores? Puede ser. ¿Que no tendrás alumnos? Puede ser. ¿Que no tendrás mercado? Puede ser. Pero al menos ten conciencia de lo que estás haciendo just in case de que lo quieras seguir haciendo. No, científico social, no intentes enseñar ciencias sociales como si fueran Física (que tampoco es Física (1)) y luego le pones una filosofía por el medio. Enseña las ciencias sociales como lo que son, esto es, estudios de órdenes espontáneos, y sus fundamentos, Adam Smith y los escolásticos del s. XVI, y verás que no necesitas la filosofía por encima, porque ya está por adentro. No, comunicólogo de buena voluntad, la comunicación no es "estrategias comunicativas" (que es una contradicción); la comunicación es Gadamer, Wittgentein, Habermas, esto es, filosofía. Y así sucesivamente. No, religioso de buena voluntad, no hagas de vuelta carreras como las que ya hay "pero" con filosofía, teología y etc por el medio. Vuelve a un lugar que no te debería ser extraño, a la Edad Media, vuelve a la teoría, a las questiones disputadas, al trivium y al quadrivium y desde allí revoluciona todo. ¿Que no puedes? Puede ser. ¿Que no te dejan? Puede ser. Pero, ¿no es eso ser cristiano? ¿Cuándo ha sido cómodo serlo? (2)

¿Está todo mal planteado? ¿Hemos hecho todo mal?

Si.

Hemos separado las ciencias de la filosofía y a partir de allí, todo mal. 

No es cuestión de materias humanísticas en medio del desierto. Es una concepción global de la cultura y de la universidad que se ha perdido. 

¿Se puede volver al principio? Sí, se puede. ¿Es casi imposible? Si. ¿Es totalmente necesario? También. 



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(1) "Sir Karl Popper has taught me that natural scientists did not really do what mot of them not only told us that they did but also urged the representatives of other disciplines to imitate" (Hayek, 1966, Freface a sus famosos "Studies"). 

(2) Y a los médicos, ingenieron y abogados mejor no les digo nada.......................................................................................................................

domingo, 11 de diciembre de 2022

SOBRE UNA AMNISTÍA GENERAL A LOS QUE TOMARON LAS MEDIDAS TOTALITARIAS POR EL BICHO XIX.

 




Se ha comentado mucho últimamente, sobre todo en ámbitos norteamericanos, el tema de una "amnistía" por las medidas tomadas por la supuesta pandemia, propuesta hecha desde la izquierda norteamericana. 

Creo que el tema merece algunas aclaraciones.

A todos los amigos, colegas, parientes, conocidos, marcianos, etc., que se han pasado todos estos tres años insultando y diciendo de todo a todos aquellos que pensamos diferente a la OMS y etc., obviamente que debemos perdonar y olvidar. 

A todos aquellos que obedecieron órdenes, como Eichmann, guiados sólo por la banalidad del mal, la existencia inauténtica y la razón instrumental, esto es, a todos aquellos robotizados que no viven, sino que son vividos, obviamente toda nuestra misericordia. 

A todos aquellos que planificaron órdenes y las dieron, pero por el mismo motivo, también.

Pero a todos aquellos que tenían conciencia de los delitos que estaban perpetrando, a esas personas........

También.

¿Cómo que también?

Conviene distinguir.

También, desde un punto de vista cristiano. Esto es, ellos necesitan más que los demás de la misericordia de Dios. Y nadie debe juzgar la conciencia de nadie.

Pero desde un punto de vista jurídico, no. Son y han sido criminales que cometieron terribles delitos. No deben quedar impunes. El engaño y el mal que produjeron no debe quedar ni olvidado ni oculto, sobre todo porque el develamiento de semajante crimen es esencial para que no se vuelva a producir. 

Y hay muchas personas, entre las que me cuento, que vamos a seguir difundiendo todo documento que pruebe sus crímenes, que cada vez son más afortunadamente.

Y lo vamos a seguir haciendo siempre. Nunca vamos a dejar de hacerlo. 

Mientras tanto, si se arrepienten y se convierten al perdón de Dios, mejor. Pero eso no obsta a que muchos, cada uno en nuestro ámbito, no cejaremos hasta que estén todos presos. 

Así de simple. 

jueves, 8 de diciembre de 2022

PRESENTACIÓN DEL LIBRO SOBRE LUIS JORGE ZANOTTI EN LA ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACIÓN.



La Academia Nacional de Educación tiene el honor de invitar a usted a la presentación

del libro “Luis Jorge Zanotti: Sus ideas educativas fundamentales y su importancia para

nuestro tiempo” de Gabriel J. Zanotti.

La presentación estará a cargo de la Académica Dra. Ana Lucía Frega, la Académica

Dra. María Paola Scarinci de Delbosco y del autor. La sesión será presidida por la

académica Presidente Dra. María Paola Scarinci de Delbosco.

El acto se realizará el lunes 12 de diciembre, a las 18.30 horas en el salón de

conferencias de la sede de la Academia Nacional de Educación, Pacheco de Melo 2084,

Buenos Aires. 

domingo, 4 de diciembre de 2022

LOS TRES GIROS DE LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA

 Re-escrito a partir de la Introducción a "Conocimiento vs. información" (Unión Editorial, 2010).

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1.     Introducción.

Es habitual que en la Escuela Austriaca de Economía se hable de “conocimiento disperso”. Sin embargo, desde los ensayos fundacionales del tema[1], knowledge e information se han usado como sinónimos, indistintamente, y ello sigue sucediendo. Es nuestra intención en este artículo mostrar que se trata de cuestiones muy diferentes, y que dicha distinción afecta a las cuestiones básicas de epistemología de la Escuela Austriaca y que incluso se relaciona con la antropología filosófica y la psicología evolutiva de la cual se ha producido un revival gracias a The Sensory Order de Hayek[2].

 

2.     El paradigma de la información.

¿A qué llamamos “paradigma de la información”?

Es una noción de conocimiento muy difundida culturalmente. Sus orígenes son filosóficos pero lo interesante es que se absorbe en la vida cotidiana, y se manifiesta en nuestros usos del lenguaje cotidianos. De algún modo suponemos que hay “hechos”, que son “objetivos”, más allá de las interpretaciones del sujeto del conocimiento. Ante estos “hechos”, el sujeto es pasivo: ellos “caen” en el sujeto, que es “informado” por los hechos y a su vez “informa” sobre los hechos. O sea que presuponemos que hay muchas ocasiones donde el conocimiento es un sujeto pasivo que recibe “datos” ante los cuales no queda otra que “informarlos objetivamente” o callar o mentir.

Claro, muestro horizonte cultural nos dice, también, que hay ámbitos de la vida humana donde la interpretación del “sujeto cognoscente” es fundamental: la literatura, el arte, la filosofía, la religión… Pero todo ello supone a su vez que si uno quiere ser “objetivo” entonces debe “poner entre paréntesis” esas “opiniones personales” y, nuevamente, ir a los hechos. Los hechos están dados, sobre todo, por números, cifras (hasta que alguien pregunta “qué es un número”…), “los datos de las ciencias”, los sucesos históricos incuestionables, los acontecimientos cotidianos, políticos y económicos (aquí la comunicación social y el periodismo tienen a la “objetividad” como un deber moral de su profesión)…. Y hasta en humanidades se considera a veces que hay “hechos”: ellos estarían representados por los textos, que “objetivamente señalan lo que un autor dice” más allá de nuestras opiniones sobre el autor, doctrina o lo que fuere…

Sobre esta noción cultural tan afianzada se ha atrincherado una versión de verdad como correspondencia afirmada sencillamente como “correspondencia con los hechos”. Desempeña esto un papel muy importante en las acusaciones de mentira o sinceridad, en las sentencias de los tribunales, en las diversas ideologías políticas que se acusan las unas a las otras de “negar los hechos y no ver lo evidente” y hasta en los enojos de los diversos gobiernos con los comunicadores sociales que “no informan objetivamente de los hechos”[3].

Obsérvese que hasta ahora no hemos dicho de qué modo son afectadas las ciencias sociales por esta cuestión, pero el lector ya podrá deducir por sí mismo las implicaciones que esto ha tenido sobre epistemología de la economía, tema al cual volveremos más adelante.

Pero, ¿cuál es el origen histórico (me refiero a historia de la filosofía) de este paradigma de la información?

Faliblemente, mi hipótesis tiene dos momentos principales.

Uno está en Descartes. Pero no acusándolo de todos los males del mundo, como hacen algunos heideggerianos, tomistas o algunos liberales. Descartes quiere salir al rescate del escepticismo del s. XVI[4]. Para ello, como se sabe, reconstituye primero la certeza en el yo y, desde allí, la certeza en el “mundo externo”. Allí se da un fuerte impulso para concebir al conocimiento como la relación entre sujeto y objeto, donde este último, el objeto, se concentra en un mundo físico matemáticamente conocido. Ese último tiene “objetividad”. Pero Descartes era un filósofo más sutil que lo que da a entender la aparente claridad de sus escritos. La certeza del mundo externo tenía en su sistema, como garantía, la existencia de Dios. Cuando las críticas posteriores de Hume tiraron abajo ese presupuesto, cayó también la garantía de la certeza y surgió nuevamente el escepticismo. Kant intentó rescatar al conocimiento, nuevamente, de ese escepticismo, pero ya con un sistema filosófico donde se abandonaba la certeza de la “cosa en sí” (la esencia de ese mundo físico cartesianamente conocido) para pasar a la certeza de unas categorías a priori que reconstruyen la certeza racional sobre la física y la matemática, dejando a la metafísica (tan importante en Descartes) en el rol de la creencia, la fe. El sujeto pasa a tener un papel más activo, por las categorías a priori, pero no por ello “el objeto” deja de tener importancia: al contrario, se refuerza la idea de una física-matemática como el lugar del conocimiento racional.

Esto influye, aunque no directamente, en el segundo momento: el positivismo del s. XIX y el neopositivismo del s. XX. Menos sutilmente, se enfatiza en este caso el papel de las ciencias naturales como el conocimiento racional y objetivo, como el lugar de los “datos” sobre los cuales puede haber un “lenguaje informativo”, no afectado por las arbitrarias interpretaciones del sujeto (es más, se relega a la metafísica como un “sin-sentido”, un non-sense (ya lo había dicho Hume), un engaño del lenguaje. Es esto lo que influye decididamente en toda nuestra cultura, en las ciencias sociales, en el periodismo, en nuestro lenguaje cotidiano: el conocimiento ideal es el que se acerca a la objetividad de los hechos que las ciencias logran “informar”.

Logra conformarse así el siguiente paradigma:

a)     Conocimiento es igual a información. Esto es, sujeto que recibe pasivamente los hechos e informa sobre los hechos.

b)     La verdad es igual, por ende, a la correspondencia entre el mensaje informado y los hechos.

c)     El lenguaje es “especular”: es locutivo: la sintaxis, la semántica y las palabras son un espejo, un reflejo de los “hechos”. La palabra “silla” es un espejo de la silla física.

 

3.     Los tres grandes giros de la filosofía del s. XX.

Este paradigma sufre una crisis con tres “giros” típicos de la filosofía del s. XX: el giro hermenéutico, el giro lingüístico y el giro epistemológico. Los voy a exponer como habitualmente son interpretados.

El giro hermenéutico, que habría comenzado con Heidegger, podría estar representado fundamentalmente con Gadamer y sus “horizontes” desde los cuales pre-comprendemos el mundo. Ya no hay sujeto y objeto sino círculo hermenéutico, un sujeto que proyecta su horizonte desde ese mismo horizonte. Ya no habría objeto en el sentido habitual del término. El título del libro clásico de Gadamer, Verdad y método[5], contrapone el método de las ciencias positivas al conocimiento que se logra por la comprensión del acto de la interpretación. Gadamer es visto muchas veces como fuente de autores post-modernos, aunque él mismo se mantuvo distante de ello, como se puede ver por sus debates con Derrida[6].

El giro lingüístico, representado sin duda por el segundo Wittgenstein, destruye la concepción especular del lenguaje para sustituirlo con su noción de “juegos de lenguaje”[7], donde el lenguaje es acción: no “describimos cosas” con el lenguaje sino que “hacemos cosas” con el lenguaje[8]. El lenguaje ya no es copia de un hecho objetivo, sino constitutivo de una forma de vida.

Finalmente, el “giro epistemológico”, representado por Popper y toda la filosofía de la ciencia post-popperiana en adelante (Kuhn, Lakatos, Feyerabend). Este es el que más sorprende, sobre todo porque afecta al núcleo de la creencia cultural todavía vigente de que las ciencias son las que se “salvaron” de la interpretación y la subjetividad humana. Con todas sus diferencias, estos autores aceptan la crítica central que Popper hace al inductivismo ingenuo de sus amigos neopositivistas, inductivismo que consistía en suponer que podía  haber “observaciones” que sean “neutras” de nuestras teorías e hipótesis[9]. Popper plantea claramente que las hipótesis preceden a la observación y la guían; que la “base empírica” es interpretada por nuestras hipótesis, y que la metafísica, incluso, ocupa un lugar central en la historia de las ciencias[10]. Popper defendió luego enfáticamente su realismo ante lo que supuestamente sería el relativismo de Kuhn y Feyerabend[11], pero es obvio que después de él la ciencia ya no consiste en hechos que pasivamente se depositan en un sujeto llamado científico, sino en audaces hipótesis que ese sujeto plantea a priori de sus observaciones empíricas (que de “empíricas” ya tienen poco…).

 

4.     Un sabor a escepticismo.

Sin embargo, de estos tres giros quedó un sabor a escepticismo. Nosotros pensamos que son plenamente compatibles con el realismo, pero no es esa la opinión habitual. Y no es para menos. Si la interpretación es el eje central del conocimiento humano, si el lenguaje no describe al mundo sino que al parecer lo constituye; si la ciencia ya no es el lugar de los hechos sino de nuestras subjetivas hipótesis, ¿dónde quedan la verdad, la realidad, la certeza?

Es que el paradigma de la información parece haber “monopolizado” la propiedad de estas tres últimas. La verdad (más la certeza y la noción de realidad) parecen haberse depositado en el banco de los “hechos objetivos”. Quebrado ese banco, se quiebra consiguientemente la verdad, y no parece haber moneda que la sustituya excepto cierto post-modernismo escéptico…

 

5.     El mundo de la vida de Husserl al rescate.

La clave de la cuestión, en nuestra opinión, se encuentra en el olvido de una nueva visión de “mundo” que debemos a la fenomenología de Husserl. La visión habitual de Husserl es su insistencia sobre el “polo del sujeto” en cuya conciencia intelectual se da la “descripción objetiva de las esencias” poniendo entre paréntesis la existencia concreta del “mundo externo”. Que su libro Ideas I[12] sea uno de sus más leídos y el énfasis que él mismo puso sobre dicho libro ayudaron a que se difunda una versión de Husserl donde no solo él seguiría aferrado a la distinción sujeto-objeto, sino también a cierto idealismo.

Sin embargo, en ese mismo libro se encuentra un epílogo donde Husserl se defiende enérgicamente de la acusación de idealismo, distinguiendo entre idealismo psicológico e idealismo trascendental, y extrañándose (con razón a nuestro juicio) de cómo sus críticos pudieran confundir una cosa con la otra. Por otra parte, investigaciones actuales demuestran[13] que ya desde esa época (1913 en adelante) él estaba trabajando sus fundamentales nociones de “mundo circundante” y “mundo de la vida”, y la noción de intersubjetividad, que plasma posteriormente en Ideas II, Meditaciones Cartesianas y La crisis de las ciencias europeas[14].

Esto es fundamental, porque la clave está precisamente en sustituir la noción de mundo como cosa física por la noción de mundo como mundo de la vida, de la vida humana, inter-subjetivo, co-personal. “Mundo” es ante todo el conjunto de relaciones intersubjetivas en las cuales y desde las cuales conocemos. Para dar el famoso ejemplo de Schutz, “entendemos” si estamos en una conferencia, una ceremonia religiosa o un juzgado no por la disposición de sillas y escritorios, sino por las relaciones entre las personas que asignan roles, suponiendo una acción humana intencional[15]. Si no tuviéramos in mente esos esquemas cognitivos fruto de nuestras relaciones intersubjetivas no podríamos “comprender” nada, como nos ocurre cuando “vemos” restos físicos de una civilización antigua y “no entendemos lo que vemos”. Lejos de llevar a cualquier relativismo, esto re-constituye la noción de conocimiento, realidad, verdad y certeza. El conocimiento no es entonces la relación de un sujeto pasivo a un dato objetivo, sino “vivir en”, “estar en” un mundo de vida y por ende “entender”: por eso el comprador o vendedor pueden entender lo que es un precio, porque en su mundo de vida hay relaciones inter-subjetivas donde “se vive” el intercambio comercial, ya sea en Chichicastenango o Nueva Cork. La relación es “persona-mundo” y no “sujeto-objeto”. La realidad es ese mundo de la vida: es “real” que estoy comprando tal cosa, o escribiendo este artículo, o que el rector de la universidad me pide algo, etc. A partir de allí es que puedo “ver” las realidades físicas como reales, cuando están insertas en un mundo de vida que les da “sentido”, en sus usos inter-subjetivos cotidianos: es real que el agua “sirve para beber y bañarnos”; y qué sea el agua sin ese mundo de vida es algo humanamente incognoscible. La verdad, a su vez, ya no es la “adecuación con” un mundo externo, sino que, dado que “estoy en” un mundo de la vida (del cual no soy “externo”) puedo expresarlo sin mentir: la verdad es la expresión de un mundo de vida habitado. Y de esa expresión (ejemplo: “estoy en una reunión”) puedo tener “certeza” precisamente porque habito ese mundo.

 

6.     Los tres giros desde el mundo de la vida.

Desde la fenomenología del mundo de la vida de Husserl, los tres “giros” aludidos no tienen sentido relativista[16].

La hermenéutica, el acto de interpretación, ya no es –como habitualmente se la entiende– “algo sobre algo”: la opinión adicional de un sujeto sobre un objeto (que puede ser un texto, una cosa física, una situación social). Interpretar ya no es la opinión sobre “el hecho” de que Adam Smith sea el autor de La Riqueza de las Naciones: interpretar es conocer, vivir en. La interpretación es, directamente, conocimiento como habitar, estar en, vivir en, ser en. Por ende entender que Adam Smith sea el autor de La Riqueza de las Naciones es ya interpretar, porque para entenderlo debemos “vivir en” un mundo de vida tal que nos haga ello comprensible. Los horizontes de Gadamer son los mismos mundos de la vida de Husserl, con un énfasis en su historicidad intrínseca.

Y por ende es obvio que el lenguaje no es copia de un mundo físico externo, sino un aspecto concomitante de un mundo de vida co-personal y por ende intrínsecamente hablado. Con nuestra acción humana vamos conformando los mundos de la vida, y parte de ello es el lenguaje como acción (aspecto ya visto por Mises[17]). No tiene nada de “idealista” que decir o no decir “buenos días” implique una diferencia en el mundo de vida que habito; y lo que suponemos “información” (acto “locutivo” del lenguaje), como por ejemplo “el baño está al fondo a la derecha”, implica la decisión, la acción humana de suponer que ese aspecto de la realidad es relevante y que el otro tiene la expectativa de compartir esa misma relevancia. Los juegos del lenguaje de Wittgenstein son la expresión lingüística de los mundos de la vida de Husserl[18].

Finalmente, las hipótesis, los “paradigmas” científicos forman parte de los horizontes de los diversos mundos de la vida que habitamos. “Suponemos” que un cuerpo se cae por la gravedad con la misma naturalidad que el habitante del mundo de vida medieval suponía, con todo sentido, que un cuerpo cae porque tiende a su lugar natural, que es el centro de la Tierra. Newton en un caso, Ptolomeo en el otro: teorías, discursos, relatos que forman parte de los supuestos de nuestro mundo de la vida. Y que supongamos que Newton “es verdad” porque sirva para entender y calcular trayectorias (desde piedras hasta naves espaciales) es tan natural como al marino medieval le era natural suponer la verdad de Ptolomeo porque le servía para guiarse por sus viajes en el océano. Que tengamos razones filosóficas para suponer a Newton más cerca de la verdad que Ptolomeo no le quita a uno u otro su carácter esencialmente humano en cuanto a hipótesis interpretativas del mundo físico. Que los mundos de la vida sean anteriores a las teorías científicas, siendo aquello que las dota de sentido, fue la principal tesis de Husserl en su libro sobre la crisis de las ciencias europeas, donde además criticó al neopositivismo de su tiempo con mayor precisión filosófica y menor tono dialéctico y apocalíptico que el más conocido caso de la escuela de Fráncfort.

Por ende, los tres grandes giros de la filosofía contemporánea (hermenéutico, epistemológico y lingüístico) no son en sí mismos post-modernos. Todos son perfectamente capaces de ser fundamentados en la fenomenología de Husserl fundamentada a su vez en la metafísica y antropología de Santo Tomás de Aquino.



[1] Ver Hayek, F. A. von: “Economics and knowledge”, en Individualism and Economic Order, Chicago University Press, Midway Reprint, 1980.

[2] University of Chicago Press, [1952]; 1976.

[3] Lamentablemente en todo esto desempeña un papel importantísimo en toda la doctrina y jurisprudencia del llamado “derecho a la información” y el “derecho a réplica” contrapuestos las más de las veces a la “mera libertad formal” de la “libertad de expresión”.

[4] Ver García Morente, M.: Prólogo a Descartes, R.: Discurso del método y Meditaciones metafísicas, Espasa-Calpe, Madrid, 1979.

[5] Ed. Sígueme, Salamanca, 1991.

[6] Ver Gadamer, H.G.: “Reconstrucción y hermenéutica” [1988], en El giro hermenéutico, Cátedra, Madrid, 1998.

[7] Ver su clásico Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988.

[8] Ver especialmente op.cit., n.os 1 a 11.

[9] Michael Friedman desafía esta interpretación en su libro Reconsidering Logical Positivism (Cambridge University Press, 1999). Su tesis principal es que el núcleo central del neopositivismo era neokantiano más que sencillamente empirista, pero ello no salva el problema del rol que los horizontes metafísicos desempeñan en la interpretación de los llamados “datos”.

[10]  Ver especialmente “La demarcación entre ciencia y metafísica” [1955], en Conjeturas y refutaciones, Paidós, Barcelona, 1983.

[11] Nosotros no creemos que dichos autores sean “relativistas”, como habitualmente se los presenta. Hemos intentado demostrarlo en Hacia una hermenéutica realista, Austral, Buenos Aires, 2005.

[12] FCE, 1986.

[13] Ver San Martín, J.: Presentación a Husserl, E.: Problemas fundamentales de la fenomenología; Alianza, Madrid, 1994.

[14] Respectivamente:  Ideas… Second book [1928 aprox.], Kluwer Academic Publishers, 1989; Meditaciones cartesianas, Tecnos, Madrid, 1986 [1931]; The Crisis of European Sciences [1934-1937 aprox.]; Northwestern University Press, 1970.

 

[15] Ver Schutz, A.: On Phenomeology and Social Relations, University of Chicago Press, 1970, p. 197.

[16] Esto es independiente del debate sobre si Gadamer, Wittgenstein, Popper, Kuhn o Feyerabend son “relativistas”. Yo creo que no lo son, y que reaccionan sobre todo ante una noción positivista de verdad, desarrollando para ello nuevas categorías y lenguajes que no encajan con los paradigmas realistas tradicionales como el aristotelismo y el neotomismo (de allí los interminables malentendidos). Pero lo que ahora queremos decir es que, aunque lo sean, sus “giros” pueden ser re-interpretados desde la fenomenología del mundo de la vida de modo perfectamente realista.

[17] Ver Teoría e Historia, [1957]; Unión Editorial, Madrid, 1974, cap. 10, punto 6.

[18] Ver Leocata, F.: Persona, Lenguaje, Realidad, UCA, Buenos Aires, 2003.