lunes, 8 de julio de 2024

LO QUE PASÓ EN FRANCIA

 Lo que pasó en Francia no tiene nada que ver con la política liberal clásica de libre entrada y salida de capitales y de personas defendida por Mises. Tiene que ver con un culturalismo post moderno (https://gzanotti.blogspot.com/2024/04/liberalismo-clasico-versus.html) que concibe la inmigración como la entrada de colectivos que demandan un supuesto derecho a ejercer normas culturales propias que violen las libertades individuales y el Estado de Derecho. A la izquierda francesa y a Macrón, por supuesto, eso no les importa en absoluto, con lo cual dan letra a los sectores nacionalistas. Y ello sucede en toda Europa y también en los EEUU.

Lo que le está sucediendo a Occidente es una implosión desde dentro, fruto de las políticas intervencionistas, socialistas y neo-marxistas woke. El camino de servidumbre de Hayek se está cumpliendo totalmente. Difícil preveer cómo sobrevivir. 

domingo, 7 de julio de 2024

¿QUÉ ES "NORMALIZAR" PARA LOS CATÓLICOS?

 Para no contradecir mi eterna costumbre de meterme en la boca del lobo, quisiera referirme a un problema actual que implica nuevamente una sutil superación entre dos posiciones contrapuestas que se dan en el caos de los católicos hoy en día ante el avance del autoritarismo LGBT.

Y dije autoritarismo porque, como siempre he recalcado, no se trata de negar la libertad de expresión y de asociación a nadie sino sólo de afirmar las libertades individuales de todos los seres humanos y también, por ende, de los católicos, que somos seres humanos aunque últimamente ello esté en duda. 

No se trata por ende de negar a nadie a sostener y practicar la teoría del género que quiera, sino de defender nuestro derecho a estar en desacuerdo, a decirlo y a vivir en desacuerdo. 

Por ende, todos, hetero, homo, trans, etc., deberían respetarse mutuamente sus libertades individuales y de ese modo convivir en paz, al menos en paz jurídica, sin acusarse mutuamente de nada y sin reclamar delitos por parte de unos u otros. 

Pero, por supuesto, esto no sucede, sino que los grupos LGBT nos persiguen permanentemente por supuestos delitos de odio y discriminación.

Ante ello, la reacción de muchos católicos es ni siquiera convivir. Esto es, no "normalizar" las conductas contrarias a la ética social católica.

¿Pero qué quiere decir "normalizar"?

Si por ello se entiende ceder ante la coacción, obviamente no. Si normalizar quiere decir que neguemos al Catecismo para quedar bien o para evitar ser penados por la ley humana injusta, entonces obvio que no hay que "normalizar". Dicho lo cual, no juzgamos a nadie que ceda ante la presión. 

Pero si un homo, un trans o un marciano no nos ataca y respeta nuestra Fe, ¿por qué no convivir en paz con él? En la empresa, en la universidad, podemos tener colegas y compañeros de trabajo muy pacíficos y respetuosos y nada impide por ende tener la misma actitud. 

Pero el tema delicado subsiste: ¿debemos "predicarle" la Fe en toda instancia?

Obviamente no, y ello no está mal. 

La fe no se impone con violencia. Y una forma de violencia, aunque no jurídicamente punible, es meterse en la vida privada del otro sin permiso del otro. 

Los temas íntimos no son precisamente públicos; no son temas para hablar en todos los ambientes de manera pública y abierta. Son temas para el psicólogo, el sacerdote (o su equivalente) o el médico, o la privacidad de un cafecito entre amigos muy íntimos. 

Ahora bien si el otro nos agrede o nos ataca, o viola nuestro derecho a la intimidad, hay derecho a la defensa linguística. 

Y si en algún momento vemos que una pequeña palabra nuestra puede ser bien recibida y ayudar, bienvenida sea, pero eso queda bajo la prudencia y delicadeza de cada uno, reservada además al juicio de Dios. 

De lo contrario, ¿deberíamos cortar todo diálogo con los no creyentes o los creyentes confundidos? No, no es ese el espíritu de la libertad religiosa ni el espíritu del diálogo elogiado por Pablo VI en la Ecclesiam suam: "...el coloquio es, por lo tanto, un modo de ejercitar la misión apostólica; es un arte de comunicación espiritual. Sus caracteres son los siguientes: 1) La claridad ante todo: el diálogo supone y exige la inteligibilidad, es un intercambio de pensamiento, es una invitación al ejercicio de las facultades superiores del hombre; bastaría este solo título para clasificarlo entre los mejores fenómenos de la actividad y cultura humana, y basta esta su exigencia inicial para estimular nuestra diligencia apostólica a que se revisen todas las formas de nuestro lenguaje, para ver si es comprensible, si es popular, si es selecto. 2) Otro carácter es, además, la afabilidad, la que Cristo nos exhortó a aprender de sí mismo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29); el diálogo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad es intrínseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone; no es una mandato ni una imposición. Es pacífico, evita los modos violentos, es paciente, es generoso. 3) La confianza, tanto en el valor de la propia palabra como en la disposición para acogerla por parte del interlocutor; promueve la familiaridad y la amistad; entrelaza los espíritus en una mutua adhesión a un Bien, que excluye todo fin egoístico. 4) Finalmente, la prudencia pedagógica, que tiene muy en cuenta las condiciones psicológicas y morales del que oye (cf. Mt 7, 6): si es un niño, si es una persona ruda, si no está preparada, si es desconfiada, hostil, y se esfuerza por conocer su sensibilidad y por adaptarse razonablemente y modificar las formas de la propia presentación para no serle molesto e incomprensible". 

Por lo demás, esto tiene que ver con el testimonio, con el apostolado, que comienza con nuestro ejemplo de vida y con nuestra firmeza y mansedumbre espiritual. Si tenemos la gracia de ser creyentes auténticos y mansos (decimos la gracia porque NO es mérito propio) los demás ya saben cómo pensamos, y si no nos preguntan algo es porque no lo quieren oír y Dios sabrá por qué. Y el ideologizado profundo ni siquiera se acerca. La amistad, si es auténtica, implica que ambos amigos han bajado el muro de ideologías fanáticas aunque mantengan sus convicciones. 

A veces se descubre que una amistad no era auténtica. Puede pasar y hay que tener la madurez para aceptarlo. 

Finalmente, una pequeña historia. Hace ya muchas décadas, sobre todo antes de los 60 o los 70, los católicos practicantes no invitaban a su casa a los divorciados vueltos a casar. Yo no lo sabía, porque en mi familia, en general, no había creyentes y el divorcio era algo que se sufría (y con lo cual se convivía) en la intimidad del almuerzo y la cena en la casa de mi abuelo paterno. 

Con esa ignorancia una vez, cuando tenía 25 años, me invitaron a dar una charla sobre la Familiaris consortio. Yo no debería haber aceptado, no tenía la madurez suficiente para hablar de esos temas aunque me supiera de memoria el documento en cuestión. Y allí fui para adelante, con el desparpajo y con esa combinación de inocencia y soberbia tan típica del jovencito inmaduro pero estudiado y recién recibido. 

Y me preguntaron por el tema de compartir la mesa familiar con el divorciado vuelto a casar.

No sé si se notó, pero yo para mis adentros me puse a pensar de qué estaban hablando. 

No sé si fue mi memoria, la Gracia de Dios o qué, pero me acordé de que Juan Pablo II, en ese documento de 1984 (y esta charla fue en 1985) exhortaba a invitar a Misa a los divorciados vueltos a casar, y que la Misa era la Cena del Señor. Entonces, les dije, si se los invita a Misa, por qué no a nuestra casa. 

¿Era ello "normalizar"?

Que cada uno llegue a sus propias conclusiones. 


viernes, 5 de julio de 2024

EL PADRE SANTIAGO MARTÍN Y EL TEMA VIGANÓ

 https://www.religionenlibertad.com/video/156741/alemania-misa-argumentos-vigano.html?utm_source=onesignal&utm_medium=push&utm_campaign=2024-07-05-Alemania-misa-t 

domingo, 30 de junio de 2024

LOS ERRORES FILOSÓFICOS SE PAGAN, Y MUY CARO. EN RELACIÓN A LA DECISIÓN DE LA SUPREMA CORTE DE LOS EEUU



Entre el debate Trump-Biden, los diversos conflictos armados, y en la Argentina la ley Bases, pasó inadvertido (aquí y en el mundo) un episodio con graves consecuencias. Se trata de una decisión de la Suprema Corte de los EEUU, este Miércoles pasado, según la cual no veía evidencia suficiente para el caso que presentaban los demandantes. “…In this case, the plaintiffs – two states with Republican attorneys general and several individuals whose social media posts were removed or downgraded – challenged the Biden administration’s efforts in 2021 to restrict misinformation about the COVID-19 vaccine. They argued that the administration’s actions had violated social media users’ rights to free speech.(https://www.scotusblog.com/2024/06/justices-side-with-biden-over-governments-influence-on-social-media-content-moderation/ ) (“…"En este caso, los demandantes – dos estados con fiscales generales republicanos y varias personas cuyas publicaciones en redes sociales fueron eliminadas o degradadas – desafiaron los esfuerzos de la administración de Biden en 2021 para restringir la desinformación sobre la vacuna contra el COVID-19. Argumentaron que las acciones de la administración habían violado los derechos de libertad de expresión de los usuarios de redes sociales.")

Nada más ni nada menos. Se de una demanda por la censura que el gobierno de los EEUU estableció junto con las big tech(s) para eliminar contenidos en la web que se consideraran contrarios a la “información verdadera” y etc. Era una oportunidad para reestablecer la Primera Enmienda, violada por dichas disposiciones.

Pero la Corte falló en contra, 6 contra 3. Y la redactora principal de la sentencia fue la Juez Amy Coney Barrett, de la cual no se puede sospechar ninguna inclinación al ala izquierda del Partido Demócrata.

No vamos a hacer un análisis jurídico del caso. El lector puede ir a las fuentes en el artículo citado. Sólo queremos destacar un tema filosófico muy importante.

Entre los fundamentos de la sentencia, Amy Coney Barrett dijo: “….But even if Hines had shown that her injuries could be attributed to the government’s conduct, Barrett continued, even she could not show that she is likely to be harmed again in the future by that conduct. “By August 2022, when Hines joined the case,” Barrett wrote, “the officials’ communications about COVID-19 misinformation had slowed to a trickle.” And it is therefore “no more than conjecture” to project that Hines will be harmed by content moderation attributable to the federal government again, Barrett concluded. This is particularly true, Barrett added, when “the available evidence indicates that the platforms have enforced their policies against COVID-19 misinformation even as the Federal Government has wound down its own pandemic response measures.”  (“…"Para agosto de 2022, cuando Hines se unió al caso," escribió Barrett, "las comunicaciones de los funcionarios sobre la desinformación del COVID-19 se habían mucho." Y, por lo tanto, "no es más que una conjetura" proyectar que Hines será perjudicado nuevamente por la moderación de contenido atribuible al gobierno federal, concluyó Barrett. Esto es particularmente cierto, añadió Barrett, cuando "la evidencia disponible indica que las plataformas han aplicado sus políticas contra la desinformación del COVID-19 incluso cuando el Gobierno Federal ha reducido sus propias medidas de respuesta a la pandemia." (Jill Hines es una de las principales demandantes).

Observen que he puesto en negrita el término des-información.

El caso no es tanto que Amy Barret no vea amenzada la libertad de expresión de Hines. El caso es que ella tiene en su mente el concepto de información-des-información. O sea, algo que es un hecho incontrastable, cuya negación (missinfomation) puede llevar a problemas de seguridad pública. Y, en la intimidad de la conciencia de Barrtet, conjeturamos que ella no se atrevió a quitar del gobierno federal la facultad de intervenir en casos donde una “misinformation” pudiera poner en peligro la vida de los ciudadanos.

Barret comete allí un error filosófico, un error en el que están casi todos. Suponer que la verdad pasa por los “hechos” SIN la mediación de un horizonte de pre-comprensión, una concepción del mundo, ya creencia, ya idea (Ortega). Lo cual NO es negar la verdad, sino re-direccionar la defensa de la verdad a ese horizonte, no a supuestos hechos sin horizonte.

Pensar lo contrario lleva a suponer que los gobiernos pueden proteger un supuesto “derecho a la información”. No, porque cuando los gobiernos hacen eso, aunque sea con buena voluntad, tienen un horizonte del cual parten. Y en una sociedad libre, lo que se discute es la verdad o no de los horizontes. Lo habíamos destacado ya en https://gzanotti.blogspot.com/2023/07/jaque-mate-la-libertad-de-expresion.html, y en https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/la-informacion-como-arma-totalitaria.html . Y en mi libro https://www.amazon.com/hermen%C3%A9utica-como-humano-conocimiento-Spanish/dp/1733548300, lo explicaba así:

 “…Otra cuestión que se encuentra enredada, al parecer para siempre, por usos y terminologías totalmente positivistas. Para decir la verdad, hay que relatar “los hechos” y “ser objetivo”. Pero, como ya hemos visto, al emitir un mensaje, el emisor usa un juego de lenguaje, que a su vez depende de su horizonte, que le permite seleccionar la relevancia de lo que está diciendo y diseñar el mensaje. “Tensión entre Francisco y el Cardenal Burke”. ¿Quién niega que ello es verdadero? Pero también podría haber dicho “hoy me desayuné con café”. Verdadero también. ¿Cómo sé cuál verdad interesa más? Por el contexto y por el horizonte. Tal vez mi nutricionista esté más interesado en lo segundo que en lo primero. Y eso es hermenéutica. ¿Y cómo hago para saber quién es Francisco, quién es Burke, en qué consiste una “tensión”? Por el horizonte que habito. Y eso es hermenéutica. ¿Y cómo lo digo? ¿”Tensión entre Francisco y Burke”?, o “Francisco le quiere tirar su mate por la cabeza a Burke”?  Del primer modo, claro. ¿Y cómo lo sé? Por hermenéutica, desde luego. O sea, como hemos dicho, no se puede emitir ningún mensaje sin horizonte. Es más, es la hermenéutica lo que me permite tener más verdad, porque cuanto más habite un mundo de la vida, más verdadero será lo que diga... Si no miento.

Si no miento, claro. ¿Y desde cuándo la hermenéutica no permite distinguir la mentira de la verdad? Una fake news es una mentira y listo. Pero no es que para evitar las fake news tengamos que recurrir a “los hechos sin horizontes”·, sino sencillamente a la comprensión profunda de la realidad social.  Y a veces las diferencias de enfoque son precisamente por el horizonte que habitamos y entonces es inútil pretender decir que el otro no afirma los hechos, que no es objetivo, que miente, que es fake news. En 1982, ¿qué fue verdadero? ¿Qué las islas Malvinas fueron “recuperadas” o que las Falkland Islands fueron “invadidas”?

Lo más terrible de esto son sus implicaciones políticas. Los gobiernos autoritarios habitualmente dicen que los medios privados mienten, que manipulan, que “interpretan” mientras que ellos, los gobiernos, son los que van a controlar o estatizar a los medios, porque ellos, los gobiernos, son los “objetivos”, con lo cual van a garantizar un “derecho a la información” que como vemos no puede existir, porque no hay información, sino conocimiento (distinguido ello del derecho al acceso a la información pública). Y los medios privados, a su vez, se defienden diciendo que no, que son ellos los que son “objetivos”, y que es el gobierno el que miente o manipula (o sea “interpreta”). La simple cuestión es que en una sociedad libre, con libertad de expresión de nuestros horizontes e interpretaciones, gobierno y medios privados tienen sus propias interpretaciones de la realidad social, y en una sociedad libre todas las interpretaciones (algunas de las cuales pueden ser verdaderas, otras falsas) se debaten libremente, sin que nadie pueda acusar al otro de “mentir”, salvo que sea verdaderamente una mentira, con lo cual basta una des-mentida, proporcionando la documentación correspondiente, y listo. Y si hay interpretaciones diversas de la documentación en cuestión, se discute y la audiencia decide. Y listo… Pero no. Gobiernos, medios privados, candidatos presidenciales, todos se tiran, los unos a los otros, “datos”, “cifras” que fuera de su interpretación no dicen nada. No hay ideas, no hay razonamientos, no hay nadie que sea capaz de defender filosóficamente un horizonte: hay generaciones perdidas en el adiestramiento de buscar “datos”.

No es posible lo imposible, esto es, un comunicador “objetivo”: lo que sí es posible y deseable es un comunicador “honesto”, que sea capaz de defender la verdad de su horizonte, de su agenda y de la interpretación de sus números. Y en eso, lamentablemente, están muy poco formados. “.

 

Como vemos, en una cultura positivista, que ha olvidado la hermenéutica y su relación con la verdad, se pierde la libertad de expresión. Casi nadie se ha dado cuenta, pero que la Suprema Corte de los EEUU, y de la mano de uno de sus mejores miembros, haya corroborado la censura del gobierno federal, es un golpe casi mortal a la Primera Enmienda y al free speech de los Padres Fundadores. Pero este golpe casi mortal no fue de la mano de la izquierda woke, sino de un error filosófico tan grave como habitual, y esgrimido con las mejores intenciones. 

Philosophy matters. 

domingo, 23 de junio de 2024

ANTE LA CRISIS EN LA IGLESIA, VUELVE A BENEDICTO XVI, NO A VIGANÓ




Ha sido muy comentado en estos días el proceso por cismàtico a Mons. Viganó. El comentario del P. Santiago Martín, la palabra justa, lo dice todo (https://www.youtube.com/watch?v=3RtutGjcT2k). Viganó está equivocado en negar la interpretación del Vaticano II en continuidad con la tradición (aunque con reformas en lo contingente) como lo hizo Benedicto XVI (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2005/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20051222_roman-curia.html). Pero, al mismo tiempo, es una reacción ante un pontificado que no hace más que ratificar todo el día la interpretación del Vaticano II en ruptura con la tradición, como si la verdadera Iglesia hubiera nacido en 1965.

Lo único que nosotros querríamos agregar es que todo esto ratifica la importancia de le interpretación privilegiada de Benedicto XVI, privilegiada porque él fue un importante protgonista de dicho acontecimiento eclesial. Lo hemos comentado en (https://gzanotti.blogspot.com/2024/01/las-aclaraciones-de-ratzinger-sobre-el.html).

Los convervadores como Viganó, que siguen los pasos de Lefevbre, no citan, no nombran, parecen ignorar (pero evidentemente no lo pueden ignorar) este importante discurso de Benedicto XVI, que ratifica ademàs la diferencia entre Modernidad e Iluminismo enseñada tanto por Francisco Leocata (https://gzanotti.blogspot.com/2023/08/una-re-organizacion-de-la-historia-de.html) como por Agusto Del Noce. La modernidad, como el reconocimiento de los derechos de la persona creada a imagen y semejanza de Dios, como una ciencia con autonomía relativa de la Revelación y como una sana laicidad y desclericalización de la autoridad polìtica, fue toda ella una consecuencia del Judeo-Cristianismo Católico, aunque luego, en el decurso de la Historia, todo se mezclara. Era inùtil, ante ello, meter la cabeza en la tierra como el avestruz. Ante la filosofía del diálogo del s. XX (Bueber, Levinás, Gadamer) era inútil seguir cerrados a los protestantes y no tratarlos, en cambio, como nuetros hermanos separados. Ante los horrores del antisemitismo que llegaron a su punto culminante con el Holocausto, era erróneo seguir acusando a todos los judíos del mundo de deicidio y no tratarlos como hermanos mayores en la Fe. Ante la situación de EEUU a partir de 1789 y de los Estados Europeos a partir del 46, era inútil seguir aferrados a la Quanta cura, que ni siguiera siguió León XIII. Había que actualizar el tema, habia que hablar de la sana laicidad del Estado y del derecho a la Libertad Religiosa en una situación donde la pluralidad religiosa en un mismo Estado ya habia sido reconocida de hecho por Pio XII antes del Vaticano II. No era tan difìcil dar el paso a una situación de derecho basada en la libertad del acto de Fe. 

¿Qué tiene que ver todo ello con el post-modernismo, el escepticismo y la falta de Fe que han invadido a muchos despuès del Vaticano II? ¿Qué tiene que ver todo eso con la Teología de la liberación y del pueblo, con la negación de la moralidad tradicional en materia sexual, con el indiferentismo teológico, con la empecinda negación de la Misa de San Pío V, con el culto a la Pacha Mama en el Vaticano, con el indigenismo, ecologismo, estatismo, elevados a nivel de dogma en las declaraciones de Francisco? Nada, sencillamente nada. Pero todo eso ha llevado a muchas personas de buena voluntad, horrorizadas por todo ello, a unirse con reacciones como las de Viganó, que no de casualidad estaba calladito durante el pontificado de Benedicto XVI.

Conclusión, una vez más: lean a Benedicto XVI. Lean a Francisco Leocata. No se dejen engañar por lecturas ideologizadas de izquierda del Vaticano II, las mismas que hacen aparecer al mismo Cristo como un zelote revoucionario.

No hace falta maldecer al Vaticano II. Hay que volver a la Iglesia del Vaticano II, la misma de siempre, en continuidad con la tradición. Los próximos pontífices no tienen más que leer todo el Magisterio de Benedictxo XVI, aprenderlo, estudiarlo y aplicarlo. ¿Es mucho pedir o NO tendrán la formación para ello?