La reunión de la Santa Sede (decimos así porque Mons. Fernández está actuando en nombre de León XIV) con la FSSPX (Davide Pagliarani) ha despertado diversas interpretaciones. Algunos la ven como un ultimatum de la Santa Sede a la FSSPX (NO consagren obispos o…..); yo la veo más bien como una continuidad con Benedicto XVI, que permanentemente los invitaba al diálogo sobre el Vaticano II, con una autoridad intelectual que, por supuesto, sólo él tenía.
En este caso se ha hecho explícito
algo que hace tiempo se conversa por lo bajo. La “aceptación” del Vaticano II,
¿era una cuestión de 1 o 0? ¿Era todo o nada? Lo cual refería y refiere a otro
problema central de la Iglesia, no del todo aclarado: ¿qué grado de aceptación
requieren los documentos del Magisterio que no son ex cátedra? Ya sé que hay
mucho escrito sobre eso, pero es un tema no sólo debatido in abstracto, en una
vida académica sin implicaciones pastorales, sino que es una cuestión que afecta
a la vida de cada creyente en grados diversos. En el caso de la FSSPX, muchas
veces me pregunté si no se podría llegar a un acuerdo que implicara una “aceptación
condicionada”. O sea, volvemos a la unidad, acordamos no condenar en público e
in totum al Vaticano II, y menos aún a los católicos que lo acepten, pero
acordamos con la Santa Sede iniciar una serie de conversaciones donde con
altura se discutan los puntos que nos parezcan dudosos.
Y me parece que se está llegando a
esa instancia, porque explícitamente en dicha reunión se propone dialogar “…. «La
diferencia entre un acto de fe y la 'sumisión religiosa de mente y voluntad'»,
y «los diferentes grados de adhesión que exigen los diversos textos del
Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación»”.
Creo
que están descubriendo América. Bueno, más vale tarde que nunca. ¿Tenía que
pasar la FSSPX por la Historia de la Iglesia para que llegaran a tan obvia
conclusión? Hace milenios que algunos católicos formados, en silencio, (bueno, yo no tanto en silencio....) vivimos
diariamente esa distinción. Por supuesto, con todas las aclaraciones
pertinentes. No es lo mismo un acto magisterial sobre un tema de un precepto
primario de ley natural que la adhesión de Pablo VI a la teoría del desarrollo
de la Cepal. Y podríamos seguir.
Sobre
el Vaticano II, el mismo Benedicto XVI aclaró que sus formulaciones no son
perfectas, y él mismo, como teólogo privado, hizo infinidad de aclaraciones y
distinciones cuando ya muchos años habían pasado desde 1965. Y como pontífice, en su famoso discurso del 22 de Diciembre del 2005 propuso su hermenéutica de la
continuidad y la reforma sobre el Vaticano II. Por supuesto, para ser
coherentes, tampoco es ese un acto magisterial que deba tomarse en todo o en
nada, y además un discurso no es lo mismo que una encíclica, y etc. Por ese
motivo, más que proponer ese discurso de una forma autoritaria, me pregunto hasta
qué punto no se podría proponer ese discurso como un punto de partida de un
debate con altura sobre el Vaticano II, como marco de la aceptación
condicionada anteriormente referida.
Más
allá de todo esto, lo que está sucediendo es una dura lección que algunos
católicos, de izquierda, de derecha, cardenales del Vaticano o laicos, están
aprendiendo: no todo acto del magisterio ordinario se acepta en todo o en nada, y hay
grados, matices, y debates con altura a los cuales la Iglesia, por izquierda o
por derecha, no está acostumbrada, ni tiene los canales correspondientes.
Por
lo demás, algo curioso: para los del camino sinodal alemán, por ejemplo, el
grado de aceptación de la autoridad pontificia es “nada”. Para los de la FSSPX,
hasta ANTES del Vaticano II, era “todo”. Ahora los matices que se les proponen,
y que ellos además quieren, deberían aplicarlos a la Quanta cura si
fueran coherentes.
Es lamentable que cosas como estas se tengan que aprender por la presión de las circunstancias y no por la comprensión de los principios en juego.
