miércoles, 25 de febrero de 2026

CIERTAS POLÍTICAS DE CENTRO-DERECHA NO DEBEN SER CONFUNDIDAS CON EL IDEAL LIBERTARIO

 Como hemos dicho tantas veces, el panorama político después del 91 se ha complicado tanto, en cuanto a las ideas de fondo, que nunca estarán de más ciertas aclaraciones conceptuales, que al menos puedan ser motivo de reflexión para las generaciones más jóvenes. (https://gzanotti.blogspot.com/2024/07/la-extrema-derecha-algunas-distinciones.html) 

Como ya dijimos otra vez, (https://institutoacton.org/2021/02/11/globalizacion-y-globalizacion/) después de 1991 el fenómeno de la globalización se complicó. Lejos estuvo de ser la expansión universal del libre comercio. Lo que sucedió fue la expansión de un gobierno mundial de tendencias estatistas, con organismos internacionales que se convirtieron en verdaderos soviets (especialmente la OMS, la UNESCO, los organismos dedicados al cambio climático, etc), cosa que los libertarios veníamos advirtiendo hace mucho pero que llegó al paroxismo del “Camino de servidumbre” (Hayek tuvo toda la razón) durante la crisis del bicho19 (o lo que haya sido) en el 2020.

Volvemos a reiterar: ante ello se produjeron fundamentalmente dos tipos de reacciones. Una, libertaria, muy minoritaria, donde ese imperio intergaláctico de las Naciones Unidas se rechazaba por su estatismo y su violación de las libertades individuales. Otra, más extendida, de tipo nacionalista, donde diversos nacionalismos regionales, algunos religiosos y otros no tanto, reclamaban la soberanía nacional contra la UN. Obviamente esta última reacción no era libertaria ni liberal, pero defendía algunas cosas como propiedad privada o libertad religiosa en la medida en que eran los medios para oponerse al nuevo soviet.

Por eso, en la praxis, se produjeron alianzas, espontáneas, no pensadas (NO el orden espontáneo hayekiano precisamente) entre ambas tendencias, pero la tendencia nacionalista prevaleció en muchos casos y la posición de muchos libertarios y liberales clásicos quedó muy muy difícil en cuanto a sus apoyos condicionales a tal o cual movimiento político en un mundo gris, donde muchas veces hay que elegir entre mal menor y mal mayor.

En estos momentos, el panorama es más confuso que nunca, porque ante la opinión pública mundial se está asociando directamente el movimiento libertario con un paradigma de centro derecha que se va convirtiendo paulatinamente en dominante. Ese paradigma tiene sobre todo las siguientes características: a) defender la ciudadanía nacional contra el inmigrante extranjero, y ni qué hablar contra el inmigrante ilegal; b) un relativo desprecio por el debido proceso, sobre todo por el incremento de la delincuencia de inmigrantes ilegales y de narco-traficantes; c) un cierto enfrentamiento con la prensa y los medios de comunicación en general; d) un uso político de la religión.

Volvemos a reiterar, los cuatro casos son perfectamente entendibles (entender NO es igual a estar de acuerdo) como reacciones contra graves errores de la izquierda (o sea, el colectivismo de siempre con nuevos rostros). Esos errores (desde un punto de vista libertario) son: a), una visión post-moderna de la inmigración, donde los que emigran son colectivos, no individuos, que pretenden violar el Estado de Derecho liberal clásico del lugar al cual emigran; b) una progresiva des-penalización de las violaciones a la vida, libertad y propiedad, bajo el argumento de que los delincuentes son víctimas estructurales de las injusticias del capitalismo; c) la “colusión” entre ciertos medios internacionales tradicionales, y los dueños de las redes sociales, con los gobiernos, violando la libertad de expresión de los que se opongan a la visión de la izquierda, reclamando un “derecho a la información” que debe ser custodiado por el Estado; d) la negación de los fundamentos judeo-cristianos de la civilización occidental.

Pero ante esos cuatro errores, los dirigentes de centro-derecha han respondido con otros cuatro errores que retroalimentan a la izquierda: a) la persecución violatoria del debido proceso de todo inmigrante ilegal, con fuerzas policiales muy poco profesionales y sin mayor conciencia jurídica de lo que hacen; b) la negación lisa y llana del debido proceso, negándoselo a los delincuentes, afirmando que estos últimos no tienen derechos, bajo slogans como “meter bala” y graves impresiones jurídicas por el estilo; c) los ataques y los insultos a los medios que no piensen como el gobierno de turno, incluso con intentos de hacer lo mismo que la izquierda hacía con ellos cuando no eran gobierno; d) una fusión entre un determinado gobierno y una especie de mandato religioso legitimante del gobierno de centro-derecha en cuestión.

Desde luego, nada de esto es libertario (o liberal clásico; no entramos en este artículo en el debate sobre el anarcocapitalismo). Y ahora explicaremos por qué. En cada caso distinguiremos: a) la posición libertaria “en sí misma”, b) su posible adaptación a las circunstancias actuales; c) lo que definitivamente NO se debería hacer ni siquiera como alianza transitoria.

1.      Inmigración.

1.a. El ideal.

El liberalismo no es un ideal de nación, sino, sobre todo, de un gobierno limitado que garantice (ya conocemos el debate con el anarcocapitalismo………) las libertades individuales (vida, libertad, propiedad). Por eso es importante la distinción que Mises hace entre Nación y Estado. Lo ideal es que un Estado liberal clásico abarque diversas naciones, y que las libertades individuales actúen como catalizador y sistema circulatorio entre los diversos ideales nacionales y que, por ende, sean admitidos a formar parte de este Estado liberal cualquier individuo que respeta el pacto constitucional originario y por ende las libertades, más allá de su raza, nación o religión.

1.b. El problema actual.

Pero actualmente la visión post-moderna de la inmigración, como hemos dicho, al defender que ciertos colectivos pueden emigrar independientemente de su respeto al Estado de Derecho, han favorecido una verdadera invasión de personas que destruyen al Estado de Derecho reclamando un curioso derecho para hacerlo. Ante esta situación, pedir una visa a personas que vengan de regiones obviamente sospechosas de terrorismo o de narco-terrorismo (dejando de lado por un momento la solución de fondo al tema de la droga); o deportar delincuentes, no es inadmisible aunque son opciones prudenciales opinables. (https://gzanotti.blogspot.com/2024/04/liberalismo-clasico-versus.html ). Pero (c) el libertario debe saber que los individuos son ante todo individuos y que el sujeto de derechos es cada individuo antes (ontológicamente) que su pertenencia a una nación, raza o religión, (https://gzanotti.blogspot.com/2026/02/la-argentina-necesita-integrar-no.html)  y por ende nadie debe ser perseguido porque no pertenezca a esos tres ejes. Una cosa es alguien a quien por un momento le falta un documento, y otra cosa es un criminal. Y menos aún el libertario debe consentir una fuerza policial que esté autorizada a requisar y arrestar más allá del debido proceso correspondiente.

2.      El debido proceso.

2.a. El ideal.

El debido proceso es uno de los frutos más preciados del Estado de Derecho liberal clásico. Resulta preocupante su desprecio por parte de personas que se digan liberales. Por más furia y pasiones encendidas que despierten los asesinos; por más películas o casos reales que hayamos visto sobre justicia por la propia mano; por más circunstancias atenuantes que pueda haber en los casos de venganza, nunca se debe olvidar que el debido proceso es el límite entre el totalitarismo y la libertad. Es falso que el delincuente no tenga derechos: precisamente, tiene derecho al debido proceso. Y es muy grave que asesores muy cercanos a presidentes, muy jovencitos, aparezcan en las redes diciendo que el delincuente no tiene derechos, y más grave aún que lo hagan en nombre del liberalismo, contribuyendo con ello a un acentuado desprestigio internacional de un ideario tan noble. La corrupción de lo mejor es lo peor.

Hay dos cosas que no se contraponen. Es verdad (b) que hay circunstancias sociales que predisponen a la delincuencia. Es verdad que el subdesarrollo, las familias disfuncionales, etc., favorecen la delincuencia, pero eso no se contrapone en absoluto a un sistema judicial que sea efectivo en la defensa de los ciudadanos inocentes. Para eso se necesitan fuerzas policiales especializadas, no gestapos improvisadas, y un sistema judicial eficiente y honesto. Esas son las reformas que hay que encarar (c), en vez de poner a gobiernos y policías por encima de la ley. Es penoso que personas que digan estar formadas en el liberalismo pongan como ejemplos casos políticos que son obviamente pan para hoy y hambre para mañana. Las dictaduras y/o los “hombres fuertes” pueden durar décadas, pero sin instituciones, no tienen otra salida que la vuelta al caos anterior. Personas que dicen haber estudiado a Hayek deberían saberlo.

3.      La libertad de prensa.

3.a. El ideal.

La democracia constitucional pre-supone el disenso sobre los modos de administración de la cosa pública. El consenso sobre el pacto constitucional originario (https://www.researchgate.net/publication/399146034_LA_TESIS_NO-CONTRATUALISTA_DE_UN_PACTO_CONSTITUCIONAL_ORIGINARIO)  presupone a su vez el disenso sobre los modos de administración. Por ende, en una democracia madura, desarrollada, los diversos partidos son adversarios pero no enemigos, y el poder ejecutivo debe tomarse como parte de su función recibir críticas a su gestión, que debe responder con altura, sin insultos y menos aún llamando a la censura del “disidente”.

3.b. La circunstancia actual.

Es verdad a su vez que ese pacto constitucional se ha perdido en la mayor parte; es verdad que estamos en democracia de facciones en vez de democracias republicanas (https://www.amazon.com/desarrollo-pol%C3%ADtico-asignatura-pendiente-argentinos-ebook/dp/B007KDEHZE) , y sobre todo, es verdad que medios tradicionales y big-tech se han aliado con los poderes de turno para violar la libertad de expresión. Pero (c) eso no autoriza a un libertario, si verdaderamente es tal, a convertirse en autoritario, pero del otro lado. Un presidente, si es libertario y no un nacionalista populista, debe aprovechar las conferencias de prensa como verdaderos espacios de educación del ciudadano y de respuestas a la izquierda donde, con altura, se explique y se enseñe el ideal libertario. Y sobre todo, no debe caer en la trampa que está implicada en el supuesto derecho a la información, que lo que hace es justificar la censura previa de los gobiernos para garantizar la “información verdadera” al ciudadano. (https://gzanotti.blogspot.com/2026/02/la-oficina-de-respuesta-oficial-un.html); (https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/la-informacion-como-arma-totalitaria.html).  En una sociedad libre, lo que hay es libertad de expresión, y ese libre debate es el lugar donde se discute, precisamente, si algo es verdadero o falso. Y si un presidente es víctima de una calumnia, puede, como ciudadano, recurrir al delito de calumnias e injurias, pero ese es un terreno resbaladizo habitualmente utilizado por gobiernos autoritarios para callar al disidente. Lo que está en juego en esos casos es la autoridad moral de quien denuncia y del denunciado. Y la autoridad moral es un capital político que los libertarios, sobre todo, tendrían que cultivar. Derecha y algunos liberales son muy ingenuos, habitualmente, sobre lo que va a decir la izquierda. Por supuesto que, por ejemplo, la izquierda hará un escándalo por un policía corrupto (lo cual está bien en sí mismo, más allá de quién lo diga) y no por un ciudadano asesinado. Para frenar esos dobles estándares están las conferencias de prensa bien utilizadas, a las cuales algunos ni siquiera están dispuestos a prestarse. Es preferible un nacionalista que nunca reclame haber sido libertario que un autoritario que reclame ser libertario.

4.      Religión y política.

4.a. El ideal.

Es verdad que el Estado de Derecho liberal clásico, occidental, tiene bases judeo-cristianas. Benedicto XVI (que era un liberal clásico) lo explicó muy bien en sus discursos al parlamento inglés y alemán (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2010/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20100917_societa-civile.html; https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin.html). Es verdad, a su vez, que hay que distinguir entre laicismo y laicidad (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/december/documents/hf_ben_xvi_spe_20061209_giuristi-cattolici.html). La laicidad es la correcta distinción de esferas entre lo religioso y lo político. Lo político, como explicaron M. Novak y J. Maritain, es el marco político y jurídico (el orden constitucional, por ejemplo); lo religioso forma parte del marco moral-cultural que da origen al marco político pero que no se confunde con él. Laicismo, en cambio, es la negación de toda influencia de lo religioso en lo político. Decimos influencia, no confusión de roles. Influencia que han reconocido grandes autores liberales clásicos como Lord Acton, Tocqueville y Hayek (y NO de casualidad Hayek quiso llamar “Sociedad Acton-Tocqueville” a lo que después fue la Mont Pelerin Society).

 

4.b. La actual circunstancia.

Es verdad que la globalización estatista, la colusión entre las big-tech y los gobiernos, y la agenda de los gobiernos de izquierda han violado la libertad religiosa y perseguido a todos los creyentes que se oponían a esa agenda y reclamaban educar a sus hijos en su fe, como sus derechos a la libertad religiosa y a la educación les garantizaban. Es verdad que, ante eso, son necesarias reformas jurídicas para “volver” la situación a las libertades de asociación, de enseñanza, de expresión y de religión.

Pero (c) el libertario debería saber que esas libertades corresponden a todos, creyentes y no creyentes, por igual. Que no son libertades que se deben exigir por ser religioso, sino por ser persona. Y, sobre todo: el libertario, si tiene fe, no debe confundir la influencia del judeo-cristianismo sobre Occidente con su propio gobierno. Una cosa es que el judeo-cristianismo haya dado origen a la civilización occidental. Muy bien. Pero otra cosa es que la propia fe sea utilizada como criterio legitimador del propio gobierno. Un gobierno determinado, una determinada administración, no tiene ningún apoyo divino y es una cosa humana y falible como cualquier otra instancia de gobierno no-sacral, no-eclesial. Si un presidente creyente cree que sus propias políticas tienen el apoyo de Dios, está muy confundido, y viola con eso las bases sanamente laicales y seculares de la democracia constitucional que dice defender. Un presidente libertario, aunque creyente, debe tener costumbres seculares. No debe andar proclamando su fe en todo acto de gobierno ni debe firmar sus decretos con el Credo niceno-constantinopolitano. Debe hablar y comportarse de tal modo que quede claro que es un ser humano tan falible como todos, que no recibe mensajes de Dios, que NO es un nuevo mesías ni que habla en nombre de tal o cual Iglesia, por más que proclame públicamente la importancia del judeo-cristianismo sobre la civilización occidental. Que, obviamente, no es lo mismo que una influencia sobre su propio gobierno.

 

5.      Conclusión final. Infinitas cosas más podrían aclararse. Pero no espero nada de los políticos actuales. Sólo espero que las nuevas generaciones sean más lúcidas.

Para ellas escribimos. 

viernes, 20 de febrero de 2026

CUÁL ES LA RAZÓN ULTIMA DE LA COHERENTE INTRANSIGENCIA DE LA FSSPX

Mucho se está hablando sobre la reciente respuesta de la FSSPX a León XIV (NO decimos a Mons. Fernández pues es obvio que este último actúa por mandato de León XIV). Sobre todo, los que estamos formados en Benedicto XVI nos preguntamos por qué la FSSPX no aprovechó el reconocimiento de la Santa Sede sobre los diversos niveles del magisterio, (algo que era obvio......) o por qué la FSSPX no citó en ningún momento ni reconoció como punto de encuentro al magisterio, NO infalible por supuesto, de Benedicto XVI sobre la hermenéutica de la continuidad, que ya muchos conservadores, aunque no miembros de la FSSPX, habían aceptado, NO como verdad revelada, pero sí como punto de encuentro para un sano debate que no tenga que ver con la hermenéutica de la ruptura……

Pero no. Lamento decir que la intransigencia de la FSSPX tiene una total coherencia con un error en su punto de partida, algo que tardarán mucho tiempo en ver o no verán nunca y por ende, nunca habrá solución. Es su visión de la filosofía moderna condenándola en bloque, como han hecho la mayor parte de los tomistas influenciados por la visión de Cornelio Fabro al respecto. No han estudiado ni quieren saber nada con la distinción entre Iluminismo y Modernidad, explicada por Del Noce pero sistematizada perfectamente por el gran filósofo argentino Francisco Leocata. Claro que la filosofía tiene sus tiempos, claro que Leocata aún no es conocido internacionalmente, pero esa ignorancia está teniendo consecuencias desastrosas para la Iglesia en estos momentos. Philosophy matters.

Para el que “quiera saber” puede ver mis intentos de difusión del tema en https://institutoacton.org/2023/09/06/una-reorganizacion-de-la-historia-de-la-filosofia-moderna-a-partir-de-francisco-leocata-gabriel-zanotti/ , o también en Benedicto XVI, https://newmedia.ufm.edu/coleccion/la-modernidad-segun-benedicto-xvi/sesion-1/ , o puede intentar estudiar directamente a Leocata (https://www.academia.edu/8904848/La_vertiente_bifurcada_La_primera_Modernidad_y_la_Ilustraci%C3%B3n ), o, si no tiene miedo de condenar su alma leyendo al hereje Zanotti, puede leer mi libro sobre Leocata (https://agape-libros.com.ar/Detalle/Libro/legado_filosofico_del_p_francisco_leocata_el/35911). Pero, ¿”quieren saber”? ¿O no forma parte de su intransigencia pensar que ya saben todo lo que tienen que saber simplemente por seguir al pie de la letra a la Cuanta cura?

Creo que ellos no tienen solución. Pero los católicos más jóvenes fieles a la Iglesia de siempre, y sensibles a las enseñanzas de Benedicto XVI, enterrado y olvidado por una Iglesia que nunca estuvo a su altura…. Por favor sapere aude

viernes, 13 de febrero de 2026

EL INTENTO DE DIÁLOGO ENTRE LA FSSPX Y LA SANTA SEDE: DESCUBRIENDO AMÉRICA

 La reunión de la Santa Sede (decimos así porque Mons. Fernández está actuando en nombre de León XIV) con la FSSPX (Davide Pagliarani) ha despertado diversas interpretaciones. Algunos la ven como un ultimatum de la Santa Sede a la FSSPX (NO consagren obispos o…..); yo la veo más bien como una continuidad con Benedicto XVI, que permanentemente los invitaba al diálogo sobre el Vaticano II, con una autoridad intelectual que, por supuesto, sólo él tenía.

En este caso se ha hecho explícito algo que hace tiempo se conversa por lo bajo. La “aceptación” del Vaticano II, ¿era una cuestión de 1 o 0? ¿Era todo o nada? Lo cual refería y refiere a otro problema central de la Iglesia, no del todo aclarado: ¿qué grado de aceptación requieren los documentos del Magisterio que no son ex cátedra? Ya sé que hay mucho escrito sobre eso, pero es un tema no sólo debatido in abstracto, en una vida académica sin implicaciones pastorales, sino que es una cuestión que afecta a la vida de cada creyente en grados diversos. En el caso de la FSSPX, muchas veces me pregunté si no se podría llegar a un acuerdo que implicara una “aceptación condicionada”. O sea, volvemos a la unidad, acordamos no condenar en público e in totum al Vaticano II, y menos aún a los católicos que lo acepten, pero acordamos con la Santa Sede iniciar una serie de conversaciones donde con altura se discutan los puntos que nos parezcan dudosos.

Y me parece que se está llegando a esa instancia, porque explícitamente en dicha reunión se propone dialogar “…. «La diferencia entre un acto de fe y la 'sumisión religiosa de mente y voluntad'», y «los diferentes grados de adhesión que exigen los diversos textos del Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación»”.

Creo que están descubriendo América. Bueno, más vale tarde que nunca. ¿Tenía que pasar la FSSPX por la Historia de la Iglesia para que llegaran a tan obvia conclusión? Hace milenios que algunos católicos formados, en silencio, (bueno, yo no tanto en silencio....) vivimos diariamente esa distinción. Por supuesto, con todas las aclaraciones pertinentes. No es lo mismo un acto magisterial sobre un tema de un precepto primario de ley natural que la adhesión de Pablo VI a la teoría del desarrollo de la Cepal. Y podríamos seguir.

Sobre el Vaticano II, el mismo Benedicto XVI aclaró que sus formulaciones no son perfectas, y él mismo, como teólogo privado, hizo infinidad de aclaraciones y distinciones cuando ya muchos años habían pasado desde 1965. Y como pontífice, en su famoso discurso del 22 de Diciembre del 2005 propuso su hermenéutica de la continuidad y la reforma sobre el Vaticano II. Por supuesto, para ser coherentes, tampoco es ese un acto magisterial que deba tomarse en todo o en nada, y además un discurso no es lo mismo que una encíclica, y etc. Por ese motivo, más que proponer ese discurso de una forma autoritaria, me pregunto hasta qué punto no se podría proponer ese discurso como un punto de partida de un debate con altura sobre el Vaticano II, como marco de la aceptación condicionada anteriormente referida.

Más allá de todo esto, lo que está sucediendo es una dura lección que algunos católicos, de izquierda, de derecha, cardenales del Vaticano o laicos, están aprendiendo: no todo acto del magisterio ordinario se acepta en todo o en nada, y hay grados, matices, y debates con altura a los cuales la Iglesia, por izquierda o por derecha, no está acostumbrada, ni tiene los canales correspondientes. 

Por lo demás, algo curioso: para los del camino sinodal alemán, por ejemplo, el grado de aceptación de la autoridad pontificia es “nada”. Para los de la FSSPX, hasta ANTES del Vaticano II, era “todo”. Ahora los matices que se les proponen, y que ellos además quieren, deberían aplicarlos a la Quanta cura si fueran coherentes.

Es lamentable que cosas como estas se tengan que aprender por la presión de las circunstancias y no por la comprensión de los principios en juego. 

domingo, 8 de febrero de 2026

LA ARGENTINA NECESITA INTEGRAR, NO DEPORTAR

 En Abril de 2024 (https://gzanotti.blogspot.com/2024/04/liberalismo-clasico-versus.html)  hemos distinguido entre el liberalismo clásico y el multiculturalismo post-moderno. En el primero, “…todos los seres humanos tienen libertades individuales a través de las cuales se manifiesta una sana diversidad. Todos, europeos, africanos o asiáticos, tienen derecho, precisamente dentro del Estado de Derecho, a la libertad religiosa, de expresión, de enseñanza, de asociación, a través de las cuales las diversidades culturales conviven armoniosamente. Porque esas libertades implican, y este es su reverso, que para todos sea un delito matar, robar, violar, secuestrar. El consenso básico en un pacto constitucional liberal clásico es el acuerdo sobre ese pacto constitucional y, por ende, el límite de la libertad y la diversidad está en las libertades de los demás.”.

En el segundo, en cambio, “…algunos suponen, guiados por el colectivismo ontológico, que las comunidades culturales son colectivos, no individuos, que tienen derecho a su propia identidad cultural aunque viole las libertades individuales básicas. Y que además tienen derecho a recibir los beneficios de un Estado Providencia que, además de errado éticamente, está en el eje central de graves problemas económicos europeos”.

Por ende, queda claro que, en la libre entrada y salida de personas y capitales que proponía el liberalismo clásico de Mises, (Liberalismo, 1927) se presuponía un pacto constitucional originario donde todos debían respetar los derechos individuales de todos. Era inconcebible la demanda actual, colectivista metodológica, de que pueblos enteros tuvieran derecho a trasladarse con un marco cultural incompatible con el Estado de Derecho y las libertades individuales que rigen en el país que los recibe.

Queda claro entonces que estamos en contra de la inmigración post-moderna que ha arruinado a muchos países europeos.

Pero ello no implica, como erróneamente proponen algunos, tratar a todos los indocumentados como criminales. Se equivocó Karoline Leavitt cuando dijo "they are all criminals". Porque allí debe hacerse una distinción. Legalmente estar sin documentos apropiados en un país es un delito. Pero, moralmente, muchas de esas personas están tratando de huir de condiciones de vida indignas y de lograr un futuro mejor en otro lugar. Moralmente, no son criminales que quieren atentar contra la vida, la libertad o la propiedad. Por ende, una cosa es pedir una VISA a países que presenten situaciones de terrorismo, o maras, o cosas por el estilo; una cosa es deportar a delincuentes que hayan violado, secuestrado, asesinado o robado, y otra cosa es perseguir indiscriminadamente a personas que en situación total de indigencia cruzan una frontera con la sola intención de trabajar.

La Argentina en ese sentido debería ser un ejemplo. Nuestra tasa de natalidad está bajando y seguimos siendo un desierto inexplotado. Estamos rodeados de naciones fronterizas o no tanto (Venezuela, por ejemplo, más allá de sus cambios en estos momentos) en las cuales las condiciones de vida son aún más indignas que en la Argentina. Y la Argentina debería ser un ejemplo para el mundo, de acogida e integración de inmigrantes que sólo quieran trabajar. Más que perseguirlos y deportarlos, hay que facilitarles la integración legal, reduciendo las exigencias al mínimo y otorgándoles la ciudadanía. En un liberalismo clásico, la ciudadanía es la adhesión al pacto constitucional, y NO la pertenencia a una raza, religión o nación. Cualquiera que haya estudiado la distinción que Mises hizo entre Nación y Estado lo sabe. Sí, escribía todo ello en 1927, las cosas han cambiado, pero el espíritu es el mismo.

Muchos argentinos no terminan de desprenderse de una concepción en el fondo racista de su propia nacionalidad. Creen que la Argentina es sólo un conjunto de descendientes de italianos, españoles, familias patricias y nada más. Siguen despreciando en el fondo al amerindio, la mezcla entre lo español y los pueblos originarios que se dio naturalmente en toda América Latina, que están como todos agobiados por regulaciones cuyos costos de transacción son altísimos, como muy bien ha demostrado Hernando de Soto en “El misterio del capital”. Nuestra Constitución, por lo demás, dice claramente que “…. Todos los habitantes de la Confederación gozan de los siguientes derechos….”; dice habitantes, no dice argentinos, y el art. 20 dice “…. Los extranjeros gozan en el territorio de la Confederación de todos los derechos civiles del ciudadano: pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados á admitir lá ciudadanía, ni á pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Confederación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que solicite, alegando y probando servicio á la República”. Ese espíritu se debe mantener. Los que huyan de dictaduras, autoritarismos y pobreza deberían encontrar en la Argentina una tierra que les abra las puertas para trabajar en igualdad de condiciones con el resto. Lo que la Argentina necesita es economía de mercado, des-regulación e igualdad ante la ley para nacionales, extranjeros y marcianos. Y lo que nuestra cultura necesita es una cultura liberal clásica en la que la ciudadanía signifique la adhesión al Estado de Derecho y no la pertenencia a una raza o nación. No debemos deportar gente, debemos integrar gente. Y si alguien pertenece a un grupo que desprecia las libertades individuales, entonces se le pide una VISA o se le impide la entrada, pero eso debería ser la excepción, NO la norma, para los miles de latinoamericanos que pisan nuestro suelo huyendo de regulaciones y tiranías diversas.

No sé a quiénes leen los supuestos libertarios que sueñan con deportaciones en masa.

A Mises, seguro que no. 

viernes, 6 de febrero de 2026

LA OFICINA DE RESPUESTA OFICIAL: UN GRAVE ERROR FILOSÓFICO QUE CONDUCE AL AUTORITARISMO

 Casi todos siguen pensando que la filosofía no tiene consecuencias para la vida cotidiana o para otras ciencias sociales, pero no es así.

La fenomenología de Husserl en el tema del mundo de la vida, y la hermenéutica de Gadamer con sus horizontes (que es el mundo de la vida más la historicidad) han revolucionado la noción de conocimiento. La interpretación no es una mera opinión agregada a la información, sino que es el mismo humano conocimiento. Cuando decimos (mal que les pese a algunos) “Javier Milei es presidente”, no es una mera información, sino que es una interpretación, o sea, el humano conocimiento, porque para decirlo necesitamos el horizonte occidental que nos haga entender el pre-supuesto de qué es un presidente. Esto no es post-modernismo, porque es totalmente verdadero que Javier Milei es el presidente, y es verdadero para todas las culturas, en la medida en que todas las culturas pueden comunicar sus horizontes con nociones análogas sobre qué es el poder político. Esta revolución gnseológica fue acompañado por el giro histórico de la filosofía de las ciencias, cuyo nacimiento está en Popper, cuando explicó que toda base empírica está cargada de una teoría que permita interpretarla, y por Kuhn (que no de casualidad se inspiró en Alexandre Koyré, que no de casualidad había sido discípulo de Husserl en el círculo de Gotinga) cuando explicó que la ciencia se maneja por paradigmas teoréticos, y eso tampoco fue relativismo, porque él mismo explicó que los paradigmas pueden compararse mutuamente (comun-icarse) aunque sean teoréricamente diferentes. Y todo esto fue acompañado por la revolución lingüística de Wittgenstein, quien nos explicó que el lenguaje no son palabritas que designan cositas, sino que el lenguaje es acción humana, es juego de lenguaje concomitante con las formas de la vida que lo acompañan.

Todo esto implica que la información no es el humano conocimiento. La información es el canal físico en el que el mensaje queda grabado: papiro, papel, silicio. Pero el conocimiento es la comprensión del sentido del mensaje, lo que todo ser humano hace cuando lee un mensaje.

Pero seguimos sin entender ni aceptar nada de esto. Seguimos hablando de información, de fact-checkers, de facts, de hechos, ignorando que eso es sólo para las máquinas, no para los humanos.

Las consecuencias políticas de esta falta de conciencia filosófica del tema hermenéutico son gravísimas. Se habla del derecho a la información, en vez de la libertad de expresión, y se supone que el Estado es el que debe garantizar la información a los ciudadanos, y se supone a su vez que estos estarían cerca del delito penal cuando no “informan los hechos”. Por eso una vez escribí “La información como arma totalitaria” (https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/la-informacion-como-arma-totalitaria.html) criticando un proyecto del gobierno de Biden para crear una especie de oficina de la verdad, utilizada obviamente contra la oposición de derecha.

Pero ahora los “libertarios” de Milei hacen lo mismo. Debido a su ignorancia filosófica (igual que la izquierda) lanzan la “Oficina de Respuesta Oficial”, suponiendo que el Estado debe “responder con los hechos” cuando la oposición “miente”. Claro que puede haber mentiras. Pero nadie termina de convencerse de que lo usual en una sociedad libre es que  gobierno y oposición tengan cada uno su interpretación de la realidad social, y en una sociedad libre, lo que un presidente libertario debería hacer es dar conferencias de prensa explicando su interpretación del mundo cuando le parezca que la oposición se ha equivocado en la suya. ¿Y si hay una mentira? Aclarar que lo es y punto. ¿Y si no le creen? Ah, para eso se necesita autoridad moral. Pero, ¿la ha construido?

¿Alguien quiere decir que yo NO soy profesor full time en el Cema? Que lo diga. ¿Qué me importa? Pero si muchos lo creen, me ocuparé de explicar lo contrario. Y si nadie me cree, a pesar de mis cientos de alumnos y etc., es que he destruido mi autoridad moral, el único capital político que alguien debería tener.

Como vemos, la filosofía tiene graves consecuencias para la política, para bien o para mal. 

Pero nadie se da cuenta….