domingo, 28 de agosto de 2022

EL LIBERALISMO ES PECADO



Ok ok me convencieron. Es pecado, definitivamente.

Sobre todo porque el liberalismo clásico se podría caracterizar como el conjunto de libertades y garantías reconocidas por la Constitución Nacional de 1853. O sea que se podría decir que el liberalismo es la Constitución de 1853 de los art. 14 al 19.

Entonces sí, obviamente es pecado.

Para reforzar esta evidencia, veamos los pecados de dichos artículos.

Artículo 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos, conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

Bueno, ya con esto sería suficiente. Aquí tenemos las libertades de perdición denunciadas por Gregorio XVI. Pecado total. O sea, el Vaticano II. Y, por supuesto, el pecador principal es Benedicto XVI, quien explicó la continuidad y reforma del Vaticano II el 22 de Diciembre de 2005. Terrible, además, porque no se arrepintió nunca de su inmundo pecado.

Artículo 15.- En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República.

Pero, para mayor abundamiento, veamos cómo el Art. 15 ratifica lo anterior. Porque si no hay esclavos hay libertad, o sea, lo condenado por Gregorio XVI y Pío IX. El que no es esclavo puede irse de la granja católica, puede por ende apostatar; mayor pecado no puede haber. Maldito sea este artículo 15.

Artículo 16.- La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos, sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.

Más aún. Se sanciona aquí la pérfida igualdad de los tiempos modernos. Ya no hay más siervo de la gleba ni sistema feudal, que, por supuesto, es el sistema católico de la Cristiandad. La igualdad es ante Dios, no ante la ley del pérfido liberalismo. Pecado, pecado, pecado.

Artículo 17.- La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 11. Ningún servicio personal es exigible sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.

Aquí tienen la propiedad, contraria al derecho natural como decía San Ambrosio. Aquí tienen la codicia, la ganancia empresarial explotadora, y el dinero, el estiércol del diablo. Aquí tienen al pecado que querer servir a dos señores: Dios y el dinero. Aquí tienen la sociedad capitalista liberal donde el dinero es Dios. Que Dios se apiade del alma de quienes redactaron semejante abominación.

Artículo 18.- Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice.

Seguimos con las libertades de perdición, ahora normas del derecho nuevo, condenado por Pío IX y León XIII. Aquí tienen la esencia de la sociedad protestante anglosajona, herética y cismática. ¿Por qué, pecadores, querrían garantías ante un buen rey católico, sino para pecar como les plazca? ¿Por qué, pecadores, querrían garantías ante la función educativa de la ley, sino para que no los puedan atrapar en su voluntad desordenada? ¿Por qué prefieren, pecadores infinitos, el Estado de Derecho ante el Derecho de Dios?

Artículo 19.- Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.

Y finalmente, lo peor de lo peor: prohibir a la autoridad que pueda prohibir al pecado como todo príncipe justo debe hacer. La garantía total del pecado. Horror de los horrores.

Por ende, amigos defensores de Sardá y Salvany, me arrepiento de todos mis pecados y propongo firmemente defender totalmente a la iglesia que condenó a Rosmini, a la iglesia que echó a Sturzo de Italia y pactó con Mussolini, y a la iglesia del pueblo, de la liberación y de la Pachamama. Abjuro totalmente de los pecadores Pío XII, Juan XXIII, Juan Pablo II y sobre todo Benedicto XVI.

Que Dios me lo tenga en cuenta. 

domingo, 14 de agosto de 2022

IMPRESIONANTE: LAS MENTIRAS CONFESADAS POR LA AUTORA DE LA CUARENTENA Y VACUNAS OBLIGATORIAS EN EEUU



Sencillamente de terror. Deborah Birx confienza abiertamente cómo mintió para espacir el terror y por ende para obtener el poder absoluto sobre las libertades individuales de los ciudadanos de los EEUU, obsesivamente convencida de que el Covid 19 habilitaba a convertir a una nación y mundo entero en un hospital. Impresiona ver cómo confiesa haber actuado sin estudios que la avalaran y cómo sus directivas fueron enviadas a todos los Estados de los EEUU pasando por arriba de los tres poderes de los EEUU. Pero impresiona ver, también, la obediencia ciega de semejante locura, por parte de médicos, autoridades y ciudadanos, movitos miseriblemente por un miedo pavoroso y una cobardía inconfesable. E impresiona ver, hasta hoy, el silencio vergonzoso de todos los que en su momento acusaron, a los que se atrevían a pensar, de delirantes, conspiranoicos, negacionistas, difusores de información falsa, etc. Millones de personas que deberían estar todas hoy pidiendo perdón. 

Transcribimos este artículo de Jeffrery Tucker, publicado originalmente en https://brownstone.org/articles/dr-birx-praises-herself-while-revealing-ignorance-treachery-and-deceit/  y reproducido por Exramuros aquí: https://extramurosrevista.com/la-dra-birx-se-alaba-a-si-misma-mientras-revela-su-ignorancia-su-traicion-y-su-engano/ 

Deborah Birx, la jefa de respuesta a Covid de la Casa Blanca declara: “Exageramos con las vacunas. Sabíamos que no protegerían contra la infección“. Y agrega: “Seamos claros: el 50% de los muertos por Omicron eran ancianos… estaban vacunados"


"............Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, ha publicado un libro y ha sido interrogada en el Congreso norteamericano.

La mayor parte del libro consiste en explicar cómo dirigió una especie de Casa Blanca en la sombra, dedicada a mantener el país bloqueado durante el mayor tiempo posible. Según su relato, ella era el centro de todo, la única persona verdaderamente correcta sobre todas las cosas, encubierta por el vicepresidente y asistida por un puñado de co-conspiradores. 

En gran medida, la narración carece de cualquier discusión sobre la reunión de la ciencia fuera de la burbuja que ella cultivó con tanto cuidado. Mientras tanto cualquiera podría haber observado los estudios que salieron a la luz a partir de febrero y que echaron un jarro de agua fría sobre todo su paradigma -por no mencionar los 15 años, o 50 años, o quizás 100 años de advertencias contra tal reacción- de científicos de todo el mundo con mucha más experiencia y conocimiento que ella. 

A ella no le importó nada, y evidentemente sigue sin importarle"


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La dimisión en diciembre de 2020 de la doctora Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca bajo el mandato de Trump, reveló una hipocresía previsible. Como tantos otros funcionarios del gobierno en todo el mundo, fue sorprendida violando su propia orden de permanencia. Por lo tanto, finalmente dejó su puesto después de nueve meses de causar cantidades insondables de daño a la vida, la libertad, la propiedad y la idea misma de esperanza para el futuro. 

Aunque Anthony Fauci haya sido el testaferro de los medios de comunicación, fue Birx la principal influencia en la Casa Blanca detrás de los encierros a nivel nacional, que no detuvieron ni controlaron el patógeno, pero que han causado un inmenso sufrimiento y que siguen agitando y destrozando el mundo. Así que fue significativo que ella no quisiera ni pudiera cumplir con sus propios dictados, incluso cuando sus conciudadanos estaban siendo perseguidos por las mismas infracciones contra la “salud pública.” 

En los días previos al Día de Acción de Gracias de 2020, ella había advertido a los estadounidenses que “asumieran que estaban infectados” y que restringieran las reuniones a “su hogar inmediato“. Luego hizo las maletas y se dirigió a Fenwick Island, en Delaware, donde se reunió con cuatro generaciones para una cena tradicional de Acción de Gracias, como si fuera libre de tomar decisiones normales y vivir una vida normal mientras todos los demás tenían que refugiarse en su lugar. 

The Associated Press fue la primera en publicar el informe el 20 de diciembre de 2020. 

Birx reconoció en un comunicado que fue a su propiedad de Delaware. Se negó a ser entrevistada.

Insistió en que el propósito de la visita de aproximadamente 50 horas era ocuparse de la preparación para el invierno de la propiedad antes de una posible venta, algo que, según ella, no había tenido tiempo de hacer debido a su apretada agenda. 

No fui a Delaware con el propósito de celebrar el Día de Acción de Gracias“, dijo Birx en su declaración, añadiendo que su familia compartió una comida durante su estancia en Delaware. 

Birx dijo que todas las personas que estuvieron en su viaje a Delaware pertenecen a su “hogar inmediato”, aunque reconoció que viven en dos casas diferentes. Inicialmente calificó la casa de Potomac como un “hogar de 3 generaciones (antes de 4 generaciones)”. Funcionarios de la Casa Blanca dijeron más tarde que sigue siendo un hogar de cuatro generaciones, una distinción que incluiría a Birx como parte del hogar.

Así que todo era un juego de manos: se quedaba en casa; ¡es que tiene varias casas! Así es como la élite del poder cumple, se supone. 

La BBC citó entonces su defensa, que se hace eco del dolor experimentado por cientos de millones de personas:

Mi hija no ha salido de la casa en 10 meses, mis padres han estado aislados durante 10 meses. Se han deprimido profundamente, como estoy seguro de que lo han hecho muchos ancianos, ya que no han podido ver a sus hijos, a sus nietas. Mis padres no han podido ver a su hijo superviviente durante más de un año. Son cosas muy difíciles“.


Efectivamente. Sin embargo, ella fue la voz principal durante la mayor parte de 2020 para exigir exactamente eso. Nadie debería culparla por querer reunirse con la familia; que haya trabajado tanto durante tanto tiempo para impedir que otros lo hicieran es lo que está en cuestión. 

Pecado de omisión

La prensa se amontonó y ella anunció que dejaría su cargo y que no buscaría un puesto en la Casa Blanca de Biden. Trump tuiteó que la echaría de menos. Fue el descrédito final -o debería haberlo sido- de una persona que muchos en la Casa Blanca y muchos en todo el país habían llegado a ver como un ser fanático y falso, una persona cuya influencia destrozó las libertades y la salud de todo un país. 

Fue un final apropiado para una carrera catastrófica. Así que era lógico que la gente consiguiera su nuevo libro para saber cómo fue atravesar esa clase de tormenta mediática, las verdaderas razones de su visita a su casa de Delaware, cómo fue saber con certeza que debía violar sus propias reglas para pasar bien con su familia, y la difícil decisión que tomó de tirar la toalla sabiendo que había comprometido la integridad de todo su programa. 

Uno recorre todo su libro sólo para encontrar este hecho increíble: nunca menciona esto. El incidente desaparece por completo de su libro. 

En cambio, en el momento de la narración en el que se esperaría que contara el asunto, dice casi de pasada que “Cuando el ex vicepresidente Biden fue declarado ganador de las elecciones de 2020, me fijé un objetivo: entregar la responsabilidad de la respuesta a la pandemia, con todos sus elementos, en el mejor lugar posible“.

En ese punto, el libro salta inmediatamente al nuevo año. Ya está hecho. Es como Orwell, la historia, a pesar de que se informó durante días en la prensa mundial y se convirtió en un momento decisivo en su carrera, es simplemente borrada del libro de historia de su propia autoría. 

De alguna manera, tiene sentido que no lo mencione. Leer su libro es una experiencia muy dolorosa (todo el mérito es de la reseña de Michael Senger) simplemente porque parece estar tejiendo fábulas página tras página, completamente carentes de conciencia de sí mismas, salpicadas de comentarios reveladores que hacen lo contrario de lo que ella pretende. Su lectura es una verdadera experiencia surrealista, asombrosa sobre todo porque es capaz de mantener su pose de delirio durante 525 páginas. 

Arquitecta en jefe del encierro

Recordemos que fue ella la encargada -por Anthony Fauci- de hacer lo realmente crucial de convencer a Donald Trump para que diera luz verde a los encierros que comenzaron el 12 de marzo de 2020 y que continuaron hasta su despliegue final en firme el 16 de marzo. Fueron los “15 días para aplanar la curva” que se convirtieron en dos años en muchas partes del país. 

Su libro admite que fue una mentira de dos niveles desde el principio. 

Tuvimos que hacerlas aceptables para la administración evitando la apariencia obvia de un cierre total como el de Italia“, escribe. “Al mismo tiempo, necesitábamos que las medidas fueran efectivas para frenar la propagación, lo que significaba igualar lo más posible lo que había hecho Italia. Estábamos jugando una partida de ajedrez en la que el éxito de cada movimiento dependía del anterior.

Además: 

A esta altura no iba a utilizar las palabras bloqueo o cierre. Si hubiera pronunciado cualquiera de ellas a principios de marzo, después de estar en la Casa Blanca sólo una semana, los miembros políticos y no médicos del grupo de trabajo me habrían tachado de demasiado alarmista, demasiado catastrofista, demasiado dependiente de los sentimientos y no de los hechos. Habrían hecho campaña para encerrarme y callarme“.

En otras palabras, quería llegar a un nivel de Partido Comunista Chino, como Italia, pero no quería decirlo. Lo más importante es que sabía con certeza que dos semanas no era el plan real. “Dejé el resto sin decir: que esto era sólo un punto de partida“.

Apenas convencimos a la administración de Trump de que pusiera en marcha nuestra versión de un cierre de dos semanas, ya estaba tratando de averiguar cómo extenderlo“, admite. 

Quince días para frenar el contagio fue un comienzo, pero sabía que sería solo eso. Todavía no tenía los números delante de mí para argumentar la conveniencia de prolongarlo más tiempo, pero tenía dos semanas para conseguirlos”. Por muy difícil que fuera conseguir que se aprobara el cierre de quince días, conseguir otro sería más difícil en muchos órdenes de magnitud. Mientras tanto, esperé el contragolpe, que alguien del equipo económico me llamara al despacho del director o se enfrentara a mí en una reunión del grupo de trabajo. Nada de esto ocurrió“.

Fue una solución en busca de pruebas que no tenía. Le dijo a Trump que las pruebas estaban ahí de todos modos. De hecho, lo engañó haciéndole creer que encerrar a toda una población iba a hacer que un virus al que todo el mundo estaría inevitablemente expuesto desapareciera como amenaza. 

Mientras tanto, la economía se arruinó a nivel nacional y luego en todo el mundo, ya que la mayoría de los gobiernos del mundo siguieron lo que hizo Estados Unidos. 

¿De dónde sacó la idea de los cierres? Según su propio informe, su única experiencia real con las enfermedades infecciosas provenía de su trabajo sobre el SIDA, una enfermedad muy diferente de un virus respiratorio que todo el mundo acabaría contrayendo pero que sólo sería mortal o incluso grave para una pequeña cohorte, un hecho que se conocía desde finales de enero. Aun así, su experiencia contaba más que la ciencia. 

En cualquier crisis sanitaria, es crucial trabajar a nivel de comportamiento personal“, dice con la presunción de que evitarlo a toda costa era el único objetivo. “Con el VIH/SIDA, esto significaba convencer a las personas asintomáticas de que se hicieran la prueba, buscaran tratamiento si eran seropositivos y tomaran medidas preventivas, incluido el uso de preservativos; o emplearan otra profilaxis previa a la exposición si eran negativos“.

Inmediatamente salta a la analogía con Covid. “Sabía que los organismos gubernamentales tendrían que hacer lo mismo para tener un efecto similar en la propagación de este nuevo coronavirus. El paralelismo más obvio con el ejemplo del VIH/SIDA era el mensaje de usar máscaras“. 

Máscaras = preservativos. Sorprendente. Este comentario de “paralelo obvio” resume toda la profundidad de su pensamiento. El comportamiento es lo único que importa. Mantente alejado. Tápate la boca. No te reúnas. No viajen. Cierren las escuelas. Cierren todo. Pase lo que pase, no lo recibas. Nada más importa. Mantén tu sistema inmunológico lo menos expuesto posible. 

Me gustaría poder decir que su pensamiento es más complejo que eso, pero no lo es. Esta fue la base de los cierres. ¿Por cuánto tiempo? En su mente, parece que sería para siempre. En ninguna parte del libro revela una estrategia de salida. Ni siquiera las vacunas califican. 

Enfoque miope

Desde el principio, reveló sus puntos de vista epidemiológicos. El 16 de marzo de 2020, en su conferencia de prensa con Trump, resumió su posición: “Realmente queremos que la gente se aísle en este momento“. ¿La gente? ¿Toda la gente? ¿Todas las personas? Ni un solo reportero planteó una pregunta sobre esta declaración obviamente ridícula y escandalosa que esencialmente destruiría la vida en la tierra. 

Pero ella hablaba en serio, muy engañada no sólo sobre el funcionamiento de la sociedad, sino también sobre las enfermedades infecciosas de este tipo. Sólo una cosa le importaba como métrica: reducir las infecciones por cualquier medio posible, como si ella sola pudiera improvisar un nuevo tipo de sociedad en la que la exposición a patógenos aéreos fuera ilegal. 

He aquí un ejemplo. Hubo una controversia sobre el número de personas que debían reunirse en un espacio, como en casa, la iglesia, la tienda, el estadio o el centro comunitario. La autora aborda la forma en que se elaboraron las normas: 

El verdadero problema de esta distinción entre cincuenta y diez, para mí, era que revelaba que el CDC simplemente no creía hasta el punto que yo creía que el SARS-CoV-2 se estaba propagando por el aire de forma silenciosa y sin ser detectado por individuos asintomáticos. Los números realmente importaban. Como han confirmado los años transcurridos desde entonces, en épocas de propagación activa de la comunidad viral, hasta cincuenta personas reunidas en un lugar cerrado (desenmascaradas en ese momento, por supuesto) era un número demasiado elevado. Aumentaba exponencialmente las posibilidades de que alguien entre ese número se infectara. Me había decidido por diez, sabiendo que incluso ese número era demasiado, pero pensé que diez sería al menos aceptable para la mayoría de los estadounidenses, lo suficientemente alto como para permitir la mayoría de las reuniones de la familia inmediata, pero no lo suficiente para grandes cenas y, críticamente, grandes bodas, fiestas de cumpleaños y otros eventos sociales masivos.

Ella pone un punto de vista fino: “Si hubiera presionado para que hubiera cero personas (que era en realidad lo que quería y lo que se requería), esto se habría interpretado como un “cierre”, la percepción que todos nos esforzamos por evitar“.

¿Qué significa que se reúnan cero personas? ¿Un culto al suicidio?

En cualquier caso, así de simple, de su propio pensamiento y directo a la aplicación, las fiestas de cumpleaños, los deportes, las bodas y los funerales pasaron a estar prohibidos. 

Aquí nos damos cuenta de la absoluta locura de su visión. Es nada menos que una maravilla que de alguna manera se las arregló para ganar la cantidad de influencia que tuvo. 

Obsérvese la mención anterior a su dogma de que la propagación asintomática era toda la clave para entender la pandemia. En otras palabras, por su cuenta y sin ningún apoyo científico, supuso que el Covid era extremadamente mortal y tenía un largo periodo de latencia. A su modo de ver, esta es la razón por la que no importaba el equilibrio habitual entre gravedad y prevalencia. 

En cierto modo, estaba segura de que las estimaciones más largas de latencia eran correctas: 14 días. Esta es la razón de la obsesión de “esperar dos semanas”. Se aferró a este dogma durante todo el tiempo, casi como si la película de ficción “Contagio” hubiera sido su única guía de comprensión. 

Más adelante en el libro, escribe que los síntomas no significan casi nada porque la gente siempre puede llevar el virus en la nariz sin estar enferma. Después de todo, esto es lo que han demostrado las pruebas de PCR. En lugar de ver esto como un fracaso de la PCR, ella vio esto como una confirmación de que todo el mundo es portador sin importar qué y por lo tanto todo el mundo tiene que bloquearse porque de lo contrario nos enfrentaremos a una plaga negra.

De alguna manera, a pesar de su asombrosa falta de curiosidad científica y experiencia en esta área, ganó toda la influencia sobre la respuesta inicial de la administración Trump. 

Por un breve tiempo, fue todopoderosa. 

Pero Trump no era ni es un tonto. Debió de pasar algunas noches en vela preguntándose cómo y por qué había aprobado la destrucción de lo que consideraba su mayor logro. El virus llevaba mucho tiempo aquí (probablemente desde octubre de 2019), presentaba un peligro específico para una cohorte reducida, pero por lo demás se comportaba como una gripe de manual. Tal vez, debió preguntarse, sus instintos iniciales de enero y febrero de 2020 eran correctos todo el tiempo. 

Aun así, aprobó a regañadientes una prórroga de 30 días de los cierres, totalmente a instancias de Birx y algunos otros tontos alrededor. Tras ceder por segunda vez -¡aún así, a nadie se le ocurrió enviar un correo electrónico o llamar por teléfono para pedir una segunda opinión! – este pareció ser el punto de inflexión. Birx informa que para el 1 de abril de 2020, Trump había perdido la confianza en ella. Pudo intuir que le habían engañado. Dejó de hablarle. 

Todavía tardaría un mes más en replantearse por completo todo lo que había aprobado a instancias de ella. 

No importaba. La mayor parte de su libro es un festival de jactancia sobre cómo siguió subvirtiendo el impulso de la Casa Blanca para abrir la economía, es decir, permitir que la gente ejerza sus derechos y libertades. Una vez que Trump se puso en contra de ella, y eventualmente encontró a otras personas que le dieran buenos consejos como el tremendamente valiente Scott Atlas -cinco meses después llegó en un intento de salvar al país del desastre-, Birx se dedicó a reunirse en torno a su círculo íntimo (Anthony Fauci, Robert Redfield, Matthew Pottinger y algunos otros) además de reunir un reino de protección fuera de ella que incluía al periodista de la CNN Sanjay Gupta y, muy probablemente, al equipo de virus del New York Times (que le da a su libro una reseña elogiosa).

Recordemos que durante el resto del año, la Casa Blanca instaba a la normalidad mientras muchos estados seguían cerrando. Fue una confusión increíble. El CDC estaba por todas partes. Tuve la clara impresión de que había dos regímenes distintos a cargo: El de Trump,  y la administración del Estado que no podía controlar. Trump decía una cosa en la campaña, pero las regulaciones y el pánico a las enfermedades seguían saliendo de sus propias agencias. 

Birx admite que ella fue una parte importante de la razón, debido a su furtiva alternancia de informes semanales. 

Después de que me devolvieran los documentos fuertemente editados, reinsertaba lo que habían objetado, pero lo colocaba en esos lugares diferentes. También reordené y reestructuré las viñetas para que lo más destacado -los puntos a los que más se oponía la administración- dejara de estar al principio de las viñetas. Compartí estas estrategias con los tres miembros del equipo de datos que también escribían estos informes. Nuestra rutina de redacción de informes los sábados y domingos pronto se convirtió en: escribir, presentar, revisar, ocultar, volver a presentar

Afortunadamente, este juego de manos estratégico funcionó. El hecho de que nunca parecieran darse cuenta de este subterfugio me llevó a la conclusión de que, o bien leían los informes terminados con demasiada rapidez, o bien se olvidaban de hacer la búsqueda de palabras que habría revelado el lenguaje al que se oponían. Al pasar estos cambios por encima de los guardianes y seguir informando a los gobernadores de la necesidad de las tres grandes medidas de mitigación (máscaras, pruebas centinela y límites a las reuniones sociales en interiores), me sentí segura de que estaba dando permiso a los estados para intensificar la mitigación de la salud pública con la llegada del otoño y el invierno.

Como otro ejemplo, una vez que Scott Atlas acudió al rescate en agosto para introducir algo de sentido común en este loco mundo, trabajó con otros para reducir el apego fanático de los CDC a las pruebas universales y constantes. Atlas sabía que “rastrear, localizar y aislar” era tanto una fantasía como una invasión masiva de las libertades de las personas que no produciría ningún resultado positivo para la salud pública. Elaboró una nueva recomendación que consistía en que sólo se hicieran pruebas a los enfermos, tal y como cabría esperar en la vida normal. 

Tras una semana de frenesí mediático, la normativa dio un vuelco en la dirección contraria. 

Birx revela que fue obra suya:

Este no fue el único subterfugio en el que tuve que participar. Inmediatamente después de que se publicaran las directrices revisadas de los CDC sobre las pruebas, a finales de agosto, me puse en contacto con Bob Redfield …. Menos de una semana después, Bob [Redfield] y yo habíamos terminado de reescribir la guía y la habíamos publicado subrepticiamente. Habíamos vuelto a hacer hincapié en las pruebas para detectar las zonas en las que se producía una propagación silenciosa. Era un movimiento arriesgado, y esperábamos que todos en la Casa Blanca estuvieran demasiado ocupados en la campaña para darse cuenta de lo que Bob y yo habíamos hecho. No estábamos siendo transparentes con los poderes de la Casa Blanca…

Uno podría preguntarse cómo diablos se salió con la suya. Ella lo explica:

“La táctica de orientación fue sólo la punta del iceberg de mis transgresiones en mi esfuerzo por subvertir las peligrosas posiciones de Scott Atlas. Desde que el vicepresidente Pence me dijo que hiciera lo que tenía que hacer, entablé conversaciones muy francas con los gobernadores. Dije la verdad que algunos asesores principales de la Casa Blanca no estaban dispuestos a reconocer. Censurar mis informes y poner orientaciones que negaban las soluciones conocidas sólo iba a perpetuar el círculo vicioso de Covid-19. Lo que no pude colar a los guardianes en mis informes, lo dije en persona.

Falta de autorreflexión

La mayor parte del libro consiste en explicar cómo dirigió una especie de Casa Blanca en la sombra dedicada a mantener el país en bloqueos durante el mayor tiempo posible. En su relato, ella era el centro de todo, la única persona verdaderamente correcta sobre todas las cosas, encubierta por el vicepresidente y asistida por un puñado de co-conspiradores. 

En gran medida, la narración carece de cualquier discusión sobre la reunión de la ciencia fuera de la burbuja que ella cultivó con tanto cuidado. Cualquiera podría haber observado los estudios que salieron a la luz a partir de febrero y que echaron un jarro de agua fría sobre todo su paradigma -por no mencionar los 15 años, o 50 años, o quizás 100 años de advertencias contra tal reacción de científicos de todo el mundo con mucha más experiencia y conocimiento que ella. A ella no le importó nada, y evidentemente sigue sin importarle. 

Está muy claro que Birx no tuvo casi ningún contacto con ningún científico serio que discutiera la respuesta draconiana, ni siquiera John Iaonnidis, que ya explicó el 17 de marzo de 2020 que este enfoque era una locura. Pero a ella no le importaba: estaba convencida de que tenía razón o, al menos, actuaba en nombre de personas e intereses que la mantendrían a salvo de la persecución o el enjuiciamiento. 

Para los interesados, el capítulo 8 ofrece una extraña mirada a su primer desafío científico real: el estudio de seroprevalencia de Jayanta Bhattacharya publicado el 22 de abril de 2020. Demostró que la tasa de letalidad de la infección -porque los contagios y la recuperación eran mucho más frecuentes de lo que decían Birx y Fauci- estaba más en línea con lo que cabría esperar de una gripe grave pero con un impacto demográfico mucho más focalizado. El artículo de Bhattacharya reveló que el patógeno eludía todos los controles y que probablemente se convertiría en endémico como todos los virus respiratorios anteriores. Echó un vistazo y concluyó que el estudio tenía “fallos fundamentales de lógica y metodología” y “dañaba la causa de la salud pública en este momento crucial de la pandemia“. 

Y eso es todo: eso es Birx luchando contra la ciencia. Mientras tanto, el artículo se publicó en el International Journal of Epidemiology y tiene más de 700 citas. Ella vio todas las diferencias de opinión como una oportunidad para pasar al ataque con el fin de intensificar su apreciado compromiso con el paradigma del bloqueo. 

Incluso ahora, cuando los científicos de todo el mundo están indignados, cuando los ciudadanos están furiosos con sus gobiernos, cuando los gobiernos caen, cuando los regímenes se derrumban y la ira alcanza un tono febril, mientras que los estudios se multiplican cada día demostrando que los cierres no suponen ninguna diferencia y que las sociedades abiertas al menos protegen sus sistemas educativos y sus economías, ella se mantiene impasible. Ni siquiera está claro que sea consciente.

Birx descarta todos los casos contrarios, como el de Suecia: Los estadounidenses no podrían tomar ese camino porque somos demasiado insalubres. Dakota del Sur: rural y atrasada (Birx sigue enfadada porque la valiente gobernadora Kristi Noem se negó a reunirse con ella). Florida: curiosamente y sin pruebas descarta ese caso como un campo de exterminio, a pesar de que sus resultados fueron mejores que los de California, mientras que la afluencia de población al estado establece nuevos récords. 

Tampoco se inmuta ante la realidad de que no hay ni un solo país o territorio en ningún lugar del planeta Tierra que se haya beneficiado de su enfoque, ni siquiera su querida China, que todavía persigue un enfoque cero-Covid. En cuanto a Nueva Zelanda y Australia: (probablemente de forma inteligente) no las menciona en absoluto, a pesar de que siguieron exactamente el enfoque de Birx.

La historia de los cierres es una historia de proporciones bíblicas, a la vez malvada y desesperadamente triste y trágica, una historia de poder, fracaso científico, insularidad y locura intelectual, arrogancia escandalosa, impulsos feudales, delirio de las masas, además de traición política y conspiración. Es el horror de la vida real para todos los tiempos, una historia de cómo la tierra de la libertad se convirtió en un paisaje infernal despótico tan rápida e inesperadamente. Birx estuvo en el centro de todo ello, confirmando todos sus peores temores aquí mismo, en un libro que cualquiera puede comprar. Está tan orgullosa de su papel que se atreve a atribuirse todo el mérito, plenamente convencida de que los medios que odian a Trump amarán y protegerán sus perfidias de la exposición y la condena.

No se puede eludir la propia culpabilidad de Trump en este caso. Nunca debería haberla dejado salirse con la suya. Nunca. Fue un caso de falibilidad igualada por el ego (aún no ha admitido el error), pero es un caso de enorme traición que jugó con los defectos del carácter presidencial (como muchos de su clase de ingresos, Trump siempre había sido un germofóbico) que terminó arruinando la esperanza y la prosperidad de miles de millones de personas durante muchos años. 

He intentado durante dos años ponerme en la escena de la Casa Blanca ese día. Es un invernadero con sólo almas de confianza en pequeñas habitaciones, y las personas que están allí en una crisis tienen la sensación de que están dirigiendo el mundo. Trump podría haber recurrido a su experiencia dirigiendo un casino en Atlantic City. Los meteorólogos vienen a decir que un huracán está en camino, así que tiene que cerrarlo. Él no quiere, pero acepta para hacer lo correcto. 

¿Fue este su pensamiento? Tal vez. Tal vez también alguien le dijo que el presidente de China, Xi Jinping, logró aplastar el virus con cierres, así que él también puede hacerlo, tal como dijo la OMS en su informe del 26 de febrero. También es difícil en ese ambiente evitar la prisa de la omnipotencia, temporalmente ajena a la realidad de que su decisión afectaría a la vida desde Maine hasta Florida y California. Fue una decisión catastrófica y sin ley, basada en la pretensión y la insensatez. 

Lo que siguió parece inevitable en retrospectiva. La crisis económica, la inflación, las vidas rotas, la desesperación, los derechos perdidos y las esperanzas perdidas, y ahora el hambre y la desmoralización crecientes y las pérdidas educativas y la destrucción cultural, todo ello llegó tras esos fatídicos días. Cada día en este país, incluso dos años y medio después, los jueces se esfuerzan por recuperar el control y revitalizar la Constitución tras este desastre. 

Los conspiradores suelen admitirlo al final, atribuyéndose el mérito, como los delincuentes que no pueden resistirse a volver a la escena del crimen. Esto es lo que ha hecho la Dra. Birx en su libro. Pero está claro que su transparencia tiene límites. Nunca explica la verdadera razón de su dimisión -a pesar de que es conocida en todo el mundo-, fingiendo que todo el fiasco de Acción de Gracias nunca ocurrió y tratando así de eliminarlo del libro de historia que escribió. 

Hay mucho más que decir y espero que esta sea una reseña de muchas porque el libro está absolutamente repleto de pasajes impactantes. Y sin embargo, su libro de 525 páginas, que ahora se vende con un 50% de descuento, no contiene ni una sola cita de un solo estudio científico, documento, monografía, artículo o libro. No tiene notas a pie de página. No ofrece ninguna autoridad de referencia y no muestra ni siquiera una pizca de la humildad que normalmente formaría parte de cualquier relato científico real. 

Y no ofrece en ninguna parte un reconocimiento honesto de lo que su influencia sobre la Casa Blanca y los Estados ha endilgado a este país y al mundo. Mientras el país se enmascara de nuevo para una nueva variante, y se prepara poco a poco para otra ronda de pánico a las enfermedades, ella puede cobrar los derechos de autor que provengan de las ventas de su libro mientras trabaja en su nuevo puesto, como consultora de una empresa que fabrica purificadores de aire (ActivePure). En este último papel, hace una mayor contribución a la salud pública que cualquier otra cosa que haya hecho mientras llevaba las riendas del poder. 

domingo, 7 de agosto de 2022

INTRODUCCIÓN A MI LIBRO SOBRE LA OBRA DE LUIS JORGE ZANOTTI, QUE ESTÁ PRÓXIMO A APARECER


 

“¡Maestros somos, y con ese gran gozo en el alma vamos adelante en la labor!

¡Ah vosotros: poetas, filósofos, artistas del sonido o del color; vosotros: soñadores de siempre; vosotros: los que sentís vibrar el espíritu ante lo bello; vosotros: los altos, los puros, los idealistas; acordaos ya de los maestros!

También nosotros sentimos el alma infinitamente grande cuando estamos en el aula”.

“¡Maestros somos! Seguros estamos de nuestra gran labor, de que realizamos una tarea magnífica y nobilísima. Luchamos, sin embargo, contra la incomprensión general, contra la falta de recursos, contra la falta de estímulo, contra la mediocridad ambiente, contra la maledicencia, contra la maldad de la gente, contra los incapaces de entender nuestro apostolado. Luchamos contra todo lo malo, para no dejar que caiga de todo ello ni una partícula sobre nuestros niños, para que no se contaminen sus mentes de los errores de los adultos. Luchamos para defender a los niños; luchamos para defender a los hombres, a los futuros hombres, de los otros hombres, de los que ya lo son.

Y en esta tremenda y desigual contienda, tan sólo una fe nos mantiene, un solo ideal nos alienta, un solo entusiasmo nos mueve, un solo faro nos alumbra, una sola estrella nos marca el rumbo, una sola frase nos lo dice todo:

¡Maestros somos y con ese gozo en el alma vamos adelante en la labor!” (12 de abril de 1948).

“…Maestro se es siempre, no sólo en la hora de la clase. Maestro se es cuando se duerme. El sacerdote no deja de ser tal porque no oficie, o porque no confiese. Lo es siempre. Y el maestro también…”

¡Ah! Ha de llegar un día en que se forme la “Agrupación Argentina de Maestros”. Llevaremos, cada integrante, un símbolo en el ojal del saco. El dirá: “A.A.M.”. Y todos sabrán que somos maestros. Y nos reconoceremos los colegas por las calles. Y actuaremos sabiendo que lo somos, dignificando lo que somos. La gente dirá: “Es un maestro”. Y nosotros, al sentirlo, nos enorgulleceremos, con el legítimo orgullo del que ostenta un galardón bien ganado. Y subiremos al tranvía, o tomaremos un café, o pasearemos por la calle, simplemente, pensando en el distintivo que lucimos en el pecho.” (15 de febrero de 1948).

“…hablé, en dos recreos[1], con otros tantos alumnos sobre sus ambiciones, a raíz de unas composiciones que sobre las mismas habían redactado. Uno me dijo que estaba preocupado por lo que yo había expresado en el sentido de que era necesario encontrar una vocación. Le contesté que por ahora se tranquilizara, que ya surgiría esa vocación, que aún era joven, y que en tanto leyera y cultivara su espíritu. Le pregunté si tenía al menos la vocación de ser “bueno”, y ante su respuesta afirmativa le dije que ya tenía bastante que hacer para ir cumpliéndola. Y por fin lo estimulé en su afición literaria.

El otro alumno es un muchacho que trabaja como “aparador” de calzado, y que en la composición había expresado que esperaba tener un taller propio, y, en general, prosperar en su oficio. Es un alumno muy atrasado en el cual se nota, o se notaba, que la escuela no le interesaba en lo más mínimo. Traté de persuadirlo de que debe saber escribir bien, pues en el mañana lo necesitará, ya que si llegara a tener un taller propio le será indispensable cierta instrucción.

Pasado revista, pues, a todo, me doy por contento. Puedo decir:

¡Loado sea Dios! ¡Hoy he sido maestro!” (21 de abril de 1948).

“En la segunda hora enseñé un tema nuevo de Aritmética: descomposición de números en sus factores primos. Sentí que la clase estaba entusiasmada y que trabajaba a la par mía. Y de pronto tuve la prueba palpable de ello. ¡Ah, qué satisfacción! ¡Cómo se siente uno grande, poderoso, cómo se siente uno “maestro” cuando pasa algo así, y cómo recuerda a Gentile cuando éste habla de la compenetración espiritual entre alumno y profesor!

Yo había dicho, hacía sólo un instante, que en vez de poner: 2(4) = 2 x 2 x 2 x 3, se podía poner 2(4) = 2 (3) x 3. Esto lo habían llegado a descubrir los mismos alumnos luego de varios equívocos. Y bien: puse después, de intento así, que 4 (8) = 2 x 2 x 2 x 2 x 3, y al hacerlo ya sentí detrás de mí las voces de varios: “¡No, señor, no, no, así no!”. Entonces (radiante mi espíritu) me di vuelta y dije: “¿Cómo, pues?”. Fue ahí cuando muchas voces, cuando “la clase” en síntesis, me respondió: “2 (4) x 3”; sin mucha disciplina es cierto, sin niños bien sentados en sus bancos que levantaran correctamente sus manos para contestar recién cuando se les preguntase, sino niños que estaban “viviendo” su aprendizaje” (17 de junio de 1948).

 

 

Este joven venteaniero, idealista, apasionado, con un Español unamuniano, este joven maestro, que mientras tanto estudiaba Pedagogía y soñaba con grandes ideas y reformas, este caballero andante que cuidaba fieramente a sus niños de 11 y 12 años como Don Quijote a sus Dulcineas, este joven que fuera luego el hombre que intentó liberar a los galeotes, este joven efusivo, este joven samurai al servicio de su señor, la niñez,… Era mi padre.

Devino luego el joven en el hombre maduro y de exquisitas formas que conocieron sus amigos, alumnos y familiares, su Español fue más orteguiano, de estilo claro, bello, preciso y de escondida pasión. Se convirtió en el profesor, de palabra medida y justa, en el hombre de consulta y de acción, en el escritor, en el docente, periodista, en el pater familis, en el gran pedagogo y estudioso de Política Educacional, pero nunca dejó de ser el joven apasionado que escribió esas líneas que luego ocultaba con íntimo pudor.

Murió tempranamente, en 1991, a los sesenta y tres años, dejando no sólo el testimonio de su vida, sino sus libros, sus artículos, sus revistas académicas y sus propuestas de reforma. Todo ello constituye un legado que quisiera rescatar y ofrecer a las nuevas generaciones, porque junto con sus circunstancias históricas, hay en sus escritos una pedagogía perenne, un ideal de libertad que parece hoy más olvidado que nunca pero que por eso mismo debemos recordar, en ese recordar que proyecta el futuro y da nueva vida a lo que parece acabado por las miserias humanas, esas de las que él quería proteger a sus alumnos y a todos, con dos brazos que no daban abasto a todo lo que quería hacer y escribir.

Espero que este libro pueda servir a los que aún no han bajado los brazos ante este mundo actual tan opresivo de esa libertad que fue siempre el ideal regulativo de sus escritos, que se fue develando progresivamente hasta ser un verdadero paradigma alternativo al entrenamiento casi inhumano que se esconde hoy bajo el término educación[2].

 



[1] Extractos de su primer libro, autopublicado, a los 19 años, La generación del medio siglo, de 1949. Todos sus libros y artículos, excepto éste, están publicados on line en www.luiszanotti.com.ar. En esa edición on line (quedan en poder de mi hermano y yo algunos ejemplares físicos: Luis Jorge Zanotti, Su Obra Fundamental, Tomos I y II, Instituto de Investigaciones Educativas, 1993) el lector podrá encontrar una introducción biográfica escrita por mi hermano Pablo y yo. Aquí la hemos reproducido como Apéndice uno. Aconsejamos al lector que lo lea ya mismo si quiere, porque el autor es inseparable de su mundo de la vida (Husserl) o sea la circunstancia en términos de Ortega.

[2] El lector se preguntará en qué medida el análisis que un hijo hace sobre su padre puede ser “objetivo”. Esa preocupación está marcada, sin embargo, por un paradigma dominante cultural positivista que ha dividido al mundo en lo subjetivo y lo objetivo. No es así. El conocimiento tiene que ver con el habitar un mundo de la vida, vida no como ADN, sino con la “ontología de la vida” analizada por García Morente, la “circunstancia” de Ortega, el “mundo de la vida” de Husserl, el “horizonte” de Gadamer. Para explicar este tema, siempre pregunto a mis alumnos: háblame de alguna actividad extra-escolar que hagas, que te guste. Surgen muchas respuestas. Por ejemplo, “juego al tenis”. Entonces le pido que me hable, que nos hable, de ese “mundo que habita”. Y lo hace con toda naturalidad. Entonces le pregunto por qué ha podido hablar de ello “sin tener que estudiar para un examen”. Luego de unos momentos de perplejidad, todos se dan cuenta de que ha podido hablar de ello porque el habla (el juego de lenguaje, Wittgnestein) surge de un conocimiento que es igual a “habitar un mundo”. Un habitar que implica una vivencia, una empatía donde intelecto y voluntad son una sola cosa. Y entonces añado: lo que estás diciendo, ¿es tu interpretación? Como la palabra es ya peyorativa en nuestra cultura, el alumno se defiende diciendo que no, que “es verdad”. Sí, precisamente, le digo, es verdad porque habitas en ese mundo y por ende, lo puedes interpretar, que es igual a conocer. Por ende a mayor radicación en ese mundo de la vida, mayor interpretación y, por ende, mayor verdad. ¿O a quién prefieren que les explique literatura inglesa? ¿A Borges o a mí? Después de algunas sonrisas, la respuesta es obvia: Borges. Allí se ve que la presencia del sujeto es indispensable para la verdad. Por ende mi presencia en el mundo de vida de mi padre, mi habitar ese mundo, no garantiza infalibilidad, pero sí, presupuesta la sinceridad y el no mentir, una mayor verdad. Por supuesto, al explicar un autor hay que diferenciar (Eco) entre la intentio auctoris y la intentio lectoris. La primera es qué quiso decir el autor, la segunda, la conjetura interpretativa a la que llega el lector sobre lo primero, desde el horizonte de preocupaciones del lector. Las dos no se pueden separar y entre las dos se da un círculo hermenéutico (Gadamer). Por ende es obvio que yo, como cualquiera, leo a Luis J. Zanotti desde mi intento lectoris, tratando de explicar al lector la obra de mi padre, pero obviamente atravesada por mi conjetura interpretativa de qué quiso decir, influida necesariamente por mi propio horizonte de preocupaciones. Yo podría haber escrito otra introducción aclarando al lector cuál es ese horizonte propio, pero no lo quisiera predisponer a una confusión entre mis preocupaciones y las de mi padre, que no fueron las mismas. El lector irá descubriendo ambas a medida que el texto avance. Sobre todos estos temas, remito a mi libro La hermenéutica como el humano conocimiento, Arjé, Guatemala, 2019.