Publicado originalmente en https://www.estoeshache.com/inmigracion-derecho-individual-decision-comunidad/ , Abril 2026.
El derecho a la libre inmigración y
emigración (a nivel ético, deontológico) nunca había sido un problema en el
liberalismo clásico. Al menos, no en Mises, quien, creemos, sintetiza toda una
tradición al respecto[1].
El liberalismo nunca había
planteado las libertades individuales como fruto de una nacionalidad. Las
libertades individuales se plantearon, no sólo como el resultado de la
evolución del common law (Hayek)[2] sino
como un ideal de igualdad basado en un respeto al individuo en cuanto tal: all
men are created equal…. Y ello, a su vez, como fruto de un largo proceso de
maduración en la noción de persona, que fue originada en el Judeo-Cristianismo[3].
Por ende, la libre movilidad de
capitales y de personas formó parte de un ideal, a veces tácito e implícito, practicado
en cierta medida entre EEUU y Europa al menos hasta la Primera Guerra, e
incluso formó parte de países latinoamericanos como la Argentina. La unidad
“nacional” era más bien la adhesión a un pacto constitucional originario, en el
que la noción de “ciudadanía” pasaba por la aceptación de una Constitución
(liberal) más que por la adhesión a una unidad cultural marcada por razas o
lenguajes.
En Mises, la distinción entre
Nación y Estado[4]
permitía claramente cumplir con ese ideal. Mises llegó a proponer una unidad
plurinacional en Nation, State and Economy[5].
Horrorizado por las consecuencias de la primera guerra, e intentado prevenir lo
que se venía, quiso volver a integrar al otrora Imperio Austro-Húngaro bajo un
mismo Estado bajo diversas naciones. “Estado” es, en Mises, el aparato social
de compulsión y coerción (Weber); “Nación”, en cambio, es una unidad cultural
pasada por el lenguaje (adelantándose notablemente a Wittgenstein con ello).
Por ende un Estado podía reducirse a ser una unidad administrativa en la cual
podían convivir diversas naciones, donde los derechos a la libertad religiosa,
libertad de enseñanza, libre asociación y libertad lingüística eran esenciales.
Como podemos ver, a nadie se le
ocurría, en esta tradición, que la inmigración tuviera algún problema con las
libertades individuales. Un inmigrante era siempre un activo; alguien
que llegaba y tenía todos los incentivos para ponerse a trabajar en pie de
igualdad, respetando los derechos de todos, porque, además, nadie le aseguraba
ningún tipo de seguro social. Así sucedió en EEUU y Argentina por lo menos
hasta principios del s. XX.
Está de más decir lo que cambió el
mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de los
sistemas de seguridad social estatales, el mundo bipolar del 45 hasta el 91
aseguró cierta libertad de movimientos, al menos dentro del llamado “mundo
libre”.
Desde 1991 en adelante, algunos
comienzan a ver una etapa de “globalización” más intensa que la anterior. Pero
si vamos a estar atentos a las características del intervencionismo descripto
por Mises[6], se
trató más bien de la globalización del intervencionismo. Más que capitalismo
global, fue un intervencionismo global, caracterizado por un crony
capitalism y por controles cada vez más estrictos por parte de todos los
organismos internacionales de las Naciones Unidas.
Pero a ello sumemos algo inédito
hasta entonces: lo que podríamos llamar noción post-moderna de la inmigración.
Una inmigración en la que los
migrantes ya no son individuos, sino grupos colectivos que demandan no solo
toda la protección social de los Estados Providencia, sino también ser
reconocidos en una identidad cultural que no tiene por qué respetar ciertas
libertades individuales ajenas a su propia identidad.
Eso es totalmente diferente de la
inmigración liberal. En el liberalismo, el migrante es un individuo entre
individuos, con los mismos derechos que los demás, y debe respetar los derechos
de todos. Pero no porque haya hecho un “curso”, sino porque absorbía un
horizonte de precomprensión “liberal” que se fue perdiendo paulatinamente y hoy
podríamos dar por perdido con el post-modernismo cultural y la cultura woke.
Esta noción post-moderna de
inmigración, alentada por los partidos europeos de izquierda y por el Partido
Demócrata norteamericano, ha quebrado el pacto constitucional liberal
clásico otrora predominante, que permitía convivir bajo un mismo ideal
(liberal) a personas de las más diversas razas, religiones y lenguajes.
Las reacciones ante todo esto han
sido de dos tipos. Una, nacionalista, otra, libertaria.
La nacionalista opone una identidad
nacional determinada a ese tipo de inmigración y al intervencionismo de las
Naciones Unidas. Es la ideología dominante de casi todas las reacciones
políticas de derecha en Europa y en cierta medida en el movimiento MAGA en los
EEUU.
La reacción libertaria, en cambio,
vuelve a levantar la bandera de las hoy casi olvidadas libertades individuales
clásicas ante el intervencionismo de la ONU. No, no es en nombre de una nación
que los grupos colectivos no pueden entrar y hacer lo que quieran; no es en
nombre de una nación que habría que oponerse a la mayor parte de los tratados
de la ONU (la agenda 2030) sino en nombre de libertades individuales que hoy ya
casi no tienen sentido en las nuevas constituciones “sociales”. El sujeto del
pacto constitucional, en los liberales clásicos o libertarios (dejando de lado
el debate con el anarco-capitalismo) es el individuo, que es a su vez el sujeto
de las libertades. Lejos de ser esto una cultura “individualista”, es un ideal
que puede dar origen a profundos lazos de cooperación, como ya advirtió
Tocqueville en su clásico “Democracia en América”[7]. El
ideal libertario pasa por esas libertades. No derecho a la información, sino
libertad de expresión; no derecho a la educación, sino libertad de enseñanza;
no derecho a la salud, sino derecho de libre asociación, derechos y libertades
negativos que paradójicamente dieron y darán origen a mejores sistemas de
salud, educación y comunicación, en contraposición a Estados-Providencia
intrínsecamente ineficientes y deficitarios.
Por supuesto, esto deja hoy a los
libertarios de todo el mundo en una difícil situación de alianzas provisorias,
en lo político, con los movimientos nacionalistas de derecha. Qué deben hacer, con quiénes deben aliarse en
el sistema político o, al contrario, permanecer aislados (como por ejemplo la
mayor parte de libertarios pertenecientes al LewRockwell Institute de EEUU) es
algo que nadie puede decir a priori. Y qué hacer si llegaran a formar parte de
algún gobierno, tampoco se puede proponer de modo universal. Por supuesto que
no podrían consentir con ciertas políticas nacionalistas de cierre de
fronteras. Pero en las circunstancias actuales, pedir un visado a personas
provenientes de ciertos territorios, no parece ser un absurdo.
Sin embargo, qué hacer hoy mismo,
en la Europa de hoy y en EE. UU., es algo en lo cual un libertario se siente
particularmente perplejo.
Tal vez el retroceso cultural e
institucional ya no tenga solución, excepto algún tipo de liderazgo que,
evidentemente, brilla por su ausencia.
[1]
Mises, L. von: Liberalismo (1927); Unión Editorial, Madrid, 1927.
[2]
Hayek, F. A. von: Los fundamentos de la Libertad; Unión Editorial,
Madrid, 1960.
[3]
Zanotti, G.: Judeo-Cristianismo, Civilización Occidental y Libertad;
Instituto Acton, Buenos Aires, 2018.
[4]
Mises, L. von: Liberalismo, opc.it.
[5] Institute For Humane Studies,
1983.
[6] Mises, L. von: Human
Action, Henry Regnery, 1966.
[7] Alianza, Madrid, 1980.

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