lunes, 19 de octubre de 2026

LIBRE INMIGRACIÓN E IDENTIDAD CULTURAL: UN GRAVE PROBLEMA HOY EN OCCIDENTE

 Publicado originalmente en https://www.estoeshache.com/inmigracion-derecho-individual-decision-comunidad/ , Abril 2026.

 

El derecho a la libre inmigración y emigración (a nivel ético, deontológico) nunca había sido un problema en el liberalismo clásico. Al menos, no en Mises, quien, creemos, sintetiza toda una tradición al respecto[1].

El liberalismo nunca había planteado las libertades individuales como fruto de una nacionalidad. Las libertades individuales se plantearon, no sólo como el resultado de la evolución del common law (Hayek)[2] sino como un ideal de igualdad basado en un respeto al individuo en cuanto tal: all men are created equal…. Y ello, a su vez, como fruto de un largo proceso de maduración en la noción de persona, que fue originada en el Judeo-Cristianismo[3].

Por ende, la libre movilidad de capitales y de personas formó parte de un ideal, a veces tácito e implícito, practicado en cierta medida entre EEUU y Europa al menos hasta la Primera Guerra, e incluso formó parte de países latinoamericanos como la Argentina. La unidad “nacional” era más bien la adhesión a un pacto constitucional originario, en el que la noción de “ciudadanía” pasaba por la aceptación de una Constitución (liberal) más que por la adhesión a una unidad cultural marcada por razas o lenguajes.

En Mises, la distinción entre Nación y Estado[4] permitía claramente cumplir con ese ideal. Mises llegó a proponer una unidad plurinacional en Nation, State and Economy[5]. Horrorizado por las consecuencias de la primera guerra, e intentado prevenir lo que se venía, quiso volver a integrar al otrora Imperio Austro-Húngaro bajo un mismo Estado bajo diversas naciones. “Estado” es, en Mises, el aparato social de compulsión y coerción (Weber); “Nación”, en cambio, es una unidad cultural pasada por el lenguaje (adelantándose notablemente a Wittgenstein con ello). Por ende un Estado podía reducirse a ser una unidad administrativa en la cual podían convivir diversas naciones, donde los derechos a la libertad religiosa, libertad de enseñanza, libre asociación y libertad lingüística eran esenciales.

Como podemos ver, a nadie se le ocurría, en esta tradición, que la inmigración tuviera algún problema con las libertades individuales. Un inmigrante era siempre un activo; alguien que llegaba y tenía todos los incentivos para ponerse a trabajar en pie de igualdad, respetando los derechos de todos, porque, además, nadie le aseguraba ningún tipo de seguro social. Así sucedió en EEUU y Argentina por lo menos hasta principios del s. XX.

Está de más decir lo que cambió el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de los sistemas de seguridad social estatales, el mundo bipolar del 45 hasta el 91 aseguró cierta libertad de movimientos, al menos dentro del llamado “mundo libre”.

Desde 1991 en adelante, algunos comienzan a ver una etapa de “globalización” más intensa que la anterior. Pero si vamos a estar atentos a las características del intervencionismo descripto por Mises[6], se trató más bien de la globalización del intervencionismo. Más que capitalismo global, fue un intervencionismo global, caracterizado por un crony capitalism y por controles cada vez más estrictos por parte de todos los organismos internacionales de las Naciones Unidas.

Pero a ello sumemos algo inédito hasta entonces: lo que podríamos llamar noción post-moderna de la inmigración.

Una inmigración en la que los migrantes ya no son individuos, sino grupos colectivos que demandan no solo toda la protección social de los Estados Providencia, sino también ser reconocidos en una identidad cultural que no tiene por qué respetar ciertas libertades individuales ajenas a su propia identidad.

Eso es totalmente diferente de la inmigración liberal. En el liberalismo, el migrante es un individuo entre individuos, con los mismos derechos que los demás, y debe respetar los derechos de todos. Pero no porque haya hecho un “curso”, sino porque absorbía un horizonte de precomprensión “liberal” que se fue perdiendo paulatinamente y hoy podríamos dar por perdido con el post-modernismo cultural y la cultura woke.

Esta noción post-moderna de inmigración, alentada por los partidos europeos de izquierda y por el Partido Demócrata norteamericano, ha quebrado el pacto constitucional liberal clásico otrora predominante, que permitía convivir bajo un mismo ideal (liberal) a personas de las más diversas razas, religiones y lenguajes.

Las reacciones ante todo esto han sido de dos tipos. Una, nacionalista, otra, libertaria.

La nacionalista opone una identidad nacional determinada a ese tipo de inmigración y al intervencionismo de las Naciones Unidas. Es la ideología dominante de casi todas las reacciones políticas de derecha en Europa y en cierta medida en el movimiento MAGA en los EEUU.

La reacción libertaria, en cambio, vuelve a levantar la bandera de las hoy casi olvidadas libertades individuales clásicas ante el intervencionismo de la ONU. No, no es en nombre de una nación que los grupos colectivos no pueden entrar y hacer lo que quieran; no es en nombre de una nación que habría que oponerse a la mayor parte de los tratados de la ONU (la agenda 2030) sino en nombre de libertades individuales que hoy ya casi no tienen sentido en las nuevas constituciones “sociales”. El sujeto del pacto constitucional, en los liberales clásicos o libertarios (dejando de lado el debate con el anarco-capitalismo) es el individuo, que es a su vez el sujeto de las libertades. Lejos de ser esto una cultura “individualista”, es un ideal que puede dar origen a profundos lazos de cooperación, como ya advirtió Tocqueville en su clásico “Democracia en América”[7]. El ideal libertario pasa por esas libertades. No derecho a la información, sino libertad de expresión; no derecho a la educación, sino libertad de enseñanza; no derecho a la salud, sino derecho de libre asociación, derechos y libertades negativos que paradójicamente dieron y darán origen a mejores sistemas de salud, educación y comunicación, en contraposición a Estados-Providencia intrínsecamente ineficientes y deficitarios.

Por supuesto, esto deja hoy a los libertarios de todo el mundo en una difícil situación de alianzas provisorias, en lo político, con los movimientos nacionalistas de derecha.  Qué deben hacer, con quiénes deben aliarse en el sistema político o, al contrario, permanecer aislados (como por ejemplo la mayor parte de libertarios pertenecientes al LewRockwell Institute de EEUU) es algo que nadie puede decir a priori. Y qué hacer si llegaran a formar parte de algún gobierno, tampoco se puede proponer de modo universal. Por supuesto que no podrían consentir con ciertas políticas nacionalistas de cierre de fronteras. Pero en las circunstancias actuales, pedir un visado a personas provenientes de ciertos territorios, no parece ser un absurdo.

Sin embargo, qué hacer hoy mismo, en la Europa de hoy y en EE. UU., es algo en lo cual un libertario se siente particularmente perplejo.

Tal vez el retroceso cultural e institucional ya no tenga solución, excepto algún tipo de liderazgo que, evidentemente, brilla  por su ausencia.



[1] Mises, L. von: Liberalismo (1927); Unión Editorial, Madrid, 1927.

[2] Hayek, F. A. von: Los fundamentos de la Libertad; Unión Editorial, Madrid, 1960.

[3] Zanotti, G.: Judeo-Cristianismo, Civilización Occidental y Libertad; Instituto Acton, Buenos Aires, 2018.

[4] Mises, L. von: Liberalismo, opc.it.

[5] Institute For Humane Studies, 1983.

[6] Mises, L. von: Human Action, Henry Regnery, 1966.

[7] Alianza, Madrid, 1980. 

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