domingo, 21 de enero de 2024

ALGUNAS ACLARACIONES ACADÉMICAS SOBRE LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA.

La Escuela Austríaca se ha politizado. Por un lado, impresionante. Luego de ser un cero a la izquierda incluso en lo académico, ha pasado al centro del Foro de Davos y de la política argentina. Bueno, ok. La verdad, no estábamos acostumbrados a eso.

Por el otro, ese es el problema. Esa exposición mediática puede tener sus consecuencias negativas para la comunicación de la EA. Muchos que jamás escucharon hablar de ella están ahora tratando de conocer rápidamente, de fuentes dudosas o apuradas, qué es, y comunican lo que no entienden –tanto partidarios como detractores de Milei- y además los académicos de la EA no están acostumbrados a los cánones muy distintos de la comunicación política.

Pero esta entrada no es, precisamente, política. No es un intento de apoyo o crítica a la gestión política, económica o comunicativa del gobierno de Milei y sus funcionarios. Es solamente un intento de clarificación académica sobre algunos aspectos de la EA que se están exponiendo en medio de las confusiones comprensibles de las agitadas aguas de la política.

En primer lugar: Milei adhiere a una línea de la EA, que no es toda la EA. Está en todo su derecho. Simplemente queremos aclarar que la línea del Mises Institute sostiene que hay una EA “ortodoxa” (escolásticos, Menger, Mises, Rothbard, Hoppe) “contra” economistas austríacos “heterodoxos” (Wieser, Hayek, Machlup, Lachmann) que habrían sido más “intervencionistas”. Esa línea (la del Mises Institute) está, además, políticamente alineada con el anarco-capitalismo, y por eso Milei cita siempre a Rothbard, Alberto Benegas Lynch (h) y Jesús Huerta de Soto. El anarcocapitalismo es un movimiento político complejo que no puede ser definido unívocamente. En general se podría decir que rechazan al Estado Federal de la Constitución Norteamericana de 1787. Están ligados al movimiento anti-federalista, esto es, los que querían una con-federación con derecho a la secesión y NO una federación como la que finalmente se sancionó.

Vuelvo a decir, no es el momento de alabar o criticar esa línea que, como todas, tiene muchas verdades y otras no tanto. Simplemente hay que aclarar que no es la única línea en los austríacos. Hay muchos economistas austríacos que NO adhieren al anarco-capitalismo: son más bien liberales clásicos. Ambas líneas utilizan el nombre “libertarianismo” en contraposición al uso de los términos “liberal”, “liberalismo”, EN los EEUU, donde significan welfare state, New Deal o John Rawls. Eso produce habitualmente una gran confusión.

Hayek es el típico representante de esta línea: un liberalismo conservador, casi a lo Burke, y en economía más partidario de que pueda haber bienes públicos legítimos conforme al principio de subsidiariedad, citado explícitamente por Hayek en el libro II de Law, Legislation and Liberty. En su filosofía de las ciencias era más dialogante con la filosofía de las ciencias actual (Popper). Según Israel Kirzner (citado con toda justicia por Javier Milei) Mises y Hayek habrían constituído, a pesar de sus diferencias, un programa de investigación unificado para conformar la teoría del mercado como proceso versus las utilizaciones intervencionistas de los modelos neoclásicos habituales. Esta línea influye mucho en Don Lavoie y en su gran discípulo, Peter Boettke y sus colegas en el Merkatus Center. Esta línea de la EA de ningún modo comparte que hay una EA “ortodoxa” y otra “heterodoxa” como Hoppe ha planteado.

Por lo demás, no es verdad que la EA está necesariamente enfrentada con toda la economía neoclásica. Rothbard, Benegas Lynch y Huerta de Soto, sí. Pero en los últimos años ha habido mucho diálogo entre los austríacos y otros economistas partidarios del libre mercado que utilizan modelos neoclásicos convencionales. Esto lo destaca sobre todo Peter Boettke en su libro del 2010, Living Economics. La gran distinción actualmente es entre good y bad economics. La primera es la que entiende al sistema de precios como comunicación de conocimiento disperso. En esta línea están chicaguenses eminentes como Friedman, G. Becker, Coase; el creador del Public Choice (J. Buchanan) y sus discípulos, y los fundadores del “Law and economics”, esto es, el análisis de la relación entre derechos de propiedad y escasez. Todos estos programas de investigación (a los que habría que agregar la Nueva Economía Institucional, (Elinor Ostrom) de la cual el mismo Hayek forma parte) conforman hoy la good economics, de la cual los austríacos al estilo Boettke son una línea más.

De lo anterior se infiere que no todos los economistas austríacos sostienen que no hay fallas de mercado. Sí las hay (bienes públicos y externalidades), la diferencia con los intervencionistas es que sostienen que esas fallas son resueltas por el mercado libre a partir de la interpretación tanto austríaca como chicaguense del famoso Teorema de Coase, que fundamentalmente afirma que si hay una externalidad negativa (por ejemplo la contaminación) el mercado, como proceso de descubrimiento (Hayek), puede generar nuevos derechos de propiedad para resolver el problema. De igual modo con los bienes públicos, la mayoría de los cuales pueden convertirse en bienes públicos privados (como por ejemplo un barrio country) que también ayudan a solucionar los problemas de contaminación.

De lo cual se infiere que no necesariamente todos los economistas de la EA tienen que negar que haya problemas ambientales y climáticos que sean productos de la actividad humana. Más allá del debate de ciencias naturales de si hay cambio climático y en qué medida es natural o producto de lo humano, varios economistas de la EA, por las razones referidas anteriormente, sostienen que los problemas climáticos y de contaminación pueden ser resueltos por el mercado, en la medida que funcione como un incentivo a la generación y comercialización de energías limpias.

Por lo demás, no todos los economistas de la EA rechazan de plano el término “justicia social”. Este problema viene de que Hayek llamó justicia social a la redistribución de ingresos por parte de los gobiernos federales, lo cual genera incentivos infinitos al gasto público. Pero Hayek mismo dijo en el libro II de “Derecho, Legislación y Libertad” que el Estado puede tener un rol subsidiario sobre ciertos bienes públicos, y admite más de una vez que los gobiernos locales, municipales (siguiendo con ello la tradición de Tocqueville) pueden re-distribuir en temas de salud y educación, siempre que lo hagan de manera NO monopólica, sin impuestos progresivos a la renta, con impuestos aprobados por los ciudadanos del municipio y, obviamente, sin emisión monetaria con curso forzoso. Todas estas cláusulas, según Hayek pero también Buchanan, deberían ser elevadas a nivel constitucional, lo cual sería el fin del crony capitalism (capitalismo de amigos) tan confundido ahora con el mercado libre.

Por lo demás, no todos los economistas y pensadores austríacos tienen un enfrentamiento con la Doctrina Social de la Iglesia. Autores como Michel Novak, Robert Sirico, Leonard Liggio, Alejandro Chafuen, Samuel Gregg y Martin Rhonheimer y muchos más en España, Italia y Argentina, han establecido una línea de diálogo con los principios básicos de la Doctrina Social de la Iglesia, ayudando también a separar de esta última de sus versiones habitualmente intervencionistas. Son autores que retoman, en un ambiente eclesial hostil, la misma línea de liberales clásicos católicos como Lord Acton, Lacordaide, Montalambert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, los liberales católicos del s. XIX, una corriente tan olvidada hoy tanto por católicos como por liberales.

Por lo demás, no todos los economistas de la EA son culturalmente conservadores, pero sí todos se oponen a la intervención del estado en ciertas áreas. Así, por ejemplo, se oponen al feminismo radical en la medida que éste implique la imposición coactiva de cuotas y cupos en la contratación de personal; igual restricción tienen, en general, contra toda affirmative action que aunque bien intencionada moralmente, lleve a la intervención coactiva del estado en esas materias. De igual modo, también se oponen a los programas estatales obligatorios de educación, lo cual incluye la educación sexual impuesta por el Estado, la cual (como, por lo demás, como todos los contenidos educativos) debe ser voluntaria y quedar a la libre decisión de padres e institutos privados. De igual modo se oponen a políticas de diversidad de género que sean obligatoriamente impuestas por el Estado, e igualmente defienden la libertad de expresión en temas donde parece imponerse coactivamente una sola voz, ya sea del gobierno o de la ONU, en temas de clima, indigenismo, diversidad sexual o pandemias. O sea: en materia de educación y salud (y pandemias) defienden también que el conocimiento disperso tiende a la coordinación por medio de la libre expresión (Mill, Popper, Hayek, Feyerabend) y del mercado libre, tanto en contenidos como en eficiencia, lo cual no es más que seguir a Mises en cuanto a la imposibilidad de cálculo económico en el Socialismo en todas las áreas, no sólo en economía. Eso no los hace conservadores, sino sencillamente liberales clásicos o libertarios.

No hemos agotado todos los temas. Simplemente espero haber dejado claro que la EA y la corriente de pensamiento llamada “liberal” no es algo tan simple y unívoco como el debate político, por motivos comprensibles, presenta a ambas corrientes.

Pero ello tiene consecuencias políticas: la alianza y el diálogo con sectores políticos que, aunque no liberales, estén dispuestos a colaborar con una Argentina conforme a la Constitución de 1853. 

miércoles, 17 de enero de 2024

LO MÁS IMPORTANTE DEL DISCURSO DE MILEI...............

 .............es que haya sido dicho en Davos, y haya despertado todas las sorpresas y perplejidades que despertó.

Porque entre los liberales, "que no somos manada", habrá diferencias con el discurso en sí mismo. Pero no es el caso. No importa ahora lo que yo u otros opinemos de eso. Lo importante es que ideas libertarias han sido dichas en el lugar justo, el centro del intervencionismo mundial. El lugar que muchos creen que es ahora Occidente o la libertad, cuando definitivamente no es así. Es el lugar desde donde Occidente se está tirando al precipicio. Y una voz, imperfecta, sí, de colores fueres y sin matices, como todo lo lationamericano, pero voz al fin, les dijo lo que merecían escuchar, lo que no querían escuchar, lo que nunca hubieran esperado escuchar. 

Eso ha sido lo importante, eso ha sido lo histórico. 

Por lo demás, la complejidad misma de los fenómenos sociales se encargarán de ir colocando los detalles en su lugar. 

LA CRÍTICA DE EDMUND BURKE AL CONSTRUCTIVISMO SEGÚN GEORGE SABINE

 "...Fue este sentido de la solidez de la vida comunal y de la relativa impotencia de la razón y la voluntad individual es que hizo a Burke enemigo de las ideas abstractas en política. Tales ideas son siempre demasiado sencillas puede encajar en los hechos. Dan por supuesto un grado de inventiva que ni siquiera el estadista más sabio posee y un grado de adaptabilidad del que carecen las instituciones. Éstas no son inventadas o creadas; viven y se desarrollan. De ahí que haya que aproximarse a ellas con reverencia y tocarlas con precaución, ya que el político planeador e imaginativo que inventa planes especulativos y aventurados de nuevas instituciones, puede con facilidad destruir aquello que no tiene la inteligencia necesaria para reconstruir. Las viejas instituciones operan bien porque tienen tras sí mucho tiempo de habituación, familiaridad y respeto; ninguna nueva invención, por lógica que sea, operará hasta que ella haya reunido a su alrededor un cuerpo semejante de hábito y sentimiento. Por ello, las pretensiones de los funcionarios de hacer una nueva constitución y un nuevo gobierno eran, a los ojos de Burke, locas y trágicas a la vez. Puede cambiarse y mejorarse un gobierno, pero sólo poco a poco y siempre de acuerdo con los hábitos de su pueblo y dentro del espíritu de su propia historia. Esto era lo que quería decir Burke cuando hablaba de consultar el espíritu de la constitución. Tenía una reverencia casi mística por la sabiduría de un pueblo encarnada en sus instituciones. Suponía que una gran tradición política contiene siempre la clave de su propio desarrollo, no siguiendo de modo servir los precedentes, sino mediante la adaptación de una práctica consuetudinaria a una situación nueva. Esto era para él el arte del estadista, conservar por medio del cambio. Se trataba de una facultad de penetración tanto como de razón y en cuanto tal no era susceptible de ser definida"


Sabine, G.: Historia de la teoría política, FCE, 1989, p. 466-467.

 

lunes, 15 de enero de 2024

domingo, 14 de enero de 2024

SOBRE EL DNU, EL "RULE OF LAW" Y EL LIBERALISMO CLÁSICO.

 En los debates sobre la legitimidad o no de que un gobierno "liberal" dicte un DNU el que se está debatiendo, he notado una tendencia a decir que la constitucionalidad del DNU radica en que deroga legislaciones intervencionistas violatorias de libertades individuales protegidas en el texto constitucional. Ello ha llevado a cierta contraposición entre "liberalismo" y "república": el DNU puede llegar a ser contrario a la división de poderes pero no a las libertades individuales y por ende no contrario al liberalismo.

¿Es correcta esta argumentación?

Creo que los liberales interpretan de este modo este clásico texto de Hayek en su artículo "El liberalismo" de 1973:

 

"...La insistencia sobre el principio de una ley igual para todos y la consiguiente oposición a toda suerte de privilegio legalmente reconocido aproximaron considerablemente el liberalismo al movimiento a favor de la democracia. En efecto, en las luchas del siglo XIX para conseguir gobiernos constitucionales, el movimiento liberal y el democrático fueron a menudo indistinguibles. Pero, con el transcurso del tiempo, se hicieron cada vez más evidentes las consecuencias del hecho de que ambas doctrinas estaban ligadas —en última instancia— a problemáticas muy distintas. El liberalismo se interesa por las funciones del gobierno y, en particular, por la limitación de sus poderes. Para la democracia, en cambio, el problema central es el de quién debe dirigir el gobierno. El liberalismo reclama que todo poder —y por lo tanto también el de la mayoría— esté sometido a ciertos límites. La democracia llega, en cambio, a considerar la opinión de la mayoría como el único límite a los poderes del gobierno. La diversidad entre ambos principios se patentiza si se piensa en los respectivos opuestos: para la democracia, el gobierno autoritario; para el liberalismo, el totalitarismo. Ninguno de los dos sistemas excluye necesariamente el opuesto del otro: una democracia puede muy bien ejercer un poder totalitario, y en el límite es concebible que un gobierno autoritario actúe según principios liberales".

Por supuesto, hay que colocar el texto en el contexto de la obra de Hayek para entender sus preocupaciones. Para Hayek el problema es el límite al poder. El “régimen” no es en ese sentido el problema, sino el límite. Por eso sus invectivas contra la democracia ilimitada, y por eso dice que es “concebible” que un gobierno autoritario actúe según principios liberales.

 

¿Quiere decir ello que Hayek no ha defendido la tradición del Rule of Law que proviene de la tradición anglosajona? ¿Quiere decir ello que siempre ha defendido una monarquía absoluta “liberal” dejando de lado la evolución de las instituciones inglesas, sobre todo luego de 1688? ¿Quiere decir ello que defendió siempre un poder ejecutivo sin división de poderes al estilo anglosajón?

 

No. De ningún modo. El cap. 11 de su libro “Los fundamentos de la libertad” está dedicado a la explicación de la evolución del Estado de Derecho. No sólo en ese texto, Hayek siempre ha visto al liberalismo como la evolución de un orden espontáneo inglés donde “división de poderes” significaba que el rey y el parlamento no legislaban contra el “law” custodiado por los jueces (common law) y la Cámara de los Lores. Llevado eso al aporte norteamericano (capítulo 12 del referido libro) ello significó un gobierno mixto, donde la monarquía se convertía en el poder ejecutivo; la aristocracia, correspondiente a la Cámara de los Lores y a los Jueces, en el Senado, la Suprema Corte, el control de constitucionalidad y la elección indirecta (colegion electoral) del presidente y senadores; y el elemento democrático, muy limitado, que en Inglaterra era el parlamento, se convertía en The House o la cámara de diputados.

 

Hayek no sólo nunca abjuró de todo ello, sino que lo defendió siempre como el mejor ejemplo de limitación al poder en contraposición, sí, a la democracia “a lo Rousseau”, donde (independientemente de que esa interpretación de Rousseau fuera correcta) el poder legislativo era ilimitado.

 

Por supuesto, el ideal regulativo de la filosofía política de Hayek, su “imperativo categórico implícito”, como siempre digo, son las libertades individuales, que evolucionaron con el common law, no in abstracto, sino en lo concreto de esa tradición jurídica. Por supuesto, Hayek siempre fue muy crítico de la “in-volución” posterior de las instituciones inglesas y norteamericanas, pero cuando llegó el momento de proponer reformas, en el libro III de “Derecho, Lagislación y Libertad”, la propuesta fue una reforma constitucional, donde enfatizaba una vuelta a la Cámara de los Lores y al gobierno de los jueces. Independientemente de la practicidad de la propuesta, es obvio que siempre volvía al espíritu del Rule of Law originario, y nunca a un poder ejecutivo sin la división de poderes al estilo inglés. Claro que es “concebible” un déspota ilustrado sin ningún límite jurídico que respete los derechos individuales, pero no fue esa la propuesta concreta de Hayek. El jamás defendió a un Hobbes liberal ni nunca lo propuso.

 

Hasta aquí, nuestra interpretación de Hayek.

 

Ahora veamos el problema de los liberales latinoamericanos, a los cuales les hemos dedicado ya otras entradas (https://www.hacer.org/pdf/Zanotti04.pdf; https://gzanotti.blogspot.com/2023/12/sobre-el-constructivismo-criticado-por.html; https://gzanotti.blogspot.com/2023/05/el-problema-del-liberalismo-argentino.html; https://gzanotti.blogspot.com/2023/05/la-obsesion-por-el-poder-ejecutivo.html; https://gzanotti.blogspot.com/2023/03/la-inseguridad-no-implica-abandonar-el.html; https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/valores-catolicismo-y-desarrollo_38.html;).

 

 

Pero ahora demos un giro adicional: creo que la tradición liberal clásica no fue pensada para ellos, y creo que Hayek no escribía para ellos. Ellos siempre se enfrentaron, ya sea con dictaduras de izquierda, ya sea con democracias ilimitadas donde jueces y congreso tenían poderes absolutos y políticas intervencionistas. Con lo cual siempre se les planteó la pregunta del millón: cómo cambiar eso jugando dentro de lo que quedaba de reglas democráticas (esto es, suponiendo que no se llega a extremos de hipocresía y cinismo como Chávez y Maduro).

 

Ante esa pregunta, desarrollaron la tendencia a depositar sus esperanzas en poderes ejecutivos fuertes, que gobernaran contra el Congreso, o directamente con gobiernos militares que muchos de ellos consideraban despotismos ilustrados (yo fui testigo directo de muchos civiles ilustrados liberales en Argentina, que, en 1976, miraban a Videla como si fuera el General de Gaulle).

 

Y por eso interpretan el referido texto de Hayek como dándoles la razón.

 

El problema de ese “liberalismo constructivista” radica en dos cuestiones:

 

a)      El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Lord Acton. No es novedad pero parece que sí. No ha habido históricamente ningún caso de poder absoluto que respete por buena voluntad las libertades individuales, sencillamente porque la naturaleza humana no da para eso. Si así fuera, busquemos al santo en cuestión y problema político terminado. Pero ello es contrario a toda la tradición constitucionalista de “El Federalista” y de la naturaleza humana como la describe Adam Smith, que junto con Locke estuvieron a un milímetro de ser tan pesimistas como Hobbes.

 

b)   Por paradójico que sea, una sociedad que por décadas está acostumbrada al corporativismo y a una legislación intervencionista, con división formal de poderes, también es un límite al poder. ¿De quién? De quien intente barrer con todo ello de un día para el otro, ejerciendo violencia contra las tradiciones existentes. Los liberales latinoamericanos creen que Hayek sólo habla de tradiciones cuando se refiere a tradiciones liberales. No es así. Su advertencia contra el constructivismo es una afirmación de la evolución contra la revolución. Toda evolución. Una sociedad corporativa e intervencionista es una base cultural que, o declina totalmente, o evoluciona, pero siempre a partir de sí misma, nunca a partir de un acto de afirmación legislativa violenta. Comprendo que los liberales latinoamericanos no tengan paciencia. Pero han olvidado lo que significa un marco cultural, cualquiera sea. La revolución siempre implica violencia. La violencia siempre refuerza la anomia institucional. Los liberales latinoamericanos siempre se piensan a sí mismos como El Zorro luchando contra el malo comandante. Pero a Diego de la Vega nunca se le ocurrió que su salida reforzaba la anomia institucional donde se encontraba. La cuestión era lograr que las instituciones limitaran el poder, ya sea del Capitán Monasterio o de Diego de la Vega. De lo contrario, estos se irán sucediendo uno a otro en un corsi y ricorsi de la Historia que siempre manifestaría una inestabilidad política intrínseca, que es todo lo contrario a las condiciones políticas del desarrollo económico.

 

Por supuesto, cómo lograr que una sociedad intervencionista evolucione hacia el liberalismo es la pregunta del millón. Las propuestas, al respecto, son conjeturas. Pero la violencia viola el deber ser y además no funciona (1).

 

Y eso es, creo, una certeza. 


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PD: Esto NO implica que "el experimento Milei" necesariamente no funcione. Puede ser que el DNU entre en una instancia de negociación del cual salga un 50%; puede ser que sindicatos y organizaciones sociales no le invadan la Casa Rosada; puede ser que las presentaciones judiciales no prosperen; puede ser que la población en general soporte el sinceramiento de precios sin apoyar a opositores cada vez más populares, pero son todos "puedeseres" muy complejos....