viernes, 13 de febrero de 2026

EL INTENTO DE DIÁLOGO ENTRE LA FSSPX Y LA SANTA SEDE: DESCUBRIENDO AMÉRICA

 La reunión de la Santa Sede (decimos así porque Mons. Fernández está actuando en nombre de León XIV) con la FSSPX (Davide Pagliarani) ha despertado diversas interpretaciones. Algunos la ven como un ultimatum de la Santa Sede a la FSSPX (NO consagren obispos o…..); yo la veo más bien como una continuidad con Benedicto XVI, que permanentemente los invitaba al diálogo sobre el Vaticano II, con una autoridad intelectual que, por supuesto, sólo él tenía.

En este caso se ha hecho explícito algo que hace tiempo se conversa por lo bajo. La “aceptación” del Vaticano II, ¿era una cuestión de 1 o 0? ¿Era todo o nada? Lo cual refería y refiere a otro problema central de la Iglesia, no del todo aclarado: ¿qué grado de aceptación requieren los documentos del Magisterio que no son ex cátedra? Ya sé que hay mucho escrito sobre eso, pero es un tema no sólo debatido in abstracto, en una vida académica sin implicaciones pastorales, sino que es una cuestión que afecta a la vida de cada creyente en grados diversos. En el caso de la FSSPX, muchas veces me pregunté si no se podría llegar a un acuerdo que implicara una “aceptación condicionada”. O sea, volvemos a la unidad, acordamos no condenar en público e in totum al Vaticano II, y menos aún a los católicos que lo acepten, pero acordamos con la Santa Sede iniciar una serie de conversaciones donde con altura se discutan los puntos que nos parezcan dudosos.

Y me parece que se está llegando a esa instancia, porque explícitamente en dicha reunión se propone dialogar “…. «La diferencia entre un acto de fe y la 'sumisión religiosa de mente y voluntad'», y «los diferentes grados de adhesión que exigen los diversos textos del Concilio Ecuménico Vaticano II y su interpretación»”.

Creo que están descubriendo América. Bueno, más vale tarde que nunca. ¿Tenía que pasar la FSSPX por la Historia de la Iglesia para que llegaran a tan obvia conclusión? Hace milenios que algunos católicos formados, en silencio, (bueno, yo no tanto en silencio....) vivimos diariamente esa distinción. Por supuesto, con todas las aclaraciones pertinentes. No es lo mismo un acto magisterial sobre un tema de un precepto primario de ley natural que la adhesión de Pablo VI a la teoría del desarrollo de la Cepal. Y podríamos seguir.

Sobre el Vaticano II, el mismo Benedicto XVI aclaró que sus formulaciones no son perfectas, y él mismo, como teólogo privado, hizo infinidad de aclaraciones y distinciones cuando ya muchos años habían pasado desde 1965. Y como pontífice, en su famoso discurso del 22 de Diciembre del 2005 propuso su hermenéutica de la continuidad y la reforma sobre el Vaticano II. Por supuesto, para ser coherentes, tampoco es ese un acto magisterial que deba tomarse en todo o en nada, y además un discurso no es lo mismo que una encíclica, y etc. Por ese motivo, más que proponer ese discurso de una forma autoritaria, me pregunto hasta qué punto no se podría proponer ese discurso como un punto de partida de un debate con altura sobre el Vaticano II, como marco de la aceptación condicionada anteriormente referida.

Más allá de todo esto, lo que está sucediendo es una dura lección que algunos católicos, de izquierda, de derecha, cardenales del Vaticano o laicos, están aprendiendo: no todo acto del magisterio ordinario se acepta en todo o en nada, y hay grados, matices, y debates con altura a los cuales la Iglesia, por izquierda o por derecha, no está acostumbrada, ni tiene los canales correspondientes. 

Por lo demás, algo curioso: para los del camino sinodal alemán, por ejemplo, el grado de aceptación de la autoridad pontificia es “nada”. Para los de la FSSPX, hasta ANTES del Vaticano II, era “todo”. Ahora los matices que se les proponen, y que ellos además quieren, deberían aplicarlos a la Quanta cura si fueran coherentes.

Es lamentable que cosas como estas se tengan que aprender por la presión de las circunstancias y no por la comprensión de los principios en juego. 

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