domingo, 7 de enero de 2024

LAS ACLARACIONES DE RATZINGER SOBRE EL VATICANO II Y LA MODERNIDAD CATÓLICA

PUBLICADO EN CRITERIO, NOV/DIC 2023

1100 páginas, sin los apéndices y los índices. Esa es la extensión de las aclaraciones y comentarios de Joseph Ratzinger al Vaticano II, publicados como los tomos VII/1 y VII/2 de sus Obras Completas[1]. Ninguna de las objeciones habitualmente hechas contra el Vaticano II desde sectores tradicionalistas está sin responder. Coherentemente con su hermenéutica de lo continuidad en lo esencial, y reforma en lo contingente[2], todo está explicado desde allí: desde la Revelación y Eclesiología de Lumen gentium y Dei verbum, hasta la libertad religiosa en Dignitatis humanae, el diálogo con las religiones no cristianas en Nostra aetate, el ecumenismo en Unitatis redintegratio, las reformas litúrgicas, el tema de la colegialidad, la famosa Nota explicativa previa, el famoso subsistit…… Y, por supuesto, largos comentarios a Gaudium et spes, el significado de “mundo”, de aggiornamento….

No he visto nunca ninguna referencia a estos dos tomos, cuya edición alemana es del 2012, en los habituales críticos tradicionalistas (que abarcan una diversidad de posiciones: desde los lefebvrianos moderados hasta los radicales, los sedevacantistas, y católicos que sin negar al Vaticano II les piden aclaraciones –que yo no niego que en los tiempos actuales puedan ser pertinentes, no por defectos intrínsecos del Vaticano II, sino por sus interpretaciones progresistas en total dis-continuidad-). Pero que yo no las haya visto no quiere decir que no existan. Se me pueden haber escapado muchas cosas.

La relevancia de estos dos tomos en los tiempos actuales es absoluta. Hacia fines del pontificado de Benedicto XVI, el diálogo con los sectores moderados del lefebvrismo iba avanzando. Pero luego, por supuesto, todo se detuvo. Algunos sostienen que las actuales crisis post-moderna en la Iglesia, esto es, una interpretación del cristianismo en clara contradicción con el Catecismo de la Iglesia Católica, se debe directamente al Vaticano II. Ratzinger es la clave para comprender que ello no es así.

¿Es la intención de este artículo resumir el contenido de estos dos tomos? Por supuesto que no. Creo que ello sería entre imposible y contraproducente. Los dos tomos ya son un resumen de la vida de Joseph Ratzinger como protagonista del Vaticano II. Hay que leerlo con calma desde ese contexto y en relación a todo el pensamiento de Ratzinger. Un resumen aún mayor haría pensar que el tema es breve o que las respuestas pueden ser taxativas. Ello sería contrario no sólo al espíritu del autor, sino a la importancia del tema. A los que consideran que el Vaticano II es el origen de todos los males, habría que decirles tolle lege. Conozco algunos coherentes que sostienen que Ratzinger e incluso su magisterio como Benedicto XVI está equivocado en estos temas. Bueno, que lo reiteren, pero si citan estos textos sería mejor.

Pero hay un tema, como filósofo, que querría comentar, y que creo que está en la clave de todos estos temas teológicos, si es que la filosofía y la teología se pueden separar en estos temas.

Lo que está en juego en todo esto es la relación entre Catolicismo y Modernidad. Porque, como el mismo Ratzinger aclara, en el Vaticano II la Iglesia no se habla a sí misma, como fue necesario, históricamente, en Trento y en el Vaticano I. Habla al mundo, y el “mundo” al que habla (que tampoco es “externo” a la Iglesia, porque los laicos forman parte del mundo en sentido propio) es el mundo moderno.

Pero, ¿qué es la Modernidad? Esa es la clave de la cuestión. Porque el contexto histórico del Vaticano I es la segunda fase del pontificado de Pío IX, quien se enfrenta, siguiendo a Gregorio XVI, a todo el mundo moderno, sin distinciones[3]. Porque lo que allí sucede es la NO distinción entre Modernidad e Iluminismo, carencia conceptual que padecen tanto los católicos que se oponen a todo diálogo con el mundo moderno, como los no creyentes que siguen pensando que la Iglesia está irremisiblemente unida a la oscuridad de la irracionalidad, el fanatismo y la superstición.

Pero esos no creyentes son en realidad iluministas. La distinción entre Modernidad e Iluminismo es esencial en dos autores: Augusto del Noce[4] y Francisco Leocata[5]. Ambos aclaran que la clave de un mundo post-medieval contradictorio con toda trascendencia está en el libertinismo erudito. Leocata lo ha aclarado bien a lo largo de toda su obra, pero especialmente en La vertiente bifurcada (op.cit), lo aclara muy bien: autores como Montaigne, Charron, La Mothe Le Vayer, Naudé, etc[6]., habrían tomado lo peor del escepticismo y el hedonismo de la filosofía antigua para exponer una visión del hombre que sí se resume en una vida humana librada a la arbitrariedad de sus pulsiones y por ende identificada con ese libertinaje total, que aún hoy ciertos tradicionalistas atribuyen al “liberalismo”, citando al famoso libro de Felix Sarda y Salvany[7], como si todo ello se identificara con Locke, Montesquieu, Tocqueville, El Federalista….

El Iluminismo no es por ende la Modernidad. El Iluminismo se caracteriza por su radical voluntad de inmanencia, al decir de Leocata[8]. Eso es lo que lo aparta de toda trascendencia cristiana, y se concentra en el ala radical de la Revolución Francesa y en los autores más cientificistas de La Enciclopedia, como D´Alambert, más moderadamente, y Diderot, más radicalmente[9]. Ese Iluminismo radical no es lo mismo que el más moderado de Kant, donde aún se mantienen valores morales y preocupaciones ontológicas, en algo compatibles con la escolástica anterior[10].

La Modernidad, por ende, es otra cosa. Sintetizando al pensamiento de Leocata con el de Ratzinger, la modernidad se caracteriza por lo siguiente. Primero, la emergencia de la ciencia y de la técnica como un resultado del neoplatonismo cristiano medieval, donde Dios es el autor de un mundo físico regido por una matemática que es reflejo de la mente de Dios[11]. Ese era el pensamiento de Copérnico, Galileo, Copérnico y Newton, a lo cual se agrega la autonomía de las causas segundas de Sto. Tomás, todo lo cual implica, uno, la famosa autonomía relativa de lo temporal en las ciencias, y dos, una noción de mundo sanamente secularizado y des-mitificado, totalmente compatible ello con la idea de creación.[12]

Segundo, un replanteo de la relación entre príncipe secular e Iglesia, sobre todo a partir de la des-clericalización llevada adelante por Francisco de Vitoria[13], que toma elementos de Aristóteles y Santo Tomás en cuanto a que el bien común temporal es causa eficiente principal en su propio ámbito. Ello lleva coherentemente a la justa autonomía de lo temporal en materia social y a la noción de sana laicidad, tan cara al pensamiento de Ratzinger[14].

Tres, un replanteo de la dignidad humana como que todo ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios, pero llevado ello a las nuevas circunstancias del descubrimiento de América y la consiguiente evangelización, que llevan a la emergencia histórica de los derechos del súbdito ante el príncipe secular. Ese es el fundamento católico de las libertades civiles y especialmente de la libertad religiosa, cuya clarificación conceptual en la Iglesia es recién en 1965[15], luego de largas aclaraciones necesarias por el enfrentamiento con laicismo de la Revolución Francesa.

Todo ello es la modernidad católica. Nada más ni nada menos.

Todo ello pudo ser visto por Rosmini[16], pero no por Pío IX. No es que la Quanta cura esté equivocada: el problema es su rechazo radical al Iluminismo sin las aclaraciones pertinentes sobre la Modernidad en lo político, que van surgiendo con León XIII, Pío XII y Juan XXIII[17], y se concretan, precisamente, en los documentos más controvertidos del Vaticano II. Nostra aetate, Unitatis redintegratio, Gaudium et spes y Dignitatis humanae son precisamente la modernidad católica. Es coherente que sean rechazados por los sectores tradicionalistas que nunca vieron, precisamente, la distinción entre Iluminismo y modernidad. La modernidad católica de esos documentos fue un logro de pensadores y teólogos católicos que luego de la primera guerra fueron fermentando todas esas nociones que luego se concretaron en esas declaraciones y decretos, que no surgieron por ende de la nada.

Pero no esquivemos un bulto. La declaración de infalibilidad del Vaticano I fue impulsada por Pío IX en el contexto de su rechazo total al “mundo moderno” sin distinciones, unido ello a una intensa concentración del poder religioso del pontífice. Así se entiende la respuesta de Pío IX al Cardenal Guidi[18], cuando le propuso una formula superadora entre los partidarios y opositores a la declaración (impulsados estos últimos por Dollinger, santo varón sepultado injustamente en el olvido). Esa respuesta, que, gracias a Dios, nunca mejor dicho, no formó parte de la declaración, fue “la tradición soy yo”[19]. Todos los grandes teólogos que redactaron esas declaraciones (entre ellos Ratzinger) conocían perfectamente este episodio, aunque no se acostumbraba recordarlo en público.

La doctrina de la colegialidad del Vaticano II fue, y sigue siendo, precisamente, la respuesta –basada en la tradición de los doce apóstoles- a esa afirmación de Pío IX. No quiere decir (y esto va para todo el Vaticano II) que haya sido una respuesta definitiva, cerrada a ulteriores aclaraciones, y que no haya quedado dentro de un humo de conflictos como la misma Nota explicativa previa lo manifiesta. Pero los tradicionalistas, que no quieren ni quisieron saber nada con la colegialidad, agradézcanle la colegialidad a la no sutil franqueza de Pío IX.

Resumiendo: los sectores tradicionalistas seguirán rechazando al Vaticano II, o seguirán pidiendo aclaraciones y aclaraciones (como los epiciclos a los epiciclos) mientras no comprendan la distinción entre Iluminismo y Modernidad, y mientras no comprendan la noción de diálogo que los teólogos del Vaticano II aprendieron de Gadamer, de Buber y de Levinas, y que se encuentra asumida en la Ecclesiam suam de Pablo VI[20], escrita no de casualidad un año antes del cierre del Vaticano II.

Por supuesto, habrá muchos que se horrorizarán de esta conclusión. Pero en los tiempos actuales, de caos doctrinal absoluto, donde hay tantos catolicismos como católicos, no hay más remedio que hacer aún más lo de siempre, esto es, seguir la conciencia. Y mi conciencia me dicta fidelidad a la hermenéutica de la continuidad y la reforma explicada por Benedicto XVI.



[1] BAC, Madrid, VII/1 y VII/2,  2013 y 2016 respectivamente.

[2] Nos referimos a su discurso del 22-12-2005. Ojalá ese discurso hubiera sido una encíclica.

[3] Nos referimos a las famosas Mirari vos, de Gregorio XVI, y Quanta cura, de Pío IX, 1836 y 1864 respectivamente.

[4] Sobre del Noce, ver Riva Posse, C., La filosofía hecha mundo. La interpretación filosófica de la historia contemporánea en Augusto del Noce, Instituto Acton, Buenos Aires, 2023.

 

[5] De Leocata, sobre estos temas, ver Del iluminismo a nuestros días. Síntesis de las ideas filosóficas en relación con el cristianismo, Buenos Aires, Ediciones Don Bosco, 1979;  Estudios sobre fenomenología de la praxis, Buenos Aires, Centro Salesiano de Estudios, 2007; y, sobre todo, La vertiente bifurcada: La primera modernidad y la ilustración, Buenos Aires, EDUCA, 2013.

 

[6] Op.cit., cap. V

[7] El liberalismo es pecado (1884), ediciones diversas.

[8] Del Iluminismo a nuestros días, op.cit.

[9] La vertiente bifurcada, op.cit, cap. VI.

[10] Op.cit., cap. IX.

[11] Sobre este tema, ver Koyré, Alexandre, Estudios galileanos, Madrid, Siglo XXI, 1990;  Estudios de historia del pensamiento científico, Madrid, Siglo XXI, 1990, y Del mundo cerrado al universo infinito, Madrid, Siglo XXI, 2000.

 

[12] Hemos desarrollado estos temas en Judeo-Cristianismo, Civilización Occidental y Libertad, Instituto Acton, Buenos Aires, 2018.

[13] Este punto está muy bien explicado en Fazio, Mariano: Francisco de Vitoria. Cristianismo y Modernidad, Eds. Ciudad Argentina, Buenos Aires 1998.

 

[14] Ver su Introducción al Cristianismo, Sígueme, Salamanca, 2016.

[16] Sobre Rosmini, ver MURATORE, U., Antonio Rosmini. Vida y pensamiento, BAC, Madrid 1998. Antonio Rosmini es un perfecto ejemplo de la modernidad católica, y una víctima de las lamentables intrigas vaticanas ultramontanas. Sobre su total rehabilitación, ver Nota sobre el valor de los decretos doctrinales con respecto al pensamiento y a las obras del sacerdote Antonio Rosmini Serbati, de la Sagrada Congregación sobre la Doctrina de la Fe, 2011, escrita y firmada no de causalidad por Joseph Ratzinger:  https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20010701_rosmini_sp.html

 

[17] Hemos comentado todas esas aclaraciones en Judeo-Cristianismo…. Op.cit., cap. 6. Ver al respecto, también, Irrazábal, G.: Iglesia y democracia, Instituto Acton, Buenos Aires, 2014.

[18] Sobre Dollinger, Pío IX y el Cardenal Guidi, ver Howard, A.T.: The Pope and the Professor, Oxford University Press, 2017.

[19] Op. Cit, nota al pie nro. 202.

jueves, 28 de diciembre de 2023

SOBRE EL CONSTRUCTIVISMO CRITICADO POR HAYEK, EL LIBERALISMO ARGENTINO Y MILEI

 Los experimentos en ciencias sociales tienen serias limitaciones (y en ciencias naturales también, según Popper). Por un lado las variables son infinitas (en ciencias naturales también, sólo que "creemos" que no, Popper again) y por el otro "no se debe" experimentar con seres humanos. 

Ok, pero finalmente la historia humana es un gran laboratorio espontáneo, inevitable y caótico. 

En ese sentido la Argentina está siendo en estos momentos el lugar de un experimento social importante. Tómese una roca de granito peronista, aplíquese por arriba una buena dosis de coca cola liberal a ver qué pasa. 

La coincidencia que todos los liberales tenemos con las res-regulaciones "en sí mismas" está fuera de discusión. Finalmente ese es el sentido del título del gran libro de Hayek, Law, Legislation and Liberty: la Liberty es lo que queda cuando NO hay una legislation que atente contra el "Law" (las libertades individuales). 

Pero las diferencias comienzan en tanto al método: ¿cómo se pasa de décadas sociedad cuasi-soviética a un régimen de libertad? Es el problema de la transición, sobre el cuual hay poco consenso entre grandes autores (Buchanan y Hayek pensaban diferente en esto). Sobre todo porque en los métodos pueden estar involucrados principios que son esenciales a la tradición del gobierno limitado. No es una cuestión de formas versus contenidos. En un régimen republicano, las formas son parte del contenido del liberalismo clásico. 

Ahora, disculpen la deformación profesional pero necesito cierta numeración. 

1. El constructivismo considerado en sí mismo. 

¿Qué es el constructivismo criticado por Hayek, antes de pasar a la situación argentina? Tampoco hay mucho consenso sobre eso porque, a pesar de artículos y libros enteros dedicados por Hayek al respecto, Hayek no da una definición (no es ese estilo de autores). Lo que es claro es que Hayek identifica al constructivismo con la planificación central, mientras que al liberalismo lo coloca del lado del orden espontáneo. Bueno, claro hasta ahí, porque en Hayek es un orden espontáneo histórico el que conduce al set de instituciones a partir de las cuales se desarrolla una sociedad libre, y viene entonces el problema de qué hacer cuando una sociedad no tiene esas tradiciones históricas. Hayek mismo ha propuesto algunas reformas (libro III de Law Legislation and Liberty); está su famoso texto de por qué no es conservador (último capítulo de Los Fundamentos de la Libertad) y por ende se ha producido un debate sobre la coherencia de Hayek que creo que ha sido muy bien tratado por Eduardo Zimmermann y su artículo Hayek, la evolución cultural y sus críticos (https://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/44_4_Zimmermann.pdf). 

Cuando yo hablo de constructivismo, le agrego dos cosas más que están en Hayek implícitamente, pero no explícitamente. Primero, los horizontes de Gadamer, esto es, las tradiciones históricas, sean las que fueren, a partir de las cuales se entiende lo que un conjunto de personas hace y dice sin reflexionar sobre ello (algo parecido a lo que Hayek piensa cuando dice "la tradición da lo que la razón no puede"). Dos, cierta filosofía del lenguaje que viene del segundo Wittgnestein. La decodificación de un mensaje depende del contexto entre los dos hablantes (llamado nivel pragmático del mensaje). En el orden social, ello implica que la comprensión de las normas depende del contexto cultural, lo cual puede implicar que aún bajo un mismo idioma, ciertas normas no se entiendan. Los constructivistas en general redactan las normas como si no hubiera un contexto cultural previo que es condición necesaria para su comprensión. 

Por eso yo ensayaría esta definición de constructivismo: la pretensión de establecer las normas fundacionales de un orden social sin tener en cuenta, o barriendo con, tradiciones anteriores. 

2. El constructivismo en América Latina.

Hace unos años escribí un pequeño ensayo al que titulé "Cómo ser liberal en América Latina y no morir en el intento" (https://www.hacer.org/pdf/Zanotti04.pdf ). Lo que decíamos allí es que la inestabilidad institucional de América Latina tiene su origen en dos tradiciones políticas enfrentadas que chocan de frente como dos locomotoras. Una, las tradiciones jurídicas y políticas españolas pero, cuidado, me estoy refiriendo a las borbónicas, no a las pre-borbónicas que podrían haber evolucionado hacia una tradición más liberal a su modo, pero eso es un universo paralelo que nos introduce en el ámbito de contrafácticos no relevantes para el objetivo de esta humilde entrada (ver https://gzanotti.blogspot.com/2020/11/resena-critica-al-libro-la-nueva.html). 

Dos, las tradiciones liberales más bien napoleónicas y racionalistas, representadas por revoluciones militaries y civiles "ilustradas" en el sentido del Iluminismo de la Revolución Francesa (ahí también caben distinciones porque no todos eran jacobinos, estaban los "moderados" más cercanos al liberalismo clásico) que "impusieron" un liberalismo laicista, racionalista (que Hayek llama, injustamente, "francés") y lo hicieron a sangre y fuego, con revoluciones armadas muy ligadas a la mayoría de los movimientos independientistas (y allí viene el eterno debate de quién influía más en esos movimientos, si Rousseau o Suárez....). 

Pero de esas dos fuerzas enfrentadas nunca pudo emerger una síntesis cultural estable. Se enfrentaron y se siguen enfrentando con violencia, no sólo física sino linguística y conductual, de modo tal que cuando una triunfa, la otra queda rezagada a la espera del fracaso de la otra y así sucesivamente en un corsi e ricorsi de la historia que implica una inestabilidad política permanente y una anomia institucional también permanente. A eso agreguemos el constructivismo de izquierda del marxismo latonomaricano, que produce violentas reacciones de constructivismos de derecha, ambos militares. 

En el ensayo citado, decíamos: "...Por el otro lado, llegaron a América Latina ideas contrarias, sí, pero ligadas a los que Hayek llamaría constructivismo, derivado del racionalismo antirreligioso europeo. Los sistemas republicanos y laicales propuestos eran más bien de corte roussoniano. Hubo dictadores ilustrados en América Latina que intentaron “reformar” el sistema colonial, coherentemente enfrentados a su pasado religioso. Sus ideas eran más bien afrancesadas, más bien dependientes de la enciclopedia francesa más que de la religiosidad laical de las colonias norteamericanas. Coherentemente, “imponían” sus reformas a sangre y fuego. Redactaban constituciones republicanas, separaban Iglesia y estado, dictaban códigos civiles donde trataban de racionalizar el respeto a la propiedad, trataban que el estado educara en las “ciencias y letras”, y avanzaban sobre el indígena ya no para hacerlo cristiano, sino “ciudadano”.  Todo ello en medio de un marco cultural indiferente u hostil a las reformas propuestas, un marco cultural que no sabía vivir sin el “padre”, por lo cual estos gobiernos adoptaban más bien la figura de un padre “civilizador” laical. Virrey católico, caudillo militar, presidente “fuerte” laical, todos ellos encarnaban el mismo tipo ideal weberiano de padre fuerte y protector".

Ya en ese momento, 2005, decíamos también: "...Debe distinguirse entre políticas dictadas desde un marco institucional autoritario y la reforma de ese mismo marco institucional. Por ejemplo, supongamos que Chávez o Kirchner, desde su misma estructura de poder autoritario, comenzaran a liberar mercados, a eliminar impuestos, a bajar los costos laborales (mantengo aún mi salud mental y sé que eso no va a suceder, es sólo a efectos didácticos...). Ello estaría muy bien, pero la estructura de poder desde la cual toman esas decisiones sigue intacta. Un mero decreto posterior vuelve todo para atrás". 

3. El constructivismo en el liberalismo argentino. 

Me atrevo a diagnosticar, faliblemente, que la historia argentina, y si liberalismo "dominante" es constructivista, excepto Alberdi. 

La Constitución de 1853, buena "en sí misma", ¿sobre qué humus cultural fue plantada? (plantada por la fuerza, con el enfrentamiento Rosas-Urquiza). ¿Sobre un humus cultural que pudiera entenderla y-o aceptarla? Y ese humus cultural contrapuesto, ¿no quedó acaso rezagado y esperando el momento de resurgir? Ese resurgimiento, ¿no fue acaso el primer peronismo?

Casi sin excepción, los liberales argentinos colocan a la Generación del 80 como un modelo de liberalismo. No vamos a incurrir en dicotomías contraproducentes. En 1988, mi padre trató de ir más allá de ellas y yo estoy en la misma posición (https://gzanotti.blogspot.com/2019/05/civilizacion-y-barbarie-100-anos.html). Simplemente creo que no fueron un modelo de diálogo con las tradiciones anteriores ni de espera a su evolución. En educación fueron totalmente constructivistas. Y la pregunta es si la firme creencia de que ello iba a tener resultado no fue un racionalismo ingenuo (NO el crítico de Hayek y Popper). Y además, si no fue falsado por la emergencia posterior del primer peronismo. 

Los liberales argentinos estuvieron desde entonces marcados por un constructivismo anti-peronista que "los define". La historia posterior es conocida. Claro, América Latina no da para la paciencia y la evolución. Somos revolucionarios de izquierda o de derecha pero en ese sentido estamos atrapados en una historia de la cual no logramos salir. En la Revolución Libertadora se prohíbe al peronismo por la fuerza. Ok, se entiende. Pero el peronismo queda totalmente vivo y coleando desde el punto de vista cultural. Queda agazapado y "esperando" en sus expresiones explícitas, pero además habitaba ya culturalmente en los socialistas democráticos, radicales, conservadores y comunistas que se aliaron en ese momento, y fueron los autores del 14 bis. Los liberales clásicos tipo Benegas Lynch padre eran una total minoría, y su antiperonismo visceral no los ayudaba a comprender al evolucionismo hayekiano. 

Para colmo, el peronismo se convierte en el peronismo castrista y sus facciones más radicalizadas optan por la acción militar. Son los que finalmente derivan en el gobierno de Cámpora, una facción de delincuentes corruptos y caóticos de los cuales surge a su vez el kirchnerismo, los que ahora no tienen autoridad moral para reclamar nada. Pero la reacción del 76 es igualmente constructivista. Aunque NO hubieran incurrido en la tortura y el asesinato (igual que ERP y Montoneros), el esquema mental era que Videla y Martínez de hoz iban a liberalizar todo desde arriba en poco tiempo. Las críticas de los entonces liberales al Proceso era por su lentitud en lo económico pero no por otra cosa. 

El gran avance del liberalismo EN argentina fue porque por un azar histórico (la derrota de la guerra de Malvinas que todos, excpeto Alfonsín y Alsogaray, apoyaron) se suprumió la opción militar. Desde entonces, los argentinos enfrentan el desafío de si a la democracia política le agrgan la economía de mercado. Pero el problema principal es que la democracia argentina es "a la argentina": un poder ejecutivo fuerte, decretos de necesidad y urgencia, constitucionales o no. Alfonsín fue un poder ejecutivo fuerte y muy autoritario. Nada del otro mundo: es el arquetipo de presidente que los argentinos, culturalmente constructivistas, quieren, sean liberales o kirchneristas (ver nuestra entrada https://gzanotti.blogspot.com/2023/05/la-obsesion-por-el-poder-ejecutivo.html). Unos reivindican a Roca. Otros a Perón, otros a Alfonsín, pero el asunto es que tiene que ser un poder ejecutivo fuerte. Por eso De la Rúa, un liberal alvearista y de formas propias de un cantón suizo, perdió el poder no por el 2001, sino antes: cuando no supo encontrar la salida del programa de Tinelli. 

Con Menem, lo mismo. Manejaba todo el poder, amplió la corte, expandió el dirigismo educativo y además era carismático, simpático, entrador, negociador, jugador eximio del póquer político que tanto entuisiasma a los argentinos. Perdió el poder sólo porque no supo reducir el gasto público, la deuda y la presión impositiva. Si no, lograba su tercer mandato. Y dolarizaba. 

Luego ya sabemos lo que pasó. Los kirchneristas, los ahora nuevos maestros de derecho constitucional, fueron el colmo de la concentración del poder. Por milagro no anularon la corte suprema, como gritaba Hebe de Bonafini, su expresión más coherente. 

Todo esto explica, creo, el entusiamo por Milei. Pero Milei y los liberales que lo rodean, ¿no son constructivistas de signo contrario? ¿Van a logran un cambio institucional y cultural? ¿Impedirán el ricorsi de la historia argentina?

Como Popper, voy a decir cómo podrían ser refutadas estas dudas que implican ciertas predicciones pesimistas. 

a) Una objeción puede ser personal. Gabriel callate, vos qué huibieras hecho, armá un partido político, etc. Pero yo soy sólo un académico que plantea dudas y problemas. En mi libro "Crisis de la razón y crisis de la democracia" (https://ucema.edu.ar/publicaciones/download/documentos/370.pdf) traté además de aportar soluciones, pero obviamente falibles. Lo que quiero decir es: yo me ubico en mi papel. Plantear dudas es bajar un cambio. Ese es mi papel. Ayudar a pensar. Nada más, soy un casi inútil profesor de filosofía, nada más, y falible como todos. Sólo una cosa: en un mundo paralelo imaginario donde yo hubiera sido candidato, me hubiera planteado, como el primer paso, qué iba a hacer con el Congreso, sindicatos y organizaciones sociales. Y jamás se me hubieran ocurrido consultas populares. Ok, hubiera desistido entonces de ser candidado. 

b) EL problema es cómo hacer con las referidas fuerzas políticas. En caso de triunfar sobre ellas, algunos piensan que los argentinos se acostumbrarían rápidamente a la libertad. Puede ser. (En eso tengo la duda de si los argentinos, tan hábiles en el mercado negro, lo pueden concebir como libre). Pero el asunto es cuál fue el medio institucional para lograrlo. Y como dije, esos medios no son meras formas accidentales a una tradición liberal donde el límite al poder ejecutivo es esencial. Ahora bien (y esto ya lo dije una vez): si ese liberalismo clásico, en las actuales circunstancias históricas, ya no sirve para nada, entonces seamos sinceros y renunciemos a él, (ver nuestro art. "Una crítica liberal clásica a G. Bush", del 2006, https://www.cadal.org/eventos/?id=1186) y asumamos nuestro constructivismo "liberal" con las contradicciones pertinentes. Yo aún no me atrevo a dar ese paso.

c) Lo fundamental: las variables desconocidas. Si Milei hace pasar sus reformas y además triunfa culturalmente, tal que los kirchneristas no ganan más las elecciones y se quedan como yo leyendo a Mises en 1973 (un poquito solo.....) entonces será por variables que desconozco, y bienvenidas sean. ¿Desconozco variables? Si, infinitas gracias a Dios. Se llama Popper. 

Por lo demás, cuidado, en lo educativo y en parte en lo económico, hay propuestas de Milei que distan de un liberalismo clásico. 

4. Distancia constructiva.

A pesar de las apariencias, hay un número importante, académicamente hablando, de liberales y liberarios en Argentina que tienen muchas dudas con Milei. Mantener nuestra distancia crítica, públicamente, es nuestra mejor manera de ayudar. 

En ese sentido, el apoyo total y completo a todo lo que proponga Milei, por parte de muchos liberales argentinos que antes se movían en el campo académico, no les hace bien a ellos ni a Milei. A ellos los saca de su rol y los convierte en políticos que de política real y de comunicación política mucho no conocen (yo, el primero). Ahora bien, si alguien quiere ser asesor, adelante, pero por un motivo que ya conocemos, en esos puestos hay gente de Macri (muy bien, excelente, ok, pero había otra gente....) o de no sabemos qué...........

5. Conclusión. 

Algunos me dirán que no es momento de plantear todo esto. No sé (por lo demás yo no importo). Pero NO logro convencerme de que mi papel NO sea NO bajar un cambio. Tengo una frase final que no es ni de Arisóteles ni de Kant ni de Popper ni de etc.: la distancia de frenado salva la vida. 

domingo, 24 de diciembre de 2023

SOBRE LA BENDICIÓN DE PAREJAS PARTIDARIAS DE LA ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA

 Adelantábamos ayer en Facebook que el Vaticano estaba considerando esa posibilidad. Pero finalmente hubo marcha atrás. Francisco, con la claridad que lo caracteriza, ha dicho que no se pueden bendecir esas parejas en tanto EAE. Que siempre se ha bendecido al pecador, en tanto eso sea un sacramental que lo lleve de vuelta a la gracia de Dios, pero que de ningún modo a esas parejas que quieren ser bendecidas en tanto EAE persistiendo en su grave pecado.

Los curas villeros, por lo demás, han apoyado la medida, diciendo que, además, nada bueno puede haber en ellos, porque al apoyar a esa pérfida escuela de pensamiento, claramente estían apoyando la explotación de los pobres incurriendo en una situación intrínsecamente perversa.

Los conservadores, por lo demás, han ratificado la medida de Francisco diciendo que ya Juan Pablo II dijo en la Sollicitudo rei socialis que capitalismo liberal y marxismo son lo mismo, y los lefevrianos han apoyado diciendo que la Escuela Austríaca de Economía es una aliada de los sectores judeo-masónicos y es claramente contraria a las enseñanzas infalibles de la Quanta cura, la Libertas y la Quas primas sobre el Reinado Social de Jesucristo. Aclarando, además, que Mises, uno de sus pensadores más importantes, era un pérfido judío agnóstico que no creía en Jesucristo, lo cual obviamente está relacionado con su teoría del ciclo económico. 

Por lo tanto, como ven, y contrariamente a lo que piensan muchos, Francisco es un claro defensor de la Fe. Tiene muy claras las distinciones "en tanto a" tal cosa y tal otra. Los pecadores austríacos no pasarán. 

jueves, 21 de diciembre de 2023

FIDUCIA SUPPLICANS Y LA DURA LECCIÓN PARA LOS CATÓLICOS CONSERVADORES.

 Sobre Fuducia supplicans, pensaba escribir algo pero he optado por los que saben más y ayer he reproducido en este blog las declaraciones del Cardenal Muller (https://gzanotti.blogspot.com/2023/12/comentario-del-cardenal-muller-sobre.html), así que todos ya saben lo que pienso al respecto. No sé por qué la palabra fiducia siempre ha sido terrible para mí: me hace acordar a la expansión de los medios fiduciarios que, sabrán los misiólogos (no se gana mucho, les cuento), es clave para la teoría del ciclo económico. Debo ser un des-confiado.........

Hay otra cuestión de la que sí querría hablar. 

Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, los católicos conservadores, que interpretaban al Vaticano II en continuidad con la Tradición, (como ven no estoy hablando de los sedevacantistas y-o lefevrianos o etc.) se sintieron a sus anchas. Y era así porque ambos papas pensaban como ellos. Y está bien. 

Pero algunos de ellos no pensaban como los papas, sino que los papas pensaban por ellos. Eso era distinto y se llama papolatría. Para esos católicos (he conocido a muchos, realmente muchos) si el Papa se despierta un día con tu teología dogmática olvidada y dice que Dios es Uno y Cuatro, pues así será. No son católicos acostumbrados a distinguir niveles del Magisterio. Es lo que el Papa dice, en bloque. La gran y errada herencia de Pío IX. La gran corrupción de la doctrina de la infalibilidad (en sí misma verdadera) anunciada por el olvidado Dollinger. Esos católicos, en realidad, no piensan. El Papa lo hace por ellos. Son verdaderamente alienados y des-cerebrados. Todo lo que el Papa diga o haga es Palabra de Dios, sea magisterio ordinario doctrinal o prudencial, política, diplomacia, lo que fuere. Todo es lo mismo y todo está bien. Por supuesto, no me pidan que nombre a nadie ni me pidan bibliografía. Mi vida es la bibliografía y la poca caridad que tengo es la fuente de mi silencio. 

El ascenso de Bergoglio al pontificado, ahora Francisco, significó y significa para todos ellos una dura prueba. No para los papólatras, capaces de saltar de gozo con la Quanta cura o con la Amoris laeititia de Francisco. Para ellos todo es lo mismo, es el Papa. Pero para los católicos conservadores pro Vaticano II, ah, la cosa es distinta. 

Al principio, trataron de maniobrar. Total, Evangengelii gaudium era una encíclica social más, que ellos sabían en silencio y en secreto que eran temas opinables. Pero Francisco no los dejó en paz. Fue tirando de la cuerda cada vez más hasta que el 18 de Diciembre de este año tuvieron que reconocer lo que es Francisco. No es ahora una encíclica social, no es la amazonia ni el clima, no es el dinero como estiércol del diablo, no es una ametralladora de disparates en un avión, no es una entrevista, no son los medios que no lo entienden, no. Es una declaración de la Sagrada Congregación Para la Doctrina de la Fe o como ahora se llame, firmada por el Prefecto y aprobada por el Papa. Es magisterio ordinario. Ah, bueno, pero AHORA comienzan a decir en público todas las distinciones que hay que hacer en cuanto a los niveles del magisterio, que antes eran conocidas pero, claro, no importaban. Total, qué les importaba a ellos que Pío IX no supiera prácticamente que EEUU existía, o que haya dicho "la tradición soy yo" (Francisco piensa lo mismo) qué les importó el apoyo de Pío XI a Mussolini y que echara de Italia a Luigi Sturzo (¿no lo sabían? ¡Entérense!); qué les importó a Juan XXIII se pusiera a hablar de cómo tenía que ser la economía italiana, qué les importó que Pablo VI elevara a nivel de magisterio ordinario a la teoría de la CEPAL; qué les importó que Juan Pablo II hablara de planificación y que dijera que el capitalismo liberal y el marxismo eran lo mismo, etc. Todo bien. Ellos sabían que eran temas opinables, pero, silencio. Y de los nacionalistas católicos argentinos, ni qué hablar. Cuando este Gabriel Zanotti de 25 años les dijo, amablemente (porque ya he perdido mis buenas formas) en "Economía de mercado y Doctrina Social de la Iglesia", de 1985, que había que distinguir niveles de magisterio, para qué. Desde allí en adelante fui "el liberal" (peor que ser abusador de niños), el paria. Lo último que me pasó es haber sido expulsado de hecho de la Fraternidad Laical Dominica de Buenos Aires. Sólo Fernando Romero Moreno, del nacionalismo católico, dialogó conmigo, destacando que ni Castellani ni Sacheri (martir, pero ahora se canoniza a otra gente) eran papólatras. Y sí, mi primera gran fuente de distinción de niveles de magisterio fue "El orden natural" de Sacheri. Pero por algún misterio parecía que el único que había leído ese capítulo era Fernando. Que no de casualidad había aprendido el tema de lo opinable en lo social de San José María Escrivá de Balaguer. 

Ahora lo han tenido que reconocer. Los papólatras siguen felices, pero los demás, finalmente, han tenido que decir en público lo que antes ni quisieron reconocer. Qué dura lección. 

Mientras tanto, la Iglesia ya es de hecho protestante (https://gzanotti.blogspot.com/2023/12/reflexiones-para-una-iglesia-catolica.html), y hay protestantes luteranos conservadores que son más católicos que la mayoría de obispos y cardenales de todo el mundo. La Iglesia es un caos. Pero el caos comenzó cuando Pío IX los des-cerebró a casi todos. 

Me alegra que con Francisco hayan recuperado la conciencia. 

COMENTARIO DEL CARDENAL MULLER SOBRE FIDUCIA SUPPLICANS

 Iba a escribir algo sobre este asunto pero creo que lo mejor es remitirme a este largo comentario del Cardenal Muller, lo mejor que he leído hasta el momento:


Cardenal Müller sobre «Fiducia supplicans»: «La única bendición de la Madre Iglesia es la verdad que nos hará libres»

«¿No está esta afirmación en directa contradicción con la doctrina católica? ¿Está obligado el fiel a aceptar esta nueva enseñanza? ¿Está permitido al sacerdote cumplir este tipo de bendiciones privadas recién inventadas? ¿Y puede prohibirlas el obispo diocesano en caso de que se dieran en su diócesis?»

(InfoCatólica) El que fuera Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (hoy Dicasterio), el Cardenal Müller, ha compartido con varios medios de comunicación su autorizado análisis sobre la Declaración Fiducia supplicans, que reproducimos en su totalidad.

La única bendición de la Madre Iglesia es la verdad que nos hará libres.

Nota sobre la Declaración Fiducia supplicans

El Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la fe (DDF), con la declaración Fiducia supplicans (FS) sobre el sentido pastoral de las bendiciones, ha realizado una afirmación inaudita en la enseñanza de la Iglesia católica. Pues este documento afirma que es posible a un sacerdote bendecir, no litúrgicamente sino privadamente, parejas que viven la sexualidad fuera del matrimonio, incluidas parejas del mismo sexo. Las múltiples preguntas de obispos, sacerdotes y fieles laicos que han surgido ante estas afirmaciones merecen una respuesta clara y distinta.

¿No está esta afirmación en directa contradicción con la doctrina católica? ¿Está obligado el fiel a aceptar esta nueva enseñanza? ¿Está permitido al sacerdote cumplir este tipo de bendiciones privadas recién inventadas? ¿Y puede prohibirlas el obispo diocesano en caso de que se dieran en su diócesis? Para responder, veamos qué enseña exactamente este documento quisiera que creyéramos y en qué argumentos se apoya.

El documento en cuestión, que la asamblea general de cardenales y obispos de este Dicasterio no discutió ni aprobó, reconoce que la hipótesis (¿o enseñanza?) que propone es completamente nueva, y que se basa sobre todo en el magisterio pastoral del Papa Francisco. Según la fe católica, el Papa y los obispos pueden poner ciertos acentos pastorales y relacionar de forma creativa la verdad de la revelación con los nuevos desafíos de cada época, por ejemplo en el campo de la doctrina social o de la bioética, respetando los principios fundamentales de la antropología cristiana. Pero estas innovaciones no pueden ir más allá de lo que les ha sido revelado de una vez por todas por los Apóstoles como Palabra de Dios (Dei verbum 8). De hecho, no se encuentran textos bíblicos o textos de los padres o doctores de la iglesia ni documentos anteriores del Magisterio que apoyen las conclusiones de FS. Además, se trata de un salto doctrinal. Pues sólo se puede hablar de desarrollo de la doctrina si la nueva explicación está contenida, al menos implícitamente, en la revelación y, ante todo, no contradice las definiciones dogmáticas. Y un desarrollo doctrinal que alcanza un sentido más profundo de la enseñanza tiene que haberse producido gradualmente, a través de un tiempo largo de maduración (cf. Dei verbum 8). Ahora bien, el último pronunciamiento magisterial sobre este tema lo dio la misma Congregación para la Doctrina de la Fe en marzo de 2021, hace menos de tres años, negando categóricamente la posibilidad de bendecir estas uniones. Esto se aplica tanto a las bendiciones públicas como a las bendiciones privadas sobre personas en condiciones de vida pecaminosas.

¿Cómo justifica FS que, aun proponiendo una doctrina nueva, no se niega con ella cuanto afirmaba el anterior documento de 2021?

FS reconoce, en primer lugar, que tanto el Responsum como la doctrina valida y vinculante tradicional sobre las bendiciones no permiten que se bendigan situaciones que son contrarias a la ley de Dios y el Evangelio de Cristo, como es el caso de las uniones sexuales fuera del matrimonio. Esto es claro para los sacramentos, pero también para otras bendiciones que Fiducia supplicans llama “litúrgicas” y que se encuentran entre los ritos que la Iglesia ha llamado “sacramentales”, como se describen en el Ritual Romano posterior al Vaticano II. En estos dos tipos de bendiciones tiene que darse consonancia entre la bendición y la enseñanza de la Iglesia (FS 9-11).

Por eso, para poder aceptar la bendición de situaciones que son contrarias al Evangelio, el DDF propone una solución original: ampliar el concepto de bendición (FS 7,12). Esto se justifica de la siguiente forma: “Se debe también evitar el riesgo de reducir el sentido de las bendiciones solo a este punto de vista [las bendiciones “litúrgicas” de los sacramentos y de los sacramentales], porque nos llevaría a pretender, para una simple bendición, las mismas condiciones morales que se piden para la recepción de los sacramentos” (FS 12). Es decir, es necesario un nuevo concepto de bendición, que llegue más allá de los sacramentos, para poder acompañar también el camino de quien vive en pecado.

Ahora bien, esta expansión más allá de los sacramentos ya se daba, de hecho, a través de los sacramentales. La Iglesia no ha pedido las mismas condiciones morales para una bendición que para recibir un sacramento. Esto ocurre, por ejemplo, ante un penitente que no quiere abandonar su situación de pecado, pero que puede humildemente pedir una bendición personal para que el Señor le de luz y fuerza para llegar un día a entender y seguir las enseñanzas evangélicas. Para esto no haría falta un nuevo tipo de bendición.

¿Para qué es necesario entonces ampliar el sentido de una bendición, si ya las bendiciones como las entiende el ritual romano van más allá de los sacramentos?

Es que la bendición entendida en forma tradicional, aunque va más allá de los sacramentos, solo permite bendiciones de “cosas, lugares o circunstancias que no contradigan la norma o el espíritu del Evangelio” (FS 10, citando el ritual romano). Y este es el punto que se quiere superar, pues se quieren bendecir circunstancias, como una relación estable entre personas del mismo sexo, que contradicen la norma y el espíritu del Evangelio. Es verdad que la Iglesia puede añadir „nuevos sacramentales “a los ya existentes (Vaticano II: Sacrosanctum Concilium 79), pero no cambiar su significado de tal manera que trivialicen el pecado, sobre todo en una situación cultural cargada ideológicamente que además induce a error a los fieles. Y este cambio de significado es precisamente lo que sucede en FS, que inventa una nueva categoría de bendición más allá de la que está ligada a un sacramento o a los sacramentales como los había entendido hasta ahora la Iglesia. FS dice que se trata de bendiciones no litúrgicas, propias de la piedad popular. Tendríamos así estos tres niveles:

  1. Oraciones ligadas a sacramentos, que piden que la persona esté en gracia para recibirlas, o que se quiera apartar del pecado.
  2. Bendiciones como las que recoge el Ritual Romano y como las ha entendido siempre la doctrina católica, que se pueden dirigir a personas, incluso cuando viven en pecado, pero no a “cosas, lugares o circunstancias contrarias a la norma o al espíritu del evangelio” (FS 10, citando el Ritual Romano). Así, por ejemplo, podría bendecirse a una mujer que ha abortado, pero no una clínica abortista.
  3. Las nuevas bendiciones que propone FS serían bendiciones pastorales, no litúrgicas ni rituales. Por tanto, ya no tendrían tampoco la limitación de las bendiciones descritas en el Ritual Romano (tipo “b”). No sólo podrían aplicarse, como en las bendiciones del Ritual Romano, a personas en pecado, sino también a cosas, lugares o circunstancias contrarias al Evangelio.

La novedad está en estas bendiciones de tipo “c”, o “bendiciones pastorales”, que por no ser litúrgicas sino más bien de “piedad popular”, no comprometerían, según FS, la doctrina evangélica, y no tendrían que guardar coherencia ni con las normas morales ni con la doctrina católica. ¿Qué decir de esta nueva categoría de bendiciones?

Una primera observación es que no se encuentra base para este nuevo uso en los textos bíblicos que se aducen, ni tampoco en ninguna declaración anterior del Magisterio. Incluso los textos que se ofrecen del Papa Francisco tampoco ofrecen pie a este nuevo tipo de bendiciones. Pues ya las bendiciones de acuerdo con el Ritual Romano (tipo “b”) permiten bendecir a alguien que vive en pecado. Y este tipo de bendiciones puede aplicarse sin problema a quien está en la cárcel o en una casa de rehabilitación, como dice Francisco (citado en FS 27). Las nuevas bendiciones pastorales (tipo “c”) van más allá de lo dicho por Francisco, pues con estas bendiciones se podría bendecir también una realidad contraria a la Ley de Dios, como la relación extramatrimonial. De hecho, según el criterio de estas bendiciones pastorales se llegaría al absurdo de poder bendecir, por ejemplo, una clínica abortista o un grupo mafioso.

A partir de aquí surge una segunda observación: es siempre arriesgado inventar nuevos términos contrarios al uso corriente del lenguaje. Pues este modo de proceder da lugar a ejercicios arbitrarios del poder. En nuestro caso, la bendición tiene una objetividad propia, y no puede ser redefinida para que se amolde a una intención subjetiva contraria a la esencia de una bendición, pues se caería en la arbitrariedad. Viene a la mente la famosa frase de Humpty Dumpty en Alicia en el País de las Maravillas: “Cuando yo uso una palabra significa lo que yo elijo que signifique, ni más ni menos”. Alicia responde: “la cuestión es si puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes”. Y Humpty Dumpty sentencia: “la cuestión es quién es el que manda aquí; eso es todo”.

La tercera observación se refiere al concepto mismo de “bendición no litúrgica”, con la que no se pretende sancionar nada (FS 34), y que sería la bendición pastoral (tipo “c”). ¿En qué se diferencia de la bendición contemplada en el Ritual Romano (tipo “b”)? La diferencia no es la espontaneidad, que ya es posible en bendiciones de tipo “b”, pues no es imprescindible que estén regladas o aprobadas en el Ritual. Tampoco está la diferencia en la piedad popular, pues las bendiciones de acuerdo con el Ritual Romano son ya aptas para tal piedad popular, que necesita la bendición de objetos, lugares y personas diversas. Parece que esta bendición pastoral (tipo “c”) está creada ad hoc para poder bendecir situaciones contrarias a la norma o espíritu del Evangelio.

Esto nos lleva a una cuarta observaciónque se refiere al objeto de esta bendición pastoral, que la diferencia de la bendición de acuerdo con el Ritual Romano, pues la bendición pastoral se imparte sobre situaciones contrarias al Evangelio. Nótese que aquí no se bendicen solo a personas pecadoras, sino que, al bendecirse a la pareja, se bendice a la relación pecaminosa en sí misma. Ahora bien, Dios no puede enviar su gracia sobre una relación que se opone directamente a Él, y que no puede ordenarse en un camino hacia Él. La relación sexual extraña al matrimonio, qua relación sexual, no puede acercar a los hombres a Dios, y no puede por tanto abrirse a la bendición de Dios. Por eso, aun cuando se realizara esta bendición, su único efecto sería confundir a las personas que la reciben o que asisten a la bendición, que pensarían que Dios ha bendecido lo que Él no puede bendecir. Es verdad que el cardenal Fernández, en declaraciones al medio Infovaticana, ha aclarado que no se está permitiendo bendecir a la unión, sino a la pareja, pero esto es jugar con los conceptos, pues la pareja se define precisamente por su unión.

La dificultad de bendecir la unión es especialmente clara en el caso de la homosexualidad. Pues la bendición, en la Biblia, tiene que ver con el orden creado por Dios, que Él vio que era bueno. Este orden se apoya en la diferencia sexual de hombre y mujer, llamados a ser una sola carne. La bendición de una realidad que se opone a la creación, no solo no es posible, sino que constituye una blasfemia. Pues, de nuevo, la cuestión no es bendecir a personas que “estén en una unión que en modo alguno puede parangonarse al matrimonio” (FS n.30), sino bendecir esa misma unión que no puede paragonarse al matrimonio. Para eso precisamente FS quiere crear un nuevo tipo de bendición (FS 7; FS 12).

Algunos argumentos aparecen en FS para intentar justificar estas bendiciones. En primer lugar, la posibilidad de condiciones que eximen de la culpabilidad moral. Pero estas condiciones se refieren a la persona, no a la relación misma. Se habla también de que solicitar la bendición es el bien posible que estas personas pueden realizar en sus condicionamientos, como si pedir la bendición constituyese ya una apertura a Dios y a la conversión. Pero eso puede ser verdad de la persona que pide la bendición para sí, no de la que pide que se bendiga su relación o su pareja, pues esta persona quiere entonces justificar ante Dios la relación misma, sin percibir que, como tal relación, aleja a la persona de Dios. Finalmente, se alega que en la relación hay elementos positivos, y que estos pueden bendecirse, pero estos elementos positivos (por ejemplo, que se ayude a la otra persona en una enfermedad) son accidentales a la relación misma, cuya naturaleza es compartir la sexualidad, y no cambian la naturaleza de esta relación, que en ningún caso puede dirigirse hacia Dios, como ya indicaba el Responsum de la Congregación para la Doctrina de la fe de 2021. También en una clínica abortista hay elementos positivos, desde los anestesistas que evitan el dolor físico de la persona, hasta el deseo de los médicos de proteger el proyecto de vida de la mujer que aborta.

Una quinta observación toca la coherencia interna de esta misma bendición pastoral (tipo “c”). ¿Puede darse una bendición no litúrgica? ¿O una bendición que no represente oficialmente la doctrina de Cristo y de la Iglesia? La clave para responder no está en saber si los ritos han sido aprobados oficialmente o, por el contrario, se improvisan espontáneamente. La cuestión es que quien realiza la bendición es un sacerdote, representante de Cristo y de la Iglesia. FS afirma que no hay problema en que el sacerdote se una a la oración de las personas que se encuentran en esta situación contraria al Evangelio (FS 30), pero en esta bendición pastoral el sacerdote no se une a la oración de ellos, sino que invoca el descenso de los dones de Dios sobre la relación misma. En cuanto que el sacerdote obra en nombre de Cristo y de la Iglesia, pretender separar esta bendición de la doctrina es postular un dualismo entre lo que la Iglesia hace y lo que la Iglesia dice. Pero la revelación, como enseña el concilio Vaticano II, se da con signos y palabras intrínsecamente unidos entre sí (Dei Verbum 2), y la predicación de la Iglesia no puede tampoco separar signos y palabras. Precisamente la gente sencilla, a la que el documento quiere favorecer fomentando la piedad popular, es la más vulnerable a ser engañada por un signo que contradice la doctrina, pues capta intuitivamente el contenido doctrinal del signo.

A la vista de esto, ¿puede un fiel católico aceptar la enseñanza de FS? Dada la unidad entre signo y palabra en la fe cristiana, la única forma en que se puede aceptar que sea bueno bendecir, en cualquier modo, estas uniones, es porque se piensa que tales uniones no son objetivamente contrarias a la Ley de Dios. De aquí se sigue que mientras el Papa Francisco siga afirmando que las uniones homosexuales son siempre contrarias a la Ley de Dios, está afirmando implícitamente que tales bendiciones no se pueden dar. La enseñanza de FS se encuentra, por tanto, en contradicción consigo misma, lo cual pide una clarificación ulterior. La Iglesia no puede celebrar una cosa y enseñar otra, porque, como escribió san Ignacio de Antioquía, Cristo fue el Maestro “que dijo y se hizo” (Efesios 15,1), y no se puede separar su carne de su palabra.

La otra pregunta que nos hacíamos era si un sacerdote puede aceptar bendecir estas uniones, algunas de las cuales coexisten con el matrimonio legítimo o en las que no es infrecuente cambiar de pareja. Lo podría hacer, según FS, con una bendición pastoral, no litúrgica ni oficial (tipo “c”). Esto significaría que el sacerdote tendría que dar estas bendiciones sin actuar en nombre de Cristo y de la Iglesia. Pero esto implicaría no actuar como sacerdote. De hecho, estas bendiciones tendría que hacerlas, no como sacerdote de Cristo, sino como quien ha renegado de Cristo. Pues el sacerdote que bendice estas uniones está presentándoles, con sus gestos, como un camino hacia el Creador. Por tanto, comete un acto sacrílego y blasfemo contra el designio del Creador y contra la muerte de Cristo por nosotros para llevar a plenitud el designio del Creador. Esto implica también al obispo diocesano. Éste, como pastor de su Iglesia local, está obligado a impedir que estos actos sacrílegos sucedan, o se haría él partícipe de ellos y renegaría del mandato que le dio Cristo de confirmar en la fe a sus hermanos.

Los sacerdotes deben proclamar el amor y la bondad de Dios a todas las personas y también apoyar con consejos y oraciones a los pecadores y a los débiles que tienen dificultades para convertirse. Esto es muy distinto que señalarles con signos y palabras autoinventados pero engañosos que Dios no es tan exigente con el pecado, ocultando así que el pecado de pensamiento, palabra y obra nos aleja de Dios. No hay bendición no sólo en lo público, sino tampoco en lo privado, para condiciones de vida pecaminosas que contradicen objetivamente la santa voluntad de Dios. Y no es prueba de una sana hermenéutica que los defensores valientes de la doctrina cristiana sean tachados de rigoristas, más interesados en el cumplimiento legalista de sus normas morales que en la salvación de personas concretas. Porque esto es lo que dice Jesús a la gente corriente: „Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera“ (Mt 11,28-30). Y el Apóstol lo explica así: « Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?». (1 Jn 5,4-5). En un tiempo en que una falsa antropología está socavando la institución divina del matrimonio del hombre y la mujer con la familia y sus hijos, la Iglesia debería recordar las palabras de su Señor y Cabeza: „Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos“ (Mt 7,13-14).