Ha sido una gran noticia que, en estos días, el Papa León XIV haya dicho que se debe volver a la letra de los documentos del Vaticano II y no a “interpretaciones ideologizadas” del mismo. Algunos, como el P. Santiago Martín, han interpretado esto como una reivindicación de la crítica de Benedicto XVI a la hermenéutica de la ruptura del Vaticano II: un Vaticano II que implicaría, y para bien, una discontinuidad con el Magisterio anterior. Curiosamente, esa hermenéutica es compartida por los tradicionalistas en sus diversas formas, tan exacerbados por culpa del pontificado de Francisco. Pero ellos ven esa discontinuidad como un mal. Y es cierto que es un mal si es una discontinuidad en lo esencial.
Hay que aclarar que “volver a la letra” no es
exactamente la postura de Benedicto XVI. Benedicto no dijo que dejáramos de
lado toda hermenéutica y fuéramos a la letra. No, no lo dijo porque,
como buen teólogo, sabía que todo texto (la física de Newton también)
implica una interpretación. Los documentos del Vaticano II no tienen
interpretación literal, sencillamente porque ningún texto puede tenerla, si nos tomamos en serio (casi nadie lo hace) a Gadamer. Lo que Benedicto XVI
afirmó es que es necesaria una hermenéutica de la continuidad en lo esencial
y reforma en lo contingente.
De todos modos, es una buena noticia. León XIV quiere
volver a una interpretación del Vaticano II alejada de la hermenéutica de la
ruptura del llamado “espíritu del concilio”. Pero para ello no tiene que
inventar la rueda. No tiene más que recordar y reiterar, en todo caso, con su
estilo, lo ya afirmado por Benedicto XVI.
No le va a ser fácil, pero tu es Petrus.

1 comentario:
Excelente! Un abrazo!
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