domingo, 7 de noviembre de 2021

LA FE, LA CRUCIFIXIÓN DE LA FE Y LOS POBRES DE YAHVEH

 Hace un tiempo dije que ante el caos humano de la Iglesia actual, debíamos adoptar la actitud de los pobres de Yahavé, que esperaron contra toda esperanza.

Permítanme hoy seguir con la misma idea.

Por supuesto que siempre hubo tiempos difíciles en la Iglesia. Por ende, sin pretender conocer el más y el menos, digamos sencillamente que la situación de hoy es muy difícil.

Había un grupo de católicos que aceptábamos el Catecismo de la Iglesia de 1993, La Familiaris consortiola Veritatis splendor, la Evangelum vitae, y suponíamos la interpretación del Vaticano II que luego corroboraba Benedicto XVI (22-12-2005).

Lo hacíamos, además, convencidos, esto es, nuestra razón, formada en una filosofía cristiana tradicional, establecía un círculo hermenéutico no problemático con ese Magisterio.

Hoy estamos tristes. No, no estamos contra el Vaticano II como Mons. Viganó (muy valiente pero,  creo, no entendió el mensaje de Benedicto XVI) ni somos sedevacantistas, ni nada por el estilo.

Pero hace mucho que estamos en Viernes Santo.

Desde nuestra pobre perspectiva humana, hace rato que es la Fe la que está en la cruz. Las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio, como lo entendíamos, están siendo crucificadas.

Y es una dura prueba. Nunca tuvimos problema con los vaivenes humanos de la Iglesia. Pero la Fe en la cruz, a punto de gritar el abandono de Dios, nos pone en el límite de la defectibilidad de la Iglesia.

Pero como la Iglesia es indefectible, entonces sabemos que hay un por qué.

Y mientras tanto, esperar, como María, al pie de la cruz. Seguir nuestra conciencia. No digo en silencio, pero sin escándalos, y esperar.

Habrá una resurrección.

Que tal vez no veamos en vida, pero la habrá.

Hasta entonces, que Dios nos encuentre con las lámparas prendidas. 

1 comentario:

Don Pelayo dijo...

Estimado amigo,
Comparto tu sentimiento. Lo que sucede es que lo tengo desde 1962...
Salvo un tiempito de alivio con Benedicto XVI.