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lunes, 5 de octubre de 2020
domingo, 4 de octubre de 2020
A PROPÓSITO DE WOODY ALLEN (Una reflexión sobre su autobiografía: A propósito de nada, Alianza Editorial, 2020).
Woody Allen acaba de escribir su autobiografía. Creo que es un buen momento. Acaba de cumplir 85, ha hecho unas 50 películas, está afectivamente estable, y su carrera como director parece haber llegado a un impasse por motivos que son de público conocimiento.
El libro, al menos la
versión española (lamenté no poder leer su Inglés, o sea, lamento no haber
podido leerlo a él) dice ya mucho en su formato. Tapas negras, el título y nada
más, sin introducción, sin capítulos, sin índice, en epílogo, sin fotos. Sin
nada excepto él.
Por supuesto no vamos a
relatar su autobiografía al lector. Allí está el libro. Simplemente vamos a
destacar algunos aspectos.
Me llamó la atención que,
desde el comienzo, Woody tiene una alta conciencia de la no necesidad de su
existencia, conforme a ese existencialismo agnóstico que siempre lo acompañó.
Destaca que estuvo a punto de no nacer tres veces, sin que el universo
se perdiera nada por ello. La primera vez porque su padre fue uno de los pocos
sobrevivientes de un naufragio. La segunda, porque la boda de sus padres estuvo
a punto de suspenderse dado que a su padre se le ocurrió robar el diamante de
una prima. El tercero fue cuando una niñera lo envolvió en pañales y lo amenazó
con asfixiarlo y tirarlo a la basura. Saque el lector las consecuencias
psicológicas de esto último.
Otro tema interesante es
la opinión que Woody tiene de sí mismo: un analfabeto misántropo al que sólo le
gusta el béisbol, el jazz que toca mal, que no leyó nada importante en su vida
y un mal aficionado a la magia. Lo único que hace bien es escribir chistes.
¿Intelectual? No, la gente está loca. Nada más lejos. Comenzó a leer algunas
cosas para poder salir con chicas; puede intercalar algunas frases sueltas de
filosofía, literatura o psicología de modo tal que parezca que él las entiende,
y leyó algo de filosofía contemporánea sólo para acompañar los estudios de su primera
esposa, Harlene, que obtuvo un Mayor en Filosofía. Filmar películas es una
estupidez. Hay que tomar una cámara y tener cuidado de destapar la lente,
contratar a buenos actores, dejarles improvisar y hacer lo suyo, y listo. Ah,
claro, él escribe el guión, que es lo más importante. Pero nunca ha hecho,
según él, una gran película. Genios son Bergman y otros. El no. Jamás ensaya,
excepto una vez y le fue mal, nunca ve sus películas, a las 17 se va a ver
beisbol o tocar (mal) jazz. Lo único que disfruta es hacer el guión y rodar la
película. El éxito no está en sus planes. Lo que diga la gente tampoco. La
Rosa Púrpura de El Cairo, Zelig, Broadway Danny Rose, Misterioso asesinato en
Manhattan y Sombras y nieblas, son tal vez algunas de las que menos le disgustan.
Pero ninguna es una gran película. El Séptimo Sello, esa es una
película. Las de él fueron intentos de acercamiento.
La escuela era por
supuesto una absoluta estupidez, el Instituto Hebreo también (él quería comer
cerdo y las chicas de la sinagoga eran más interesantes que los aburridos
rabinos) y la universidad también. El sólo escribía chistes. A partir de allí,
una cosa fue llevando a la otra, con mucha gente buena en el camino. De los
chistes en los diarios a guionista de comediantes, de guionista a comediante
monologuista a guionista de una película que él no dirigió y, por supuesto, le
arruinaron el guión. Nunca más. Desde entonces jamás filmó nada donde no
tuviera total libertad de decidir sobre el guión, aunque nadie fuera a ver el
resultado, como le ocurrió varias veces. Sus demás películas siempre tuvieron
un público muy limitado, aunque algunas tuvieran gran repercusión, para su
total asombro. Cuando terminó de ver Manhattan rogó a los productores que
destruyeran el film.
Es impresionante el
agradecimiento y la caridad de la que habla de todos: actores, productores,
comediantes, escritores y hasta políticos que conoció a lo largo de toda su
vida (una vida que, seguramente por el tercer episodio, transcurre en la
seguridad de las ciudades y sus restaurantes, bares y clubs). Woody Allen es
una persona sensible y empática a pesar de su timidez, que lamenta
profundamente los pocos amigos que perdió.
De sus mujeres habla con
total amor, respeto y admiración. A sus dos primeras esposas, (Herlene Rosen y
Louise Lasser) de las que siguió siempre siendo amigo, las salva totalmente de
cualquier responsabilidad en el fracaso de los respectivos matrimonios. Tuvo
luego tres relaciones más aunque sin casarse: Diane Keaton, Stacey Nelkin y Mia
Farrow. Y finalmente, su tercera esposa, Soon-Yi, con quien afirma tener su
verdadero matrimonio, desde 1997, con dos hijas adoptadas.
A Diane Keaton, su amiga
eterna, la idolatra, como mujer y como actriz. De Stacey habla con una
conmovedora ternura. Pero dedica mucho tiempo a explicar sus problemas con Mia
Farrow y la falsedad de sus acusaciones, y se disculpa al final por ello. Es
que aunque diga que no le importe, le importa, y creo que sospecha que a
algunos también nos importa escuchar su versión.
Nunca vivió con Mia
Farrow ni tampoco fue padre adoptivo de la mayor parte de hijos adoptivos de
Mia (a quien admira como actriz apenas un poquito por debajo de Diane Keaton).
Excepto de Dylan, y además de Moses, que no se sabrá nunca si es hijo de él o
de Frank Sinatra.
O sea que nunca fue padre
adoptivo de Soon-Yi.
Sobre las desavenencias
entre él y Mía, sobre las rarezas de Mía como madre, sabrá el lector en quién
confiar. Yo confío en Woody, lo considero una persona honesta, afable, generosa
e incapaz de mentir, pero veremos al final por qué la mayor parte de la gente
puede admirarlo pero no confiar en él.
Lo que es independiente
de la palabra de Woody son los dos informes sobre el supuesto abuso de Dylan
Farrow. Creo que Woody merece que el lector los lea. El primero es de la
Clínica de Abuso Sexual infantil del Hospital Yale-New Haven: “…Según nuestro
dictamen, Dylan no fue sexualmente abusada por el Sr. Allen. Más aún, creemos
que las declaraciones videograbadas de Dylan y las que efectuó ante nosotros durante
nuestra evaluación no hacen referencia no hacen referencia a sucesos reales que
hayan ocurrido el 4 de Agosto de 1992 (…) Para llegar a esa opinión, hemos
considerado tres hipótesis como explicación de las declaraciones de Dylan.
Primero, que esas declaraciones eran ciertas y que el Sr. Allen había abusado
sexualmente de ella; segundo, que las declaraciones de Dylan no eran ciertas
sino que habían sido inventadas por una niña emocionalmente vulnerable atrapada
en una familia perturbada y que estaba reaccionando a las presiones que tenían
lugar en el seno de esa familia; y, tercero, que Dylan fue aleccionada o
influida por su madre, la señora Farrow. Si bien podemos concluir que Dylan no
sufrió abusos sexuales, no podemos asegurar que el segundo o el tercer supuesto
sean ciertos separadamente. Creemos que lo más probable es que una combinación
de esos dos supuestos sea lo que mejor explique las acusaciones de abuso sexual
efectuadas por Dylan”.
El segundo corresponde al
Centro de Bienestar Infantil del Estado de Nueva York: “No se ha hallado ninguna evidencia creíble de
que la niña haya sufrido abusos o malos tratos. Por lo tanto esta denuncia se
considera infundada” (7 de Octubre de 1992).
Es debido a estos
informes que la acusación nunca llegó a juicio. Sin embargo en el juicio por la
tenencia de los niños, a Woody se le prohibió ver a Dylan para siempre, y el
dolor que eso significó para él fue terrible.
Mi opinión es que Woody
es un genio que, como todos los genios, se ignora. Sabe más de filosofía y de
psicoanálisis mucho más de los que tienen 8.000 doctorados en ambas cosas, pero
él no se da cuenta. Tampoco se da cuenta de la creatividad que tiene. Para él
escribir y filmar una película como las de él es una trivialidad. Y
bueno, sí, a Mozart también le era fácil componer y a Unamuno escribir. Al
resto de los mortales sólo nos queda admirar y gozar de la belleza regalada por
Dios hacia nosotros por medio de estos casi no mortales tocados por la vara del
infinito. Justo a Woody, precisamente, que, según sus propias palabras, nunca
soportó ser finito.
Por supuesto, a Woody se
le acercaba gente muy capaz sin mayores envidias. Pero mi hipótesis es que el
público que lo sigue tiene con él una relación amor-odio, y mucho más la gente
que no sabe nada de él, escucha algún medio amarillista o ha visto apenas 10
minutos de alguna de sus películas.
Mi falible hipótesis es
que así como Toulouse-Lautrec retrataba los cabarets de París, Woody retrata
neuróticos. O sea, a todos nosotros, como somos (no como deberíamos ser) con
todos nuestros conflictos y debilidades. Por un lado nos divierte, pero por el
otro, no nos gusta. Sobre todo, dado que el inconsciente es poderoso, no le
perdonamos a Woody que describa, aunque con mucha misericordia, los dramas y a
veces ridiculeces de nuestra vida sexo-afectiva. Tampoco esta época
contradictoria, de supuesta libertad sexual, le perdona a Woody que haya puesto
tanto acento y humor en el tema de nuestras desventuras sexuales. La gente
ignora, por lo demás, los profundos valores morales defendidos por Woody en sus
películas, sobre todos los temas y también los sexuales, en particular la
fidelidad. Lo que ocurre es que los considera muy difíciles en el mundo real.
Cualquiera puede opinar lo contrario, por supuesto, especialmente si NO ha
visto en profundidad sus casi 50 películas.
Por eso, cuando surgió la
acusación de Mía Farrow, muchos dijeron, en su inconsciente, en su discurso
latente: “y, claro….. Tenía que ser”.
El último episodio, del
de Dylan hablando de su abuso, fue particularmente terrible para Woody. Un
Woody que, a pesar de ser un líberal (con tilde en la i) que vota a los
demócratas, se dio cuenta del extremo al que había llegado el movimiento me
too[1]
y el pánico que producía en muchos actores y etc. que le confesaban que creían
en él pero no podían hacerlo público. Por supuesto, Woody se encarga de
agradecer, uno por uno, a todos los que resistieron ese embate final. Alec
Balwin, Blake Lively, Scarlett Johansson, Joy Behar, Waly Shawn, sus dos ex
esposas, y por supuesto Diane y Stacey. También Bod Weide, cuyo heroísmo merece
una mención a parte por Woody Allen. A la lista se agregan Ray Liotta,
Catherine Deneuve, Charlotte Rampling, Jude Law, Isabel Huppert, Pedro
Almodovar y Alan Alda.
Pero todo esto lo ha
reconcentrado más en sí mismo y ha acentuado esa visión escéptica que siempre
tuvo de este mundo cruel. Dice que nada de esto le importa -lo dudo- y vive
concentrado en su matrimonio, sus hijas, y sigue escribiendo en su máquina de
escribir Olympia que tiene hace desde sus 16 años. No sabemos cómo será el
resto de la vida de Woody, pero estamos ahora ante un genio recluido en el
refugio de su matrimonio y de su arte. Sus películas son eternas y con eso ha
alcanzado su no finitud. Por ahora tenemos a un Woody “triste y melancólico”,
que vive con un regalo de Dios, Soon-Yi, y que, según sus propias palabras, más
que en los corazones y la mente del público, prefiere seguir viviendo en su
casa[2].
[1] Woody afirma, oh
herejía, que no necesariamente todo lo que diga una mujer es verdad, y para
ello cita el episodio de los chicos de Scotssboro.
[2] Así termina el
libro, con otro de sus chistes. Le regalo al lector algunos de los que aparecen
en este libro, aunque el humor de Woody es eminentemente contextual y muchos de
ellos sólo tienen sentido en el contexto de las anécdotas relatadas: “…No
habrán experimentado lo que es la vida hasta que hayan tenido que esperar en
una sala de urgencias con un roedor a las dos de la mañana junto a un hombre
que tiene un loro que estornuda” (p. 68; me estoy permitiendo sacar el Español
madrileño del traditore/traductor). “…En aquellos tiempos los aviones tenían
hélices, lo podían hacer vuelos directos de esa distancia y, lo peor de todo,
se desplazaban en el aire” (p. 99). “…¿El universo se está deshaciendo a la
velocidad de la luz y a ti te preocupa que un tipo de Sheboygan ponga
objeciones al ritmo de tu filme?” (p. 210). Sobre los actores: “Lo cierto es
que su no hacen nada desquiciado, como abalanzarse hacia mí con una navaja,
tiendo a contratarlos”(p. 214). Sobre su juego de química de la infancia: “…Aún
así, logré crear una tintura naranja y teñí de ese color el abrigo marrón de
castor de mi madre. Por alguna razón, eso la molestó y trató de matarme con un
tenedor para ensaladas…” (p. 311). Sobre la invitación que Bergman le hizo para
ir a su isla: “Lo veneraba como artista, ¿pero quién desea subirse a un avión
minúsculo para viajar a una isla propiedad de los rusos donde no hay más que
ovejas y donde te dan yogur para comer? No soy tan fanático” (p. 340). Sobre
cuando practica el clarinete en su casa con Soon-Yi: “Más tarde, ella se pone
unas orejas insonorizadas como las que usan los operarios de los aeropuertos
supersónicos y yo practico el clarinete” (p. 362). “Es cierto que Soon-Yi tiene
una personalidad fuerte y avasalladora y toma todas las decisiones que tienen
repercusión en nuestras vida, como dónde vivimos, cuántos niños tendremos, a
qué amigos vemos y cómo gastamos nuestro dinero, pero yo sigo siendo el que
manda en lo referente a los viajes espaciales” (p. 377). “Desayunamos,
almorzamos y cenamos juntos casi todos los días. Cualquiera está tentado a
pensar que a estas alturas ya hace tiempo que nos habríamos quedado sin nada
que decirnos, pero como el clima cambia constantemente, nunca nos falta un tema
de conversación” (p. 379). “Si muriera ahora mismo no podría quejarme…. Como
tampoco se quejaría mucha otra gente” (p. 380). “Jamás acepto ningún galardón
cuya concesión depende de que yo esté presente en el acto” (p. 392). Sobre
Carla Bruni: “Ella miró a su marido en busca de alguna señal sobre qué pensaba
de que ella se involucrara con un sucio plebeyo, y como él dijo que no veía
nada malo en ella, Bruni aceptó” (p. 399). Sobre Roberto Benigni: “El no
hablaba Inglés y yo no hablaba Italiano, de modo que no pude arruinar su
intervención con mis instrucciones” (p. 402). “A mí me parece que la única
esperanza de la humanidad reside en la magia. Siempre he detestado la realidad,
pero es el único lugar donde se consiguen alitas de pollo” (p. 407). “…No puedo
negar que encaja con mis fantasías poéticas ser un artista cuya obra no puede
verse en su propio país y se ve obligado, debido a circunstancias injustas, a
buscar su público en el extranjero. Pienso en el gran Henry Miller. En D.H.
Lawrence. En James Joyce. Me veo de pie entre ellos, con actitud desafiante. Es
más o menos en ese momento cuando mi mujer me despierta y dice: estás roncando”
(p. 431).
jueves, 1 de octubre de 2020
Lockdown: The New Totalitarianism. Jeffrey A. Tucker – October 1, 2020
https://www.aier.org/article/lockdown-the-new-totalitarianism/
domingo, 27 de septiembre de 2020
BIBLIOGRAFÍA PARA CATÓLICOS PERPLEJOS III. HOY: PÍO XII
1. Encíclica
Humani generis, sobre los fundamentos filosóficos y teológicos del
Catolicismo, 12 de Agosto de 1950.
2. Encíclica
Sumi pontificatus, sobre la dignidad humana, los derechos de la persona
y la inmoralidad del estado totalitario. 1939.
3. Con
sempre, sobre los ordenamientos jurídicos justos, 1942.
4. Benignitas
et humanitas, sobre las condiciones de una sana
democracia. 1944.
5. Discurso
del 9 de Octubre de 1958, sobre la laicidad del Estado.
6. Discurso
del 17 de Febrero de 1950, sobre la prensa católica, la opinión
pública y la libertad de prensa.
7. Discurso
del 6 de Diciembre de 1953, sobre la tolerancia religiosa.
8. Discurso
del 2 de Octubre de 1945, sobre la democracia y las teorías
escolásticas del origen del poder.
Todo en www.vatican.va
(hurry up antes de que los borren……)
lunes, 21 de septiembre de 2020
MI IRRESPONSABLE NEUMONÍA
Era fines de Enero de 2013 y de un dolorcito de garganta pasé a una neumonía fulminante. Estábamos en la UFM, Guatemala. Yo me quería volver igual pero mi esposa me llevó a la fuerza a un eficiente hospitalito privado que habíamos pagado con nuestro propio seguro. Me salvó la vida. La UFM también, me extendieron hospedaje y estadía todo lo necesario hasta que me recuperase.
Ingresé un Sábado a la mañana muy
temprano y hasta el Miércoles la fiebre no bajó de 39 grados. Me dieron con
todo. Antibióticos por suero, alimentación por suero, nebulizaciones 10.000
veces por día, etc., etc., etc. Creo que respirar, respiraba solo. Bueno, ya no
me acuerdo.
Yo mantenía la conciencia pero
desde una bruma. Es interesante cómo es la percepción en esos casos. Yo veía y
escuchaba todo pero como una imagen lejana, como si yo estuviera muuuuuuuuuuuy
lejos. Intentaba hablar algo pero no podía recordar qué palabra había usado
antes….. Intentaba calmarla a Marcela y ya está. No estaba dormido ni despierto
ni concentrado ni desconcentrado, creo que estaba, eso era todo……….
Lo peor fue que logré darme
cuenta de que Benedicto XVI había renunciado.
Mirando retrospectivamente las
cosas, ahora, desde el 2020, me doy cuenta lo irresponsables que fuimos todos.
No me pusieron en terapia
intensiva ni en un respirador. Creo que en la medicación incorporaron algunos
anti-inflamatorios. No rodearon al hospital con una faja ni impidieron entrar a
nadie en mi habitación. Nadie usaba mascarilla. A veces -y la habitación era
chiquitita- había dos o tres personas, que luego de intentar comunicarse con mi
bruma, hablaban entre ellos. No aparecí como un caso más en la televisión, y
eso que en el 2013 hubo una morbilidad de 209.341 casos de neumonía en toda
Guatemala (https://sigsa.mspas.gob.gt/datos-de-salud/morbilidad/principales-causas-de-morbilidad)
.
¿Por qué tanto desinterés, tanta
desaprensión, tanta falta de información a la opinión pública?
¿Por qué no se me aisló de seres
queridos, amigos (mis amigos son mis seres queridos en Guatemala), por qué los
médicos y las enfermeras entraban tan tranquilos a mi habitación sin un traje
de astronauta?
¿Por qué cuando salí no se me
hizo hacer cuarentena, no tuve que usar una mascarilla? Repasen los casos: https://sigsa.mspas.gob.gt/datos-de-salud/morbilidad/principales-causas-de-morbilidad
¡Qué irresponsabilidad total!!!!!!!!!!!!!!
Cuando volví, las irresponsables
autoridades argentinas no me obligaron a hacer cuarentena, no aislaron al aeropuerto,
no tuve que usar mascarilla en el avión.
Para colmo, me reincorporé a la
Austral apenas me sentí un poco mejor (porque por algunos días estaba como si
varios elefantes me hubieran pasado por encima). Me abrazaba y me daba besos
con todos (que bestia, qué promiscuo). Y todo consistía en decir “tuve una neumonía
pero ya estoy bien”. Además había bajado algunos kilos y eso era
extraordinario. No sé si se dan cuenta de la enorme falta de conciencia
sanitaria que me afectaba y que afectaba a todos por aquel entonces.
Desde luego, usaba alcohol en gel
y no tosía ni estornudaba delante de NADIE, y me lavaba siempre las manos. Pero
excepto lo del alcohol, lo demás lo hago desde mi más tierna infancia porque
así me lo enseñó mi padre, y lo del alcohol en gel era una sana costumbre que
aprendimos en Guatemala en el año 2000. Es más, hasta el año pasado muchos de
mis amigos me manifestaban abiertamente su desagrado por mi uso permanente del alcohol
en gel. Qué tontos…..
Y lo peor: ¡fui a Misa ¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
¡Horror!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¡Ay, feligreses, por DIOS, nunca mejor
dicho, qué grave peligro corrieron ¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Sin distancia, y además todos nos dimos el saludo de la paz. Varios tocaron mi
mano peligrosa……………………
(Y me olvidaba: mi Marcela, mi
una sola carne, comulgó con la boca. Eran épocas de fanatismo religioso. Ahora
ya la corrigieron inmediatamente).
Pero para colmo, desde entonces abandoné los brebajes de la medicina halopática y me he tratado con homeopatía. No volví a tener ni una angina desde entonces, aunque sé que no debo cometer la falacia post hoc, ergo propter hoc. Pero abandoné al paradigma dominante y me pasé al paradigma alternativo. La gente del Conicte ya me ha felicitado.
En fin, podría seguir agregando
una larga lista de imprudencias. Les pido a todos me perdonen, no lo voy a
hacer más.
Ahora la OMS me ha enseñado cómo
ser bueno.



















