Era obvio. Para el gobierno la marcha del Jueves es una multitud de tilingos de la clase explotadora defendiendo sus banales intereses: sus viajecitos a Miami, sus dolarcitos, etc., mientras que ellos, los representantes del pueblo explotado, son los encargados de seguir sacando a esa gentuza sus privilegios clasistas.
De vuelta, lo que vengo diciendo hace décadas: Marx 101.
Pero no es sólo el gobierno.
Es el peronismo tradicional el que introdujo esta mentalidad de lucha de clases: los intereses de los trabajadores versus los empresarios ávidos de ganancias. Ese no es pensamiento privativo de la apenas-por-debajo-de-Dios Cristina Kirchner, Abal Medina o Kicillof. Lo piensan casi todos los argentinos; lo piensan mis colegas, los filósofos que siguen leyendo a Marx y jamás a Menger, Bohm Barwek o Mises (y para colmo piensan que saben economía); lo piensan muchos católicos y sobre todo los que me acusan a mí de ser un hereje; lo piensan millones de personas que están en contra de la corrupción kirchnerista pero sueñan con una izquierda profunda y honesta que remueva verdaderamente los privilegios de la clase explotadora.
El marxismo, como horizonte de pre-comprensión cultural, extendido en casi todos los argentinos, no piensa en términos de derechos de las personas. Esto es, en el individuo, en la persona y sus derechos, sean cuales fueren sus ingresos y sus motivos para viajar o quedarse, para comprar o vender, para importar o exportar, para decir una cosa u otra, para enseñar esto o aquello. Pero no, el argentino promedio piensa en términos de ricos versus pobres, de clase alta versus clase baja, de pueblo versus oligarcas, todas categorías colectivistas metodológicas metidas a fondo en su inconsciente ideológico.
Claro que se puede responder a Abal Medina diciendo que los viajes al exterior no son sólo para hacer compritas a Miami, claro que se le puede enrostrar a él y a todos los kirchneristas su hipocresía cuando llega el momento de ver cómo viven, dónde viven, sus ingresos, sus viajes, etc. Claro que además se les puede decir que si hay un grupo privilegiado por el robo, por una verdadera plus-valía, son ellos, que viven a costa de lo que todos nosotros estamos obligados a darles a punta de pistola. Pero esas cosas, importantes, no son el punto. El punto es, 1.: no hay clases, sino personas, con derechos individuales, 2., la vigencia de esos derechos individuales es lo que conduce al bienestar del conjunto, el aumento del nivel de vida y a la erradicación de la pobreza. Lo primero se entiende apenas distinguimos entre la esclavitud y la NO esclavitud, lo segundo se entiende estudiando un poco de Mises y Hayek. Pero, claro, parece que es demasiado esfuerzo. Lo que vemos actualmente no son sino consecuencias lógicas de décadas y décadas de ideas estatistas que los liberales clásicos venimos denunciando hace décadas (y más) en absoluta soledad, indiferencia u hostilidad. No, no es verdad que los derechos del artículo 14 son sólo libertades "formales" versus los "verdaderos" derechos del 14 bis. No, no es verdad que la redistribución del ingreso lleve a solucionar la pobreza. No, no es verdad que el estado tanga que intervenir en comercio exterior, moneda, etc. No, no es verdad que haya un "derecho a la información" versus la "capitalista" libertad de expresión. No, no es verdad que el estado deba fijar los planes de estudio. No, no, no....................Pero si, si y si, y ahora tienen el resultado. Si ven la lista efectuada, vemos que, respectivamente, el olvido de la noción de derechos individuales, la presión impositiva y los obvios controles, las trabas a las exportaciones, importaciones y libre comercio de divisas, el control estatal de los medios de comunicación, los adoctrinamientos estatales en la enseñanza, son todas banderas defendidas por encumbradísimos intelectuales, hoy casi todos ancianos o muertos, que tranquilos en la propiedad y libertad de expresión que su odiado liberalismo les proporcionaba, defendieron el fascismo, el socialismo, las políticas de la Cepal, fundamentaron los "derechos a la información y al derecho a réplica", promovieron la intervención del estado en la educación (siempre con las mejores intenciones, claro), denostaron el sólo artículo 14 como una mera etapa del "liberalismo burgués", y ni qué hablar del intervencionismo, corporativismo, nacionalismo y estatismo que defendieron siempre en economía. La grave responsabilidad intelectual por esa pléyade de disparates está repartida por igual en fascistas, comunistas, y católicos que decían hablar en nombre de la Iglesia, eso sí, todos muy civilizados, que vestían traje, corbata, hablaban varios idiomas y se ufanaban de sus doctorados obtenidos en Europa. Y en ese grupo están, fundamentalmente, los intelectuales que defendieron al peronismo en todas sus épocas.
El kirchnerismo actual no es sino todo eso llevado a su máxima coherencia; no, no digamos máxima, debemos agradecer que aún tengamos espacios de libertad que, sin embargo, ya están en su mira. Pero lo que quiero decir es: asuman todos, por favor, la responsabilidad por su indolencia intelectual, por su negligencia intelectual, llena de prejuicios que les impide leer una línea de Mises mientras se llenan la boca de sus amplias lecturas de Marx. El kirchnerismo no es sino el resultado enbrutecido de décadas y décadas de confusión intelectual, de platos de disparates preparados por exquisitos chefs que no sabían que estaban dando letra a la semidiosa que nos gobierna y a su conjunto de ideólogos y aplaudidores.
No nos asombremos tanto, por ende, de las declaraciones de Abal Medina. Todos pensaron como él, todos piensan como él. Y si no, meditemos en serio sobre lo que esto quiere decir: "...Todos los habitantes de la Confederación gozan de los siguientes derechos
conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: de trabajar y
ejercer toda industria licita; de navegar y comerciar; de peticionar a las
autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino;
de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de
su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto;
de enseñar y aprender."
Yo, que nunca he estado en Miami comprando nada, propongo que no nos cansemos de reiterar el artículo 14, que sea la única bandera que blandee en la próxima marcha que "los imbéciles de clase alta" organicemos contra los montoneros (los "sabios de clase baja", claro) que nos roban, nos burlan, nos mienten, nos encarcelan y nos estafan.