martes, 21 de abril de 2020

CORONAVIRUS: QUÉ ESTÁ PASANDO, II

Así las cosas, en las supuestas democracias liberales de Occidente suceden dos cosas, de manera lenta y gradual, hasta llegar a niveles dignos de las mejores novelas de estados futuristas totalitarios:

1.      Los estados necesitan de “expertos”, o sea especialistas que vienen de las ciencias naturales (sociales a veces también) porque son los “peritos” que tienen que asesorar al que finalmente va a decidir coactivamente cuáles son los contenidos educativos obligatorios y cuáles son los elementos de salud pública obligatoria. O sea, cuáles son los “contenidos mínimos” educativos (que se van haciendo máximos…) para todas las instituciones educativas, ya sean estatales o “privadas”, y cuál será la medicina legal, la obligatoria, la “científica”, que regirá en universidades, hospitales, ya sean públicos o “privados”. El mundo se unifica y se hace uniforme, y la posibilidad de otras formas de vida, otras formas de concebir el mundo, quedan reservadas a la literatura, y muy poco a la vida académica monopolizada también por los paradigmas dominantes (ver Feyerabend, “La ciencia en una sociedad libre”).

2.      Al principio, y hasta hoy, nadie nota el problema, porque el horizonte cultural, como dije, ha cambiado. Todos aceptan “la ciencia” como el piso cultural indiscutible.

3.       El “experto” coincide con el arquetipo de la “barbarie del especialista” descripto por Ortega. No tiene formación en nada excepto en su tecno-ciencia correspondiente. No tiene idea de Historia, de Filosofía, de Filosofía Política, de Filosofía de las Ciencias, de Hermenéutica, de nada que pudiera hacerle ver los límites de la ciencia que maneja ni los límites morales de su acción. El sistema educativo formal-estatal los produce y se replican como los virus, precisamente. Ellos y sus gobernantes asesorados pueden rebozar de buenas intenciones, pero rebozan también de poder y coacción para hacerlo, exactamente como los dueños de las granjas de esclavos. Y como aclara Feyerabend (el único que ha advertido este problema), este “experto” es igual que el inquisidor medieval, que con toda la buena voluntad de evitar que te contagies de la herejía, era el “experto” que finalmente dictaminaba quién iba a la hoguera o no, con la mejor de las intenciones. Hoy es lo mismo, no te mandan a la hoguera pero sí a la cárcel si finalmente incurres en el delito de no cumplir con lo prescripto por la ley. Los occidentales se creían muy libres y pensaban que esto sólo pasaba en la Rusia Soviética, en la China moísta y etc., pero no, lo que difería era el grado y el amplio apoyo de una población que ya había sido hervida lentamente como la famosa rana.

4.       Frente a todo esto, toda noción de libertad individual “ante” esto se hace ilusoria e incluso subversiva. Las libertades de educación y de asociación quedan limitadas a lo que encuadre dentro del estado científico, como antes lo debates teológicos no podían salir de los límites que los inquisidores establecían.

5.       Y todo esto se da como supuesto cultural, no cuestionado por nadie, excepto por Feyerabend y algunos pocos libertarios que se juegan su prestigio académico con sólo decirlo. Los demás liberales clásicos NO estudian a Feyerabend y en general son muy positivistas en su concepción cultural del mundo. Le dan a la ciencia y a sus expertos un poder que jamás osarían otorgar a un ministro de economía.

6.       Por ende, con el coronavirus sucedió “lo que tenía que pasar”. La cuestión NO pasa por un debate biológico ni por si importan los muertos o no. A toda persona de buena voluntad le importa la vida, nadie quiere la muerte de nadie (digo esto porque en la actual dictadura de los expertos, quien piensa diferente es una mala persona).

7.       Y “lo que tenía que pasar” es que en esta dictadura de la ciencia, a nadie se le pasa por la cabeza que haya libertades que no deben NUNCA violarse. Porque esas libertades han dejado de existir en nuestro horizonte cultural. Habitamos ya hace tiempo el mundo “feliz” de 1984 sin habernos dado cuenta. El llamado “mundo libre” antes de 1989 no era TAN libre como suponíamos. Y entonces a una serie de médicos, epidemiólogos y virólogos, a la OMS y etc. (cuyas intenciones sí son dudosas…)  se les ocurre que la cura y la prevención puede ser encerrar a todos en sus casa y….. Avanti. Ninguna restricción moral o política. Claro que en las enfermedades infecto-contagiosas hay que tomar medidas de prevención. Pero a estos “expertos”, estos nuevos inquisidores que te torturan para salvarte el alma de estos tiempos, o sea tu salud física, ni se les pasa por la cabeza que hay límites que no deben cruzar.

8.       Esos límites NO dependen de argumentos biológicos o de utilidad. Ese será otro capítulo. Pero hay que dejar bien claro que nuestra oposición a la cuarentena obligatoria NO pasa porque sea inefectiva. Pasa porque no se debe, porque viola una libertad que, como vimos, comenzó a perderse desde que el Constructivismo de la Revolución Francesa -denunciado por Hayek- comienza a inundar y a ahogar la poca pero importante conciencia de libertades individuales que había existido en su contrapartida, la Revolución Norteamericana.

Pero claro, no es sólo cuestión de gobiernos y sus expertos. Es también el grueso de la población y los medios de comunicación. Es también la alienación colectiva denunciada por Freud y Fromm.

Continuará. 




lunes, 20 de abril de 2020

CORONAVIRUS: ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?


Había una vez algo que se llamaba Sacro Imperio Romano Germánico. En ese Sacro Imperio, cuyo culmen podría ser el s. XIII, el príncipe secular recibía su legitimidad del Sumo Pontífice. Como horizonte cultural, todos pensaban que la Religión Católica era verdadera y la herejía era un delito civil, porque si te contagiabas del error, podías enfermarte del alma y perder tu alma. A su vez los musulmanes no podían ingresar libremente al Imperio (y viceversa) porque el príncipe también te protegía de que te contagiaras de los infieles. Y a todos les parecía muy bien, porque está bien y es bueno cuidar la salud. “Salud” viene de salus, salutis, que es tanto la salud del cuerpo como la del alma, esto es, la salvación.

Pasaron algunas cositas y en el s. XVIII cambió el horizonte cultural. En la Revolución Francesa casi todos pensaron que la religión era algo ridículo y entonces había que “liberarse de ella” y entonces surge la “libertad de cultos” si no era la persecución a los cultos religiosos. Kant denuncia la sumisión a-crítica a la religión como la gran inmadurez.

Pero la sumisión a-critica a la religión fue sustituida por la fe ciega ante la ciencia. Una nueva inmadurez. La cultura dio un vuelco de campana de 180, pero siguió en la misma idea: la autoridad política te “protege”. Antes, contra la perdición de tu alma. Ahora, contra la enfermedad del cuerpo.
Surgieron muchas voces críticas ante este positivismo que se convierte en tiranía estatal. La Escuela de Frankfurt, que denuncia la dialéctica de la Ilustración: la Revolución te quiere liberar pero al hacerlo te oprime. A la vez, sin necesidad de recurrir a Hegel o Marx, Hayek denuncia al estado constructivista, planificador, de la Revolución Francesa, de la mano de Burke. Y Feyerabend denuncia la unión entre estado y ciencia, pidiendo una nueva Ilustración, NO la condena de la ciencia, sino que los científicos no pudieran coaccionar a los demás con su visión de mundo y que, así como ahora hay distinción entre Estado e Iglesia y libertad religiosa, así también debe haber distinción entre estado y ciencia y libertad ante la ciencia por más verdadera que pueda ser.

Porque la verdad no se impone por la fuerza. Siempre pregunto a los liberales que son fuertemente anti-religiosos: ¿algo tiene que ser ridículo para que tengamos libertad ente ello? ¿Ustedes proclaman la libertad religiosa porque la religión les parece un absurdo? ¿Y qué sucedería si algún día se hicieran partidarios de tal o cual religión? ¿La impondrían por la fuerza entonces? Porque el fundamento de la libertad religiosa y la libertad ante algo NO es que ese algo sea absurdo, sino al revés: cuanto más verdadero sea algo, menos se puede imponer por la fuerza, porque la verdad no se puede imponer por la fuerza.

Por eso emergen los EEUU. Porque los colonos que huían de las guerras religiosas europeas nada tenían que ver con Robbespierre, sino que amaban sus tradiciones religiosas y por ello se dieron cuenta de que el príncipe secular no podía afirmar nada sobre la verdad o falsedad de lo más sagrado para el hombre. Por eso la Declaración de la Independencia, por eso la Constitución, por eso el Bill of Rights. Por eso fue el único lugar del mundo donde el horizonte cultural fue la conciencia de que tenemos derechos que no pueden ser abolidos por los gobiernos.

Pero en el continente la nueva coacción siguió su curso. Los estados iluministas comienzan a ocuparse de la salud pública y la educación pública. La libertad de enseñanza y la libertad de asociación comienzan a ser sustituidos por el derecho a la educación y el derecho a la salud. Derechos que deben ser custodiados por el estado con su fuerza de coacción. Al principio casi nadie se dio cuenta. Comunidades religiosas, incluso, aceptaron que el estado “cuidara”, “protegiera” su salud y educación, imponiéndoles coactivamente cosas “científicas”. Y la ciencia, claro, parece que no se discute. Pero no, no es cuestión de decir que la ciencia sea falsa. No es este un planteo post-moderno. Implica decir que no se impone por la fuerza. Pero no. Parece que sí. Recién hace algunos años, cuando algunas comunidades religiosas fueron invadidas por el estado en su salud reproductiva y en su educación sexual integral, entonces se dieron cuenta de lo que habían consentido, entonces se dieron cuenta de las libertades individuales, pero fue tarde.

Mientras tanto los estados “protectores”, constructivistas, racionalistas, “seculares”, llegaron a su apogeo. Controlan la economía, roban el fruto de tus ingresos, regulan el libre movimiento de personas y capitales, imponen qué debes aprender y enseñar, cuidan tu salud y por ende hay medicina legal e ilegal, porque “cómo puede ser” que te “cures con cualquiera”, si “la ciencia” es lo absoluto…. Y todo esto corroborado por todas las organizaciones internacionales correspondientes: la OMS, la UNESCO, todos organismos de la ONU, una especie de gobierno mundial que verdaderamente gobiernan y dan órdenes a sus estados miembros.

Toda noción de libertades individuales se perdió hace mucho. Todos éramos, somos, esclavos hace mucho tiempo, sólo que algunos dueños de granjas son menos crueles que otros. Pero la esclavitud, siempre, se justifica en que el dueño protege a sus débiles esclavos de sí mismos.

Continuará.

domingo, 12 de abril de 2020

CORONAVIRUS: VOCES ALTERNTIVAS A LA CUARENTENA OBLIGATORIA (para todos los que están escuchando una sola voz).

























 














domingo, 5 de abril de 2020

EL LIBERALISMO, ESA NOSTALGIA.


El debate sobre la cuarentena obligatoria tiene tantos aspectos que creo que escapan a lo que una sola persona pueda conocer.

Hay temas biológicos, estadísticos, psicológicos, políticos, económicos, comunicativos, religiosos, etc.

Hay un tema, sin embargo, no tan popular, que quisiera, otra vez como una quijotada inútil, escribir.

Hay un terrible aspecto de la humanidad que me ha convertido en un liberal triste. La libertad es un valor importante, por el cual vale la pena perder todo, pero es extraño al ser humano después del pecado original. Hace tiempo que vengo repitiendo, con tristeza, que la historia de la humanidad es la historia de Caín. Es la historia de la crueldad, de una crueldad que va de la mano con la masificación casi absoluta de casi todos los seres humanos. En medio de eso, el surgimiento del liberalismo político y económico (no voy a aclarar de vuelta de qué liberalismo hablo) ha sido un cuasi-milagro, una excepción en la historia de la esclavitud. Una excepción por la cual vale la pena seguir luchando, sí, pero como un deber moral, que habitualmente no tiene ningún éxito hacia afuera, más allá de la conjetura de que esa quijotesca batalla es lo único que tal vez impide que el reino de Caín sea absoluto.

Ese ideal liberal tuvo sólo un imperfecto momento de “haberse convertido en horizonte” (esto es, cultura). Fue el surgimiento de los EEUU, muy imperfecto, por supuesto, del cual no participaron al principio ni afroamericanos, ni indígenas ni mujeres, pero algo misterioso guio la pluma de Jefferson cuando escribió “all men…”, dejando en la historia de Caín una espina clavada de Abel, para siempre, al menos como norte, como deber, como ideal regulativo.

Pero muy rápido entró en declinación. No sé si necesariamente, pero casi al ritmo de los temores de los anti-federalistas, la República se convirtió paulatinamente en un imperio. Fue un horror cuando después del 2001 se sanciona la Patriot Act, la cual suspende al arbitrio del Poder Ejecutivo cuanto Rule of Law se pudiera haber concebido. La Declaración de la Independencia fue guiada por el misterio. La Patriot Act, por el pánico.

En todas partes del mundo fue siempre así. Los EEUU –de la mano del Common Law británico- son los únicos que tienen una Declaración de Independencia cultural a la cual “no es imposible” (pero las excepciones no abundan) volver. En cualquier otro lado, no hay nada a donde volver. Hay que siempre comenzar.

Todo esto es así hace mucho tiempo. El mundo ya era cerrado antes de este virus. El mundo ya había renunciado a la libertad. El temor, la masificación, las ideologías autoritarias –racionalizaciones, tal vez, de la pulsión de agresión- ya lo dominaban todo. Ante eso, ya los quijotes decíamos: no se puede, nunca, violar los derechos esenciales de la persona. El fin no justificaba los medios. Las guerras no son excusas. El terrorismo tampoco. No se debe, nunca. Nada autoriza a asesinar. A robar. A encarcelar. A perseguir. A delatar. Nada, nunca. Nunca.

Pero era inútil, ¿no? Era inútil decirlo. El reino de Caín siguió avanzando, casi inexorable. La libertad ya se vivía, sólo, en la secreta resistencia de los voluntariamente débiles frente a las fuerzas de Caín.

Ante ese panorama, que la lucha contra un virus, por peligroso que fuere, justifique moralmente la Unión Soviética Universal, el encarcelamiento de todos, la voz única por los nuevos altoparlantes, la delación, la persecución al disidente y, dentro de muy poco, los disparos al disidente, no debe sorprendernos.

El mundo ya ha caído en la etapa más negra de su historia luego de la Segunda Guerra. Cuando salga la famosa vacuna puede ser que algunos se calmen, pero la pregunta será, ¿what´s next?

Todos los años planteo a mis alumnos qué harían ante una situación donde el único modo de salvar a 30.000 personas en un estadio deportivo es torturar al que puso la bomba. Se podrán imaginar la respuesta (era la respuesta de los militares del 76). Yo casi no digo nada. A veces digo “una vez que cruzas la línea, ya no hay vuelta atrás”.

Ya no hay vuelta atrás. El virus se hará masivo, habrá llegado la vacuna, los creyentes en la ciencia saldrán de vuelta a las calles y sus sacerdotes lo permitirán, pero el mundo habrá dado un nuevo salto hacia la esclavitud.