domingo, 1 de marzo de 2009

HEIDEGGER SEGÚN LÖWITH

Por Coriolano Fernández

Karl Löwith conoce a Martin Heidegger hacia 1919 cuando empieza a estudiar en la Universidad de Friburgo. Tiene 23 años y Heidegger 30. Allí Heidegger es asistente de Edmund Husserl, quien ya ha publicado un gran libro, las Ideas para una Fenomenología Pura. En el mismo año escucha conferencias del sociólogo Max Weber.
Heidegger y Weber, estos dos hombres extraordinarios - evocará Löwith en 1969, o sea, cincuenta años después-, me provocaron una impresión decisiva y me dieron la medida de lo que puede ser un profesor sobresaliente. Fue la época más bella y productiva de su generación y en ese 1969, piensa Löwith, se vive todavía de tal impulso.

Hace la tesis de Habilitación en Marburgo bajo la guía de aquel asistente ahora profesor y lee las pruebas de galera de El ser y el tiempo, que aparece en 1927 y será según no pocos estudiosos la obra maestra de Heidegger.

Tras una trayectoria de docencia y publicaciones, una estadía en Sandai (Japón) y luego en Estados Unidos, Löwith retorna a su patria, Alemana, de donde ese había exiliado en 1934 y profesa en Heidelberg. Falleció en 1973.

Contamos con un libro interesante: Heidegger, pensador de un tiempo indigente (*), quizá donde mejor expone Löwith su punto de vista sobre Heidegger.

Pero no solo de Heidegger se trata, sino que hay textos sobre Soren Kierkegaard, Karl Jaspers, Franz Rosenzweig, Carl Schmitt, Edmund Husserl, Friedrich Nietzsche y Wilhelm Dilthey.

Löwith circula con solvencia en la filosofía germánica, su formidable tradición, y salvo algunas frases sobre Sartre (el Sartre existencialista), no indaga en otros importantes pensadores no alemanes del siglo XX. De prosa difícil, el libro supone en el lector el conocimiento de la filosofía heideggeriana.

¿Y qué piensa el antiguo alumno sobre su antiguo maestro? Ante todo, cuestiona a Heidegger desde Heidegger, mejor dicho, desde El ser y el tiempo y por lo tanto no se mueve en la dimensión que el propio Heidegger tanto acentuó después, esto es, la diferencia entre el ser y los entes.

Para Heidegger el acto del pensar del ser y de la espera (el ser nos “manda” pensar y nos “espera”) alumbra una suerte de advenimiento y Heiddeger lo llama la “única cuestión del pensamiento”, no de la esperanza ni de la fe, como alguien no avisado podría suponer. El destino de Occidente y de la Tierra entera dependen de la cuestión del ser.

Por cierto, El ser y el tiempo comienza y termina con la pregunta por el ser; pero, objeta Löwith, hay entre una y otra pregunta un análisis fenomenológico de la existencia humana; y si antes Heidegger veía la esencia del hombre en su existencia, después, en la Carta sobre el humanismo, esa esencia sólo se entiende a partir de la verdad del ser.

Sucedió, indica Löwith, que en la etapa posterior a El Ser y el Tiempo la fenomenología de la existencia se ha desvanecido, ya no es la idea conductora. Esta carencia y la obstinada tesis de Heidegger sobre el olvido del ser, le inspira a Löwith su aserción de que fue la de su maestro una “filosofía del ser” que desemboca en una “filosofía sin ser”.

¿Y por qué habla Löwith de filosofar en tiempos indigentes? Indigencia es carencia de medios para alimentarse, para vestirse, etc. Löwith apunta a la indigencia espiritual, que bien podría ser causa de la material. ¿Y en qué consiste la indigencia de nuestro tiempo? Löwith ve la interpretación de Holderlin realizada por Heidegger como sutil y caprichosa, pero rescata algo: según el Hölderlin de Heidegger la indigencia consiste en hallarnos en una doble carencia, por un lado el “ya no más de los dioses que han huido” y por otro lado, el “todavía no del Dios venidero”.

Hay en el trasfondo de Heidegger, propone Löwith, un motivo religioso, pero lejos de una religión determinada, más bien dirigido a quienes no quedan indiferentes ante la tesis de la “muerte de Dios” y rehúsan seguir el camino de Nietzsche.
Y agrega: acaso nada tan peculiar del preguntar heideggeriano como el final de su breve El sendero del campo, cuando el filósofo de la Selva Negra escribe: “¿Habla el alma? ¿Habla el mundo? ¿Habla Dios?”

Porque Heidegger supo desde el inicio que su proyecto filosófico no estaba destinado a crear una escuela ni a ser continuado ni completado. Sólo él podía llevarlo a cabo y la tarea tenía la impronta del caminante solitario.

Coriolano Fernández
La Gaceta Literaria,Tucumán.2007

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* Bernd Lutz, el compilador, eligió Heidegger, pensador de un tiempo indigente, que es el trabajo central, para dar título a todo el volumen, pero como incluyó otros textos puso un subtítulo: Sobre la posición de la filosofía en el siglo XX.
Edición del Fondo de Cultura Económica de Argentina, trad. de Román Setton, Buenos Aires, 2006. La edición alemana es de 1984.

6 comentarios:

Gabriel Zanotti dijo...

Que "el olvido del ser" termina en una "filosofía sin ser", en ppio lo comparto, pero ¿qué dirán los amigos heideggerianos de eso?

María Antonieta Arnal dijo...

Este tema es muy profundo. Me gustan más los temas más coloquiales como el del profesor en tiempos de internet.

Anónimo dijo...

Estimado Zanotti:
Quería invitarlo a leer un artículo sobre el tema que discutíamos en el post del cuartito hace un tiempito ya.

http://www.arbil.org/92maso.htm

Un saludo cordial,

Alberto

oikos-pobierzym dijo...

La relaciòn de Lövith con Heidegger es una relación un tanto conflictiva..., pasa de una gran admiración (del alumno hacia el profesor), luego por un fuerte desapego y severa crítica a su "militancia" en el nacionalsocialismo (que ve relacionada de algún modo con su pensamiento, sobre todo el de "Ser y tiempo") para terminar con una especie de "conciliación" (cuando escribe Lövith para el octogésimo cumpleaños de Heidegger).

Al respecto del pensamiento de Lövith sobre Heidegger se me ocurren dos cosas. Una es negativa y la otra positiva.

La negativa la sintetizo en estas palabras de Hannah Arendt que en una carta en 1952 escribió lo siguiente:

"Lövith no ha comprendido evidentemente nada; en 1928 "Ser y tiempo" era para él "una forma enmascarada de teología"; en 1946 "puro ateísmo"; ¿qué será hoy?

La positiva la encuentro ante todo en la crítica que le hace Lövith a Heidegger con relación a su analítica del Dasein y su olvido de la naturaleza. Dicho olvido es para Lövith mucho más importante que el rescate de la pregunta por el ser..., y me parece que ese es (en referencia a la crítica a Heidegger) el mayor logro del pensamiento de Lövith.

Concluyo diciendo lo siguiente: 1) Lövith era plenamente consciente de que estabamos atravezando la época de la "muerte de Dios" y que dicha muerte implica un fuerte desafío al pensamiento..., es por decirlo (con mis palabras) una ducha helada para los filósofos... (aunque algunos prefieren llevar encima la roña de cierta anquilosada tradición -sea de derecha, izquierda, católica, atea, etc...-), 2) Lövith rescata la cuestión de la naturaleza y del cosmos que es independiente del sujeto consciente humano, 3) el texto de Lövith ("Heidegger, pensador de un tiempo indigente")es sumamente recomendable para aquellos lectores que han leído (y profundizado) el pensamiento de Heidegger, 4) En mi opinión (en contra de Lövith) no hay necesidad de dejar al margen la pregunta por el ser para replantear la cuestión de la naturaleza, pero (a favor de Lövith) se corre el riesgo de "ontologizar" en demasía el pensamiento heideggeriano y olvidar por ende la cuestión del cuerpo, del cosmos y de la naturaleza para terminar en una suerte de relativismo posmodernamente consensuado.

Al igual que con Levinas, considero que el pensamiento de Lövith puede ser complementado con el de Heidegger para de este modo generar un diálogo pensante más enriquecedor.

Saludos a todos!

R.P.

Gabriel Zanotti dijo...

Gracias Ricardo por este meduloso comentario.
Creo que no viviremos para ver el renacimiento de la filosofía, después de la muerte de la misma, temporaria, que es lo que Heidegger denunció de algún modo. Y se debatirá ad infinitum si él la quiso rescatar, si realmente estaba pensando en Dios hacia el final de sus escritos o en qué; sus últimos textos son intencionalmente crípticos, una prosa poética cuyo significado se lo llevó a su tumba. Lo que si predigo es que la noción de "mundo", a la cual él colaboró indudablemente, y que debemos a Husserl, es la etapa de la "vida" añorada por Ortega y que hará resurgir a Dios, porque Dios es precisamente el espejo invisible de la finitud del mundo.

jose dijo...

Hola quisiera hacer unas preguntas, estoy haciendo un pequeño trabajo sobre el ser, y la pregunta por el ser de Heidegger. Esto abarca desde la edad antigua hasta la actual, entonces quisiera saber su opinion de, que si tiene sentido hablar del ser en la actualidad? cual es la importancia? y porque Heidegger ser centra en la pregunta por el ser, y que es lo que intenta cambiar. gracias espero su respuesta.