domingo, 21 de septiembre de 2014

¿QUÉ ES EL VATICANO? (Extracto de una entrada de Febrero de 2012)

"..........................Finalmente, ¿qué es el Vaticano, sino un desprendimiento de los estados pontificios? ¿Nos hemos olvidado, los católicos, que hasta hace muy poco los pontífices, hoy mensajeros de la paz, eran los jefes de sus ejércitos, que libraron su última batalla contra el estado Italiano? ¿Nos hemos olvidado que cuando perdieron la guerra, su pontífice se auto-“acuarteló” en esas pocas manzanas, declarándose prisionero e impidiendo a todos los laicos católicos italianos participar en la vida pública? ¿Nos hemos olvidado que esa situación se terminó recién con un pacto firmado por Pío XI con Mussolini? (1) ¿Qué importancia tiene hoy todo eso, excepto recordar y rectificar? ¿Qué importan sus comisiones, sus funcionarios, su burocracia? "


Febrero de 2012, en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2012/02/santo-padre-salga-de-ahi.html 

(1) La prohibición de participar en política, para los italianos, fue levantada por Benedicto XV (nota agregada hoy).

domingo, 14 de septiembre de 2014

SER CATÓLICO, HOY


Comencemos diciendo lo obvio: no es fácil.

Pero, please, no lo hagamos más difícil.

Si el lector cree que ahora viene una larga lista de peticiones a la carta, para un Catolicismo a mi medida, no, no es eso.

Lo que quiero decir es que las circunstancias culturales actuales demandan más apologética y más convencimiento de quien se dice católico.

De manera totalmente comprensible (y no me quejo por ello) el Catolicismo es hoy, para muchos, el símbolo de lo absurdo. Y generalmente quienes lo dicen lo hacen con toda sinceridad, realmente convencidos, con argumentos importantes.

¿Pero cómo nos encuentra, en general, esa situación?

Con un Catolicismo asumido simplemente como una tradición y nada más. El catecismo de la infancia, mal dado en general; el colegio católico, peor, no por católico, sino por “escuela”; y ello queda como un vago recuerdo que tiene tanto de Fe auténtica como yo puedo tener de jugador de futbol. Los sacramentos se pierden, pero luego, claro, queremos casarnos por Iglesia, por la ceremonia, la fiesta, etc.; luego bautizamos a nuestros hijos, sin saber por qué; luego aparecen los reales problemas de la existencia y entonces viene el “soy católico PERO”……… Y nos convertimos de repente en maestros de teología, opinando de temas muy difíciles que jamás hemos profundizado, más que repetir de memoria la catequesis del colegio.

O sea: católicos, nuestra formación intelectual es un desastre, o un desartre, del cual seguro sabemos más que de Jesucristo.

Esto no es intelectualismo, ni pelagianismo, ni una visión aristocrática de la Fe. Claro que la Gracia lo da todo. Claro que la gracia produce la santidad, claro que ha habido santos analfabetos, claro que ha habido santos/as que sin humanos doctorados han sido declarados doctores de la Iglesia. Claro que la anciana que me enseñó, en una misión, a respetar la imagen de la Virgen, tenía más sabiduría que toda mi humana preparación.

Ese no es, por ende, el punto. La cuestión es la relación entre naturaleza y Gracia. Un católico no presupone que si fuma como una bestia, entonces necesariamente la Gracia lo protegerá de los problemas pulmonares. Un católico, si está enfermo, va al médico, no sólo reza. O sea, un católico es consciente de que la naturaleza humana implica una prudencia que evite todo milagrerismo fideísta y temerario. Que la Gracia puede sanarnos si no vamos al médico, desde luego, pero un católico no desafía a Dios de ese modo. Si la Gracia sana, agradecemos, pero si no, y no hicimos nada, será el mismo Dios el que nos tirará de los pelos (suavemente J) por no haber respetado el orden natural por El mismo creado.

Pero el ser humano no es cuerpo “más” alma. El ser humano es una unidad, es un cuerpo sentiente, inteligente y libre, afectado todo ello por el pecado original pero no por ello imposibilitado de que los remedios naturales actúen, SIEMPRE en concurrencia con la Gracia de Dios y de Su voluntad.

Por ende, así como es prudente ir al médico, es prudente formarnos intelectualmente. Así como hay medicina preventiva e higiene, debe haber formación preventiva e higiene mental. No quiere decir que ello sea condición suficiente; ni siquiera es necesaria porque la Gracia puede producir un milagro completo en cualquier intelecto; pero presumir que ese milagro nos va a pasar es, nuevamente, como presumir, temerariamente, que no debemos recurrir a la medicina porque Dios nos curará directamente.

Por lo tanto, gente, a estudiar. Ser católico no es como ser descendiente de italianos. Ser católico es creer verdaderamente, y para ese “verdaderamente” es prudente formarse. Hay que tomar el Catecismo, que los pobres Juan Pablo II y Ratzinger se mataron para redactar, y leerlo preguntando el por qué de cada cosa. Y el profesor de Teología no es el que repite el Catecismo y exige luego que se lo repita de memoria, sino el que va a contestar, con calma, todas las preguntas e inquietudes de ese tipo de lectura.

Pero el problema va más allá de los laicos. Realmente no sé qué tienen o no los obispos en su cabeza cuando dejan la formación de los seminarios como está. No se estudia en serio a Santo Tomás de Aquino, (y cuando se lo estudia, es desde pésimos manuales), se desprecia la Teología Dogmática, se contrapone todo ello, de modo dialéctico, a la pastoral y a las Sagradas Escrituras, y lo que logran es que se ordenen sacerdotes nominalmente católicos con mentalidad protestante (que, si fueran protestantes, nada de qué quejarse, desde luego). Los fines de semana, en vez de quedarse estudiando 30 hs por día, como debe ser, salen a las actividades pastorales, porque un activismo impropio de “Marta, Marta, te ocupas de muchas cosas” ha convencido a muchos de que si no, no hay caridad; y no tienen jamás tiempo de estudiar en serio. Claro, vuelvo a decir, Dios puede hacer milagros, pero no es bueno desafiarlo de ese modo…

Y esos sacerdotes serán los que luego serán obispos y cardenales…..

Por supuesto, muchos sacerdotes, obispos y cardenales sentirán que esto es injusto, que "ellos no". Por supuesto. Estamos describiendo una situación general y predominante en la formación intelectual católica actual que deriva de haber mezclado a la Teología con corrientes post-modernas escépticas. Si NO es así, ¿por qué Benedicto XVI tuvo que dar su discurso en Ratisbona, refutando, con toda amabilidad, el latigillo de la "helenización" del Cristianismo por la escolástica? Piensen en eso: el discurso está casi totalmente dedicado a esa cuestión. ¿Estaba Benedicto perdiendo su tiempo en banalidades?

Y cuando en los seminarios estudian hermenéutica, no se dan cuenta de que una hermenéutica sin fenomenología cae en un relativismo incompatible con la articulación de razón y fe de Santo Tomás. Por eso los seminaristas pasan de un tomismo mal enseñado y mal estudiado a una hermenéutica sin asidero en la armonía razón-fe. La hermenéutica fenomenológica, armonizada con Santo Tomás, está hecha, la sistematizó Francisco Leocata con casi total perfección pero, claro, siempre queda mejor leer a un escéptico, pero francés,  que a alguien que publica en Argentina, no? Y eso SI estudian algo........

Así que, sí: la Iglesia, hoy más que nunca, la Fe, el Catolicismo, es ridiculizado y seriamente atacado por los no creyentes, pero, claro, qué fácil es hacer eso ante supuestos creyentes que en el fondo no creen en nada o en cualquier cosa. El pecado original, la redención, el pecado, la participación en la cruz, la Trinidad, la Encarnación, están fuera del horizonte de aquellos que conciben a la Iglesia en primer lugar como una ONG de acción pastoral. Por eso casi todos ellos odiaron y odian a Benedicto XVI, porque fue la encarnación viviente de todo lo contrario.


Puertas para adentro, gente, puertas para adentro. Allí está el problema. Por supuesto, la Iglesia sobrevivirá porque las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella, pero mientras tanto las puertas de nuestra estupidez y desidia darán la impresión de lo contrario.

domingo, 7 de septiembre de 2014

NOTA INTRODUCTORIA PARA LA EDICIÓN EN EDITORIAL EPISTEME DE "CRISIS DE LA RAZÓN Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA"


Han pasado ya unos seis años desde que este texto tuviera una pre-publicación como documento de trabajo en la Universidad del Cema;  nunca fue publicado como libro y es un honor para mí esta publicación en la Editorial Episteme. No voy a agregar nada a la introducción, que el lector puede leer y que explica el sentido del libro. Simplemente, la cuestión es: frente a los últimos acontecimientos, sobre todo en América Latina, ¿vale la pena seguir insistiendo en un diagnóstico sobre la crisis de la democracia y una propuesta de solución, basada en Hayek y Buchanan? Una respuesta sería el desaliento, y no sería irrazonable.

Otra respuesta sería un optimismo sin fundamento, diciendo “ahora sí” vamos a solucionar las cosas. Pero no.  La cuestión no consiste en incurrir nuevamente en ingenuos racionalismos según los cuales “ahora la gente va a entender”, y entonces solucionaremos nuestras crisis políticas y económicas. Las sociedades, si cambian, lo hacen lenta y evolutivamente, y las masas difícilmente pueden ser el destinatario de un mensaje que precisamente apunta a eliminar el estado benefactor del cual se han hecho irracionalmente adictas. No: si hay un cambio evolutivo, será porque nuevas generaciones, a pesar de los paradigmas dominantes, han logrado entender a ciertos autores y pueden ayudar a la implementación de ciertos cambios, adaptando propuestas universales a circunstancias específicas. Pero ello también es muy difícil. La naturaleza humana tiene un lado hobbesiano, y, finalmente, la historia de la humanidad parece ser la triste sucesión de imperios y poderes ilimitados, con la tiranía y pobreza constantes como obvia consecuencia. En medio de ello, el surgimiento de instituciones liberales clásicas de tipo constitucional, la sola redacción de algo como “….We hold these truths to be self-evident: that all men are created equal; that they are endowed by their Creator with certain unalienable rights” (Jefferson) parece ser un milagro en medio de un  océano histórico de opresión y crueldad. Pero ese “milagro” fue evolutivo también; pudo ser escrito porque muchos pensadores no cejaron en su empeño de ir desentrañando las exigencias éticas de la dignidad humana.

¿Qué quiero decir con esto? Que el liberalismo clásico al cual nos referimos, como ideal regulativo, como norte de nuestras acciones concretas, es una especie de contrapeso de la historia, un cierto super-yo civilizatorio que compensa la tendencia hobbesiana a los imperios autoritarios de toda la historia. Por eso vale la pena insistir. No porque vayamos a estar necesariamente mejor, sino porque, si el mundo NO termina en un totalitarismo absoluto, es que con las ideas y su puesta por escrito estamos logrando compensar lentamente al ogro dominante de la historia, ese homo homini lupus al cual decimos y diremos permanentemente “no”.


Gabriel J. Zanotti

Buenos Aires, Agosto de 2014.

http://www.amazon.com/Crisis-raz%C3%B3n-crisis-democracia-Spanish-ebook/dp/B00MNMXFQO/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1410060688&sr=8-1&keywords=raz%C3%B3n+y+democracia 

domingo, 31 de agosto de 2014

EL PRINCIPIO CRISTIANO DE NO AGRESIÓN

(Tomado de una parte de un next book mío).


¿Es la “propiedad absoluta”, como “propiedad de sí mismo” contraria al Cristianismo?

No, porque el principio de Rothbard[1] y otros liberarios, “de no agresión” (“no iniciar la fuerza contra otro”), el cual implica que el otro es “dueño de sí mismo”, tiene una versión compatible con la ley natural en el judeo-cristianismo. Y es la siguiente: por un lado, el punto de partida no podría ser más diferente, pues para Rothbard uno mismo es su dueño, pero para la tradición judeo-cristiana, donde se ubica ST, Dios es el dueño de cada uno de nosotros, que somos sólo administradores de los talentos por él recibidos. Pero ello, en la ley humana, con base en la ley natural, implica que, precisamente porque Dios es el dueño “del otro”, “yo” NO puedo avanzar sobre él y viceversa. Por ende es verdad que yo no soy mi dueño, sino sólo Dios, pero precisamente por eso, el otro no puede avanzar sobre mí. Esto es, la cuestión no es que somos dueños de nosotros mismos, sino que NO somos dueños de los demás.

En este sentido sí se puede decir que cada uno es, ante el otro, dueño de su propio pro-yecto de vida, dueño de su propia esencia individual, ante el otro; esencia individual que tiene una esfera invisible que nos rodea y en la cual cada persona se expande, y cada uno de nosotros puede “penetrar” e intersectar en la esfera del otro sólo con el consentimiento libre y voluntario (que se deriva de la inteligencia y voluntad) del otro, lo cual es otra manera de decir que todos nacemos con el deber originario de respetar la dignidad del otro. En ese sentido sí hay un sentido análogo de propiedad personal ontológicamente más profunda, que se expande “lockianamente” a nuestro cuerpo y al fruto de todos los proyectos personales. Pero ello no implica que el radio tan amplio que debe tener la propiedad privada de los medios de producción en el mercado pueda justificarse sin la referencia sanamente utilitaria a la cooperación social y el orden espontáneo como enseñan Hayek y Mises.

Por eso en nuestro artículo “Una renovada visión cristiana de la propiedad personal”[2], explicábamos que Benedicto XVI, para fundamentar la libertad religiosa, decía: “….El deber de respetar la dignidad de todo ser humano, en el cual se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto a los derechos de todos. Consciente de ello, la Iglesia se hace pregonera de los derechos fundamentales de toda persona. En particular, reivindica el respeto de la vida y la libertad religiosa de todos. El respeto del derecho a la vida en todas sus fases establece un punto firme de importancia decisiva: la vida es un don que el sujeto no tiene a su entera disposición. Igualmente, la afirmación del derecho a la libertad religiosa pone de manifiesto la relación de todo ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae de la arbitrariedad del hombre mismo. El derecho a la vida y a la libre expresión de su fe en Dios no está sometido al poder del hombre. La paz necesita que se establezca un límite claro entre lo que es y no es disponible: así se evitan intromisiones inaceptables en el patrimonio de valores que es propio del hombre en cuanto tal”[3]. Obsérvese: “la relación de todo ser humano con un Principio trascendente, que lo sustrae de la arbitrariedad del hombre mismo”.




[1] Rothbard, M.: The Ethics of Liberty, New York University Press, 1982.
[2] “Una renovada noción cristiana de la propiedad personal”, en Instituto Acton (versión on line), Mayo de 2007.

[3] L´Osservatore Romano Nro. 50, 15-12-06, p. 4. Itálicas en el original.

domingo, 24 de agosto de 2014

CARTA ABIERTA A LOS ISLÁMICOS LIBERALES


No los conozco. No sé quiénes son, ni siquiera si existen. Pero si existen, ellos son la clave.

Todas las religiones tienen la tentación del fanatismo cruel. El mundo no apareció de un día para el otro con un cristianismo cual paloma de la paz caminante y el islamismo como el único violento. El cristianismo tiene también su historia de violencia. Las guerras en nombre del cristianismo han sido lamentablemente muchas, el Sacro Imperio no era igual a Pablo VI, los papas de no mucho tiempo atrás eran jefes de sus ejércitos que no eran precisamente los turísticos guardias suizos. Católicos y protestantes se masacraron inmisericordemente durante siglos, con la venia de sus más altos líderes, y la persecución violenta de cristianos a los judíos fue algo de lo cual el propio Juan Pablo II tuvo que pedir perdón, valientemente, en el Muro de los Lamentos.

Pero el Cristianismo, el judeo-cristianismo, ha tenido su propio proceso de secularización. Iglesia y estado se han distinguido, la libertad religiosa, el diálogo con los no cristianos y la justa autonomía de las realidades temporales han sido todas proclamadas por el Vaticano II de la Iglesia Católica.

Algunos dirán que ello fue falso, que respondió a presiones externas; otros, con la ayuda de Ratzinger, decimos que no, que fue una evolución que respondió a las mismas premisas teológicas del cristianismo.

Pero el asunto importante de la secularización, a nivel político, es que la tuvimos.

Los islámicos no parecen haberla tenido. Yo no soy quién para ponerme a juzgar si la lucha que afirma el Corán es simbólica o fáctica, pero el asunto es que las Escrituras Cristianas están llenas de expresiones que pueden ser leídas como muy violentas y, hoy forman parte de una tradición simbólica que nada tiene que ver con la guerra como hoy la concebimos. El Corán, ¿por qué no puede tener una interpretación similar? Algunos dirán: no se puede, es intrínsecamente violento. Y evidentemente, muchos anti-islámicos, frente a las aberraciones espantosas del ISIS, lo seguirán diciendo. Pero entonces, los únicos llamados y autorizados a demostrar que no es así, son los mismos pensadores islámicos. Son ellos los que están llamados a hacer su propio proceso de secularización. Y, sobre todo, los creyentes, esto es, islámicos que crean verdaderamente en Alá, en su último profeta y en el Corán y, al mismo tiempo, en la libertad religiosa y la secularidad del estado. ¿Es una clase vacía? ¿O existe al menos un x tal que x es…? Porque ello es la clave del futuro. Digo esto precisamente porque los cristianos tenemos conciencia del pasado y de que podemos cambiar. Todos se olvidan hoy que entre el 19 y 20 de Septiembre de 1870 Pío IX ordenó resistir por las armas la entrada del ejército italiano a sus estados pontificios. Si todo en la Iglesia hubiera seguido tal cual, el papa actual estaría planeando todo tipo de ataques armados contra el estado italiano actual. Pero no, las cosas cambiaron, pero no por la mente de Pío IX, sino porque había otras mentes trabajando, que fructificaron en el Vaticano II y en la pacífica Iglesia Católica de hoy.


Hermanos islámicos, si ustedes mismos no hacen lo mismo, no hay esperanza para ustedes. Yo soy un típico liberal católico que seguirá defendiendo su libertad religiosa, seguiré defendiendo la declaración Nostra aetate del Vaticano II, y mantendré siempre la distinción entre “el Islam en sí mismo” y el fanatismo cruel y bestial de ISIS, ises, eses y etc. Pero el mundo es menos filosófico. La guerra que se viene hará parecer a las Cruzadas como un juego de mesa. Sólo ustedes pueden desarmarse a sí mismos, mentalmente, y evitar la guerra.