viernes, 29 de mayo de 2020

MI ANALOGÍA CON EL GOBIERNO MILITAR DEL 76: ¿QUÉ ES UNA ANALOGÍA?



Obviamente no ha gustado, ni desde la izquierda cuarentenista ni desde la derecha procesista, mi analogía con el gobierno militar del 76 (sí, que fue una dictadura a pesar de las buenas intenciones de muchos civiles democráticos que la apoyaron).

Una analogía, como explica Santo Tomás de Aquino cuando comenta a Aristóteles, es la predicación de un término según nociones en parte igual y en parte diferentes.

Hay varios tipos de analogía, pero si yo digo, por ejemplo, que tal cual programa de gobierno  es “como si fuera” nazi, inmediatamente  los aludidos van a decir “no es lo mismo”. NO, claro que no es lo mismo, porque la analogía implica en algo igual y en algo diferente. No es lo mismo porque obviamente no estamos en Alemania en 1940. Pero es parecido porque si tal o cual medida de gobierno es similar a la que hubiera dictado un Hitler, entonces allí está la “parte igual”.

En este caso, el malentendido surge de que los que están en desacuerdo con mi post NO han visto esa “parte igual” y se han concentrado en las diferencias. Claro que Alberto Fernández no es Videla. Pero así como Videla se basó en el peligro del terrorismo para limitar libertades, Fernández se basa en el peligro del virus para limitar libertades. ESA es la analogía.

Por lo tanto, lo que se está destacando es esa peligrosa similitud. Por un motivo o por otro, el resultado es que se viola lo inviolable. El resultado es que, para casi todos, el fin justifica los medios, con lo cual sencillamente se acaba todo. Y sí, mal que les pese, muchos buenos alemanes deben haber pensado lo mismo.

Y lo terrible es que ahora TODOS los argentinos rechazan al gobierno del 76 basados en los derechos humanos. Y se sienten muy buenos al decirlo.

Pero ahora gran parte de esos argentinos parecen haberse olvidado en esos derechos humanos básicos. Y NO ven la contradicción.

El fin no justifica los medios. Si un débil Estado de Derecho es sólo para tiempos “fáciles” y el estado soviético es “para lo difícil”, es un signo del totalitarismo cultural que nos agobia. Y los liberales que ahora piensen así, no han sido liberales nunca. Igual que los liberales que apoyaron que un gobierno secuestrara y torturara sospechosos y luego arrojara sus cadáveres al río.

Claro que a eso no hemos llegado, porque por ahora aquí todo es “a la Argentina”. Pero en otros lugares, más anglosajones (lo cual es un arma de doble filo) las cárceles y las duras penas para quienes “se atreven” a ejercer sus libertades ya se acercan a la crueldad más terrible. Y cabe aclarar que en EEUU están peor que nosotros: la Patriot Act sancionada por Bush (h) permite al gobierno norteamericano a secuestrar y torturar sospechosos fuera del territorio y luego, si sobreviven, devolver lo que quede a sus familias. Los únicos que se han opuesto firmemente son los libertarios. Los conservadores, calladitos.

Pero ahora algunos gobernadores y alcaldes norteamericanos están hablando de algo similar para proteger la salud pública. Ya se están contratando “vigilantes” para “cuidar” que NADIE ose desobedecer sus ahora nuevas dictaduras.

Así que gente aunque no les guste, voy a seguir insistiendo con la analogía. Y con la incoherencia, la hipocresía o la falta de memoria de la mayor parte de los argentinos.

miércoles, 27 de mayo de 2020

EDUCADORES: EL ZOOM NO ES EL FUTURO




En este tiempo donde a todos los docentes nos tienen zoom-bando, debería hacerse una aclaración.
Desde la década del 60, con los libros premonitorios de Giovanni Gozzer en Italia[1], y los de Luis J. Zanotti en Argentina[2], que se viene hablando de la transformación educativa sobre la base de las nuevas tecnologías de la información.

Desde ese entonces, mucho se ha hecho para la “educación on line”, y con la circunstancia tan peculiar del 2020, algunos piensan que dicha revolución se aceleró, o por fin se ha impuesto, etc.
Pero cuidado: los escritos premonitorios de Gozzer y Zanotti NO significaban trasladar el aula tradicional a una sesión de Zoom. Al contrario, implicaban una severa advertencia sobre el aula como está planteada desde la primera etapa de la política educativa, esto es, la escuela redentora del positivismo del s. XIX[3].

Ambos pedagogos tenían en cuenta tres círculos concéntricos pero de radio menor. Lo primero en la educación de un ser humano es la educación informal, lo que Zanotti llamó ciudad educativa, que Ortega había llamado creencias, Gadamer horizonte, Husserl y Schutz, mundo de la vida. Esto es, el ámbito cultural básico que se aprende como la lengua materna.

El segundo ámbito es la “escolaridad” en sí misma, que puede ser muy diversa según las circunstancias históricas. Esto es, un método especial dirigido a un nivel de complejidad que supera lo que la educación informal puede hacer[4]. Esto es, la educación formal. Puede ser la Académica platónica o la Harvard University.

El tercer ámbito es el aula de la educación formal-estatal-positivista concebida a partir del Iluminismo del s. XVIII, la escuela redentora a cuyos límites aludían Gozzer y Zanotti.




Esa aula está basada en un método positivista de información: exposición, copia, repetición y nota: de allí el memorismo típico del sistema y su diseño físico. 

Por supuesto, ello fue sometido a todo tipo de críticas por grandes pedagogos desde la década del 20, más o menos, en adelante, o grandes pensadores como Unamuno[5]. Fue el movimiento de la Escuela Nueva[6].

Pero parte del problema de ese movimiento es que trata de incorporar esenciales reformas al aula concebida según el positivismo, y por ello esas reformas siempre fracasan.

La cuestión es la superación de esa aula y generar nuevas funciones profesionales docentes[7], en ámbitos donde la auto-educación del alumno a través de todas las plataformas actuales de internet sea guiada y consultada por el profesor. O sea, el aula se convierte en el espacio de consulta del profesor -donde se recomienda la presencia física- donde este último puede guiar, re-orientar y aconsejar todo lo que el alumno está incorporando desde internet.

Eso es MUY diferente a transportar al aula tradicional, sencillamente, con todas sus limitaciones y defectos, al zoom. Eso no sólo no es el futuro: es el pasado. Es el aula concebida en el positivismo del s. XIX. Trasladarlo tal cual al zoom implica las mismas o peores dificultades que la clase presencial tradicional.

Es como si quisiéramos andar en carreta por computadora. Un holograma perfecto nos traslada a una carreta holográfica con las mismas funciones y diseño. Muy lindo, pero sigue siendo una carreta tirada por caballos holográficos. Si quiero llegar a Nueva York tengo que subir a un avión. Si quiero llegar a la luna, en un nave espacial.

Docentes: ¿dónde están? ¿En qué siglo? ¿Es qué concepción del conocimiento, de la inteligencia y del ser humano viven? ¿A dónde quieren llegar?

Zoom es la carreta holográfica.

Ahora, si el sistema se transforma totalmente, donde el docente es el docente-guía de la auto-educación del alumno, entonces todo sirve. Libro físico, zoom, audio-book, youtube, pizarrón con tiza, lo que quieras.

Mientras el sistema no se transforme, zoom NO es la transformación. Es lo que hay mientras no queda otra. Nada más.


[1] De Gozzer, ver Coloquios con Gozzer, IRICE, 1980; Religione e Rivoluzione In America Latina; Valentino, Milano, 1968; I Cattolici E La Scuola, Vallecchi, Firenze, 1964; Il Capitale Invisibile; Armando, Roma, 1973.
[5] Unamuno, M de: Amor y pedagogía, Espasa-Calpe, 1946.

lunes, 25 de mayo de 2020

DEL GOBIERNO MILITAR DEL 76 A LA CUARENTENA DEL 2020



Cuando azorado me pregunto cómo siquiera se les pasa por la cabeza a los argentinos que es moralmente plausible que un gobierno arreste a todo el mundo, por la razón que fuere, me viene a la memoria la Historia de este inestable proyecto llamado Argentina.

La “libertades individuales” son ajenas a nuestro horizonte cultural. Sí, hay un raro texto en la Constitución, el art. 14, que dice “… Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender”. (Los subrayados son nuestros). Algunos argentinos ni siquiera recuerdan que eso fue escrito. Otros lo recitan pero no saben su verdadero significado.

Pero esos derechos son inalienables, inviolables, son un mandamiento moral y la prohibición de ignorarlos es absoluta. Los argentinos, muy papistas desde el 2013, olvidan que Juan XXIII dijo, en 1963, “…En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto” (Pacem in Terris. Los subrayados son nuestros). Observemos el final: “…Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto”. De vuelta: no pueden renunciarse por ningún concepto. Por ningún concepto.

¿Se entiende?

Evidentemente, por la historia de los argentinos, no.

Olvidan también a un Papa que vitorearon mucho pero leyeron poco. Dice Juan Pablo II, en Veritatis splendor (1993), luego de afirmar que hay mandamientos morales negativos absolutos: “…. Más allá de las intenciones, a veces buenas, y de las circunstancias, a menudo difíciles, las autoridades civiles y los individuos jamás están autorizados a transgredir los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. Por lo cual, sólo una moral que reconozca normas válidas siempre y para todos, sin ninguna excepción, puede garantizar el fundamento ético de la convivencia social, tanto nacional como internacional”. (Subrayados e itálicas son nuestras).

“Sin ninguna excepción”. ¿Se entiende?

Evidentemente no.

Un momento terrible de nuestra historia fue la guerra civil que hubo entre la guerrilla marxista y el gobierno democrático del 75 y luego el militar del 76. Que ERP y Montoneros hayan violado cuantos derechos humanos encontraban por delante, es obvio. Pero la legítima defensa frente a ellos NO autorizaba la violación de los derechos individuales más elementales. Cuando algunos, con sinceridad, no con la hipocresía de otros, comenzaron a decir que “no, que no se puede”, la respuesta era “es necesario”, o que “no entienden de estrategia militar”. Y la respuesta era obvia, aunque en ese tiempo muy mal vista: no importa que sea necesario, no importa la estrategia, el asunto es que no se debe. El fin no justifica los medios. AHORA todos están en contra de “los milicos”. Pues se comportan igual. Porque de igual modo, el derecho a entrar, permanecer y salir del territorio, la libertad personal de no estar encarcelado si no consta una condena judicial por haber violado el Código Penal, más la libertad religiosa, son un pilar “esencial” del Estado de Derecho que parecen olvidar los que ahora se llenan la boca justificando la “excepción”. No, gente, Juan Pablo II lo dijo bien: nunca, nada, justifica la violación de los derechos humanos fundamentales.

Cuando debatíamos en contra del aborto, lo mismo: nunca, nada, justifica el asesinato de un inocente. Muchos católicos que entonces lo decían, AHORA parecen haberlo olvidado cuando del encierro de inocentes de trata.

La discusión no es biológica. Con virus o sin virus (1), los derechos humanos elementales no se pueden violar. El Estado de Derecho NO se puede violar. España e Italia lucharon contra la ETA y las Brigadas Rojas, respectivamente, SIN violar el Estado de Derecho.

Ya veo, dentro de 30 o 40 años, a todos diciendo: yo no fui.

Les recordaré entonces, estas inútiles, quijotescas, pero verdaderas, palabras.

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(1) Y a los virus siempre los tendréis con vosotros...................


domingo, 24 de mayo de 2020

PIENSO, LUEGO SOY CONSPIRACIONISTA. Sobre los que consideran que los anti-cuarentena somos unos imbéciles




La verdad siempre dudé de la honestidad de Cristina Kirchner.

De su marido también dudé.

De Aníbal Fernández también.

De……

¡Pero qué imbécil, soy un conspiracionista!!!!!

¿No me doy cuenta, acaso, de que nada de eso está probado???

Nunca me gustaron las teorías conspirativas. Son ingenuidades antes el orden espontáneo, y lo he escrito: https://puntodevistaeconomico.com/2017/05/11/la-conspiracion-de-las-teorias-conspirativas/ Tampoco he basado mi oposición al arresto domiciliario, llamado cuarentena, en ninguna de ellas, y desafío al que piense lo contrario a que la encuentre: https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando-completo.html.

Pero últimamente he notado que los cuarentenistas (entre los que se encuentran conservadores y gente que cree que es liberal) se divierten considerándose “gente seria” que “no presta oídos a estupideces”, como nosotros, los paranoicos, trasnochados y lunáticos que nos permitimos dudar, que nos permitimos pensar más allá de la OMS y las opiniones del omnipotente Fauci.

Vuelvo a decir: una cosa es ser partidario de que La Tierra es plana y el que piense lo contrario es parte de una confabulación internacional; una cosa es ser nazi y pensar en una estrategia judía de dominación universal, y otra cosa es dudar, hacer preguntas, inquirir sobre cosas que no encajan del todo. Sospechar que Al Capone no era el Angel Gabriel NO era ser conspiracionista. Sospechar que Néstor Kirchner tenía negocios dudosos NO es ser conspiracionista. Sospechar en el 78 que los militares argentinos no eran nenes de mamá NO era ser conspiracionista. ¿Tengo que dar más ejemplos? Estimados cuarentenistas, distingan las cosas, no somos imbéciles.

Tal vez se diviertan con la pobre Chinda Brandolino, que mezcla el antisemitismo con su pericia médica (ENTRE PARÉNTESIS, MUCHOS CATÓLICOS QUE AHORA LA CRITICAN BIEN QUE LES ENCANTABAN SUS VIDEOS ANTI-ABORTO DONDE HACÍA LO MISMO…………………) o con Judy Mikovitz que no tiene cómo demostrar sus acusaciones contra Fauci. Pero el reportaje a la Dra Dolores Cahill no es lo mismo. Ah no, pero “cómo te atreves”, me dijo alguien, como si le hubiera enviado un video porno. Tampoco son lo mismo las ideas NO conformes con la cuarentena de ya cientos de profesionales independientes, que pueden ver en https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/mas-voces-en-disidencia-con-la.html, y en https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-voces-alterntivas-la.html, y la lista sigue aumentando (curiosamente, de uno de ellos, el Dr. Erikson, un fan cuarentenista dice que tiene  “intereses económicos”: conspiración para unos, no para otros…..).

¿Es ser un paranoico preguntarse por qué las medidas tomadas en todo el mundo favorecen tanto a todos los gobiernes e ideas estatistas? ¿Es ser un lunático preguntarse por qué las voces disidentes son sistemáticamente silenciadas, ridiculizadas, NO consultadas? ¿Es ser un imbécil preguntarse por qué las “clínicas” abortistas están abiertas y las iglesias cerradas? ¿Es ser un infradotado preguntarse por qué ningún gobierno mundial consulta a los que piensan precisamente en medidas de NO encierro, justamente las medidas que a los gobiernos NO convienen para nada? ¿Desconfiar de los gobiernos, o sea ser liberal, es una estupidez?

Ninguno de los que nos permitimos dudar tenemos la certeza total. Justamente, de eso padecen los otros. Los que dudamos simplemente decimos: si consideras que hay que quedarse en casa, hazlo, proclámalo, convence a los demás, pero obligarlo……… Ah qué fácil…………. Y algo más importante aún: los que escuchamos y posteamos videos de voces disidentes no lo hacemos porque les otorguemos el conocimiento total. Justamente, porque estamos mostrando lo limitado del conocimiento, ante el cual un señor llamado Hayek (liberales cuarentenistas, si quieren les paso bibliografía) señaló la importancia de la NO planificación central, en TODAS las áreas. Esto es: si los Erikson y etc. piensan de un modo y los Fauci y etc. piensan de otro, ¿por qué no un debate público ante el cual todos podamos decidir y pensar y, finalmente, tomar nuestras propias decisiones?

O sea: lo único que falta, cuarentenistas, más soberbios que Adán y más autoritarios que Torquemada, es que se burlen de los que piensan diferente. Qué fácil: el que no piensa como ustedes es un paranoico imbécil. Gracias genios. Si son tan sabios espero que les vaya bien en sus decisiones propias. A los demás, déjennos en paz, y espero que dentro de un tiempo tengan la delicadeza de pedir disculpas.

TÓMESE EN SERIO A FEYERABEND

Si no, no entenderá por qué usted apoya la prisión obligatoria llamada cuarentena.

http://webeco.eco.unlpam.edu.ar/objetos/materias/contador-publico/4-ano/introduccion-al-conocimiento-cientifico-y-a-la-metodologia-de-la-investigacion/aportes-teoricos/10_-_ZANOTTI_Gabriel_-_2000_-_Feyerabend_en_serio.pdf