domingo, 16 de junio de 2013

TIENEN RAZÓN: EL A PRIORI DE MISES ES UNA ESTUPIDEZ


Señores epistemólogos empiristas, tenían razón. La pretensión de Mises de fundamentar a la economía en una teoría a priori de la experiencia empírica es una barbaridad.

Me convencí de ello leyendo un texto de Física I, que seguramente ha influido en el disparate misiano. El texto enuncia el Principio de inercia y a continuación lo explica de este modo:


“….Sin embargo, un análisis más profundo de los hechos nos permite comprender que las experiencias que parecen contradecirlo, no cumplen estrictamente la condición que impone el final del enunciado. Es decir: todo cuerpo se conserva en reposo o continúa moviéndose con movimiento rectilíneo y uniforme si no actúa ninguna fuerza sobre él, y es precisamente ésta la condición de difícil realización experimental.
Imaginemos una esfera lanzada a rodar sobre un plano horizontal. Aparentemente no actúan fuerzas sobre ella o por lo menos las que actúan parecen estar en equilibrio: el peso por una parte y la reacción del plano, igual y de sentido contrario, por la otra. Sin embargo, otras experiencias nos dicen que, en este caso, actúa además una fuerza que se opone al movimiento, debida al “rozamiento” de la esfera contra el plano. Este no es nulo aunque la esfera ruede sin deslizarse ya que si no tuviera “rozamiento” (adherencia entre la esfera y el plano) tampoco aquélla podría rodar. Y sucede lo que ya imaginamos: el movimiento es rectilíneo pero no uniforme, y después de recorrer un cierto espacio la esfera se detiene. Repitamos la experiencia puliendo cada vez mejor las superficies en contacto (las de la esfera y el plano) y observaremos que, a igualdad de velocidad inicial, va aumentando el alcance, es decir, nos acercamos más al movimiento uniforme.
Deducimos así que mejorando indefinidamente las condiciones experimentales, cuando pueda considerarse nulo el rozamiento, la esfera continuará moviéndose, y ya no rodando sino trasladándose con velocidad constante y en línea recta.
Recíprocamente diremos: cuando un cuerpo se traslada con movimiento rectilíneo y uniforme, todas las fuerzas que actúan sobre él están en equilibrio. Es decir, si un vehículo, por la acción de su motor, se mueve en línea recta y con velocidad constante, podemos afirmar que, en esas condiciones, la fuerza motriz equilibra exactamente a las causas que se oponen al movimiento (resistencia del aire, rozamientos, etc.).

Las condiciones ideales de ausencia total de fuerza no son experimentalmente realizables”.




Analicemos este disparate. Así que hay experiencias que “parecen” contradecielo pero, claro, ¡se salvan con el famoso ceteris paribus!!! O sea, el ppio. es verdadero “si no actúa ninguna fuerza sobre él”. Claro, ¿y cómo sabemos empíricamente si está actuando o no una fuerza sobre él? Qué truco impresionante, se construye cualquier teoría o enunciado y se lo protege con la famosa formalidad de las “condiciones ideales”. Claro, entonces cualquier cosa es verdadera!!!!! Desde la competencia perfecta de Friedman hasta la teoría del proceso de mercado de Mises. Y de igual modo que en la inercia, la realidad no importa!!! Esto es un horror. ¡La Física miente!!! Tiene razón Nancy Cartwright!!!! Y este método a priori ha sido copiado por la economía y sobre todo por Mises. Así estamos.

Lo peor viene después. Se hace un experimento mental (los experimentos reales brillan por su ausencia) donde, claro, ante la evidencia empírica de que todo cuerpo NO sigue rodando indefinidamente, se pre-supone un principio a priori sacado de quién sabe dónde. Claro, si NO actuara el rozamiento, entonces……….. Que es como decir, todo cuerpo tiende indefinidamente hacia arriba si no fuera porque hay reales causas que lo impulsan hacia abajo!!!!!! ¿Pero qué modo de razonar es ese????

“Deducimos entonces que….”, sigue el texto. ¿Cómo que deducimos? ¿Qué es esto, una simple cuestión de lógica? ¿Dónde han quedado los hechos y su observación? ¿Dónde ha quedado la enseñanza de lo empírico, de los hechos objetivos, la base de la ciencia?

Y a confesión de parte, relevo de prueba: “…Las condiciones ideales de ausencia total de fuerza no son experimentalmente realizables”. ¡Ah claro!!!! ¿Y entonces? ¿Dónde está el testeo empírico? Y si NO está, ¿cuál es la diferencia con la ciencia ficción o como mucho la buena literatura?


Este modo de pensar, este desprecio por el testeo empírico como lo primero conocido, como el primer dato objetivo, independiente de subjetividades humanas, es lo que seguramente, desde la Física, ha influido en la epistemología de Mises. Delenda est la Física actual y todas sus perversas derivaciones en ciencias sociales.



domingo, 9 de junio de 2013

ANÁLISIS PSICOLÓGICO DE EL SECRETO DE SUS OJOS



Que la historia personal forma parte del propio presente es indudable. Pero hay modos diversos de asumirla.
Que ese pasado a veces no nos gusta, también es indudable. Por eso hay modos de asumirlo.

En este sentido cabe recordar a Freud, quien en Duelo y melancolía caracteriza a esta última como una forma de no sustitución del objeto perdido. Por diversas razones –sobre todo, ambivalencias afectivas que producen inconscientes deseos culpógenos de autodestrucción- nos quedamos aferrados al dolor del objeto perdido y entramos en melancolía, lo que hoy muchos llaman depresión.

Ese aferramiento al objeto perdido puede ser precisamente ese pasado en el cual hemos tomado una opción que abrió un universo ante cuya realidad aún nos resistimos. Mañana, por ejemplo, tenemos dos opciones. Las dos son universos posibles. Tomada una opción, una se convierte en un “futurible”, esto es, en el mundo paralelo (cuasi-imposible) de “qué hubiera sucedido si no hubiera sucedido lo que pasó”, y la otra es nuestra nueva situación presente.

El aferramiento al futurible, al mundo posible perdido, al universo paralelo ya imposible, ese “no duelar” el pasado, produce una melancolía permanente, un no vivir el mundo real, el mundo posible que se hizo nuestro mundo, y vivirlo con angustia, arrastrando la carga de ese pasado anhelado y nunca asumido.

La salida a esa situación es una terapia filosófica/psicológica donde ese pasado culpógeno, angustiante, que ha inundado a nuestro presenta al punto de convertirlo en nada, sea un pasado redentor. Para ello es necesario:

 Perdonarse a sí mismo. Comprender el conjunto de circunstancias que nos llevaron a tomar una decisión, asumir los propios límites, tomar la mayor cantidad y calidad posible de conciencia de todo ello. Ello puede implicar un descenso a las profundidades de nosotros mismos que muchas veces es un gran esfuerzo; es necesario para ello un buen proceso de transferencia.
-     Realizada esa comprensión de nosotros mismos, que implica siempre un mayor auto-conocimiento, convertirla entonces en una oportunidad para el aprendizaje sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza humana. O sea, convertirla en un viaje hacia una mayor madurez personal, donde el pasado es visto entonces como un don para una vida presente más sabia con notros mismos y con los demás. Es por ende un pasado que deja de ser culpógeno/enfermante para convertirse en un pasado redentor que reconduce el presente.

Mi diagnóstico es que los personajes de El secreto de sus ojos han quedado atrapados en un pasado enfermante. Benjamín es quien tiene tal vez mayor capital simbólico al decirlo: “…cómo se hace para vivir una vida llena…. De nada”, o sea, el presente que le quedó después de su anclaje en su pasado. “Cómo se hace para vivir una vida vacía”, o sea, inundada por la melancolía que le impidió tener una vida, desde el 74 en adelante, que hubiera podido superar los terribles episodios vividos.





Irene está más aferrada a su negación. “El pasado no es mi jurisdicción”. Pero ese pasado irrumpe en una mirada donde la tristeza es profunda como el océano y finalmente emerge en un suavísimo reproche: “…y si fue así, ¿por qué no me llevaste con vos?”.




Morales, obviamente, es quien más hubiera debido recibir una urgente terapia por stress post traumático. Pero no, como muchos de nosotros, en medidas diferentes, no la recibió, y es quien casi deriva en una psicopatía donde toda su vida se convierte en una venganza terrible, una auto-cadena perpetua tan perpetua como la que infringe a su otrora victimario convertido ahora en la víctima de la más terrible tortura perpetua.





Irene y Benjamín incurren en la típica omnipotencia de todos nosotros, los neuróticos –quien niegue que sea un neurótico, que lo des-cubra- de no aceptar los límites de su existencia. Intentan un viaje en el tiempo, intentan lo imposible, precisamente porque definitivamente no han podido superar el pasado (o sea, no negarlo, sino curarlo). Deciden finalmente volver al pasado. Pero ello es imposible. No pueden volver al 74. Si lo intentan, volverán a un 99 lleno de otros conflictos que ni imaginan. Su única salida es aceptar, curar, redimir su pasado, y convertirlo en enseñanza, esto es, abandonar su omnipotencia y aceptar los límites que sus vidas han tenido.

Pero no. Cuidado, espectadores, porque casi todos, proyectando tal vez nuestras secretas frustraciones, hemos idealizado ese final.







domingo, 2 de junio de 2013

Reflexiones sobre mi NO originalidad (dedicado a todos los que odian a Mises – Hayek – Husserl – Gadamer – Feyerabend – Popper – Kuhn – etc etc etc……………..)



Una de los aspectos más curiosos de mi vida académica es cierto tipo de elogios que recibo: son muy interesantes. En general recibo críticas, si, a veces muy duras, otras veces elogios muy cálidos, y hay que tener cuidado: ambos casos despiertan sentimientos de los cuales hay que estar cubierto y no siempre lo estoy.

Pero, como decía, hay cierto tipo de elogios que siempre me han llamado la atención. Yo en general trabajo con autores. Les veo su eje central, su núcleo central, y luego les doy una interpretación adicional donde muestro su no contradicción con Santo Tomás de Aquino, o muestro que sus inconsistencias son aparentes, etc. Entonces viene una respuesta típica, sea cual fuere el autor: no, Zanotti, ese NO es… (el que fuere: Mises, Husserl, Alien el 8vo. pasajero, etc.). No, ese NO es fulanito: ese sos vos (hasta me ha pasado con heideggerianos cuando les explico Santo Tomás). Sos VOS el que piensa así, ¿por qué no lo decís directamente y no se lo hacés decir a otro que te trae innumerables problemas? ¿Por qué no defendés tu propia originalidad, por qué te “atás” a ese, en el fondo, reverendo tarado?

O sea: los que me elogian de ese modo tan curioso, tentando, obviamente, a mi vanidad, en realidad ODIAN a mis “protegidos”. Están convencidos for ever and ever de que (ejemplos) Mises es un irremediable escéptico neokantiano, que su praxeología es mero materialismo; que el orden espontáneo de Hayek es una total contradicción e imposibilidad, que Husserl es un idealista irredimible, que Gadamer es un heideggeriano relativista, que Feyerabend fue un mal bicho irrespetuoso, que Popper es un relativista total, que Kuhn es un escéptico post-moderno, etc., etc., o –finalmente- que Santo Tomás no fue más que un inteligente aristotélico que ya no puede decir nada al mundo actual.

Cuando les demuestro, con todas las distinciones necesarias, con todo el trabajo hermenéutico necesario, que NO es así, cuando les muestro que, en el fondo, están leyendo mal, me dicen: no, esa es TU lectura. Eso es “tuyo” (¡gracias!!!), NO del autor.

Pero, ¿acaso soy yo tan original? ¿Soy YO el inventor de la praxeología de Mises, del orden espontáneo de Hayek, del mundo de la vida de Husserl, de los horizontes de Gadamer, de los paradigmas de Kuhn, de las conjeturas de Popper, del proceder contra-inductivo de Feyerabend, de los juegos del lenguaje de Wittgenstein? Porque ESOS son los EJES CENTRALES que YO defiendo, y NO son una proyección de categorías zanottianas sobre unos pobres imbéciles: son mi humilde identificación del núcleo central de GRANDES GENIOS y mi consiguiente demostración de que eos núcleos centrales son en última instancia VERDADEROS, aunque con los límites epocales y filosóficos del autor.


Por ende, enemigos for ever and ever de esos autores, gracias por defender mi originalidad, pero lamento desilusionarlos. Soy nada más que un comentarista, que identifica, en todos esos autores, perlas preciosas que ustedes no ven. Mi trabajo hermenéutico es descender a las profundidades del océano, identificar a los titanics hundidos en un océano profundo de incomprensiones y volverlos a la luz del sol, sin deformarlos, pero mostrando lo que realmente eran y son. No soy más que un buceador que nada (y cuando yo nado, no nadeo J) en infinitos océanos buscando luces olvidadas. Yo simplemente he construido un mundo donde cada una puede volver a brillar, de vuelta, en su lugar.

domingo, 26 de mayo de 2013

DESENCUENTROS CERCANOS DEL FACEBOOK TIPO




En muy común ver en facebook enormes peleas sobre cuestiones personales, pero sobre todo políticas e ideológicas, que terminan en insultos, bloqueos, amistades rotas, etc.

No me refiero a la legímima defensa linguística o a la defensa de la vida personal cuando un loco nos agrede y nos insulta. Me refiero a los intentos de diálogo que terminan muchas veces muy mal.

Lejos de mí, por supuesto, despotricar contra facebook. Yo lo uso diariamente para funciones docentes, para expresar mis ideas, etc., y es una herramienta muy útil. Desaconsejo, por supuesto, el uso de facebook para cuestiones personales, pero no es el tema que hoy nos ocupa.

En el diagnóstico de lo que ocurre veo un caso típico de desconexión entre la vida y la filosofía. La filosofía, en este caso la filosofía del lenguaje, puede explicar mucho de lo que nos ocurre en esta nueva dimensión del mundo de la vida.

Ningún texto se entiende fuera de su contexto, y los contextos son amplios, pero, a su vez, limitados. En mis cursos de 1er año en Comunicación Social muchas veces mezclo, con lo que estoy diciendo, la siguiente expresión: “saquen una hoja”. No lo hago el primer día, sino meses después de que los alumnos me han comenzado a conocer. Luego de unos pocos segundos de vacilación, casi todos se ríen porque se dan cuenta de que es una broma. Yo les pregunto cómo se dieron cuenta de que era una broma, y en la respuesta se dan cuenta de la importancia del contexto implícito que da sentido al texto escrito o hablado.

En la interpretación de cualquier afirmación entran dos elementos centrales: el horizonte (Gadamer) desde el cual es dicho y los juegos de lenguaje (Wittgenstein) que lo acompañan. Ello implica, desde luego, todo el conjunto de actos del habla correspondientes, donde está la intención del hablante. Y desde el otro lado, en el destinatario, los mismos elementos, por supuesto. Todo ello conforma el famoso “sentido”, “lo” que se quiere decir, donde se entrecruzan lo que Eco llamó la intención del autor y la intención del lector. Todo ello es el delicado juego de interpretación de un mensaje, que entran también en aquellos cuyo significado suponemos evidente porque todo lo anterior se presupone fácilmente, esto es, lo que equivocadamente llamamos “hechos”.

Las personas se resisten a que la filosofía es en serio. Creen que las cuestiones filosóficas no los tocan, pero sí, comprometen de raíz toda nuestra vida. Me pasó una vez tener una delicada discusión con alguien que sabía todo aquello a lo que me he referido. Pero cuando todo ello lo tocó de forma tal que ponía en duda lo que él estaba diciendo, se olvidó de toda su filosofía y afirmó rotundamente “los hechos son los hechos”. Ok, no todos tienen porque saber -como la ignorancia filosófica de Víctor Hugo Morales-  ni la analogía del ente en Santo Tomás de Aquino o los aspectos diversos de la esencia en Ideas I de Edmund Husserl, pero nunca me voy a olvidar de mi amigo, olvidado de toda su formación y convertido en un positivista fáctico militante cuando la delicada cuestión de la interpretación afectaba a su apasionada posición.

Pues bien: las agrias discusiones en facebook, sus casi tragicómicos finales, tienen este origen. Casi todos –y me incluyo no retóricamente, pues he tenido mis malos días- creemos que podemos entender lo que un desconocido dice con sólo leer el mensaje, olvidando el mundo desde donde está dicho. “Cómo puede ser que digas que…..”; “…no entiendo cómo decís que….”; “no puedo creer lo que estoy leyendo”, “demente”, “corrupto”, “mala persona”; “traidor”, etc., son los finales de esas tristes discusiones donde en poco espacio se quieren solucionar “totalmente” temas como la existencia de Dios, el evolucionismo, el cristianismo, la Iglesia, la inmortalidad del alma y del cangrejo y, por supuesto, las cuestiones políticas y sociales. Y tratar de poner un límite al debate parece imposible. Si contestas, porque contestas; si no contestas, porque no contestas; si contestas poco, está mal porque es poco; si contestas mucho, está mal porque es mucho; si remites a un texto, eres un soberbio; si pretendes explicar, no pretendas enseñarme; si callas, el otro te sigue insultando varios días. Por lo demás, se pueden ver todo tipo de psicopatías, obsesiones compulsivas y demencias diversas, más o menos como pirañas gigantes apenas uno se sumerge en el océano infinito de facebook, después de lo cual uno prefiere la casi falta de oxígeno de 8000 m de altura por lo menos.

Nada de esto me hará renunciar al uso docente y político que doy a facebook. Y menos aún debería yo caer como desprevenido en todo esto cuanto ya lo sé. Las veces que he caído en este juego absurdo muestran que, a pesar de haber creado el grupo de marcianos unidos etc, soy tan humano como cualquiera. Pero ahora, desde también esa misma humanidad, les pregunto a todos, no con respecto a mí, pero sí con respecto a nuestras pretensiones de comprensión total (dije “total”): ¿qué pretendemos? ¿Quiénes nos creemos que somos? ¿Qué nuevos dioses de qué Olimpo suponemos que somos? Excepto que quienes me lean sean los psicópatas que abundan en facebook, les digo a todos nosotros, neuróticos woodyallinescos limitados y anti-heroicos: cortémosla con la pretensión de juzgar al otro como si fuéramos Dios, que para colmo, pudiendo juzgar, está abierto al perdón. Yo seguiré usando facebook, pero advierto a todos: consciente de sus límites. Lo gracioso es que subiré esto a facebook donde, tal vez, genere un sin fin de malentendidos................................................

domingo, 19 de mayo de 2013

SOBRE LA ENSEÑANZA




-         El enseñar no surge (como sí la creación de Dios) de la nada. Nace del apasionamiento por la verdad, por haberla buscado a fondo y seguirla buscando, nace de leer con ese espíritu, con un programa de investigación in mente. De allí surge el querer conversarlo con los demás, y ese acto de conversación es enseñar.

-         La seguridad del educador no nace, pues, de su soberbia, sino de la tranquilidad que tiene el que ha buscado la verdad y la sigue buscando. Ello, sencillamente, se nota, se expande como la luz.


-         Querer enseñar surge no sólo del propio entusiasmo, sino del amor a los demás, y no en forma abstracta, sino concreta, personal: amor a cada uno de los alumnos que tenemos delante. Amor que se expresa en todas las enseñanzas que sobre él nos dejó San Pablo.

-         Cuando entres al aula, entra entonces con esa seguridad, con ese entusiasmo, en ese afecto. No se adquieren por ningún método. O lo has vivido, o no.


-         Di tu nombre, y aclara que todos pueden estar en desacuerdo contigo, incluso, con eso último. Ello, para que todos se sientan invitados a expresar su propio pensamiento.

-         No se sabe para opinar, se opina para saber, esto es, esa libre expresión del pensamiento es la que el educador tiene que ir dirigiendo socráticamente hacia la verdad. Nunca digas no: reconduce, observa la parte de verdad, fíjate desde dónde el alumno habla, y desde allí sigues.


-         Si hay algún desacuerdo que no se soluciona, no forcejees. Déjalo como un tema que hay que seguir meditando entre todos.

-         No preguntes “alguien sabe qué es”, o “alguien sabe cómo se llama”, o “alguien sabe cómo se dice”………….. Etc. Porque cuando escuches las respuestas, tendrás que corregir, decir no, y entonces los demás tendrán miedo de equivocarse. Y lo peor es que el primer equivocado puedes ser tú.


-         Expone, sencillamente, tu posición sobre el tema, dejando claro que todos te pueden preguntar y disentir. Así el diálogo surge solo. La verdad os hará libres, sí, pero en este caso la libertad conducirá hacia la verdad. Si no admites desacuerdos, si sólo buscas que el otro repita lo que tú dices, y si lo repite bien lo premias y si no lo castigas, vivirás, tú y los demás, en una gran ilusión óptica. La verdad no emerge del que repite lo tuyo por premio o castigo. Solamente el propio convencimiento conduce a hacer propia la verdad. Y ese convencimiento surge sólo de argumentos.

-         Que tu apertura al diálogo sea verdadera. No es sólo un método, es un convencimiento de que no lo sabes todo y te puedes llevar una sorpresa.


-         No te preocupes por exponer “todo”. Siempre es algo. Es más, lo habitual es que una clase sea como abrir el ropero que conduce a narnias infinitas. Tú muestra con el entusiasmo del viajero los mundos que ya recorriste. Pero no los metas por la fuerza. Muestra las puertas abiertas del fascinante ropero, y deja que la única magia genuina, el entusiasmo del alumno, se introduzca. Y haces eso para que, precisamente, ellos recorran más que tú.

-         Si alguien, al ejercer el derecho al disenso que tú le respetas, te agrede, te insulta, se burla de ti o de los demás o sólo escupe su soberbia, deja pasar todo ello como el agua deja pasar la hoja del cuchillo. Haz como que nada pasa, protege, sí, a los demás, y sigue adelante. La humildad, por lo demás, también se transmite. En general si estás calmo, obtendrás calma. Como dice un proverbio oriental: si tocas suavemente un tambor, sonará suave, si lo golpeas con violencia, responderá con estruendo.


-         La única autoridad que tienes es la moral: la que surja de tu bondad y camino recorrido. No tienes otra. La tentación de obtenerla merced a premios, castigos y etc. es muy fuerte pero por favor no cedas, porque en ese mismo instante dejarás de ser educador para pasar a ser entrenador de animales.

-         Si “el sistema” ya “es” así, cuidado con entrar. Y si entras, mantén la fortaleza de ser educador o vete.


-         Tu “mundo” es tu aula. Eso es lo que puedes cambiar. Toda palabra que surja de ti es performativa: la palabra es tu herramienta fundamental. Las palabras construyen los imperios o los destruyen; las palabras forman personas o las destrozan.

-         Nada es fácil o difícil, todo es, sencillamente, fascinante, todo es algo que debe hacerte erizar el cabello, sea un poema de Borges, un texto de Santo Tomás de Aquino o un artículo de Plank sobre la física cuántica. Que sea fácil o difícil es una cuestión de hábito.


-         No los dejes solos con textos que no entiendan. Lee con ellos, y si no puedes, de vuelta, no los dejes solos.

-         Si alguien se siente demasiado cuidado por ti, y es partidario de otra filosofía de vida, donde hay que entrenarse para este mundo cruel, dile que tiene razón, pero que TU mundo no es cruel. Y que el mundo es lo que nosotros hacemos, pensamos, decimos.


-         Por lo demás, cada alumno es él mismo. Conócelo y singulariza lo que él necesita.

-         Tú no hablas sólo con tus palabras. Tú hablas, emites mensajes, desde que apareces, caminas y en el modo en que te diriges a ellos por primera vez. Tú hablas con tus miradas y gestos, con tus manos y con el tono de tu voz. Nada de ello se puede añadir artificialmente: los alumnos se dan cuenta en una milésima de segundo. Si algo de ello falla, es que algo de ti mismo está fallando.


-         Por lo demás, ¿quién dijo que tienes que ser Dios? Admite con sinceridad tus falencias, pide perdón si alguna de ellas daña a alguien; nunca hables de caminos que no has recorrido y que todo saber sea el fruto de tu vida, porque entonces tu saber será tan auténtico, limitado y falible como es tu vida misma, que es una luz finita, que ilumina no por su finitud sino por haber sido vivida con sinceridad y pasión.

-         Habría tanto más…………………………… Pero la enseñanza no es un método que se enchufa a un circuito de cualquier cerebro. La enseñanza es simplemente la irradiación de tu vida. Vive apasionado por la verdad y por tus alumnos, confía más en la misericordia que en la humana justicia, y todo lo demás se dará por añadidura.