domingo, 20 de julio de 2014

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA COMUNICACIÒN DE LA LEY NATURAL

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA COMUNICACIÒN DE LA LEY NATURAL

(Ponencia presentada en la UCA en Julio de 2006)


Motivan las siguientes reflexiones una serie de preocupaciones sobre la nociòn de racionalidad que presupone la teoría de la ley natural, y la posible incomunicación con otros paradigmas.

El tema de la ley natural es tanto un tema filosòfico como polìtico. Hay una serie de “issues”, como dirìan los anglosajones, sobre los cuales el Magisterio tiene una preocupación especìfica, y ha exhortado a los polìticos catòlicos a no apartarse de una fundamentaciòn iusnaturalista a la hora de hablar de ellos en la esfera pùblica[1]. De todos modos, el resultado es, como dirìa Thomas Kuhn, una total incomunicablidad de paradigmas. Obispos, sacerdotes, y algunos entusiastas grupos laicales, habitualmente formados en un tomismo bàsico, hablan de la ley natural como si los que la negaran fueran moralmente malos, pertenecientes a cierta cultura de la muerte. El panorama, sin embargo, no es tan simple. Después de Kant el mundo no catòlico no concibe hablar de una ley moral “heterònoma” sino desde la sola fe, y una ley natural racionalmente fundada es hoy un paradigma alternativo incomunicado con la herencia kantiana de la nociòn de racionalidad. La aguda nociòn de teonomìa de Juan Pablo II[2] tiene todo nuestro acuerdo pero igual diagnòstico de incomunicación. El tomismo de màs alta calidad denunciò, refutò a esa nociòn kantiana de racionalidad, pero son denuncias y refutaciones endo-grupales[3]. No puede haber después de ello quejas o sorpresas de que el mundo extra-exclesial no entienda de què hablan los lìderes de la Iglesia, cuando ademàs dentro de la misma Iglesia el tomismo es un problema tambièn.

Ante este panorama, algunos creyentes adoptan a veces la estrategia de presentarse como solamente aristotèlicos. Pero ello tiene dos dificultades. Primera, en Santo Tomàs de Aquino la ètica no es sòlo el comentario de la ètica de Aristóteles. Yo me atreverìa a decir que es, fundamentalmente, el enfoque de la Suma Teològica y la Suma Contra Gentiles, donde la ètica es fundamentalmente el camino de retorno hacia Dios. La nociòn de ley natural supone en Santo Tomàs la participación en la Ley Eterna, y por ende el eje central de su ètica supone toda su teologìa natural, la cual està, ademàs, en el contexto de su Teologìa Revelada[4]. Mayor problema, por ende, con un mundo post-kantiano. La segunda dificultad es que aùn un neo-aristotèlico tiene que trabajar con la nociòn de naturaleza humana, de cuyo conocimiento se puede hacer la misma y permanente pregunta: ¿es cognoscible en sì misma?

En mi opinión creo que hay que investigar aùn màs algo que ha quedado desatendido: la nociòn de la “cosa en si”, después de Kant, està inserta en la distinción sujeto/objeto cartesiana, y por ende cuando alguien dice que la ley natural es “objetiva” se introduce en un debate sujeto a una distinción ajena al contexto del pensamiento de Santo Tomàs. Lo que quiero decir es que toda la distinción entre objetivo y subjetivo posterior al s. XVII presupone una conciencia pensante frente a un mundo externo, y ese mundo externo, como “cosa en sì” lo que llega al pensamiento kantiano. Para salir de esa aporìa, hay que recurrir a una avanzada interpretación de la nociòn de mundo de vida intersubjetivo de Husserl[5], donde la persona es en el mundo, y el mundo no es un mundo externo, sino que es precisamente el mundo de sus relaciones intersubjetivas, y por ende internas, y no externas, a èl. De ese modo, el agua, por ejemplo, “es lo que sirve para beber”. Ello no es en sì, en un sentido post-cartesiano, ni en mi, como en un idealismo psicològico. Es una nociòn intersubjetiva de agua, donde el agua es vista “al modo del recipiente”; desde la vida humana, desde el modo humano de conocer, pero sin que deje de ser “verdaderamente” algo del agua.

Si ello es asì con el agua, màs aùn con una naturaleza humana conocida en relaciòn con el otro. Pero esa naturaleza humana es conocida entonces desde un mundo de vida donde lo central es lo cotidiano: la amistad, las alegrìas, los dramas y lo “inmediatamente conocido” desde ese mundo de vida. Pero allì està precisamente la clave de la incomunicación con un mundo filosòsico que ha separado lo “racional” de lo “vital”. Otra vez Husserl puede venir en nuestra ayuda, donde lo racional es la actitud racional en la actitud natural de la vida intersubjetiva, y no fuera de ella.

De ningún modo queremos presentar el camino anterior como fácil o corto; yo mismo he dedicado al mismo mucho tiempo[6]. Lo que queremos decir es que no es sólo cuestión de tener mayor conciencia de la noción kantiana de racionalidad, como creencia cultural asentada, sino también es necesario advertir que la negación kantiana de la “cosa en sí” dependía de una noción de “objeto” no del todo compatible con la noción de realidad en Santo Tomás de Aquino, y por ende es posible y necesario un diálogo con la fenomenología, la hermenéutica y la filosofía del lenguaje contemporáneas para un re-planteo de la ley natural. El trabajo que un tomismo actual debe hacer con la ley natural no es apologético de una ley natural sin diálogo con gran parte de la filosofía contemporánea, sino que debe ser un trabajo inclusivo de los mejores logros de esta última.

Por lo tanto, la re-insersiòn de estas nociones (mundo de vida, teoría “en” la vida, etc)  va a tardar mucho tiempo. Hay que tomar conciencia de ello, lo cual puede implicar:
a)       una mayor comprensión de que al hablar de ley natural, hablamos de algo culturalmente ininteligible “per accidens”, y que por ende el que la niega no es malo ni tonto, sino que ha heredado una nociòn post-kantiana de racionalidad que luego se enredò con las aguas del neopositivismo.
b)      Una toma de conciencia de que dicha comprensión es totalmente coherente con una mayor conciencia del pensamiento de Santo Tomàs, donde la separaciòn, como disociación, entre filosofìa y fe, no es posible. En Santo Tomàs hay diàlogo entre razòn y fe, hay matrimonio entre razòn y fe, y el divorcio entre ambas no es posible.

Pero entonces, ¿còmo hablar de una ley natural asì entendida en un mundo donde la libertad religiosa es un logro y un derecho fundamental?

Por un lado ya lo dije. Hay que re-insertar en el pensamiento eclesial una hermenèutica realista donde el mundo de vida de Husserl supere tradicionales distinciones entre subjetivo y objetivo heredadas de las distinciones cartesianas y en las que el neopositivismo cultural se siente muy còmodo. Hay que volver a una nociòn de racionalidad donde la razòn es una meditaciòn sobre la vida y no, solamente, una abstracción de esencias de un mundo externo post-cartesiano, o una racionalidad reducida a la fìsica y las matemàticas.  Pero, vuelvo a decir, ello va a tardar mucho tiempo.

Mientras tanto –y por el otro lado- cierto pensamiento eclesial ha intentado audaces diàlogos –con el marxismo, por ejemplo- pero otros autores, otros temas, han quedado sepultados en un hostil olvido o rechazo. Y sin embargo esos temas darìan a la idea de ley natural un posicionamiento sumamente adecuado frente a un mundo laical. No, ademàs, como simple estrategia, sino como una renovación de las bases de la ley natural totalmente compatibles con el núcleo central de la ley natural en Santo Tomàs de Aquino.

Me refiero básicamente a tres cuestiones. La escuela escocesa (Hume, Smith, Ferguson)[7] desarrollò una nociòn de naturaleza humana no metafìsica, pero sì muy experiencial, donde en general el ser humano no es àngel ni demonio en su comportamiento social. Esto es sumamente adecuado a la idea de ley humana en Santo Tomàs[8] y aclara mucho sobre el comportamiento socialmente exigible y sobre los incentivos normales que los seres humanos en general deben recibir en su vida social. Hasta ahora la ùnica encíclica que ha tocado este tema es la Centesimus annus[9].

Esto tiene estrecha relaciòn con la nociòn de orden espontàneo de Hayek[10], donde las instituciones sociales como la propiedad, los contratos y los derechos personales son fruto de una evolución no planificada por lo que hoy llamarìamos racionalidad instrumental. Esto tiene mucho que ver con la nociòn de naturaleza humana anteriormente aludida y, aunque Hayek no acepta al isunaturalismo, cita sin embargo la escuela de Salamanca como un antecedente de su posición[11]. Las conexiones con una idea tomista evolutiva de ley natural[12] son relativamente sencillas. La ley natural en Santo Tomàs no es una masa compacta de normas, sino un conjunto de virtudes que se van articulando en preceptos primarios y secundarios, atentos estos ùltimos a la utilidad, la costumbre  y la tolerancia de circunstancias diversas. Por otra parte esto implica una mayor toma de conciencia de que el derecho a la intimidad personal implica que ciertas cuestiones muy caras a la tradición catòlica de ley natural no son exigibles desde un punto de vista civil. Una lectura màs detenida de la riqueza de su tratamiento de la ley natural es necesaria.

Por ùltimo, la nociòn de cooperación social presente en un autor como Mises es compatible con la nociòn de utilidad presente en la derivación de preceptos secundarios en Santo Tomàs, que es una utilidad cualitativa y relacionada precisamente con la naturaleza humana. Esta nociòn tomista de utilidad puede superar de algún modo las aporìas actuales, e interminables, entre consecuencialismo y deontologismo moral y puede dar un renovado fundamento a cuestiones de ètica social y econòmica.

Estos elementos, vuelvo a decir, posicionan mejor al catòlico en sus debates diarios como ciudadano, pero la riqueza de esos elementos quedarà oculta si el diàlogo con esas tradiciones de pensamiento es rechazado a priori porque la palabra “liberal” sigue siendo en ambientes eclesiales peor que el adjetivo “diabòlico” que incluso puede tener mejor fama en discusiones de teologìa especulativa.

Por lo demàs, no se puede hacer mucho màs. Còmo presentar la ley natural en un mundo sanamente secularizado no es cuestión de un asesor de imagen ni de estrategias polìticas. Hace falta una profundo diàlogo con corrientes actuales del pensamiento, primero para re-insertar una nociòn màs amplia de racionalidad, y segundo para abarcar temas totalmente compatibles con el núcleo central de la ley natural en Santo Tomàs de Aquino, pero que èl no podìa sospechar en su contexto epocal. Mientras tanto, seguiremos hablando sencillamente solos.




[1] Ver, al respecto, indirectamente, Evangelium vitae, Veritatis splendor, y, directamente, “Nota doctrinal de la Congregación para la doctrina de la fe sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública”, del 24-11-2002, en L´Osservatore Romano del 24-1-2003, Nro. 43.
[2] Veritatis splendor, punto 38.
[3] Sobre la nociòn de endogrupo y exogrupo, ver Schutz, The Phenomenology of the Social Word, Northwestern University Press, 1967; Las estructuras del mundo de la vida (junto con Luckmann), Amorrortu, Buenos Aires, 2003; Estudios sobre Teoría Social II, Amorrortu, Buenos Aires, 2003, y  On Phenomenology and Social Relations, University of Chicago Press, 1970. 
[4] Al respecto creo que es interesante meditar sobre estas palabras de J. Ratzinger: “...La fe no puede liberarse, si la razón misma no se abre de nuevo. Si la puerta del conocimiento metafísico permanece cerrada, si los límites del conocimiento humano fijados por Kant son infranqueables, la fe está llamada a atrofiarse; sencillamente le falta el aire para respirar. Cuando una razón estrictamente autónoma, que nada quiere saber de la fe, intenta salir del pantano de la incerteza “tirándose de los cabellos” –por decirlo de algún modo- difícilmente ese intento tendrá éxito. Porque la razón humana no es en absoluto autónoma. Se encuentra siempre en un contexto histórico. El contexto histórico defigura su visión (como vemos); por eso necesita también una ayuda histórica que le ayude a traspasar sus barreras históricas. Soy de la opinión de que ha naufragado ese racionalismo neo-escolástico que, con una razón totalmente independiente de la fe, intentaba reconstruir con una pura certeza racional los “preambula fidei”; no pueden acabar de otro modo las tentativas que pretenden lo mismo. Si: tenía razón Karl Barth al rechazar la filosofía como fundamento de la fe independiente de la fe; de ser así, nuestra fe se fundaría, al fin y al cabo, sobre las cambiantes teorías filosóficas. Pero Barth se equivocaba cuando, por este motivo, proponía la fe como una pura paradoja que sólo puede existir contra la razón y como totalmente independiente de ella. No es la menor función de la fe ofrecer la curación a la razón como razón; no la violenta, no le es exterior, sino que la hace volver en si. El instrumento histórico de la fe pude liberar de nuevo a la razón como tal, para que ella –introducida por éste en camino- pueda de nuevo ver por sí mismo. Debemos esforzarnos hacia un nuevo diálogo de este tipo entre fe y filosofía, porque ambas se necesitan recíprocamente. La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana” (En su conferencia “Situación actual de la fe y la teología”, en L´Osservatore Romano del 1-11-1996, nro. 44).
[5] Sobre este tema en Husserl, ver sus obras: Experiencia y juicio [1919-20 aprox.]; Universidad Nacional Autónoma de  México, 1980; Ideas… Second book [1928 aprox.], Kluwer Academic Publishers, 1989; Meditaciones cartesianas, Tecnos, Madrid, 1986 [1931]; Problemas fundamentales de la fenomenología, Alianza, Madrid, 1994, y The Crisis of European Sciences [1934-1937 aprox.]; Northwestern University Press, 1970.

[6] Ver nuestro libro Hacia una hermenéutica realista, Austral, Buenos Aires, 2005.
[7] Sobre estos autores, ver Gallo, E.: “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”, en Libertas (1987), Nro. 6, y, del mismo autor, “La ilustración escocesa”, en Estudios Públicos (1988), 30.

[8] I-II, Q. 96 a. 2c, donde se afirma que la ley humana està hecha para una multitud de hombres, la mayor parte de los cuales no son perfectos en la virtud.
[9] En su nro. 25.
[10] Sobre este tema en Hayek, ver: Derecho, Legislación y Libertad (1973,76,76), Unión Editorial, Madrid, Libros I, II, III, 1978, 79, 82; Los fundamentos de la Libertad, Unión Editorial, Madrid, 1975; Hayek on Hayek, Routledge, 1994; The Counter-Revolution of Science, Liberty Press, 1979; Individualism and Economic Order, University of Chicaco Press, 1948, Midway Reprint 1980; Nuevos Estudios, Eudeba, Buenos Aires, 1981; Studies in Philosophy, Politics, and Economics, University of Chicago Press, 1967.



[11] En su artículo “Liberalismo” (1973), punto 2, en Nuevos Estudios, Eudeba, Buenos Aires, 1981.
[12] Ver sobre todo I-II, Q. 95 y 96.

domingo, 13 de julio de 2014

ISRAEL NO DEBE SER BORRADO DEL PLANETA

No, claro, dirán algunos. Pero parece que para muchos, así debe ser.

Decía el sabio D. Hume que tanto la propiedad como el poder político no se justifican del pasado hacia el presente. Si nos vamos para atrás, en ambos casos, nadie resistirá la prueba de un asesinato o un robo en el origen de los tiempos. Por lo tanto, en ambos casos, la legitimidad debe juzgarse en función de la utilidad social del “desde aquí para adelante”. Igual planteo hace J. Buchanan en su clásico “The LImits of Liberty”, de 1975.

Por lo tanto, no es cuestión de seguir debatiendo ad infinitum los orígenes históricos del Estado de Israel. Quien estas líneas escribe no es precisamente partidario de la “creación de Estados”, así que se podrán imaginar que el tema, in abstracto, no me entusiasma, y de la misma manera veo con pena las absurdas disputas territoriales entre todos los estados, cuando lo que todos deberían hacer es bajar los muros, eliminar visas, pasaportes, aduanas, establecer la plena y libre inmigración de capitales y de personas, ejerciendo todos los seres humanos la libertad de comercio y la libertad religiosa y olvidándose de la categoría de “extranjero”. (Ver http://gzanotti.blogspot.com.ar/2009/01/haz-el-comercio-y-no-la-guerra.html )

No es cuestión de debatir, tampoco, como si tuviera que ser debatido, la existencia misma de la guerra, o que no se debe matar a poblaciones civiles inocentes. ¿Eso es lo que está en discusión? ¿Alguno es tan dicotómico e ingenuo para pensar que de un lado están los buenos y del otro lado los malos, frotándose las manos cuando caen inocentes en el conflicto?

El asunto es que el Estado de Israel, el único estado democrático-constitucional en medio de un “mar” de autoritarismos, “ya está”, y las circunstancias que promovieron su creación, después de la masacre de Hitler a los judíos, son más que comprensibles aunque todo se podía debatir antes de 1948. Ahora, ya está, y la legitimidad, como dice Hume, es la legitimidad de ejercicio, del presente para adelante, garantizada por la democracia constitucional del sistema. Que los palestinos tienen también derecho a su propia nación, tampoco está en discusión. El asunto es que algunos hablan como si Israel tuviera que quedarse pasivo frente a los misiles que recibe, como si Hamas fueran niños que disparan flechas. ¿Qué pretenden realmente? ¿Qué Israel desaparezca?

Confiésenlo: sí. Israel pudo y puede haber cometido acciones de guerra indefendibles, pero ese no es el problema. Detrás de ello, utilizado como excusa, se encuentra lo simbólico, tan importante en política. Israel representa la civilización occidental, secularizada, sanamente laica, democrática, liberal, en medio de sociedades tribales –al decir de Hayek- que no entienden ni conciben la existencia misma de las libertades individuales como ontológicamente anteriores a cualquier sociedad. Israel también representa la existencia misma del enemigo más odiado, “el judío”, el chivo expiatorio por excelencia de todos los nacionalismos atávicos; el ser libre e independiente, activo, inteligente, científico, emprendedor, representante de lo que todo autoritario de pura cepa odia con toda la furia de su alma. Israel es la victoria contra el antisemitismo, y esa victoria no será aceptada nunca por muchos que hoy sólo dicen defender a niños inocentes pero serían los primeros en defender el edicto de Herodes contra los niños primogénitos.


Las sociedades liberales y democráticas no entran en guerra contra otras sociedades liberales y democráticas. No es ontológicamente necesario pero es una predicción de Kant que hasta ahora se ha cumplido. Saquen todos las obvias consecuencias.

domingo, 6 de julio de 2014

LA MEJOR CANCION EN "EDUCANDO A RITA".

(Cap. 2 de “Filosofía para los amantes del cine”, JC Ediciones, Rosario, 1996).



 Con la película anterior hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre el sentido de la vida humana, sobre la base de Dios como su Fin Ultimo. La película que ahora "veremos" también nos permitirá reflexionar sobre el sentido de la vida, pero aplicado a un caso concreto.

Desde sus primeras escenas, la película nos permite observar de qué "caso concreto" estamos hablando. Bajo el marco de una hermosa música y el imponente escenario de un típico campus universitario británico, veremos caminar a un hombre de mediana edad, relativamente despeinado, aparentemente no muy preocupado por su vestimenta, con cara de despreocupación, llevando un portafolios acorde con esta descripción. Lo veremos subir las escaleras de un gran edificio, mientras saluda a algunos estudiantes. Entrará a un gran cuarto, de estilo antiguo, lleno de libros por todos lados. Buscará uno de esos libros y sacará también una pequeña botella de whisky que estaba detrás.

¿Quién es este por ahora extraño personaje? Se trata del "Dr. Brian", profesor de literatura inglesa. Además de sus clases, está encargado de recibir a estudiantes de la "Open University", un sistema que permite a diversas personas realizar estudios universitarios bajo la guía tutorial de un profesor, sin necesidad de efectuar la cursada habitual de las materias.
Tras su aspecto despreocupado, Frank esconde una mirada triste. Sus ojos, entre nostálgicos y anhelantes, parecen buscar algo misterioso cuando mira por la ventana de su cuarto hacia los jardines del campus de la universidad. Repentinamente lo veremos en su clase, mirando también por la ventana. Sus alumnos, obviamente, buscan en él una actitud más habitual. Una alumna le hace un muy erudito comentario sobre cierto autor inglés. "Ciertamente", contesta, y sigue mirando por la ventana. Otro, en actitud más formal, le hace otra pregunta. Frank permanece absorto en lo que podríamos decir sus pensamientos. El alumno se irrita. "¿Está Ud. escuchándome?", pregunta. "Por supuesto" contesta Frank, en un tono que revela algo especial. "¿Está Ud. tomado?", pregunta el alumno inquisidor. "Por supuesto", es la respuesta. Su alumno, tras algunas desinteligencias, se va de la clase, y da un portazo, no sin antes decir: "quiero estudiar literatura".

"Literatura!...", exclama Frank con un dejo de ironía. "Miren afuera! El sol brilla! Son jóvenes! ¿Qué están haciendo metidos aquí dentro? Podrían estar afuera, haciendo el amor o algo así...!". Los alumnos se ríen. (De él?). La respuesta de Frank, evidentemente transgresora e iconoclasta en su superficie, revela algo más profundo: un desencanto, un evidente hastío por algo a lo cual no parece encontrarle más atractivo. ¿Su tarea como profesor de literatura? ¿O la vida misma?

La rutina de Frank se corta con la llegada de un alumno para la tutoría de la universidad abierta. En realidad, no es él, es ella: se trata de Susan White, o Rita (como diríamos nosotros, Rita para los amigos). Casada, joven, sin hijos y de oficio peluquera, Rita es de un sector social más humilde que la media general de los alumnos cursantes. Este es un detalle importante, tal vez no para nosotros, pero si todavía para la tradicional Inglaterra (hay que tener en cuenta que, en muchas sociedades europeas, ciertos usos y costumbres subsisten independientemente de las ideas políticas). Veremos también a Rita caminando por el mismo campus que Frank, de un modo y con cierta vestimenta y peinado que revela el contraste. Mira con asombro el mundo en el cual quiere introducirse, pero sobre todo, mira como eruditos inalcanzables a los estudiantes que conversan de cosas extrañas en los pasillos y escaleras. Después de algunas vacilaciones, llega al despacho de Frank.

En este primer encuentro, Rita muestra con encanto su modo de ser. Consciente de su ignorancia en Literatura, manifiesta su vehemente deseo por aprender. Sobre todo, muestra su admiración por ese mundo al que quiere pertenecer, que, para ella, significaría un cambio absolutamente esencial; algo así como el paso a una dimensión superior de la existencia (atención a este detalle). Frank la escucha entre divertido y asombrado. Desde el principio, la frescura y la espontaneidad de Rita llegan muy profundamente a nuestro profesor, aparentemente aburrido de sí mismo. Rita luce como algo que rompe con ciertas cosas a las cuales Frank no da importancia. Pero le cuesta entender el ferviente deseo de Rita por aprender Literatura. En realidad, Frank valora tanto, desde el principio, esa espontaneidad que su nueva alumna quiere perder, que en un primer momento se niega a ser su tutor, bajo la excusa de que es un mal profesor. Pero ella insiste. Lo espera afuera. Frank se deja vencer, en el fondo encantado con su alumna. Y se comprometen ambos a iniciar la relación tutorial.

A partir de allí, la película va mostrando dos cosas. Primero, Rita demuestra tener una buena intuición literaria, todavía no acomodada a los cánones habituales de expresión académica. Frank aprecia enormemente esa intuición, y se ve en el conflicto de tener que dejar totalmente libre esa veta original o tener que forzarla, de algún modo, a una redacción más clásica, condición necesaria para la aprobación de los exámenes. Entretanto, Rita siente la emoción del descubrimiento de un mundo que anhelaba. En una oportunidad, sale corriendo de su peluquería, de igual manera llega a la universidad, se dirige al aula donde Frank está enseñando -esta vez, lúcidamente- y le cuenta, exultante, su gran descubrimiento respecto a la esencia de la tragedia como género literario. Frank, en cierto modo enternecido, invita a su alumna a pasar a su clase. Sus asombrados compañeros la miran insoportablemente. Rita comienza su inserción en otro mundo social.



Segundo, Rita comienza a tener dificultades en su matrimonio. Su esposo, simplemente, quiere que tenga hijos. No entran en su mundo las ambiciones académicas de su esposa, que está cambiando de modo extraño. La crisis llega a un momento delicado cuando ella es "descubierta": tomaba anticonceptivos para evitar tener hijos, sin saberlo su esposo. Este toma una peculiar medida punitoria: quema los libros de estudio de su esposa.
En cierta medida desconsolada, Rita cuenta el episodio a Frank. En la conversación, admite que la chica con la cual su esposo se casó, probablemente ya no exista. Rita se está buscando a sí misma.

Sucede entonces uno de los episodios existencialmente más fuertes. Rita es invitada a una reunión en la casa de Frank. Todo un desafío: un mundo social nuevo, distinto. En una risueña escena, Rita practica vestidos, posturas y frases supuestamente adecuados a la ocasión. Finalmente, medio desanimada, se viste más o menos adecuada a ella misma (pero, ¿quién es ella misma?) y se dirige a la reunión. Llega, ve una enorme casa llena de gente "importante", se queda observando por un momento... Y decide no entrar. Se va. Y deja una nota en el auto de Frank.

A la mañana siguiente, ambos discuten. La esencia de la discusión es a la vez simple y profunda. Frank le dice que, sencillamente, ella debía ser ella misma. Ella dice que no quiere ser ella misma, según lo que él interpreta por "ella misma". No quería estar ahí como algo interesante, siendo el foco de atención por su evidente desnivel social. Ella quiere "ser como ellos", y "hablar seriamente con ustedes". Pero entonces vuelve a preguntarse: "¿quién soy yo?".

Esa pregunta había surgido insistentemente durante la misma noche de la reunión. Luego de dejar la nota en el auto de Krank, se dirige a una taberna donde sus padres, su esposo, su hermana y el novio de su hermana están todos alrededor de una mesa, tomando cerveza y cantando. La reciben con alegría. Pero Rita siente que allí también es una extraña. En medio de la canción, observa que su madre está llorando. Rita inquiere. Su madre responde: "debe haber mejores canciones para cantar".

Al relatarle el episodio a Frank, Rita, con decisión y resolución, dice que, efectivamente, debe haber "mejores" canciones para cantar, y que es eso lo que ha decidido hacer. Su mejor canción será estudiar Literatura, manejar sus secretos, leer esos difíciles libros... Y está decidida a lograrlo.

Y comienza la tarea. Cambia su peinado, su modo de vestir. Y estudia con ahínco. Su lenguaje va cambiando también. Toma un curso en otro campus. Renta un departamento que comparte con una chica de su edad, Trish, y junto con ella comienza a trabajar en una cafetería frecuentada por estudiantes. La relación con sus compañeros también cambia. La buscan, le hacen preguntas, la invitan a salir. Y está contenta. Va encontrando su canción. Su otra canción para cantar.

Mientras tanto, Frank comienza a evidenciar en su conducta la desazón que todo esto le produce. Por un lado, siente asombro y admiración por el progreso de su alumna, pero, por el otro, intuye que hay allí algo extraño. Mientras tanto, su matrimonio con Julia se está deshaciendo, y la evidencia de su vacío existencial se acrecienta. La expresión de ese vacío se hace cada vez más clara, y también se hace evidente que la Literatura no puede llenarlo. En una de sus clases, Frank aparece otra vez tomado, y de modo más palpable. Trastabillando sube a la tarima profesoral. "Literatura!", exclama, con voz tambaleante. Y parafrasea al Evangelio: "¿En qué beneficia a un hombre saber Literatura si pierde su alma"? No se puede negar que dijo algo importante. Pero su situación es trágica y sus alumnos continúan riéndose. Finalmente, después de otros intentos por mantener el equilibrio, Frank cae pesadamente. La tarima profesoral es arrastrada en la caída. Todo un símbolo, quizás. Y una reflexión: ¿hay que llegar a estar bebido para expresar públicamente la lucidez evangélica?

La relación de Frank con su alumna comienza a deteriorarse. En última instancia, se había enamorado de Rita, pero ella está en otro mundo; paradójicamente, un mundo al cual Frank la había ayudado a introducirse. La busca en el bar donde trabaja, preguntando por Rita, cuando en realidad sus nuevos amigos la conocen por Susan. La búsqueda termina infructuosamente, y Frank termina otra vez bebido, durmiéndose frente a las ventanas de sus autoridades universitarias. Para éstas, eso es un escándalo, severamente punible.

Cuando al día siguiente llega a su casa, encuentra a su esposa junto con su pretendiente. Un colega. Ambos le anuncian la situación. "Congratulations!", responde Frank. Y allí se queda, en su gran casa, con sus libros, absorto en su soledad, en su vacío.

Rita, mientras tanto, sigue "progresando" en su nuevo mundo, aunque tuvo que contemplar algo que al parecer no comprendió. Su amiga Trish intentó suicidarse. Pero falló. Ambas dialogan, en el hospital. Rita pregunta:
"¿Por qué?
"Dime por qué no".
"No llores, aún estás aquí..."
"Por eso lloro; no funcionó".
"Vamos, no querías matarte, sólo..."
"¿Sólo qué? Crees que tengo todo..."
"Trish, lo tienes...!!"
"Ah, si... Cuando escucho música y poesía puedo vivir; el resto del día soy sólo yo y no me alcanza".
Rita no logra entender qué está diciendo su amiga. Se supone que ella tiene ese nivel cultural que Rita estaba intentando lograr. Para Rita, eso era su norte, su logro, su mejor canción que cantar... ¿Qué ocurre, entonces?

Apesadumbrada, pero firme en su nueva canción, llega a la casa de Frank, para devolverle unas poesías que éste le había prestado. Eran de él. La noche anterior era aquella en la que Frank había "felicitado a la nueva pareja". Y allí estaba Rita, con sus poesías en mano, elogiándolas enfáticamente. Frank responde con indiferencia. Rompe sus manuscritos. Ambos se enfadan, y discuten agriamente. El eje central de la discusión se evidencia cuando ella lo acusa, en cierta medida, de no estar convencido con su "progreso". "Tengo ahora lo que tú tienes: un cuarto lleno de libros, sé cuál de ellos leer, sé qué vino comprar, qué ropa usar, qué obras ver, y qué diarios leer". Pero Frank va directamente al punto: "¿Es eso todo lo que querías? ¿Crees que encontraste una mejor canción para cantar? No. Encontraste una canción diferente para cantar".



La relación entre ambos mejora hacia el final de la película. Rita pasa su examen con altísimas calificaciones. Y agradece a su profesor, a quien encuentra embalando sus libros, dado que ha sido "castigado" y es enviado a una universidad extranjera. Rita corta el cabello de su profesor, en señal de agradecimiento. Pero, antes, éste le había pedido que se fuera con él. Y ella había contestado evasivamente.

Finalmente se despiden, en el aeropuerto. Y se abrazan.

En todo lo que hemos relatado hay un tema central, una cuestión de fondo, que va dando sentido a la película, desde el principio hasta uno de sus más importantes diálogos finales.

¿Cuál es el sentido de la vida humana? Ya hemos dado nuestra opinión. El sentido último de nuestra existencia es Dios. Esto no es un postulado. Es una conclusión lógicamente inferida a partir de la existencia de Dios, existencia que a su vez es lógicamente inferida a partir de la existencia de las cosas contingentes, que son primeras en nuestro conocimiento, pero segundas en el orden de la creación. Ahora bien, todas estas cuestiones también pueden ser vistas mediante una mostración vivencial, o, podríamos también decir, existencial. ¿No has sentido siempre, desde lo más profundo de tu ser, un inevitable llamado a la felicidad? ¿Negarás que quieres ser feliz? No niego que tal vez puedas decir que no quieres ser feliz, pero no creo que puedas sentir esa negación. Ese "querer la felicidad", profundo, originante de todos tus deseos, es el apetito natural al bien, que todas las cosas tienen ínsito en su naturaleza. En nuestro caso, ese apetito natural al bien pasa por el conocimiento intelectual de las cosas, y a eso llamamos voluntad. Y hemos visto que esa voluntad es libre, en el sentido de que nunca se enfrenta, en este mundo, con lo que podría determinarla absolutamente.

Nuestra vida es una búsqueda constante del bien. Claro, nuestra inteligencia puede equivocarse, y/o nuestra voluntad puede rebelarse contra el verdadero bien, y por ambos motivos nuestra búsqueda es muchas veces infructuosa, agregando a nuestra vida muchos dolores que de otro modo podríamos evitar.

Si la felicidad absoluta y total se identifica con Dios -como hemos visto en el anterior comentario- lo más parecido que podemos encontrar, en este mundo, a esa felicidad, es ponerse en camino hacia Dios, y hemos visto que ese "ponerse en camino" admite infinitas posibilidades. Pero niega otras. Sobre todo, aquello que destruya tu naturaleza y/o atente contra la de tu prójimo (la injusticia, por ejemplo). Porque esas faltas del bien que corresponde a tu ser son incompatibles con alcanzar al Ser Infinito, que es Dios.

Ahora bien: para todo esto hay un camino, que te comunica con Dios, con tu prójimo, contigo mismo y con el universo restante, que es el amor. El amor a Dios es algo que "surge" en nosotros. Ese surgimiento tiene un margen de misterio que la filosofía no puede explicar, pero en parte sabemos que es ayudado por la conciencia de que Dios nos ha creado para que lleguemos a El y seamos absolutamente felices, para siempre, en El. Al amar a Dios, comenzamos a amarnos y a estar en paz con nosotros mismos, pues sabemos que es allí cuando nuestro "yo" alcanza su sentido último y originante. Como un hombre que se enamora de una gran mujer, y es correspondido, y siente, inevitablemente, que su vida tiene sentido. Hasta huele mejor!

A su vez, comenzamos a estar en paz con nuestro prójimo, porque comenzamos a evitar todas las injusticias que podamos cometer contra nuestros hermanos en creación. ¿Y por qué? Porque también amamos a nuestro prójimo, y nada injusto hacemos en ese caso. Y eso, porque advertimos que no podemos crecer, e ir hacia Dios, en medio de nuestras injusticias. Y, por último, estamos en paz con toda la naturaleza, al advertir que cualquier agresión y destrucción inútil es un acto indigno contra un efecto de Dios.

Todo esto suena bastante lógico: es la "lógica del amor". Nada raro. Amor y razón son una en Dios; en sus criaturas, son potencias distintas, pero nuestra armonía con Dios las complementa, y nuestra des-armonía con Dios las enfrenta. Esto es muy importante, y volveremos a esto cuando acompañemos al capitán Kirk en uno de sus viajes interplanetarios.

Bueno, me dirás, te pusiste a filosofar y te fuiste por las ramas. ¿Qué tiene todo esto que ver con Frank y Rita?

Rita también busca la felicidad. Busca el bien. Busca algo que la haga crecer. Y lo encuentra en la Literatura.

¿Y qué?, me dirás. Calma, te podrás imaginar que me parece muy bien. Como también me hubiera parecido muy bien que la encontrara en su peluquería. O en sus hijos. O en la literatura y en sus hijos. O en lo que quiera. Siempre que... ya veremos qué.

Frank también buscaba la felicidad. Pero había una diferencia entre ambos. Una diferente conciencia existencial. Tratemos de ver qué es eso.

Frank había encontrado algo de felicidad en la literatura, como cualquiera de nosotros encuentra algo de felicidad en nuestra vocación, al seguirla. Para cualquiera de nosotros es un problema no poder seguir nuestra vocación. Por lo tanto, esto está claro.

Pero Frank advierte que falta algo. Hay una dimensión de la existencia humana, que es precisamente el sentido último de esa existencia, que nada de este mundo puede proporcionar. Frank lo sabe, pero lo "sabe" en un sentido negativo y existencial. Sabe que sus libros no pueden -como ninguna otra cosa puede- darle ese sentido, pero parece no advertir dónde puede estar oculto este último. Es la angustia existencial. Que se acrecienta con el fracaso de su matrimonio, lo cual le advierte del significado del fracaso del amor. La angustia existencial: el no saber cuál es el sentido último de nuestra existencia. Miles de escapismos inventamos para tratar de tapar esa angustia. Pero Frank no inventa muchos. De vez en cuando se emborracha. Pero nada más. Vive, asume su angustia. En ese sentido, es una existencia auténtica, como dijo un colega.

En última instancia, Frank sabe que puede ser un gran literato, o un gran filósofo, o lo que fuere, pero no por ello será, necesariamente, una "mejor" persona. Esto es, una persona que está en camino hacia Dios, y, por ende, en armonía consigo misma, con su prójimo y con la naturaleza. Y es a partir de allí que su trabajo específico -profesor de literatura o peluquero- tiene pleno sentido existencial, además de eficiencia, porque no se puede ser una buena persona sin el deseo de hacer bien el trabajo que nos comunica con la existencia cotidiana.
A la luz de este enfoque, ciertos detalles de la película adquieren pleno sentido. El principal, que resume lo que queremos decir, es el diálogo entre Frank y Rita donde ésta insiste en que ha encontrado una mejor canción que cantar. Frank, lúcido en su angustia, le responde: no. Has encontrado una canción diferente. No una "mejor".

¿Por qué? Ya lo hemos dicho. Tu vida está llena de canciones diferentes, esto es, de posibilidades vitales distintas, sobre las cuales tienes poder de elección. Ellas son todo el infinito número de vocaciones y modos distintos de vida según tus gustos y capacidades; desde astronauta hasta pianista, de literato a peluquero, de filósofo a carpintero, etc. Todos esos modos de vida son, en sí mismos, igualmente buenos, aunque tú debas descubrir cuál es el adecuado para tí. Eso es existencialmente importante y es parte de tu felicidad. Pero hay una elección, en cambio, entre dos estados de tu espíritu que son irreductiblemente contrapuestos, y ya no igualmente buenos en sí mismos. Y esa opción vital ineludible es: vives en el amor a tu prójimo, fundado en el amor a Dios, o no. Lo primero es la canción mejor; lo segundo, ni siquiera es canción: suena mal, desafina, te destruye, te anula, te paraliza. Si vives en la canción del amor del que te hablo, todo lo que hagas -vuelvo a decir, sea cual fuere tu vocación- lo harás con afecto, y, por lo tanto, te llenará existencialmente, sentirás que es algo que justifica tu existencia, porque le has encontrado su sentido último. De lo contrario, entrarás tarde o temprano en angustia existencial, y descubrirás, como Frank, que de nada vale ser el gran profesor de literatura si el sentido último de tu vida no está resuelto. Como único intento de escapar de esa angustia, de vez en cuando se emborracha, pero, paradójicamente, allí se siente libre para expresar sus palabras más sabias. ¿De qué le sirve al hombre saber literatura si pierde su alma? Y esto te lo dice alguien cuyo modo de vida no es demasiado distinto al de Frank.

Claro, lo mismo vale para cualquier otra cosa. ¿De qué le sirve al hombre ser peluquero si pierde su alma? ¿De qué te sirve cualquier cosa si pierdes a Dios? ¿De qué sirve algo sin Dios? Puedes tener infinitos finitos bienes, pero sin el Infinito Bien, nada tienes; y si tienes muchos finitos bienes, y también estás en camino hacia Dios, serás feliz, porque los usarás en armonía contigo mismo y los demás.



Frank y Rita están, en ese sentido, en una situación existencialmente peculiar. El tiene conciencia de su angustia, pero no sabe cómo salir. Ella quiere cantar una canción mejor sin advertir que es una canción diferente. El logra enseñarle literatura, pero no lo anterior. A ella le cuesta enfrentarse con ese problema. El intento de suicidio de Trish le resulta extraño. ¿Cómo alguien tan culta y que escucha tan buena música puede intentar suicidarse? Pero las palabras de Trish son reveladoras de la angustia del ser humano cuando descubre lo cercano a la nada de su contingencia: cuando dejo de escuchar música, entonces soy sólo yo y no me basto... Observa: no es cuestión de angustiarse por ser "yo", sino "sólo" yo. Ese "sólo" yo es lo insoportable. Tu yo comienza a "respirar" cuando entra en contacto de amor verdadero con otro yo. Y eso abarca a tu cónyuge, a tus amigos, a tus familiares. Pero eso tampoco basta. Comienzas a sentir la necesidad de una fuerza adicional que te sostenga, más allá de las potencialidades de lo humano, en medio de los problemas de este mundo. Comienzas a sentir la necesidad del amor Infinito, fundamento de los demás amores finitos, que es Dios. Como dijimos antes, puedes estar toda tu vida escapando, de mil modos, a la angustia que te produce siquiera imaginar que tu presencia en este mundo es sólo una enorme casualidad. Y sin happy ending. La huida del tema de la muerte es uno de los mejores síntomas de ese "raje" continuo.

Vamos! Despertemos! Advirtamos cuál es la única mejor canción! ¿Cuántas veces, cotidianamente, no tenemos la misma confusión existencial que padeció Rita? Recordemos sus palabras cuando discute con Frank: tengo un cuarto lleno de libros, sé qué vino comprar, qué ropa usar, qué obras ver... ¿Cuántas veces no juzgamos a los demás por todo eso? Olvidamos que hubo santos analfabetos, y también santos llenos de libros y de conocimientos humanos, y tanto unos como otros fueron santos porque amaron mucho. Simplemente por eso. Allí está la mejor canción.

Si tienes un cuarto lleno de libros, busca en ellos la verdad, y, si la encuentras, enséñala, porque esa será tu manera de amar.

Creo que será bueno que termine estas reflexiones citándote unas palabras cuyo contenido tiene mucho que ver con todo esto que he intentado transmitirte. Quien las escribió también era profesor, como Frank -aunque no de literatura- y tuvo también un cuarto lleno de libros. Tuvo una familia, a la que amó absolutamente, y ha tenido a miles de alumnos, a los que educó en el sentido más profundo del término -y, por lo tanto, amó-. Dice así: "Prepararse para ser adulto es, pues, mucho más, y más importante, que elegir una actividad o un estudio determinado. Es forjar un plan de vida sobre bases éticas, religiosas, políticas. Es saber si se puede mentir o no; si la violencia es admisible o condenable; si amaré a mi prójimo o seré indiferente a su suerte; si prefiero la frivolidad como constante o si soy capaz de adentrarme en las honduras de mi alma; si me siento criatura divina o si me supongo un accidente bioquímico sin sentido conocido; si prefiero saludar a mi vecino cortésmente o si lo ignoraré mientras nada tenga que esperar de él. Cuando tenga resueltos estos aspectos en apariencia tan simples, muchas actividades podrán complacerme. De lo contrario, podré ser un buen o mediocre profesional, tener éxito o fundirme en los negocios, llevarme más o menos bien con mi mujer o separarme de ella. Pero nunca seré un hombre pleno porque en mi juventud habré olvidado que debía preparar el futuro. Seré existencialmente pobre, sin remedio" (*).



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(*) Luis J. Zanotti, Cuando el presente es futuro, Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 1988. Los subrayados son nuestros.


domingo, 29 de junio de 2014

AGUER, EL LOBBY GAY, LIBERTAD DE EXPRESIÓN, DISCRIMINACIÓN: UN VERDADERO “LÍO” EXCEPTO PARA LOS LIBERTARIOS

Está en boca de todos, y de manera apasionada, el ataque o la defensa a Mons. Aguer y sus últimas declaraciones sobre la homosexualidad.

Ante todo, he leído lo que dijo, y NO dijo que la homosexualidad era abominable. Dijo “………….. A causa de un descuido de la guardia, una mujer desvergonzada, vestida indecorosamente y acompañada por otro personaje que parecía mujer, entró aquí a filmar un video en el que baila y canta, se atrevió a sentarse en un confesionario en son de burla y blasfemó contra la Santísima Eucaristía, remedando la comunión y expresándose de un modo gravísimamente escandaloso. Según he oído decir, la filmación estaba destinada a un “boliche gay” de la ciudad. Ahora resultan normales esas abominaciones amparadas por las leyes. Pero además mucha gente pudo acceder a la cosa por internet. Ofrezcamos el Santo Sacrificio de la misa en reparación y desagravio por la profanación del templo y por las blasfemias proferidas. Dediquemos asimismo al Señor la procesión de la que hemos participado, como gesto de amor y de entrega confiada, incondicional. Recemos mucho también por esas personas descaminadas, depravadas, para que Jesús les toque el corazón y las convierta; todo es posible para su omnipotencia y su misericordia”. Pero, como dice sabiamente Gadamer, las citas no prueban nada (¿quieren la cita? J) y cada uno interpretará lo que quiera.
Pero la cuestión es que hay dos cuestiones que NO son el punto esencial.

El punto no es, ante todo, defender a Mons. Aguer en tanto Mons. Aguer. Es sabido perfectamente que él viene del nacionalismo católico y creo que “es sabido perfectamente” J que yo no tengo nada que ver con esa ideología. Lo defiendo en este caso porque estoy convencido de que NO dijo lo que casi todos creen que dijo y todos saben que yo defiendo habitualmente incluso al que está dispuesto a mandarme al infierno (no es el caso de Mons. Aguer, espero, pero luego de casi 35 años (de mis 54) de conocer personalmente las intimidades eclesiales, sé perfectamente que alguno de sus colaboradores sí lo ha pensado).

El punto NO es, tampoco, defender un modo muy extendido de comportamiento de católicos argentinos en estas materias. Hace 70 años, si un homosexual hubiera querido enseñar matemáticas en un instituto privado NO confesional de enseñanza (atención al ejemplo) ningún católico hubiera dudado de que ello debía estar legalmente prohibido, y al que defendiera al matemático en cuestión, hubiera sido acusado de herejía ante Pío XII.

El punto es que, nuevamente, en este país como también y sobre todo en EEUU y en Europa, estos temas parecen ignorar absolutamente lo que es realmente el derecho a la libertad de expresión y el derecho a la propiedad.

Una iglesia, como cualquier otro edificio, es propiedad de alguien. Nadie puede por ende entrar allí y hacer absolutamente lo que quiera sin permiso del dueño. Así de simple.

A su vez, el dueño puede establecer las normas de ingreso que quiera. Esto es lo que los actuales partidarios de la no-discriminación no entienden. Claro que la discriminación y los prejuicios religiosos y raciales (y otros) están moralmente mal, pero legalmente, la propiedad es la propiedad. Por ende en un colegio u hospital privado, si el dueño estableciera que los marcianos no entran, no entran. Estará moralmente mal, quedará como un imbécil, puede entrar en pérdida, pero es su propiedad. Por lo tanto si cualquier institución católica no acepta que los homosexuales desempeñen tales o cuales funciones, está en su derecho legal. No se puede obligar legalmente a no discriminar. Hay veces, además, que la discriminación es moralmente positiva. ¿Alguien está obligado moralmente, acaso, a contratar a un no creyente para dar catequesis?
Claro, esto “nos conviene” ahora a los católicos, que “ahora” reclamamos nuestra libertad religiosa. Pero este es un principio que hay que reclamarlo y respetarlo siempre y para todos, convenga o no convenga. Católicos, marcianos, venusinos, heterosexuales y homosexuales tienen derecho legal (y a veces moral) a decir lo que piensan y fundar las instituciones que quieran con sus propios reglamentos y condiciones de ingreso, y no tienen derecho a acusarse mutuamente de discriminación ni de nada, cada uno está en derecho de ejercer su derecho a la propiedad y libertad de expresión.

O sea: los católicos tenemos pleno derecho a que se nos respete nuestras opiniones, nuestras costumbres y nuestras condiciones de ingreso porque lo que estamos defendiendo no es el derecho de los católicos en tanto tales, sino el derecho de toda persona al respecto de su intimidad personal y sus derechos de propiedad, libertad religiosa, de expresión y de libre asociación. Por lo tanto debemos defender todo ello para todos: católicos o no, porque son derechos que corresponden a todas las personas, y que los diversos lobbys, sean gays o marcianos (lobbys católicos también) no terminan de entender y vivir. Gran parte de los social issues en la Europa de hoy y en los EEUU de hoy son consecuencia de un retroceso en la noción de libertad personal. Las instituciones privadas tienen libertad religiosa y por ende ningún estado tiene derecho a imponerles algo contrario a sus creencias. Y me refiero a las instituciones privadas, no sólo las católicas.

Los católicos no terminamos de ver esta cuestión; nunca hemos defendido bien estos derechos individuales, y ahora que los lobbys gays nos pasan por encima, los defendemos “de urgencia” sin saber bien lo que estamos defendiendo. Seguimos pensando sencillamente que lo malo debe ser prohibido y que lo bueno debe ser legal; jamás entendimos el art. 19 de la Constitución Nacional, jamás entendimos la distinción de Santo Tomás entre ley humana y ley natural (es un plural retórico desde luego). Por eso nuestros argumentos pierden fuerza ante los demás estatistas, sean gays o lo que fueren. Nosotros no debemos ser un grupo de estatistas contra otro grupo; debemos ser los que siempre van a defender las libertades de todos porque ello está nuestra tradición iusnaturalista.

Pero todo ello parece estar lejos. Los que actualmente defienden a Mons. Aguer verán a este artículo como irredimiblemente “liberal”. Los homosexuales proselitistas y estatistas que se divierten de modo inmoral atacando y provocando las creencias religiosas de los  que no piensan como ellos, pensarán que este artículo es “católico, discriminador y típico de la derecha autoritaria”.

El mundo sigue por explotar en mil pedazos. El mundo financiero estatista también. Los diversos lobbys siguen reclamando a los estados sus privilegios, prebendas, y la destrucción del otro lobby. Así está el mundo. Mientras tanto los libertarios, como ya dije, no tenemos mundo, y los libertarios católicos somos considerados lo más inmundo de lo inmundo.


lunes, 23 de junio de 2014

LA PERSONA QUE JUZGA SE EQUIVOCA

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