domingo, 22 de marzo de 2015

REFLEXIONES SOBRE LA LUZ



Ya no me acuerdo qué día de la semana anterior tuve que ir a Retiro tomando el tren en Villa del Parque. Llegué a la estación y me senté a esperar el tren unos 5 minutos. Era un día soleado, relativamente templado, no había una nube y de repente casi no había muchos ruidos. La estación de Villa del Parque se convirtió repentinamente en un remanso de paz, de 5 minutos de paz. Miraba las casas, los arbolitos, la gente, protegido por una sombrita que llegaba a los nuevos asientitos ranzazzo J y mis anteojos negros que me permitían contemplar la intensa luz.

Me puse a pensar en la luz. Que si eran fotones u ondas, que cómo sería el mundo exterior visto desde Dios, sin la interfase de cómo son percibidos esos fotones por nuestro lóbulo occipital………….. Pensé además en qué importante había sido siempre la luz del sol para la humanidad, todo lo que simbolizaba, cómo nos atemoriza la noche y cómo nos sentimos protegidos por un sol moderado, por un agua moderada, excepto en los desiertos y en la inundaciones…………….

Pero de repente comparé la estación de Villa del Parque con su iluminación artificial a la noche. Era también hermosa: a la noche, iluminada, con su estilo antiguo y sus actuales modernizaciones, la estación luce realmente bella y pintoresca. Pero qué diferencia, claro, con la luz del sol. Me di cuenta porque en medio de la crisis energética algún genio había dejado todas las luces prendidas. Ni se notaban. Eran nada, sencillamente nada al lado de la luz del sol, y sin embargo a la noche no eran nada, lo eran todo…………………….

Me pregunté: nuestras conjeturas, nuestras filosofías, los conejos de un profesor, de un abuelo, de un amigo………….. Qué importantes que son a veces, qué bien que pueden hacer, pero………….. No son como la luz a la noche? No son como pequeñas luces al lado de la gran oscuridad de nuestro intelecto, con las cuales lo compensamos a él mismo de su propia ignorancia? Y, de dónde vienen esas pequeñas linternitas en nuestra mente? No serán fruto acaso de nuestra desesperación de hacer al otro algún bien, en medio de la crueldad del desierto frío y oscuro de la humanidad que fue expulsada del paraíso?

Y entonces me dije: si esas pequeñas linternitas nos pueden parecer, a veces, tanto………… Qué será la luz del sol? Qué o quién será el sol, cómo será estar sentadito allí ante su presencia? Esa pequeña paz de 5 minutos que yo había sentido, no será un adelanto de lo que ni oído oyó ni ojo vio de lo que Dios tiene reservado para los que lo aman?


Finalmente llegó el tren, todo se oscureció, de repente los ruidos, lo extraño, el cuidarse……………….. Pero quedé agradecido a Dios por su pequeño regalo. Me mostró, en la participación de las creaturas, lo que es El por esencia, la esperanza real de los pequeños niños que mientras tanto juegan a las escondidas, hacen travesuras y miran con ilusión.

domingo, 15 de marzo de 2015

UNA COSA SON LOS ESTADOS UNIDOS Y OTRA COSA SUS GOBIERNOS



No es raro que en esta cultura argentina tan autoritaria que nos rodea haya que hacer la aclaración. Me sigue sorprendiendo que ante mis críticas a diversas administraciones de los EEUU los defensores de Occidente y la libertad crean que me visitó el pajarito de Maduro.

Los EEUU son un milagro en la historia de la humanidad. Fue el único proyecto de convivencia humana organizado sobre la base, expresamente declarada y escrita, de que todos los seres humanos nacen libres e iguales e intitulados por Dios por ciertos derechos….. Que fueron los derechos individuales de la tradición liberal clásica. Esa santa espina clavada en su historia, como dijo Maritain, fue la que le permitió curar las contradicciones de su situación histórica, como la esclavitud y todo tipo de discriminación.

Pero precisamente, en la tradición norteamericana se distingue entre “estado” y administración. Por estado entienden más bien government, esto es, un conjunto de seres humanos normales que tienen a cargo la administración de bienes públicos que nada tienen que ver con las libertades individuales protegidas por la Constitución Federal. Por eso ellos dicen “this administration” para referirse a un gobierno determinado, y NO a los EEUU y sus tradiciones institucionales fundacionales. Por eso cualquier norteamericano puede disentir perfectamente con tal o cual administración y ello no tiene nada que ver con su patriotismo y su sano orgullo de pertenecer a una nación que fue organizada bajo tales criterios básicos de derecho natural judeo-cristiano.

Por lo tanto, si yo critico que tal administración haya hecho la vista gorda ante horribles aberraciones de las tropas norteamericanas de ocupación –como la vez pasada- no por ello me estoy convirtiendo en adalid de los verdaderos ideólogos autoritarios de izquierda y derecha que lo que verdaderamente odian esa ESA cultura fundante de los EEUU. Es más, si yo critico la Reserva Federal, el Welfare State, la CIA y cuantas agencias gubernamentales de Washington han subvertido el espíritu libertario de los EEUU originarios, menos aún estoy en contra de los EEUU, sino que estoy pidiendo su retorno a lo que auténticamente fue, como cualquier ciudadano de los EEUU, patriota y libertario, podría hacer.


Por lo tanto, liberales argentinos, que confunden nación, estado, gobierno y administración, sepan distinguir, y de ese modo, volver ustedes también al liberalismo, porque si no hacen esas distinciones, razonan también sobre las bases del autoritarismo argentino.

domingo, 8 de marzo de 2015

SOBRE EL RELATIVISMO DE FEYERABEND (Dedicado a todos mis amigos anti-Feyerabend de todos los partidos :-)) )

De “FEYERABEND EN SERIO* , en Studium (2002), tomo V, fasc. X, pp. 185-198.



En su diálogo platónico de 1990[1] tenemos esta autoevaluación de su pensamiento. Es la primera vez que lo vamos a citar textualmente: “Bueno, en Contra el método y más tarde en Ciencia en una sociedad libre sostuve que la ciencia era una forma de conocimiento entre muchas. Eso puede significar por lo menos dos cosas. Primera: existe una realidad que permite enfoques distintos, entre ellos el científico. Segunda: el conocimiento (verdad) es una noción relativa. En Ciencia en una sociedad libre combiné de vez en cuando ambas versiones, en Adiós a la razón utilicé la primera y rechacé la segunda”.

 Este párrafo tiene no sólo de importante su “claro” rechazo al relativismo desde Adiós a la razón[2], sino su base para el realismo: “…existe una realidad que permite enfoques distintos, entre ellos…”. Esa es una afirmación metafísicamente muy densa, que se combina con sus anteriores y posteriores evaluaciones sobre el realismo. La relación de Feyerabend con el realismo es curiosa: ya en el 64 lo prefiere al instrumentalismo, precisamente porque el realismo nos hace optar por teorías que aún no cuenten con apoyo empírico[3], y hacia el final de su vida, en el 94, en medio de conmovedoras intuiciones, afirma que “…he llegado a la conclusión de que cada cultura es en potencia todas las culturas, y que las características culturales especiales son manifestaciones intercambiables de una sola naturaleza humana”.[4] Lo cual está dicho precisamente en la parte de su autobiografía donde evalúa Tratado contra el método y su propia noción de relativismo.


Pero por qué su relación con el realismo es “curiosa”? Porque, precisamente, su lúcida conciencia de la necesidad de interpretación de los términos llamados observacionales a la luz de teorías gnoseológicamente previas a la sola observación –tema del cual ya he hablado destacando su importancia- lo conduce a una clara conciencia hermenéutica tan, pero tan enfática que es muy difícil elaborar sólo desde allí una hermenéutica realista. Este es el “peligro” que presenta la hermenéutica para cualquier tipo de realismo. Yo creo que la salida está en el mundo vital de Husserl[5], tema que daría a la cuestión de los significados cotidianos otra versión distinta de la que veía el mismo Feyerabend[6]. Pero este “olvido de Husserl” ha estancado a la filosofía de las ciencias actual en el problema de la theory-ladenness, lo cual es un capítulo más de un diálogo de sordos –que tiene también “estancada” a toda la filosofía actual- entre el postmodernismo relativista[7] y un realismo ingenuo que ignore y/o desprecie el básico tema de la interpretación[8].


Pero volvamos a Feyerabend. No le pidamos más de lo que sus propias circunstancias culturales dieron, pero pidámosle, sí, la clave de su obra. El lector dirá: y no hemos llegado a ella? En mi opinión (nada más que en mi opinión), no.

1.     La clave de Feyerabend: la ciencia como una tradición entre muchas.

El libro Adiós a la razón[9] de Feyerabend merecería todo un ensayo aparte. No puedo en este momento. Pero allí está la clave. En determinado momento (punto 4 parte I) aparece un sugestivo título, pero no nuevo: “Ciencia: una tradición entre muchas”. Allí, entre muchas otras cosas, dice: (lo colocado entre corchetes es mío): “…Los más recientes intentos[10] de revitalizar viejas tradiciones [se refiere a sus intentos], o de separar la ciencia y las instituciones relacionadas con ella de las instituciones del Estado, [se refiere también al poco leído, en mi opinión, cap. 18 de Contra el método] no son por esta razón simples síntomas de irracionalidad [obsérvese: dice que no son síntomas de irracionalidad]; son los primeros pasos de tanteo hacia una nueva ilustración [repárese en la expresión “nueva ilustración”]: los ciudadados [usted, si no ocupa ningún cargo en algún gobierno] no aceptan por más tiempo los juicios de sus expertos [usted, si ha sido nombrado funcionario del gobierno]; no siguen dando por seguro que los problemas difíciles son mejor gestionados por especialistas; hacen lo que se supone que hace la gente madura [aquí hay una imperdible nota a pie de página]: configuran sus propias mentes y actúan según las conclusiones que han logrado ellos mismos”. Pero, a qué “nueva ilustración” se refiere Feyerabend? La respuesta, diseminada a lo largo de toda la obra, se encuentra sintetizada en esa nota a pie de página: “Según Kant, la ilustración se realiza cuando la gente supera una inmadurez que ellos mismos se censuran. La ilustración del siglo XVIII hizo a la gente más madura ante las iglesias. Un instrumento esencial para conseguir esta madurez fue un mayor conocimiento del hombre y del mundo. Pero las instituciones que crearon y expandieron los conocimientos necesarios [obsérvese que no desprecia a esos conocimientos del siglo XVIII] muy pronto condujeron a una nueva especie de inmadurez. Hoy se acepta el veredicto de científicos o de otros expertos con la misma reverencia propia de débiles mentales que se reservaba antes a obispos y cardenales, y los filósofos, en lugar de criticar este proceso, intentan demostrar su “racionalidad” interna” [el entrecomillado es de Feyerabend].

Ante todo, una pregunta, una esencial pregunta para quienes piensan (como pensaba yo) que Feyerabend es el postmoderno de la ciencia: qué postmoderno cita a Kant y habla de una nueva ilustración?

Pero tratemos de entender este punto crucial. Feyerabend señala una esencial incoherencia de una “nueva especie de inmadurez”. Si antes era inmaduro no distinguir entre iglesias y estado, hoy es inmaduro no distinguir entre estado y “ciencia”. Y en ambos casos es inmaduro porque ante ambas tradiciones de pensamiento, las personas deben tomar sus propias decisiones. Eso está, en mi opinión, relacionado con la libertad de conciencia[11]. Con lo cual Feyerabend está poniendo el dedo en la llaga de una importantísima incoherencia cultural de Occidente: la imposición de la ciencia por la fuerza. Su Adiós a la razón no es a la razón como tal (que por otra parte no es sólo la razón científica) sino que es una “nueva ilustración”: adiós a la razón impuesta por la fuerza, a través de la unión estado/ciencia. Y para hacer este llamado no necesita, como hemos visto, al relativismo, sino llevar hasta sus últimas consecuencias el carácter dialógico de la verdad, donde ninguna verdad se impone por la fuerza. En esto Feyerabend fue aún más popperiano que su viejo maestro, del cual se burlaba sarcásticamente[12]. Pero es esto –la no imposición de la verdad por la fuerza- precisamente lo que Occidente se resiste a aceptar. Muy fácil mostrarse muy liberal en materia religiosa en caso de que la religión, en el fondo, no importe para nada. Los occidentales no quieren “tomar en serio” a alguien que está diciendo en serio que es incoherente sostener la libertad de religión pero, a la vez, que las matemáticas –por dar un ejemplo- sean obligatorias. No, eso es “demasiado” para nuestra tradición cultural, que se autoconsidera muy “liberal” porque inserta a otras culturas dentro de la suya propia[13].  Lo que yo pido es que pensemos en esto en serio. Feyerabend no fue el “chistoso erudito” de la ciencia. Fue una severa advertencia sobre nuestra situación cultural. No digo que para tomarlo en serio se tiene que estar de acuerdo con él. Pero sí propongo (y seriamente…) que se entienda, al menos, lo que dice; que se lo tome como una cruda ironía de nuestro tiempo, donde la salvación del alma está inmune de coacción pero nuestra libertad ante la ciencia, no. El humor no es contradictorio con la “intención de verdad” de la propuesta. Feyerabend recorrió el camino de la ciencia, y se dio cuenta de la importancia de la racionalidad humana como para ser reducida a la físico-matemática obligada y sacralizada por gobiernos.

Pero, además, hay otro motivo por el cual se evita tomar seriamente a Feyerabend. No es fácil reflexionar sobre la propia circunstancia histórica. En todo el sentido de la palabra “sobre”. Es muy fácil criticar al medievo ahora, desde nuestro tiempo. Lo que no es fácil es preguntarse el por qué de nuestra cotidianeidad. Nacemos (por qué?), nos ponen una nacionalidad, un documento (por qué?), nos dicen una historia en donde éstos son los malos y aquéllos los buenos (por qué?); que tal territorio es nuestro (por qué?); que tal cosa es científica y tal otra cosa no (por qué?)… Se me dirá: con la religión es igual. Análogamente, sí. Pero yo pregunto, a su vez: en qué mayoría de edad está usted autorizado a no enseñar el “idioma nacional” a sus niños?[14] En qué mayoría de edad está usted autorizado a no usar nunca más el documento “nacional”? Pregunto otra vez: se hizo alguna vez esas preguntas? Pregunto otra vez: por qué, posiblemente, nunca se las hizo? Pregunto otra vez: está al menos dispuesto a considerarlas en serio? No? No se extrañe luego de que sea tan difícil re-pensar la propia época… Feyerabend lo hizo. Y allí quedó. Hablando solo.

2.     Conclusión final.

Feyerabend es un perfecto ejemplo de la advertencia de Lakatos: “…el problema de la demarcación entre ciencia y pseudociencia no es un pseudoproblema para filósofos de salón, sino que tiene serias implicaciones éticas y políticas.[15]” Al denunciar la imposición de la ciencia por la fuerza, Feyerabend hizo una de las críticas más profundas de nuestra situación cultural actual. Lo que está en crisis es la noción misma del estado-nación cientificista fruto del iluminismo positivista. El proyecto de Comte triunfó y no nos hemos dado cuenta.
Pero esto no es más que la introducción a una vasta pregunta: si ese triunfo fue indebido, cuál era la alternativa?








* Este ensayo fue escrito en Abril de 2000 como homenaje a Alberto Moreno. Eso explica su introducción. Hemos puesto la fecha para aclarar también por qué falta la referecia a la última gran obra de Feyerabend, post-morte, La conquista de la abundancia [1999], Paidós, 2001. El autor agradece los comentarios que en su momento hicieran Carlos Alvarez, Ricardo Crespo, Christian Carman, Juan Francisco Franck, Jaime Nubiola, Juan José Sanguineti, Marita Grillo, Moris Polanco, Luciano Elizalde, Santiago Gelonch y Mariano Artigas.
[1] Ver Diálogos sobre el conocimiento, Cátedra, Madrid, 1991, Segundo diálogo, p. 121.
[2] Si el lector ve cierta contradicción en que el relativismo sea claramente rechazado a partir de ese título y ese ensayo, espere al final de este ensayo.
[3] En Philosophical Papers, vol. 1, op. cit., p. 201. Precisamente –aclaro yo- el realista puede suponer perfectamente que su conjetura puede ser real, aunque aún no cuente con ningún “apoyo” en ciertas corroboraciones. Eso jamás podría ser hecho por el instrumentalista: para él, las hipótesis son herramientas de predicción; luego, si la hipótesis no es corroborada en la predicción, es “inútil”. Pero, como bien demostró Popper, lo inútil del instrumentalismo es su imposibilidad de explicar el progreso científico. En todo, Feyerabend siempre permaneció más popperiano de lo que le gustaba admitir….
[4] En su autobiografía Matando el tiempo [1993-94]; Debate, Madrid, 1995; p. 144. La frase es a mi juicio tan importante, que vamos a citar el original inglés: “…I have come to the conclusion that every culture is potentially all cultures and that special culture features are changeable manifestations of a single human nature”, en Killing Time, University of Chicago Press, 1995, cap. 12, p. 152. Las itálicas son de Feyerabend.
[5] Ver Husserl, E.: The Crisis of European Sciences [1934-1937]; Northwesten University Press, 1970.
[6] Ver Límites de la ciencia, op. cit., p. 130.
[7] Ver Vattimo, G.: Más allá de la interpretación; Paidós, 1995.
[8] Ver Bunge, M.: Sistemas sociales y filosofía, Sudamericana, Buenos Aires, 1995.
[9] Op.cit.
[10] Op.cit., p. 59.
[11] Efectivamente, lo que dice Feyerabend, más que la afirmación de una autonomía absoluta de la razón, es la afirmación coherente de la libertad de conciencia, de la inmunidad de ausencia de coacción sobre la conciencia en todos los ámbitos. Pero dejemos mi interpretación cristiana de Feyerabend para otra oportunidad.
[12] No puedo probar ahora lo que voy a decir, pero en mi opinión Popper y Feyerabend nunca se entendieron. El famoso antipopperiano cap. 15 de Tratado contra el método no toca ni de cerca al Popper dialógico, que no es un segundo o tercer Popper, sino el de siempre, sólo que con énfasis o preocupaciones diversas. Como dije, no puedo desarrollar ahora este punto. Remito al lector interesado al libro de Artigas, Lógica y ética en Karl Popper, op. cit.
[13] Ver La ciencia en una sociedad libre, op. cit., p. 210.
[14] La supuesta globalización actual no es un argumento en contra de esto. Pero no puedo extenderme ahora en este punto.
[15] En La metodología… Op. cit, Introducción, p. 16.

domingo, 1 de marzo de 2015

AMOR Y RAZON EN "VIAJE A LAS ESTRELLAS", UNO (Y DOS). (En homenaje a Leonard Nimoy, el cap. XII de "Filosofía para los amantes del cine", escrito en 1991).


Nos vamos de Jutlandia, a mediados del siglo XIX, y nos vamos a una confederación interplanetaria del siglo XXIII. No hay problema: cambian las coordenadas de tiempo y espacio, pero los problemas filosóficos -esto es, los problemas humanos esenciales- permanecen.
Me gusta mucho la ciencia ficción. No sé si a tí. Pero yo me formé en una generación en la cual, siendo niños, vimos por televisión el preciso instante donde el primer hombre pisó la luna. Además, mi primera vocación fue ser astronauta. Ahora mis amigos piensan que yo, de igual modo, terminé en la luna, aunque por motivos distintos.
Pensar en una confederación de planetas tiene sus matices interesantes. En un futuro, cuya lejanía no me atrevo a predecir, es muy probable que sea así. Eso nos hace tomar perspectiva de las tonterías que seguimos haciendo en este planeta a fines de este siglo. Somos capaces de matar a otro ser humano por la "autonomía" de tal o cual región. Pero pensemos que, alguna vez, el planeta entero no será más que parte de una confederación interplanetaria asociada para la defensa común.
En "Viaje a las estrellas 1" toda la confederación recibe una señal de alerta. Una nube de naturaleza desconocida -compuesta, según las primeras conjeturas, por algún tipo de plasma energético- se acerca a la tierra a considerable velocidad. Todo lo que se le interpone es, en cierto modo, destruído. Así había pasado con tres naves del imperio Klingon y con una estación espacial de la confederación.
La confederación decide llamar al Almte. Kirk y a su antigua tripulación para que, de vuelta en el "Enterprise" investiguen y neutralicen el peligro. Así, la famosa nave intergaláctica saldrá nuevamente en una importante misión.
Mientras el Enterprise se encuentra ya en viaje (con algunos inconvenientes en su sistema de velocidad), el Sr. Spock, antiguo primer oficial de la Nave, se encuentra en su planeta, Vulcano, en una ceremonia especial para recibir el "Korinahr": una especie de símbolo del control absoluto de las emociones. Empero, Spock percibe algo e interrumpe la importante ceremonia. La recepción del Korinahr queda así truncada.
Spock se dirige hacia la nave Enterprise y pide permiso para subir a bordo. Todos sus antiguos amigos lo reciben con alegría. Empero, Spock parece frío y distante. No responde a las emociones humanas de sus amigos. Sólo informa al Almte. Jim Kirk que está enterado de la situación y que ofrece sus servicios como científico. El ofrecimiento es aceptado, si bien a todos les cuesta entender la expresión de hielo de su amigo.
La colaboración de Spock es sin embargo tan eficiente como siempre. Los problemas de velocidad de la nave son reparados y la nube se encuentra ya a corta distancia.
El encuentro del Enterprise con la nube dista de ser agradable. Sólo gracias al contacto que Spock logra establecer, se salvan de ser mortalmente dañados por extraños proyectiles. Nuestro amigos conjeturan que hay algo inteligente en el centro de la nube, en la cual se encuentran ahora encerrados. Se sienten, en cierto modo, como observados. "Curiosidad -comenta Spock-. Insaciable curiosidad".
En medio de graves problemas -por ejemplo, una tripulante del planeta Celta, la teniente Ilia, es en cierto modo absorbida por un rayo energético- Spock (movido tal vez por una similar curiosidad) sale a investigar, aunque sin que su amigo y superior, Jim, se entere. Observa asombrado que la nube ha reproducido dentro de sí misma a miles y miles de datos de diversa información sobre nuestro universo. Intenta tomar contacto con su misterioso centro. Pero su sistema nervioso sufre un colapso.
Su amigo pero también viejo contrincante, el Dr. McCoy, logra que se recupere. Todavía agotado, tiene una conversación con Kirk. Lo informa que se encuentran frente a una misteriosa inteligencia que tiene dentro de sí una enorme información sobre todo nuestro universo. Todo lo que choca con ella es convertido en información. Pero, a la vez, se pregunta: "¿es esto todo lo que soy?"
Para explicarse mejor, Spock toma el brazo de Jim. "Esto...", le dice a su amigo. "Los sentimientos... están detrás de la comprensión de V-Ger".
Finalmente, después de diversos avatares, Jim y su grupo logran que un robot programado por ese centro inteligente -robot que había tomado la forma de la teniente Ilia- los lleve hasta "V-ger", nombre con el cual ese centro se nombraba a sí mismo. Jim, Spock, McCoy y Deker observan con asombro que se encuentran frente a algo que parece ser un antiguo satélite terrestre. Jim descubre atónito que se trata del Voyager VI, lanzado por la Nasa hacia fines del siglo XX. Y ese Voyager estaba allí, bajo el nombre "V-ger", demandando encontrarse con su creador.
Nuestro amigos elaboran una conjetura explicativa. La esencia de su explicación es que el Voyager, durante su largo viaje, acumuló tanta información que tomó conciencia de sí mismo. Y ahora demandaba unirse con su creador.
Jim trata de convencer a nuestra hiperinformada computadora de que ellos mismos son su creador. Pero V-ger no lo acepta. Demanda una unión más profunda. No quiere simplemente conocer a su creador. Quiere unirse con él. Demanda, en cierto sentido, una dimensión superior de su existencia, que supere la frialdad de su solo conocimiento.
Uno de los terrestres allí presentes, el Sr. Deker, se entusiasma con una peculiar solución. Si V-ger estaba demandando una suerte de unión física con su creador, él, Deker, se uniría, en un abrazo, con la imagen robótica de la teniente Ilia. Lo hace. Y V-ger parece aceptar la unión, pues una luminosa fuente de energía comienza a rodearlos. Jim, Spock y McCoy escapan hacia el Enterprise. V-ger y su nube se subsumen en la nueva energía así liberada. La nube, en ese sentido, desaparece, y la tierra es salvada de su amenaza.
Me dirás que como película es tal vez entretenida, pero tal vez cuestiones su contenido filosófico. Bueno, eso es lo que vamos a tratar de discernir.
Ante todo, el guionista juega permanentemente con la dialéctica y contraposición entre la razón, fría, y los sentimientos y emociones, cálidos. Habría en ese sentido una contraposición entre la razón y los afectos.
Esto se observa, en primer lugar, en la figura del famoso Sr. Spock. En la tradición de su planeta, parece ser que quieren no sólo dominar, sino hasta eliminar las emociones, que perturbarían, en sí mismas, la labor de la razón. Spock trata de llegar a ese estado, dado que su parte humana -es hijo de madre humana- parece perturbar la autonomía y eficiencia de su inteligencia, que le llega vía paterna. Hay aquí dos lugares comunes: lo emocional y lo racional son contrapuestos, y lo racional es masculino y lo emocional es femenino.
La contraposición se sigue observando en V-ger. El parece estar cansado de la fría acumulación de información, y busca algo que estaría, al parecer, más allá de la razón: la calidez del afecto, la emoción intensa del contacto interpersonal afectivo. Se nos presenta además una cuestión similar a la de "Cortocircuito": V-ger parece haber tomado conciencia de sí mismo, esto es, persona, dada la enorme información que acumuló.
He aquí nuevamente planteado el tema de la personificación de los sistemas de computación. No vamos a volver sobre ello, pues creo que ha quedado claramente expresada mi opinión de que ello no es posible. De la acumulación de información a la conciencia de sí hay un salto cualitativo, no cuantitativa. Modos esencialmente distintos de ser no pueden ser conectados cuantitativamente.
La acumulación de datos es algo mecánico-físico. Primero fueron los papiros, luego los libros copiados con infinita paciencia, luego los libros impresos, ahora son los chips de una computadora. Elementos físicos sobre otros elementos físicos, absolutamente mudos en sí mismos sin una persona que los "entienda" e interprete. O sea, sin la inteligencia en el sentido propio del término, en sí misma irreductible a información físicamente acumulada, por enorme que esta sea.
En ese sentido, lo que sucede con esta nube no es una hipótesis de ciencia ficción, sino de filosofía ficción que por eso podemos analizar en cuanto a su posibilidad. Y el resultado de nuestro análisis es negativo.
Pero existe algo que también dista de ser posible: una autoconciencia sin sentimientos. Una persona sin deseos. Una razón fría sin emociones. Pero, ¿por qué no es posible?
Ante todo, para no invadir otros terrenos, no voy a introducirme en las diferencias entre emociones, sentimientos y pasiones. Hablaremos de todo ello como de una misma esfera, no idéntica, pero similar, que llamaremos esfera volitiva de la persona. Ponle el nombre que quieras: pasional, sentimental, etc.
Toda persona, conciente de su existencia, obra por fines que son bienes para sí misma. Puede equivocarse moralmente, pero siempre obra por cosas en función de lo que considera apropiado para ella. Toda persona finita obra por un bien que satisface una nececidad, relacionada siempre con la operación de sus facultades o capacidades.
O sea que toda persona está obrando por un bien para sí misma, necesariamente (aunque ese bien sea el bien de otra). El deseo, el deseo del bien, es concomitante a la conciencia de sí mismo. Una inteligencia que no desea es pues una contradicción en términos.
Es ese "deseo", justamente, lo que hace correlativa, a nuestra naturaleza racional, nuestra esfera emocional. Y, en el caso de las personas humanas, es una esfera emocional intrínsecamente unida a nuestra naturaleza corpóreo-espiritual, que abarca tanto el deseo de leer un libro como de comer si estás hambriento. Lo que ocurre es que nuestro deseo del bien pasa por el conocimiento intelectual del bien, lo cual, como ya habíamos visto, te abre a la autodeterminación de tus fines y, en ese sentido, a tu libertad interna (libre albedrío). Por eso el apetito humano por el bien es llamado voluntad.
Vistas así las cosas, las emociones surgen todas de ese deseo originario por el bien. Quieres lo que consideras bueno; eso es el amor en el sentido más genérico del término. No quieres lo que consideras malo para tí; eso es el odio, también en sentido amplio. Si el bien está presente, sientes gozo y alegría; si está ausente, sientes dolor y tristeza. Esto último está relacionado con el temor.
Por lo tanto, todas las personas sienten. Aunque a veces no querramos sentir. Y ninguna pasión o sentimiento es moralmente malo en sí mismo.
Esto es importante de explicar. Oscilamos culturalmente entre dos extremos igualmente equivocados, a mi juicio. Por un lado, parece que las pasiones y sentimientos son malos y conducen necesariamente a nuestra perdición. Por el otro, parece que todo lo que surja de tus sentimientos es necesariamente bueno y a nada malo puede conducir. Si lo "sentís", está bien. No. Ambos planteos son en mi opinión un tanto simplistas.
Creo que muchas veces te he expresado mi punto de vista sobre la moral: el bien moral es el camino que te conduce a Dios, lo cual es, al mismo tiempo, concomitante con el desarrollo de tu naturaleza humana y el logro de tu felicidad total. Y una misma pasión puede impulsarte hacia una conducta conforme a ese camino, o contraria a él. Puedes detestar y odiar a la injusticia, y eso te llevará a luchar por la justicia. Pero puedes al mismo tiempo odiar a alguien, en el sentido que quieres destruírlo (la persona injusta, tal vez?). Eso ya no es conforme con el camino a Dios.
Aquí vemos una fructífera relación entre tu razón y tus pasiones. Tu pasión te impulsa; sentirás esa fuerza, y eso está perfectamente bien, sea cual fuere el impulso. Tu razón te dirá: la conducta a la que esto me lleva (hacer esto o aquello) está bien o está mal. Y tu voluntad decidirá: lo hago, no lo hago. Ahora bien, si no fuera por el segundo paso, nuestra confusión sería total.
La razón no puede sustituir a tu voluntad. Pero puede ayudarla, estimularla. Puede ser, por ejemplo, que sea emocionalmente difícil perdonar, pero tu razón puede mostrarte con claridad que ese es el camino. Entonces, probablemente, llevado por ese convencimiento, harás un esfuerzo, tratarás de concentrarte en la persona que tienes delante, y no en el daño efectuado, y eso ayudará a que tu voluntad finalmente se decida a perdonar.
Así, lentamente, las exigencia más difíciles, emocionalmente, de nuestra vida moral -la comprensión, la tolerancia, el perdón, el amor a todas las personas, la paciencia, la perseverancia, etc- podrán ir surgiendo en nuestra conducta, no porque nos haya resultado fácil, sino porque la razón nos convenció de que ese es nuestro camino como personas, y ese convencimiento fue inundando todo nuestro ser hasta que nuestra voluntad obró de manera concomitante. No digo que siempre resulte. Pero muchas veces resulta.
La razón se encuentra así íntimamente unida a una vida emocional moralmente buena. La razón ve el camino a seguir; las pasiones son el motor; nuestra voluntad, el volante.
¿Y qué hay de emociones que se supone que no son buenas? ¿De qué modo pueden serlo? ¿Qué hay de la envidia, el rencor, el resentimiento hacia las personas? Pues que no se trata de emociones, se trata de hábitos morales malos, seguidos, claro, por el odio. Pero allí, en todo caso, hay que cambiar de objeto. Porque allí se odia a la persona como tal, lo cual implica el deseo de destruírla, lo cual es una especie de asesinato cotidiano, en cuentagotas, que llevamos a cabo constantemente (aunque después digamos "yo no mato a nadie"). Pues bien: todo ese odio, toda esa fuerza destructiva, debemos concentrarla en lo malo en cuanto tal, nunca en personas, que como tales siempre son capaces de cambiar de vida y mejorar.
Como ves, todo lo racional siente, y todo sentimiento puede ser canalizado hacia el bien, con la luz de la razón. Una persona "fría" no es que no sienta, sino que le cuesta expresar lo que siente. Lo cual es distinto.
Si la nube de la película hubiera sido realmente una persona, entonces ves que tenía sentimientos como cualquiera. Buscaba a su creador: lo amaba, se movía hacia él, y se enojaba cuando veía que no lo conseguía. Finalmente quiso tener contacto físico con él. Parece ser que recién ahí accedería a un nivel de emociones de las que antes carecía. Error. Ya las tenía. Y ese nivel emocional no estaba más allá de su razón, o superior. Era, sencillamente, concomitante.
¿Y el Sr. Spock? El guionista lo hace aparecer como una persona fría porque razona mucho. Error. ¿Qué tiene que ver? Según lo que acabamos de decir, nada. En todo caso, hay personas -razonen mucho o poco- a las cuales les cuesta expresar lo que sienten, aún en el caso de que su razón les señale que esa expresión sería sumamente conveniente.
El Sr. Spock sintió que sus amigos estaban en peligro, y quiso ayudarlos. Por más que entró a la nave hecho un bloque de hielo, esos eran sus sentimientos (aunque en un momento, Kirk y McCoy lo dudaron). Sentimientos sellados por una razón que le decía que eso estaba perfectamente bien.
Curiosamente, en Viaje a las Estrellas II, el Sr. Spock da su vida por la nave y su tripulación. El Enterprise está tratando de tomar velocidad ante la inminente explosión de una nave enemiga muy cercana a su posición. Empero, sus sistemas están dañados y el piloto, el Sr. Zulu, no puede hacer más que esperar que el ingeniero Scott arregle el problema. Pero Scott no puede hacer nada. En minutos, el Enterprise será destruído por la explosión de la otra nave.
Spock se da vuelta en su asiento y su expresión revela la toma de conciencia total de la situación. Lo veremos, con decisión, aunque sin correr, dirigirse hacia la sala de máquinas. Kirk no lo advierte. Spock va a entrar a una zona de radiación de niveles mortales para arreglar manualmente el reactor. McCoy trata de impedírselo. Spock, sin violencia, lo neutraliza. Entra a la sala del reactor y cierra el visor aislante, para que los demás no sean afectados. Arregla el reactor, con la eficiencia acostumbrada. El tablero del Sr. Zulu indica velocidad restaurada. El Enterprise acelera. Y escapa por segundos de la enorme explosión.
En la sala de comandos, Kirk está distendido. Pero entonces lo llaman de la sala de máquinas. Simplemente, le piden que vaya, y nada más, aunque en un tono muy especial. Jim ve el asiento vacío de Spock y su expresión cambia absolutamente. Se dirige como un rayo a la otra sección.
Su amigo de toda la vida, Spock, está tendido junto al reactor. La primera emoción de Jim es la audacia: trata de ayudar a su amigo herido. Scott y McCoy lo atajan y le explican que ya todo es inútil: Spock está agonizando y, además, no puede correrse el visor, so pena de afectar al resto. Ahora Jim siente tristeza, y lo expresa. Llora; una de las cosas más sanas que cualquier humano puede hacer, que una ridícula "sección" de nuestra cultura reserva al sexo femenino.
Spock ve a su amigo y le quedan todavía suficientes fuerzas como para ponerse más o menos de pie y arreglarse en parte su uniforme. Un respeto mandando por su conciencia, hacia su amigo, que él había decidido seguir y obedecer. Una relación de mando y obediencia moralmente correcta.
Almirante y Primer Oficial, amigos ambos, tienen un diálogo final.
- Spock...!
- Jim... La nave, fuera de peligro?
- Si...
- No te apenes, Almirante. Es lógico...
Y, después, agrega:
- Siempre he sido... Y siempre seré... Tu amigo.
En el funeral, el Almte. Jim Kirk dice unas palabras para despedirlo.
"De mi amigo, sólo diré... De todas las almas que encontré en mis viajes, la suya fue la más..., la más...

humana".

https://www.youtube.com/watch?v=eVIt0DYKssI 

domingo, 22 de febrero de 2015

SOBRE EL MULTICULTURALISMO Y EL TEMA DEL ISLAM


La historia de la humanidad es, en gran parte, la historia de las guerras. Las más crueles y terribles guerras, intra-culturales, inter-culturales, cuando la conquista y la invasión eran la forma habitual de pensar. Pero, ¿por qué digo “eran”?

Es verdad, ese tiempo verbal no tiene casi razón de ser. Para colmo, grandes filósofos se encargaron de entronizar la guerra. Para Platón –a pesar de su sagacidad metafísica- los guerreros eran lo segundo más importante de la vida social; los comerciantes eran lo peor de lo peor y por eso podían tener propiedad. Para Aristóteles la autarquía era la vida plena de la polys, y aún hoy muchos filósofos de la economía creen que redescubrir a Aristóteles es una gran novedad, sobre todo para criticar al pérfido liberalismo económico. Los llamados sofistas vislumbraron una sociedad internacional, pacífica, pero quedaron sepultados por el cap. 1 de la Metafísica de Aristóteles. La patrística y la escolástica en general, a pesar de su gran genialidad, no salió en estos temas del comentario a los griegos y, cuando la segunda escolástica descubrió al mercado, quedó sepultada casi inmediátamente en el olvido. El único Papa que nombró una sola vez en un solo discurso a la 2da escolástica fue Pío XII. Y adiós.

Hobbes convenció luego a casi todos no sólo que el hombre es el lobo del hombre –lo cual casi podría tener fundamentos bíblicos- sino de que ESO es la política y NADA MÁS que eso y que el PROGRESO del hombre se basa en ESO. La izquierda hegeliana, con Marx a la cabeza, convenció a casi todos de que el comercio es una vil explotación, de que la lucha de clases es la dialéctica de la historia y los más pacíficos –la escuela de Frankfurt- se retiraron sencillamente a contemplar la dialéctica intrínseca de la razón occidental.

Mientras tanto el comercio siempre trataba de abrirse paso pero, ¿qué pudieron lograr frente a espadas, generales, muros e intra-muros? Muy poco, sobre todo cuando sus protagonistas eran mirados como cobardes, avaros, miserables y materialistas, como la escoria de la humanidad al lado de la altivez de la milicia, orgullosa de su valentía, honor y, por supuesto, asesinatos por doquier, en nombre del honor, claro.

En ese sentido, cada vez me convenzo más de que el surgimiento de un ideal liberal de paz y de comercio fue un milagro. Sus pensadores sufren aún la denostación permanente de los que se dicen pacíficos pero no logran entender nada de la función civilizadora del comercio. Así, la segunda escolástica, los iluministas escoceses, los fisiócratas y los liberales clásicos franceses y alemanes, y los anglosajones que finalmente sedimentaron en los constitucionalistas norteamericanos, intentaron convencer al mundo de un mundo de poderes limitados, de derechos individuales para todos, de comercio libre y en paz, pero no lo lograron. Ellos fueron al mundo y el mundo no los reconoció, y aún hoy son y somos crucificados bajo el escarnio de una opinión pública mundial que nos considera la causa de la pobreza y los defensores de la explotación, de la economía que mata, del capitalismo de la exclusión y de unas cuantas genialidades más.

Pero hubo más cosas imperdonables. Mises y Hayek –de quienes varios “amigos” me aconsejan no hablar más- fueron casi los únicos pensadores que vieron con claridad la función civilizadora del comercio. No es una cuestión de economía, sino de encuentro cultural y de base social. El comercio no nace de la cobardía, sino de un leve acto de comprensión intelectual por el cual se advierten las ventajas de bajar las armas y encontrarse para mutuo beneficio. El comercio no tiene muros, sino puentes por donde cruzan no sólo las mercancías, sino usos, costumbres, letras, música, amores, mundo de la vida (Husserl), en síntesis. Dedicaron toda su obra a demostrarlo. Pero no, al igual que Freud, a quien aún casi nadie perdona haber destapado la olla de nuestra oculta sexualidad, a ellos nadie les perdona haber destapado la estupidez total y completa del tótem erigido a las glorias militares y a la historia de tiranos, emperadores, dictadores y dictadorzuelos, uno más imbécil que el otro.

Pero el segundo pecado imperdonable es que los constitucionalistas norteamericanos –sí, los “yanquis”, qué horror- fueron capaces de generar el clima intelectual por el cual, increíblemente, se escribieron estas palabras: “…todos los hombres nacen creados  libres e iguales por Dios e intitulados de ciertos derechos, a saber…..”. Si, un milagro. En medio de los hombres que se creen dioses, unos sencillos abogados (no como varios de mis vanidosos y altivos colegas, los filósofos) se atrevieron a decir lo contrario. Que Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza y que de ello derivan sus derechos, los límites al poder y la consiguiente vida en la paz del comercio, en la paciencia del granjero, en la eficiencia del comerciante, en la creatividad del emprendedor, de los cuales han salido todos los escritorios y las plumas con las cuales los supuestamente superiores –los filósofos- han escrito cuanto disparate se les ha ocurrido en contra de todo ello. Eso sí: en un lenguaje tan difícil y con una erudición tal que parecía ser verdad.

¿Pero de dónde salió ese milagro? De un milagro propiamente dicho: el judeo-cristianismo. Occidente no es una cultura cerrada en sí misma. Es el encuentro entre la razón griega, el derecho romano y el judeo-cristianismo, pero este último no es sólo la tercera pata de la mesa, sino lo que integró y dio nueva forma a lo anterior. Porque hay en él una idea que antes hubiera sido inconcebible: la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. ESO fue lo que finalmente sedimentó en la Declaración de Independencia de los EEUU, para espanto y furia de todos los que la siguen denostando.

Porque ESA declaración incluye –no excluye- a todas las culturas. Porque todos son personas. Por todas las personas, de la cultura que fuere, tienen la misma dignidad y los mismos derechos. Y la misma “razón”, a pesar de que el discurso post-moderno ha convencido a todos de que todas las culturas son “pequeños relatos” sin comunicación el uno con el otro, excepto, claro, cuando se trata de imponer el post-modernismo como lo políticamente correcto. No, no son las culturas las que tienen derechos, no son los pueblos originarios ni los aplastados por los pueblos originarios los que tienen derechos: son las personas las que tienen derechos, y ello cobró vida en el marco institucional que ha sido fruto de la cultura occidental.

Por lo tanto, si hoy un chino, un hindú, un tolteca o un marciano tienen derechos, es porque la cultura occidental lo ha recordado; es porque han tenido suerte, porque si fuera por sus propias culturas no tendrían ninguna declaración de derechos humanos donde apoyarse. Toda vez que individuos de una culttura no occidental han reclamado el respeto a sus derechos individuales, lo han hecho por el valor político básico de la cultura occidental: la persona y su dignidad, valor que incluye uiversalmente a todas las culturas. 

Sí, es posible una nación pluricultural porque el liberalismo político, totalmente occidental, fue posible. Si, fue posible que los EEUU fueran una nación de inmigrantes precisamente porque eran los EEUU, y fue posible que la Argentina fuera una nación pluricultural de inmigrantes porque FUE un intento fallido de imitación de los EEUU. Pero que los habitantes de diversas culturas vivan en paz sólo es posible cuando se integran a algo que, quieran o no, es occidental y universal a la vez: el respeto a los derechos de todo individuo, incluso a los individuos de su propia cultura.


Pueden no integrarse a ese valor universal. Pero en ese caso, el resultado es uno solo: serán delincuentes en todo el universo.