domingo, 11 de noviembre de 2018

EL PROBLEMA DE LAS CONFERENCIAS DE PRENSA DE DONALD TRUMP.



Si van a pensar que me creo que Jim Acosta es el bueno y Trump el malo, no, obvio que no. Por supuesto que la CNN y en general toda la prensa izquierdista norteamericana es culpable de las acusaciones que les hace Trump. Escondiéndose detrás de facts inexistentes, son los portavoces de toda la agenda política demócrata. Eso no está mal, excepto porque se presentan, como dije, como expositores de “hechos”. Y por supuesto que mienten. Mienten a más no poder, y además son los campeones de los dobles estándares. Obama podía hacer todas las tropelías habidas y por haber pero, por supuesto, silencio. Además se han vuelto agresivos, irrespetuosos y defensores de los ataques cuasi-kirchneristas que están sufriendo todos los miembros del gabinete de Trump y los periodistas, artistas, intelectuales y deportistas que se atrevan a defenderlo.

Dicho lo cual, Trump está desaprovechando una oportunidad histórica. Eso es inevitable, su psicología no da para lo contrario. Pero aprendamos del caso. Una conferencia de prensa, con audiencia mundial, y con repetición ad infinitum por todos los medios de internet, es una ocasión de privilegio para educar, para enseñar, para responder y refutar con altura, para explicar el sentido de una agenda de gobierno que no tenga que ver con la political correctness habitual. ¿Qué importa que un periodista quiera hacerte enojar? Obvio que lo hará. Pero esa es la oportunidad de hacer Aikido lingüístico y aprovechar la fuerza agresiva del otro para convertirla en una oportunidad de liderazgo de alto nivel. Para responder con una sonrisa que entiende perfectamente desde dónde está formulada la pregunta o agresión, y responder y explicar por qué ese horizonte está equivocado y desde dónde se fundamenta la verdad de lo que al otro le parece un horror. Para exponer los dobles estándares del que pregunta con ejemplos sencillos sin utilizar la misma agresión lingüística del otro. Para aprovechar toda oportunidad de comunicación en una enseñanza mundial de la necesidad de volver a los founding fathers de la única nación que fue, y esperemos que vuelva a ser,  que nace con los derechos individuales como pacto político esencial.

Pero al no hacer todo ello, Trump no construye liderazgo, lo pierde. Obama la tenía fácil porque, con su gran charming, que no era poco, decía además lo que casi todos querían oír. Trump en cambio tiene todo en contra. Pero el problema es que tiene en contra a sí mismo y a su propio temperamento.

No sabemos qué pasará en la gran nación americana. No creo que resista este intento de freno a los disvalores left y al deep state en que se convirtió los EEUU. Pero si dentro de unos años Bernie Sanders es presidente y Alexandria Ocasio-Cortez, oh Dios mío,  su secretaria de Estado, espero que los republicanos aprendan que, si aún queda algo para salvar, necesitan un estadista cuyos juegos de lenguaje estén a la altura de lo que la difícil circunstancia demanda. Trump ganó porque no tenía la sonrisa dibujada y las mentiras habituales de los republicanos de siempre. Pero la misma sinceridad que lo hizo triunfar, lo hará caer. Ahora se necesita sinceridad, pero no con Katare, sino con Aikido.  Pero ningún dirigente republicano la tiene. De un lado están las masas y sus autoritarismos de siempre. Para eso hay miles de políticos disponibles. Del otro lado es la auténtica resistencia, en la cual las masas deben ser re-educadas. Y para eso se necesita un estadista. La gran nación americana tuvo un orden constitucional precisamente para que los estadistas no fueran necesarios. Pero ahora el deep Estate se pasó a esa Constitución por encima. Los republicanos tienen que ser conscientes de todo esto. Tienen que pensar más. Tienen que saber qué realmente sucede y qué tipo de líder necesitan. Es la única esperanza.

domingo, 4 de noviembre de 2018

PACTO POLÍTICO E INMIGRACIÓN.



Una caravana de miles de personas se dirige a los EEUU (¡qué raro!!! ¿Por qué no van a Venezuela??). Sí, seguramente ha sido manipulada y politizada. Por aquellos que, seguramente, no tienen necesidad de emigrar hacia ninguna parte.

Todos están criticando a Trump porque “no los va a dejar entrar” (como si no hubiera leyes que estén por encima de él). Pero me pregunto quién tiene autoridad moral para criticar a Trump. Me pregunto quiénes eliminarían todas las fronteras, todas las aduanas, todos los aranceles, para sus propios países. ¿Quiénes?

El que no quiera aduanas para su propio país, el que no quiera pasaportes y etc. para que otros entren a su propio país, que arroje la primera piedra.

Bien, déjenme entonces encontrar una buena piedra.

Pero entonces, vos y los demás liberales y libertarios, ¿están locos?

Sí, claro, somos liberales, obvio que estamos locos, pero en este caso analicemos esta locura específica.

¿Cómo debe haber libre emigración e inmigración de capitales y de personas? Sí, porque ello se llama libertades individuales y libre comercio.

¿Y la propiedad? ¿Puede entrar cualquiera a la propiedad de otro? No, claro. Pero mientras haya estados nacionales con caminos, puertos y aeropuertos como bienes públicos estatales, eso no es así.
¿Y si alguien quiere entrar a cometer delitos? Bueno, eso no se puede saber hasta que se lo cometa, pero si tiene antecedentes penales en otro país, se le puede pedir una visa.

Y si viene de una nación cuyo gobierno ha cometido actos terroristas contra el nuestro, se le puede pedir una visa.

El problema es que gran parte de los inmigrantes actuales no se sienten individuos que van a entrar a un Estado de Derecho donde se supone que va a trabajar y a ejercer en paz sus libertades individuales. Porque ESE es el pacto político que posibilitó la inmigración masiva a la Argentina y a EEUU en siglos anteriores. Ahora ese pacto político, parece que se ha perdido. Por algún motivo difícil de discernir, ahora entran masas de individuos que se sienten parte de un colectivo, con sus propias normas, que no están dispuestas a respetar el Estado de Derecho del país al que ingresan. Tal vez sean masas bien manejadas. Tal vez sean masas de gente que huyen desesperadas sin saber lo que es el Estado de Derecho del lugar a donde van.

La cuestión es que donde van, habitualmente, hay una redistribución de ingresos a nivel nacional. Parece que algo hizo creer a nacionales y extranjeros que puede haber medicina, salud, vivienda y etc. gratis para todos. A donde van, hay sindicatos que prohíben el ingreso de trabajadores extranjeros, porque algo hizo creer, a nacionales y extranjeros, que si no es así los cerdos capitalistas explotan a los pobres trabajadores. A donde van, si no tienes los títulos oficiales educativos de ese país en cuestión, no puedes trabajar, porque algo convenció a todo el mundo de que el estado certifica quién es apto para el mercado y quién no. O sea, los inmigrantes buscan entrar a un paraíso estatista, que se ha desarrollado “a pesar de” los capitales privados que sostienen a este estado pseudo-providente.

Me pregunto qué pasaría si miles y miles de inmigrantes entraran a una nación donde no hubiera seguros sociales estatales y obligatorios.  Donde no hubiera sindicatos con poderes coactivos. Donde a nadie le sería requerido un certificado estatal de sus habilidades. Donde todos pudieran educar a sus hijos según sus convicciones, y hablar y vivir según sus convicciones, pero que se dieran cuenta que si sus convicciones son violar las libertades de los otros, que estarán fuera más rápido de lo que entraron. Donde los ciudadanos pudieran ejercer libremente su derecho a la legítima defensa. Me pregunto qué pasaría. Me pregunto si en ese caso el pacto político no se re-instauraría de modo espontáneo. Sólo me lo pregunto.


Mientras tanto, qué hermoso que un lamentable desierto como la Argentina fuera un lugar así. Para poder decir a esas miles de personas: vengan para acá. No los espera el estado, sino sólo el Estado de Derecho, que es otra cosa. Sólo con eso pueblen la Patagonia, el noreste, el noroeste, y todos los desiertos que constituyen este desperdiciado territorio. Recursos naturales en abundancia, casi sin terremotos, tifones, tornados o tsunamis. Sólo gente que quiera trabajar en paz y un Estado de Derecho liberal. Ya fue posible. Parece que ahora ya no. Parece que ahora ya fue. Ya no hay gente. Sólo quedan gobernantes. Sólo quedan sus esclavos. 


domingo, 28 de octubre de 2018

DE VUELTA LOS LIBERALES O LO QUE FUERE EXCOMULGÁNDOSE ENTRE ELLOS.



Nunca me voy a olvidar del Partido Liberal Republicano que se intentó formar allá por 1984/85 como opción ante la “intervencionista” UCEDE. Eran no más de 10 que se reunían en la inolvidable escuelita de Sánchez Sañudo. Se terminaron disolviendo porque se pelearon por el Patrón Oro.

Las circunstancias mundiales, ahora, han cambiado, y han surgido temas y problemas que multiplican las divisiones.

Ya hablé varias veces de esto; en una de esas oportunidades distinguí entre tres grandes corrientes: la neo-kantiana (Mises, Hayek, Popper), la neo-aristotélica (Rothbard, Ayn Rand) la iusnaturalista clásica (escolásticos, liberales católicos del s. XIX, Novak, Sirico, Liggio, Chafuén, etc.), y en general la gente del Acton Institute.

Las tres tienen diferencias filosóficas importantes y es utópico pensar que las van a superar, aunque obviamente durante mucho tiempo pudimos trabajar juntos en muchas cosas.

Ahora hay dos circunstancias que han cambiado esa paz transitoria.

Primero el tema del lobby LGBT. Los más iusnaturalistas (y NO me refiero ahora al Acton Institute) insisten en el error conceptual de la ideología del género, que va contra la ley natural, etc., y se enfrentan por ende con el escepticismo de los neokantianos y los neoaristotélicos en esos ámbitos, que defienden a la homosexualidad, al transexualismo y etc. como opciones morales legítimas en tanto, por supuesto, no atenten contra derechos de terceros. Y se matan por eso.

Los dos grupos no se dan cuenta de la importancia de su coincidencia en “en tanto no atenten contra derechos de terceros”. Porque ninguno de ellos afirma que el estado deba imponer leyes que coactivamente obliguen a hablar de un modo determinado, a contratar de un modo determinado, a enseñar de un modo determinado. ESA coincidencia en la libertad individual es la clave en estos momentos. La defensa de las libertades de expresión, religiosa, de propiedad, de asociación. Suponer que nos vamos a poner de acuerdo en el tema de la ley natural es vano. Y por ende podemos trabajar juntos, porque el lobby LGBT se llama lobby precisamente porque sus pretensiones son totalitarias: que todos hablamos con lenguaje neutro so pena de ir presos, que nadie pueda hablar libremente de sus convicciones en materia sexual sin ir preso, que nadie dentro de su institución pueda hacer o decir cosas que NO coincidan con la ideología del género sin ir preso, etc. Y con ESE totalitarismo, ¿hay algún liberal clásico o libertario que coincida? Me resultaría extraño, por más que sus fuentes sean Santo Tomás, Kant, Ayn Rand o el Sr. Spock.

Otro tema sobre el cual nos hemos peleado mucho últimamente, sobre todo en Argentina, es el aborto. Pero que casi ningún liberal clásico era abiertamente anti-abortista ya lo sabíamos hace milenios y no había problema. Todos los rothbards-boys estaban a favor y los Mises y Hayek-boys dudaban. Y la despenalización ya regía en Argentina, en dos casos, hace décadas. Y que de hecho ninguna mujer iba presa por abortar ya lo sabíamos todos hace mucho y nadie se peleaba. El problema fue que la ley presentada fue una ley que obligaba a todos los institutos estatales y privados a realizar el aborto, y sin ningún tipo de objeción de conciencia institucional. Muchos liberales argentinos miraron para otro lado, y fue allí cuando yo mismo les advertí: cuidado, eso sí que no es liberal, no tenés que ser un Juan Pablo II fan para estar en contra de ello. Ese es el problema y allí sí, de hecho, los liberales deberíamos haber presentado un frente claramente unido y no fue así. Fue preocupante.

Otro tema es el ascenso al poder de líderes “de derecha” que obviamente no son liberales pero que ponen un freno evidente al socialismo del s. XXI, al totalitarismo del lobby LGBT y a algunas otras cosas bonitas. Allí de vuelta nos estamos peleando todos porque no sabemos mucho de la realpolitik o del mal menor. Ningún liberal que yo sepa defiende a XX en tanto XX sino porque es una opción mejor ante los Clinton, los Obama, los Lula, los Kirchner, etc. O sea, en los duros momentos de las difíciles opciones en el mundo real, nadie “apoya” al mal menor en cuanto mal, sino como estrategia para que el mal mayor no avance, y además es importante denunciar siempre los dobles estándares hipócritas de la izquierda. Ello debe hacer con prudencia, obviamente. Si se hace acaloradamente y descalificando al otro o excomulgando a alguien porque piense que en cuanto mal menor Trump es mejor que Hilary, entonces estamos en problemas.

Ciertos principios son también importantes. Violaciones del Estado de Derecho, de libertades individuales, incluso cierto lenguaje agresivo e insultante, no debemos admitirlas ni siquiera al mal menor o al bien menor. Cuidado porque entonces es verdad que un fascista es un liberal asustado. Incluso en esos momentos nos debemos perdonar los sustos, pero el miedo no convierte en justo lo que es radicalmente injusto.


Finalmente, se extraña en todos nosotros, últimamente, cierta delicadeza en las formas, el apreciarnos como somos, el perdonarnos, el aceptar nuestras falencias, y se extraña una buena formación filosófica, hermenéutica y epistemológica, que bajaría los decibeles de muchas discusiones. Debates tales como si fulano no es un “verdadero” liberal porque es un free banking, o que tal interpretación de Mises es la “verdadera” y el que no se da cuenta es un imbécil, y así ad infinitum, lo que revela es que nuestra calidad intelectual y moral ha caído. Son como los debates cuasi-religosos de los grupos que surgen a partir de un “fundador”: cuál es el verdadero pensamiento del fundador, quiénes son los verdaderos intérpretes del fundador, cuáles son los textos canónicos del fundador, etc. Son debates que no existirían con un mínimo training en historia de la filosofía, epistemología y hermenéutica. Cuidado, gente, los liberales no podemos salir al ruedo de la batalla de estos días por haber leído un librito y por fanatizarnos, como si no hubiéramos salido de los 15 años. Un poco más de estudio, un poco más de bondad, tolerancia y perdón, un poco menos de neurosis obsesivas y pensamiento monotemático, un poco menos de sentirse pontífices máximos y excomulgantes, son todas cosas necesarias para los nuevos liderazgos que necesitamos. No son cosas que se aprenden en un curso. Son fruto de una terapia, por un lado, y de una conversión del corazón, por el otro.

domingo, 21 de octubre de 2018

DIOS, LA PROVIDENCIA.



Del libro “Existencia humana y misterio de Dios” (Unsta, Tucumán, 2008).

Finalmente, el Dios que es la vocación universal, el sentido último y el creador de toda existencia, la libertad, la esperanza y el hogar más profundo, es un Dios que da sentido a todo sufrimiento. No elimina el sufrimiento, mientras estamos en camino hacia El, sino que le da pleno sentido.
Hay varios modos de entenderlo.
Ante todo hay que salir del tiempo humano.
Dios no “sabía” que esto “te iba” a suceder. Dios sabe lo que te está sucediendo. Tu tiempo, el tiempo humano, es como un círculo que recorres. El está fuera del círculo: El es como el centro del círculo, un punto, como un ojo infinito que todo lo creo y todo lo recorre con su mirada. Santo Tomás dice siempre que Dios está fuera del tiempo humano. El ejemplo del círculo es de él: “…Cuius exemplum utcumque in circulo est videre: (cuyo ejemplo se ve por el círculo) punctum enim in circumferentia signatum, etsi indivisibile sit, (pues un punto determinado de la circunferencia, aunque sea indivible….) non tamen cuilibet puncto alii secundum situm coexistit simul, (no co-existe sin embargo, simultáneamente, con cualquier otro punto por su posición) ordo enim situs continuitatem circumferentiae facit; (pues el orden de la circunferencia se produce por la continuidad de sus posiciones); centrum vero, quod est extra circumferentiam, (pero el centro, que está fuera de la circunferencia) ad quodlibet punctum in circumferentia signatum directe oppositionem habet (está opuesto directamente a cualquier punto determinado de la circunferencia). Quicquid igitur in quacumque parte temporis est, coexistit aeterno quasi praesens eidem: etsi respectu alterius partis temporis sit praeteritum vel futurum (por lo tanto todo lo que es en cualquier sector del tiempo, es con lo eterno como presente, aunque respecto a otra parte del tiempo sea pasado o futuro). Aeterno autem non potest aliquid praesentialiter coexistere nisi toti: (pero ante lo eterno nada puede estar presencialmente sino totalmente), quia successionis durationem non habet (porque no hay duración sucesiva).. Quicquid igitur per totum decursum temporis agitur, (por ende cualquier cosa que sea en todo el transcurrir del tiempo) divinus intellectus in tota sua aeternitate intuetur quasi praesens. (el intelecto divino lo tiene (lo intuye) en su eternidad como presente.  Nec tamen quod quadam parte temporis agitur, semper fuit existens. (Pero lo que está en una determinada parte del tiempo no siempre fue existente).  Relinquitur igitur quod eorum quae secundum decursum temporis nondum sunt, Deus notitiam habet. (De lo cual se infiere que Dios conoce lo que según el transcurso del tiempo aún no es)[1].
Esto es: “…cuyo ejemplo se ve por el círculo: pues un punto determinado de la circunferencia, aunque sea indivisible, no co-existe, sin embargo, simultáneamente, con cualquier otro punto, por su posición, pues el orden de la circunferencia se produce por la continuidad de sus posiciones. Pero el centro, que está fuera de la circunferencia, está opuesto directamente a cualquier punto determinado de la circunferencia. Por lo tanto todo lo que es en cualquier sector del tiempo, es con lo eterno como presente, aunque respecto a otra parte del tiempo sea pasado o futuro. Pero ante lo eterno nada puede estar presencialmente sino totalmente, porque no hay duración sucesiva. Por ende cualquier cosa que sea en todo el transcurrir del tiempo, el intelecto divino lo tiene, lo ve, en su eternidad, como presente. Pero lo que está en una determinada parte del tiempo no siempre fue existente, de lo cual se infiere que Dios conoce lo que, según el transcurso del tiempo, aún no es”.
O sea: si el tiempo en lo finito es como un círculo, y Dios es un centro infinito que ve todo el círculo, al mismo tiempo que lo crea…. Entonces para Dios lo pasado no fue, sino que es desde su centro, y lo futuro no será, sino que es desde su centro. Por eso puedes rezar por los que “fueron” porque para Dios “son”[2].
Dios no sabe, por ende, lo que te ocurrió u ocurrirá, sino lo que está ocurriendo. ¿Y si te está ocurriendo algo “malo”? Entonces está permitido, tolerado por Dios. Tolerar es permitir en función de un bien mayor. Pero mientras que la tolerancia humana es falible, la divina es infalible. Porque:
a)      Dios es Dios;
b)      Si Dios es Dios, no puede querer el mal, esto es, no puede pecar.
c)       Si Dios no puede querer el mal, entonces lo tolera por un bien mayor.
d)      Esa tolerancia es infalible, porque es divina.
Todo mal implica por ende un plan divino conocido por Dios pero desconocido por nosotros.
Por eso dice también Santo Tomás, objetándose a sí mismo:
Videtur quod Deus non sit. (Parece que no hay Dios). Quia si unum contrariorum fuerit infinitum, totaliter destruetur aliud. (Porque su hubiera algo infinito, destruye totalmente a su contrario). Sed hoc intelligitur in hoc nomine Deus, scilicet quod sit quoddam bonum infinitum. (E infinito se entiende por este nombre, “Dios”, en cuanto que es el Bien Infnito). Si ergo Deus esset, nullum malum inveniretur. (Si hubiera Dios, no habría por ende ningún mal).  Invenitur autem malum in mundo. (Pero se da el mal en el mundo). Ergo Deus non est. (Luego no hay Dios)[3].
Santo Tomás recoge de este modo nuestra manera habitual de pensar. Se me murió un amigo, luego no hay Dios. Asesinaron a un vecino, luego no hay Dios. Hay mal, hay pecado, hay sufrimiento, luego no hay Dios.
Pero conforme a lo que hemos visto, Santo Tomás contesta:
Ad primum ergo dicendum quod, sicut dicit Augustinus in Enchiridio (a lo primero debe decirse que, según dice San Agustín….), Deus, cum sit summe bonus, (siendo Dios el sumo bien…) nullo modo sineret aliquid mali esse in operibus suis, (no permitiría nada malo en sus obras…)  nisi esset adeo omnipotens et bonus (si no fuere omnipotentemente bondadoso…), ut bene faceret etiam de malo (para sacar el bien del mal). Hoc ergo ad infinitam Dei bonitatem pertinet, ut esse permittat mala, et ex eis eliciat bona (Por ende pertenece a su bondad infinita permitir el mal y de él obtener un bien)[4].
¿Queremos un ejemplo?
¿Cuál es el mayor mal que hubo en la historia?
El asesinato de Cristo.
Acompañado de otros males:
La traición: “No conozco a ese hombre”[5].
El insulto, la burla, el escarnio: “Sálvate a tí mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la Cruz”[6].
El dolor supremo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”[7].
¿Y todo ello, por qué?
Precisamente por el per-dón, por el Dios de la esperanza, el Dios de Israel de la Nueva Alianza.
En el Dios que es creación, en el Dios que es redención, en el Dios que es sentido, en el Dios que es hogar, libertad, esperanza… Está el sentido del sufrimiento y el sentido de la relación Dios-ser humano. Pero ningún sufrimiento puede anular el gozo creciente del habitar progresivo de Dios en ti, hasta que la vida sea el eterno estar en Dios donde se consumará el matrimonio con El[8].
Ya va cesando nuestro humano discurso.
Siempre habrá algo que decir, porque siempre, por amor, hay que hablar de Dios.
Pero el hablar de Dios tiene el límite de la finitud de nuestro lenguaje, y por eso, cuando te hablen de Dios, y cuando hables con Dios, deja que El te hable.
Ya va cayendo la noche sobre el lenguaje
Ya te acercas a la luz del misterio de Dios
Deja que El penetre tu sentido
Deja que El habite en tu interior.




[1] CG I, 66.
[2] CG, III, 95/96.
[3] ST I Q 2 a. 3 1ra ob.
[4] ST I Q. 2, a. 3 ad 1.
[5] Mateo, 26, 74.
[6] Mateo, 27, 40.
[7] Mateo, 27, 46.
[8] “Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
Acaba ya si quieres;
Rompe la tela deste dulce encuentro”. San Juan de la Cruz, primer estrofa de Llama de amor viva.

domingo, 14 de octubre de 2018

COMENTARIO AL LIBRO DE RICARDO ROJAS SOBRE AYN RAND.





La lectura del libro Realidad, Razón y Egoísmo, de Ricardo Rojas (Unión Editorial, Grupo Unión, Buenos Aires, 2012) me hizo repensar varias cosas sobre Ayn Rand y el objetivismo.

Cabe confesar que mi primer contacto con ellos, hace ya muchos años, no fue bueno. Me pareció una secta fanática que afirmaba al ateísmo como condición necesaria para ser liberal, con modos muy autoritarios, y responsabilicé de todo ello a la misma Ayn Rand. La distancia que a su vez mantenían con ella personas tan importantes en mi vida, como Ezequiel Gallo y Juan Carlos Cachanosky, me ratificaron en esa posición durante muchos años. Aunque, gracias a Dios, nunca ataqué públicamente a Ayn Rand. Y el debate con verdaderos autoritarios, de izquierda, derecha, arriba y abajo, me conducían cada vez más a sentirme muy cómodo con mis amigos randianos. Con dos de ellos en particular, Warren Oubaugh y Ricardo Rojas, tuve muchas conversaciones que me llevaban siempre a esta conclusión: si Ayn Rand dice las cosas que tú dices que dice, entonces todo es muy distinto…

Así las cosas, leí hace poco, con cierto retraso, el referido libro de Ricardo Rojas.

Toda la parte metafísica y epistemológica, viniendo yo del tomismo, no presenta mayores problemas, más allá de los que ya tengo con los tomistas en general (o sea, actualmente soy más fenomenólogo que aristotélico) pero ello no afecta al pensamiento de Ayn Rand.

Pero analicemos ahora otros aspectos que tiene que ver con la ética y el sentido de la vida.

Con respecto a la vida como valor supremo (p. 165) obviamente para Santo Tomás el valor supremo es Dios, pero no creo que ello obste en absoluto a defender la propia vida y los medios necesarios para la existencia, como hace el famoso Matt Damon en la película El Marciano, no de causalidad la peli favorita de María Marty. Un astronauta creyente-tomista hubiera hecho lo mismo que él. Hubiera rezado, sí, pero habría razonado y trabajado todo lo necesario para sobrevivir. Por lo demás, es verdad que los cristianos pensamos que somos administradores, y no dueños, de los dones recibidos por Dios, pero eso es así en el plano teológico. En el plano jurídico-humano somos totalmente propietarios de nuestra persona, ante otros seres humanos, y por ende el principio de no agresión aplica perfectamente.

Con respecto al famoso tema del egoísmo y el altruismo (cap. 7): si por egoísmo se entiende el axioma praxeológico central, ¿cuál es el problema? Yo mismo lo he fundamentado en Santo Tomás de Aquino. La esencia del cristianismo consiste, además, en hacer algo por el otro y no por uno mismo como fin directamente intentado, pero aún así, ello redunda en un perfeccionamiento de nuestra propia persona, con lo cual el axioma praxeológico se sigue cumpliendo. Por egoísmo los cristianos entendemos lo contrario a la parábola del buen samaritano. Y no creo que haya nada en esa parábola contraria al axioma praxeológico central. El sacrificio, por lo demás, consiste en dar nuestra vida por otra persona que vale igual que nosotros, no por un dis-valor. Y para el cristiano todas las personas valen lo mismo, por ser creadas por Dios, y por ende no hay nada irracional en el sacrificio. La caridad, por lo demás, es precisamente lo que hace el buen samaritano, y Warren mismo me dijo que el problema de Ayn Rand no es con la palabra caridad, sino con altruismo, como una negación del propio ser que obviamente es imposible. En el libro de Ricardo, caridad aparece como benevolencia, y destaca que es obviamente voluntaria. Aclaración que los católicos liberales hacemos permanentemente aunque los demás católicos nos quieran matar por ello… Por ende tenemos en todos estos términos una cuestión de términos que, una vez aclarada, diluye los problemas y todo consiste en respetar tranquilamente las tradiciones terminológicas una vez hechas las aclaraciones correspondientes.

Los derechos personales, por lo demás, fundados en la naturaleza humana, como en Santo Tomás, no consisten en una dádiva arbitraria de Dios, sino en reconocer las exigencias de la misma naturaleza, creada por Dios, claro, pero no de modo arbitrario: la naturaleza humana, una vez creada humana, tiene sus exigencias, no puede ser tratada de cualquier modo, y en eso consisten sus derechos individuales. En Santo Tomás la ley natural no es algo arbitrario. No es que no matar y no robar está bien porque Dios lo diga, sino que Dios “lo recuerda” (Ley Positiva Divina) porque está bien, esto es, porque son exigencias de la naturaleza humana.

Con respecto a lo “místico” tenemos allí otro malentendido terminológico. En la tradición católica la contemplación mística surge de la unión con Dios, y la teología mística especulativa (San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Edith Stein) es el análisis racional de lo que los santos han tratado de explicar sobre ese encuentro con Dios. Como sabemos, en Santo Tomás, y por ende en el Catolicismo, ni Dios ni la Fe son algo irracional. Lo irracional es lo absurdo, lo contradictorio, y toda la teología que culmina en Santo Tomás y sigue luego en la Segunda Escolástica es la defensa de la Fe como algo no absurdo, no contradictorio con la razón. Con ello la Fe no queda demostrada, pero sí analizada como NO irracional. Para el católico, la relación entre razón y fe es por qué no es absurdo creer, esto es, qué razones tenemos para la fe, pero no razones que conviertan a la fe en el teorema de Pitágoras, sino razones que muestren el no absurdo de la Fe. Un randiano podrá decir que Santo Tomás no lo logró, pero en el solo intento debe reconocer la dignidad dada a la razón por Santo Tomás.

Por lo tanto, ¿es la negación de la existencia de Dios condición necesaria para defender la libertad del individuo como la defiende Ayn Rand? Que respondan los randianos. Pero a mí me parece que, por lo que leí en el libro de Ricardo, sencillamente no. Alguien puede perfectamente defender los derechos a la vida, a la libertad, propiedad, fundados en la naturaleza humana, y a la razón como un medio necesario para la supervivencia, siendo totalmente creyente en un Dios que no sustituye la acción del hombre, sino que le ha dado los medios suficientes como para que él mismo salga adelante en su existencia. Ese mismo ser humano puede rezar, ir a Misa, ser benevolente, dar ayuda, pedir ayuda, siempre de modo voluntario, sin contradicción alguna con lo anterior.

Por ende, pregunto a los randianos: ¿es la negación de Dios condición necesaria para ser randiano? ¿Es un punto central, imprescindible, del pensamiento de Rand para ser liberal, o no? Por todo lo que leí en Ricardo Rojas, no, pero respondan mejor ustedes. Sería muy bueno que fuera totalmente coherente ser cristiano y randiano al mismo tiempo, porque en los tiempos que corren, donde la verdadera libertad está a punto de ser colgada en la pared como un cuadrito antiguo, sería muy bueno que cristianos y randianos pudiéramos trabajar juntos.