Volvamos al tema de la identidad. Para Descartes fue muy importante en su momento la certeza de que somos. No “qué somos”, sino que somos. Pero hay otra pregunta: ¿quiénes somos?
La pregunta atraviesa los estudios de espiritualidad cristiana y de psicología profunda, que tienen en ello un punto de contacto no suficientemente explorado.
¿Quiénes somos? La pregunta no nos gusta. Nos enfrenta a lo más profundo de nosotros mismos, una habitación de nuestro castillo interior, según Santa Teresa, a la cual no queremos bajar. Nos parece mejor vivir dis-traídos que con-traernos a lo más profundo de nuestro ser, el verdadero ser olvidado. La famosa existencia auténtica, que más que exsitir, re-siste en las capas más profundas e ignoradas de nuestra vida.
La noción iluminista de racionalidad, como sinónimo de cálculo o de reglas prácticas, tampoco nos ayuda. ¿”Cómo se hace” para saber quiénes somos? Incorrecto planteo, no hay una serie de reglas, un método específico. Hay un contemplar, un meditar, un diálogo con nosotros mismos muy parecido a un psicoanálisis existencial.
El psicoanálisis, precisamente, nos ayuda mucho. Las dos tópicas freudianas no son categorías antropológicas, sino funciones de una misma psiquis que constituye el yo espiritual, nuestra esencia individual. A lo largo de la evolución de nuestra psiquis tenemos conflictos, pero más que conversarlos, tendemos a negarlos, a negarlos tan profundamente que hasta nos olvidamos radicalmente de nuestra negación: vivimos negando nuestros más profundos problemas y ni siquiera nos damos cuenta. Mientras tanto, construimos de nosotros mismos una imagen de superman, que nos impide tomar conciencia de nuestros límites existenciales y psíquicos. El resultado es la superficialidad existencia, el autoengaño y la profundización de nuestras neurosis.
La cuestión es iniciar un diálogo socrático con nosotros mismos, ayudados por alguien que comprenda y escuche, por el cual vamos tomando conciencia de nuestros límites, y de ese modo vamos adoptando una existencia más humilde, más comprensiva de los demás y más abierta a un auténtico mejoramiento, consciente de nuestras debilidades. Hay una unidad secreta entre la mayéutica socrática, la mística cristiana y el psicoanálisis: los tres nos conducen a una existencia más auténtica. Sólo sé que no sé nada, inicio del saber. Soy un pecador, inicio de la apertura a la Gracia Redentora de Dios. Sé que padezco una madeja de conflictos y no soy un superman perfecto, inicio de la curación de nuestras neurosis. Conciencia de los límites. No es gran cosa. Para nuestra naturaleza, herida por el pecado, maestra del autoengaño… Es mucho.
domingo, 23 de enero de 2011
domingo, 16 de enero de 2011
LA IDENTIDAD
Hay un nivel muy profundo de identidad, sobre el cual he trabajado en http://www.gabrielzanotti.com.ar/ensayosyart/existenciah.pdf. Allí afirmo que nuestra esencia individual es esa vocación originaria que no se elige, sino que somos, y lo somos porque Dios nos ha llamado al mundo para llegar a El a través del desarrollo de nuestra esencia. Un “¿quién soy?” que hay que develar toda la vida, que requiere el diálogo consigo mismo, una terapia que trasciende la racionalidad instrumental, una terapia filosófica que requiere el pensamiento contemplativo y que puede ser ayudada mucho por el psicoanálisis, una arqueología del sujeto, como muy bien lo definió Ricoeur.
Ese nivel de identidad se desarrolla a su vez en un horizonte de precomprensión, en una cultura, en una historicidad, que influye decididamente en el despliegue de nuestro yo. Cualquiera de nosotros, si al minuto de su nacimiento biológico hubiera sido trasladado a otra cultura, con otra familia, sería hoy de algún modo otro….
Y este nivel de identidad tiene a su vez un nivel muy especial que es lo que Freud denominó función paterna y materna. Ello es esencial para el desarrollo del yo en sentido psicoanalítico pero se relaciona también con el yo más ontológico.
¿Quién es Gabriel Zanotti? Pocos saben que si no hubiera sido por mis dos padres yo hubiera sido muy diferente y que posiblemente no hubiera sido el profesor que conocen hoy. Todos los veranos, en Febrero, mi madre, con un esfuerzo terrible, tenía que hacerme repasar, o ver por primera vez, los contenidos elementales del año escolar anterior, con una dura resistencia de mi parte. Y sin la función paterna que incorpora los “no” a través del preconsciente, mi destino psicológico hubiera sido mucho peor del que después fue, afectado para siempre por la agresión de 1972 (ver http://gzanotti.blogspot.com/2008/08/perdonar-o-morir.html ).
Mi familia, además, culturalmente, oscilaba entre Roma, Philadelphia y Buenos Aires. En esas tres ciudades estaba el núcleo central de las familias de mi madre y de mi padre y con ese marco cultural yo crecí.
Todo esto supera lo que muchos llaman identidad biológica o “nacional”. Aunque yo hubiera sido adoptado a los pocos meses, ¿quiénes, sino esos padres que tuve, serían mis verdaderos padres? Claro que tendría derecho a conocer a mis padres biológicos, que como muy bien lo dice el término, no hubieran sido más que un encuentro entre dos gametos reproductores que luego nada tienen que ver con lo que Freud llama función paterna. Y con respecto a “ser argentino”, ¿qué es eso? Yo soy hijo de mis padres, los padres reales y verdaderos que tuve, a través de los cuales me llegaron tres ejes culturales que supera el estrecho criterio nacionalista de identidad.
Los jueces de menores que privilegian la llamada identidad biológica, cometen por ende un grave error.
Los guionistas de la película “Spanglish” también. No, no es la reiterada y remanida historia de la empleada que se enamora del dueño de casa. No, lo que realmente los guionistas quisieron decir es otra cosa. Uno, quisieron decir que la identidad cultural de los EEUU es una señora neurótica y consumista, mal ejemplo para la inmaculada niñita “latina” (ver http://gzanotti.blogspot.com/2009/11/ser-latino-en-los-eeuu.html).Sin comentarios sobre eso. Segundo, en el ensayo que inventan para el personaje ya adulto de esa niña, con voz en off, afirman que lo que “define” a su identidad no es aceptar la beca para la gran universidad norteamericana, sino “ser hija de mi madre”. O sea, no vaya a ser que alguien someta a conciencia crítica cualquier elemento cultural de la cultura en que nació. Si, claro que es hija de su madre, y gracias a Dios que su madre tenía buenos valores y ejercía su función materna/paterna. Pero, ¿y si no? Y si no, ¿qué quiere decir entonces “ser hija de”? Los niños legítimamente adoptados, ¿no son realmente hijos de sus padres del corazón? ¿No lo son? ¿No?
Claro que hay robo de menores, pero pasar de allí, con un enorme non sequitur y un grave error psicoanalítico, a condenar la función paterna que no tenga que ver con una unión cromosómica, es una deformidad ideológica.
Mientras tanto, miles de niños en el mundo pasan su infancia abandonados en casas de tránsito. Qué horror. La infancia no es la zona de tránsito de un aeropuerto. Pero así están las cosas. Seguramente, así sí que forman bien su “identidad”….
Yo sugiero a mis lectores que miren a los ojos de esos niños que andan por allí repartiendo estampillas, caminando agotados en los subterráneos, limpiando vidrios, comiendo basura. Mírenlos a los ojos y sonríanles. Por un instante desaparecerán las ideologías y serán penetrados por lo inefable.
Ese nivel de identidad se desarrolla a su vez en un horizonte de precomprensión, en una cultura, en una historicidad, que influye decididamente en el despliegue de nuestro yo. Cualquiera de nosotros, si al minuto de su nacimiento biológico hubiera sido trasladado a otra cultura, con otra familia, sería hoy de algún modo otro….
Y este nivel de identidad tiene a su vez un nivel muy especial que es lo que Freud denominó función paterna y materna. Ello es esencial para el desarrollo del yo en sentido psicoanalítico pero se relaciona también con el yo más ontológico.
¿Quién es Gabriel Zanotti? Pocos saben que si no hubiera sido por mis dos padres yo hubiera sido muy diferente y que posiblemente no hubiera sido el profesor que conocen hoy. Todos los veranos, en Febrero, mi madre, con un esfuerzo terrible, tenía que hacerme repasar, o ver por primera vez, los contenidos elementales del año escolar anterior, con una dura resistencia de mi parte. Y sin la función paterna que incorpora los “no” a través del preconsciente, mi destino psicológico hubiera sido mucho peor del que después fue, afectado para siempre por la agresión de 1972 (ver http://gzanotti.blogspot.com/2008/08/perdonar-o-morir.html ).
Mi familia, además, culturalmente, oscilaba entre Roma, Philadelphia y Buenos Aires. En esas tres ciudades estaba el núcleo central de las familias de mi madre y de mi padre y con ese marco cultural yo crecí.
Todo esto supera lo que muchos llaman identidad biológica o “nacional”. Aunque yo hubiera sido adoptado a los pocos meses, ¿quiénes, sino esos padres que tuve, serían mis verdaderos padres? Claro que tendría derecho a conocer a mis padres biológicos, que como muy bien lo dice el término, no hubieran sido más que un encuentro entre dos gametos reproductores que luego nada tienen que ver con lo que Freud llama función paterna. Y con respecto a “ser argentino”, ¿qué es eso? Yo soy hijo de mis padres, los padres reales y verdaderos que tuve, a través de los cuales me llegaron tres ejes culturales que supera el estrecho criterio nacionalista de identidad.
Los jueces de menores que privilegian la llamada identidad biológica, cometen por ende un grave error.
Los guionistas de la película “Spanglish” también. No, no es la reiterada y remanida historia de la empleada que se enamora del dueño de casa. No, lo que realmente los guionistas quisieron decir es otra cosa. Uno, quisieron decir que la identidad cultural de los EEUU es una señora neurótica y consumista, mal ejemplo para la inmaculada niñita “latina” (ver http://gzanotti.blogspot.com/2009/11/ser-latino-en-los-eeuu.html).Sin comentarios sobre eso. Segundo, en el ensayo que inventan para el personaje ya adulto de esa niña, con voz en off, afirman que lo que “define” a su identidad no es aceptar la beca para la gran universidad norteamericana, sino “ser hija de mi madre”. O sea, no vaya a ser que alguien someta a conciencia crítica cualquier elemento cultural de la cultura en que nació. Si, claro que es hija de su madre, y gracias a Dios que su madre tenía buenos valores y ejercía su función materna/paterna. Pero, ¿y si no? Y si no, ¿qué quiere decir entonces “ser hija de”? Los niños legítimamente adoptados, ¿no son realmente hijos de sus padres del corazón? ¿No lo son? ¿No?
Claro que hay robo de menores, pero pasar de allí, con un enorme non sequitur y un grave error psicoanalítico, a condenar la función paterna que no tenga que ver con una unión cromosómica, es una deformidad ideológica.
Mientras tanto, miles de niños en el mundo pasan su infancia abandonados en casas de tránsito. Qué horror. La infancia no es la zona de tránsito de un aeropuerto. Pero así están las cosas. Seguramente, así sí que forman bien su “identidad”….
Yo sugiero a mis lectores que miren a los ojos de esos niños que andan por allí repartiendo estampillas, caminando agotados en los subterráneos, limpiando vidrios, comiendo basura. Mírenlos a los ojos y sonríanles. Por un instante desaparecerán las ideologías y serán penetrados por lo inefable.
domingo, 9 de enero de 2011
EL DESTINO DE LOS FILÓSOFOS NO KIRCHNERISTAS EN LA ARGENTINA.
Le dice Mempo Giardinelli a Santiago Kovadloff, el 6 de este mes: “… Con el mayor respeto y ninguna ironía, amigo mío, he intentado decirte que no me parece bien que un filósofo y columnista serio como vos dé por ciertas categorías y asertos propios de cualquier pelafustán exasperado”.
Con forzada cordialidad, o mejor dicho, con fallido intento de amabilidad y respeto, lo que Mempo Giardinelli le dice a Kovadloff es que es un pelafustán exasperado. ¿Y por qué? ¡Porque criticó duramente al gobierno! Muy claro: si eres filósofo y eres kirchnerista, eres serio; si eres filósofo y NO eres kirchnerista, eres… (Busque el lector los epítetos más amables que conozca).
Pero esto no es sólo un fenómeno del kirchnerismo. Al menos en la Argentina, la izquierda se considera a ella misma “lo” intelectual, mientras “la derecha” es un conjunto de iletrados precisamente exasperados que, ya empresarios, ya profesionales de “clase media”, defienden sus capitalistas intereses con discursos banales y sumergidos en su ignorancia y su “pizza con Champagne”. Un filósofo NO de izquierda les parece en principio una traición inaceptable que por supuesto pueden explicar inventando la poca calidad de la formación del “filósofo” en cuestión, y-o que sucumbió a un momento de exasperación o responde a intereses de clase y está pagado por el imperialismo explotador (¿será por eso que a veces no llego a fin de mes?)
La Argentina es, como horizonte de precomprensión, un país Eurocéntrico. Como tal, para los filósofos argentinos, ser filósofo es ir a Alemania o Francia, y estudiar, por supuesto, a Hegel, a Marx, a Hiedegger, a Sartre y a los post-modernos franceses. Otras corrientes no valdrían la pena. La filosofía analítica o neopragmaticista es prácticamente desconocida en Argentina, y, si se conoce, es una filosofía menor fruto del ambiente capitalista y anglosajón que la engendró. Si eres escolástico, peor: eres un franquista (y, la verdad, muchos tomistas argentinos han generado ellos mismos esa espantosa asociación). En la UBA hay una corriente neopositivista importante, y en algunos departamentos de universidades privadas hay algunos profesores que cultivan la filosofía analítica, pero por supuesto ellos y los pro-continentales se odian absolutamente. Mario Bunge no se ha encargado de aquietar las aguas, dejando de lado que también ha puesto su granito –o tonelada- de arena en el odio al liberalismo clásico y a autores como Popper o Hayek, cuyos profundos estudios sobre metodología de las ciencias naturales y sociales son tildados como meras defensas ideológicas.
La izquierda argentina intelectual, esa que es marxista de fondo y coherentemente defiende a Kirchner, porque sabe es ya casi el triunfo del poder que buscaron en los 70, desprecia profundamente a un filósofo que no sea marxista y-o las combinaciones que el marxismo tuvo posteriormente con la línea más de izquierda de la escuela de Frankfurt. Están acostumbrados a denigrar y a reírse de la ignorancia de ex dirigentes menemistas o algunos del pro, e incluso de algunos libertarios con muy poca o desordenada formación. Pero un filósofo NO marxista es para ellos una anomalía que de algún modo se tiene que explicar. Y la explicación no es difícil. Por un lado defendemos nuestros intereses de clase y, claro, tenemos nublado el intelecto. Y, por el otro, seguramente no hemos podido leer el último renglón de toda la obra de Hegel, o nos hemos perdido algún párrafo clave de Sartre o de Marcuse. Tampoco “has entendido” la plus valía de Marx. Y así, ¿qué se puede esperar? Y si además, aparte de perdernos ese derroche de sabiduría, infectamos nuestro cerebro con Hayek, Mises, Husserl, Santo Tomás y J. Ratzinger, ¿qué se puede esperar sino un monstruo e hiper cerdo capitalista, explotador y fundamentalista?
Tuve el honor de conocer a Santiago Kovadloff personalmente sólo una vez. Así que no sé cuáles serán sus lecturas habituales, pero evidentemente, en la Argentina kirchnerista, esa donde su amigo Giardinelli dice que hay plena libertad, ha pasado, de ser una persona seria, a ser un pelafustán exasperado, sólo porque no es kirchnerista y ha sufrido extrañas alucinaciones, tales como el denigrante deterioro institucional y cívico de la Argentina bajo el gobierno de San Néstor de Asís. Tiene suerte de no depender de un sueldo de la UBA y vivir en algún espacio aún no tomado por algún legítimo reclamo popular.
Con forzada cordialidad, o mejor dicho, con fallido intento de amabilidad y respeto, lo que Mempo Giardinelli le dice a Kovadloff es que es un pelafustán exasperado. ¿Y por qué? ¡Porque criticó duramente al gobierno! Muy claro: si eres filósofo y eres kirchnerista, eres serio; si eres filósofo y NO eres kirchnerista, eres… (Busque el lector los epítetos más amables que conozca).
Pero esto no es sólo un fenómeno del kirchnerismo. Al menos en la Argentina, la izquierda se considera a ella misma “lo” intelectual, mientras “la derecha” es un conjunto de iletrados precisamente exasperados que, ya empresarios, ya profesionales de “clase media”, defienden sus capitalistas intereses con discursos banales y sumergidos en su ignorancia y su “pizza con Champagne”. Un filósofo NO de izquierda les parece en principio una traición inaceptable que por supuesto pueden explicar inventando la poca calidad de la formación del “filósofo” en cuestión, y-o que sucumbió a un momento de exasperación o responde a intereses de clase y está pagado por el imperialismo explotador (¿será por eso que a veces no llego a fin de mes?)
La Argentina es, como horizonte de precomprensión, un país Eurocéntrico. Como tal, para los filósofos argentinos, ser filósofo es ir a Alemania o Francia, y estudiar, por supuesto, a Hegel, a Marx, a Hiedegger, a Sartre y a los post-modernos franceses. Otras corrientes no valdrían la pena. La filosofía analítica o neopragmaticista es prácticamente desconocida en Argentina, y, si se conoce, es una filosofía menor fruto del ambiente capitalista y anglosajón que la engendró. Si eres escolástico, peor: eres un franquista (y, la verdad, muchos tomistas argentinos han generado ellos mismos esa espantosa asociación). En la UBA hay una corriente neopositivista importante, y en algunos departamentos de universidades privadas hay algunos profesores que cultivan la filosofía analítica, pero por supuesto ellos y los pro-continentales se odian absolutamente. Mario Bunge no se ha encargado de aquietar las aguas, dejando de lado que también ha puesto su granito –o tonelada- de arena en el odio al liberalismo clásico y a autores como Popper o Hayek, cuyos profundos estudios sobre metodología de las ciencias naturales y sociales son tildados como meras defensas ideológicas.
La izquierda argentina intelectual, esa que es marxista de fondo y coherentemente defiende a Kirchner, porque sabe es ya casi el triunfo del poder que buscaron en los 70, desprecia profundamente a un filósofo que no sea marxista y-o las combinaciones que el marxismo tuvo posteriormente con la línea más de izquierda de la escuela de Frankfurt. Están acostumbrados a denigrar y a reírse de la ignorancia de ex dirigentes menemistas o algunos del pro, e incluso de algunos libertarios con muy poca o desordenada formación. Pero un filósofo NO marxista es para ellos una anomalía que de algún modo se tiene que explicar. Y la explicación no es difícil. Por un lado defendemos nuestros intereses de clase y, claro, tenemos nublado el intelecto. Y, por el otro, seguramente no hemos podido leer el último renglón de toda la obra de Hegel, o nos hemos perdido algún párrafo clave de Sartre o de Marcuse. Tampoco “has entendido” la plus valía de Marx. Y así, ¿qué se puede esperar? Y si además, aparte de perdernos ese derroche de sabiduría, infectamos nuestro cerebro con Hayek, Mises, Husserl, Santo Tomás y J. Ratzinger, ¿qué se puede esperar sino un monstruo e hiper cerdo capitalista, explotador y fundamentalista?
Tuve el honor de conocer a Santiago Kovadloff personalmente sólo una vez. Así que no sé cuáles serán sus lecturas habituales, pero evidentemente, en la Argentina kirchnerista, esa donde su amigo Giardinelli dice que hay plena libertad, ha pasado, de ser una persona seria, a ser un pelafustán exasperado, sólo porque no es kirchnerista y ha sufrido extrañas alucinaciones, tales como el denigrante deterioro institucional y cívico de la Argentina bajo el gobierno de San Néstor de Asís. Tiene suerte de no depender de un sueldo de la UBA y vivir en algún espacio aún no tomado por algún legítimo reclamo popular.
domingo, 2 de enero de 2011
FILOSOFÍA: TOMAR LA PASTILLITA ROJA.
Si, un ejemplo más de Matrix. Parece Light, pero me parece que no…
¿Qué NO es la filosofía?
La filosofía NO es “ser culto”, y “saber” (¿qué es “saber”) historia de la filosofía, del mismo modo que se puede saber historia del ajedrez, del ping pong, de historia de la literatura o de los reyes de Egipto, mientras nuestra vida sigue tal cual, sin ser afectada en absoluto por ese “saber”, que por lo tanto no es tal.
La historia de la filosofía, por ende, no es lo anterior.
La filosofía NO es algo que se pone “por encima” de…………… “…Lo realmente importante, lo que sirve, lo etc.”…, como un florero, bonito, pero florero al fin, sin el cual todo sigue tal cual.
La filosofía NO es el destino triste de las materias filosóficas puestas en medio de carreras concebidas bajo paradigmas positivistas, para desgracia y tragedia de los que las dictan y las cursan.
La filosofía surge apenas nuestra vida comienza a sentir esa inquietud agridulce, de buscar algo que tiene que ver con lo más profundo de nosotros mismos. La filosofía surge apenas algo sacude nuestra existencia dormida en el dis-traerse permanente. La filosofía surge NO cuando sabemos que somos, sino cuando nos preguntamos quiénes somos, y vemos que la respuesta no es sencilla…………
Entonces sí, puede ser que nos encontremos con Morpheus, que nos invita a la verdad, a tomar la pastillita roja y……………… Despertar. Una metáfora nueva de la vieja alegoría de la caverna.
Pero despertar no es agradable. Lo más terrible es el uso de la filosofía para seguir dormidos. No doy ejemplos para no enojar a nadie. Sólo recuerdo una vez que alguien me estaba escuchando precisamente como se escucha al florero para seguir dormido/a. Pero, claro, me preguntó algo, yo contesté y………… La pizza que estaba comiendo se le quedó atragantada hasta lo más profundo del ser del ente. No volvió más…
La filosofía no requiere publicidad ni explicaciones. Profesores de filosofía, no hagan publicidad de la filosofía, y menos aún se les ocurra decir que sirve para…Sólo filosofen entusiasmados, sumérjanse en la filosofía y conviertan al aula en un submarino que se sumerge en las profundidades del corazón. No introduzcan, sumerjan. Pero eso no quiere decir ser difícil. Quiere decir filosofar, nada más. La filosofía no es fácil ni difícil, es sencillamente apasionante pero……………Cuando se la vive por vez primera, puede asustar. La filosofía debe vivirse con humor no para hacerla atractiva, sino porque el humor es una caricia en el corazón de aquél al que estás sumergiendo en los abismos de su existencia más profunda.
Filósofos, vivan. El aula es su existencia, el aula son ustedes, cada palabra, cada silencio, surge de un corazón filosofante.
Viene bien comenzar el año recordando lo elemental. Viene bien saber que la filosofía es tomar la pastillita roja y despertar, en una habitación que no habíamos visto nunca, donde lentamente reconozcamos lo más profundo de nuestro ser.
¿Qué NO es la filosofía?
La filosofía NO es “ser culto”, y “saber” (¿qué es “saber”) historia de la filosofía, del mismo modo que se puede saber historia del ajedrez, del ping pong, de historia de la literatura o de los reyes de Egipto, mientras nuestra vida sigue tal cual, sin ser afectada en absoluto por ese “saber”, que por lo tanto no es tal.
La historia de la filosofía, por ende, no es lo anterior.
La filosofía NO es algo que se pone “por encima” de…………… “…Lo realmente importante, lo que sirve, lo etc.”…, como un florero, bonito, pero florero al fin, sin el cual todo sigue tal cual.
La filosofía NO es el destino triste de las materias filosóficas puestas en medio de carreras concebidas bajo paradigmas positivistas, para desgracia y tragedia de los que las dictan y las cursan.
La filosofía surge apenas nuestra vida comienza a sentir esa inquietud agridulce, de buscar algo que tiene que ver con lo más profundo de nosotros mismos. La filosofía surge apenas algo sacude nuestra existencia dormida en el dis-traerse permanente. La filosofía surge NO cuando sabemos que somos, sino cuando nos preguntamos quiénes somos, y vemos que la respuesta no es sencilla…………
Entonces sí, puede ser que nos encontremos con Morpheus, que nos invita a la verdad, a tomar la pastillita roja y……………… Despertar. Una metáfora nueva de la vieja alegoría de la caverna.
Pero despertar no es agradable. Lo más terrible es el uso de la filosofía para seguir dormidos. No doy ejemplos para no enojar a nadie. Sólo recuerdo una vez que alguien me estaba escuchando precisamente como se escucha al florero para seguir dormido/a. Pero, claro, me preguntó algo, yo contesté y………… La pizza que estaba comiendo se le quedó atragantada hasta lo más profundo del ser del ente. No volvió más…
La filosofía no requiere publicidad ni explicaciones. Profesores de filosofía, no hagan publicidad de la filosofía, y menos aún se les ocurra decir que sirve para…Sólo filosofen entusiasmados, sumérjanse en la filosofía y conviertan al aula en un submarino que se sumerge en las profundidades del corazón. No introduzcan, sumerjan. Pero eso no quiere decir ser difícil. Quiere decir filosofar, nada más. La filosofía no es fácil ni difícil, es sencillamente apasionante pero……………Cuando se la vive por vez primera, puede asustar. La filosofía debe vivirse con humor no para hacerla atractiva, sino porque el humor es una caricia en el corazón de aquél al que estás sumergiendo en los abismos de su existencia más profunda.
Filósofos, vivan. El aula es su existencia, el aula son ustedes, cada palabra, cada silencio, surge de un corazón filosofante.
Viene bien comenzar el año recordando lo elemental. Viene bien saber que la filosofía es tomar la pastillita roja y despertar, en una habitación que no habíamos visto nunca, donde lentamente reconozcamos lo más profundo de nuestro ser.
domingo, 26 de diciembre de 2010
SOBRE EL DISCURSO DE BENEDICTO XVI EN EL PARLAMENTO BRITÁNICO (Segunda parte)
(Publicado en www.institutoacton.com.ar, Diciembre de 2010).
Habíamos reseñado la vez pasada el elogio de Benedicto XVI a las instituciones políticas y jurídicas británicas, analizando su contexto histórico y su importancia en la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo después del clásico enfrentamiento con el liberalismo roussoniano de origen continental.
El tema que analizamos hoy es más actual, y tiene que ver con el discurso (escrito, no pronunciado) a La Sapienza, el 17 de Enero de 2008. Allí Benedicto XVI se refirió al papel de la Fe en la vida pública. Totalmente consciente a los debates actuales sobre ese tema, sobre todo los provenientes de Rawls y Habermas, el Papa elaboró entonces una nueva noción de razón pública desde el cristianismo, que analizamos y comentamos en su momento (1). En esta ocasión, el Papa sigue por el mismo camino. Sin vueltas, formula una pregunta clave: “¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas?” Y contesta: “…La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes”. Esto es: primero afirma que la razón humana puede conocer la justicia en la vida política, sea razón creyente o no creyente, pero sabe que la tradición católica, a través de la armonía razón fe (clave de todo su pontificado (2)) ha facilitado, después del pecado original, el conocimiento de la ley natural, tradición de pensamiento que se encuentra en un nivel meta-físico que para el mundo de hoy es muy difícil de comprender. Por eso afirma con mucha sutileza: el papel de la religión en al vida pública no es proporcionar dichas normas como si fueran en sí inaccesibles de la razón de los no creyentes. Menos aún –y en esto hemos insistido todo el tiempo desde el Instituto Acton, descartando clericalismos de izquierda y derecha- “…proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión”. ¿Entonces? “Su papel consiste –continúa- más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”. Esto es, combinando esta noción con lo afirmado el 17-1-2008, la Fe proporciona una “sensibilidad intelectual” para temas que son relevantes para la vida social, especialmente aquellas cuestiones que tocan al derecho natural “primario”. El creyente puede intervenir en la razón pública sin ocultar su condición de creyente, sino dando razones, desde esa condición, que puedan ser compartidas por el no creyente. En ese sentido la Fe cumple un doble papel corrector: protege a la razón de combatir a la religión como una enemiga en el ámbito social (laicismo) a la vez que protege a la religión de convertirse en fundamentalismo intolerante (y esa protección es la sana laicidad). En palabras de Benedicto XVI, “…Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe —el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas— necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización”. Particularmente interesante es este párrafo: “…Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX”, cuando Hayek mismo denunció toda su vida el “abuso de la razón” (3) como causante de las ideologías totalitarias que fueron la principal fuente de abandono de los sanos ideales de la tradición liberal clásica, en la cual se encuentra esa sana laicidad de la cual habla Benedicto XVI. Entre esas ideologías se encuentran también los autoritarismos integristas de derecha de origen católico, que han intentado siempre derivar directamente una dictadura corporativista del depositum fidei, acusando de herejía a los católicos que no concordaban con su peculiar sentido de la “tradición”. Y también se encuentran los autoritarismos de izquierda de algunas teologías de la liberación, que absorbieron los socialismos marxistas, igualmente, como identificados con el catolicismo, denunciando como “iglesia institución” a todo lo que se les oponía, y que hoy subsiste de manera light en todos los católicos que identifican sus ideologías de izquierda con el pensamiento mismo de la Iglesia.
Pero la conclusión más importante, derivada de este Pontífice que conoce a Rawls y Habermas, es: el creyente puede entrar en la razón pública y en una democracia deliberativa, sin problemas. No de modo fundamentalista o clerical, sino recordando, desde su propia sensibilidad cristiana –en diálogo con otras religiones- cuestiones de ética social que los creyentes puedan compartir. Claro, para ello deberá tratar de hacer un esfuerzo comunicativo. No se trata de “combatir” a un no creyente supuestamente ubicado en una “cultura de la muerte” con un discurso sobre la ley natural que no entiende quien lo escucha y a veces tampoco quien lo repite de memoria. Se trata de encontrar un camino de diálogo con personas de buena voluntad, que piensen diferente en cuestiones fundamentales pero preocupadas por la vida igual que nosotros. El Catolicismo se encuentra hoy atacado por ideologías cerradas al diálogo, pero ello no implica que haya personas no ideologizadas que detrás de ciertas posiciones defienden valores, tales como la igualdad, la no discriminación, la libertad de opción, que son valores en sí mismos cristianos aunque deformados por creencias que más que ideologías son horizontes de pre-comprensión en los cuales hoy nacen y viven todos, católicos inclusive. Nuestro papel es estar muy bien formados, muy tranquilos y muy dispuestos a intervenir con argumentos inteligentes en la vida pública, pensando precisamente en que habitamos un mundo donde ha dejado de ser evidente lo que siglos atrás sí lo era, pero también al revés, y de manera muy positiva. Comprendemos al creyente tan escandalizado que renuncia a la vida pública y vive en nuevas catacumbas. Pero la Fe, y especialmente la Fe Católica, “es en el mundo”, incluso para los “no laicos”, porque Jesucristo ha venido a salvar al mundo y no a condenarlo. No ha fundado un rito iniciático esotérico, sino una vida exotérica de anuncio y predicación. Para esa vida del cristiano, para esa vida que es “ir y bautizar”, para esa vida que es “ser y predicar” está hablando Benedicto XVI.
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(1) Ver http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti34.doc y http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti33.doc
(2) Ver http://www.institutoacton.com.ar/editoriales/editorial16.doc
(3) Ver Hayek, F. A. von: The Counter-Revolution of Science, Liberty Press, 1952.
Habíamos reseñado la vez pasada el elogio de Benedicto XVI a las instituciones políticas y jurídicas británicas, analizando su contexto histórico y su importancia en la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo después del clásico enfrentamiento con el liberalismo roussoniano de origen continental.
El tema que analizamos hoy es más actual, y tiene que ver con el discurso (escrito, no pronunciado) a La Sapienza, el 17 de Enero de 2008. Allí Benedicto XVI se refirió al papel de la Fe en la vida pública. Totalmente consciente a los debates actuales sobre ese tema, sobre todo los provenientes de Rawls y Habermas, el Papa elaboró entonces una nueva noción de razón pública desde el cristianismo, que analizamos y comentamos en su momento (1). En esta ocasión, el Papa sigue por el mismo camino. Sin vueltas, formula una pregunta clave: “¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas?” Y contesta: “…La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes”. Esto es: primero afirma que la razón humana puede conocer la justicia en la vida política, sea razón creyente o no creyente, pero sabe que la tradición católica, a través de la armonía razón fe (clave de todo su pontificado (2)) ha facilitado, después del pecado original, el conocimiento de la ley natural, tradición de pensamiento que se encuentra en un nivel meta-físico que para el mundo de hoy es muy difícil de comprender. Por eso afirma con mucha sutileza: el papel de la religión en al vida pública no es proporcionar dichas normas como si fueran en sí inaccesibles de la razón de los no creyentes. Menos aún –y en esto hemos insistido todo el tiempo desde el Instituto Acton, descartando clericalismos de izquierda y derecha- “…proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión”. ¿Entonces? “Su papel consiste –continúa- más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”. Esto es, combinando esta noción con lo afirmado el 17-1-2008, la Fe proporciona una “sensibilidad intelectual” para temas que son relevantes para la vida social, especialmente aquellas cuestiones que tocan al derecho natural “primario”. El creyente puede intervenir en la razón pública sin ocultar su condición de creyente, sino dando razones, desde esa condición, que puedan ser compartidas por el no creyente. En ese sentido la Fe cumple un doble papel corrector: protege a la razón de combatir a la religión como una enemiga en el ámbito social (laicismo) a la vez que protege a la religión de convertirse en fundamentalismo intolerante (y esa protección es la sana laicidad). En palabras de Benedicto XVI, “…Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe —el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas— necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización”. Particularmente interesante es este párrafo: “…Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX”, cuando Hayek mismo denunció toda su vida el “abuso de la razón” (3) como causante de las ideologías totalitarias que fueron la principal fuente de abandono de los sanos ideales de la tradición liberal clásica, en la cual se encuentra esa sana laicidad de la cual habla Benedicto XVI. Entre esas ideologías se encuentran también los autoritarismos integristas de derecha de origen católico, que han intentado siempre derivar directamente una dictadura corporativista del depositum fidei, acusando de herejía a los católicos que no concordaban con su peculiar sentido de la “tradición”. Y también se encuentran los autoritarismos de izquierda de algunas teologías de la liberación, que absorbieron los socialismos marxistas, igualmente, como identificados con el catolicismo, denunciando como “iglesia institución” a todo lo que se les oponía, y que hoy subsiste de manera light en todos los católicos que identifican sus ideologías de izquierda con el pensamiento mismo de la Iglesia.
Pero la conclusión más importante, derivada de este Pontífice que conoce a Rawls y Habermas, es: el creyente puede entrar en la razón pública y en una democracia deliberativa, sin problemas. No de modo fundamentalista o clerical, sino recordando, desde su propia sensibilidad cristiana –en diálogo con otras religiones- cuestiones de ética social que los creyentes puedan compartir. Claro, para ello deberá tratar de hacer un esfuerzo comunicativo. No se trata de “combatir” a un no creyente supuestamente ubicado en una “cultura de la muerte” con un discurso sobre la ley natural que no entiende quien lo escucha y a veces tampoco quien lo repite de memoria. Se trata de encontrar un camino de diálogo con personas de buena voluntad, que piensen diferente en cuestiones fundamentales pero preocupadas por la vida igual que nosotros. El Catolicismo se encuentra hoy atacado por ideologías cerradas al diálogo, pero ello no implica que haya personas no ideologizadas que detrás de ciertas posiciones defienden valores, tales como la igualdad, la no discriminación, la libertad de opción, que son valores en sí mismos cristianos aunque deformados por creencias que más que ideologías son horizontes de pre-comprensión en los cuales hoy nacen y viven todos, católicos inclusive. Nuestro papel es estar muy bien formados, muy tranquilos y muy dispuestos a intervenir con argumentos inteligentes en la vida pública, pensando precisamente en que habitamos un mundo donde ha dejado de ser evidente lo que siglos atrás sí lo era, pero también al revés, y de manera muy positiva. Comprendemos al creyente tan escandalizado que renuncia a la vida pública y vive en nuevas catacumbas. Pero la Fe, y especialmente la Fe Católica, “es en el mundo”, incluso para los “no laicos”, porque Jesucristo ha venido a salvar al mundo y no a condenarlo. No ha fundado un rito iniciático esotérico, sino una vida exotérica de anuncio y predicación. Para esa vida del cristiano, para esa vida que es “ir y bautizar”, para esa vida que es “ser y predicar” está hablando Benedicto XVI.
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(1) Ver http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti34.doc y http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti33.doc
(2) Ver http://www.institutoacton.com.ar/editoriales/editorial16.doc
(3) Ver Hayek, F. A. von: The Counter-Revolution of Science, Liberty Press, 1952.
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