miércoles, 2 de abril de 2025

HACIA UNA COMUNIÓN INVISIBLE DE CATÓLICOS PERPLEJOS



Ya no me acuerdo en qué año de la década los 80 decidí subscribirme al L´Osservatore Romano en Español. Era caro, venía directamente de Roma. Pero lo esperaba con ansias. Todos los documentos importantes estaban allí. Los leía, los estudiaba, los vivía, los enseñaba, y en cuestiones opinables los respetaba y los tenía in mente. 

Era la época de Juan Pablo II, la época de los documentos de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, escritos por Ratzinger y firmados por Juan Pablo II. 

Fue una época gloriosa. Podía pasar cualquier cosa, cualquier católico podía decir cualquier cosa, la Iglesia podía recibir los más variados ataques, pero allí estaba Roma, allí estaba su Magisterio. No se jugaba. Las cosas eran claras y ante las locuras del mundo, la luz de Roma seguía prendida.

Luego vino internet, claro, y me acostumbré a vatican.va, a bajar, a imprimir, a hacer lo mismo. 

En Enero del 2013 yo estaba, como casi todos los Eneros, en la Universidad Francisco Marroquín, en Guatemala. A fines de ese mes, cuando estaba a punto de volver, me comencé a sentir mal y terminé internado con neumonía. Tuve que quedarme una semana más, en Febrero. Las autoridades de la UFM, como eran egoístas, cerdos capitalistas, liberales inmundos, anti-solidarios, asumieron todos los gastos, excepto el seguro privado que yo había contratado para una eventualidad así porque, claro, yo no presupuse que un Estado se haría cargo de mi salud. 

Tuve suerte, además, porque siete años después me hubieran enterrado en el centro de la Tierra. 

El cuadro fue grave y la fiebre fue severa. Un Miércoles o un Jueves, ya no me acuerdo, la fiebre comenzó a bajar y logré darme cuenta de las noticias que estaban pasando en un televisor que muy bien no se veía. 

Pero algo se escuchaba, y no podía creer lo que escuchaba. 

Benedicto XVI anunciaba su renuncia.  

Se me heló la sangre. Aún la estoy descongelando. 

Pasaron doce años y… La situación ha cambiado radicalmente.

Pasaron ya las épocas de L´Osservatore Romano impreso, el olor a tinta, las palabras claras y distintas de Veritatis splendor, Evangelium vitae, Dominus iesus

Ahora es despertarse y temblar de espanto ante cada noticia que se recibe del Vaticano. 

Pero ya pasó también. 

Ya no me asustan las noticias. 

Uso el plural porque estoy seguro de que hay muchos como yo. 

Estamos como María el pie de la cruz.

Creo que la analogía es válida.

María tenía en ese momento la fe de los pobres de Yahvé. No estaba aún la plenitud de la revelación, como en la Pentecostés que ella presidió, pero ella y los pobres de Yahvé esperaban contra toda esperanza.

El crucificado es ahora la Iglesia. 

Va a resucitar, sí, pero no sabemos cuándo.

Mientras tanto esperamos contra toda esperanza. Ya no leemos los nuevos documentos. Guardamos en nuestra memoria, en nuestros papeles y en nuestras computadoras, los documentos de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, seguimos el Catecismo de la Iglesia Católica de 1993 -a riesgo de ir presos en algunos países, y no me refiero a Corea del Norte-; los tratamos de seguir en nuestras vidas; vamos a Misa, nos conformamos con que al menos la Consagración sea válida; nos confesamos regularmente, tratamos de rezar. Y ya está. Nada más. 

No nos queda más que eso. No es poco. Pero no es la custodia paternal anterior.

Tal vez el mensaje de Dios es que, ante esta noche oscura de la Fe, sigamos teniendo Fe. Se acabaron los santos varones, se acabó el “confirma en la Fe a tus hermanos”; ahora mantendrás la Fe, aunque te hayan traicionado quienes debían custodiarla. 

Bueno. Dura prueba pero lo haremos. 

Mientras tanto, que digan lo que quieran y hagan lo que quieran. Secretamente, sin hacer ruido, sin organizar nada, sin fundar nada, en silencio, en el silencio de nuestras conciencias, no los escuchamos más. 

Y somos muchos. No necesitamos organización. Somos de aquí, de allá, etc., no importa.

Somos muchos, incluso los que se sentirán identificados con estas pobres palabras, pero nunca se atreverán a subscribirlas. 

Aquí seguiremos, esperando contra toda esperanza. 


lunes, 31 de marzo de 2025

Prohibido prohibir en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe

 De https://www.infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/2503310903-prohibido-prohibir-en-el-dica?fbclid=IwY2xjawJYL-1leHRuA2FlbQIxMQABHWnKZMacjMbF1kuGkQYDDzLnSsx6qt1rFJaki79_sQQkqwqgdBfdm-vT9A_aem__a2A_copSTx9SVHeznl0rA 


Prohibido prohibir en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe

En un artículo publicado hace dos días, Alejandro Bermúdez afirmaba que “el Vaticano abre las puertas al cambio de sexo”. Con ello se refería a que el cardenal Víctor Manuel Fernández intentó recientemente convertir en “doctrina” una “controvertida conferencia que dio en Alemania sobre cambio de sexo”.

Desgraciadamente, el artículo describía lo que en efecto ha sucedido. El cardenal Fernández ha publicado como documento oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe una conferencia que pronunció en el país germánico, en la que repetía la doctrina de la Iglesia de que las operaciones del llamado “cambio de sexo” no están permitidas moralmente, pero, como novedad, introducía una excepción: el caso de “fuertes disforias que pueden llevar a una existencia insoportable o incluso al suicidio”. Es decir, cambiarse de sexo es inmoral a no ser que lo desees mucho, mucho, mucho de verdad. Puro sentimentalismo. Como si el hecho de que uno desee mucho pecar hiciera que el pecado fuese menos malo o incluso bueno.

Este tipo de “excepción” recuerda poderosamente a aquella otra que dice que está mal que un hombre se acueste con una mujer que no es su esposa excepto si se quieren mucho de verdad o a la idea de que abortar es malo excepto si a la madre le supone un daño psicológico el embarazo o a tantas otras excusas igualmente burdas. Ver que todo un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe se rebaja a usar esas argumentaciones produce un cierto sonrojo. ¿Qué pensaran tantos buenos sacerdotes que se han pasado la vida explicando a la gente que esas excusas son solo un triste intento de engañarse a uno mismo?

La explicación que da el propio cardenal es sencilla: la “regla general” de la Iglesia no excluye que existan “casos fuera de la norma”, como los mencionados anteriormente.  Esta forma de argumentar no debería sorprendernos, porque proviene directamente de Amoris Laetitia, en la que se negó expresamente la existencia de actos intrínsecamente malos (es decir, que siempre son inmorales), contra lo enseñado por San Juan Pablo II (cf. Veritatis Splendor), por Benedicto XVI y por toda la moral de la Iglesia anterior, incluida la Palabra de Dios (cf. por ejemplo, los mandamientos de la Ley de Dios).

Como todos recordarán, la negación de la existencia de actos intrínsecamente malos dio inmediatamente lugar a la admisión a la Comunión de adúlteros sin propósito de la enmienda en diócesis de todo el mundo, incluidos la diócesis de Roma y el propio Vaticano. Asimismo, hizo que los numerosos obispos que habían rechazado públicamente la indisolubilidad del matrimonio durante los Sínodos de las Familias no fueran corregidos por ello. La misma argumentación hace entendible que, aunque el aborto en principio sea gravemente inmoral, el Papa pudiera elogiar a la más conocida abortista italiana como “una de las grandes de Italia hoy en día” o que desautorizara a los obispos que, con toda la razón del mundo, querían negar la comunión al presidente Biden, a la vez “católico” y furibundamente abortista. Antes de Amoris Laetitia, habría sido inimaginable que los miembros de la Pontificia Academia por la Vida defendieran los grandes errores modernos en ese ámbito, pero ahora hay miembros abortistas o favorables a la eutanasia o los anticonceptivos, porque no hay actos intrínsecamente malos y a veces eutanasiar a un enfermo o abortar a un niño puede ser algo bueno y la Voluntad de Dios. El mismo razonamiento se puede observar en Fiducia Supplicans, el documento vaticano en que se promovía la bendición de parejas del mismo sexo.

Las aplicaciones locales o de facto de obispos individuales y del mismo Papa son innumerables, pero podemos destacar la última en hacerse pública, ya que se refiere al tema que hoy tratamos: Monseñor Stowe, obispo de Lexington (Kentucky), lleva años apoyando y aprobando las pretensiones de una mujer que, tras someterse a una operación de cambio de sexo, pretende ser el primer ermitaño transgénero y se dedica a defender la integración de otras personas transgénero en la vida religiosa. El Papa, por su parte, recibió amablemente a la mujer y a unos cuantos de sus compañeros, que se presentaron ante el Pontífice como personas “transgénero” sin que él les corrigiera en lo más mínimo, y, como era previsible, salieron de la audiencia más convencidos que nunca de que el cambio de sexo es algo bueno y querido por Dios.

Así, las aplicaciones de Amoris Laetitia se van llevando a cabo poco a poco, en casos extremos o en cuestiones agradables para el mundo, de forma confusa o “pastoralmente", pero inevitablemente el gravísimo error de que no hay actos intrínsecamente malos va acabando con toda la moral. Es la grieta en el dique, que, si no se repara inmediatamente, va causando más y más grietas hasta que el dique entero se desploma. En efecto, aplicado a cualquier pecado, desde el divorcio hasta las relaciones del mismo sexo, pero también el robo, el asesinato, la explotación de los pobres o la pederastia, obliga a reconocer que no podemos decir que eso sea necesariamente malo. Quizá lo sea, pero, probablemente, si lo deseas mucho, mucho, mucho, a fin de cuentas resulte admisible. Frente a los pecados más horribles, lo único que puede decir la Iglesia desde Amoris Laetitia es “depende”, “quizá sea lo que Dios quiere” o “¿quién soy yo para juzgar?”.

Se ha extendido así entre mulititud de clérigos, teólogos y obispos la idea de que la ley de Dios, en lugar de ser perfecta y descanso del alma, en realidad es una pesada carga de la que debemos librarnos. En un curioso brote de neofariseísmo, la función de la Teología Moral y el Magisterio parece ser única y exclusivamente la búsqueda de trucos, excusas y argucias para no tener que cumplir las obligaciones morales que no nos gusten. Como decía Gómez Dávila, se pregonan derechos para poder violar deberes.

Nos encontramos ante el triunfo en la Iglesia de la moral adolescente, basada en el sentimentalismo desbocado, la ausencia de responsabilidad y eslóganes tontorrones como “prohibido prohibir”, “nadie puede decirme lo que tengo que hacer” y “mi caso es especial y no se parece al de nadie más”. Ierusalem desolata est. O, dicho en lengua vernácula, ¡qué bajo hemos caído!

Por desgracia, ante esta gravísima situación de destrucción de la moral católica, la mayoría de los responsables de alzar la voz guardan silencio. Por eso los demás nos vemos en la obligación de hablar, con respeto pero también con firmeza, para defender la fe que nos ha salvado y nos está salvando. Si estos callan, gritarán las piedras.

Recemos mucho por la Iglesia, por el Papa, por el cardenal Fernández y por todos los que, teniendo la obligación de hablar, prefieren callar, para que Dios los ilumine. Y confiemos en que, a pesar de todo, Cristo sigue guiando a su Iglesia y sus palabras no pasarán.

domingo, 30 de marzo de 2025

TODOS SOMOS EL HERMANO MAYOR

 TODOS SOMOS EL HERMANO MAYOR

(23-11-2019)


Una de los símbolos más reveladores de la naturaleza humana, en el Nuevo Testamento, es el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo. 

Permítanme decir antes que una de las razones para la Fe del Cristianismo es la lógica del Evangelio: totalmente contraria a la lógica del hombre viejo después del pecado original. Todo lo que al ser humano, después de la caída, le parece sensato, razonable, es exactamente al revés en el Evangelio. Gracias a Dios, claro. 

Hay otra parábola donde esto se ve claramente: la de los viñadores. El que trabajó desde la tarde recibe igual que el que trabajó desde la mañana. ¿No nos parece injusto? Ni qué decir lo que hubiera dicho cualquier líder sindical. Máxime cuando el dueño de la viña responde como un malvado liberal: “¿Acaso no puedo hacer con lo mío lo que quiero?”.

Y algo que no es una parábola, el buen ladrón. “HOY mismo estarás conmigo en el paraíso”. ¡Hoy!!!! Mm……

Vamos, confesémoslo: nos parece injusto. Para la lógica del hombre justo, es injusto. Y todos lo hemos pensado así, siempre o alguna vez. Así que uno “se mata siendo bueno” todo el tiempo y finalmente en el cielo tendremos una nubecita dos ambientes, bien, ok, en fin, pero el delincuente ese y el vago aquel, que “hicieron lo que quisieron” toda su vida y “la pasaron bien” van a tener una nube con cinco ambientes, terraza, vista al mar, gimnasio y pileta. Bueno, ok, allá Dios con lo tuyo, pero en el fondo es injusto.

Eso sentimos. Eso pensamos, eso somos, después del pecado original. En el fondo la redención casi no nos llegó. Somos cristianos tristes, estoicos, murmurantes, habitamos un valle de lágrimas porque nosotros somos una lágrima viviente mezclada con una malévola pizca de resentimiento y envidia, en el fondo, al pecador, que “tan bien la pasa”.

Lo que el evangelio nos muestra es la infinita misericordia del Padre, que no nos termina de entrar, y también nos propone la alegría profunda, la felicidad inmensa, de ser Hijos de Dios. No la risa superficial, no el no sentir, no el no sufrir, sino el sabernos Hijos de Dios, con todo lo que ello implica.

Observemos lo que el padre responde al hermano mayor: “Hijo, tú siempre estás conmigo”. ¡TÚ SIEMPRE ESTÁS CONMIGO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ¿Nos damos cuenta de lo que eso significa? ¡Estar siempre con Dios!!!!!!!!!!!!!!! ¿No sería extraordinario? ¿Qué MAS podemos pedir que estar siempre con Dios? ¿Qué más puede pedir el amante que estar siempre con el amado? “Oh llama de amor viva -dijo San Juan de la Cruz, que se había dado cuenta de esto- que tiernamente hieres/de mi alma en el más profundo centro! /Pues ya no eres esquiva /acaba ya si quieres,/ ¡rompe la tela de este dulce encuentro! /¡Oh cauterio suave! /¡Oh regalada llaga! /¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado /que a vida eterna sabe /y toda deuda paga! /Matando, muerte en vida has trocado”. ¡Estar siempre con Dios, Dios mío!!! Pero no, lo vemos como algo monótono, aburrido, pesado, casi insoportable. Escaparse, en cambio, “pasarla bien”, y en todo caso volver cuando no tenemos ni las sobras de los cerdos para comer, es más cool, más Hollywood. Sin embargo, ese escaparse es precisamente lo terrible, y ese estar siempre es precisamente lo extraordinario. Pensamos que el hermano mayor ha tenido una vida ordinaria y es al menor que le sucede lo extra-ordinario, pero no: después del pecado original, lo extra-ordinario, es estar siempre con Dios, y lo ordinario es alejarnos. Y lo ordinario es no anhelar, precisamente, la inmensa felicidad de una vida dedicada al servicio del Señor, cosa que los samurai japoneses, sin ser cristianos, supieron ver. 

En la vida extraordinaria del servicio a Dios, si viene la fama, si Dios la permite, que venga, pero abramos el paraguas para no dejarnos inundar por la vana mirada de la ad-miración; y si viene la injusticia y la calumnia, que venga, porque sólo hay una mirada, que no ad-mira, sino que mira al corazón, que interesa: la mirada del Señor. 

Dado que casi todos hemos sido el hermano menor, porque vamos y volvemos una y otra vez, entonces estas reflexiones no nos llegan tanto, pero si alguno es el hermano mayor, yo, desde mi destierro, le digo: sé feliz, por favor, en la casa de Dios, de la cual nunca has salido. No pienses en la fiesta que de tanto en tanto tiene que organizarme nuestro Padre. Tú ya estás en gozo permanente, y eso, multiplicado por infinito, es lo que ni ojo vio, ni oído oyó, que Dios tiene preparado para los que le aman. 


LAS GUERRAS QUE PERDISTE MIENTRAS DORMÍAS, DE KARINA MARIANI

 Un libro de lectura indispensable: 

https://www.amazon.es/Las-guerras-perdiste-mientras-dorm%C3%ADas/dp/B0DW1GZC14 




domingo, 23 de marzo de 2025

LA CRISIS IDEOLÓGICA DEL PODER JUDICIAL EN EEUU Y EN EL MUNDO



No tengo mayores dudas de que el gobierno de Trump ha cruzado una línea delicada al utilizar una muy peligrosa Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, que otorga -igual que la Patriot Act- facultades al Poder Ejecutivo para violar el debido proceso, pero más aún ha cruzado una línea al desobedecer, probablemente, una orden judicial contraria a la orden del Poder Ejecutivo (1). Pero esto es comenzar por el final de la película. 

Desde el inicio de su mandato, las órdenes ejecutivas de Trump se han enfrentado con numerosas resoluciones judiciales en contra. No soy quién para pronunciarme sobre los difíciles tecnicismos del sistema jurídico norteamericano, pero cabe recordar que el parecido de nuestra Constitución con la norteamericana genera la conjetura de que los tribunales inferiores a la Corte Suprema sólo pueden resolver por caso, y no en general, cosa que se aplica también a la Corte, aunque la sentencia de esta última dicta doctrina sobre sentencias posteriores. 

Pero ese tampoco es el fondo de la cuestión. 

Porque debemos hacer ciertas preguntas.

¿Dónde estaban esos mismos jueces durante -para poner una difícil fecha simbólica- los inicios de las barbaridades de la pandemia, violatorias de los derechos humanos fundamentales?

¿Dónde estaban cuando durante la cuarentena se violaron los derechos a la libertad religiosa, de expresión, de enseñanza y de libre circulación?

¿Dónde estaban cuando la complicidad del Gobierno Federal y las Big Techs eliminó completamente toda libertad de expresión?

¿Y dónde estaban durante todas las arbitrariedades del gobierno de Biden, si así podemos llamar a los oscuros mecanismos del poder que digitaron los hilos del anciano demócrata?

¿Dónde estaban cuando los opositores a Biden fueron llamados domestic terrorist y tratados en consecuencia?

¿Dónde estaban cuando los padres que se oponían a los tratamientos trans de sus hijos fueron apresados y arrestados por el FBI?

¿Dónde estaban cuando igual procedimiento se aplicó a los padres que se oponían a los programas educativos impuestos por la complicidad del gobierno federal, estadual y municipal?

¿Dónde estaban cuando se condenó a más de 20 años a gente que el 6 de Enero del 21 sólo había caminado por un Capitolio que tenía las puertas abiertas?

¿Dónde estaban cuando se arrestó y condenó a largas sentencias a gente que estaba en silencio delante de clínicas abortistas?

La lista es larga, Podríamos seguir. Sólo hemos enumerado una pequeña parte de las atrocidades que a nadie le importaron, comenzando por los jueces que ahora son noticia.

Estamos llegando entonces al punto, a lo más grave. 

NO estaban. Y con esto estamos llegando al punto. No lo estaban NO porque fueran criminales sobornados, cómplices de alguna conspiración. En algunos casos puede ser y nunca lo sabremos. El asunto es que no estaban porque estaban convencidos de que todo estaba bien. Fueron educados en Harvard, Yale y Marte University School of Law en el convencimiento de que las libertades individuales eran sólo un perverso discurso ideológico de los libertarios. De que ahora los que valen son los derechos de segunda generación pero, sobre todo, los derechos de los colectivos explotados por el capitalismo heteropatriarcal. Y que los verdaderos delitos son los de odio, discriminación y misinformation que cometen los blancos explotadores y los disidentes de las verdades oficiales del Gobierno Federal, contra las cuales todo lo demás es "atentar contra la ciencia". 

Con esa ideología con la que se reciben de abogados, y por ende futuros jueces, aún es un milagro que haya una Suprema Corte con algunos jueces que aún tengan cierta nostalgia de la Independence Declaration. 

El panorama es por ende terriblemente complejo. Al lado de Trump no sólo hay nacionalistas norteamericanos, sino también liberales clásicos y libertarios horrorizados por las atrocidades de la administración anterior. Las ideas liberales clásicas nos dicen que el Control de Constitucionalidad lo ejerce el Poder Judicial. Pero qué Poder Judicial así DE-formado va a poder defender ahora las libertades individuales. Y este no es sólo un problema de los EEUU, sino de todo el mundo. Mejor no preguntemos por casa cómo andamos. 

Qué hacer ahora, antes estos jueces ideologizados, Dios lo sabe porque, para colmo, Trump es un exagerado ante el cual incluso juces ideologizados podrían tener razón. Pero, como ya dijimos, no es tiempo de los moderados. Ganó las elecciones alguien a quien una bala le pasó a menos de un milímetro y que fue votado por millones de ciudadanos hartos de terribles injusticias y arbitrariedades totalitarias no sólo del sleepy Joe, sino del perverso sistema de poder que lo manejó, cuyos nombres y ramificaciones nunca sabremos y que, como en Dostoievsky y Woody Allen, quedarán sin castigo para siempre, en un mundo donde los crímenes y la banalidad de mal no tendrán nunca su Juicio de Nuremberg. 

Una cosa sí es segura. Tal vez tengan razón algunos jueces, aunque creo que en la mayoría de los casos no. Pero ahora han perdido su autoridad moral. Ante su silencio anterior, ante su cumplicidad anterior, ante su banalidad del mal, han perdido totalmente su autoridad moral

Tal vez Trump no la tenga.

Pero ellos tampoco. 

---------------------

(1)Ver https://www.elcato.org/crisis-constitucional-en-estados-unidos?mc_cid=e8a08c7d2d&mc_eid=f63af085af