Una vez más (una vez más, una vez
más, una vez más, una vez más, no sé si me explicoooooooooooooooooooooooooooo),
mi defensa de valores morales, más allá de la legalidad del Estado de Derecho,
me pone en una extraña vereda contra libertarios que, casi permanentemente,
parecen los más escépticos y postmodernos al rechazar por completo un orden
moral objetivo. Inútil que les distinga moralidad de legalidad. Inútil que les
recuerde el art. 19 de la Constitución. Oyen hablar de ética objetiva y creen
que los voy a perseguir con el estado. Y lo curioso es que me lo dicen a mí, como
si yo NO fuera el liberal católico que la mayor parte de los católicos
desprecia.
Hay una decadencia intelectual en
los ambientes libertarios, últimamente, que me preocupa. Y no lo digo sólo de
Argentina. Conozco el paño desde 1974. Por supuesto, siempre está el vaso medio
lleno y el medio vacío. El medio lleno es honroso. Podría citar una enorme
cantidad de insignes intelectuales y personas de altísimo nivel, gracias a
Dios. Es más, permanentemente los cito y los subo a mi muro en Facebook. Pero
ello no quiere decir que no me preocupe el resto, que hace un ruido muy
desagradable. Nula formación en historia de la filosofía, en filosofía de las
ciencias, en Historia, en humanidades en general. Han leído sólo un autor que
endiosan como los marxistas a Marx, repiten sus manuales como loros, desprecian
a toooooooooooooodo lo demás y se dan el lujo de pontificar sobre cualquiera de
los temas más espinosos de la filosofía
y de la Teología que por supuesto exceden totalmente el pequeño conocimiento
que puedan tener por haber leído un manualcito sobre economía libre (como el de
Zanotti, por ejemplo J).
Se hacen los muy escépticos en materia
moral. Ignoran que su misma defensa de la libertad es una decisión moral
importante, objetiva, igual que otras que desprecian. Ignoran que el
liberalismo clásico no es una tradición postmoderna. Dejando de lado la obvia
moral católica de los escolásticos que defendían el mercado libre y la
limitación del poder, era la moralidad, el más estricto convencimiento de
valores morales objetivos, lo que movió la vida de Adam Smith, Ferguson, Kant,
Locke, Tocqueville, Monstesquieu, Burke, Acton, los autores del Federalista,
etc. Los utilitaristas podían ser muy escépticos cuando criticaban a la ley
natural escolástica pero en su vida se jugaron el todo por el todo con un
heroísmo moral que no tiene nadie que desprecie a los valores permanentes.
Mises y Hayek fueron escépticos con respecto a la ley natural pero su vida fue
un ejemplo de heroísmo moral. Mises, directamente, tendría que ser canonizado
algún día.
Y si el problema es lo religioso,
ok, ¿pero por qué no un poco más de diálogo? Comprendo que se entusiasmen con
Ayn Rand, ¿pero por qué esa cerrazón, que nos hace tanto mal a todos los
libertarios? ¿Cómo puede ser que ignoren y NO lean a Leonard Liggio, a
Alejandro Chafuen, a Michel Novak, a Robert Sirico, a Sam Gregg, o a los clásicos Lord
Acton, Montalembert o Rosmini? ¿Cómo puede
ser que en el Instituto Acton nos matemos convenciendo a los cristianos de las bondades
del libre mercado y de la libertad individual y luego aparezcan diatribas
contra lo religioso, por parte de jovencitos y pequeñas Rand, dignas de un
Robbespierre resucitado? ¿Están tan seguros de eso? Bueno, aquí tienen mi
oferta: júntense todos de un lado, todos, todos juntos, preparen
tooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooodas sus objeciones contra “lo”
religioso y la Iglesia, pónganme a mí en otra mesa, solo, y yo dialogo con todos. ¡Vamos,
háganlo!!!! Sólo digan dónde y cuándo.
Mientras tanto, seguiré
prefiriendo El porvenir de una ilusión
a cualquier otra cosa que se haya escrito contra Dios desde el lado libertario.
¿Se atreven?
No hay comentarios:
Publicar un comentario