domingo, 4 de julio de 2010

Había una vez....

...un granito de arena que se sentía muy solo, aunque apretado, en medio de otros granitos cuyo sentido tampoco veía. Por qué estoy en esta situación sin sentido, se preguntaba. Soñaba, como todos, en hacer algo por el mundo, pero se sentía impotente y esa impotencia acumulaba ansiedad y violencia.
Entonces Dios lo tomó de la mano y le dijo: mira, formas parte de esta playa,… lo mismo que las gotas de agua del océano y los átomos del sol.
Así de simple. Somos todos granitos de arena, sí, de una playa desconocida, que está en los planes de Dios. No acumulemos sueños de grandeza. Descubramos que somos granitos con inteligencia y voluntad, con una esencia individual que somos nosotros mismos, cada uno de nuestro propio yo, cuyo pro-yecto es desplegar ese yo en armonía con los demás. Parecerá muy poca cosa, pero no: si es así, seremos parte de esa playa. Si no, nos iremos de esa playa, muy arriba, intentando diseñarla, ocupando el lugar de Dios, y caeremos, por supuesto, guiados por cualquier viento, hacia cualquier lado. Y entonces sí estaremos solos, aislados, y nuestra vida habrá quedado sin rumbo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me vino como “anillo al dedo” el cuento...

Resulta frustrante esa comparación entre las imaginaciones personales sobre los posibles propios-grandes logros y por otro lado la realidad, los límites de la realidad...

Los límites me han generado muchas veces una situación de angustia...


Alguien me dijo hace poco, con relación a los límites; algo que me resultó “tranquilizante”, aunque claro que para esto hay que tener fe:

“Después de los límites no está lo inalcanzado, no está la nada: después de los límites humanos está Dios”...


Abrazo. Ema.

Hugo L dijo...

Gracias!

María Antonieta Arnal dijo...

Me gusta. Buen ejemplo.