domingo, 22 de junio de 2008

HACIA EL TOMISMO DEL S. XXI (II)


Comenzamos bajo ese título con una serie de intentos de mostrar una filosofía de Santo Tomás de Aquino en diálogo con filosofías del s. XX y abierta al s. XXI. Ya habíamos comenzado con esto cuando expusimos la obra de Francisco Leocata. Nuestro segundo abordaje será la reproducción de la crítica a lo que considero la obra principal de Mariano Artigas sobre filosofía de la naturaleza y filosofía de la ciencia, colocándolo como un ejemplo de ese tipo de tomismo. Lo publicamos también como un homenaje, ya que Mariano Artigas falleció en Diciembre de 2006. La crítica que reproducimos aquí fue publicada en Studium (2001) tomo IV, fasc. VII.
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Artigas, Mariano: La mente del universo. Eunsa, Pamplona, 1999. 465pp.
Por Gabriel Zanotti


Estamos ante un libro absolutamente único en su género, que hace nuestra tarea singularmente difícil. Una primer cuestión que queremos introducir para facilitar algo nuestra labor será definir nuestro lector ideal. Artigas escribe desde Navarra para el mundo. Puede ser que lo escuchen. Mi preocupación es que lo escuchemos nosotros. Yo escribo desde Artigas para los alumnos de universidades católicas.
Hace unos años tuve como alumno a un chico "gift", un superdotado. No estaba bautizado y las autoridades del lugar donde estudiaba estaban aterrorizados de él porque torturaba a alumnos y profesores creyentes con superdotadas preguntas. Posiblemente parte de la terrible maldad de quien escribe esta crítica es que yo me divertía enormemente con esas preguntas; lo único que puedo decir en mi defensa es que también me las hacía a mí. Recuerdo bien su estilo: entraba directamente a mi oficina y sin mediar introducción lanzaba su ataque y sus ojos se quedaban examinando, evaluando y calificando la respuesta. Sólo una vez, creo, me saqué un 10. Entró al despacho, y directamente, preguntó: qué es la vida? Su evaluado profesor se reclinó pícaramente sobre su asiento y, pausadamente, contestó: "es un determinado nivel en la auto-organización de la materia". Fue la primera vez que mi superdotado y agnóstico alumno puso cara de asombro. Fue la única vez que tardó unos segundos en decir algo. Luego le confesé que me había "copiado" en el examen: Mariano Artigas me había "soplado".
La pequeña historia introduce al tema. Hace años que Mariano Artigas se viene dedicando a filosofía de las ciencias y a filosofía de la naturaleza. Tiene doctorados en Física y en Filosofía. Pero no radica allí su peculiaridad.
Los estudios tradicionales de filosofía y teología en universidades católicas tienen de sobra manuales de filosofía de la naturaleza que siguen la tradición de Aristóteles y Santo Tomás. Dentro del tomismo ddel siglo XX, la dedicación a filosofía de la naturaleza constituye todo un mérito, y también constituye un mérito el esmero en la conservación de esa tradición. Empero, desde mediados del siglo XIX hasta hoy, la física contemporánea ha superado el mecanicismo de la física moderna y ha constituído ella misma una cosmovisión en sí, desde la cual se hace filosofía de la naturaleza y metafísica. Eso está ahí, "afuera". En las aulas, el alumno oye hablar de forma sustancial, de acto y potencia, de cambio y movimiento, de materia prima. Lo aprende más o menos de memoria sabiendo que es importante entender que el alma es forma del cuerpo y que la sustancia no es lo mismo que los accidentes, con fines noblemente teológicos. Mientras tanto, "afuera" se habla de física cuántica, del principio de indeterminación, de energía concentrada y de energía expandida, del big bang y el big chash, de lo infinito del universo, de relatividad, de la emergencia y evolución de los vivientes, de materia infinitamente dividida en partículas, partículas y más partículas (dónde quedó el "unum" allí?), de la materia autoorganizada y del caos. Pero el caos se produce en la mente de aquel que quiera saber qué tiene que ver lo que aprendió con lo que la ciencia de su tiempo le dice. Qué actitud adoptar? Finalmente ninguna, porque hay que dar los exámenes y recibirse. Pero, y la verdad? En qué medida estamos siendo fieles a la verdad? Puede un manual tomista de principios del siglo XXI ser escrito de espaldas a la ciencia de su tiempo? Sí? Entonces la filosofía de la naturaleza de Tomás no tiene nada que decir a la ciencia de su tiempo, excepto la acusación de oligofrenia porque no "entiende" la forma sustancial, acusación escrita desde un contemporáneo y muy científico computador? O entonces la ciencia de nuestro tiempo no tiene nada que decir a la filosofía de la naturaleza de Tomás, excepto la acusación de sin sentido absoluto, de retraso (hasta mental) irremediable, o, como mucho, una actitud de respeto ante algo absolutamente histórico?
No, por supuesto que no. Ni una cosa ni la otra. Claro. Sí, claro, pero mientras tanto la situación sigue igual: los manuales dicen una cosa, los científicos otra. No. En todos los aspectos, Sto. Tomás es perenne no porque sea un conjunto de fórmulas muertas (y lo peor de lo muerto no es que no cambia, sino que da mal olor) sino porque es un contenido y un estilo de filosofar tan vigoroso que siempre puede ponerse en diálogo con su tiempo. Y Artigas lo vio, y muy claramente.
Ya en 1989 y en 1992 publica dos obras donde se podía ver un progreso real del pensamiento tomista que, coherentemente con el estilo de Tomás, guarda lo mejor de la tradición y desde ella la renueva. Esas dos obras eran, respectivamente, Filosofía de la ciencia experimental y La inteligibilidad de la naturaleza. Pero Artigas no se quedó allí. Hay veces que, en el pensamiento de un autor, lo que parecían ser sus obras definitivas no eran sino el preanuncio de su gran obra de síntesis. Y estamos ante ella. El pensamiento de Artigas siguó madurando hasta esta obra donde tenemos algo único, que "debe", en nuestra opinión, ser considerado primero más por un tomismo anquilosado (contrario al espíritu de la filosofía de Tomás) que por el pensamiento "no" tomista. En este libro tenemos una síntesis de filosofía de la ciencia y de la naturaleza en diálogo permanente con todos los aportes de la ciencia contemporánea. Una auténtica renovación de los contenidos que habitualmente estamos acostumbrados a estudiar.
Me detengo ante una obvia objeción. Que sea un diálogo, una síntesis nueva, una renovación, lo constituye en verdadero en todos sus aspectos? No, desde luego, aunque obviamente veremos que esta síntesis tiene poco que temer en cuanto a errores gruesos. Pero lo constituye en un ejemplo a seguir, en un estilo digno de ser continuado, al cual, por supuesto, lo peor que podemos hacer es quitarle el "elogio" de la crítica. El espíritu de la síntesis de Artigas, más que todos los detalles concretos de su contenido, es aquello que esperamos sea un oleaje sanamente imparable y contagioso para todos los textos de filosofía de naturaleza de los tomistas del siglo XXI.
Pero, cuál es la "fórmula" de Artigas? La clave está en la sistematización detallada (son unas 400 bellas y densas páginas) de los supuestos e implicaciones de la ciencia, que se encuentran, ellos mismos, fuera de lo que la ciencia, según su método, puede decir, pero que son retro-alimentados, ampliados y precisados por los contenidos de la ciencia actual. He allí la clave. Los supuestos (fundamentos) e implicaciones (logros) de la ciencia no están analizados desde la ciencia misma, sino desde la filosofía de la naturaleza y de la ciencia. Artigas no elabora, por ende, los fundamentos últimos de su filosofía desde la ciencia. Pero esta última retro-justifica, los amplía y los precisa. Por eso está síntesis tiene como componente esencial el diálogo con los contenidos de la ciencia actual. Por ejemplo, la ciencia positiva actual no fundamenta que el unum se de en los vivientes. Pero los logros de la biología actual retroalimentan la unidad, amplía su significado y precisa su contenido. Desde luego, para hacer eso, punto por punto y caso por caso, se requiere una capacidad de distinción permanente y un entrenamiento constante en la no-confusión de niveles de análisis. Pero en ese sentido es donde Artigas más sigue a la tradición de Tomás: porque es él quien entrena permanentemente en esa forma de filosofar. El "oportet distinguere" no está dicho cada dos renglones pero está tácito en cada línea de esta obra.
Y cuáles son esos supuestos? Son tres: ontológicos, gnoseológicos y antropológico-valorativos. En esa tríada Artigas ha logrado colocar todas las preocupaciones de la ciencia contemporánea en armonía con lo "más perenne" (si se nos permite esa expresión) de la filosofía de Tomás. Demos algunos ejemplos.
En el orden ontológico, una de las cuestiones más importantes y fundantes está en la auto-organización de la materia. Hay en la materia, en todos sus niveles, una autonomía de las causas segundas. No son títeres en las manos de Dios ni tampoco absolutamente autónomas de su "sostén en el ser". Sí, ya sé que eso ya lo sabemos. Pero Artigas toma a las teorías actuales del origen del universo, del origen de la vida, del caos y del azar, las depura de reduccionismos y malentendidos y las explica en armonía con la concepción de Tomás de la naturaleza, que no es otra cosa sino "...el plan de cierto arte, concretamente un arte divino, inscrito en las cosas, por el cual esas cosas se mueven hacia un fin determinado: como si quien construye un barco pudiese dar a las piezas de madera que pudieran moverse por sí mismas para producir la forma del barco" (Comentario de la Física, libro 2, cap. 8, lecc. 14, n. 268), impresionante cita de Tomás que Artigas ha rescatado del olvido para refrescar la memoria de aquellos que desde la ciencia actual niegan a Dios y a todo lo religioso y también la de aquellos que desde Dios (y cierto tomismo no está excento de esto) han tachado como herética cualquier teoría que de pie a algo de evolución en la naturaleza misma.
En el orden gnoseológico, Artigas hace un largo rastreo por los avatares de la racionalidad en la filosofía de las ciencias contemporánea. No le cuesta nada hablar de una racionalidad creativa, interpretativa, cualitativa, que usa la intuición, no reducida a la racionalidad cuantitativista del iluminismo inmanentista. Pero no sólo porque, otra vez, la noción de racionalidad de Tomás tiene cuerda suficiente para ello, sino porque Artigas redescubre a esa racionalidad depurada de positivismo en las discusiones de los epistemólogos contemporáneos, desde Popper hasta Feyerabend. Artigas tiene un estilo muy peculiar: no es popperiano, ni kuhuniano, ni lakatosiano, no se casa con nadie, pero no es "anti" nadie. Atento a criticar cualquier exageración y/o reduccionismo que encuentre, rescata, al mismo tiempo, toda gota de verdad de estos autores, los comprende en su época, explica sus límites, precisa su lenguaje. Uno puede disentir con este o aquel detalle de interpretación de tal o cual autor, pero hay que destacar dos cosas: la conclusión y el estilo. El estilo es no ser antinadie sin casarse con nadie. Estilo digno de ser considerado. La conclusión está en la misma noción de racionalidad: una racionalidad creativa y hermenéutica, que alcanza certezas en una verdad contextual. Pero, reiteramos, redescubierto todo ello en autores contemporáneos que, a veces, no tenían ellos mismos conciencia del valor de lo que estaban diciendo.
Por último, en el orden valorativo, la ciencia tiene valores. Está "cargada de valores". Desd la sóla búsqueda de la verdad, hasta la importancia y selección de los temas a tratar, queda totalmente descartada la separación absoluta entre ser y deber ser en la ciencia. No se trata simplemente de decir que un científico describe objetivamente los hechos aunque después deba orientar moralmente bien sus resultados. No: el punto es que en el contenido mismo de los que se dice hay una hermenéutica previa sobre la importancia, sentido y finalidad de lo que se está diciendo. Esto vale para la ciencia como para cualquier proferencia linguística.
Después de todo esto, tal vez alguien se pregunte: qué falta? Cuáles son las críticas? Ante todo, si nada faltara, si no hubiera nada que criticar, todo lo que hemos elogiado estaría en contra del espíritu de filosofar que hemos elegido. Toda síntesis humana es perfeccionable e incompleta, y reclama, pide, como elogio, diversidad de opiniones críticas, que colaboren, desde diversas perspectivas, con la búsqueda del autor.
Desde nuetra perspectiva, sólo queremos proponer lo siguiente. En la misma línea de Artigas, un autor que ayudaría mucho es Husserl. No sólo por la crítica de Husserl al positivismo, no sólo por el tratamiento de Husserl al tema de la esencias, tema ante el cual Artigas es sumamente sensible, sino porque entre la filosofía de la naturaleza y la ciencia experimental hay en estadio intermedio que ayudaría a depurar el diálogo y los límites entre una y otra: el mundo vital, el mundo de la vida, cuya certeza no es la del metafísico ni tampoco la razonable certeza de una teoría bien corroborada. Decimos esto porque es de la certeza no problemática de su mundo vital que el científico se eleva hacia su hipótesis. Una fenomenología del mundo vital, como la propuesta por Husserl en La Crisis de las ciencias europeas, debería ser re-elaborada, en diálogo con la tradición tomista, para explicar: a) de dónde parte el científico, b) por qué su mundo vital no lo arroja a una hermenéutica relativista y post-moderna de su punto de partida.
En la misma línea, en los supuestos gnoseológicos debería hacerse más explícito el diálogo entre la filosofía de las ciencias, la hermenéutica y la filosofía del lenguaje actuales. Pero un autor no lo puede todo. Por eso llamamos a la interdisciplinariedad. Artigas vive una hermenéutica realista, pero hay que sistematizarla. Eso también es una terea urgente del tomismo del siglo XXI. Que la ciencia es una interpretación del mundo está totalmente asumido por Artigas. A su vez, está asumido que es una interpretación que tiene un alto contacto con la verdad. Pero eso no es tan fácil de explicar frente a las interpretaciones postmodernas de la hermenéutica. Trabajo pendiente.
Por último... El diálogo con Popper llega a su máximo nivel de acuerdo en este libro. Pero no me detendré en este punto. Porque el diálogo Artigas-Popper da para todo un ensayo. Que Dios nos de fuerzas, en honor de Artigas.

15 comentarios:

nacho dijo...

La verdad nunca pensé que se podía conciliar a Tomás con la física contemporánea. En parte porque muchas de las críticas a él se hacen justamente desde ella, y en parte porque, como decís, la mayoría de los tomistas directamente la obvian. Anotado Artigas, entonces. Le cargaste muchas expectativas, espero que las cumpla :P.

Gabriel Zanotti dijo...

Expectativas: pues te aseguro que las cumple............... :-), Un abrazo............

PIC dijo...

Gabriel,
Yo creo que quizás no siempre es un acierto intentar conciliar _ad hoc_ un sistema ya perimido para pretender que, en un comienzo, ya era compatible con otro que luego lo ha superado (por ser más riguroso, más valioso, más descriptivo de la realidad.)
De hecho, también están quienes intentan conciliar la física actual con la metafísica hindú o con el sistema de Hegel.
Yo creo que el tomismo mainstream es bastante oscurantista. Ningún científico de renombre ha encontrado inspiración en él. Hay muchas ideas sencillamente falsas: algunas tesis sobre el concepto de número, sobre la noción de esencia (te dí el ejemplo de la silleidad y la silloneidad), la incomprensión de que el pensamiento es material, al igual que la percepción, y otros varios otros.
Por razones heurísticas, el tomismo queda absolutamente relegado: una cosa es argüir _post hoc_ que no hay contradicción con los conocimientos a los que llegan otros. Otra muy distinta es que el propio sistema diga, de antemano, algo de utilidad para la ciencia, y no simplemente que trate de ponerse a tono con ella.
En el ámbito jurídico -que es el más conocido por mí-, algunos tomistas han sido nefastos. Ese peripatetismo escolástico que hoy caracteriza al derecho, no hace más que divertir con distinciones sutiles, multiplicando lo inverosímil y alejando a la dogmática de la realidad jurídica.
Saludos,
Pablo

PIC dijo...

Por si no quedó claro lo que dije en el mensaje anterior, lo resumo. Voy a mirar con mejores ojos al tomismo (probablemente con los ojos tuyos) el día que deje de ir detrás de la ciencia y que se ponga en su delantera para contribuir a su desarrollo.
Saludos,
Pablo

Gabriel Zanotti dijo...

My dear PIC,
creo que parte del tomismo "local" te ha hecho mal. Te remito a:

Sangineti, J.J.: Ciencia y modernidad; Carlos Lohlé Ed., Bs As., 1988.
- Ciencia aristotélica y ciencia moderna; Educa, Bs. As., 1991.
- El origen del universo; Educa, Bs. As., 1994.
- Jaki, S.: Ciencia, Fe, Cultura; Ed. Palabra, Madrid, 1990.
- The Road of Science and the Ways to God; University of Chicago Press, 1978.
- Uneasy Genius: The Life and Work of Pierre Duhem; Martinus Nijhoff Publishers, 1987.
- Maritain, J.: Los grados del saber; Club de lectores, Bs. As., 1983. Primera parte, caps. II y IV.
- Dessauer, F.: El caso Galileo; Carlos Lohlé Ed., Buenos Aires, 1965.
- Simard, E.: Naturaleza y alcance del método científico; Gredos, Madrid, 1961.
- Beltrán, O.: El conocimiento de la naturaleza en la obra de Ch. De Konninck; Tesis de licenciatura, inédita, UCA, 1991.
- Corcó Juviñá, J.: Novedades en el universo: la cosmovisión emergentista de Karl R. Popper; Eunsa, Pamplona, 1995.
- Selvaggi, F.: La estructura de la materia; Herder, Barcelona, 1970. Y al mismo Artigas, obviamente, en cuyas citas a pie de página encontrarás buenas cosas.....

PIC dijo...

Los veré cuando tenga un rato libre.
Me va a interesar si veo la posibilidad de un realismo científico.
Saludos,
Pablo

Mary White dijo...

Saludos desde España, Gabriel. Curiosamente estoy embarcándome en la lectura guiada de la Summa de Santo Tomás. No sé si seré capaz.
Qué pena que no estés este año en la universidad de verano Juan de Mariana y que yo no pueda ir a Rosario en agosto!!
Te seguiré por aquí y por facebook, en cualquier caso.
Un abrazo!
María Blanco

Gabriel Zanotti dijo...

Mi querida "Mary White".
hola!!!!! Si, un océano nos separa, pero por suerte es sólo agua.... :-)) Quedo a tus órdenes para la SCG; cuidado con el libro I cap. 13......

Gabriel Zanotti dijo...

My dear "PIC",
me parece bien que seas exigente para con el tomismo del s. XXI. Pero dos cosas: uno, diferenciar filosofía de ciencia (no es lo mismo no?). Un tomista no hace ciencia, hace filosofía. Pero tiene que ser una filosofía abierta a la ciencia, y por eso puse como ejemplo a Mariano Artigas, y la lista que te mandé es apenas una muestra.
Otra distinción: tomismo y Santo Tomás de Aquino. A Santo Tomás tampoco le vas a pedir física atómica, no? ¿O si? La cuestión es: ¿qué le pides a un autor como Santo Tomás? ¿Qué le demandas? Ahí sí, si le cobrás a él los platos rotos de sus comentaristas, es muy injusto.........................................

Joaquín dijo...

Hola, Gabriel, saludos desde Sevilla (España). Vengo invitado por Mary White...

Coincido 100% con lo que acabo de leer. De hecho, he podido leer y disfrutar La mente del universo de D. Mariano Artigas. Es un libro extraordinario, muy elegante. Me sorprendió especialmente los cuadros explicativos de cada tema.

También coincido con que el valor de Santo Tomás no está en las fórmulas, sino en los principios. Hasta el punto de que Santo Tomás, hoy, habría estado muy atento al avance de la ciencia. Los lectores y estudiosos del Aquinate deben prestar atención a su actitud frente a los saberes humanos, y su forma de integrarlos en una construcción superior, que pone a Dios en el centro.

Te seguiré, Gabriel, muchos saludos.

PIC dijo...

"Un tomista no hace ciencia, hace filosofía."

Dos cosas,

1) un tomista tradicional se opondría a esto, pues para él, la filosofía es la más alta de las ciencias humanas

2) hay problemas que son científicos a la vez que filosóficos (como el tiempo.)

Saludos,

Pablo

Gabriel Zanotti dijo...

Ok, excelente respuesta PIC !!!

Pero creo que sabés lo que quise decirte.
¿O no?

Gabriel Zanotti dijo...

Joaquín,
un gusto conocerte! Escibime a
gabrielmises@yahoo.com

nacho dijo...

Aprovecho el tema, ya que estamos con Tomás y con las ciencias, para comentar algo en lo que me quedé pensando después de la reunión de Elefe... Vos dijiste, si entendí bien, que la primera y la segunda vía de Tomás no tienen que entenderse en el sentido Aristotélico de la causalidad, porque sino eso da para matarse de la risa de Tomás (que es más o menos lo que hace Russell, entre otros). Cómo tiene que entenderse entonces la causalidad en las vías?

Gabriel Zanotti dijo...

Si, lo que quise decir es que las vías, interpretadas físicamente, llevan a suponer que Tomás está hablando de una serie de causas físicas una detrás de la otra. Ahora bien, como Tomás piensa a Dios desde el horizonte judeocristiano de la creación, es obvio que está pensando en una primera causa no física, trascendente al mundo físico. Para llegar a la cual, lo que necesita es el ppio. metafísico de causalidad expresado platónicamente varias veces ("lo que es tal por esencia es causa de aquello que es tal por participación") y de un modo más directo en De Ente et Essentia, antes de la Summa: "...en todo ente cuya esencia es distinta que el esse, tiene el esse por otro". Ese "otro" no es un motor más en la cadena de motores físicos, ni una causa eficiente más, sino sencillamente Dios, en cuando "otro" NO finito.
Obviamente estoy influenciado por Fabro y su tesis de que las vías se entienden a la luz de la 4ta....