domingo, 24 de agosto de 2008

¿Quién soy? Una interesante pregunta "ontoteológica"

Si, puede ser que nos olvidemos del ser. Los heideggerianos eran (¿son?) unos insistentes NO olvidados del ser, y los neopositivistas unos felices olvidados del ser. Nosotros somos unos insistentes ontoleológicos en una de las preguntas fundamentales de la existencia humana y, por lo tanto, de la filosofía: ¿quién soy? Esto es: ¿cuál es el sentido de mi existencia?
Para meditar sobre ello, me permito reproducir una de las páginas más bellas de mi padre, Luis Jorge. Es el penúltimo artículo a su obra post-mortem, "La hora de encontrarse a sí mismo", un conjunto de artículos que publicó bajo el pseudónimo "Jorge Lacanna". Espero que sirva para la meditación, y también para el debate sobre el "ser".................
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LA HORA DE ENCONTRARSE A SÍ MISMO

Publicado el 1 de agosto de 1991

Es una verdad conocida –tanto, que ha pasado a ser vulgar– que los seres humanos evolucionan. También es verdad: unos más, otros menos. Desde que nacen, los hombres van cambiando, dejando de ser exactamente lo que eran –o lo que fueron– para comenzar a ser otros. En algunos casos, las diferencias son mínimas, insignificantes: el hombre sigue pareciéndose a sí mismo. En ocasiones, los cambios son grandes, profundos. Aparece un ser casi del todo diferente. Aunque la transformación total no puede darse jamás.
Las etapas
Estudiosos de áreas múltiples –médicos, psicólogos, sociólogos, filósofos, religiosos– han dedicado al tema evolutivo buena parte de sus afanes. Textos y volúmenes de varada calidad y nivel han sido escritos en todos los idiomas y merecido análisis por las mentes más lúcidas, incluyendo poetas y novelistas de primera línea.
Pero, hasta hoy. la mayor parte de los estudios y de los tratados o enfoques sobre la evolución del ser humano se han centrado, de preferencia, sobre las etapas iniciales de la vida.
Por eso, la niñez y la adolescencia –y, en parte, la no bien delimitada juventud– han merecido una suma de estudios y de tratados. Por eso mismo, desde fines del siglo pasado hasta nuestros días, los docentes y los pedagogos han resultado quienes con mayor dedicación se han volcado al tema de la evolución del ser humano aunque en particular –se comprende– a las etapas primeras de la vida, propias, por otra parte, de los ámbitos escolares.
La etapa olvidada
Si bien los períodos ulteriores de la vida no están enteramente dejados de lado, es corriente un prejuicio sobre el cual se asienta la mayor parte de los análisis evolutivos. Es el que supone que la así llamada madurez, la entera madurez, sería una especie de etapa uniforme, que se extendería desde el final de una siempre mal delimitada juventud hasta entrar en la vejez propiamente dicha, que, además, tampoco puede ser definida o delimitada con precisión.
El tema de las muchas etapas que, en cambio, conforman la vida de cada persona a lo largo de sus años –de todos sus años– así como de las múltiples circunstancias que van marcando cambios y transformaciones en su personalidad es apasionante. También largo para considerar, y no es el punto central que ahora queremos considerar.
Lo que importa es hacer presente una etapa que, extrañamente, parecería haber sido olvidada. Y es que la etapa previa a la vejez propiamente dicha –anterior a la senectud, al momento en el cual los achaques físicos se acentúan y trastornan la capacidad espiritual y mental– esa etapa que es difícil nombrar porque toda denominación es riesgosa y chocante, representa nada menos que el momento de la vida en la cual el hombre se encuentra a sí mismo.
Debemos admitirlo
Es necesario admitirlo; es forzoso reconocerlo. A medida que los años avanzan, progresa, también, esa tarea esencial de cada ser humano que consiste en encontrarse a sí mismo, es decir, en identificarse, en descubrir quién es, quién ha llegado a ser.
En esta etapa más o menos final de la vida –final no en un sentido biológico, por cierto– es cuando cada persona comienza a hallar respuesta a unos cuantos interrogantes existenciales que resultan capitales para reconocer su identidad.
Por ejemplo, comienza a cobrar conciencia de un aspecto fundamental: saber quién ha sido. Qué hizo, qué fue, qué logró. Comienza la hora crucial del balance: frente a un plan de vida, frente a ambiciones en cualquier sentido, ahora, en esa etapa, el ser humano comienza lentamente a sacar conclusiones, a elaborar márgenes de éxitos y de fracasos, hasta que, a medida que los años avanzan, el balance se hace integral y, sobre todo, ineludible.
Saber quién es significa para cada persona saber qué quiso ser y quién fue. Y esto, esencialmente, representa la identidad verdadera, la más honda, la más propia.
Importa poco, casi nada, el juicio de valor que cada persona elabore sobre su identidad definitiva, que ha de descubrir en un instante siempre indeterminado pero que alguna vez ha de llegar. Ya no le queda sino asumir esa identidad. Lo cual es una muestra de sagacidad, de cordura, de inteligencia.
Sólo en esta etapa el hombre puede llegar a descubrir su identidad verdadera, a encontrarse a sí mismo. Si es sagaz, si es inteligente, se le abre una gran perspectiva. Es una de las más hermosas tareas existenciales que Dios le pone por delante. Porque –sospecho, con audacia teológica aunque con fe implorante– que en el día del Juicio Último el Señor, antes de preguntar a cada ser humano qué hizo le preguntará, simplemente: ¿Quién eres? Conviene estar preparado para dar una respuesta lo más cercana posible a la verdad.

32 comentarios:

Zetetic_chick dijo...

Excelente reflexión!

Anónimo dijo...

Quien soy es una pregunta que pueden responderse pocas personas . La razón es que son los demás los que con actitudes de aprobación o rechazo nos dicen quienes somos . Este es un yo social que insume gran cantidad de tiempo y esfuerzo .
¿Pero somos lo que dicen los otros , o los otros nos entendieron mal? ¿O negamos lo que los otros creen de nosotros? ¿O el individuo realmente existe y puede prescindir de la existencia de otros humanos ?
Para quien cree en Dios , nuestra identidad se confirmará o disolverá sólo ante su Presencia . Y quizás en esto consista el fantaseado infierno católico . Simplemente en no ser , por no haberlo querido , por no pagar el costo de ser en este mundo .
Para quien no cree , esta examinación final no existiría , lo cual lejos de una ventaja se convierte en una exigencia más para hacer las cosas bien .
Es el deber ser de la cultura patriarcal aún vigente expresado de dos formas diferentes según las creencias . Saludos desde la arrocera . M.S

Gabriel Zanotti dijo...

Pero "la exigencia para hacer las cosas bien", ¿no surge en tu caso de tí mismo? O sea, de quien eres......

Anónimo dijo...

Asi es . En la infancia la norma es externa (nuestros padres) . En la adultez es interna .Pero siempre autárquica , fuera del yo . M.S

Gabriel Zanotti dijo...

My dear MS, una curiosidad: ¿por qué decís "Pero siempre autárquica , fuera del yo"?

Anónimo dijo...

Porque yo no hago las normas . Ya las hiciera la sociedad en su evolución o un Dios en la creación , las normas me exceden y tienen su propia coherencia . M.S

Zetetic_chick dijo...

Yo pienso que el "quienes somos" debemos definirlo nosotros mismos en cada momento; no creo que nuestro ser esté separado de nuestra voluntad y decisión.

Los demás no siempre reflejan quienes somos, sino muchas veces sus propios prejuicios. Nos ven con sus propios lentes, y solo cuando esta visión coincide (casualmente) con lo que pensamos de nosotros, es que decimos "esa persona me conoce bien, sabe quien soy".

Es por este motivo que diferentes personas pueden tener una diferente visión sobre nosotros. Unos nos ven con antipatía, otros con cariño y cordialidad, unos nos atribuyen actitudes negativas, otros positivas. ¿Quien tiene la razón? ¿La mayoría? ¿Desde cuando el quienes somos se decide por mayoría de votos?

Para quien cree en un Dios cristiano, su ser personal está determinado por gracia divina, que se consolidaría post-mortem.

Para quien no cree en Dios ni en lo trascendental, la pregunta puede que no tenga ni sentido, porque su destino final será la aniquilación permanente, la radical desaparición definitiva y plena; y su existencia aquí es meramente un hecho accidental, sin sentido objetivo último.

Ciertamente, para quien no cree, el examinen o juicio final no existe. Pero no existe porque la propia personalidad se extingue para siempre; y no se puede enjuiciar a quien no existe, a quien carece de "ser".

Quienes creen en un Dios no cristiano, como el filósofo que enlazo a continuación, pueden considerar inexistente el juicio final, pero probablemente no descarten una existencia trascendente post-mortem, o una realidad espiritual:

http://www.tothesource.org/10_30_2007/10_30_2007.htm

Gabriel Zanotti dijo...

MS, eh........... No te enojes con mi in-sistencia please........ Pero, ¿y si la "norma" fuera ser fiel a uno mismo?

No hincho más..... :-))

Gabriel Zanotti dijo...

Respecto a ZC: aún sin Dios, habría, me parece un "ser uno mismo". No sólo en el sentido de que uno construye su propio ser con el conjunto de sus decisiones (al estilo existencialista) sino que hay decisiones (al revés) más fieles a uno mismo que otras.......... Y ese uno mismo, aunque Dios no existiera, ¿no existe? Una existencia efímera pero conciente de su ser efímero, tiene por ello el peso y la densidad existencial que una galaxia, efímera también, no tendría......

Sólo paa dialogar........

Mario Abbagliati dijo...

Steven Nachmanovitch sugiere en su libro Free Play http://www.freeplay.com/Top/index.m2.html
que el secreto de una vida inspirada consiste en oír la voz interior de la intuición y saber responder a su llamado. A mí esa idea me parece sugerente. Por experiencia propia, cuando no he actuado consecuentemente con lo que me decía, he sufrido las consecuencias. Quizás es que aún no soy yo mismo.

Anónimo dijo...

La gente tarada como el tractorista que se "olvidó" de echar gasoil , me saca , pero estos temas como los planteás me interesan y entusiasman . No entiendo bien las implicancias de "¿y si la norma fuera ser fiel a uno mismo?" . No veo el problema . Leí tu última respuesta a zc y estoy de acuerdo .
En un blog nadie puede ser comprendido sólo por una par de respuestas a un tema tan complejo , pero no está mal aclararle a zc y a otro que lea , que cuando hablo de no creyente , hablo de alguien consciente y convencido que según sus conocimientos y experiencia de vida dice , para gastarlo una vez más a Galileo "y sin embargo , no creo" .
No creer en Dios no es sinónimo de ateísmo , indiferencia y menos de falta de sentido de la vida ; y el libre albedrío de decidir que o quien ser , es tan importante para mí , que lo doy por sentado todo el tiempo como el aire que respiro . M.S

Zetetic_chick dijo...

Estoy de acuerdo profesor Zanotti en que, haya o no Dios, habría un "ser uno mismo", en el sentido de tener algún tipo de identidad personal.

Mi punto fue, y quizás allí radiquen las limitaciones de nuestro lenguaje, ¿qué tipo de "ser uno mismo" es al que nos referimos? ¿Cuál es su fundamento último? ¿En qué basamos el quien soy?

Es por ello que, quizás desde una perspectiva existencialista (aunque yo no me defino como tal), el quien soy puede ser definido en función de lo que uno decida y valore (lo que presupone algún tipo de libre albedrío).

Un no creyente de tipo materialista podría responder "Yo soy mi cerebro", "yo soy materia altamente evolucionada", "yo soy un producto accidental de la naturaleza", o cualquier otra respuesta. Otro no creyente, pero con una visión espiritual, respondería "Yo soy un ser espiritual en un mundo material"; y un cristiano quizás responda "Yo soy una creatura del Señor"

Concuerdo con M.S. que no creer en Dios no es lo mismo que ser ateo (aun cuando muchos ateos se definen así, como alguien que "no cree" en Dios, y no como quien cree que Dios no existe), y tampoco es lo mismo que ser materialista.

A lo que me referí en mi comentario fue que, para el que tiene una cosmovisión cristiana, su "quien soy" está respondido en parte por el Dios que, graciosamente, le dio su ser (ya que ese Dios es el que creó el mundo y lo sostiene). Este Dios le ofrece también la basa ontológica y axiológica de su existencia.

Luego, para un cristiano, la respuesta a "quien soy" no puede responderse con total independencia de este Dios.

En cambio, para quien no cree, la fundamentación de los valores y hasta de su identidad personal (su "quien soy" último) debe buscarla y quizás "decidirla" el mismo; no le viene "dada". Tiene que encontrar, por sus estudios o experiencia, un criterio de moralidad y un sentido a la vida.

No quise decir que quien no cree carezca de sentido de vida; puede tener un sentido, pero éste tiene que elegirlo el propio sujeto, no es un sentido último que exista como algo objetivamente trascendental; sino que es algo contingente, y que el propio sujeto debe elegir.

Asumir consistentemente la propia finitud, contingencia, y potencial extinción permanente, nos hace consciente de que cualquier sentido que le demos a la vida es también contingente y, hasta cierto punto, arbitrario y relativo.

Un mundo sin sentido ni propósito en sí solo puede tener el sentido y propósito que nosotros arbitrariamente le demos.

Por eso M.S., tu aclaratoria sobre lo que significa ser "no creyente" es pertinente y correcta, y la comprendí desde el primer mensaje; solo que derivé de ella lo que, en mi modesta y falible opinión, son sus implicancias últimas consistentemente seguidas y formuladas, y su relación con este artículo.

Sil dijo...

¡Quién soy!, (creo que es la pregunta que traduce mis días) cuestionarse, valorarse, comparase, refutarse, perdonarse, licenciarse… ¿cuántos ejercicios edifican nuestra identidad? Ahí estamos caminando, con la idea de que todavía hay tiempo para saber responder a esa pregunta.
Me fui pensando……
(…)

Y volví.
Impecable el artículo. La intención de la pregunta cierra redondo con el título “la hora de encontrarse a sí mismo”. Es mucho lo que me llevo de este post y poco lo que podría comentar; sin embargo, es inevitable dejar una huellita.
Cariños, Sil.

Marian dijo...

Hola soy Marian, primera vez que opino aquí, me han tentado.
Sobre si yo no creo las normas tengo una duda.
Normas de qué orden?. Pucha que me enganché con Santo Tomas.
Estoy de acuerdo en que existe un nucleo duro, algo así como una norma natural (aun tengo dudas si las construidas cultural y solcialmente no tienen algo de naturalizacion, pero bue todavía sigo leyendo). Pero pensar que soy preso de la norma (sea esta divina o humana), y que en el mejor de los casos la pregunta sobre la identidad me remitirá a una exigencia como reflejo de algo o alguien, me parece que anula de plano la idea de libre albedrio, y en su ultima consecuencia el concepto de identidad mismo pierde sentido. Porque si toda la cuestión termina remitiéndome a un soy o no soy y nada mas, entonces da lo mismo ser Marian, Pedro o Batman. Anulación de la diferencia somos todos iguales o no somos nada.
Te entendí bien MS?. Tengan en cuenta la hora.

Marian dijo...

Gabriel, qué bella pregunta y qué artículo a tono con la prgunta. Intento pensarla desde la consigna del blog, vale decir filosofando para mi.
Tengo una norma muy propia. Hacerme esta pregunta cada vez que tomo una decisión importante en mi vida como mínimo. Debo confesar que solo después de mucho tiempo he logrado darme cuenta de que eso era norma personal. Durante muchos años funcionaba sin más, y en algún momento fui conciente de ello. Y así mi pregunta sobre quien soy, sí, es verdad, ha tenido un componente evolutivo (cada vez me encuentro con un conocimiento sobre mi misma mas elaborado). Pero cada nuevo descubrimiento, cada modificación en la respuesta terminan en algún momento constituyéndose en una coherencia sobre ciertos núcleos de carácter que siguen allí. E invariablemente
termina en una cuestión distinta pero hermana "¿me puedo amar como soy? ¿podría morir hoy sientendome feliz conmigo misma?". Egoismo?. Si, el mas puro y vital. Sobre la validez de la pregunta creo que no hay que buscarla en la posibilidad de una respuesta última. Encuentro su derecho a ser formulada en su gran potencia creadora. Me entiendo como un ser limitado que es capaz de concebir lo absoluto. Nunca alcanzándolo, sólo corriendo tras él, y en ese camino teninendo mi única posibilidad de ser. Desde una perspectiva totalmente onto teleologica como la planteas creo sólo podría saber quien he sido al final del camino. Si en el último momento tengo la facultad de razonar acerca de ello, porque allí solo importa quien he sido para mí (aún a través de la mirada del otro, y sabiendo que perduraré en el muindo de los vivos pese a mi límite fisiológico)me encontraré en esencia con la misma cuestión, soy feliz con lo que he sido?.

Anónimo dijo...

La lluviecita me permite seguir un poco más . La exposición de ZC es sólida y bien católica . Pero aquí reside la parte del catolicismo que hasta hoy me resulta no convincente . Todo empieza a pensarse suponiendo a priori , sin exponerlo , que Dios está . De aquí derivan razonamientos que "suponen" que otros sentidos de la vida son por lo tanto contigentes y hasta cierto punto arbitrarios . Es como si se creyera en los dioses del Olimpo y a partir de esta creencia se considerara contingente y arbitrario a todo aquel que cree en un Dios cristiano , ya que estos dioses "sí son verdaderos" .
En resúmen , se está suponiendo un sentido de la vida absoluto (el propio) , contraponiéndolo con otro sentido de la vida relativo (aquel del que no cree en lo que yo creo) .
Para mí no es así .
Todos los sentidos de la vida son importantes , porque por definición aquello que da el sentido a la vida de una persona , la trasciende . Vivimos en un cuerpo temporal con sentimientos de eternidad . Esa eternidad un cristiano la proyectará en Cristo y un no creyente la proyectará en algo-alguien que continúe su obra . Será por siempre y para siempre , en ambos casos , y con personal significado . Saludos . M.S

Gabriel Zanotti dijo...

¿Pero son las posiciones de MS y de ZC incompatibles? Habrá que ver.....
Marian, muy bueno el giro a la pregunta, me deja pensando.....

Carlos dijo...

Hummm..muy interesante la discusión, es por esto que me atrevo a opinar.

Para responder a la pregunta: ¿Qien soy ? primero debo responder a la pregunta ¿como sé que existo?.

Desde luego que, como algunos imaginaran tenemos la opción: 1) pienso y por tanto, existo (Descartes)y la opción 2) Hablo y luego existo (Levinas).

Isa dijo...

hola! Es muy interesante leer lo que opinan, ¿quién soy? la respuesta no todos la tenemos e nuestro alcance.Pienso que lo que somos es cada acto que realizamos y cada decisión que tomamos en nuestra vida,claro el ser humano cambia, entonces hoy no soy lo que fui ayer, ni soy lo que seré mañana. Y la capacidad de trascender nos lleva a preguntarnos el sentido de la vida ¿tiene sentido la vida?.......... cuando descubrimos nuestros límites descubrimos nuestra capacidad de trascender.

Anónimo dijo...

woooow muy buenos puntos de vista ... es una pregunta bastante profunda q la respuesta depende de uno mismo pero cada idea y teoria q plantean para poder respondernos a nosotros mismos es de gran ayuda

VICTOR M RODRIGUEZ dijo...

Hola Gabriel. El discurso de tu padre pienso es excelente; aclarado, no en términos absolutos, por los parecers. Pienso que responderme ¿Quíen soy? será una respuesta relativa, ya que el ser es una construcción hiperdinámica, que aunque para ello es necesario obviar, sin eludir claro está, leyes y normas que obstacilicen nuestra búsqueda permanente. Para mí la respuesta va unida a la premisa del filósofo español Ortega "Yo soy yo y mi circunstancia" para lograrlo es necesario ser impecable en la palabra, según lo afirma el apostol Juán. Por otro lado no hacer supociciones para evitar pecar por no entender el discurso. No tomarse nada personalmente, aún cuando resuene directamente en nuestros oídos, pues las palabras sólo expresan debilidades y fortalezas de quienes las emiten y por último debemos hacer siempre lo máximo que se pueda, sólo así construiremos un ser para responderle a la fuerza creadora. ¿Quién soy?

VÍCTOR M. RODRÍGUEZ dijo...

Gracias por entregarnos una gran reflexión Gabriel

benjitash dijo...

Quién soy yo?
Muy bien, sería muy fácil responder con mi nombre, pero a ustedes eso no les diría nada. Cada uno de ustedes tiene una percepción de mi persona, y en verdad no pretendo ni desmentirla ni confirmarla, sino lograr que comprendan el por qué la tienen.

Soy un producto de la suma de pasados, de paradigmas y de alguna que otra rebeldía perdida; soy producto de la suma de creencias y tabúes de antaño los cuales, a veces de manera maravillosa y otras tantas dañinas han forjado gran parte de mi ser. Soy la paradoja común y altiva que comparte y se comparte dentro de un círculo social inherente y activo, a veces soleado y a veces en soledad. Soy lo que otras han sido y han dejado de manera residual y cariñosa; soy lo que recuerdo y también lo que en vano he intentado olvidar.

¡Ya basta de incoherencias, de disfraces y alegorías! ¿Quién soy yo? Pues soy, biológicamente, un ser humano; familiarmente soy hijo, hermano, sobrino, primo, tío y ve tú a saber que más…socialmente soy amigo, compañero, alumno, etc., pero nada importa como el “¿Quién soy yo?” para mí: solitario, noble, disipado, fiel, reiterativo en omisión, paciente, pasivo, dadivoso, nocturno, entregado, auto-flagelado, soñador, divagado, romanticista, alejado, caritativo, introvertido, sociable, reflexivo… ¿Quién soy yo? ¡Pues yo! Y cada quien tendrá su “Él” de mí, ¿Y saben qué? Con el debido respeto que me merecen, ¡Me vale madres! Pues ese “Él” que han formado de mí a su vez forma parte de mi “Yo” externo que a su vez es parte de mi “Yo” total, lo cual vuelve al “yo” que tienen de mí totalmente válido, respetable y, lo que es mejor… verdadero.

y para terminar no quiero darle un toque cristiano pero ya lo menciono "zetetic" pero esa pregunta "quien soy Yo" moises se la hizo a Dios exodo 3:11 la pregunta no es nuevo y post moderma.. pero Dios contesta con "YO soy" en ves de kuestionar nuestra realidad por ke no estamos seguros de quien realmente somos y como Dios en su respuesta aprendemos a decir "yo soy "..

Anónimo dijo...

benjitash en realidad tienes un punto de opinion muy claro,correcto y facil coherente de entender lo que verdaderamente significa quien soy ...felicitaciones dejastes sin palabras a todo aquel.....

panchomaggiolo dijo...

quien soy? es una pregunta que hasta el dia de hoy no puedo llegar a responder siempre leo articulos y blogs de personas mas aclaradas mentalmente que yo, en busca de la respuesta objetiva pero en el mar de circunstancias creo que la horientacion esta en definir nuestros miedos y tener claro ¿que estamos buscando en esta vida terrenal? ¿cuales son nuestras metas?. quien soy. me lo pregunto una persona muy influyente en mi vida y solo pude responder: soy lo que ves enfrente tuyo.

Anónimo dijo...

Vivimos en una sociedad mundial en la que nos ocupamos diariamente y dejamos practicamente fuera de toda realidad la verdadera realidad.
Cuando miro el mar, cuando volteo al cielo me doy cuenta de la inmensidad del mundo y del universo, por lo que me surgen muchas cuestiones por lo pequeños y vulnerables que somos ante toda esta inmensidad. ¿Cual es el sentido de la vida? ¿Realmente la humanidad dirige su existencia hacia un fin adecuado? ¿Quien soy yo?.. ¿Cual es mi escencia y objetivo en esta vida? Estas preguntas desde el punto de vista existencial, puesto que esto va mucho mas hallá y con otros objetivos distinto a lo que hacemos o buscamos en nuestras vidas diarias.
Excelente reflexión.

Anónimo dijo...

Siempre que queramos saber quienes somos, parémonos frente a un espejo y meditemos que queremos aunque la mayoría de las personas nos rechacen

Anónimo dijo...

Creo que es una exelente reflexión y creo que en muchos casos el decir ¿Quien Soy? es muy dificil. :)

Anónimo dijo...

veran parces yo es digo donde venimos , venimos de ls ovnis ,,,,,,,,,,,,,,,,vera su se poen a observarel cielo por la noche veran objetos que ambial de color yyyyyyy esos son ovnis

Anónimo dijo...

Nunca comprendere el por que "pienso y luego existo"... ¿Acaso las cosas materiales que son incapaces de pensar o razonar no existen?
Si son tan hamables, pueden explicarme ese pensamiento.

Gabriel Zanotti dijo...

Bien, precisamente ese es el punto. Las cosas materiales son incapaces de reflexionar sobre sí y captar su ser porque los sentidos no pueden verse a sí mismos, sólo su objeto. La inteligencia en cambio es capaz de verse a sí mismo y pronunciar el "soy"....

Anónimo dijo...

El artículo no solo es profundo sino sublime. La perla está en el párrafo final. Las opiniones de los lectores son intelectual y académicamente de alto nivel, pero orbitan muy lejos del sentimiento que inspiró al autor. Con ese tipo de respuestas no podríamos presentarnos satisfactoriamente ante nuestro Rabbí. Los constructos intelectuales no nos ayudarán. Aunque no compartamos la fe en Cristo, la idea de cabalgar en el mundo sin haberse encontrado a uno mismo es desoladora. Aquellos que no compartan la fe en Cristo encontrarán útil la idea de plantearse hipotéticamente la interpelación de un Dios que, compendio de toda nuestra existencia, nos pregunte ¿quién eres?