domingo, 14 de junio de 2026

RACIONALIDAD ALGORÍTMICA, RACIONALIDAD COMO CREACIÓN E INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 Ponencia presentada en las XXIII Jornadas de Pensamiento Filosófico de la Fundación para el Estudio del Pensamiento Argentino e Iberoamericano -FEPAI.

12 de Junio del 2026.

Resumen: en la siguiente ponencia se intentará demostrar que la opción entre paradigma dominante y paradigma alternativo, según la historia de la ciencia de Thomas Kuhn, implica un acto de libertad y creatividad, irreductible a la sola razón algorítmica que es propia de la inteligencia artificial. Se establecerá también una analogía con las demostraciones del libre albedrío en Santo Tomás de Aquino. La conclusión es que si la IA no puede reemplazar la creatividad del científico en las ciencias naturales, mucho menos en todo lo demás.

1.      Racionalidad algorítmica según Thomas Kuhn.

Se está debatiendo ad infinitum el tema de la inteligencia artificial, o mejor dicho las diversas versiones de los CHAT GPT, y los artículos y ensayos al respecto se multiplican a una velocidad imposible de seguir, desde perspectivas diversas en un contexto totalmente interdisciplinario.

Hacer algún aporte digno de debatir, en ese panorama, parece imposible, pero lo intentaremos porque tenemos la esperanza de que la filosofía de la ciencia de Thomas Kuhn pueda tener algo que decirnos.

En 1973 Kuhn dicta una conferencia que luego deviene uno de sus artículos más clásicos: “Objetividad, juicios de valor y elección de teoría”. [1] La “elección de teoría” es algo esencial en el momento de la crisis, en el momento en el cual los científicos tienen que elegir entre el paradigma dominante y el paradigma alternativo. Kuhn da a ese momento de la elección una importancia decisiva, y se extraña de que los filósofos de la ciencia habitualmente no le hayan prestado suficiente atención: “…Comenzaré preguntando cómo es que los filósofos de la ciencia han descuidado durante tanto tiempo elementos subjetivos que intervienen regularmente en las elecciones reales de teoría, las que hacen los científicos en forma individual. ¿Por qué estos elementos les parecen tan sólo un índice de debilidad humana y no de la naturaleza misma del conocimiento científico?” (las itálicas son nuestras)[2].

¿Por qué habla Kuhn de elementos subjetivos? Porque la filosofía de la ciencia anterior a él ha buscado siempre una especie de formula algorítmica que nos permita llegar a la teoría científica correcta, fórmula que resumiría el método científico. Los métodos experimentales de Mill, las fórmulas de la probabilidad en el inductivismo moderado de filósofos como Nagel y Hempel[3], y hasta la insistencia en el modus tollendo tollens del Popper del 34[4], serían ejemplos de una racionalidad basada en reglas de la lógica y de la matemática. Por supuesto, se podría decir que muchos de ellos aceptan los límites de esa racionalidad, pero en una actitud de “espera” hacia el encuentro de una mejor fórmula: “…Desde luego, -aclara Kuhn- una manera de responder esa pregunta consiste en decir que pocos filósofos se han atrevido a proclamar que poseen una lista completa de criterios o bien una lista bien articulada. Por algún tiempo, entonces, siguen esperando razonablemente que con nuevas investigaciones se eliminarán las imperfecciones residuales y se producirá un algoritmo para prescribir la elección racional y unánime”[5]. Prestemos atención a la palabra “algoritmo”. Porque una fórmula lógico-matemática es, obviamente una deducción. Y en la deducción, como todos sabemos, la conclusión se sigue necesariamente de las premisas. Pero Kuhn estaba hablando de las elecciones de teoría, y una elección, una opción, no es una deducción. En los momentos de crisis, el científico se encuentra con dos paradigmas, uno dominante, otro alternativo, ninguno de los cuales le da razones suficientemente conclusivas para evitar, precisamente, la elección. Copérnico se enfrentaba a dos paradigmas: el ptolemaico y el nuevo que él, sin darse cuenta, estaba formulando. Los dos tenían los cinco criterios de una buena teoría afirmados por Kuhn en este mismo ensayo (precisión, coherencia, amplitud, simplicidad, fecundidad); los dos tenían solidez teórica y capacidad predictiva, pero ambos tenían sus anomalías y problemas tal que ningún científico podía decir “es necesariamente por aquí”. Por eso hay que hacer siempre una “elección” de teoría, porque la opción libre es lo que cubre el hiato entre una premisa y una conclusión en un razonamiento no necesario, no deductivo. Lo que está diciendo Kuhn es algo todavía hoy sorprendente: los grandes cambios de teoría son fruto de decisiones libres de los científicos, no de fórmulas deductivas necesarias. Popper ya lo había dicho, y Kuhn nunca se opuso: las teorías son conjeturas, no son la totalidad de lo real, y esa diferencia entre lo limitado de la teoría y la infinitud de lo desconocido es lo que convierte a una teoría en algo siempre provisorio cuya aceptación libre viene dado muy humildemente por una no contradicción hasta el momento, que Popper llamó corroboración.

2.      La analogía entre el libre albedrío y la elección de teorías.

Curiosamente, esta estructura de un razonamiento no necesario fue la clave de la defensa del libro albedrío en Santo Tomás. Lo defiende, precisamente, como el “libre juicio de la razón”, lo cual tiene mucho que ver con el razonamiento prudencial según Aristóteles. Citemos el párrafo completo por una cuestión de contexto: “…En el hombre hay libre albedrío. De no ser así, inútiles serían los consejos, las exhortaciones, los preceptos, las prohibiciones, los premios y los castigos. Para demostrarlo, hay que tener presente que hay seres que obran sin juicio previo alguno. Ejemplo: una piedra que cae de arriba; todos los seres carentes de razón. Otros obran con un juicio previo, pero no libre. Ejemplo: Los animales; la oveja que ve venir al lobo juzga que debe huir de él, pero lo hace con un juicio natural y no libre, ya que no juzga analíticamente, sino con instinto natural. Así son los juicios de todos los animales. En cambio, el hombre obra con juicio, puesto que, por su facultad cognoscitiva, juzga sobre lo que debe evitar o buscar. Como quiera que este juicio no proviene del instinto natural ante un caso concreto, sino de un análisis racional, se concluye que obra por un juicio libre, pudiendo decidirse por distintas cosas. Cuando se trata de algo contingente, la razón puede tomar direcciones contrarias. Esto es comprobable en los silogismos dialécticos y en las argumentaciones retóricas. Ahora bien, las acciones particulares son contingentes, y, por lo tanto, el juicio de la razón sobre ellas puede seguir diversas direcciones, sin estar determinado a una sola. Por lo tanto, es necesario que el hombre tenga libre albedrío, por lo mismo que es racional” (I, Q, 83, c)[6]. El lector dirá: ¿cuál es la relación con la filosofía de la ciencia? Que en ese caso, “las teorías con contingentes”; “los paradigmas son contingentes”: la contingencia refiere a la no necesidad de la teoría, a su limitación intrínseca por ser creaciones libres y provisorias de la inteligencia humana ante la infinitud de lo real. Ante esas creaciones libres, no puede haber una deducción que necesariamente obligue, aunque en los paradigmas dominantes puede haber una plena coherencia interna dentro de su dominio (como la mecánica mewtoniana).

Precisamente el otro texto de Santo Tomás sobre el libre albedrío toca también el tema de la contingencia: “… si se propone a la voluntad un objeto que sea universalmente bueno y bajo todas las consideraciones, necesariamente la voluntad tenderá a él si quiere algo, pues no podrá querer otra cosa. Pero si se le propone un objeto que no sea bueno bajo todas las consideraciones, la voluntad no se verá arrastrada por necesidad. Y, porque el defecto de cualquier bien tiene razón de no bien, sólo el bien que es perfecto y no le falta nada, es el bien que la voluntad no puede no querer, y éste es la bienaventuranza. Todos los demás bienes particulares, por cuanto les falta algo de bien, pueden ser considerados como no bienes y, desde esta perspectiva, pueden ser rechazados o aceptados por la voluntad, que puede dirigirse a una misma cosa según diversas consideraciones” (I-II, Q. 10 a. 2c, las itálicas son nuestras). La analogía sería la siguiente: si se propone a la inteligencia una teoría que sea universalmente verdadera  bajo todas las consideraciones, necesariamente la inteligencia tenderá a ella;  pero si se le propone una teoría que no sea verdadera bajo todas las consideraciones, la inteligencia no se verá arrastrada por necesidad. Que es precisamente el caso de los paradigmas dominantes y alternativos.

3.      Conclusiones para la inteligencia artificial.

Por lo tanto, como hemos visto, deducción no es elección. En la deducción podríamos tener algoritmos pero en las elecciones libres no. Y lo que estamos viendo es, nada más ni nada menos, que la dinámica de la ciencia implica elecciones libres de los científicos. Por eso la ciencias es provisoria y corregible.

Ahora bien, cuando un paradigma es dominante, da la ilusión de lo contrario. El paradigma, como de vuelta lo ha explicado Kuhn, tiene su puzzle solving[7], su solución habitual de problemas, donde el científico es “enseñado” desde el principio a copiar y repetir al paradigma, y repetir sus fórmulas. Entonces parece que todo encaja y los científicos tienen el peligro de robotizarse: hacen todo según los protocolos del paradigma.

Pero cuando se acumulan las anomalías y, en términos de Lakatos, el paradigma comienza a ser entre teórica y empíricamente regresivo[8], llega la crisis. La crisis es del paradigma, claro, pero también de los científicos que se habían aferrado al paradigma y habían robotizado su profesión. Les falta creatividad intelectual, porque la estabilidad del paradigma dominante anterior no los acostumbró a las alternativas.

Es aquí donde nos damos cuenta, entonces, que la inteligencia artificial nunca podrá reemplazar al genio creador en la ciencia, cosa que se podría aplicar a todo lo humano. Si la inteligencia artificial trabaja con algoritmos, calcula, deduce, no crea. Puede ser una gran ayuda, pero al margen de creatividad de lo humano, no lo podrá reemplazar.

Esto puede ser una buena noticia, pero una mala, también, al advertir que los humanos, mucho antes del 2023, ya nos habíamos robotizado en muchos aspectos, fruto de una cultura que había privilegiado una racionalidad solamente algorítmica, meramente instrumental, como “la” racionalidad[9], sin advertir que el punto más alto de la inteligencia humana es la creación, a partir de la interpretación (hermenéutica) de circunstancias complejas cuya apreciación va siempre más allá de lo que un sistema cerrado en sí mismo pueda considerar.

Kuhn lo advirtió, en 1973, sólo para la ciencia. Pero si es así en la ciencia, no es difícil comparar con todo lo demás y llegar a las conclusiones correspondientes. Que no sé si serán necesarias o no: dejemos abierta la cuestión.

 

 

 

 



[1] “Objetividad, juicios de valor y elección de teoría”, en La tensión esencial; FCE, 1996. No somos los únicos que consideramos que este artículo es esencial para una correcta interpretación de la obra de Kuhn. Ver al respecto H. Sankey, “Scientific Method”, en The Routledge Companion to Philosophy of Science, edited by S. Psillos and M.Curd, London and New York, Routledge, 2008.

 

[2] Ob. cit., p. 349.

[3] De estos autores, ver Hempel, C.: La explicación científica, Paidós, Barcelona, 2005; y Nagel, E.: La estructura de la ciencia, Paidós, Barcelona, 2006.

[4] Popper, K.: La lógica de la investigación cientifica, Tecnos, Madrid, 1985.

[5] Op.cit., p. 350.

[6] Estamos utilizando esta versión bilingüe on line: https://tomasdeaquino.org/suma-teologica/I_q83.htm; ver también la versión de Marietti, 1952.

[7]  Kuhn, T.S.: La estructura de las revoluciones científicas, FCE, 1971.

 

[8]  Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica, Alianza Ed., Madrid, 1989.

 

[9] Sobre la crítica a la sola racionalidad instrumental, ver Husserl, E.: The Crisis of European Sciences; Northwestern University Press, 1970; sobre este libro de Husserl, veo Leocata, F.: “La racionalidad moderna y la fenomenología de Husserl”: Sapientia 58 (2003) 245-301.

5 comentarios:

  1. Juan José Sanguineti15 de junio de 2026 a las 6:46

    Excelente artículo

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  2. "No sólo hay que mirar la Luna y el dedo que la señala, sino también, a la otra mano que intenta robar la cartera"

    ¿Qué se diría de alguien que ejecuta la fuerza bruta, el engaño y la corrupción para gobernar un jardín de infantes?

    ¿Qué códigos comunicativos se preservan en ese tipo de molde?

    De una aberrante separación sobreviene la inercia de una lógica unión de lo inocente y lo perverso, lo femenino y masculino, configurándose así una quimera que posee un particular lenguaje de carencia y desmesura, péndulo carcelario entre represión y liberación que juega por la noche y el día. Una afectación en el núcleo familiar que condiciona las relaciones y organización del cuerpo y mente social.

    "En la oscuridad, cualquier luz es suficiente, sin embargo una polilla podría dirigirse hacia una equivocada"

    Los adultos se acostumbran, pero qué escucharían de sus niños.

    ¿Dónde empieza y en dónde termina el jardín de infantes en realidad?

    Otros preguntarán, cuándo...

    La estupidez, no sólo puede ser correcta, distinguida, refinada, reconocida, premiada y asimilada, andar bien vestida y ser ilustrada, también puede viajar en carreta o a la velocidad de la luz o estár en más de un sitio al mismo tiempo.
    La estupidez cuántica no escapa a la relatividad en dónde se convierte en infinita, porque allí fue engendrada. Y fue el cómico y cósmico, Albert Einstein, el que descubrió que su engaño se desvanece cuando su masa es cero.

    El producto y resultado de una fábrica, es lo que es, no puede ser algo más del propósito para lo que fue programado. Y en ella trabaja mucha gente que la confunde con La Vida, siendo simple teatro. Lucro en el defecto y la resiliencia en la virtud, se hermanan y establecen "la normalidad" en la cadena de montaje de la empresa.
    El resultado del adiestramiento con premios y castigos es convertir al premio en no ser castigado. Consecuentemente, ninguna persona es ajena a los efectos de la descomunicación. Aunque se adapte y compense el defecto y se terciarice la responsabilidad, la realidad terminará tocando a cada puerta dejando en evidencia el principio de armonía. Las señales son inequívocas, las virtudes y defectos nunca mienten, el dolor y sufrimiento siempre tienen razón.

    ¿Quién escribe el guión?

    Unos miran hacia la pantalla de cine y dicen, ¡es sólo ficción! y cuando le dan la espalda hablan seriamente de realidad, de un show por el que también han pagado, pagan y pagarán.

    Éste dilema se soluciona dándose cuenta quién queda de un lado y quién del otro, y del qué, que se lleva a cuestas y el que se debe dejar.

    Pero...

    ¿Quién es el intermediario, ese extraño relator que cuenta lo que sucedió y sucederá, y lo que nunca ocurrirá oculto en su silencio?

    Es una encrucijada interesante, pero si nos adentramos al inframundo griego del defecto, nos remitirá al cercano mito de Jesús en su crucifixión. El ritual del sacrificio de la verdad, la libertad, el amor y la justicia, de la vida, que justifica al verdugo, al que se le transfiere ilusoriamente una responsabilidad que regresa mas temprano que tarde a cobrar la cuenta y el que se posiciona como agente evolutivo o azote divino autorizado. Y por el otro lado nos encontramos con su resurrección en virtud, Cristo, una refrescante consciencia renacida lógicamente en el mismo cuerpo, que observa y comprende el fenómeno de la cruz y ficción.

    “La frustración del iniciado ante la creída e inalcanzable perfección es la que se rinde ante el mas fuerte, la seductora muerte, y con ello adorar al intermediario, el que tiene el poder de matar y de su amenaza.
    Nadie luchó, lucha ni luchará por su vida mientras no muera la apariencia, como bien dice el manual”

    Sin embargo, ésta historia comienza una ficción antes, con la de un paraíso perdido y secuestrado llamado Dios, luego Estado, y ahora "I.A.", con la promesa de regreso hacia la tierra prometida, que es un muro de los lamentos.

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  3. "Cuando la esperanza es lo último que queda, ya no hay miedo a esperar o de esperar la amenaza, y se la devuelve al baúl de los recuerdos para cuando se la necesite en primer lugar"

    Un mito conserva una condición existencial que puede ser una cárcel en la relatividad del defecto o bien un ejercicio para la virtud.
    Por eso la vida es cuento y la palabra ficción, y nos encantan sean bellos o de horror, pero mucho más vivirlos y compartirlos.

    La mecánica es la misma durante el tránsito o éxodo desde la sensación de ausencia hasta la presencia de consciencia. Los sueños de ausencia, claman por los de presencia, necesitando a los que lleven a su destino. Y en el puente aparece el intermediario que bien cobra o paga según se requiera. Es el genio de la lámpara que vende infinitos e insoportables futuros llamados deuda, que embargan presentes para enterrar pasados y así alimentar el bucle de un autónomo circuito. Innumerables rayos simulan movimiento en su periferia, que hacen decir es cierto, es realidad, olvidando el centro desde donde parten.

    Los puentes del defecto nunca unen nada porque su objetivo es aislar en la medida y convertirla en la única y verdadera, expulsando lo que sobra hacia el laberíntico misterio.

    El error se conserva en la memoria junto con su bastón adaptativo y compensatorio, que oculta un defecto represor de una virtud desfogada condicionalmente. Es en el aprendizaje, la repetición tiene su función y lógica hasta lograr la integración de lo despojado.

    “Un puente se construye de una sola manera, ¡bien!”

    El principio creativo no se hace esperar, el núcleo familiar requiere un mínimo de dos para dar a luz un hijo.

    "La luz y los ojos tienen sentido siendo uno, la vista, y su fruto en lo observado. Los ojos de vida ven vida y los de muerte lo suyo. Mientras cuerpo y mente es en la carne y su fruto en lo amado, un reflejo del espíritu. Odiar amar o amar odiar, es lo mismo"

    El (1;1); (1;0); (0;1) y (0;0), recrean el presente en el equilibrio de los polos, pasado en el retorno a la esencia, futuro en el avance trascendente y silencio del todo en la nada. No hay contradicción.
    Sin embargo se simula una cuando existe conflicto entre los polos. Cuánto más pequeño el mundo resultante, más intenso y efectivo el infierno, estado temporal en dónde igualmente se aplican los
    mismos principios vitales y su magna pero condicionada abundancia.

    En la dualidad del defecto, se encuentra la mafia de los autoelegidos en el lado bueno cedido, mientras del otro los auto expulsados, los esclavos.
    El Angel, Rey y Soberano, es el que custodia el reino con su espada de fuego, de hierro y antivirus.
    Mapa amo; territorio esclavo. La ficción es a su teatro, la interferencia a su intervención, la simulación en su simulacro. Su sistema de control es un conjunto de círculos de poder concéntricos que aparentan estár desvinculados unos de otros.
    Los oficiales juegan a favor de los intereses de la empresa, mientras los opositores en contra, de lo que se interpone a esos intereses. Mientras los que brillan suelen ser captados para arrear a los incautos hacia el templo en donde sepultan la verdad. Sectas individualistas y colectivistas bailan al mismo son.

    El arquetipo "amo y esclavo" son extremos de una misma vara o cuerda disonante. En el medio, ficciones fantásticas, legales y técnicas conforman la imaginaria frontera y manto de impunidad, un can Cerbero que muchos llaman verdad, acuñados con libros sagrados, constituciones y softwares. Todo es perfecto hasta que no. Básica y consecuentemente, lo que se desea, sueña, piensa, dice y hace puede ser usado en contra del cliente y en favor de la empresa.

    El amo parasita el sistema aprovechándose del proceso del desarrollo natural y apropiándose de los resultados de la virtud y el defecto en el gobierno de la carencia, utilizando el símbolo de la verdad como instrumento. Pero es un esclavo mas al estar obligado a sostener la consciencia ideal y relativa dónde brillan en la mediocridad, en su intento de llenar el vacío con lo superfluo.

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  4. Por eso suplen su carencia con la fuerza bruta, el engaño y la corrupción, que muchos creen y llaman inteligencia.

    El matrimonio confunde el desarrollo de su consciencia con la sofisticación de su simbólico artificio físico y virtual que los ordena, al que delegan toda su responsabilidad.

    "A las tonterías, por ser tontas no se les presta atención, sólo cuando comienzan a dar cosquillas o comezón, y luego al hacer daño es cuando se les llama problema y sin falta aparece un veloz
    carro de bomberos que siempre llega tarde, cuando ya se ha cosechado y cumplida la misión"

    Ningún iniciado, cliente, paciente, consumidor o creyente elige al presidente, papa o rey, tampoco al director, juez, gerente, pastor ni general, y menos al dueño de la tierra, del dinero o de la empresa en
    donde trabaja, pero es más entretenido creer que si, jugando en un carrusel movilizado por una montaña rusa de sensaciones. Un circo, teatro y casino donde la casa siempre gana.
    El contrato es entre el uno y los ceros detrás de él. Unos saben, deciden y mandan, y otros ignoran, obedecen y se adaptan y a cada parte le corresponde lo suyo, su administración y refugio.
    La libertad condicional es al amor condicional y se comercia en el derecho.

    "Roma, el mal mayor y menor beben de una misma fuente, en cambio Amor, sólo hay uno"

    El amor es ciego y siempre jura eternidad en el matrimonio con la apariencia, sin embargo en la separación se quedará con lo amado.
    Por eso el cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo.

    Más allá de la dictadura, sea una democrática, militar, teocrática, monárquica, tecnocrática o un pentágono de ellas, la humanidad
    avanza y siempre prevalece lo verdadero. La gente seguirá protegiendo lo amado, construido y festejado, cada vez más, sin sus cadenas.

    A pesar de todo ésto, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque el engaño, la mentira y la apariencia, tienen sentimientos, aunque también sus días contados.
    La muerte de la apariencia es inevitable, y sucede en su transparencia dejando a todos desnudos, convirtiéndose la complejidad en materia prima creativa para enriquecer y dar alegría en la simplicidad de ser humanos.
    Nadie puede esconderse ni esconder nada, y nada escapa a la mecánica con la que se programan los trucos. Sin embargo desde niños nos encanta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.

    Es lógico e inevitable inclinarse hacia la belleza, las estructuras perfectas armonizan por sí solas cuando sintonizan con otra en la que resuenan, especialmente en hechos más que palabras.
    Mientras la estructura ordenada de un sistema artificial que la simula, nunca es garantía de nada, si el que le da vida no la supera.

    "La mano guía al martillo y no el martillo a la mano. Pero si se quiere clavar un clavo con un revólver, hay que tener mucho cuidado, porque el arma no distingue entre amigo o enemigo, por eso, a las armas las carga el diablo"

    Si alguien descuidado se adentra en el cuento ajeno, no irá a dónde quiera, sino a dónde está predefinido ir. Y aunque esté confiado en lo que crée, sabe y obedece, es el programador el que
    los deja sin efecto para instalar una nueva regla. Una vez programado el Alfa y el Omega, las variantes serán anecdóticas y sumarán las estadísticas. El programador creerá ser amo del tiempo, mientras el esclavo, estar en alguna parte de la secuencia.
    La conformidad emergerá de máximos falsos con mínimos verdaderos, de constantes mecanizadas en un mar de mecánicas variables que juegan a la incertidumbre. El redil constituido entre el mal mayor y menor, guiará el camino.

    "Engañador y engañado; encontrador y encontrado; soñador y soñado; amo y esclavo; pendulan mientras alguien lo vive"

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  5. En tal caso, el cuento sólo será contado cuando lo haga suyo y le haya dado un fin, porque la verdad es de todos y no tiene dueño. Y aunque el cuento sea tan sólo un sueño, cuando despierte, podrá
    sentir que realmente ha amado, visto y escuchado, comprendido.
    Una vez en el reencuentro con esa inocencia, antes perdida y adulterada, podrá realmente darse cuenta y saber elegir.
    Entonces, Sísifo y Atlas dejarán de envejecer al soltar la ilusoria roca, rompiéndose así la vara.

    La carne, al final de cuentas, concilia hasta las posibilidades más extremas y aberrantes con la fragmentación en el olvido y la reproducción en el recuerdo.

    "Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas"

    La apariencia al Arte, el engaño a los sentidos, la autoridad a la íntima consciencia, mientras la idiotez a su correspondiente museo. Entonces cumpliremos con el gran deseo del idiota emperador, el de quedar inmortalizado siendo un eco, soberano en su incapacidad de amar y de ser amado.

    ...y así nos despedimos de la estupidez, esclavitud y la tiranía, aunque muchos dirán hasta luego.

    Fin

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