domingo, 12 de febrero de 2017

ESTADOS, NACIONES, FRONTERAS E INMIGRACIÓN

Cuando L. von Mises vio disolverse su amado Imperio Austro-Húngaro (sí, lo amaba, detalle interesante para los anarco-capitalistasJ) escribió una de sus más monumentales y menos leídas obras: Nation, State, and Economy. Allí sistematizó una de sus grandes ideas: la diferencia entre estado y nación, tema que aparecería de vuelta en Liberalismo y en Teoría e Historia. La nación es una unidad cultural unida por el lenguaje (adelantándose a Wittgenstein, describió perfectamente el papel performativo del lenguaje respecto a las formas de vida culturales). Un estado, en cambio, es una unidad administrativa, cuya función es ser el aparato social de coerción que para Mises estaba destinado a la protección de los derechos individuales que, a su vez, debían ser universales a las diversas culturas.

Por lo tanto, él soñó no con una separación, sino con una unión, bajo un mismo estado federal, de las diversas naciones. Estas últimas no debían estar unidas ni por la educación, ni por el lenguaje, sino sólo por el respeto a las libertades individuales de todos, y a la libre entrada y salida, de capitales y de personas, entre las diversas naciones. Por eso para Mises la libertad educativa y de lenguaje eran tan importantes. En realidad Mises soñó con un mundo cuyas diversidades culturales no fueran impedimento para una unidad que pasara –nada más ni nada menos- por las libertades indivuduales y la libre entrada y salida de capitales y de personas.

¿Demasiado para la naturaleza humana? Puede ser. Hubo, sin embargo, acercamientos. Tal vez los “Estados unidos” fueron, al inicio, eso. Tal vez la Argentina de fines del s. XIX, donde todo el mundo, literalmente, entró, fue eso. Pero esas ocasiones históricas tienen mucho de casual. Coinciden con momentos donde hay cierto consenso cultural sobre “la llegada del otro”, donde el otro no es tan otro. Para cierto norteamericano promedio había otros, esto es, negros y latinos, y para ciertos argentinos promedios, a fines del s. XIX, los otros eran realmente los negros –que no había- y los indígenas –casi totalmente eliminados-. El europeo no era otro. Se parecía al criollo. Los españoles “volvieron” y los “tanos” eran simpáticos. Y listo. Y otras comunidades eran caucásicas.

El problema, para la convivencia de las naciones, es el otro, el verdaderamente otro. El otro, el que tiene rasgos y color verdaderamente distintos, el que tiene costumbres e idioma verdaderamente distintos, es un problema para la naturaleza humana. O sea, luego del pecado original, el hombre es un problema para el hombre, porque todos somos otros en relación a otros. Todos somos extranjeros cuando nos toca serlo.

¿Tuvo razón Hobbes, entonces? No sé. Tal vez hubo un momento “lockiano” en la historia. Tal vez EEUU fue eso: la única nación cuya unidad no pasaba por una raza, religión, sino por la adhesión a la Constitución Federal. Tal vez no fue así. Pero, ¿debe ser así?

Sí, en cuanto ideal regulativo de la historia. La única unidad deseable es un sistema constitucional donde la igualdad sea la igualdad de derechos individuales por los cuales nuestra diversidad se manifiesta. A partir de allí, las diversidades se integran. El comercio, el libre contrato, implica que marcianos, italianos, venusinos, japoneses, puedan intercambiar sus bienes y servicios, y por ende, sus lenguas, culturas, usos y costumbres que se unen, no heroicamente, sino bajo el único incentivo que ha probado ser más fuerte que las guerras para millones y millones de gentes con conocimiento disperso y prejuicios diversos. La emergencia del liberalismo político y económico en la historia no fue el surgimiento del reino de los cielos, sino del único reino posible luego del pecado original. Lo demás tiene otros nombres: esclavitud, servidumbre, guerra, sumisión, crueldad.

Claro que los economistas clásicos y los austríacos tienen razón cuando prueban que la libre movilidad de capitales y de personas aumenta la productividad conjunta y el nivel de vida para todos. Es la solución de la pobreza y del subdesarrollo. Pero lo difícil es el corazón humano que no quiere ver al otro, aunque el otro sea el famoso plomero en Domingo de Woody Allen. Si es el hijo del tano de la vuelta, todo bien. Si es negro y habla francés, mm….

¿Y qué pasa si hay guerras potenciales? ¿Qué pasa si sospechamos que “el otro” es terrorista? Para eso las visas, que son sistemas de fiscalización, pueden ser admisibles. Pero deben ser la excepción, no la regla. Pero no, parecen ser la regla. Entonces la guerra es la regla y la paz es la excepción. Entonces Hobbes es la regla y Locke la excepción. Entonces, ¿el liberalismo fue verdaderamente excepcional?

Claro que Trump está equivocado en sus políticas proteccionistas. Pero repentinamente parece ser el único equivocado. Los fascistas, los comunistas, los intervencionistas, los socialdemócratas, o sea todos excepto nosotros, los pérfidos liberales, están todos de acuerdo con naciones cerradas, con aranceles, visas, pasaportes y todo tipo de control “al extranjero”. Ah si, pero ellos no son Trump. Trump es el nacionalista malo. Ellos son los nacionalistas buenos. Es así de fácil.

Las naciones son en sí mismas buenas. Asi somos los humanos. Nos sentimos bien con unidades culturales linguísticas (yo no, pero yo soy marciano J). El problema está en las naciones cerradas, pero parece que no podemos desprendernos de elllo. Sí, el EEUU originario, la Argentina del s. XIX, con todos sus desastres e imperfecciones, abrieron las fronteras, pero fue algo verdaderamente excepcional. La guerra parece ser lo normal.


Pero si la guerra es lo normal, pongámonos del lado de la excepción. El liberalismo es un mandato moral. Es el contrapeso de la historia de la guerra. Es contraintuitivo. Es vivir con el otro. Ya no hay extranjero o de aquí, ya no hay documentado o indocumentado, ya no hay nacional o inmigrante, porque todos son uno en la igualdad ante la ley.


8 comentarios:

Marcelo dijo...

1 En la conformación de las naciones incide no sólo la comunidad lingüística, sino también la comunidad de sangre y de estirpe, el origen común, las costumbres, las tradiciones, la cultura, las aspiraciones, y habitualmente el mismo territorio (puede haber algún caso excepcional, como el de la nación judía que persistió durante siglos sin territorio)
Es natural a la índole social de la naturaleza humana la conformación de naciones, y hace también al equilibrio psicológico de las personas, las familias y las sociedades; manifiestos son los males del desarraigo y de la anomia social y cultural, que están la base de muchas conductas delictivas y patológicas.
Y si bien un Estado puede tener distintas naciones, se requiere para su funcionamiento, ciertos valores comunes. Caso contrario, termina como Yugoslavia, con una guerra civil entre todas las etnias, por lo que es mejor la separación.
Y sin son muy malos los efectos de un nacionalismo extremo, también la imposición del multiculturalismo presenta y genera problemas gravísimos, ya fue estudiado sociológicamente, pero no puedo abundar aquí.
2 Una visión realista debe reconocer que la diversidad de Estados, naciones y fronteras es HOY un obstáculo a la imposición de tiranías globalizadoras o mundialistas, máxime cuando existen poderosos medios de comunicación y tecnológicos como nunca antes en la historia de la humanidad. Las legítimas y necesarias libertades se verifican y deben realizarse en concreto dentro de la diversidad de los estados y naciones.
La predica indiscriminada contra las fronteras, paradójicamente, puede servir a las peores tiranías.

(continúa)

Marcelo dijo...


(continuación)

3. Dice Gabriel que, sin perjuicio de su liberalismo, Mises amaba al Imperio Austro Hungaro.
Detalle interesante para los liberales: Mises amaba un Estado que era una Monarquía, un Imperio, y oficialmente católico…¡Que tal !.El Imperio Austro-Hungaro, el ultimo imperio católico, destruido como consecuencia de la 1ª. Guerra mundial, y su ultimo emperador Carlos fue beatificado por Juan Pablo II.
Con ese antecedente, no hay duda que Mises era una persona que valoraba la verdadera cultura y civilización, que no estaba cegado ideológicamente, y que vió que las legitimas libertades podían existir dentro de aquéllas. Dudo que HOY, visto los resultados catastróficos a la vista, avalara los planteos utópicos de “libre” inmigración tan queridos ahora por algunos de sus seguidores….
La necesaria existencia de libertades e intercambios pacificos no puede separarse de las culturas y de los valores que los animan, ni desconocer el bien común.

5 En el tema inmigratorio, me vuelvo a remitir (ya lo he comentado en otros posts del blog) a lo que dice el libertario Hans Hermann Hoppe, cuyos argumentos no han sido ni analizados ni contestados. Reitero: “la libre inmigración sin condiciones es como aconsejar el suicidio de la sociedad...", y vulnera además los legítimos derechos de los habitantes originarios (ver capitulos 7 y 8 del libro de Hans Herma nn Hoppe (Monarquìa, Democracia y Orden Natural, traducciòn Union Editorial, "Inmigraciòn libre e integraciòn forzosa" y "Librecambio y restricciones a la inmigraciòn").
Y si bien existen pasaportes, visas, etc. la realidad es que en Occidente se fomenta políticamente la inmigración y la integración forzosa de muchas personas cuyas culturas y pautas de comportamiento son incompatibles con la civilización que los recibe y favorecen su destrucción, con las consecuencias nefastas que se han verificado (sólo como ejemplo, ver el libro de Ann Coulter, “Adios América!El Plan de la Izquierda para Convertir Nuestro País en un Infierno del Tercer Mundo”). ESO ES LO MAS IMPORTANTE, que la prédica ideológica de Gabriel de la “inmigración libre” desconoce mientras se obsesiona con las visas……….
Trump es odiado porque es el único político importante de Estados Unidos que ha puesto en agenda esta cuestión, en sentido contrario al globalismo y progresismo imperante no sólo en la “izquierda” sino también en la “derecha”.
6 Las pautas de convivencia entre naciones y estados fueron correctamente expuestas en el discurso inaugural de Trump, en términos cuya importancia los grandes medios y los intelectuales de casi todas las tendencias ocultan.
Cito textual: “… Buscaremos lazos de amistad y buena voluntad con las naciones del mundo, pero lo haremos bajo la comprensión de que todos los países tienen el derecho a priorizar sus intereses. No queremos imponerle nuestro estilo de vida a nadie, sino dejar que resplandezca como ejemplo…..”
¿Se cumplirá eso?

Gabriel Zanotti dijo...

Los argumentos libertarios de Hoppe sí han sido analizados: él obviamente quiere negar el problema de los bienes públicos, cuya solución no es tan sencilla como presuponen los libertarios ideologizados. Aún en una free city, sus ciudadanos podrían decidir, como en cualquier sociedad de copropietarios, si van a tener una entrada en común, o defensa común, que si ellos administran son lo que la literatura habitual considera bienes publicos "privados" llamados club goods. Esto lo tento analizado varias veces, desde 1989 en mi libro "El humanismo del futuro" pero "Marcelo" ha decidido tratarme, como muchos otros que se dicen mis "amigos" como si el obsecado ideológico fuera yo o como si yo no respondiera o no contestara.
Que los dueños puedan decidir no comerciar o no permitir la entrada a sus propiedades es algo obvio. Pero EEUU fue un conjunto de dueños unidos por un estado, esto es, una administración común de bienes públicos. Bajo esa perspectiva escribe Mises. Ahora bien, he afirmado también, pero obviamente "Marcelo" ni me leyó y sin embargo me acusa a mí de cerrazón ideológica, que el anarco-capitalismo es un programa de investigación teoréticamente progresiva, pero no una solución de aplicación inmediata. Lo que habría que preguntarle a "Marcelo" es cómo combina su adhesión a Lefevbre con el anarcocapitalismo; se lo he preguntado muchas veces y es él quien no da respuesta, tratándome a mí de ignorante porque no comparto los "hechos" explicados en sus teorías conspirativas sobre los judíos.
En fin, lamentable.

Gabriel Zanotti dijo...

Yo creo que esta entrada es una respuesta realmente apropiada para "Marcelo" y su esposa:

http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/01/mala-noticia-para-algunos-la-amistad-no.html

Gabriel Zanotti dijo...

Por lo demás, sobre el tema de los bienes públicos y el estado, esta obra clásica data de 1975. Si "Marcelo" cree que Hoppe realmente la refutó, está muy equivocado.

http://oll.libertyfund.org/titles/buchanan-the-collected-works-of-james-m-buchanan-vol-7-the-limits-of-liberty

Marcelo dijo...

1 Admitir la argumentación de Hoppe sobre el tema inmigración no implica seguir su posición anarco libertaria.

El análisis de Hoppe también considera la situación actual en Occidente, y las hipótesis de un gobierno de base popular con fronteras y bienes públicos (o sea sin anarquismo) con welfare state, o sin welfare state para inmigrantes.

Su crítica a la inmigración “libre” y sin condiciones se sustenta en la defensa de los legítimos derechos de los residentes. Pero, obviamente, no puedo tratar aquí todos sus argumentos.


2 Mi participación en los posts de este blog siempre fue fundada en argumentos y documentos, cité libros de distintos autores por la veracidad que considero surge de aquellos. Actué análogamente a un debate en intercambio académico, y también con la intención de compartir esos conocimientos. Los argumentos y documentos se pueden discutir, al igual que otras opiniones, pero con razones y no gratuitas descalificaciones.

Sin embargo, Gabriel ha considerado mis disidencias con algunas de sus opiniones como ataques a su persona, y ha respondido ya en dos post anteriores con abundantes descalificaciones gratuitas y sin fundamento.

Sus nuevas respuestas de este post superan todo lo tolerable, ya que introduce temas totalmente ajenos a la cuestión –en los que no voy a entrar-, y llega al colmo de mezclarlos con cuestiones personales y hasta familiares, junto con la reiterada y gratuita acusación de “teorías conspirativas” que no sostengo.

A mi juicio. no son estos los términos en que debe discutirse una cuestión doctrinaria en un blog,, y no me interesa publicitar reyertas personales de “amigos”, por lo que doy por concluída mi participación.

Gabriel Zanotti dijo...

Gracias a Dios. Lo lamento por Marcelo que no se da cuenta entre crítica y agresión.

Gabriel Zanotti dijo...

Dado que, además, Marcelo dice que yo no contesto, me gustaría que él contestara, punto por punto, a lo siguiente:

"...........Sin planificarlo, me ha gustado escuchar a los otros toda mi vida. Cuando alguien me conoce, o cuando un amigo me cuenta algo, o cuando un alumno me consulta, o cuando alguien me dice su parecer sobre un tema, yo escucho, trato de comprender su pensamiento, y mientras me habla yo voy como asintiendo, voy diciendo "sí........", "qué interesante", "no me digas....", "impresionante!", "¡Mm.... Eso.... Es un problemita, no!", "¿y entonces...?, y así sucesivamente. Reitero, nunca lo he planeado. Me sale así. Soy asi.

A lo largo del tiempo, he descubierto, para mi sorpresa, que la mayor parte de las veces las personas interpretan todo ello como una aprobación. Como si yo les hubiera dicho que sí. Pero no, yo no estoy diciendo ni que sí ni que no. Sólo estoy intentando comprender.

Ello ha implicado que a muchos les guste hablar conmigo. Pero cuando descubren que mi modo de pensar no es el de ellos, se sienten como defraudados. Incluso ha sucedido con personas que yo creía que eran mis amigos, durante años. Pero repentinamente o lentamente descubren mis marcianidades y................ Gran decepción.

¿No soy sincero? ¿Miento? ¿Oculto cosas? Me parece que no. Creo que no despliego mi intimidad inmediátamente y tampoco pregunto por la del otro. A veces me preguntan mi opinión y yo respondo, pero habitualmente las personas quieren ser escuchadas. Y yo escucho. Como el loco de Hombre mirando al sudeste, si me preguntan respondo, si me piden, escucho, si me miran, miro.

Pero la verdad es dificil darse cuenta que muchos piensan que dialogar, escuchar, es decirles que si.

¿Cómo, vos no estabas abierto al diálogo? Sí. ¿Y entonces por qué no pensás como yo? Es que comprenderte no es pensar como vos. Ah!!!!, pero entonces te voy a convencer. Te voy a recomendar lecturas. Luego te voy a preguntar si las leíste. Y si me contestas que no, que aún no por lo que fuere, te preguntaré lo mismo, una y otra vez, hasta que me leas y estés de acuerdo conmigo. Y si no, eres un cerrado, eras un hipócrita, decías que dialogabas y no dialogabas nada.

La verdad no sé que decirles. He tenido amigos durante décadas con los cuales nunca he hablado de Mises, de Popper, de Santo Tomás o de Marte. Sé que no les interesa y punto. No creo que así lo haga porque me interesen un rábano. Lo hago así porque los acepto como son. Si, posiblemente fulano debería haber leído a Heráclides. Pero es su límite y punto. Si, posiblemente yo deberia haber leído la obra completa de Juan Famoso.. Pero es mi límite y punto. Pero no, parece que soy un tipo cerrado porque no leo a Juan Famoso, o parece que soy un imbécil en vez de a Juan Famoso leo a Francisco Leocata y a Mariano Artigas. Y si soy un imbécil, ¿qué? ¿Tanto daño hago?

¿Por dónde pasa la amistad? ¿Por convencer al otro de mi punto? ¿Por debatir con el otro ad infinitum los mismos temas? ¿Por eso pasa la amistad?

No, yo creo que pasa por una mirada de misericordia. Por escuchar hasta que duela. Por caminar juntos, ni adelante ni atrás. Por no admirarse, sino mirarse al fondo del alma. Por aceptar al otro como es.

La verdad ya no sé cómo decirlo. ¿Es necesario aclarar más? A esta altura de mi vida debo confesar que estoy medio agotado. Tal vez hay que callar. Ahorrar las palabras que surjan de la desesperación. No defenderse. Callar. Silencio. Como el silencio que me enseñó este abrazo de un amigo entrañable:"