domingo, 1 de enero de 2017

EL JUDÍO COMO EL FREE RIDER DE LA HISTORIA

El precio por saber que estamos solos es alto. Fromm lo maneja muy bien en “El miedo a la libertad”. No sé si no tiene grises la dicotomía que él sostiene como el resultado –amor verdadero o alienación- pero evidentemente  estamos solos. No, no porque sean históricamente verdaderas las teorías del contrato social. Sino porque finalmente nos encontramos a solas con Dios en nuestra conciencia. ¿A quién pedir consejo sobre a quién pedir consejo? Incluso el creyente que está en una comunidad religiosa, debe, si su fe es madura, decidir estarlo. Y en esa decisión, estamos solos. La radical soledad. Si, Ortega ya hablaba de ella. Es la soledad de la conciencia ante Dios, de donde surge el derecho a la intimidad personal. No es la soledad del solipsismo, no es la negación de que nacemos en comunidades, no es la negación de la intersubjetividad del mundo de la vida con sus tradiciones e historicidad.

Pero qué fácil no darse cuenta de ello, cuando de algún modo parece que NO dependemos de nosotros. Qué fácil que le fue a Aristóteles NO darse cuenta de lo que era la escasez, en una sociedad de esclavos. Qué fácil que le fue a Platón dividir –como siguen haciendo casi todos- a la sociedad en tres estratos, dos de los cuales vivían de los comerciantes que tenían que producir para el resto. Qué fácil ser noble, señor, rey, caballero u obispo con propiedades –hasta que se enfrentaron con dominicos y franciscanos- cuando vivían alegremente de la explotación de los siervos y vasallos.

El free rider surge cuando alguien, precisamente, dice “no”. El que se queda afuera (el free rider) del sistema es el que se da cuenta de que su derecho a la intimidad, a la libertad religiosa, es la soledad potencial que pasa de la potencia al acto, es asumir el control de la propia vida: es NO ser señor si eso implica explotar al siervo, es NO ser siervo si ello implica ser explotado por el señor.

Pero, a lo largo de la historia, todo esto fue difícil. No fue casualidad, sin embargo, que la libertad religiosa fuera creciendo en Occidente junto con el libre mercado, que sólo tuvieron en los EEUU su expresión institucional: los free riders de la Europa autoritaria.

Pero en la historia de Occidente, hubo y hay un “tipo ideal weberiano”, un free rider por excelencia, que supo lo que es estar solo y se quedó solo, y tuvo que adelantarse, consiguientemente, al libre comercio que acompaña a la libertad religiosa: el judío. Despreciado, humillado, perseguido por comunidades que veían en él al otro, al diferente que NO querían ver, tuvo que comerciar en tiempos donde esa actividad no era digna de nobles, caballeros y señores que vivían de la explotación del siervo de la gleba. Eso aumentó más el desprecio, los preconceptos negativos, los odios y las burlas. El desprecio al comercio es finalmente el temor atávico a la libertad, a ser sí mismo, a saber que no tengo derecho a vivir del trabajo esclavo. Allí quedó, el judío, a lo largo de la historia, representando todo lo que las sociedades tribales despreciaban: la libertad religiosa, el ser otro, el libre comercio. El liberalismo, en suma.

Finalmente, como dice Hayek, la sociedad extensa se abrió paso ante la tribal, y todos tuvieron que saber que si quieren comer, no pueden robar, ni esclavizar, ni vivir en una aparente comunidad que sería inocente de la explotación del diferente. Pero casi todos, excepto en EEUU, se resistieron hasta donde pudieron y se siguen resistiendo. El marxismo leninismo, el nazifascismo, fueron (SON) todas formas atávicas de resistirse a NO ser explotadores del diferente. Pero, oh casualidad, los nazis, los fascistas, los franquistas, se hicieron eco del odio visceral al judío, que representaba en la historia a todo lo que ellos odiaban con más fuerza: el otro, el diferente, el que ejerce su liberad, su religión, su comercio, que es emprendedor, científico, empresario, creador. Las teorías conspirativas más absurdas, los temores atávicos del inconsciente reprimido, alimentaron y alimentan al odio al judío que sigue siendo despreciado excepto, oh casualidad, en los ambientes liberales clásicos y libertarios, que habito hace más de 40 años y en los cuales JAMAS escuché una sola palabra o expresión antisemita. Qué casualidad.


El judío, en la historia, es el liberal. No sé si los judíos son plenamente conscientes de ellos, pero los antisemitas lo saben. Lo saben bien. Su odio visceral al liberalismo y al judío son la misma cosa.


11 comentarios:

Marcelo dijo...

La postulación de G.Zanotti sobre el judío en la historia como free rider adolece de graves errores y omisiones.

1. Desde el rechazo del judaísmo a Nuestro Señor Jesucristo, toda su actuaciòn en Occidente y el mundo está signada por esa cuestión.

Dice el ex fariseo San Pablo: "...los judíos; los cuales dieron muerte al Señor Jesús y los profetas, y a nosotros nos persiguieron hasta fuera. No agradan a Dios, y están en contra de todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que se salven..."

Lamentablemente, es un pueblo constituído sobre el rechazo del bautismo (ver el libro reportaje de Nahum Goldmann, ex presidente del Congreso mundial judìo y del sionismo internaciòn, "La Paradoja Judìa").

2. El judaìsmo histórico está muy lejos de ser la fuente de tolerancia y libertad que se le adjudica en el post.
El judaìsmo, por medio de su Talmud, y muchos de sus dirigentes, predicò y practicó el odio y el rechazo a Jesùs (veàse el libro del gran rabino Maimónides, Carta a los judíos de Yemen, hay traducc. española de origen judío), al cristianismo y a los gentiles.
El odio, el desprecio y la discriminaciòn a los goim estuvo siempre presente en el judaísmo, y tambièn en el Estado de Israel.

Si el judío viviò apartado en los pueblos que generosamente le dieron recepciòn luego de su diáspora fue en buena medida por su propia decisión, sus propias leyes y dirigentes asì lo mandaban. Sin embargo, ejerciò una poderosa influencia politica, econòmica, cultural y hasta religiosa, muchas veces nefasta y anticristiana.

Remito, como prueba lo dicho, al libro del gran judio liberal israelì Israel Shahak (sobreviniente de campos de concentración y activista de derechos civiles en Israel), "Historia Judia, Religiòn Judìa, el peso de tres mil años" y al libro del gran intelectual judío, y pro sionista, Bernard Lazare "El antisemitismo, su historia y sus causas".

3.Que el judio tuvo gran influencia en la esfera comercial y financiera, nadie lo duda, pero esa influencia ha sido muchas veces nefasta, responsable de la despersonalizaciòn y materialismo que ha imperado en la vida econòmica, y esa adoraciòn del dinero ha sido criticada tambièn por judios honestos (ver el muy documentado libro de Werner Sombart, Los judìos y la vida econòmica).

4.No es asimilable la persecuciòn racista llevada adelante por el nazismo contra los judíos, con lo acaecido en el règimen fascista. Y Franco y sus diplomàticos ayudaron a muchos judíos perseguidos por los nazis a huir.

5. En cuanto a los libertarios, G.Z. ignora y oculta a los lectores que no pocos libertarios norteamericanos -en sentido contrario a las posturas de G.Z.- han denunciado y denuncian habitualmente la poderosa y nefasta influencia del lobby israelì en USA, su incidencia en la política exterior norteamericana y las pràcticas del Estado de Israel. Veàse y bùsquese al respecto en los archivos de www.lewrockwell.com y www.antiwar.com y lease a Ron Paul, el principal politico libertario.

6.Otra muestra del absurdo es la constitución del Estado sionista de Israel, tan alabado por G.Z. (en sentido contrario a su propia posiciòn libertaria).

Se trata de un Estado fundado con el robo de los territorios y propiedades de los habitantes palestinos, fundado por medio de terrorismo y asesinatos (incluso de ingleses, que lucharon contra Hitler y el nazismo), financiado con el robo de indemnizaciones a la Alemania Federal (x) y subsidiado con los impuestos del pueblo norteamericano merced al poderoso lobby sionista en Washington.
No es un free rider, es un paràsito para medio oriente y para Occidente.
Recomiendo, otra vez, la lectura del ya citado libro de Nahum Goldmann, y como critica religiosa judìa del sionismo, al libro del historiador judio Yakov Rabkin "Contra el Estado de Israel".


Feliz año 2017, de la era cristiana.

Gabriel Zanotti dijo...

1. El punto uno representa el típico antijudaísmo teológico vergonzosamente católico contra el cual el Vaticano II dio una definitiva vuelta de página. La teoría del deicidio es falsa, la frase de San Pablo está mal interpretada y la opinión del Sr. Goldmann me importa un rábano.



2. No hay ningún rechazo unificado en los judíos hacia Jesús. Falso.



3. Lo de “generosa” corre por la gran imaginación del Sr. Marcelo. Lo de nefasta y anticristiana corre por su fe en sus teorías conspirativas, que él cree iguales al Concilio de Trento.



4. NO leo teorías conspirativas ni autores antisemitas, sean judíos o marcianos.



5. Grande Sombart, una de las fuentes del nazismo. Todo claro.


6. Me refiero al antisemitismo doctrinal de los franquistas.



7. Esos libertarios se han hecho cómplices del antisemitismo con sus críticas al Estado de Israel. Es una consecuencia no intentada de su ingenuo aislacionismo. No los ignoro ni los oculto. Por lo demás mi experiencia de transitar por los ambientes liberales y libertarios no es ninguna mentira. Llamarme mentiroso es lo mínimo que mis “grandes amigos” me están diciendo en estos momentos.



8. No es ninguna contradicción, ya se lo expliqué al “Sr. Marcelo” (que no da su apellido) varias veces pero su paradigma antisemita le impide entender una palabra de lo que digo.



9. Respecto a todo lo demás, es más inocente creer en los platos voladores.

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[1]

Hasta el primer párrafo venías bien, Gabriel. Pero después me parece que te fuiste el pasto en un maniqueísmo modernista casi banal. Varios puntos voy a comentar, y lo voy hacer en parte copiando algunas de las respuestas que ya te di por Facebook.


1) Sobre lo de Platón y Aristóteles y el mito de la esclavitud de la sociedad antigua.

Veo que es útil en tu esquema esta premisa de la esclavitud como explicando la coordinación social, para explicar la ausencia de una producción mercantil y suponer que la única forma alternativa de coordinación es aquella, tan estigmatizada. Ahora bien, incluso si esto fuera cierto, que no lo es, en una supuesta "sociedad esclavista" sería una hipótesis insuficiente, ya que los propietarios de esclavos, aunque no trabajaran, debían de coordinar la producción dentro de un orden no basado en relaciones de esclavitud entre esclavistas (no se trataba de un despotismo oriental donde se aplicara una suerte de colectivista esclavitud general). ¿Y cuál era entonces ese orden? No era el orden extenso mercantil, ya que no existía. No existía entre quienes vivían de la producción, fueran estos propietarios con esclavos que no trabajaran, propietarios con esclavos que igualmente trabajaban, o propietarios sin esclavos. Tenía que ser una forma de cooperación no-mercantil pero a la vez no basada en la explotación. ¿Cuál era? Ya volveré sobre este punto. Antes quiero analizar tu análisis claramente de clase, tanto de la sociedad antigua como del pensamiento que ésta producía. Dicho lo cual no tengo que aclarar que ¡parecés marxista! Ni en los Federalist Papers leí un preludio tan duro a Marx. Felicitaciones, aunque lo hagas en la forma equivocada. Mirá lo que pusiste:

"Pero qué fácil no darse cuenta de ello, cuando de algún modo parece que NO dependemos de nosotros. Qué fácil que le fue a Aristóteles NO darse cuenta de lo que era la escasez, en una sociedad de esclavos. Qué fácil que le fue a Platón dividir –como siguen haciendo casi todos- a la sociedad en tres estratos, dos de los cuales vivían de los comerciantes que tenían que producir para el resto. Qué fácil ser noble, señor, rey, caballero u obispo con propiedades –hasta que se enfrentaron con dominicos y franciscanos- cuando vivían alegremente de la explotación de los siervos y vasallos."

Esta explicación no sólo es sociológica sino además materialista de las ideas políticas y la visión de la sociedad. Pero, lo paradójico, es que es indirectamente un tiro por la culata: es un tiro por elevación a los liberales. Porque Platón y Aristóteles eran bien conscientes de sobre quienes vivían. La exacción de recursos no era algo invisible sino directo, por más que estuviera subordinada a motivos no-económicos. En cambio, parafraseándote ¡"qué fácil" ser emprendedor, empresario, capitalista, comerciante, abogado, funcionario, intelectual, con propiedades -hasta que se enfrentan a socialistas y comunistas- cuando viven alegremente de la explotación de los obreros y los empleados!
Es un poco irritante que utilices con el pasado precapitalista criterios que detestás se usen con el presente capitalista.

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[2]

De todos los puntos de tu artículo, este es el más errado a mi juicio. En el resto encontré matices que la dan validez (aunque no los comento porque si lo hago se va a hacer más extenso aun que éste). Lo de Platón y Aristóteles es especialmente injusto. Porque si en alguien pensaban Platón y Aristóteles era en las clases que integraban el pueblo y a los estratos superiores en función de aquél. En el caso del Platón, este sacrificio de los dirigentes por el pueblo llegaba al punto de una subordinación totalitaria de aquellos (no de los dirigidos) en una suerte de comunismo espartano sólo integrado por la nobleza, al servicio del resto de una población a la que, sin duda, se dirigía en una relación tutelar y autoritaria. En el caso de Aristóteles la posición era la de fundar sociedades "de clase media", aunque no exactamente en el sentido pequeñoburgués al que estamos habituados. El hecho de que Aristóteles no tuviera un concepto de escasez en el sentido de la economía marginalista neoclásica, no significa que tuviera una tan mala opinión de las relaciones mercantiles, cosa que sí se puede decir de Santo Tomás. Todavía más, como bien dice Borisonik, Aristóteles no tenía interés alguno en analizar “mecanismos reales de mercado”, dado que nunca se ocupó del modo en el que se forman los precios en el mercado comercial (institución que, a propósito, Aristóteles no pudo haber conocido en un estadio de gran desarrollo como el moderno). Y eso NO significa que no le importara el mundo del trabajo y la economía. ¡Aristóteles fue uno de los primeros en dedicarse al estudio de la economía! El concepto de escasez funciona en economías mercantiles, y no es un principio regulador de las comunidades económicas agrarias ni las urbanas basadas en el mismo sistema. El mundo del trabajo era, casi siempre, ajeno a la vida mercantil, y la historia osciló, pasando a convertir los mercados de ser una forma de vida de pobres a ser una forma de ricos. En cualquier caso, el estagirita rechazaba la concentración de riquezas, y siendo que esa concentración, en su sociedad, NO se daba en los mercaderes, sino en funciones productivas no-mercantiles tanto como políticas, queda refutada la idea de Gabriel de una visión sesgada de Aristóteles encerrada en la vida de una élite social estamental.

Y citar el ejemplo de la esclavitud es totalmente falaz: en aquellas sociedades rara vez la esclavitud superaba a la mitad de la población, y siempre se trataba de porciones reducidas de la misma: en el Imperio Romano no llegaban al 10% de la población total, y en la Antigua Grecia rondaba en sólo un tercio. Y los esclavos, también en general porque hay excepciones, no se ocupaban de las funciones productivas sino de labores domésticas o de meros apéndices de la producción (también podían ser prostitutas, profesores, secretarios, cocineros, etc., labores en las que, sin embargo, también participaba la mayoría de la población). Por familia dedicada a producir, había aproximadamente un esclavo o dos. La mayoría de la población estaba integrada por familias dedicadas al trabajo que poseían por algún tiempo algún esclavo. Sólo las familias muy pobres no tenían acceso a uno. Como bien comenta Sabine, la esclavitud no salvaba a la mayoría de la población de ensuciarse las manos, y a veces los esclavos eran a su vez propietarios de un esclavo a su vez, con lo cual no estaban privados del derecho al beneficio ni se trataba de una superexplotación de los esclavos como sucede con la esclavitud inmersa en las sociedades capitalistas que exigen acumulación guiados por el criterio de la escasez (el único caso de esclavitud brutal como la conocemos, es el de las minas romanas y ciertos latifundios). Por supuesto Aristóteles no estaba pensando tanto en el beneficio de los esclavos, pero estaba pensando en aquellos que trabajaban y no en la nobleza. Sin embargo esa población trabajadora integraba un sistema de cooperación social no basado en el mercado.

Ver: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4783108

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[3]

Y citar el ejemplo de la esclavitud es totalmente falaz: en aquellas sociedades rara vez la esclavitud superaba a la mitad de la población, y siempre se trataba de porciones reducidas de la misma: en el Imperio Romano no llegaban al 10% de la población total, y en la Antigua Grecia rondaba en sólo un tercio. Y los esclavos, también en general porque hay excepciones, no se ocupaban de las funciones productivas sino de labores domésticas o de meros apéndices de la producción (también podían ser prostitutas, profesores, secretarios, cocineros, etc., labores en las que, sin embargo, también participaba la mayoría de la población). Por familia dedicada a producir, había aproximadamente un esclavo o dos. La mayoría de la población estaba integrada por familias dedicadas al trabajo que poseían por algún tiempo algún esclavo. Sólo las familias muy pobres no tenían acceso a uno. Como bien comenta Sabine, la esclavitud no salvaba a la mayoría de la población de ensuciarse las manos, y a veces los esclavos eran a su vez propietarios de un esclavo a su vez, con lo cual no estaban privados del derecho al beneficio ni se trataba de una superexplotación de los esclavos como sucede con la esclavitud inmersa en las sociedades capitalistas que exigen acumulación guiados por el criterio de la escasez (el único caso de esclavitud brutal como la conocemos, es el de las minas romanas y ciertos latifundios). Por supuesto Aristóteles no estaba pensando tanto en el beneficio de los esclavos, pero estaba pensando en aquellos que trabajaban y no en la nobleza. Sin embargo esa población trabajadora integraba un sistema de cooperación social no basado en el mercado.

Ver: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4783108

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[4]

2) Sobre la idealización del polizón, free rider o aprovechado.

El "free rider" no es alguien que se sale del sistema, sino alguien que lo parasita. La comparación de la libertad y del judío con el problema del polizón es nefasta, tanto para la libertad como para el judío. Realmente no entiendo qué interpretación hacés de lo que es un "free rider", pero el free rider es alguien que vive a costa del resto. Que se queda con los beneficios sin pagar el costo, y que lo hace en una forma específica: aceptando el beneficio sin pagar por él. Quizá no le queda otra, pero entonces deberías aclarar que su participación en la vida común es involuntaria, ya que a veces el free rider sí puede rechazar la provisión de un bien público (podés no pagar tus impuestos y ser coherente y no llamar a la policía). En tu visión, son esos odiados nobles, señores, reyes, caballeros y obispos, los que serían equiparables a los free riders, aunque tampoco el ejemplo sería el correcto. Además vos estás imaginando una sociedad compuesta por free riders, y eso no es cierto ni siquiera en la sociedad liberal. No sólo existen un montón de bienes públicos, sino que el mercado mismo es un bien público que persigue a sus free riders. Lo que sin duda es imposible es un lugar donde todos puedan ser free riders. Ser "free riders" es privilegio de unos cuantos, no de todos.

Vos decís que usás el término "free rider" en el sentido de Nozick, pero éste no lo usa en un sentido distinto sino que simplemente lo justifica en algunos casos. Y lo explica claramente en la pág. 98 y en las páginas 258-259 de Anarquía, Estado y utopía (los únicos momentos del libro donde menciona el tema). En Nozick el free rider también es un parásito, sólo que involuntario, y por ende su parasitismo no es moralmente reprochable, aunque su explicación de por qué los demás que no rechazaran el contrato social tendrían razones morales para cooperar aunque hubiera free riders ("aprovechados" en la traducción), es de hecho bastante mala, lo cuál sorprende dada su forma analítica de contemplar todas las posibilidades. En cualquier caso, ser un free rider no es algo bueno en sí mismo, y es algo que quien debe rebelarse individualmente no puede evitar pero debería querer hacerlo. Y debería porque ser un free rider (un aprovechado) es, por definición, algo imposible de generalizar. Es lo opuesto al imperativo kantiano. Quien realmente logra estar fuera de un sistema de cooperación social para pasar a estar en otro, no es un free rider del anterior. Un mercader no es un free rider si no vive de los servicios recíprocos de una comunidad.

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[5]

3) Sobre la igualación entre creación de riqueza y mercado.

Decís que el judío "tuvo que comerciar en tiempos donde esa actividad no era digna de nobles, caballeros y señores que vivían de la explotación del siervo de la gleba." Ahora bien, más allá de que esto no es cierto (el comercio tampoco era bien visto entre el campesinado, y no porque debían ser siervos, ya que las aldeas de campesinos libres formaban comunidades económicas de reciprocidad, no mercados agrarios) el tema es que te contradecís, porque más arriba decís que los estamentos "vivían de los comerciantes que tenían que producir para el resto". Otra vez: los siervos de la gleba formaban comunidades económicas, que entregaban parte de su trabajo en el manor. No comerciaban nada, y sin embargo ¡la nobleza vivían a costa de riqueza que no se producía en forma comercial! El liberalismo horrorizado: ¡¿cómo es posible que sin mercados se pudiera crear riqueza?! Pues, sucedía. Y si podía crearse así, entonces no hay por qué suponer que no pueda hacerse de igual forma sin ser sometidos a servidumbre alguna, servidumbre que fue la fobia liberal con la que se excusaron las élites políticas burguesas y del absolutismo para privar de su uso en común de sus herramientas de producción (privadas) y someter a todos a las más "emancipadoras" condiciones de trabajo asalariado.

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[6]

4) Sobre la asociación entre judaísmo y liberalismo, y entre antisemitismo y anticapitalismo.

Para el final, decís:

"Pero, oh casualidad, los nazis, los fascistas, los franquistas, se hicieron eco del odio visceral al judío, que representaba en la historia a todo lo que ellos odiaban con más fuerza: el otro, el diferente, el que ejerce su liberad, su religión, su comercio, que es emprendedor, científico, empresario, creador. [...] El judío, en la historia, es el liberal. No sé si los judíos son plenamente conscientes de ellos, pero los antisemitas lo saben. Lo saben bien. Su odio visceral al liberalismo y al judío son la misma cosa."

Te recuerdo, entonces, que de lo que más se acusaba a los judíos no era tanto de ser liberales (eso también) sino especialmente de ser comunistas. Y hubo toneladas de liberales que no sólo pensaban como real una conspiración judeobolchevique, sino que incluso apoyaron al fascismo por ello, para salvar al sistema capitalista y a esa minoría de emprendedores morales como los que describís. Ludwig von Mises lo dejó bien claro:

"No se puede negar que el fascismo y los movimientos similares encaminadas a la instauración de dictaduras están llenos de las mejores intenciones, y que su intervención, por el momento, salvó la civilización europea. EL MÉRITO QUE EL FASCISMO DE ESTE MODO SE HA GANADO PARA SÍ MISMO VIVIRÁ ETERNAMENTE EN LA HISTORIA [...]"

Ver: http://www.miguelnavascues.com/2014/01/mises-y-su-fascista.html

Por supuesto éste no era el ideal de Mises, y él pensaba que hubiera sido más efectivo el liberalismo contra el comunismo. Pero si no lo hubiera sido, bienvenida la segunda opción, que viene a salvar, al fin y al cabo, las condiciones sociales para la primera. O sea: a los free riders... excepto a los judíos, que iban a terminar en los campos donde se ponía a los free riders con ideas comunistas. Pero esos judíos, los comunistas, parece que no tienen importancia.

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[7]

Y conozco tu comentario a este párrafo de Mises, el cual voy a citar para que no se me acuse de sacar de contexto para hacer una decodificación aberrante del autor:

"Contrariamente a lo que estoy afirmando, hay un párrafo delicado de Mises, donde él habría apoyado a los fascismos europeos. Creo que el artículo de R. Raico ha aclarado bien esta cuestión, en cuanto a las difíciles circunstancias europeas de la década del 20 que hicieron a muchos intelectuales ver las «buenas intenciones» de algunos dictadores. Dicho párrafo, colocado en medio de una enérgica defensa de la democracia y una crítica sistemática al fascismo, implica, si se lo cita fuera de ese contexto, una enorme injusticia para Mises, denunciante permanente de los nacionalismos y militarismos de todo signo y color."

Todo esto es cierto, pero el punto no es ése en el caso de la cita que estoy pasando, ya que no la estoy sacando de contexto. ¿Cuál es el punto de citarla entonces? El punto es: ¿por qué esa difícil situación le hizo a Mises preferir el fascismo al comunismo? Y es más: ¿por qué consideró que el fascismo podía salvar la civilización occidental de las manos del comunismo, y no el comunismo salvar la civilización occidental de las manos del fascismo? ¿Por qué consideró preferible elegir el totalitarismo antes que la amenaza de una economía socialista? Todo esto es lo que me resulta interesante. Sobre la última pregunta, espero que haya sido simplemente porque pensaba que ese socialismo no podía venir en otro paquete que el de una dictadura totalitaria, mientras que el totalitarismo rival podía tener una economía que no funcionara con un sistema totalitario. O quizá le preocupaba más el desastre de un estatismo dirigido que el de un capitalismo dirigido. En cualquier caso, el hecho es que un totalitarismo puede funcionar con una economía capitalista. La posición de Mises implica, en economía, que se podía proteger la propiedad privada y el uso más o menos libre para mercar, a pesar de que ciertos fascismos llegaran a casi suprimir la formación libre de precios. Todavía más, al nivel de la filosofía política, implicaba que se podía tener libertad económica pero llevar casi a cero la libertad personal. Luego, y si bien ya sabemos que él consideraba que la primer libertad es condición necesaria de la segunda, lo que quedaría claro, si este análisis es correcto, es que no es condición suficiente. La intimidad personal no sería, pues, la causa, sino la consecuencia de la propiedad moderna. Y habría que ver, con su apoyo eventual al fascismo ante la amenaza comunista, qué era lo que realmente estaba valorando más. Porque, insisto: para Mises el fascismo podía gobernar y salvar a la vez la civilización occidental, al menos como él la entendía. Y te recuerdo algo: la traducción, que se ha hecho al español de ese texto de Mises, es una deformación deliberada del texto original. Tradujeron "The merit that Fascism has thereby won for itself will live on eternally in history" como "La historia no les negará tales meritos".

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[8]

5) Sobre el orden "tribal" y el orden "extenso" en la visión hayekiana y sus precedentes miseanos.

Como cierre, unas palabras sobre este párrafo:

"Finalmente, como dice Hayek, la sociedad extensa se abrió paso ante la tribal, y todos tuvieron que saber que si quieren comer, no pueden robar, ni esclavizar, ni vivir en una aparente comunidad que sería inocente de la explotación del diferente."

O sea, clarito, nada de comunidades: si querés comer, nada de tribus donde todos cuidan de todos, porque eso es esclavitud. No vas a poder contar con nadie, como bien describe la trágica poesía de Hesíodo. Todos van a mercar para comer y a algunos les irá mejor y a otros peor, pero todos van a tener que sobrevivir, y habrá mendigos y vagabundos. Un estado de naturaleza hobbesiano, pero sin muertos, gracias al mercado. Vas a tener que trabajar sin esclavizar al potencial emprendedor, y los emprendedores ya sabés que son pocos. Pero el emprendedor tampoco te va a esclavizar, eh, y por eso vas a trabajar de sol a sol para el mercado, y el mercado para tus ojos va a ser él, porque sólo él es capaz de crear medios de producción. Pero como nadie te obliga y sos independiente de él, sos libre. El emprendedor también vivirá de sol a sol para el mercado, pero la va a pasar bastante mejor, no te preocupes. Él se lo ganó, vos no.
Así que ya sabés: el capitalismo es inocente de toda explotación, aunque sea la más desigual de todas las sociedades.

Ver: https://rolandoastarita.wordpress.com/2011/05/25/argumento-sencillo-sobre-la-explotacion/

Obviamente, nada de esto es cierto. Vivir compartiendo no implica explotarse mutuamente, y vivir mercando no impide la existencia de explotación. Además, si se trata de elegir voluntariamente cómo vivir, las comunidades de las economías premodernas, "tribales" [sic], son menos coactivas que las sociedades mercantiles, los "órdenes extensos", que generan la ubicuidad de un único mecanismo autónomo de cooperación social que hace imposible la formación de formas alternativas, y que, cuando estas formas alternativas se tornan posibles, no escatima en hacer uso de los recursos políticos para eliminarlas mediante el saqueo y los cercamientos (lo de "todos tuvieron que saber" es llamativo por el tono autoritario, y es interesante pensar en quiénes serán los que se impongan a todos para lograr esta "liberación"), todo en nombre de la libertad en un reducido espacio privado. Libertad que, insisto, no sirve como medida de la no-explotación, ya que es una trampa si se encuentra inserta en una situación de codependencia social. Por esto mismo es que las robinsonadas son la forma clásica de justificarla, imaginando una autarquía económica mediante una imaginaria isla que provee los recursos vitales, cosa que es imposible en la vida real dentro de una sociedad mercantil, y que es, esa autarquía, el prerrequisito por el cuál se podría utilizar para que las relaciones basadas en la propiedad excluyeran necesariamente la explotación.

Pablo Martín Pozzoni dijo...

[9]

Es cierto que el liberalismo nunca pretendió ser democrático. Yo mismo llegué a defender posiciones como ésta, y aun ahora no me parece tan mal. Es coherente. El tema es que ahora me doy cuenta que esta posición no sólo viola la voluntad política de ejercer coerción externa de los que participan en una sociedad. Esta violación, ya digo, no sería tan grave, ya que la organización de la sociedad desde la política mediante "bienes públicos" estatalmente poseídos, es exógena y coercitiva, a diferencia de los "bienes comunes" de Ostrom. Y aunque habría que pensar por qué esa minoría tendría interés en imponer las condiciones políticas de esta libertad mercantil y no el resto, el tema importantes es, más bien, que esta garantía compulsiva sobreimpuesta constitucionalmente (por el estado burgués o liberal por encima de cualquier decisión legislativa autocrática o democrática), no es sólo que impide el uso estatista de la democracia aunque todos lo quieran, sino que también, y esto es lo importante, viola su libertad individual.

En resumen:

1) las relaciones mercantiles no son las únicas que aseguran la independencia personal que hace posible una libertad privada, y los individuos pueden desear otras relaciones;

2) la forma de asegurar esa independencia en la sociedad mercantil anula de hecho el uso social de esa voluntad no coaccionada directamente: el mercado es compulsivo y la libertad del individuo queda encerrada en su propiedad (a diferencia de la propiedad privada no-burguesa).

Mises lo dice clarito:

"Se tiene el hábito de considerar el problema de la libertad desde el punto de vista de la independencia más o menos grande del individuo frente a la sociedad. Pero la libertad política no es toda la libertad. Para ser libre en su acción no basta al individuo que pueda hacer todo lo que no dañe a los demás, sin la intervención del Gobierno o de la fuerza represiva y latente de las costumbres. Debe poder obrar igualmente sin temor de consecuencias sociales imprevisibles. Esta libertad está garantizada únicamente por el capitalismo, que reduce prosaicamente las relaciones recíprocas entre los hombres al impersonal principio de cambio do ut des."

Hayek también lo dice clarito, cuando explica que el orden extenso tiene que crear forzosamente una producción social basada en el egoísmo:
https://youtu.be/X85lBeyOYwo?t=5m46s
(ver de 5:46 hasta 7:23)

¡Todo muy cristiano! Hasta Mises comentaba lo poco cristiana que es la sociedad capitalista. Ahora parece que no sólo no es cristiana, sino que, como decía Marx ¡es judía! Para mí no, y Weber, al que cita, critica esta misma idea. Para Weber, este espíritu del capitalismo es más bien acorde con la ética protestante, y no con el judaísmo. Por eso es sorprendente que cites justo a Weber.