miércoles, 23 de diciembre de 2015

LOS LIBERALES ANTE LA GESTIÓN DE MACRI

Ante la obvia falsedad de que Macri y su equipo son “liberales”, pero obvia sólo para quienes nos formamos en Mises, Hayek, Rothbard, Buchanan, Israel Kirzner, etc., los liberales se han dividido, para usar la expresión de Eco, en apocalípticos e integrados, como dos extremos entre los cuales oscilamos todos hoy sin saber mucho qué hacer.

Definamos los dos extremos como dos modelos mentales de análisis. Para el apocalíptico, hay que denunciar a Macri como antiliberal y estatista, y, obviamente, no se le puede dar ningún apoyo ni colaboración.

Para el integrado, Macri y su equipo es, en el fondo, liberal, pero no les conviene decirlo y, mientras tanto, avanzan a paso firme pero gradual hacia las reformas de fondo para que dentro de unos años estemos viviendo en una Argentina verdaderamente liberal.

Ambas actitudes, en su pureza, presentan ventajas y desventajas políticas.

La primera es la garantía de que dentro de algunos años, si Macri termina igual que Menem, nadie podría endilgarnos nuevamente que traicionamos a nuestros ideales y, especialmente, permite decir, en ese terrible futuro, que de ningún modo se aplicó una política liberal.

La segunda permite colaborar con el equipo actual enfatizando una tendencia, aunque débil, en la buena dirección, corrigiendo errores y señalando lo que debe hacerse desde dentro de la gestión, mientras se toleran las dificultades políticas de implementación.

Pero la primera actitud no permite actuar nunca. La dificultad de los apocalípticos es su problema para la acción concreta en circunstancias concretas. De ese modo se quedan afuera, juegan al partido antisistema y de ese modo sus modos de escribir y de pensar son muy similares –sobre todo los rothbard y hoppe-boys-, aunque estén en las antípodas, a la de varios sectores nacionalistas católicos.
Alguno de esa corriente me dirá que cuál es el problema. El problema es que no es fácil mantenerse fuera del mundo cuando vives en el mundo. Yo puedo estar en contra de los barcos transatlánticos. Pero supongamos que –hipótesis de trabajo- he nacido en el Titanic y no me puedo ir de él. Cuando choque con el famoso iceberg, ¿qué haré, qué diré, qué recomendaré? ¿Que lo que está mal es el barco en sí mismo? Si, ya sabemos. Pero, ¿mientras tanto, y hasta que lleguemos a un puerto, qué?
Yo puedo estar en contra de la violencia y ser un experto en los discursos de Gandhi. Pero un día entran a mi casa e intentan matar a mi familia. ¿Qué hago entonces? Mi doctrina me prohíbe hacer algo. ¿Pero mientras tanto?

La segunda actitud tiene como desventaja que puede perder el norte. Ok, vamos con Macri. Lo importante es hacer algo. Ok, ¿y cuando todo salga para la M? ¿Cómo evitar haber sido cómplice? Puede perder también la sana conciencia crítica. Que haya macristas, ok, pero un liberal jamás puede ser macrista ni lo-que-fuere-ista, debe mantener siempre su juicio crítico independiente, pues tiene un acervo de ideas muy rico como para tirarlo por la borda de cualquier presidente, sea quien fuere.

Hasta aquí, alguien puede decir: ¿entonces qué?

Que, como dijo Maritain, no hay ideales fuera de la historia, sino un ideal “histórico” concreto, esto es, una serie de ideales “pero” que llevan dentro de sí las circunstancias históricas de su tiempo.

Los liberales, para salir de habituales debates entre anarco-capitalistas y conservadores-liberales, deben tener en cuenta esa enseñanza mariteniana. Nosotros tenemos a las libertades individuales, definidas in abstracto, como un ideal regulativo, no como un régimen político concreto y menos aún como un partido determinado. En ese sentido todos somos anarco-capitalistas metódicos: el estado siempre es sospechoso excepto se demuestre lo contrario frente a las libertades individuales, que se basan en que nadie debe atentar contra la esfera de sana autonomía del otro –de donde surgen sus derechos- que está fundada en su dignidad como imago Dei y que, por ende, sólo Dios es su dueño (principio judeo-cristiano de no agresión).

¿Pero cómo se aplica esto ante cada circunstancia histórica concreta? Siempre de manera prudencial, esto es, aplicando lo universal a lo singular, que no es colaborar con el mal sino proponer un bien posible dadas las circunstancias, tolerando lo que no se pueda evitar y que no sea fruto de nuestra acción.

Mises dio el ejemplo, en sus propuestas concretas para la Europa de su tiempo, e incluso cuando propuso una propuesta de reconstrucción económica para México, que por supuesto nunca se aplicó pero que tampoco hubiera pasado el examen de varios que hoy se dicen sus discípulos.

Pero allí hay que hacer una distinción. NO estamos hablando de una propuesta de un partido concreto para cuatro años u ocho. Estamos hablando de una propuesta política global, general, buena, no perfecta aunque perfectible, esto es, como dijimos, un bien posible dadas las circunstancias.

En ese sentido, un sistema liberal clásico como el que propone Hayek, fuertemente federal y con servicios públicos des-monopolizados, concentrados en el ámbito municipal, es una propuesta global, hoy, como modelo para todo el mundo.

O sea, ese sistema es ya un ideal histórico concreto del ideal regulativo, esto es, las libertades individuales en su pureza.

A su vez, ¿cómo lo aplicamos en cada país?

En Argentina, esto implicaría:
1.      Un fuerte respeto a las instituciones republicanas que sobrevivieron en la Constitución de 1853. Todo ello implica ipso facto una salida de los modos de gobierno autoritarios del kirchnerismo, violatorios de la división de poderes y la autonomía de las provincias.
2.      Privatización real y progresiva de las empresas estatales, fuerte reducción del gasto público y des-endeudamiento externo.
3.      Eliminación de todo impuesto a la renta.
4.      Eliminación de todo monopolio legal, excepto fuerzas armadas y Suprema Corte de Justicia.
5.      Banco central independiente del ejecutivo junto con la eliminación del curso forzoso.
6.      Traspaso de servicios estatales de salud, educación y seguridad social, desmonopolizados, a regiones económicamente auto-sustentables. Eliminación consecuente de la coparticipación federal.
7.      Eliminación del sindicato único por actividad.
8.      Eliminación progresiva de toda protección arancelaria.
9.      Eliminación de toda legislación a priori para el desarrollo de cualquier iniciativa individual. Eliminación consiguiente del título secundario oficial para entrar a cualquier universidad.
10.  Elevación de todo lo anterior a rango constitucional.

Ahora bien: todo ello, en la Argentina post-kirchnerista, con un horizonte cultural peronista –aunque el peronismo lograra ser no-kirchnerista- es casi imposible de aceptar para la opinión pública, e intentar imponerlo por la fuerza –aunque sea la fuerza de un gobierno democráticamente elegido- implicaría una situación política ingobernable –excepto un liderazgo también casi imposible y con riesgos enormemente personalistas-.

Pero mientras que con los Kirchner pro-castristas, pro-Venezuela, pro-Irán, etc., ningún diálogo era posible, el nuevo gobierno abre un espacio para instalar debates y señalar ideas a las cuales acercarse en un relativo mediano plazo. Por lo tanto, es legítimo que un liberal apoye algo en la medida que implique un acercamiento a los puntos anteriores, manteniendo por supuesto su distancia y su juicio crítico si es que no está en el gobierno. Pero también es legítimo que quiera presionar sanamente desde dentro de la gestión, si es su decisión.

Por supuesto, esto último (“……….Pero también es legítimo que quiera presionar sanamente desde dentro de la gestión, si es su decisión”) es riesgoso, por supuesto. Si el actual gobierno NO reduce el gasto público, si NO deja de endeudarse para equilibrar el gasto, entonces se producirá de vuelta lo ya conocido –inflación, suba del dólar, agotamiento de las reservas, etc.- y todo terminará en ocho años en otra dolorosa decepción y el “neoliberalismo” será otra vez  el culpable ante una opinión pública que nada entiende de nuestros debates en los cuales Hayek es acusado de socialista por A. de Jassay.

Pero a nadie puede condenarse por querer correr ese riesgo. Si en este momento Prat Gay (que piensa que el mercado es la ley de la selva) invitara a Juan Liberal, experto en Finanzas, a colaborar con él, ¿why not? ¿No sería una oportunidad para mejorar las cosas desde dentro? Sí, es riesgoso. YO no lo haría, pero no porque no sea experto en finanzas (por suerte soy filósofo y por ende no soy experto en nada :-)) ). Pero no saldría a condenar, como lo harían muchos, a Juan Liberal. Porque creo que él entiende, al correr ese riesgo, que nadie está fuera, nadie está fuera de la historia, así que NO aceptar es también una decisión riesgosa. En todo caso tendré que matarme explicando, dentro de 10 años, que Juan Liberal no era el ideal regulativo del liberalismo, aunque no me lo entiendan.

Otra cosa. Claro que este gobierno es estatista. Cree en el estado como gestor de obras públicas, infraestructura, etc. Si, ok, cero en Rothbard 101. Pero una cosa es ese estatismo, ingenuamente constructivista, y otra cosa es el estatismo ideológico de los Kirchner por el cual te metían a la Cámpora marxista en tu baño si era necesario. En el mundo real, esta distinción es clave. El mundo real no es Rothbard contra todo lo demás. El mundo real es el Titanic que se hunde. Una cosa es el ingeniero que propone un plan que debe ser ejecutado por el capitán, para no hundirse, y otra cosa es el ideólogo que propone subir las tropas de Castro al barco para que no se hunda. Con el segundo no se puede dialogar, al primero le podés decir, en el ínterin, que confíe más en la capacidad de auto-organización del barco. Pero si mientras tanto te pide un destornillador, pasáselo, porque por ahí logra estabilizar el barco hasta que lleguemos a puerto. Ahí sí, insistamos en desmantelar el barco. En fin, no sé si me explico. Las analogías nunca dejan conformes a nadie.


Y esto tampoco. Yo sólo trato de ubicarme en el mundo que me tocó. Quienes me conozcan saben que ello me es más difícil que ir a visitar al pobre nuevo y arrugado Luke Skywalker.

1 comentario:

Kurt Heinrich Noeding Koltermann dijo...

Hola Gabriel! Excelente artículo... tu que vives más cerca de potentes thinkthanks liberales, que yo acá en Lima, Perú, ¿piensas que el anarcocapitalismo debe considerase sólo cómo un programa teórico de investigación, pero que en la realidad se debe aceptar la necesidad de un ente que detente el monopolio de la coacción, dado la tendencia natural del hombre caido al pecado?? Yo lo veo así...¿me equivoco? Sé que esto no está directamente relacionado al artículo...pero veo una conexion lejana cuando escucho a algunos Rothbarianos criticar hasta a aquelos políticos que proponen al liberalismo clásico como forma de vida política, por su tendencia a hacer crecer, víctima del lobyismo, al Estado hasta llegar estructuralmente a niveles opresores... me gustaria saber tu opinión...
Saludos
Kurt Noeding