domingo, 6 de julio de 2014

LA MEJOR CANCION EN "EDUCANDO A RITA".

(Cap. 2 de “Filosofía para los amantes del cine”, JC Ediciones, Rosario, 1996).



 Con la película anterior hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre el sentido de la vida humana, sobre la base de Dios como su Fin Ultimo. La película que ahora "veremos" también nos permitirá reflexionar sobre el sentido de la vida, pero aplicado a un caso concreto.

Desde sus primeras escenas, la película nos permite observar de qué "caso concreto" estamos hablando. Bajo el marco de una hermosa música y el imponente escenario de un típico campus universitario británico, veremos caminar a un hombre de mediana edad, relativamente despeinado, aparentemente no muy preocupado por su vestimenta, con cara de despreocupación, llevando un portafolios acorde con esta descripción. Lo veremos subir las escaleras de un gran edificio, mientras saluda a algunos estudiantes. Entrará a un gran cuarto, de estilo antiguo, lleno de libros por todos lados. Buscará uno de esos libros y sacará también una pequeña botella de whisky que estaba detrás.

¿Quién es este por ahora extraño personaje? Se trata del "Dr. Brian", profesor de literatura inglesa. Además de sus clases, está encargado de recibir a estudiantes de la "Open University", un sistema que permite a diversas personas realizar estudios universitarios bajo la guía tutorial de un profesor, sin necesidad de efectuar la cursada habitual de las materias.
Tras su aspecto despreocupado, Frank esconde una mirada triste. Sus ojos, entre nostálgicos y anhelantes, parecen buscar algo misterioso cuando mira por la ventana de su cuarto hacia los jardines del campus de la universidad. Repentinamente lo veremos en su clase, mirando también por la ventana. Sus alumnos, obviamente, buscan en él una actitud más habitual. Una alumna le hace un muy erudito comentario sobre cierto autor inglés. "Ciertamente", contesta, y sigue mirando por la ventana. Otro, en actitud más formal, le hace otra pregunta. Frank permanece absorto en lo que podríamos decir sus pensamientos. El alumno se irrita. "¿Está Ud. escuchándome?", pregunta. "Por supuesto" contesta Frank, en un tono que revela algo especial. "¿Está Ud. tomado?", pregunta el alumno inquisidor. "Por supuesto", es la respuesta. Su alumno, tras algunas desinteligencias, se va de la clase, y da un portazo, no sin antes decir: "quiero estudiar literatura".

"Literatura!...", exclama Frank con un dejo de ironía. "Miren afuera! El sol brilla! Son jóvenes! ¿Qué están haciendo metidos aquí dentro? Podrían estar afuera, haciendo el amor o algo así...!". Los alumnos se ríen. (De él?). La respuesta de Frank, evidentemente transgresora e iconoclasta en su superficie, revela algo más profundo: un desencanto, un evidente hastío por algo a lo cual no parece encontrarle más atractivo. ¿Su tarea como profesor de literatura? ¿O la vida misma?

La rutina de Frank se corta con la llegada de un alumno para la tutoría de la universidad abierta. En realidad, no es él, es ella: se trata de Susan White, o Rita (como diríamos nosotros, Rita para los amigos). Casada, joven, sin hijos y de oficio peluquera, Rita es de un sector social más humilde que la media general de los alumnos cursantes. Este es un detalle importante, tal vez no para nosotros, pero si todavía para la tradicional Inglaterra (hay que tener en cuenta que, en muchas sociedades europeas, ciertos usos y costumbres subsisten independientemente de las ideas políticas). Veremos también a Rita caminando por el mismo campus que Frank, de un modo y con cierta vestimenta y peinado que revela el contraste. Mira con asombro el mundo en el cual quiere introducirse, pero sobre todo, mira como eruditos inalcanzables a los estudiantes que conversan de cosas extrañas en los pasillos y escaleras. Después de algunas vacilaciones, llega al despacho de Frank.

En este primer encuentro, Rita muestra con encanto su modo de ser. Consciente de su ignorancia en Literatura, manifiesta su vehemente deseo por aprender. Sobre todo, muestra su admiración por ese mundo al que quiere pertenecer, que, para ella, significaría un cambio absolutamente esencial; algo así como el paso a una dimensión superior de la existencia (atención a este detalle). Frank la escucha entre divertido y asombrado. Desde el principio, la frescura y la espontaneidad de Rita llegan muy profundamente a nuestro profesor, aparentemente aburrido de sí mismo. Rita luce como algo que rompe con ciertas cosas a las cuales Frank no da importancia. Pero le cuesta entender el ferviente deseo de Rita por aprender Literatura. En realidad, Frank valora tanto, desde el principio, esa espontaneidad que su nueva alumna quiere perder, que en un primer momento se niega a ser su tutor, bajo la excusa de que es un mal profesor. Pero ella insiste. Lo espera afuera. Frank se deja vencer, en el fondo encantado con su alumna. Y se comprometen ambos a iniciar la relación tutorial.

A partir de allí, la película va mostrando dos cosas. Primero, Rita demuestra tener una buena intuición literaria, todavía no acomodada a los cánones habituales de expresión académica. Frank aprecia enormemente esa intuición, y se ve en el conflicto de tener que dejar totalmente libre esa veta original o tener que forzarla, de algún modo, a una redacción más clásica, condición necesaria para la aprobación de los exámenes. Entretanto, Rita siente la emoción del descubrimiento de un mundo que anhelaba. En una oportunidad, sale corriendo de su peluquería, de igual manera llega a la universidad, se dirige al aula donde Frank está enseñando -esta vez, lúcidamente- y le cuenta, exultante, su gran descubrimiento respecto a la esencia de la tragedia como género literario. Frank, en cierto modo enternecido, invita a su alumna a pasar a su clase. Sus asombrados compañeros la miran insoportablemente. Rita comienza su inserción en otro mundo social.



Segundo, Rita comienza a tener dificultades en su matrimonio. Su esposo, simplemente, quiere que tenga hijos. No entran en su mundo las ambiciones académicas de su esposa, que está cambiando de modo extraño. La crisis llega a un momento delicado cuando ella es "descubierta": tomaba anticonceptivos para evitar tener hijos, sin saberlo su esposo. Este toma una peculiar medida punitoria: quema los libros de estudio de su esposa.
En cierta medida desconsolada, Rita cuenta el episodio a Frank. En la conversación, admite que la chica con la cual su esposo se casó, probablemente ya no exista. Rita se está buscando a sí misma.

Sucede entonces uno de los episodios existencialmente más fuertes. Rita es invitada a una reunión en la casa de Frank. Todo un desafío: un mundo social nuevo, distinto. En una risueña escena, Rita practica vestidos, posturas y frases supuestamente adecuados a la ocasión. Finalmente, medio desanimada, se viste más o menos adecuada a ella misma (pero, ¿quién es ella misma?) y se dirige a la reunión. Llega, ve una enorme casa llena de gente "importante", se queda observando por un momento... Y decide no entrar. Se va. Y deja una nota en el auto de Frank.

A la mañana siguiente, ambos discuten. La esencia de la discusión es a la vez simple y profunda. Frank le dice que, sencillamente, ella debía ser ella misma. Ella dice que no quiere ser ella misma, según lo que él interpreta por "ella misma". No quería estar ahí como algo interesante, siendo el foco de atención por su evidente desnivel social. Ella quiere "ser como ellos", y "hablar seriamente con ustedes". Pero entonces vuelve a preguntarse: "¿quién soy yo?".

Esa pregunta había surgido insistentemente durante la misma noche de la reunión. Luego de dejar la nota en el auto de Krank, se dirige a una taberna donde sus padres, su esposo, su hermana y el novio de su hermana están todos alrededor de una mesa, tomando cerveza y cantando. La reciben con alegría. Pero Rita siente que allí también es una extraña. En medio de la canción, observa que su madre está llorando. Rita inquiere. Su madre responde: "debe haber mejores canciones para cantar".

Al relatarle el episodio a Frank, Rita, con decisión y resolución, dice que, efectivamente, debe haber "mejores" canciones para cantar, y que es eso lo que ha decidido hacer. Su mejor canción será estudiar Literatura, manejar sus secretos, leer esos difíciles libros... Y está decidida a lograrlo.

Y comienza la tarea. Cambia su peinado, su modo de vestir. Y estudia con ahínco. Su lenguaje va cambiando también. Toma un curso en otro campus. Renta un departamento que comparte con una chica de su edad, Trish, y junto con ella comienza a trabajar en una cafetería frecuentada por estudiantes. La relación con sus compañeros también cambia. La buscan, le hacen preguntas, la invitan a salir. Y está contenta. Va encontrando su canción. Su otra canción para cantar.

Mientras tanto, Frank comienza a evidenciar en su conducta la desazón que todo esto le produce. Por un lado, siente asombro y admiración por el progreso de su alumna, pero, por el otro, intuye que hay allí algo extraño. Mientras tanto, su matrimonio con Julia se está deshaciendo, y la evidencia de su vacío existencial se acrecienta. La expresión de ese vacío se hace cada vez más clara, y también se hace evidente que la Literatura no puede llenarlo. En una de sus clases, Frank aparece otra vez tomado, y de modo más palpable. Trastabillando sube a la tarima profesoral. "Literatura!", exclama, con voz tambaleante. Y parafrasea al Evangelio: "¿En qué beneficia a un hombre saber Literatura si pierde su alma"? No se puede negar que dijo algo importante. Pero su situación es trágica y sus alumnos continúan riéndose. Finalmente, después de otros intentos por mantener el equilibrio, Frank cae pesadamente. La tarima profesoral es arrastrada en la caída. Todo un símbolo, quizás. Y una reflexión: ¿hay que llegar a estar bebido para expresar públicamente la lucidez evangélica?

La relación de Frank con su alumna comienza a deteriorarse. En última instancia, se había enamorado de Rita, pero ella está en otro mundo; paradójicamente, un mundo al cual Frank la había ayudado a introducirse. La busca en el bar donde trabaja, preguntando por Rita, cuando en realidad sus nuevos amigos la conocen por Susan. La búsqueda termina infructuosamente, y Frank termina otra vez bebido, durmiéndose frente a las ventanas de sus autoridades universitarias. Para éstas, eso es un escándalo, severamente punible.

Cuando al día siguiente llega a su casa, encuentra a su esposa junto con su pretendiente. Un colega. Ambos le anuncian la situación. "Congratulations!", responde Frank. Y allí se queda, en su gran casa, con sus libros, absorto en su soledad, en su vacío.

Rita, mientras tanto, sigue "progresando" en su nuevo mundo, aunque tuvo que contemplar algo que al parecer no comprendió. Su amiga Trish intentó suicidarse. Pero falló. Ambas dialogan, en el hospital. Rita pregunta:
"¿Por qué?
"Dime por qué no".
"No llores, aún estás aquí..."
"Por eso lloro; no funcionó".
"Vamos, no querías matarte, sólo..."
"¿Sólo qué? Crees que tengo todo..."
"Trish, lo tienes...!!"
"Ah, si... Cuando escucho música y poesía puedo vivir; el resto del día soy sólo yo y no me alcanza".
Rita no logra entender qué está diciendo su amiga. Se supone que ella tiene ese nivel cultural que Rita estaba intentando lograr. Para Rita, eso era su norte, su logro, su mejor canción que cantar... ¿Qué ocurre, entonces?

Apesadumbrada, pero firme en su nueva canción, llega a la casa de Frank, para devolverle unas poesías que éste le había prestado. Eran de él. La noche anterior era aquella en la que Frank había "felicitado a la nueva pareja". Y allí estaba Rita, con sus poesías en mano, elogiándolas enfáticamente. Frank responde con indiferencia. Rompe sus manuscritos. Ambos se enfadan, y discuten agriamente. El eje central de la discusión se evidencia cuando ella lo acusa, en cierta medida, de no estar convencido con su "progreso". "Tengo ahora lo que tú tienes: un cuarto lleno de libros, sé cuál de ellos leer, sé qué vino comprar, qué ropa usar, qué obras ver, y qué diarios leer". Pero Frank va directamente al punto: "¿Es eso todo lo que querías? ¿Crees que encontraste una mejor canción para cantar? No. Encontraste una canción diferente para cantar".



La relación entre ambos mejora hacia el final de la película. Rita pasa su examen con altísimas calificaciones. Y agradece a su profesor, a quien encuentra embalando sus libros, dado que ha sido "castigado" y es enviado a una universidad extranjera. Rita corta el cabello de su profesor, en señal de agradecimiento. Pero, antes, éste le había pedido que se fuera con él. Y ella había contestado evasivamente.

Finalmente se despiden, en el aeropuerto. Y se abrazan.

En todo lo que hemos relatado hay un tema central, una cuestión de fondo, que va dando sentido a la película, desde el principio hasta uno de sus más importantes diálogos finales.

¿Cuál es el sentido de la vida humana? Ya hemos dado nuestra opinión. El sentido último de nuestra existencia es Dios. Esto no es un postulado. Es una conclusión lógicamente inferida a partir de la existencia de Dios, existencia que a su vez es lógicamente inferida a partir de la existencia de las cosas contingentes, que son primeras en nuestro conocimiento, pero segundas en el orden de la creación. Ahora bien, todas estas cuestiones también pueden ser vistas mediante una mostración vivencial, o, podríamos también decir, existencial. ¿No has sentido siempre, desde lo más profundo de tu ser, un inevitable llamado a la felicidad? ¿Negarás que quieres ser feliz? No niego que tal vez puedas decir que no quieres ser feliz, pero no creo que puedas sentir esa negación. Ese "querer la felicidad", profundo, originante de todos tus deseos, es el apetito natural al bien, que todas las cosas tienen ínsito en su naturaleza. En nuestro caso, ese apetito natural al bien pasa por el conocimiento intelectual de las cosas, y a eso llamamos voluntad. Y hemos visto que esa voluntad es libre, en el sentido de que nunca se enfrenta, en este mundo, con lo que podría determinarla absolutamente.

Nuestra vida es una búsqueda constante del bien. Claro, nuestra inteligencia puede equivocarse, y/o nuestra voluntad puede rebelarse contra el verdadero bien, y por ambos motivos nuestra búsqueda es muchas veces infructuosa, agregando a nuestra vida muchos dolores que de otro modo podríamos evitar.

Si la felicidad absoluta y total se identifica con Dios -como hemos visto en el anterior comentario- lo más parecido que podemos encontrar, en este mundo, a esa felicidad, es ponerse en camino hacia Dios, y hemos visto que ese "ponerse en camino" admite infinitas posibilidades. Pero niega otras. Sobre todo, aquello que destruya tu naturaleza y/o atente contra la de tu prójimo (la injusticia, por ejemplo). Porque esas faltas del bien que corresponde a tu ser son incompatibles con alcanzar al Ser Infinito, que es Dios.

Ahora bien: para todo esto hay un camino, que te comunica con Dios, con tu prójimo, contigo mismo y con el universo restante, que es el amor. El amor a Dios es algo que "surge" en nosotros. Ese surgimiento tiene un margen de misterio que la filosofía no puede explicar, pero en parte sabemos que es ayudado por la conciencia de que Dios nos ha creado para que lleguemos a El y seamos absolutamente felices, para siempre, en El. Al amar a Dios, comenzamos a amarnos y a estar en paz con nosotros mismos, pues sabemos que es allí cuando nuestro "yo" alcanza su sentido último y originante. Como un hombre que se enamora de una gran mujer, y es correspondido, y siente, inevitablemente, que su vida tiene sentido. Hasta huele mejor!

A su vez, comenzamos a estar en paz con nuestro prójimo, porque comenzamos a evitar todas las injusticias que podamos cometer contra nuestros hermanos en creación. ¿Y por qué? Porque también amamos a nuestro prójimo, y nada injusto hacemos en ese caso. Y eso, porque advertimos que no podemos crecer, e ir hacia Dios, en medio de nuestras injusticias. Y, por último, estamos en paz con toda la naturaleza, al advertir que cualquier agresión y destrucción inútil es un acto indigno contra un efecto de Dios.

Todo esto suena bastante lógico: es la "lógica del amor". Nada raro. Amor y razón son una en Dios; en sus criaturas, son potencias distintas, pero nuestra armonía con Dios las complementa, y nuestra des-armonía con Dios las enfrenta. Esto es muy importante, y volveremos a esto cuando acompañemos al capitán Kirk en uno de sus viajes interplanetarios.

Bueno, me dirás, te pusiste a filosofar y te fuiste por las ramas. ¿Qué tiene todo esto que ver con Frank y Rita?

Rita también busca la felicidad. Busca el bien. Busca algo que la haga crecer. Y lo encuentra en la Literatura.

¿Y qué?, me dirás. Calma, te podrás imaginar que me parece muy bien. Como también me hubiera parecido muy bien que la encontrara en su peluquería. O en sus hijos. O en la literatura y en sus hijos. O en lo que quiera. Siempre que... ya veremos qué.

Frank también buscaba la felicidad. Pero había una diferencia entre ambos. Una diferente conciencia existencial. Tratemos de ver qué es eso.

Frank había encontrado algo de felicidad en la literatura, como cualquiera de nosotros encuentra algo de felicidad en nuestra vocación, al seguirla. Para cualquiera de nosotros es un problema no poder seguir nuestra vocación. Por lo tanto, esto está claro.

Pero Frank advierte que falta algo. Hay una dimensión de la existencia humana, que es precisamente el sentido último de esa existencia, que nada de este mundo puede proporcionar. Frank lo sabe, pero lo "sabe" en un sentido negativo y existencial. Sabe que sus libros no pueden -como ninguna otra cosa puede- darle ese sentido, pero parece no advertir dónde puede estar oculto este último. Es la angustia existencial. Que se acrecienta con el fracaso de su matrimonio, lo cual le advierte del significado del fracaso del amor. La angustia existencial: el no saber cuál es el sentido último de nuestra existencia. Miles de escapismos inventamos para tratar de tapar esa angustia. Pero Frank no inventa muchos. De vez en cuando se emborracha. Pero nada más. Vive, asume su angustia. En ese sentido, es una existencia auténtica, como dijo un colega.

En última instancia, Frank sabe que puede ser un gran literato, o un gran filósofo, o lo que fuere, pero no por ello será, necesariamente, una "mejor" persona. Esto es, una persona que está en camino hacia Dios, y, por ende, en armonía consigo misma, con su prójimo y con la naturaleza. Y es a partir de allí que su trabajo específico -profesor de literatura o peluquero- tiene pleno sentido existencial, además de eficiencia, porque no se puede ser una buena persona sin el deseo de hacer bien el trabajo que nos comunica con la existencia cotidiana.
A la luz de este enfoque, ciertos detalles de la película adquieren pleno sentido. El principal, que resume lo que queremos decir, es el diálogo entre Frank y Rita donde ésta insiste en que ha encontrado una mejor canción que cantar. Frank, lúcido en su angustia, le responde: no. Has encontrado una canción diferente. No una "mejor".

¿Por qué? Ya lo hemos dicho. Tu vida está llena de canciones diferentes, esto es, de posibilidades vitales distintas, sobre las cuales tienes poder de elección. Ellas son todo el infinito número de vocaciones y modos distintos de vida según tus gustos y capacidades; desde astronauta hasta pianista, de literato a peluquero, de filósofo a carpintero, etc. Todos esos modos de vida son, en sí mismos, igualmente buenos, aunque tú debas descubrir cuál es el adecuado para tí. Eso es existencialmente importante y es parte de tu felicidad. Pero hay una elección, en cambio, entre dos estados de tu espíritu que son irreductiblemente contrapuestos, y ya no igualmente buenos en sí mismos. Y esa opción vital ineludible es: vives en el amor a tu prójimo, fundado en el amor a Dios, o no. Lo primero es la canción mejor; lo segundo, ni siquiera es canción: suena mal, desafina, te destruye, te anula, te paraliza. Si vives en la canción del amor del que te hablo, todo lo que hagas -vuelvo a decir, sea cual fuere tu vocación- lo harás con afecto, y, por lo tanto, te llenará existencialmente, sentirás que es algo que justifica tu existencia, porque le has encontrado su sentido último. De lo contrario, entrarás tarde o temprano en angustia existencial, y descubrirás, como Frank, que de nada vale ser el gran profesor de literatura si el sentido último de tu vida no está resuelto. Como único intento de escapar de esa angustia, de vez en cuando se emborracha, pero, paradójicamente, allí se siente libre para expresar sus palabras más sabias. ¿De qué le sirve al hombre saber literatura si pierde su alma? Y esto te lo dice alguien cuyo modo de vida no es demasiado distinto al de Frank.

Claro, lo mismo vale para cualquier otra cosa. ¿De qué le sirve al hombre ser peluquero si pierde su alma? ¿De qué te sirve cualquier cosa si pierdes a Dios? ¿De qué sirve algo sin Dios? Puedes tener infinitos finitos bienes, pero sin el Infinito Bien, nada tienes; y si tienes muchos finitos bienes, y también estás en camino hacia Dios, serás feliz, porque los usarás en armonía contigo mismo y los demás.



Frank y Rita están, en ese sentido, en una situación existencialmente peculiar. El tiene conciencia de su angustia, pero no sabe cómo salir. Ella quiere cantar una canción mejor sin advertir que es una canción diferente. El logra enseñarle literatura, pero no lo anterior. A ella le cuesta enfrentarse con ese problema. El intento de suicidio de Trish le resulta extraño. ¿Cómo alguien tan culta y que escucha tan buena música puede intentar suicidarse? Pero las palabras de Trish son reveladoras de la angustia del ser humano cuando descubre lo cercano a la nada de su contingencia: cuando dejo de escuchar música, entonces soy sólo yo y no me basto... Observa: no es cuestión de angustiarse por ser "yo", sino "sólo" yo. Ese "sólo" yo es lo insoportable. Tu yo comienza a "respirar" cuando entra en contacto de amor verdadero con otro yo. Y eso abarca a tu cónyuge, a tus amigos, a tus familiares. Pero eso tampoco basta. Comienzas a sentir la necesidad de una fuerza adicional que te sostenga, más allá de las potencialidades de lo humano, en medio de los problemas de este mundo. Comienzas a sentir la necesidad del amor Infinito, fundamento de los demás amores finitos, que es Dios. Como dijimos antes, puedes estar toda tu vida escapando, de mil modos, a la angustia que te produce siquiera imaginar que tu presencia en este mundo es sólo una enorme casualidad. Y sin happy ending. La huida del tema de la muerte es uno de los mejores síntomas de ese "raje" continuo.

Vamos! Despertemos! Advirtamos cuál es la única mejor canción! ¿Cuántas veces, cotidianamente, no tenemos la misma confusión existencial que padeció Rita? Recordemos sus palabras cuando discute con Frank: tengo un cuarto lleno de libros, sé qué vino comprar, qué ropa usar, qué obras ver... ¿Cuántas veces no juzgamos a los demás por todo eso? Olvidamos que hubo santos analfabetos, y también santos llenos de libros y de conocimientos humanos, y tanto unos como otros fueron santos porque amaron mucho. Simplemente por eso. Allí está la mejor canción.

Si tienes un cuarto lleno de libros, busca en ellos la verdad, y, si la encuentras, enséñala, porque esa será tu manera de amar.

Creo que será bueno que termine estas reflexiones citándote unas palabras cuyo contenido tiene mucho que ver con todo esto que he intentado transmitirte. Quien las escribió también era profesor, como Frank -aunque no de literatura- y tuvo también un cuarto lleno de libros. Tuvo una familia, a la que amó absolutamente, y ha tenido a miles de alumnos, a los que educó en el sentido más profundo del término -y, por lo tanto, amó-. Dice así: "Prepararse para ser adulto es, pues, mucho más, y más importante, que elegir una actividad o un estudio determinado. Es forjar un plan de vida sobre bases éticas, religiosas, políticas. Es saber si se puede mentir o no; si la violencia es admisible o condenable; si amaré a mi prójimo o seré indiferente a su suerte; si prefiero la frivolidad como constante o si soy capaz de adentrarme en las honduras de mi alma; si me siento criatura divina o si me supongo un accidente bioquímico sin sentido conocido; si prefiero saludar a mi vecino cortésmente o si lo ignoraré mientras nada tenga que esperar de él. Cuando tenga resueltos estos aspectos en apariencia tan simples, muchas actividades podrán complacerme. De lo contrario, podré ser un buen o mediocre profesional, tener éxito o fundirme en los negocios, llevarme más o menos bien con mi mujer o separarme de ella. Pero nunca seré un hombre pleno porque en mi juventud habré olvidado que debía preparar el futuro. Seré existencialmente pobre, sin remedio" (*).



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(*) Luis J. Zanotti, Cuando el presente es futuro, Fundación Banco de Boston, Buenos Aires, 1988. Los subrayados son nuestros.


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