domingo, 1 de septiembre de 2013

LOS PUENTES DE MADISON: UN PUENTE A LA SEXUALIDAD MATRIMONIAL


Si han visto Los puentes de Madison, la pregunta podría ser: ¿no es una especie de ataque a la estabilidad del matrimonio? ¿No es una especie de apología de la relación extramarital en la que los personajes se ven envueltos?



Bueno, ok, no he hecho una investigación sobre el director (Clint Eastwood), el guionista 
(Richard LaGravenese), el novelita (Robert James Waller),  pero desde el punto de vista de una posible intentio lectoris, no. Es más, recomendaría que la película sea vista por todos aquellos sacerdotes y religiosos interesados en la pastoral matrimonial.
La película, ambientada en las zonas rurales de los EEUU de los 60, narra la historia de Francesca, dedicada a la atención de su casa, su marido y sus hijos. Todo bien hasta allí y ninguna crítica de mi parte a esa nobilísima misión (siempre que haya habido un discernimiento vocacional, claro).

O sea que hasta allí, todo bien. Pero el amor de Francesca por su marido había desaparecido hace tiempo, en algún sentido. La sexualidad parecía haberse esfumado. ¿Y qué?, me podría decir alguien. Pues bien, mi respuesta adelanta el tema de hoy: ¡es que eran un matrimonio!

Entonces aparece Robert, y la sexualidad de Francesca, dormida hace tiempo, se despierta intensamente. Se enamora perdidamente de Robert. La intensidad del drama de la elección posterior está muy bien narrada y es desgarradora, pero no es lo que interesa a fines de nuestro análisis.




La pregunta es: ¿por qué no habría de despertar la sexualidad de Francesca?  No había sido ofrendada con alegría a Dios, como en una vocación religiosa auténtica y psicológicamente bien llevada, donde la propia sexualidad se ofrece a Dios, en forma de sacrificio, y por ello se renuncia a ella, como símbolo viviente de una forma de entrega total a Dios. La sexualidad entregada a Dios, en ese caso, es una riqueza valiosísima; nadie entrega a Dios un tacho de basura, y quien así considera su sexualidad, y por ello renuncia a ella, está seriamente confundido/a y su supuesta vocación religiosa terminará como algo que nunca comenzó.

Entonces, volvamos, ¿por qué la sexualidad de Francesca debía estar dormida? Ella había decidido compartir la vida totalmente con un varón. En ese “totalmente” implica vivir con él, y viceversa, no sólo un proyecto de vida en común, claro está, sino también, y mutuamente, la sexualidad, y los hijos como su fruto más precioso. Eso es esencial a un matrimonio. Yo puedo compartir muchas cosas con una mujer –con los cuidados correspondientes, claro está J- pero al día siguiente, el primer rostro que veo, en la cama, es el de mi esposa. “En la cama” es un símbolo importante. Símbolo de la sexualidad exclusiva con mi cónyuge.

Sin embargo, parece que de hecho no es así. La historia de Francesca es una historia repetida. Al parecer, diversos usos y costumbres nos hacen pensar que la sexualidad en el matrimonio es tal vez para el comienzo, para los primeros tiempos, pero que luego, la rutina, el cansancio, la ocupación por los hijos y etc. matan todo “y es así”. Y además, culturalmente se estimula al varón y a la mujer a estar sexualmente MUY atractivos –que no es lo mismo que elegante, y la línea divisoria la conoce cada uno- fuera de su casa, sobre todo en su trabajo, pero luego, en la casa y precisamente con el cónyuge, ya no importa.


Pero, cuidado: como siempre me gusta decir, el inconsciente es poderoso. Siguiendo de manera a-crítica cierta cosmovisión cultural, hemos echado por la puerta a una sexualidad a la cual NO habíamos renunciado, y entonces, por supuesto, entra por la ventana de cualquier otro lado.

Pero, ¿por qué tiene que ser así? No niego en absoluto las dificultades de la vida matrimonial, pero muchas de ellas surgen porque no pensamos suficientemente lo que realmente estamos haciendo. Toda nuestra verborragia cultural de lo importante y bello del sexo se acaba cuando miramos a los ojos del cónyuge, con el cual, luego de un tiempo, no hacemos esfuerzo alguno de mantener viva la seducción y la pasión, para ponerlas, consciente o inconscientemente, en otro lado. Y entonces, luego de un tiempo, pasa lo que tiene que pasar, y si no, viene la tristeza, el aburrimiento, el desánimo.....


Que se pueden mantener durante años en una supuesta fidelidad hasta que esa sexualidad indebidamente apagada se despierta, se “venga” sencillamente de cualquier modo y en cualquier lado, para que entonces todos se pregunten “cómo, qué pasó??”


A ver si entonces lo decimos claramente: en el matrimonio, la vida sexual es esencial. Que ello tenga dificultades, que no sea todo “color de rosa”, que la vida es difícil, ya lo sabemos, pero si no hacemos ningún esfuerzo por mantener viva la llama del amor matrimonial, no nos sorprendamos después. Sepan esto no sólo incluso, sino sobre todo los religiosos que aconsejan a las personas casadas. Si surge una dificultad grave, es una cosa, pero si sencillamente seguimos a-críticamente una costumbre sin fundamento, es otra. Es importante ver esta película y luego dar una nueva mirada al propio matrimonio, y dar entonces una nueva mirada a nuestro cónyuge. Sí, estamos más viejos, más gordos, más cansados, más desalineados, pero si al amor fue y es auténtico, si hubo siempre respeto, cariño y generosidad, entonces dejemos de ver la sexualidad como algo que ya se acabó, y-o está afuera en un lugar inalcanzable, y advirtamos que está allí mismo, a nuestro lado, y despertémosla con una renovada ternura, seducción, buena onda, buen humor y verdadera entrega al otro en tanto otro.


Los matrimonios no “se” acaban. Los acabamos o los seguimos nosotros. Optemos por lo segundo porque ya hemos optado por ello el día que nos casamos. 

                                                                                








5 comentarios:

Anónimo dijo...

Un "clap clap clap" pero de los que se dicen sin palabras en la boca, con el corazón lleno de gozo y lágrimas en los ojos!
M,G y M.

Marcelo dijo...

Muy interesante.

Saludos

Marcelo

María Antonieta Arnal Parada dijo...

Interesante lo que planteas. Vi los Puentes de Madison hace tiempo.

Anónimo dijo...

Lo que no podés ignorar a estas alturas es que Eastwood es uno de los libertarios ( definido así por si mismo ) más conspicuos de EEUU . Apoya candidatos republicanos cómo aquí a un liberal no le quedaría más remedio que apoyar a peronistas , ya que los norteamericanos siguieron el rumbo imperialista . Más de treinta películas dirigidas en muchas de las cuales compuso la música , el guión , fue el productor y el protagonista . Siempre con una encrucijada ética y el pacifismo implícito como la constante en sus relatos . Muchos ignoran que el protagonista de "Harry el sucio" es anti-armamentista y se opuso desde Vietnam a la fecha a todas las aventuras salvadoras yanquis que sabemos como terminan . No es que hubiera habido conversión alguna , es que el hombre enseña desde el hartazgo de la violencia , por el absurdo . "Los puentes..." , que el machismo no tan residual tildaría de un melodrama "para mujeres" , no deja de ser una joyita . Tu comentario está muy bien desde la mirada católica , pero no podés tampoco ignorar que el film es más que eso . Porque sino , hubiera hecho su propio guión como tantas veces y hubiera elegido el ámbito urbano como sucede con la mayoría de los planteos de infidelidad . El contexto es importante para entender las conductas . Iowa es como decir aquí la pampa húmeda , principal productor de maíz y soja de EEUU y formado por numerosas empresas familiares . La estructura social de las comunidades rurales es parecida en todo el planeta . La red chismosa pueblerina también . Lo cierto es que Francesca y Robert por más lejos que quisieran ir , no hubieran podido . Desgraciadamente se conocieron grandes y tuvieron que bancarse seguir con sus vidas luego de los cuatro días . El desarraigo la hubiera destruido a ella y a su familia . Ante este panorama , la decisión de Robert fue resguardarla . Sin cuidado del otro , no hay amor . Aquí el conflicto pasa por el arraigo o pertenencia a una forma de vida que le da sentido existencial a todo un grupo familiar y social , por una parte , versus los deseos femeninos de ser más que una matriz reproductiva , en sociedades donde al nacer está ya todo programado , por la otra . La película es un puente a la verdad , tanta veces olvidada , de que son los sueños los que nos mueven la vida . Aunque seamos conscientes de que sólo son sueños .Tal es así , que los hijos de Francesca , toman decisiones distintas con sus relaciones luego de leer el escrito póstumo liberador de la madre . Obras de Eastwood imperdibles , Unforgiven , Gran Torino , Mystic River , Cartas desde Iwo Jima o El intercambio , entre las que recuerdo ahora . M.S

Anónimo dijo...

En respuesta al primer punto afirmado en el comentario anterior -autor anónimo-, los republicanos nunca fueron, por esencia -por el hecho de ser republicanos-, libertarios o liberales clásicos. Históricamente, aunque resulte sorprendente, quienes encarnaban originalmente lo que llamaríamos libertario o liberal clásico eran los demócratas. Los orígenes del Partido Demócrata se remontan a liberales clásicos -con sus más y sus menos- como Jefferson y Jackson. Y más tarde lo fue Cleveland. Los republicanos, tradicionalmente conservadores, eran -precisamente por ser conservadores- de espíritu mercantilista: defendían la necesidad de proteger la acumulación local o interna de capitales. A fines del siglo XIX, una facción "silverita" y "agrarista" se hizo del Partido Demócrata (William J. Bryant). El movimiento progresista, que también tomó preponderancia dentro del Partido Republicano (vgr., Teddy Roosevelt) se extendió al Partido Demócrata. Wilson, primer presidente demócrata desde Cleveland, un académico cuyas primeras convicciones eran libertarias, fue seducido por el progresismo. Progresistas fueron Hoover y el siguiente presidente demócrata: FDR. Con FDR -encarnación de un progresismo más moderno- hubo una confusión de términos: la palabra "liberal" originalmente utilizada para calificar a los demócratas que eran liberales clásicos, al seguir utilizándose para denominar a los demócratas, entonces constituidos en los progresistas más radicales. El progresismo inicial conservó ideales liberales pero intentaba asegurarlos con medios conservadores. Los medios finalmente corrompieron -cambiaron de significado- los fines originales. De aquí que "liberal" en inglés norteamericano haya pasado a significar otra cosa, aunque en un principio no fuera así. Los verdaderos "liberales" fueron acogidos en el Partido Republicano hacia los 50s, pero nunca fueron una facción mayoritaria. Tampoco lo son hoy, aunque el Tea Party salga mucho a colación. La mayoría de los republicanos siguieron siendo conservadores. Eisenhower pudo haber sido perfectamente demócrata. Bush senior era del ala liberal del Partido Republicano. Muchos republicanos desde Eisenhower han probado ser más progresistas que liberales, y por eso a veces cuesta tanto distinguir entre las políticas económicas de demócratas y republicanos, aunque estos últimos profesen -aunque sus acciones los traicionan- ser más "ortodoxos" en materia fiscal. La confusión se refuerza por el tradicionalismo moral que superficialmente suele acompañar al conservadurismo. Los liberales clásicos norteamericanos nunca fueron imperialistas. La doctrina Monroe, luego reformulada (particularmente por T.Roosevelt), inicialmente era una declaración anti-imperialista.
Y volviendo al cine de Eastwood, lo que a mi me gusta de él -una mera opinión- es que sus personajes son humanos: no son ni buenos ni malos per se. Tienen defectos pero siempre conservan un potencial para hacer el bien, un algo o mucho de nobleza. Y así encuadro la decisión final de Robert a la que se alude. Con todo, me gustó más cómo lo puso Gabriel, de ir a por las causas -¿prejuicio profesional?-.
Walter W., Guatemala
Traté de identificarme por nombre o cuenta de Google, sin suerte)