domingo, 17 de febrero de 2013

¿SE NOS VIENE EL FIN DEL MUNDO?


Disculpen, dado cierto agotamiento no pude escribir el art. sobre Benedicto XVI que tengo in mente, pero sí consideré prudente reiterar -no porque tenga algo que ver- este artículo publicado en el www.institutoacton.com.ar en Octubre de 2011, sobre todo por la parte que dejo subrayada.

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Si, es imparable. Es como intentar tapar  el sol con el dedo. Matrimonio homosexual, 
eutanasia, madre sustituta, cambio de sexo,  niños hijos de lesbianas que deciden ser 
niñas, etc etc etc etc.  

Las actitudes de los católicos –laicos y jerarquía- ante todo esto son diversas. Algunos 
se parapetan en nuevas catacumbas con una espada y un escudo contra el herético 
mundo moderno. Otro intentan pelearla desde el mundo. Entre estos últimos las 
actitudes son también diversas. Unos intentan que la legislación estatal sea contraria 
todo ello basándose en la ley natural que estaría fundada en la sola razón, para evitar la 
crítica de “católico”. Pero ¿ser católico  es ahora una crítica que debemos evitar? 
Benedicto XVI dijo, en Enero de 2008, que hay una razón pública cristiana, que puede 
hablar con el no cristiano sin renegar de su posición de cristiana. ¿Cómo es eso posible? 
Con un nuevo replanteo entre la razón y la fe, donde la razón es la fe judeo-cristiana que 
busca el entender, y desde ese entender, entendernos con todos. 

Otros tenemos, además, una agenda más amplia. El mundo no es como nos gustaría que 
fuera en muchos aspectos. Los niños no sólo mueren por el aborto: mueren también por 
el hambre, la desnutrición, el hacinamiento, los adultos mueren de abandono y 
depresión por el trabajo perdido, por la familia que no logran sostener; los inmigrantes 
mueren porque por las leyes anti-migratorias, son obligados a huir de sus infiernos en 
condiciones infernales, y muchos católicos  apoyan todas esas medidas estatistas que 
producen el subdesarrollo, el hambre, la miseria, la muerte más indigna, en última 
instancia;  pero no se sienten culpables en absoluto: no, los culpables seríamos nosotros, 
los partidarios de la economía de mercado, los cerdos capitalistas cuyo liberalismo es 
pecado, mientras ellos, desde su torre de marfil, hablan de la cultura de la vida mientras 
su anti-liberalismo militante lleva a millones de seres humanos a la muerte. 

La agenda es más amplia. Pero es verdad, sí, que desde el lado no cristiano, los mismos 
estatistas capaces de imponer todo y excluir el derecho a la libertad de conciencia, en la 
parte de libertad sexual y reproductiva han concentrado la libertad individual, mientras 
la niegan para lo demás. Libertad individual que, bien pensada, como hemos dicho, no 
incluye la libertad de matar embriones, destruir minúsculos seres humanos congelados y 
obligar al médico a quitar el suero al paciente que se mantiene en vida sin medios 
extraordinarios. 

Todo eso es verdad, hay que decirlo, sí, pelearlo como luchamos por la libertad de 
comercio y la economía de mercado, porque detrás de todo ello está también la vida de 
todo ser humano que nace en este difícil planeta. Pero calma: los valores han cambiado 
y contra eso, los ataques de nervios políticos no sirven para nada. El clericalismo de los 
católicos (véase que NO hablamos de “Iglesia”) ha durado 17 siglos y el equilibrio entre 
ese clericalismo y la sana laicidad no parece encontrarse entre los mismos católicos. Tal 
vez tengan que pasar muchos siglos más para que los católicos seamos vistos de otro 
modo en el mundo actual, con una autoridad moral que nunca hemos tenido hasta ahora, 
dada nuestra visión de la política: planes plagados de racionalidad instrumental para
meternos en un mundo que nos es extraño, para ser extraños buzos en el barro de la
historia, más que peces en el inmenso mar del mundo y de la historia que, a los laicos,
nos debe ser propio. Los católicos no terminamos de asumir al mundo. No nos
acostumbramos al mundo, creemos que hacer política es planear con los obispos cómo
infiltrarnos en la cultura de la muerte; no concebimos al mundo como la vida que
verdaderamente nos toca y, en ese sentido, como la cultura, no sé si de la vida, pero sí
de nuestra vida, mejor o peor, siempre cambiante, con luces y sombras diferentes según
los diversos momentos históricos, sin desesperar, sabiendo que todo es caminata,
constructiva, sí, hacia la morada eterna. El mundo no se nos vino encima, sencillamente,
se nos olvidó. Siempre seremos un puñadito, sí, pero una cosa es ser manso como
paloma y astuto como serpiente, y otra cosa es estar siempre enojado, perder
mansedumbre, ser tonto como gallina y hablarle al mundo con una mentalidad que
muestra que definitivamente no queremos ser parte de él. No es que el mundo nos
pasará por encima. Sencillamente, seguirá su curso, mientras nosotros seguiremos,
ocultos, en nubes y catacumbas.