domingo, 16 de diciembre de 2012

MONOPOLIO, PRECIO DE MONOPOLIO, CONCENTRACIÓN MONOPÓLICA Y LOS "GRUPOS DE INTERÉS".


“A pedido del público”, pero también por la relevancia en estos días, posteo esta vez lo que escribí hace más de 30 años sobre la supuesta concentración monopolítica en el mercado libre.



Parte II

El monopolio

Toca el turno ahora a una parte muy importante de nuestro análisis: El monopolio.
1) El problema de la definición
 ¿Qué es el monopolio? He aquí el primer problema a resolver.
Es un problema porque, en efecto, la única definición estricta que conocemos, esto es, la etimológica (un solo vendedor), nos lleva --si consideramos sus consecuencias últimas-- a la conclusión de que todos somos monopolistas. En efecto, sabemos que los bienes no son estrictamente homogéneos entre sí; por lo tanto, en última instancia, cualquier vendedor es vendedor exclusivo de su producto y, por tanto, monopolista del mismo. O sea, el vendedor de pañuelos A es monopolista de los pañuelos A; el vendedor de los pañuelos B es monopolista de los pañuelos B, aunque ambos vendan pañuelos.
Pero como vemos, no es esta concepción la que habitualmente tiene el vocablo "monopolio". El vocablo induce a imaginar; a un siniestro individuo que vende algo que no tiene un sustituto a la vista, privilegiada situación por la cual puede elevar el precio del artículo a su gusto. Luego, no es el concepto de monopolio lo que en realidad preocupa, sino el supuesto poder que el mismo tendría sobre el artículo que se vende. No preocupa a nadie, en efecto, que yo fabrique pequeños libros con las páginas en blanco y los vaya a vender a las librerías. Lo preocupante sería que mi extraño producto fuera muy apetecido por el homo sapiens.
2) Teoría neoclásica
En ese sentido, y al ir intuyendo esas verdades, la escuela austríaca sufrió una evolución. Comenzó definiendo al monopolista, en virtud del problema antes aludido, como aquel que lograba establecer "un precio de monopolio", que a renglón seguido se pasaba a definir.
Habitualmente, si un vendedor reduce la cuantía del producto que ofrece sin que se haya reducido la demanda, ésta se vuelca hacia otros vendedores, resultando entonces una pérdida para el vendedor. Pero de ser las condiciones tales que el vendedor pueda reducir la producción elevando al mismo tiempo el precio, sin que la demanda se vuelque hacia otros vendedores, el precio obtenido era llamado "precio de monopolio". Evidentemente, la condición a la que alude esta teoría es la presencia de una demanda inelástica, que no se desvía hacia otros vendedores por la suba del precio.
Es decir, un precio de monopolio sólo puede establecerse ante la presencia de una demanda inelástica o rígida de un determinado producto. En el caso antes citado, si yo lograra que mis libros en blanco fueran indispensables para la vida humana,  podría entonces yo establecer un "precio de monopolio" de mis peculiares libros.
La teoría es correcta; sin embargo, el análisis cataláctico austríaco posterior, sobre todo en Rothbard, afirma la existencia de siete factores naturales anti-monopolísticos, que actúan impidiendo la existencia de la condición necesaria para la formación del precio del monopolio (la inelasticidad de la demanda) obviamente sin ninguna legislación (de allí que se los llame "factores naturales antimonopolísticos"). O sea, factores antimonopolísticos endógenos al mercado, y no exógenos, como son las leyes contra monopolio.
3) Los siete factores antimonopolísticos
a) La elasticidad de la demanda: cuantos más bienes y servicios se ofrecen en el mercado, la demanda tiene cada vez más posibilidades de elección, lo que implica que cada vez va haciéndose más elástica.
Ahora bien: a medida que se va desarrollando e intensificando el proceso de división del trabajo en el mercado libre, mayor es la cantidad de bienes y servicios que se le ofrecen al consumidor. Esto implica, pues, que a medida que se va desarrollando el mercado libre, la demanda es cada vez más elástica. Y como la demanda inelástica es el factor que permite la formación de un precio de monopolio, llegamos entonces a la conclusión final de que, a medida que se va desarrollando el mercado libre, menores son las posibilidades del establecimiento de precios de monopolio.
b) La competencia potencial: Éste es uno de los factores más importantes que limitan el ascenso del precio de un monopolio. Consiste en que. un monopolista, una vez establecido, es alguien que está sometido a una invisible pero efectiva competencia potencial, es decir, una competencia que no es pero que puede ser. En efecto, muchos vendedores potenciales se mantienen alertas para, en el momento en el que el monopolista suba el precio, aparecer en el mercado con un sustituto (el mismo producto, en un lenguaje más llano) y así desviar hacia ellos la demanda, logrando con ello ingentes ganancias. Esto es algo que mantiene alerta al monopolista, quien ignora si en el momento en que suba el precio pueden aparecer repentinamente inesperados vendedores que arruinen sus planes. Es un factor, pues, que limita en gran medida el ascenso del precio.
c) El factor competitivo permanente: Tal es el nombre que se asigna al proceso por el cual no sólo los artículos de un mismo rubro entran en competencia, sino todos los artículos unos con otros. El vendedor de zapatillas A no sólo competirá con el vendedor de zapatillas B, sino también con el vendedor --por ejemplo-- de lapiceras, pues tanto éste como el vendedor de zapatillas desean el dinero de los consumidores; por tanto, por cuestiones de precio no sólo competirán con sus respectivos colegas sino también entre sí. Luego, ningún monopolista carece de competidores, a menos que posea la propiedad de todo cuanto exista, cosa que sólo puede ocurrir en el caso de la existencia de un estado socialista.
d) La ley de los rendimientos decrecientes: El doctor Alberto Benegas Lynch (h), en su libro "Fundamentos de análisis económico", resume así esta ley: "Toda estructura de costos tiene una dimensión óptima pasada la cual los rendimientos son decrecientes". Esta ley, pues, limita la formación de los tan temidos "cartels" en el mercado. Estos chocarán inexorablemente con la precitada ley, y no podrán evitar las pérdidas.
Por otra parte, la natural gravitación a la competencia del mercado es la que en general termina con tales asociaciones. Muchos de sus integrantes saben perfectamente que si se retiran del cartel y comienzan a vender el producto. a menor precio y con mayor calidad, sus posibilidades de ganancias son inmediatas.
e) Los límites de calculabilidad en el mercado: Este es otro factor que limita el tamaño que puede llegar a poseer una empresa. Como se probará en el Capítulo VIII –-aunque el lector tiene las premisas para llegar a la conclusión en este capítulo--, imposible es realizar el cálculo económico en ausencia del mercado, pues ausencia de mercado implica ausencia de precios. En el mercado libre, a medida que una empresa va aumentando su radio de acción, va absorbiendo los mercados en los cuales se forman los precios de los factores productivos, y como la empresa realiza el cálculo económico con los precios emanados de tales mercados, a medida que éstos van siendo absorbidos se le hace cada vez más difícil a la empresa realizar el cálculo económico. Así lo expresa Rothbard en su tratado de economía (Cap. 10) : "A fin de hacer el cálculo de ganancias y pérdidas de cada rama, la empresa tiene que estar en condiciones de poder referir sus operaciones internas a los mercados externos, en relación a cada uno de los diversos factores y productos intermedios. Cuando desaparece cualquiera de esos mercados externos a causa de que se ven absorbidos dentro del radio de acción de una sola empresa, desaparece la calculabilidad y a la empresa no le queda ningún otro medio racional para dar ubicación a los factores dentro de esa zona específica. Mientras más se avance sobre estas limitaciones, será cada vez mayor la zona
donde lo racional no impere, y más difícil resultará evitar las pérdidas. Un cartel de grandes dimensiones no estaría en condiciones de dar destino racional a los bienes de producción y, en consecuencia, no. podría evitar pérdidas graves. Por lo tanto, en realidad jamás llegará a establecerse, y de hacerse el ensayo, pronto quedaría desintegrado".
Y agrega el mismo autor: "En la esfera de la producción, el socialismo equivale a «un cartel enorme» organizado y controlado compulsivamente por el Estado. Quienes abogan por la «planificación central» socialista, pretendiendo que es el método de producción más eficiente, en lo que respecta a satisfacer las necesidades del consumidor, tienen que contestar la siguiente pregunta: ¿si esa planificación central es realmente más eficiente, por qué no ha sido constituido por los individuos que persiguen ganancias, en el mercado libre? El hecho de que jamás se haya formado voluntariamente un cartel enorme y que se requiriera el papel compulsivo del Estado para formarlo, demuestra que no habría posibilidad alguna de que fuera el método más eficiente para satisfacer las exigencias de los consumidores".
f) El comercio exterior libre: Factor éste potentísimo contra la formación del precio del monopolio. La libre importación y exportación de productos; la libre entrada y salida de capitales nacionales y extranjeros, son cosas que no hacen más que ampliar enormemente la elasticidad de la demanda, ampliando enormemente las posibilidades de elección del consumidor. La posibilidad de sustituir un producto por uno importado más barato, es algo que hace al monopolista prácticamente imposible elevar su precio de venta.


g) Los sustitutos: Es muy difícil, por no decir imposible, encontrar en el mercado un producto absolutamente insustituible. Todos, en mayor o en menor medida, pueden sustituirse por otro similar. Y, si se diera el caso de la existencia de un producto insustituible, lo que sí tendrá indefectiblemente ese producto es un sustituto potencial. Como vemos, esto es algo muy parecido al caso de la competencia potencial. Innumerables vendedores se lanzarán a la búsqueda de un sustituto a ese producto insustituible que goza de demanda inelástica, como medio óptimo para conseguir seguras ganancias.
4) La natural ley de la oferta y la demanda
Pero aparte de estos factores que limitan el ascenso de un precio en un monopolio, existe algo sencillísimo de lo cual nos habíamos olvidado: la ley de la oferta: el precio alto atrae vendedores (mayor precio, mayor oferta). En resumidas cuentas, el caso de un monopolio con demanda inelástica y el consiguiente precio alto no es más que un simple caso de suba de precio por poca oferta y enorme demanda. Pero, como dijimos, en el mercado libre oferta y demanda tienden a igualarse y, por lo tanto, ese precio alto atraerá nuevos vendedores que pronto terminarán con ese caso de monopolio.
El doctor Enrique J. Loncán*, en sus cursos de economía, siempre daba este ejemplo esclarecedor: en una ciudad de la India (ciudad A), a causa de una sequía comenzó un período de hambre, y un solo productor pudo mantener su producción, que subió de precio. En otra ciudad, la B, se produjo idéntica situación.


El gobernante de la ciudad A, como medio para solucionar el problema, confiscó toda la producción de alimentos y comenzó a repartirla entre los pobres. El gobernante de la ciudad B dejó funcionar al proceso de mercado.
Pasado un tiempo, en la ciudad A comenzó a terminarse toda la producción. El productor se había retirado, pues no quería producir para después ser confiscada su producción. Resultado: el problema del hambre se intensificó.
Mientras tanto, productores cercanos a la ciudad B comenzaron a enterarse de que en dicha ciudad se vendían alimentos a precios altísimos. Acudieron pues a la ciudad B, dispuestos a realizar grandes ganancias (guiados por lo que Kirzner llama alertness empresarial) ciudad que por consiguiente se vio pronto poblada por numerosos vendedores de alimentos. El aumento de la oferta produjo entonces la baja de los precios, y el resultado fue que en la ciudad B se solucionó el hambre y todos gozaron de una cuantiosa oferta a precios bajos, mientras que en la ciudad A la situación era desesperante.
En la ciudad B se había dejado operar al mercado libre, sin interferencia estatal. En la ciudad A se había practicado el sistema de socialización e interferencia estatal en la economía.
5) ¿Precio de monopolio?
El punto anterior nos lleva a la última conclusión: la diferenciación entre "precios de monopolio" y "precios de competencia" no es correcta. En el mercado libre sólo existe "precio de mercado", alto o bajo según las circunstancias que el mercado pre-sente. Hemos visto, en efecto, que el caso del "precio
de monopolio" no es más que un caso de demanda inelástica –con todo lo que hemos dicho de su reducido margen en un mercado libre- frente al aumento del precio. ¿Por qué llamar entonces al precio resultante de tal circunstancia mercantil de una manera diferente? Con ese mismo criterio terminológico deberíamos buscar nombres para todos los precios resultantes de las infinitas circunstancias que el mercado pudiera presentar. Sin embargo, la teoría neoclásica del precio de monopolio, que como vemos no es aplicable a un mercado libre, lo es en el caso de una compulsión estatal que otorgue un privilegio legal por medio del cual se anule la competencia. En ese caso ninguno de los siete factores antimonopolíticos podrían actuar, sencillamente porque están prohibidos por la ley.
Por otra parte, es necesario hacer notar que, como se desprende del análisis efectuado, es totalmente falsa la crítica habitual de que el mercado libre tiende al monopolio, y que tal fenómeno mercantil hace del mercado libre una constante amenaza contra los consumidores. Tal crítica es lo que se denomina generalmente "el mito del monopolio". Como hemos visto, la tendencia del mercado libre es precisamente la contraria, esto es, a la eliminación del precio alto de un monopolio o su constitución. Los casos de monopolios estables tienen como
causa eficiente un privilegio estatal otorgado a alguien; ya sea por una tarifa protectora (arancel); una ley de promoción industrial o cosas por el estilo. En un mercado libre no existen privilegios legales para nadie. Al comercio libre interno se suma el comercio libre externo. La tendencia del mercado es netamente antimonopolística.
Además, cabe aclarar que el precio de monopolio sí surge en el caso de los monopolios estatales o nominalmente privados protegidos por el estado, caso contrario a que se establezca en el mercado una sola empresa sin privilegios legales, por haber brindado los mejores servicios.
6) El problema
Pero a pesar de todo, el tema del monopolio sigue constituyendo un arduo tema de debate, aun entre los partidarios del mercado libre. En efecto, muchos partidarios del mercado libre, que reconocen las virtudes de éste para satisfacer a los consumidores, dicen sin embargo que el monopolio es una peligrosa excepción dentro del sistema --es decir, defecto intrínseco del mismo-- contra la cual hay que luchar con legislaciones a fin de preservar las bondades de la competencia. El mayor problema que vemos en esas argumentaciones es una tácita aceptación de la teoría marxista de la concentración monopolística, tema que trataremos con más detalle en el cap. VIII, pero que de algún modo ya hemos refutado al explicar el tema de los límites de calculabilidad en el mercado.


La teoría marxista de la concentración monopólica:

CAPITULO VIII

EL SOCIALISMO

I) ANALISIS ECONOMICO

1) Concepto

Se define socialismo como el sistema social de división del trabajo en ausencia de propiedad pri­vada de los medios de producción.

2) La posibilidad del sistema

EI problema que nos concierne ante un sistema económico es sí, como tal, puede funcionar. Es decir, si logra la satisfacción de las necesidades prioritarias de la manera menos costosa posible, cosa en la que consiste precisamente el proceso de economización de recursos.
Recordemos por un momento como se producía tal fenómeno en el sistema opuesto, esto es, el sistema social de división del trabajo en presencia de la propiedad privada de los medios de producción.
En dicho sistema era característica la presencia del mercado, esto es, el proceso por el cual oferentes y demandantes intercambian voluntariamente sus productos entre sí. De las diversas valuaciones que se expresan en el proceso surgen los precios de los diversos productos, tanto de los de consumo como de los productivos.

Recordemos que los precios son los sintetizadores de a información dispersa en el mercado. Con ellos, aquellos que tiene la capacidad de descubrir oportunidades de ganancia (empresarios en el sentido de I. Kirzner), pueden efectuar el cálculo económico, o sea, elegir métodos de producción que resulten menos costosos ponderando la ganancia que obtendrá en el futuro con la diferencia del precio de venta y la suma total de sus costos. De allí que siempre trate de elegir, el empresario, los métodos menos costosos, mediante la óptima combinación de los factores productivos. El mercado de cada uno de esos productos le permite conocer al empresario los precios de los mismos, como dijimos, y así poder efectuar el cálculo económico, esto es, la combinación de recursos menos costosa posible.
Ahora bien: como dijimos en el Capítulo II, el mercado requiere, para su funcionamiento, la propiedad privada, o sea, la facultad de usar y disponer de un bien económico. En el capítulo II, decíamos: "observemos que para que todo este proceso ocurra, ambos participantes -oferente y demandante- deben necesariamente poseer la propiedad del objeto que intercambian -Pedro del lápiz y Pablo de los $ 100- para que ambos puedan disponer de ellos decidiendo libremente si los retiran o no de la transacción" .
En efecto, el aumento y/o la disminución de la demanda y / o la oferta determina el precio en el mercado. ¿Cómo pueden, entonces, oferta y demanda aumentar y/o descender a voluntad si no cuentan con la disposición del bien ofrecido y / o demandado? Por ejemplo, la oferta no puede aumentar o descender si no es libre de ello. Si Juan quiere aumentar su oferta de camisas, o disminuirla, o aumentar o bajar su valuación de las camisas en el mercado, debe necesariamente tener la propiedad de las camisas. Tenemos entonces que el cálculo económico requiere la existencia de precios; estos la existencia del mercado y a su vez este requiere la existencia de la propiedad privada.
Por lo tanto, si no hay propiedad privada, no hay mercado; si no hay mercado, no hay precios, y si no hay precios no es posible el cálculo económico. La economía socialista, que intenta planificar, tiene, como bien lo demostró L. von Mises, esta esencial paradoja: que como carece de propiedad, mercado y precios, no puede planificar.
O dicho de otro modo: no puede averiguar cuál, de los múltiples métodos de producción a elegir, es el menos costoso. Eso implica que ese sistema (el que carece de propiedad privada) no puede, como tal (como sistema económico) funcionar.
EI socialismo es el sistema social de división del trabajo en ausencia de la propiedad privada de los medios de producción.
Luego, el sistema socialista no puede funcionar como sistema económico. En el socialismo es impracticable el cálculo económico, por carecer de precios que hagan posible dicho cálculo. En la sociedad socialista existen pseudos precios; números puestos por la autoridad que económicamente nada significan. Es un sistema que se guía a ciegas. No puede economizar sus recursos. "Economía socialista" es, luego, una contradicción en términos.
Inútil es que se inventen pseudomercados o mercados artificiales, que los economistas socialistas tanto trabajo se han tomado en concebir. Sin propiedad privada no hay mercado. Y la propiedad privada es algo a lo que nunca recurrirá el socialismo, si quiere seguir siendo tal.


La elección principal se plantea, pues, entre economía de mercado o los diversos grados de socialismo e intervencionismo con los cuales se pretende sustituir al sistema de precios. Lo primero es esencial para el bienestar de los pue­blos; lo segundo implica la miseria de los mismos.

II) ANALISIS SOCIOLOGICO

1) La tesis sociológica del socialismo

EI marxismo o socialismo "científico" (como Marx denominó a su sistema) se nos presenta sociológicamente como una doctrina que predica la natural evolución de la sociedad humana hacia el paraíso socialista.
Marx, usando la dialéctica hegeliana, afirmaba que en la sociedad también se desarrolla el proceso de tesis, antítesis y síntesis (es decir, tesis, negación de la tesis, y negación de la negación). EI sistema feudal o feudalismo sería la tesis. La antítesis del feudalismo, el capitalismo, cuya síntesis es la dictadura del proletariado, paso previo al paraíso socialista, donde no habría propiedad, clases, estado ni tampoco escasez de recursos.
La sociedad, pues, presentaría diversos grados de evolución (feudalismo, capitalismo, dictadura del proletariado) hasta llegar al paraíso socialista.
Lo interesante es que, en este esquema, el paso de la sociedad capitalista a la socialista se presenta como algo inexorable, que no está en manos de los hombres alterar. Dicha inevitabilidad del socialismo estaría dada por tres factores, inherentes a la sociedad capitalista: 1) la lucha de clases; 2) la pauperización creciente, 3) la concentración monopolística. Analicemos, pues, dichos factores, para ver si las tesis del socialismo científico son verdaderas o falsas.

2) Los tres factores de inevitabilidad del socialismo

a) La lucha de clases: Esta tesis es un derivado de la teoría de la natural oposición de intereses entre los diversos grupos sociales. Según esta tesis, por ejemplo, los intereses de empresarios y obreros son naturalmente opuestos: la ganancia de unos no puede derivarse sino de la pérdida de los otros.
Ahora bien: la teoría de la lucha de clases sostiene que la consiguiente "lucha" violenta entre las clases sociales es un factor de evolución social, pues tal lucha favorecería la revolución y por lo tanto aceleraría la implantación de la dictadura del proletariado.
Allí se encuentra el principal error de la tesis. Nociones básicas de sociología que vimos en el Capitulo II nos enseñan que la condición necesaria para la existencia de la sociedad es la ley de la división del trabajo (capítulos II y VII). Y dicha ley implica necesariamente, paz entre los diversos miembros de la sociedad. División del trabajo im­plica que Juan comerciara con Pedro y viceversa; pero tal comercio no se producirá si ambos están luchando entre sí.
      Tenemos entonces que sociedad implica división del trabajo y división del trabajo implica paz.

Ergo, sin paz no hay sociedad. Por ende, cualquier cosa que altera la paz no hará precisamente "evolucionar" a la sociedad. Por lo tanto, cualquier teoría que presente a la lucha como factor de evolución social es falsa. La lucha altera la esencia de la sociedad. Nunca podría hacerla evolucionar.
b) La teoría de la pauperizacion creciente: esta teoría sostiene que bajo el capitalismo las masas se irían empobreciendo en forma creciente y paulatina, de manera que cada vez habría más pobres al lado de unos pocos ricos.
De todo esto nos hemos encargado ya de mostrar su falsedad, en el Capítulo V. Como demostramos allí, imposible es que bajo el capitalismo las masas se emprobrezcan paulatinamente, pues la acumulación constante de capital que bajo tal sistema se produce determina el aumento de la utilidad marginal del trabajo, cosa que implica el aumento de salarios reales a medida que crece la tasa de capital. Luego, imposible es un empobrecimiento continuo y creciente bajo el capitalismo. En el Capítulo V hemos hablado suficientemente de tal verdad.
Ahora bien: como se podrá observar, esta teoría también supone el natural choque de intereses entre las diversas clases sociales.  Es interesante observar que tal cosa no sólo la supone Marx, sino todas las teorías que sostienen que "los naturales choques del «capital» y el «trabajo» ", deben ser arreglados en forma pacífica y si es posible con el estado como arbitro. Tales opiniones difieren de la de Marx en la no utilización de la violencia para solucionar los conflictos, pero dan como tacita la existencia de los mismos, en forma natural en la sociedad, tal como la teoría marxista lo supone. Tales conflictos se dan inherentes al capitalismo. Solo la revolución -según los marxistas- o la intervención de los poderes públicos -según los intervencionistas modernos- pueden remediarlos.
Tal es la "filosofía social por hoy imperante", como von Mises la ha llamado. La sociología misiana y la economía austriaca nos demuestran, sin, embargo, que en la sociedad no existen conflictos entre los intereses de los grupos (sectores de diversos y siempre cambiantes niveles patrimoniales) sociales. La ganancia de unos no implica la pérdida de otros. Por ejemplo, en el Capítulo V nos hemos encargado de de mostrar que el deseo de ganancias de los empresarios lleva a éstos a incrementar sus bienes de capital para mejorar su producción. Tal cosa produce un aumento en la utilidad marginal del trabajo y por ende suba de los salarios reales. Como vemos, el hecho de que el empresario gane no implica que el obrero pierda. A este le aumenta inexorablemente el salario merced al aumento de la cuantía de capital, que implica inversiones que también significan ganancia para el empresario. El hecho del aumento constante del salario real bajo el capitalismo en forma natural y constante refuta la teoría de la pauperización creciente y la teoría del conflicto de intereses que dicha teoría supone.
Pero es importante concluir con el análisis de la teoría de la plusvalía marxista. Hemos visto ya que las largas jornadas laborales y los bajos salarios no eran fruto de una maléfica explotación sino efecto de la baja cuantía de capital, que implicaba baja productividad y poca demanda de trabajo, de lo que resultaban esos dos factores desfavorab1es para e1 obrero.
Ahora bien: ¿cómo funciona el esquema de la "plusvalía" marxista? Marx partía de su teoría del valor trabajo, según la cual el valor de un producto es igua1 a1 trabajo en que hay en é1. (Ya hemos visto la falsedad de tal concepción en el Capitulo II.) Así lo expresa Rothbard en "La esencial de Mises": "los clásicos llegaron a sostener que el valor, en definitiva, dependía del "costo" de producción, por lo que podía afirmarse que derivaba del número de horas laborales invertidas en el correspondiente proceso".
Es decir: para Marx, la única fuente de valor es el trabajo. Por lo tanto, ¿de dónde obtiene el empresario su ganancia? Obviamente, según tales premisas, de la fuerza laboral del obrero. ¿Pero cómo? De este modo: imaginemos que el obrero gana $ 6 por 12 horas de trabajo. ¿Debemos suponer que el obrero recibe el valor integro de su trabajo? No, desde 1uego. Dado que el valor depende del trabajo, para Marx, entonces e1 obrero debería ganar en ese caso $ 12 por 12 horas de trabajo. Pero recibe $ 6. Los otros $ 6 serían retenidos por el empresario, como "plusvalía".  O sea que la ganancia empresarial es fruto del trabajo hecho y no remunerado, según e1 marxismo.
Pero ya vimos suficientemente -y temo cansar al lector repitiéndolo- que no es tal el origen del salario y 1a jornada laboral. Si el obrero recibía $ 6 por 12 horas, era porque la alta oferta de trabajo y la escasa demanda del mismo determinaban $ 6 en el mercado, y si trabajaba 12 horas era porque la productividad de su labor era baja lo cual le obligaba a utilizar 12 horas para producir algo por lo cua1 ganar $ 6; baja productividad determinada en la época por la escasa cantidad de herramientas apropiadas. Ahora bien, a medida que fuera aumentando la productividad del trabajo, por el aumento de los bienes de capital, el obrero notaría que para producir algo por lo cual ganar $ 6, se necesitarían 8 horas – por ejemplo- en vez de 12. La jornada laboral se iría reduciendo naturalmente y la utilidad marginal del trabajo aumentando. Y, como vimos en el capítulo dedicado a trabajo y salarios, cuando aumenta la tasa de capital, el límite mínimo de salarios de mercado es mayor. En un país desarrollado puede usted ofrecer 1 dólar por mes a un operario industrial, pero nadie aceptará su oferta sencillamente porque la demanda de trabajo es alta y el salario ofrecido es mayor. Un salario real elevado, fruto de la economía de mercado sostenida en el tiempo, no depende de la buena voluntad de los empresarios. Depende de la mayor demanda de trabajo que sólo se produce con más ahorro e inversión.
Nos queda, por último, que el concepto "clase social" que utiliza Marx en sus escritos señala algo que no existe en la sociedad liberal, si por "clase" se entiende un sector social rígido, que carece de movilidad hacia otros. Menos aún si se define por su oposición dialéctica a otra clase. Muy por el contrario, en el mercado libre existen diversos niveles patrimoniales que pueden variar constantemente. Si un obrero ahorra, forma un capital, con él pone un pequeño negocio y tiene éxito, de obrero se transformará en empresario. Caso contrario puede suceder con un empresario que pierde por haber cambiado los gustos del consumidor por no haber sabido administrar los recursos; se queda sin nada y debe emplearse. (Excepto, claro, que ambos casos se den en una América Latina plagada de intervenciones y controles estatales). Luego, el concepto "clase" señala un término sin correlato ontológico. Las castas y clases sociales no existen en la sociedad liberal (o capitalista). La movilidad social es una de sus características sobresalientes, junto con la total y abso­luta igualdad ante la ley necesaria para tal movilidad.
c) La teoría de la concentración monopolística: esta teoría sostiene lo que fuera refutado en 1a parte II del Capítulo II: el capitalismo tiende a la formación de monopolios. Vimos ya, sin embargo, los siete factores antimonopolísticos que en e1 mercado libre tienden precisamente a la no formación de monopolios. Creo que nada hay que agregar al respecto, salvo que, precisamente, es en 1a sociedad socialista donde el concepto "monopolio" se da con toda rigurosidad. Allí sí que existe, con toda su fuerza, un "único vendedor": e1 estado. El estado es el único que puede vender. Tiene legalmente e1 monopolio de todo. Y sabe muy bien que el mercado libre tiende a la competencia; de lo contrario no se preocuparía tanto de anular todo signo de libertad comercial, para que no aparezca algún peligroso competidor.

3) La evidente interrelación de las tres teorías.

Las tres teorías están evidentemente muy relacionadas entre sí. La pauperización creciente y la explotación, junto con la concentración monopolística de unos pocos muy ricos, acentúa la lucha de c1ases, preparando las condiciones óptimas para la revolución y la dictadura del proletariado.
Pero ya vimos que las tres teorías son falsas. Por ende, también es falso que el capitalismo tienda inexorablemente hacia el socialismo, pues recordemos que tal cosa se produce merced a los tres factores que señalan las teorías.
4) Conclusión
Las conclusiones del socialismo socio1ógico son, ergo, falsas. Derivan de premisas falsas. Por eso son tales. L. von Mises dijo todo esto en 1922 y parece que aún su mensaje no ha sido escuchado…





* Enrique Loncán, abogado y empresario argentino, ya fallecido, estudió con L. von Mises en 1964 y difundió incansablemente las bases de la Escuela Austríaca de Economía, en épocas muy difíciles. Cuando yo comencé a leer sobre Escuela Austríaca, siendo un adolescente, él me recibía en su estudio, cada 15 días, contestando pacientemente todas y cada una de mis preguntas, con toda paciencia y sin pedirme nada a cambio.

11 comentarios:

Fernando Pereyra dijo...

La entrada es larguísima y no puedo comentarla toda, pero al menor voy a volcar algunas impresiones sobre “Las siete reglas”:

a) La elasticidad de la demanda:
Evidentemente, si yo monopolizo el mercado del zapato y llevo el precio del mismo a un precio delirante, el consumidor optará por usar zapatillas, sandalias e incluso chinelas u ojotas llegado el caso, ya que aunque prefiera usas zapatos no come vidrio. Pero yo podría monopolizar el mercado del calzado. ¿Y entonces? Si no querés andar descalzo, la única que te queda es pagar el precio que el monopolista impone. Evidentemente, usar tomates en los pies no es una opción.

b)La competencia potencial:
Supongamos que yo monopolizo el mercado del calzado. Vos, tentado por mis altos precios, te querés poner a producir calzado también. Y? Dale, invertí y armá tu negocio. Pero cuando salgas a la venta, bajo mis precios inmediatamente. Que chasco!!! Toda esa inversión que hiciste, pensando que podrías obtener determinado precio, se esfuma como el humo. Ahora soy yo, con un lindo colchón de capital acumulado y mis grandes capacidades para desenvolverme en el mércado (nótese: si yo fuera un salame no habría llegado a monopolizar nada), contra vos, probablemente endeudado por la inversión inicial que tuviste que hacer. En cuanto tires la toalla, subo los precios otra vez.

c) El factor competitivo permanente: hmmm… no entiendo que amenaza puede representar un vendedor de lapiceras para quien haya monopolizado el negocio de las computadoras, salvo que pienses que con una lapicera podés hacer lo mismo que con una computadora. Lo que va a pasar es que seguirás pagando más por las computadoras a costa de resignar otras cosas (incluida las lapiceras), hasta que el precio llegue a un punto que digas basta porque ya no puedas pagarlo, o bien porque el costo de adquirir la computadora supera el beneficio productivo que obtendrías por su uso.

d)La ley de los rendimientos decrecientes:
¿Esta ley no tiene que ver con la imposibilidad de aumentar la producción permaneciendo fijos ciertos factores de producción y variables otros? Acá deberías explayarte un poco más sobre la relación de esta ley con la formación de monopolios. Y en cuanto a que los cartels preferirán competir antes que acordar, eso dependerá de la relación de fuerzas: si es pareja, probablemente elijan mantener el status-quo. Si es despareja… sólo al más fuerte de los integrantes se le ocurriría romper el cartel para convertirse en monopolista único. Pero si así pensara el más fuerte… ¿para qué se avino a participar del cartel en primer lugar?

e)Un monopolio no necesita aniquilar el mercado para imponerse. Si yo me convierto en el único proveedor de un producto en particular, el precio resultará de una serie de factores combinados como el costo de producción (ya que el precio no puede ser inferior), la historia del precio del producto (que conozco de antes) y lo que el consumidor esté dispuesto a pagar, que lo puedo ir tanteando a la suba pero obviamente tiene un límite (a nadie se le ocurría que un par de zapatillas comunes y silvestres puede venderse al mismo precio que un auto).

f)En una situación de mercado con libre importación y exportación de productos, si lograste un monopolio significa que sos el mejor jugador del mercado tanto local como extranjero, y liquidaste a toda la competencia Pero aún suponiendo que esto no fuese así… ¿Qué sucede con aquellos mercados donde la importación y la exportación no son posibles?

En fin, no está demás señalar que todas estas cuestiones se aplican a un hipotético mercado libre que nunca cristaliza. Mientras el mercado sea mixto, los monopolios son de temer, tanto si están en franca connivencia con el estado como si no.

Gabriel Zanotti dijo...

Querido Fer, muy bueno tu comentario. Primer punto: te aseguro que no es mi intención decirle a nadie: joróbese, camine con tomates :-)).....................
Los factores antimonopolísticos que expliqué son un resumen del cap. 10 de Man, Economy and State de Rothbard. Plantean una relación inversamente proporcional entre expansión del mercado y elasticidad de la demanda y creo que lo logran. Por eso, actúan en conjunto, no es que cada uno de ellos es un "argumento a favor". La cuestión por ende no es "si yo monopolizo", sino la elasticidad de la demanda. Te paso el link donde lo podés leer a Rothbard directamente.
http://mises.org/Books/mespm.PDF
A su vez, te paso el teorema de le ley de rendimientos decrecientes, que actúa contra la expansión unilateral de una unidad de producción, igual que los límites de calculabilidad en el mercado.
Lo único que no me queda claro de tus inteligentes objeciones es lo de si no es posible la libre importación. ¿Por ejemplo? Disculpame si algo se me escapa.
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Teorema 8. Toda acción humana “transeúnte” (aquella cuyo resultado cae fuera del agente mismo) implica más de un factor de producción.
Demostración. Toda acción implica la aplicación del factor de producción trabajo, ínsito en la acción misma del agente. Y toda acción transeúnte, que tiene por resultado un efecto que está fuera del agente mismo, implica al menos la utilización de un factor originario de producción de naturaleza no-humana o, en otras palabras, implica algo con lo cual se realiza el efecto; y ese “algo con lo cual” no es el agente mismo, por definición de acción transeúnte. Luego, toda acción transeúnte implica la utilización de al menos dos factores de producción de naturaleza no-humana.
Anexo. Este teorema, por definición, no rige para acciones inmanentes, cuyo resultado queda dentro del agente y perfeccionan al agente mismo. Por ejemplo, lo que habitualmente se denomina pensar.

Teorema 14. Cuando la cuantía de factores complementarios de producción permanece constante, existe siempre un punto óptimo del factor variable (ley del rendimiento decreciente).
Demostración. Como establecimos en el teorema 8, debe haber más de un factor de producción (en las acciones transeúntes). A dichos factores de producción, que cooperan en la producción, se los llama entre sí complementarios. Supongamos entonces que tres factores complementarios, X, Y, Z, cooperan en la producción de la cantidad p del bien P. La cantidad de X es a; la de Y , b; y la de Z, c. Supongamos entonces que las cantidades b y c permanecen invariables. Entonces habrá un óptimo para la variación del aumento de a. ¿Qué sucedería si no hubiese tal óptimo? Pues que la producción de P podría incrementarse tanto como a se incrementase. O sea que cualquier aumento de p puede lograrse por un simple aumento de a. Lo cual implica que el factor X es perfectamente sustituyente de los factores Y y Z. Lo cual implica que P podría producirse sólo con X. Pero eso contradice el teorema 8. O sea, llegamos a un absurdo partiendo del hecho de que no hay un óptimo. Luego, debe haber un óptimo en la variación del factor variable frente a los factores complementarios constantes.

Fernando Pereyra dijo...

Con los mercados donde la importación y exportación no son posibles me refiero aquellos donde por alguna razón:

1) El bien producido "afuera" no puede sustituir al de "adentro". Ej: si Clarin fuese el único diario argentino (ponele), de poco me serviría poder importar de EEUU el New York Times.

2) Si una sola empresa telefónica llegara a monopolizar el mercado de las comunicaciones (incluyendo celulares e internet), de poco me serviría que en España hubiera varias empresas compitiendo entre sí. Naturalmente, esas empresas foráneas podrían verse tentadas a desenbarcar en el país pero... ¿Cuanto tiempo les llevaría? ¿Y mientras tanto? Pagás, claro...
o empezás a escribir cartas otra vez!.

Lo de la ley de rendimientos decrecientes está claro, pero cual sería la relación con los monpolios?

Gabriel Zanotti dijo...

1. De vuelta, que en un mercado libre, sin ayuda del estado, se sostenga un único diario, sería tan raro como que hubiera una sola heladería. La verdad, querido amigo, en una sociedad libre todo puede ser, no te puedo negar la posibilidad de una sociedad libre de tipos que quieran un solo diario "pero".... ¡MENOS AÚN CON INTERNET!!!!!!!!!!!
2. De vuelta, ¿cómo, por qué va a monopolizar el mercado? Fijete el caso Costa Rica, un monopolio estatal durante décadas en materia telefónica, al lado de Guatemala, donde te llueven teléfonos: celulares, fijos, marcianos, nacionales, extranjeros, TODO DESPUÉS DE LA DESMONOPOLIZACIÓN PROYECTADA POR TÉCNICOS DE LA UNIVERSIDAD FRANCISCO MARROQUIN.....................

Fernando Pereyra dijo...

Bueno, Gabriel, pero si vamos a hablar de una hipotética sociedad libre estamos medio sonados porque hasta ahora no existe en ningún lado. Los bienes sos escasos, los conflictos de intereses son reales, y mientras esto sea así siempre habrá unos que querrán imponerse a los otros para lograr el máximo beneficio personal, y si pueden hacerlo sin competir, mucho mejor les va a parecer. Celebro que a los Guatemaltecos les lluevan los celulares... pero vos mismo decís que se logró luego de una desmonopolización PROYECTADA!!.

La comparación del diario con la heladería no coresponde, jaja, debería ser con "un solo fabricante de helados", que no es lo mismo. ;o)

Con Internet, en cambio, tenés mucha razón, pero habrás de convenir que en otra época no tenías esa ventaja!!. Está claro que el progreso tecnológico nos ayuda en muchas cosas así como nos complica la vida en otras.

Gabriel Zanotti dijo...

Mi querido amigo, no es una cuestión de hipotética sociedad libre que no existe en ningún lado: te paso este link, leelo please: http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2011/09/09/y-el-mercado-%C2%BFdonde-esta/

Fernando Pereyra dijo...

Ok, Gabriel, pero aún a riesgo de banalizarlo todo, sostener por ejemplo que si los hombres fueran peces respirarían bajo el agua no me ayuda gran cosa aunque sea verdad. Porque mientras tanto, si un tipo que no sabe nadar se cae al agua y nadie lo ayuda, se ahoga.

De este modo, "si hay un mercado libre, entonces la dispersión del conocimiento entre oferentes y demandantes tenderá a ser menor" puede ser cierta, como no, pero no sólo no me soluciona nada concreto, sino que la veo tan lejana como posibilidad como que nos salgan braquias, escamas, aletas y cola.

Mi posición sería: mientras no vivamos en una sociedad libre, los monopolios son de temer y mejor mantenerlos a raya. Cuando por fin lleguemos a la sociedad libre, ahí vemos que hacemos.

Y vuelvo a hacer una pregunta que ya hice hace tiempo: ¿Alguien cree de verdad en el mercado libre además de los académicos?

Gabriel Zanotti dijo...

Nos seguimos sin entender querido amigo. Una proposición condicional no es lejana ni no lejana, porque no implica afirmación de existencia ni negación de existencia. Si decís de modo "Todo S es P", "todo mercado libre tiende a la coordinación de conocimiento", ello en lógica de funciones se traduce como (x) (Px ent Sx), o sea, para todo x, si x es P, entonces x es S, o sea, para todo mercado, si es libre, entonces tiende a la coordinación de conocimiento. La cuestión es que sea verdadera la relación entre antecedente y consecuente del condicional. Ese es el punto.

Fernando Pereyra dijo...

No, Gabriel, yo te entiendo perfectamente, lo único que estoy diciendo es que esa proposición condicional no me ayuda a resolver el tema de los monopolios! O dicho de otra forma: ni siquiera tiene sentido que discutta si la relación entre antecedente y concecuente es verdadera en este caso (ya expuse mis objeciones anmtes), porque yo quiero encontrarle la vuelta a un problema concreto y vos me salís con una cuestión abstracta. A lo mejor soy yo que peco de pragmático!!

Gabriel Zanotti dijo...

Qué curioso Fer, un caso típico de inconmensurabilidad de métodos (Kuhn). Yo pensaba precisamente que te estaba contestando algo bien concreto..................................

Fernando Pereyra dijo...

CHAN!!!!!!